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Full text of "Memoria sobre la conveniencia, utilidad y necesidad de erigir constitucionalmente en estado de la Confederacion Mexicana el antiguo distrito de Campeche, constituido de hecho en estado libre y soberano desde mayo de 1848, por virtud de los convenios de division territorial que celebró con el estado de Yucatan, de que era parte"

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HYPL RESEARCH LIBRARtES 



3 3433 08170209 8 



lili 



MEMORIA 



SOBRE LA 



CONVENIENCIA, UTILIDAD T NECESIDAD 



DE LA ERECCIÓN CONSTITUCIONAL 



DEL ESTADO DE CAMPECHü;. 






MEMORIA 



80BRE LA 




.1) 




DB ERIGIR COK8TITUCIONALMBNTE 



EN ESTADO DE LA CONFEDERACIÓN MEXICANA 



EL ANTIGUO 

DISTRITO DE CAMPECHE, 

CONSTITUIDO DE HECHO EN ESTADO LIBRE Y SOBERANO 

DESDE MATO DE 1848, POR VIRTUD DE LOS CONVENIOS DE DIVISIÓN TERRITORIAL 

Q,UE CELEBRÓ CON EL ESTADO DE YUCATÁN, .DE QUE ERA PARTE. 



PRESENTADA 

Al Soberano Congreso de la Union y dirigida a las Honorables Legislaturas 
de los Estados en Agosto de 1861 

POR LOS CIUDADANOS 

Comaií %]mx iarbar|an0 g luán €^x\iú, 

DIPUTADOS AL CONGRESO DE LA UNION POR EL NUEVO ESTADO DE CAMPECHE. 



MÉXICO. 

IMPRENTA DE IGNACIO CUMPLIDO. 
Calle de ¡at Rebelde» núm 2. 



1 BTOOON 



Á LOS CIUDADANOS DIPUTADOS 



DEL 



S. CONGEESO DE LA UNION 



T DE LAS HONORABLES 



LEGISLATURAS DE LOS ESTADOS. 



Llenos de confianza en vuestros principios liberales, llenos 
de fé en la noble causa que defendemos, presentamos ante 
vuestra vista el cuadro lastimoso de las sangrientas discordias 
entre M érida y Campeche. Pesad con madurez en vuestro 
í recto juicio las amargas verdades que de él se desprenden, 
^^ y decidid por fin si han de quedar separadas estas dos ciudades, 
como lo están hace cuatro años, para que renazcan los dos 
> Estados que gobiernan; 6 si han de volver k unirse, para 
¿ anonadarse de una vez y para siempre. 
^ La historia es indefectible en su enseñanza. Treinta y 

^ seis afios de ella, sin contar los diez afios y el uno y otro si- 
glo que les precedieron y prepararon los acontecimientos, son 
tiempo bastante para deducir una verdad. Pues esos trein- 
ta y seis afios^ de 1821 á 1857, han demostrado que Mériday 
Campeche no pueden vivir en paz estando unidas. 



VI 

Si tenéis la paciencia de leer toda esta Memoria^ como os lo 
rogamos encarecidamente^ conoceréis desde lutego que es una 
verdad experimental el antagonismo entre M érida y Campe- 
che; que es una verdad experimental que este antagonismo 
tiene muy profundas raices en la constitución Intim^ de am- 
bos pueblos; que es una verdad experimental que de él ha 
nacido la antipatía, la rivalidad, el espíritu exagerado de lo- 
calismo entre ellos; que es una verdad experimental que todo 
esto es el origen de sus guerras civiles; que es una verdad 
experimental que bajo todos los sistemas políticos de gobier- 
no, bajo todos los principios, bajo todas las constituciones^ ba- 
jo todos los gobernantes, esas guerras se fueron encendiendo 
mas y mas hasta hacerse desastrosas y sangrientas; que es 
una verdad experimental que esas guerras civiles han sido la 
causa inmediata de la de castas y de la desolación de Yuca- 
tan; y por último, que es una verdad experimental y terrible 
qué esta misma guerra de castas, lección capaz de curar el 
mal mas inveterado, de nada ha servido, puesto que la guerra 
civil de 1857 que Mérida llevó á Campeche, la última, la que 
produjo la separación de las dos ciudades, ha sido la mas van- 
dálica y cruel de cuantas se registran en los anales yucatecos. 

Ante estas verdades históricas, emanación unas de otras y 
eslabones de una sola cadena que nada ha cortado ni nada ha 
interrumpido, que con lógica inflexible se han ido desarro- 
llando, como se deducen las consecuencias mas exactas de 
los mas rigorosos principios, ¿habrá quien niegue la deducción 
final? ¿Y cual es ésta? 

Sin duda vosotros con sana intención querréis curar el mal 
para el cual se os pide un remedio. Y bien, ¿aplicareis como 
remedio lo mismo que fué causa del mal? ¿podréis destruir 
una consecuencia restableciendo el principio que la produjo? 
Cuando veis que la gran familia yucateca, por un incompren- 
sible y providencial arcano, no ha podido vivir en paz y se 
ha llenado de contagiosa lepra; cuando veis que una parte de 
esa familia que estaba también contaminada y en incesante 



VII 

lucha con la otra, se separa y con esfuerzo poderoso sacude 
el mal, convalece, renace, y hoy en situación tranquila, vi- 
viendo en la atmósfera pura y regeneradora de la libertad, la 
reforma y el progreso, se puede decir que está salvada, ¿decre- 
tareis que esta parte vuelva á unirse á la otra para que nue- 
vamente sé encienda la lucha, se contamine y caiga en el caos 
del cual logrO salir y en que aún batalla el resto de la penín- 
sula yucateca? ¿Seria ésta la deducción final de las severas 
lecciones de la historia? ¡Oh, no! 

La deducción final la tenéis á la vista. Los hechos socia- 
les con una fuerza irresistible, acaso contra los antiguos sen- 
timientos de los mismos en quienes se cumplen, nos enseñan 
que la única, la necesaria, la indeclinable deducción, es la di- 
visión de territorio, la erección constitucional del Estado de 
Campeche. 

Creedlo, ciudadanos diputados. Los hijos de Campeche 
al separarse de sus hermanos los de Mérida, no reniegan de 
los sentimientos de fraternidad y benevolencia, ni olvidan que 
en otro tiempo el nombre común de yucatecos los cubria 
& todos. En los cuatro años que llevan de separación, les 
han dado mil pruebas en este sentido. Los que víctimas de 
las reiteradas convulsiones del actual Estado de Yucatán, los 
que huyendo de las seducciones y de los lazos que como á 
inocentes les tendían para atraérselos los varios bandos polí- 
ticos que en Mérida se combaten, han ido alternativamente á 
buscar un asilo al Estado de Campeche, todos lo han encon- 
trado. Todos han sido bien recibidos sin que nadie les pre- 
guntase cuáles eran sus ideas, sus principios, su comporta- 
miento pasado, y cuál seria su comportamiento futuro. Los 
ciudadanos diputados por el Estado de Yucatán que actual- 
mente se hallan en el seno del S. Congreso de la Union, pue- 
den dar testimonio de esta conducta. 

El Estado de Campeche es como el náufrago que ha logra- 
do salvarse y vé Ueno de dolor desde la tierra firme á un 
hermano suyo que obstinado en seguir otro camino, aun lucha 



VIII 

con las embravecidas olas. "¿No has visto, le grita, de qué 
medio me he valido para llegar aquí? ¿no ves los ejemplos 
que te doy para no volver á caer en las aguas? No quieres 
oirme, no quieres ióiitarme; pues no puedo lanzarme otra vez 
al océano, porque al asirme contigo para salvarte, pronto en- 
traríamos en disputa sobre los medios de conseguirlo,jde aquí 
vendría la lucha y en seguida nos tragaría & ambos el abismo. 
Desde este lugar en donde estoy te ayudaré en cuanto pueda, 
como buen hermano." 

Dejad, pues, al náufrago salvado que afiance y consolide su 
nueva situación; ayudadle con vuestro voto decisivo, y él os 
ayudará después á salvar al otro. 

Un pueblo que ha hecho muchos sacrificios por la libertad 
y la reforma, espera ansioso vuestro fallo. Si sancionáis el 
voto de sus corazones, la obra de la historia, la obra provi- 
dencial, la obra de Dios, no tendrá gratitud bastante para los 
legisladores de 1861, jamas desmerecerá el honroso título de 
Estado libre y soberano de la Confederación Mejicana. 

Así os lo protestan sus representantes en el Congreso de la 
Union 



(éf^mvoJk t^^AívaA) ^xxXJLoxJruiüvv^ ^^xx^íí^ ^loJmi. 



índice 



DE LAS 




I. ««^Causas del antagonismo entre Mérida y Campeche ...... 1 

II.— Breve noticia de las disidencias entre Mérida y Campe- 
che durante la época colonial (1542-1821) 9 

III.— Disidencias entre Mérida y Campeche desde que se pro- 
clamó la independencia hasta el principio de las guer- 
ras civiles (1821-1823) 21 

IV. — Pronunciamientos y guerras civiles de Campeche contra 

Mérida y de Mérida contra Campeche (1824-1839).... 34 

V. — Revolución de Yucatán en 1840, invasión mexicana, 
formación de los partidos de Méndez y Barbachano 
(1840-1845) 54 

VI. — Partidos de Méndez y Barbachano: guerra civil, guerra so- 
cial, gobierno conservador del general Vega, triunfo 
del plan de Ayutla (1846-1855) 68 

VII. — Gobierno de D. Santiago Méndez, elecciones, rompimien- 
to entre Mérida y Campeche (1856-1857). 86 

VIII. — Revolución de Campeche, guerra civil vanaálica, naci- 
miento del Estado de Campeche, su conducta en la 
guerra nacional de tres años (1857-1860). ......... 104 

IX. — Elementos del Estado de Campeche para formar un Es- 
tado libre y soberano de la Confederación Mexicana. . 122 

X. — Resumen histórico, conclusiones que de él se derivan; con- 
secuencias importantes para la península yucateca y 
la nación^ que deben nacer de la erección del Estado 
de Campeche. — Conclusitm 142 

DOCUMENTOS JUSTIFICATIVOS. 

NuM. 1. — Concesión á Campeche del título de ciudad en 1724 3 

,, 2. — Consulta sobre las disidencias de Mérida con Campe- 
che^ del Lio. D. Jo0é Martínez de la Pedrera en 1823. 7 



X 

NüM. 3. — Oficio del general Santa- Anna sobre el mismo asun- 
to en 1824 9 

„ 4. — Carta del general Rivas Zayas al presidente Busta- 

mante en Agosto de 1889 15 

„ 5. — Pronunciamiento de Octubre de 1846 18 

„ 6. — Pronunciamiento de 8 de Diciembre de 1846. ..... 22 

„ 7.~ Sucesos horribles en Valladolid el lr5 de Enero de 

1847 31 

„ 8. — Capitulación de Mérida 35 

„ 9. — Sobre el aumento extraordinario de contribuciones.. 37 
„ 10. — Primer acto publico de oposición del nuevo partido 

de Campeche contra el viejo, ¿ 45 

„ 11. — Carta del gobernador D. Santiago Méndez sobre la 

elección de D. Pantaleon Barrera en 1857 47 

„ 12. — Acta de la guarnición y autoridades de Valladolid, 

proclamando la candidatura de D. Pantaleon Barrera. 48 
„ 13. — Actas de Tizimin y Espita, iguales á las de Valla- 
dolid ..•, 51 

„ 14. — Acta de Mérida, igual á las anteriores 53 

„ 15. — Acta de Campeche, protestando contra las de Méri- 
da, Valladolid, Tizimin y Espita 55 

„ 16. — Uso de la fuerza en las elecciones de Izamal •,...., 57 

„ 17.— Manifiesto del C. diputado Pablo Garcia 58 

„ 18. — Pronunciamiento de Campeche 66 

„ 19. — Adhesión al pronunciamiento de Campeche de las au- 
toridades, empleados y pueblos del distrito 71 

„ 20.— Disolución de la legislatura de Yucatán y proclama 
de D. Pantaleon Barrera, anteriores al pronunciamien- 
to de Campeche. 81 

„ 21. — Decreto de D. Pantaleon Barrera, desconociendo á 
todos los empleados y declarando piratas á los buques 

armados en Campeche 83 

„ 22. — Cartas de Carcaño y Hernández 84 

„ 23. — Cartas interesantes sobre la cuestión entre Mérida y 

Campeche 85 

„ 24. — Comisión de paz del venerable clero de Campeche. . 94 

„ 25.— Proclama de D. Pedro de Baranda 98 

„ 26. — Algunos documentos sobre los innumerables robos, sa- 
queos y otros vandálicos hechos, cometidos por líis tro- 
pas de Mérida que invadieron el distrito de Campeche. 97 
„ 27. — Oficio de D. Pantaleon Barrera al Supremo Gobierno. 104 
„ 28.— Lista de presos, espulsos y perseguidos por D. Panta- 
leon Barrera en Mérida, en Octubre de 1857 106 

„ 29. — Separación de D. Pantaleon Barrera del gobierno. — 
Comisionados enviados por el general Peraza á Cam- 
peche. — Suspensión de hostilidades 108 

„ 80.-*-Pronunciamiento de Campeche y de la ciudad y guar- 
nición de Mérida por el plan de Tacubaya de 17 de 
Diciembre de 1857 115 



XI 

NüM. 31. — Campeche vuelve al orden constitucional el 5 de Fe- 
brero de 1858, á ejemplo de Veracruz. 120 

„ 32. — Pronunciamiento de Yucatán por el gobierno de Zu- 

loaga 125 

„ 33. — Los pueblos del partido de Hecelchakan y del de los 
Chenes, siguiendo al resto del distrito de Campeche, 
declaran su voluntad de que éste se erija en Estado, 
independiente de Yucatán ..•..,.. 127 

„ 34. — Los pueblos de Halacho y Maxcanú declaran su vo- 
luntad de pertenecer al nuevo Estado de Campeche . . 137 

„ 35. — Convenios de división territorial entre Mérida y Cam« 
peche, erección del Estado de Campeche en Mayo de 
1858, y comunicaciones oficiales con el Supremo Go- 
bierno constitucional acerca de esto 139 

„ 36. — Oficios de Zuloaga haciendo y deshaciendo el Territo- 
rio de Campeche • 143 

jj 37. — Auxilios prestados por Campeche á los liberales de 
Yucatán y Tabasco para restablecer el orden consti- 
tucional •••... 144 

„ 38.— Auxilios prestados á Veracruz por Campeche duran- 
te los tres años de lucha 151 

„ 39. — Supresión del Seminario eclesiástico de Campeche y 

establecimiento del Instituto campechano en 1859. . . 155 

„ 40. — Plantificación del registro civil en el Estado de Cam- 
peche en 1^ de Enero de 1860 158 

„ 41. — Ordenes circulares, protestas y oficios del obispo de 
Yucatán contra la ejecución de las leyes de reforma en 
Campeche 160 

„ 42. — Destierro de Campeche del presbítero D. Vicente 

Méndez 168 

„ 43.— Explicación del plano topográfico del Estado de Cam- 
peche ••.... 169 

„ 44. — Censo de población del Estado de Campeche. ..... 173 

„ 45. — Extracto de los principales productos del pais expor- 
tados para puertos extranjeros y extraídos para puer- 
tos nacionales en un año • . . • • 176 

„ 46.— Matrículas de las embarcaciones de los puertos de 

Campeche y el Carmen 177 

„ 47. — Comercio de cabotaje y extranjero del Estado de Cam- 
peche, y movimiento marítimo de los puertos de Cam« 
peche y el Carmen 178 

„ 48. — Establecimiento de la je&tura de hacienda del Esta- 
do de Campeche por el Supremo golñerpo. ......... 179 

„ 49. — Productos de las rentas federales en dicho Estado.. . 181 

„ 50.— Presupuesto económico mensual de gastos federales 

en el mismo Estado 184 

„ 51 y 52. — Presupuestos de los productos de las rentas par- 
ticulares y de gastos del mismo Estado , 1 

„ 53.— Fuerza armada al servicio de la federación 186 



XII 

NüM. 54. — Invasión de los indios sublevados en el Estado de 

Campeche á fines de 1860 85 187 

„ 55. — Estado de la instrucción publica en el pais 189 

„ 56. — Importancia del comercio de Sisal, puerto del Estado 
de Yucatán. — Rentas generales y particulares de este 

Estado 190 

„ 57. — Opinión del gobierno de Yucatán acerca de la depor- 
tación de los indios sublevados en 1849 192 

„ 58. — Opinión de la prensa sobre el mismo asunto 197 

„ 59. — Oficio dirigido al gobernador de Yucatán, D. Agustín 
Acereto, sobre los agravios hechos al Estado de Cam- 
peche y las satisfacciones que éste le pedia. — Protes- 
tas de amistad del mismo Acereto al volver al poder 
en febrero del presente año 198 



FE DE ERRATAS. 



Pig. 


Lin. 

6 


Dice 


Debe decir. 


1 


rebelan 


revelan 


3 


5 


cerranía 


senanía 


8 


9 


mixta 


mista 


17 
19 

7) 

24 
30 


10 
35 

6 

7 


susceptibilidad. * 
el partido 
y el plan 
gefe 
exhonerado 


susceptibilidad. *" 
y el partido 
el plan 
jefe 
exonerado 


32 
37 


23 
32 


provincial 
áeUo 


provincia 
áella 


44 


12 


succedió 


sucedió 


45 
49 
50 
51 


14 

24 

í 

14 


aprensión 

gefe 

gefes 

la aduana marítima 


aprehensión 

Me 

jefes 

las aduanas marítimas 


69 


34 

29 


pedimentos 
hecharon 


sufrimientos 
echaron 


61 


3 


existia. 


eaistia.^^ 


)) 


19 


un vez 


una vez 


85 


24 


sirvirian 


servirían 


87 


37 


San José 


San Miguel 


89 

i} 


6 
31 


a los campos 
exhorbitantes 


los campos 
exorbitantes 


106 
116 


21 

22 


del Campeche. 
Marida 


de Campeche 
Mérída 


117 


37 


Sorlat 


Sarlat 


l> 


)» 


la sostienen 


la sostenian 


123 
132 


28 
6 


ssgundas 
145,188 


segundas 
145,381 



XIV 



Pá«. 


Lin. 
2 


Dice. 


Debe decir. 


133 


era 


era7i 


134 


10 


5,588 


4787 


JJ 


)? 


67,056 


57,434 


)J 


33 


65,678 


57,444 


135 


22 


la guardia 


la guardia nacional 


137 


8 


que vienen 


que van 


139 


21 


cora templada 


contemplada 


n 


)J 


y capaces 


capaces 


)) 


26 


siete 


ocho 


140 


6 


11,834 


3,847 


V 


31 


juzgarse 


juzgarse hoy 


144 


29 


comtramarchar 


contramarchar 


151 


29 


excepción 


excepción 


152 


27 


cuatrocietas 


cuatrocientas 


)' 


36 


causaban 


causaba 


155 


17 


funcionen 


funciones 



EL ESTADO DE CAMPECHE. 



I. 

Cansas del antagooismo entre Mérída y Campeche. 



Señe de antignu reyolaciones en la Península yucateca: tiempos primitivos: imperio de las espíen* 
didas roinas: reinado mayo: estados independientes: conquista del pais por los españoles. — Cam- 
peche y stt territorio formaban un estado independiente al tiempo de la conquista. — Fundación 
de Campeche y Mérida. — Ambas ciudades se establecen en dos regiones diversas: caracteres fí- 
sicos que distinguen estas dos regiones: sus productos predominantes. — Desequilibrio en la pobla* 
clon indígena, muchísimo mas numerosa en el territorio de Mérida que en el de Campeche: con- 
secuencias de este hecho.— Mérida ciudad interna. Campeche puerto de mar.— Diferencia entre 
laclase de colonos españoles que venian á una y otra.— Diferencia entre las ocupaciones de am^ 
bos pueblos y carácter distintivo de sus habitantes. — Frecuentes invasiones de filibusteros y pi- 
ratas en Campeche y ataques de corsarios k su marina mercante: sus consecuencias.— Preponde- 
rancia de Campeche: lleva el nombre de Yucatán á todas partes y le da el suyo á todos sus 
productos.— Coloniza el partido de Champoton y el del Carmen y estiende su influjo á los de 
Hecelchakan y los Chenes. — Fórmase en Campeche y su territorio un tipo de sociedad nueva, 
en que no predomina el elemento mayo ni el español: en Mérida y el resto de Yucatán no suce- 
de esto. -Las causas del antagonismo entre Mérida y Campeche desde su origen han sido per- 
manentes. 



D 



£SDB los tiempos mas remotos la Península yucateca ha sido teatro 
de revoluciones sangrientas y terribles. Piérdese en la noche de las 
edades pasadas el origen y la historia de sus primeros pobladores. Si 
fueron éstos un pueblo bárbaro que en aquella tierra por su perfeccio- 
namiento progresivo llegó al grado de inteligencia, civilización y cul- 
tura que rebelan las espléndidas ruinas de Uxmal, Ghichen, Kabah, 
Zayf y Labná, Itzinté, Xlabpak, etc.; 6 si fueron una colonia de otro 



- 2 — 

pueblo ya civilizado que en sus emigraciones se detuvo al fin en la Pe* 
nfn8ula y fundó una poderosa nación, es cosa que la historia aun no ha 
podido descubrir. 

Pero que después de los tiempos primitivos, después de la época del 
imperio que dejó tan espléndidas ruinas, vino el reinado del pueblo 
mayo, esto sí consta en la historia. Consta en ella que la .península 
yucateca formaba entonces una sola monarquía que duró largos años, 
hasta que la discordia y las guerras civiles la acabaron, destruyendo la 
ciudad de Mayapan, corte del reino, en 1420, á los 260 años de su fun- 
dación ^ 

Después de esta espantosa catástrofe, la Península yucateca entro en 
el cuarto período de sus revoluciones. Sin perder sus habitantes la 
unidad de raza y de idioma, la identidad de costumbres y los caracte- 
res generales que distinguen siempre á un pueblo cuando Irae el mis- 
mo origen, 3e dividió la monarquía maya en pequeños estados inde- 
pendientes, gobernados por unos soberanos que se llamaban caciques. 
Esto duró apenas 120 años (1420 a 1540) para dar principio al quinto 
período de revolución. 

Este nuevo período empieza con la conquista del pais por los espa- 
ñoles. Los Estados independientes que encontró el conquistador y 
que malamente bautizó con el nombre de provincias, fueron el de Aca- 
nul (hoy partido de Campeche) el de Chacan (hoy partido de Hecel- 
chakan) ambos en el actual Estado de Campeche, y el de Quimpeche 
(hoy partido de Mérida), el de Conil, el de Choaca, el de los Cocomes, 
el de los Kupules, el de los Tutul-xius, etc., en el actual Estado de 
Yucatán \ 

La población principal del Estado de Acanul era Kimpech. En 
ella fundaron los españoles definitivamente, después de varias desgra- 
ciadas y sangrientas tentativas ^, la villa de San Francisco de Cam- 
peche, el año de 1540 *. Dos años después, el 6 de Enero de 1542, 
fundó D. Francisco de Montejo, hijo del Adelantado del mismo nom- 
bre y apellido, y el mismo fundador de Campeche, la ciudad de Mérida 
en un lugar llamado Thoo^ de la provincia ó Estado de Quepeche ^ 

He aquí cómo casi simultáneamente fueron fundadas las dos pobla- 
ciones mas importantes de la Península yucateca, en regiones entera- 

1 Historia de Yucatán^ por el P. CogoHudo, tomo 1. ® , pftg. 233, 

2 CogoHudo, tomo 1,*9 , pág. 190 y 20<. 
a Ibidem, 106. 

4 Ibidem, 174. 

5 Ibidem, 182, 



~3 ^ 

mente distintas, que modificaron pronto los elementos de colonizacioni 
sin embargo de haber sido los mismos on una y otra, y vinieron á dar 
un tinte enteramente local á todo lo que les pertenecia y hasta d«nde 
alcanzaba su influencia. 

La cerranía que cprre del NO. al SE. de la Península, es la línea di« 
visoria con que la naturaleza señaló los límites de ambas regiones. En 
la región al N. de esta línea, que podemos llamar de Mérida, el aspecto 
físico del pais en lo general es llano, pedregoso, cubierto de cenotes, 
sin un solo rio ni fuente, y el agua se encuentra á muy corta profundi- 
dad. En la región al S. de esta línea, que forma la de Campeche, el 
terreno es accidentado, montañoso, sembrado de colinas, cubierto de 
sabanas; tampoco hay rios ni fuentes sino en los partidos de Champo- 
ton y el Carmen, no hay cenotes después de Bolonchenticul, y en el 
partido de los Chenca y parte de los de Hecelchakan y Campeche el 
agua no se encuentra sino á grandes profundidades. 

Tan notable diferencia entre ambas regiones, llama la atención al 
primer golpe de vista. *'Algo mas allá, dice Mr. Stephens * (después 
de haber pasado de Nohcacab & Bolonchenticul, línea divisoria entre 
los Estados de Yucatán y Campeche, y al internarse en el partido de 
los Chenes) estaba un rancho de azúcar, el primero que hubimos visto 
en Yucatán, indicando que ya habiamos entrado en una diversa sec- 
ción de aquel pais. Habiamos salido en fin, de la región de eternas 
piedras, y la tierra era rica y arcillosa." 

Los productos predominantes en ambas regiones, marcan también 
esta diferencia. La región de Mérida es lu del jenequen, del almidón, 
del algodón y la ganadería; la de Campeche es la del palo de tinte, las 
maderas de construcción, el arroz y la caña de azúcar. 

Cien años después de la fundación de Mérida y Campeche, en 1 643, 
la jurisdicción de Mérida; esto es, lo que hoy forma los distritos de 
Mérida, Izamal y Tekax en el Estado de Yucatán, tenia una pobla- 
ción indígena próximamente de 213,960 almas, siendo apenas la de 
la jurisdicción de Campeche (hoy estado del mismo nombre) de 
33,040 \ Dividida esta población en encomiendas^ que no eran 
otra cosa que repartimientos de indios entre los conquistadoreSi 
que los convertían de esta manera en siervos^ en Mérida habia un nú- 
mero de encomenderos estraordinariamente mayor que en Campeche. 
De este exceso de población indígena sobre la raza conquistadora, de 
este orden social, provino que la civilización española, puesta en con- 



1 Viaje á Yucatán^ tomo 2, cap. IX. 
3 Cogollado, tomo 3, pág. 35. 



— 4 — 
tacto con la indígena, prevaleciese menos donde el elemento indigena 
era mas poderoso. 

^f sucedió que en las poblaciones de lo que hemos llamado joris- 
diccion de Mérida, los descendientes de los conquistadores, los que na- 
cian del cruzamiento de las razas y cuantos en ellas vivian, adquirieron 
pronto los usos, las costumbres, el idioma, y hasta el carácter de los 
mismos indios. En el interior del país se les veia hablar la lengua 
maya, ignorar la castellana, vivir en la hamaca como el indio, nsar el 
mismo vestido y alimentos que éste, y hasta adquirir la desidia y suspi» 
cacia, que parecen naturales á esta desdichada raza y que acaso son 
fruto del vasallaje en que se la tenia. 

La misma ciudad de Mérida, foco de la civilización en esa parte dé 
la Península yucateca, no pudo escapar al intenso influjo de esa otra 
civilización atrasada que constantemente obraba 8obre ella. Ciudad 
situada é no pocas leguas del mar, sin un puerto de comunicación es- 
terior hasta principios de este siglo, los refuerzos de colonización que 
recibia no eran bastantes á neutralizar aquel influjo. No están muy 
remotos los tiempos en que hasta en la parte mas distinguida de la po- 
blación de aquella ciudad, se veian sus vestigios. Rara era la casa don* 
de desde el amo hasta el ultimo niño no supiesen la lengua maya, don- 
de el ama no se entendiese con sus sirvientes domésticos en ese idio- 
ma, y donde otras costumbres enteramente indígenas no estuviesen ad- 
mitidas. Las nodrizas y los pequeños sirvientes domésticos con quie- 
nes se criaban desde la infancia, eran de la raza indígena. Así sin sen- 
tirlo se iba infiltrando desde los primeros momentos de la vida en los 
descendientes de la raza conquistadora hasta el aliento de la conquista; 
así cuando venia la educación española, ya encontraba en el niño la 
semilla de sentimientos, idioma, usos y costumbres indígenas, y esa 
educación y la civilización consiguiente, eran incesantemente modifi- 
cadas por la india. Para conocer esto, bastaba oirle hablar el castella- 
no con el mismo acento y los mismos giros peculiares al mayo. En 
(in, tal parecia que los españoles habian venido á esa parte de Yucatán 
á ser conquistados por los indios. 

En las poblaciones de la jurisdicción de Campeche sucedió todo lo 
contrario. Campeche, puerto de mar, por donde se hizo todo el co- 
mercio de la Península hasta principios de este siglo, era el lugar mas 
frecuentado de los españoles y la arteria por donde pasaban todos los 
colonos y los elementos de civilización que á la península venian. Cor- 
ta su población indígena y renovándose constantemente la raza con- 
quistadora, nunca pudo el elemento mayo prevalecer sobre el español. 



— 5 — 

Así las ooetambres, los usos, bs hábitos, eran muy diferentes de los de 
Mérida. Casi nadie de los descendientes d^los conquistadores sabia la 
lengua maya: lejos de esto, las nodrizas y los sirvientes domésticos te- 
nían que aprender el castellano para entenderse con sus amos; y todos 
los indios no solo de la ciudad, sino hasta de los pueblos y haciendas, 
sabian este idioma. 

Otra de las poderosas causas que influyó en crear diferencias et)tr^ 
Mérida y Campeche, fué la clase de colonos que recibían. Siendo la 
primera la capital de toda la Península, era la residencia de la corte 
yucateca. A ella venian de España los capitanes generales, los obis- 
pos, los altos empleados, los frailes y los herederos de los encomende- 
ros. Todos estos traian ayudantes, parientes, y ese séquito y esa nu- 
be de parásitos que va siempre á donde está el poder. Estas gentes 
no eran por lo común dechado de virtudes ni ejemplo de laboriosidad. 
Sus malas costumbres, adquiridas en la corrifpcion que circuye las 
cortes, sus hábitos de holganza, su molicie, se aumentaban con la vida 
regalada que pagaban, y no eran por cierto agentes poderosos para fun- 
dar una civilización nueva y fecunda. £1 número de comerciantes y 
de gentes de trabajo que iba allí, era corto para vencer el maléfico in- 
flujo de los demás. 

A Campeche, por el contrario, venia uno ü otro empleado y muchos 
marinos y comerciantes. Gran parte de estos colonos fué de Catalu- 
ña. Gente vigorosa, trabajadora, de voluntad enérgica, domo la raza 
indígena. Le hizo modificar sus costumbres, cambiar de vestidos, ha* 
blar el castellano, y en fin, formó un pueblo de carácter independiente, 
conocedor y amante de sus derechos. 

No poco contribuyó también á establecer esta profunda diferencíala 
diversa dedicación de amlíos pueblos. El pueblo meridano trabajaba 
en las artes y oficios y en pequeñas manufacturas, y estas ocupaciones 
tranquilas y casi sedentarias lo hicieron de carácter mas dulce y apa- 
cible, mas tímido, mas sufrido y mas inclinado á las fiestas y diversio- 
nes. £1 pueblo campechano, dedicado al comercio, á la navegación, ft 
la pesca, á la construcción naval, al corte del palo de tinte, á la esplo- 
tacion de las salinas y á otros trabajos duros y de riesgo, adquirió el 
carácter franco, generoso, enérgico é independiente del marino, la bue- 
na fé del comerciante, el atrevimiento del que está acostumbrado á 
luchar con el mar y la fortaleza del que se ejercita en recios trabajos. 
Pueblo alegre, no es sin embargo dado á continuas fiestas; culto, es 
enemigo de la cortesanía; leal, jamas traiciona la causa que se propone 
defender; y franco, no le agrada la adulación ni la lisonja. En una pa- 



— 6 — 

labra, entre ambos pueblos hay (y muchísima mas habia antes de \a 
independencia) e^a diferencia que salta á primera vista entre loe ha- 
biüintes de un puerto de mar y los de tierra adentro. ^'A los grandes 
beneficio», dice de Veracruz un escritor nacional cuya muerte acaba de 
cauHar una profunda herida en el seno de la patria ^ que producía 
á aquella ciudad el privilegio esclusivo del comercio marítimo, acá* 
mulando allí inmensos capitales, dando ocupación útil á multitud de 
brazoH, y fomentando mas ó menos directamente á toda la pobla* 
cion, se agregaban las ventajas que produce siempre en las ideas y eos* 
tumbres de un pueblo, la frecuente comunicación con hombres de otros 
paises, algo mas avanzados en la senda del progreso social^ y estas dos 
circunstancias reunidas habian dado fr los habitantes de Veracruz, res- 
pecto de las demás poblaciones de la Nueva-España, esa superioridad 
social que tienen siempre los hijos de un puerto de mar sobre los del 
interior de un pais, y 'que en México era mas notable por el perfecto 
aislamiento en que se hallaban estos últimos." Exactamente lo mismo 
que eáte distinguido escritor dice de Veracruz respecto de la Nueva- 
España, puede decirse de Campeche respecto de Yucatán en la época 
á que se refiere. 

Para hacer mas pronunciada esta fisonomía del pueblo campechano 
y hacer resaltar mas su divergencia del meridano, sirvieron en gran 
manera los filibusteros, piratas y corsarios. A pocos años de fundada 
la villa, empezaron sus desembarcos y ataques á la población, y sus 
apresamientos de buques en el mar. Guillermo Parque, Diego el 
Mulato, Lorencillo, Pié-de-palo y otros, capitaneando ingleses, ho- 
landeses, franceses y hasta portugueses^ acometieron en diversos años 
á la villa de Campeche. Mas de una vez fué tomada y saqueada, 6 
pesar de la resistencia que oponian sus habitantes; pero siempre me* 
diaban luchas sangrientas. De este peligro constante naviió la idea de 
fortificar la villa. Gradualmente fueron construidos los lienzos de sus 
murallas, los bastiones que los ligan y las otras defensas esteriores que 
al fin vinieron á ponerla á cubierto de los desembarcos, asaltos y sa* 
queos. Pero cuando se acabaron los filibusteros y piratas, quedaron 
los corsarios, plaga tan terrible, que en menos de nueve años, de 1809 
á 1817, arrebató á la matrícula de Campeche cincuenta buques ^ 

Semejante estado de continua lucha no pudo menos que hacer beli- 
coso y aguerrido al pueblo campechano. Convertida en plaza fuerte 

1 Lerdo de Tejada. Apuntes históricos de la heroica ciudad de Feracrur.— Tomo 1.® pági- 
na 396. 

2 Estadística de Yucatán por D. José María Regil y D. Alonso Manuel Peón.— Estado 
ndonero 3* 



-7 — 

la antigua villa, artillada con mas de cien cañones, necesitó de una 
guarnición permanente. Desde entonces la tuvo, y el poder militar 
de la Península se radicó en ella, viniendo á ser el centro de poderosos 
elementos de guerra, así terrestres como marítimos. 

Al finalizar el siglo XVIII la preponderancia de Campeche sobre el 
resto de la Península era notoria. Mérida conservaba el título de ca- 
pital, pero Campeche llevaba el nombre de Yucatán á todo el mundo. 
Dio su nombre al palo de tinte que fué esplotado por primera vez en 
los lugares mismos donde hoy está establecida gran parte de )a ciu- 
dad: di6 su nombre á los depósitos de productos y artefactos yucatecos, 
establecidos en puertos estranjeros, que todavía se llaman en la Haba- 
na campechanerías; y en fin, el nombre de campechano se generalizó 
tanto, que en el idioma castellano vino á ser sinónimo de franco. 

Un pueblo con estas dotes, animado del espíritu mercantil, con la 
conciencia de su fuerza y con una vida tan exhuberante, no pudo cir- 
cunscribirse á los estrechos límites de la ciudad. Foco vigoroso de ci- 
vilización y cultura, estendió su influencia por todas partes. Modificó 
las poblaciones del partido de Hecelchakan y los Chenes, difundiendo 
entre ellas sus ideas, sus sentimientos y sus costumbres, sin embargo 
de que el contacto inmediato de esos partidos con el centro de la Pe- 
nínsula neutralizaba su influjo. Colonizó los partidos de Champoton 
y el Carmen, enviándoles los primeros pobladores, los primeros ele- 
mentos de riqueza, su industria, sus artes, grandes capitales, y le- 
vantando sus primeros edificios. Y en fin^ marcó con un sello tan 
profundo como indeleble esta nueva sociedad, que hasta en la arqui» 
tectura de sus edificios, tan diferente de la de Mérida, la distingue el 
estranjero á la primera mirada, de la del resto de la Península. 

Y realmente era un nuevo tipo de sociedad el que se habia formado 
en esta parte de la Península en dos siglos y mas de medio. Sin em* 
bargo de que el elemento colonizador se renovaba constantemente, en- 
traba luego en fusión y formaba esa amalgi^ma que constituye nuestra 
sociedad. Siendo parte en la composición el elemento indígena, el es- 
pañol y el de otras razas aunque en mas corto numero, no podia decir- 
se que en ella prevaleciese ninguno de ellos. Y al afirmar e^to en- 
tiéndase que hablamos no precisamente de la sangre que circula por 
el cuerpo, sino de las cualidades intelectuales y morales, de los usos, 
costumbres, hábitos, carácter, propensiones y de cuanto distingue & un 
individuo de otro individuo, á un pueblo de otro pueblo. Todo esto 
en el territorio de Campeche era verdaderamente peculiar & la tierra, 
local, era, si podemos esplicarnos mejor así, enteramente campechano. 



— 8 ^ 

No sucedía lo mismo en la parte en que dominaba Mérida. Allí 
los elementos indígena y español, aunque físicamente se hablan mes- 
ciado, social y moralmente no se habian amalgamado. La huella pro- 
fundísima de la conquista permanecía casi inalterable. Al cabo de 
mas de dos siglos todavía se distinguían perfectamente los conquista- 
dores de los conquistados. Y sin que dejase de haber muchos descen- 
dientes de los primeros y muchos mas de esa raza mista de tan bellas 
formas y tan apta para la civilización, que se originó del cruzamiento 
de la indígena con la española, esos decendientes y esa raza mixta, se- 
gún el lugar y las circunstancias de su nacimiento y educación, asf ve- 
nían á formar en las filas del señor ó del vasallo. En resumen no 
había allí mas que una cierta aristocracia y un pueblo subyugado, 
mientras que en la parte dominada por Campeche casi no había esa aris- 
tocracia, casi no había esa gente subyugada, y sí había una clase me- 
dia numerosísima que de tal manera era independiente y al mismo 
tiempo estaba ligada á las dos, que les hacia perder sus rasgos carac- 
terísticos para dejar ver solo un pueblo compacto con las prominentes 
líneas de esta semi-raza nueva. 

La naturaleza de este escrito y la estrechez del tiempo no nos per- 
miten desarrollar mas todos los puntos que hemos tocado. A muchos 
parecerá fantástica 6 exagerada esta pintura; no pocos creerán que el 
espíritu de partido y el de localismo le han dado sus tintes; pero cree- 
mos que todos nos harán justicia cuando vean patentizada con los he- 
chos históricos la verdad de nuestras apreciaciones. No es posible 
que causas meramente accidentales hayan producido un mismo efecto, 
constante é invariable. Bajo diversas formas, con intermitencias mas 
6 menos largas, pero siempre creciendo en intensidad, no ha cesado de 
manifestarse el antagonismo entre Mérida y Campeche, casi desde los 
primeros momentos de existencia de ambas ciudades. 

Su lucha sorda durante el período de la dominación colonial; su lu- 
cha abierta desde los primeros momentos en que empezó á romperse 
el vínculo secular que á la fuerza las unía; sus guerras civiles que ca- 
da vez se fueron ensangrentando mas y mas; la guerra de castas, fruto 
de sus contiendas civiles; y en fin, la ultima explosión del odio invete- 
rado de la una ciudad contra la otra, acaecida en 1867, harán ver & 
todos que en la naturaleza misma de las cosas, en la diversa formación 
de ambos pueblos, en sus intereses encontrados y en su diversa cons- 
titución social, está el germen de todas sus disensiones. 

Esto es lo que en seguida vamos á probar. 



IL 

BreTe noticia de las disidencias entre Mérida y Gampeciie dorante 
la ¿poca colonial (1542—1821). 



Direnidad de interetet qae representaban el teniente de. rey y e) cabildo de Campeche.— Go- 
bierno ordinario de la villa de Campeche. — Durante un siglo los alcaldes ejercieron todo mando. 
—Los capitanes generales empezaron á nombrar después sos tenientes en la Tilla. — £1 cabildo 
empezó también a resistir. — Antiguas quejas de Mérida contra Campeche por ser este el único 
puerto habilitado — Disidencias nacidas de allí. — Campeche adquiere el título de ciudad á media- 
dos del siglo XVIII. — Progresos del comercio de Campche. — Disidencia ruidosa entre un capitán 
general y el cabildo de Campeche, origen de la apertura del puetto de Sisal. — Estado de las ideas 
y de la instrucción en Mérida y Campeche al acercarse el año de 1812. — Campeche reclama con 
instancia la publicación de la Constitución de 1812 y las elecciones populares, que eludia el ca- 
pitán general con frívoloa pretestos.— Mérida obedece inmediatamente el decreto de 4 de Mayo 
de 1814: Campeche se resiste á obedecerlo.— Lucha sorda entre Mérida y Campeche hasta 1820. 
— Campeche proclama en 1820 el restablecimiento de la Constitución de 1812 contra las órdenes 
del capitán general y del tenientede rey.^Desde este momento Campeche ejerce un influjo pode- 
roso en los negocios de la provincia. — En la promcia no hubo guerra de insurrección: en 13 
de Setiembre de 1821 Campeche insta k las autoiidades de Mérida k que proclamen la Indepen- 
dencia: Mérida la proclama; pero deja en el mando al capitán general que no se adhiere á ella: 
Campeche la proclama el 17 con todas sus autoridades. 



Largo seria enumerar aquí las frecuentes luchas que durante el 
quinto periodo de las revoluciones yucatecas, tuvo el municipio de 
Campeche con las autoridades supremas de la Península. 

Representaba á éstas en la villa un teniente de rey^ á quien también 
se llamaba teniente de capitán general; y escusado es decir que el tal 
teniente de rey no era mas que el abogado de los intereses de la capital 
y del gobierno que en ella residía, mientras que el cabildo de la villa 
era el defensor nato de los intereses de ésta. 

Hemos visto yá que desgraciadamente los hombres se hablan empe- 
ñado en mantener estrechamente unidas, ¿qué decimos unidas? subor- 
dinadas una á otra dos secciones del pais entre las cuales la naturaleza 

2 



— 10 — 

había levantado una barrera. La política colonial, en vez de haberse 
encaminado á allanarla, parece que cifró todo su afán en acumular 
unos sobre otros nuevos elementos de separación. 

Si desde que asomaron las primeras diferencias, esa política hubiera 
dado á Campeche y Mérida dos gobiernos provinciales, independientes 
entre sí; si al mismo tiempo hubiera procurado acercar materialmente 
las dos poblaciones por medio de buenas vías de comunicación; si hu- 
biese protejido por cuantos medios estaban á su alcance todo género 
de relaciones entre aml)as, acaso luchando de este modo incesantemen- 
te con los obstáculos naturales y con los sociales, mercantiles y políti- 
cos que el tiempo fué creando, se hubiera conseguido formar dos Esta- 
dos florecientes de los que no han sido mas que dos pueblos enemigos. 

" El gobierno ordinario de esta villa, decia ya el padre Cogolludo en 
1654 hablando de Campeche \ se compone de dos alcaldes ordina- 
rios que se eligen cada año y lo son también de la santa hermandad, 
un alguacil mayor, un alférez mayor, cinco regidores y un procurador 
general, que se elige con los alcaldes. Para la milicia hay tres com- 
pañías de infantería española: las dos se forman de los vecinos y una 
de los forasteros; hay otra de mulatos, y ocho de indios piqueros y fle- 
cheros. Tienen su alférez mayor y sargento mayor, cabo de las com- 
pañías. Antiguamente en lo tocante ü milicia estaban todos sujetos al 
alcalde de primer voto, que era teniente de capitán general, cuya posesión 
inmemorial amparaba cédula real moderna de 47. Algunos años ha 
que en diferentes ocasiones daban los gobernadores título de teniente 
de capitán general á personas de su afecto, de que se ocasionaba dis» 
gusto, OM al que era alcalde actual como á los otros vecinos, que podian 
succeder en el oficio. Los gobernadores usaban del suyo siendo como 
son capitanes generales, porque les oí decir en diversas ocasiones, que 
tal cédula no se les habia hecho notoria. Escribiendo esto el año de 
54 (1654) se ha ocasionado sobre la materia un pleito que no se sabe 
en que parará: la paz del Señor lo sosiegue todo por su misericordia.'* 

He aquí como la centralización del poder echó por tierra el derecho 
que el cabildo de Campeche gozo por el espacio de mas de un siglo de 
ejercer no solo el gobierno político sino también el mando militar de la 
villa. Los cabildos de esa época, constituidos de una manera vigorosa, 
en parte eran de elección anual y en parte perpetuos, y generalmente 
venian á ser la espresion genuina del pueblo que representaban. Sien- 
do los alcaldes los jefes en lo político y militar, los jueces y los admi- 



1 Historia de Yucatán^ tomo I pág. 282. 



— 11 — 

nistradores del I^unícipío, y recayendo por lo común estos cargos, así 
como los demás del cabildo, en los hombres mas ilustrados y de posi- 
ción independiente^ fueron siempre muy celosos en defenderlos fueros 
de la villa. 

El Lie. D. José Martínez de la Pedrera, de quien mas de una vez 
tendremos necesidad de hablar, abogado distinguido que ocupo muy 
elevados puestos en la época á que nos vamos refiriendo, decía en un 
opúsculo en 1811 \ "Se hubieran sin embargo disminuido los ma- 
les de Yucatán si los ayuntamientos provinciales hubiesen tenido pre- 
sencia de ánimo para arrostrar el despotismo de los gobernadores; mas 
por desgracia aquellas corporaciones se componían regularmente de 

hombres ineptos y dóciles á la prostitución Desde finés del 

siglo diez y ocho ha comenzado á abrir los ojos el ayuntamiento de 
Campeche." 

Si por este lado tenia la villa motivos poderosos contra las autorida- 
des superiores y la capital de la provincia, por otro esa capital y las 
poblaciones que obedecian á su influencia, los tenian contra Campeche. 

"La villa de San Francisco de Campeche, decia nuestro historiador • 
á mediados del siglo XYII, la mas antigua población de espáñ^s, 
que fundaron la segunda vez cuando con- efecto pacificaron á Yucatán, 

es el puerto mas principal que tiene Es muy conocido en 

las cartas de mareaje y por ser como escala donde tocan los mas na- 
vios de contratación de todos estos reinos, ya para hacer agua y pro- 
veerse de bastimentos, ya para descarga, según traen el registro, que 
ocasiona ser mas gruesa la contratación de aquella villa, que fuera se- 
gún la vecindad que. tiene. £s muy acosado de enemigos piratas, que 
todos los años andan á la vista, con que tienen á los vecinos casi siem- 
pre con las armas en la mano como si fuera presidio de soldados paga- 
dos. Ya que por esta continua prevención no hacen daño en tierrai 
le hacen muy grave en el mar, cogiendo muchas fragatas del comercio 
de estas provincias cuando van ó vienen de la Nueva-España y otras 
partes por la poca defensa con que navegan. Al común de la ciudad 
de Mérida y lo demás de la tierra he oido decir resulta grave daño 
de recurrir solo á aquel puerto todos los bajeles, ó con no hacerles bue- 
na acojida (como se ha dicho ha sucedido & muchos) Ó con comprar tres 
6 cuatro (y muchas veces uno solo por todos) las mercaderías que traen 
y retenerlas en sí algún tiempo; y otras por tenerías, no dejando des- 



1 Historia de la tsdavitud de Yucatán en d gobiemo de los reyes. 

2 Cogollado, tomo I pág. 282. 



— 12 ^ 

cargar, se venden después en la tierra adentro por los precios que quie- 
ren ponerles. No afirmo que esto sea así, porque no lo he visto; dícese: 
quien gobierna debe saber lo que en esto pasa para remediarlo." 

Aquí tenemos bien diseñados los puntos prominentes de la disiden- 
cia entre Mérida y Campeche. Mérida, capital de la provincia, queria 
dominar á Campeche en materias de gobierno; Campeche, la ciudad 
mas rica y comerciante de Yucatán, queria subyugar á Mérida por su 
supremacía mercantil: Mérida luchaba por tener un puerto indepen- 
diente del de Campeche; Campeche luchaba porque se le diese partici- 
pio en la dirección de los negocios públicos de la Península. 

Si la brevedad de este escrito nos permitiera estractar aquí todas 
las actas del Ayuntamiento de Campeche, variamos una serie no inter- 
rumpida de cuestiones suscitadas entre el capitán general y el. teniente 
de rey por un lado y el cabildo por otro. Ya aquellas autoridades in- 
vadian las facultades privativas del municipio, ya se hacian sordas á 
sus legítimas representaciones, ya patrocinaban á los que en la capital 
tenian cuestiones con los de Campeche, ya, en fin, ayudaban en cuan- 
to podía detener, entorpecer ó rebajar su marcha progresiva. Pero el 
cabildo, siempre en actitud dispuesta, defendió con valerosa energía los 
derechos de su municipio, y mas de una vez llevó sus quejas hasta el 
trono de los reyes de Elspaña, y mas de una vez salió triunfante en la 
lucha. 

A mediados del siglo XVIII la importancia de la villa de Campeche 
habia llegado á un punto culminante. Sus servicios, purgando de fili- 
busteros y piratas toda la costa, construyendo buques de guerra en sus 
astilleros y arsenales, dando á Sisal una fortaleza para su defensa; y 
otros no menos notables, le valieron el título de Ciudad *. 

El sistema absurdo de monopolios y privilegios, que formaba la ba- 
se del gobierno colonial, hizo de Veracruz el único puerto habilitado 
para el comercio dé Europa, y de Campeche el único puerto de Yuca- 
tan. Con la esportacion del palo de tinte, el jenequen, la grana, los 
cueros, el sebo y otros artículos. Campeche vino á ser el centro mer- 
cantil de todo el comercio de Guatemala, Tabasco y la Península yu- 
cateca. Aunque no podian traerse á él directamente efectos de otras 
naciones, ^í se traian los de España y los de las colonias estranjeras de 
América. Gradualmente fué tomando mayor ensanche nuestro co- 
mercio hasta que se publicó la ordenanza ó pragmática del comercio li- 
bre en 12 de Octubre de 1778. Entonces Campeche, con un puerto 



* Véanse al fin DoCTUneiltoS justificativos, nüm. 1. 



— 18 — 

muy seguro, un astillero bien montado y una numerosa marina mer- 
cante^ estendió mas su tráfico por todo el Golfo: llevd su comercio á 
Tampico, Tuxpam, Alvarado y Goatzacoalcos, de donde venían algo- 
don, pita, almagre, piloncillo, queso, cueros al pelo &c. en cambio de 
sal, costdes de jenequen, sombreros de paja, cera y manufacturas de 
carey, algodón y otras *; y llegó hasta proveer al mismo Veracruz de 
géneros españoles y estranjeros. £1 comercio de este puerto, acostum- 
brado al privilegio de que tanto tiempo gozo, se resistió, representó; 
pero una real orden de 2 de Agosto de 1810 previno: *^que no se im» 
pidiese la entrada en Veracruz de los géneros tanto españoles como es- 
tranjeros que quisiese introducir el comercio de Campeche, acreditan- 
do que dichos géneros fueron conducidos por el comercio de la Pe- 
nínsula." • 

Mientras Campeche se engrandecía de este modo con el comercio, 
Herida luchaba porque Sisal, puerto que dista de allí doce leguas y 
media^ fuese habilitado. Cuenta la tradición que a principios de este 
siglo un capitán general de la provincia vino & visitar á Campeche: He. 
gó á los barrios de extramuros, doi^de esperó que el cabildo fuese á bus- 
carle bajo de mazas; pero el cabildo apenas pasó de la muralla, se de- 
tuvo en el puentecito de la puerta de Guadalupe y le envió á decir; 
^que aquella era la puerta de la ciudad, que sus preemineucias no le 
permitían pasar adelante, y que si quería, allí le recibiría.'' El capi- 
tán general tomó á insulto esta pretensión del cabildo, se rehusó á ob- 
sequiarla y desairándolo entró solo en la ciudad. El cabildo, que no 
acostumbraba á sufrir ultrajes de nadie, elevó al rey una queja contra 
el capitán general, cuya conducta vino reprobada de la corte. 

De esta desavenencia nació el puerto de Sisal, según la tradición. 
El capitán general^ en desquite tomó empeño en satisfacer los deseos 
de Mérida, contrarios á los de Campeche. Ea 13 de Febrero de 1810 
se dio una real orden para que durante la guerra pudiesen descargar 
en Sisal los buques de la Habana que prefiriesen este puerto al de Cam. 
peche, ' y en 3 de Marzo de 1811 fué declarado Sisal puerto menor *. 

Esta medida, que en sf era justa, no dejó de causar muy mala im- 
presión en los de Campeche por el origen que se le atribuía: lastimaba 
no solo sus intereses mercantiles, sino que h^ría principalmente su 



1 Memoria instructiva sobre el comercio de Yucatán y Campeche: 1810: por el Sr. D. Pedro 
Manuel de Regil. 

2 La misma. 

8 Lerdo de Tejada, Apuntes Mstóricos de la heroica ciudad de Veracruz^ tomo III pág. 200. 
4 Regil^ memoria citada. 



— u — 

amor propio; de cuya manera venia á ser una gota mas de fermento 
caída en el lago de contrariedades, celos y desavenencias que mas de 
dos siglos hablan acumulado entre las dos ciudades. 

Según iban marchando los tiempos, así se iban acercando los dias ea 
que esta lucha sorda, parcial hasta cierto punto entre las autoridades y 
algunos vecinos de ambas localidades, se generalizase y estendiese á 
ambos pueblos. Los nuevos principios que proclamaba la constitución 
española de 1812, precipitaron la eaplosion. 

Al aproximarse esta época el estado social de Yucatán no habia cam- 
biado en un ápice, y ofrecía el mismo cuadro que hemos diseñado en el 
capitulo I de este escrito: no podemos decir lo mismo de su progreso 
intelectual. **Las nuevas ideas ' (habla de las ideas filosóficas del 
siglo XVIII) hicieron en Yucatán, así como en las principales provin- 
cias de la Nueva-España, una especie de irrupción á la cual no habia 
ya dique capaz de oponerse. Algunos espíritus estaban yá preparados 
para recibir la vigorosa impresión de esas ideas, pues ya desde el año 
de 1802, D. Pablo Moreno en el seminario de Mérida, y el R, Gonzá- 
lez en el colegio de San José de Campeche, enseñando los luminosos 
principios de una filosofía verda:deramente racional, hablan hecho des- 
aparecer añejas preocupaciones, sembrando teorías que para el pais eran 
una verdadera revolución." 

Los ramos principales que abrazaba la enseñanza eran: latinidad, 
filosofía, teología dogmática, escolástica y moral; y aunque en Cam- 
peche y Mérida era la misma, no era igual el numero de jóvenes que 
en ambas ciudades concurría á las aulas. La juventud de Mérida, mas 
numerosa, mas dada á las letras, contaba en su seno mas estudiantes 
que la de Campeche. Esta era mas inclinada á los negocios mercan- 
tiles, aquella á los políticos. Así fué que en Mérida á donde iban á 
parar las cuestiones generales y graves de la provincia, para ser dis- 
cutidas y resueltas, pronto la juventud se mezcló en ellas, organizándo- 
se en partido, y comenzó á luchar. Formó la sociedad de los Sanjua" 
nistas^ llamada así porque tenia sus juntas en el barrio de San Juan, y 
á BU frente se puso el célebre padre Velazquez. Esta sociedad procla- 
mó la emancipación de los indios del servilismo en que gemian, recibid 
con jubilo la constitución de 18 J 2, padeció cuando fué abolida por el 
funesto decreto de 4 de Mayo de 1814, tomó una parte activa en el 
restablecimiento de la misma constitución en 1820, y entrando entón- 



1 CoftíideradoneB sobre d orígen^ causas y tendencias de la svblevacion indígena^ por el Dt 
D. Justo Sierra. 



— Id- 
ees en su seno elementos discordantes, desapareció para ser reempla- 
zada por la Asociación patriótica. 

Como, según hemos visto antes, en Mérida estaban mas arraigados 
todos los elementos que constituian el absurdo régimen colonial, allí 
los Sanjuani$ta8 encontraron muchos y poderosos enemigos. Los de* 
fensores de las obvenciones, de las cofradías, de la picota y las argollas, 
del despotismo militar, del fanatismo religioso, y, en fin, de las rancias 
y envejecidas ideas que forman el credo de la sociedad del siglo XYIII, 
les salieron al encuentro. Los curas, los encomenderos, los subdelega* 
dos, los militares, la vieja aristocracia, formaron el partido que se deno- 
minó de los Rutineros y que era el polo opuesto al de los Sanjuanistas. 
Estos se llamaron también Liberales, y aquellos, Seniles. 

Los nombres de estos dos partidos dicen claro que no podian vivir 
en paz. '^Mientras que en la capital de la provincia se formaba un 
partido en frente de otro, y se atacaban con estraordinario vigor y en- 
carnizamiento, entregándose a polémicas y discusiones acaloradas. 
Campeche se ocupaba en sus negocios con cierta especie de indiferen- 
cia que podia haberse calificado de egoística, sino hubiese sido porque 
en la ocasión sabia mostrar con hechos positivos que las ideas liberales 
no le eran ni podian ser indiferentes *". Lo hemos dicho yá: esto 
no provenia sino del diferente estado social de ambas tiudades, de la 
diferente educación de sus hijos, de sus diferentes ocupaciones, y sobre 
todo del predominio que ejercia el municipio por medio de su cabildo 
sobre el poder del teniente de rey, representante del capitán general. 
Habia sin duda en Campeche elementos rutineros y serviles; pero sus 
partidarios estaban en tal minoría que por sí solos nunca pudieron na- 
da sino momentáneamente. 

Cuando Uego el dia de publicar y jurar la constitución de 181S, gol- 
pe rudo para el partido servil, el capitán general D. Manuel Artazo, 
rutinero de corazón, procuró oponer entorpecimientos. Protestando 
que habia falta de ejemplares de ella, ofició en í de Octubre de aquel 
año al cabildo de Campeche, diciéndole que en Mérida se iba & hacer 
la publicación; pero que allí y en el resto de la provincia no se 
verificaria por ese motivo. El cabildo con aquella energía que nunca 
le abandonaba, le contestó '^asegurándole que en Campeche habia el 
doble número de ejemplares de la referida preciosa ordenanza que en 
Mérida," y al mismo tiempo que le suplicaba la mandase publicar sin 
pérdida de tiempo en fuella ciudad, le pedia que seguidamente orde- 

1 Consideradones &c. Por el Dr. Sierra. 



— le- 
ñase la celebración de las elecciones que la misma constitución preve- 
nía ^ El estraordinario entusiasmo con que Campeche celebró esta 
publicación, prueba el espíritu que dominaba en sus habitantes. Hu- 
bo grandiosos preparativos, las fiestas fueron continuas durante cuatro 
dias, y resonaron mil vivas espontáneos á la patria y la constitución 
con preferencia al rey \ 

La llegada del decreto dado en Valencia por Fernando VII a 4 de 
Mayo de 1814 que disolvió las cortes españolas, aboliendo la constitu- 
ción de 1812, ofreció una nueva muestra de la divergencia entre Mé- 
rida y Campeche. Allí, apenas se tuvo noticia del decreto por unos 
periódicos llegados de la Habana, empezaron á prepararse los rutineros, 
y el capitán general la hizo circular en 23 de Julio por toda la provin- 
cia. En la sesión del 25 el ayuntamiento constitucional de Campeche 
recibió la circular del Sr. Artazo y al mismo tiempo dos comunicación 
nes oficiales de los diputados á Cortes por la provincia, el Lie. D. Jo- 
sé Martinez déla Pedrera y D. Ángel Alonso y Pantiga, cura de la 
parroquia de Campeche, que confirmaban el hecho de una manera in- 
dudable. Sin embargo de esto, sin embargo de que el nombre de El 
jRey, al cual todavía se prestaba un respeto supersticioso, estaba de por 
medio, el ayuntamiento hizo constar en el acta de la sesión que él no 
habia convoca(Jo á algunas tropas reunidas á la sazón en la plaza de la 
ciudad, de orden del teniente de rey D. Miguel de Castro y Araoz, pa- 
ra celebrar la noticia, y al mismo tiempo que protestaba sumisión & su 
amado Soberano, se desentendia de obedecer el decreto. 

En Mérida el ayuntamiento y las demás autoridades le prestaron 
obediencia en la forma solemne y acostumbrada el dia 28 de Julio; 
pero en Campeche el ayuntamiento, todavía en 8 de Agosto, le decia 
al capitán general: "que le prestarla obediencia y daria cumplimiento 
al decreto de 4 de Mayo, siempre que espresamente se lo previniese;" 
y hasta el 16 del mismo mes, luego que vino aquella prevención, sin 
ninguna solemnidad y aun sin estar reunido el cabildo pleno, como de- 
bía ser, el ayuntamiento le prestó obediencia al decreto, besándolo el 
presidente y poniéndolo sobre su cabeza •. 

Pasaron aquellos seis años de absolutismo que, aunque sembraron el 
luto en toda la monarquía española, precipitaron afortunadamente la 
independencia de sus colonias. 

En este tiempo la lucha sorda entre Campeche y Mérida continuó, 



1 Actas dd cabildo: sesión de 20 de Octubre de 1812. 

2 ídem: sesión de 11 de Diciembre. 

3 Actas de Us sesiones de 25 de Jalio, 8y 16 de Agosto de 1814. 



j 



— 17 — 

7 al llegar el año de 1820, ya las ideas políticas hablan ganado mucho 
terreno en la primera de estas dos ciudSbdes. ''Durante la época de 
1814 á 1820, la movilidad del pueblo campechano había comenzado á 
excitarse, y el fuego de las pasiones políticas ya se sentía discurrir 
ocultamente. La defección de su cura en el Congreso de la NacióUi 
convirtiéndose en uno de los diputados persas, habia herido hasta cier- 
to punto su amor propio, y le tenia humillado. Después que comenza- 
ron las persecuciones y arbitrariedades del poder, como una conse- 
cuencia del decreto de 4 de Mayo, también sintió herida su suscepti- 
bilidad ^ 

Gobernaba entonces la provincia el brigadier D. Miguel de Castro 
y Araoz, y era su segundo cabo y teniente de rey en la plaza de Cam- 
peche el coronel D. Juan José de León. 

Representante éste del* capitán general y partidario acérrimo de los 
enemigos de la constitución española^ era en Campeche el apoyo de los 
pocos que profesaban las ideas de los serviles y rutineros de la capital 
de la provincia. 

Si en aquella ciudad no se había organizado ostensiblemente un par- 
tido liberal como el de los Sanjuanistas de Mérida, habia yá en prácti- 
ca un principio de asociación que cundía mucho: el de la francmaso- 
nería. Secretamente se había propagado^ y casi todos los francmaso- 
nes eran liberales. En las luchas que se iban á empeñar, estaban ellos 
del lado contrario al del teniente de rey. 

Apenas se supo en Mérida el restablecimiento en España déla cons- 
titución de 1812, trabajaron activamente los sanjuanistas para que la 
provincia imitase tan digno ejemplo. El capitán general, D. Miguel 4e 
Castro y Araoz, sorprendido con la noticia, mandó el 26 de Abril de 
1820, publicar y jurar la constitución: el oficio en que tal prevenía, se 
leyó en el ayuntamiento de Campeche, en la sesión del dia 28, y acor- 
dó que la publicación y jura se hiciesen el 1? de Mayo con gran solem- 
nidad. Mas vuelto de su sorpresa el capitán general y dominado nue- 
vamente por los rutineros, di6 contraorden al dia siguiente, y uno tras 
otro se recibieron en Campeche, y se di6 cuenta de ellos en las sesiones 
del 29 de Abril, 4 y 8 de Mayo, diversos oficios en que prohibía se pu- 
blicase la constitución y que el ayuntamiento resolviese algo en la 
materia sin el acuerdo del teniente de rey, & quien habia prevenido im- 
pidiese hasta la circulación de los impresoij que conspirasen á lo contra- 
rio: un bando del capitán general así lo ordenaba; pero el ayuntamien- 



1 Sierra. Coiwdtracwntí &c. 



\ 



1» 



— 18 — 

to y el mismo teniente de rey, D. Juan José de León, creyeron que era 
imprudente publicar semejante bando, porque el dia 7, con motivo de 
la llegada de la Habana de la goleta 'Teruana," salieron muchas gentes 
por las calles con música gritando vivas al rey y a la constitución. 

Si los rutineros hablan trabajado con tesón desde el 26 de Abril, los 
liberales no se hablan dormido. D. Mariano Carrillo y D. Lorenzo de 
Zavala habian pasado á Campeche secretamente para ponerse de acuer- 
do sobre el restablecimiento de la constitución, y esto, unido á la opi* 
nion predominante en la ciudad y á la contrariedad que el voto publi- 
co recibia del teniente de rey, dócil instrumento del capitán general, 
habia de tai manera encendido el ardor y el entusiasmo del pueblo, 
que ya no era posible contenerle. Así fué que se amotinó y el ayun- 
tamiento tuvo que reunirse en sesión extraordinaria en la tarde del 
mismo dia 8 y ''teniendo presente que las fórmulas en casos extraordi- 
narios deben ceder á la exigencia de los actos sustanciales; que cohibir 
los conatos, ahora inocentes, de un pueblo entusiasmado por un código 
que afianza su libertad, puede hacerlos degenerar en actos y maquina- 
ciones criminales; que lo que pide ahora como gracia puede exijirlo 
después como derecho ^ .". acordó publicar la constitu- 
ción. El juramento de ella se hizo en el acto, y la publicación al dia 
siguiente. D. Juan José de León accedió á todo á no poder mas; pero 
el padre Solis, vicario y juez eclesiástico, abandonó la sesión sin firmar 
el acta^ y el padre Canto, cura de la parroquia del centro, puso esta an- 
tefirma: **-4 la fuerza.^^ 

Nadie se opuso seriamente á este acto en Campeche, porque la mis- 
ma fuerza armada, toda entera, al revés de lo que en Herida sucedía, 
estaba de parte de los liberales. Así fué, que á la publicación siguió 
el restablecimiento del ayuntamiento constitucional depuesto en 1814; 
y restablecido este ayuntamiento, sus primeros actos fueron separar la 
jefatura política de la tenencia de rey, que aun las regenteaba el Sr. 
León, y convocar á nuevas elecciones de ayuntamiento. Estos actos 
del pueblo campechano, echaron por tierra las maquinaciones de los ser- 
viles, y en la capital y el resto de la provincia se vieron forzados á 
consentir en el pleno restablecimiento de la constitución de 1812. 

<'La ciudad de Campeche, que acababa de ejercer tan decidida in- 
fluencia en la proclamación de la constitución, compeliendo á la autori- 
dad, ^ pesar e»uyo, á prestar el temido juramento al código de Cádiz, 
comenzaba á entrar por mucho en la resolución de todos los negocio^ 



1 Véanse las actas de sesiones. 



— 19 — 

püblicoB, y su voto era considerado y & como de mas peso que eu la épo< 
ca precedente. Allí el partido liberal era mas homogéneo, menos pre- 
tencioso y aspiraba francamente á la adopcioíx de solidos principios en 
la marcha constitucional. Sin embargo, como el elemento español do- 
minaba notoriamente en la combinación de ese partido en Campeche, 
lo cual se esplica fácilmente por el ínayor numero de ricos comercian* 
tes españoles establecidos en la plaza^ es preciso decir que en la masa 
del pueblo no era muy generalmente aceptado, porque éste tenia ten- 
dencias mas latas todavía. Eso no impedia que por el momento el 
partido dominante disfrutase de cumplida popularidad \" 

Al poco tiempo de restablecida la constitución y con ella la diputa- 
ción provincial, el partido liberal de Mérida trabajo unido á algunos li- 
berales de Campeche para separar del mando superior de la provincia 
á D. Miguel de Castro y Araoz; pero como conseguida su separación 
recaia la capitanía general en el teniente de rey de Campeche, D. Juan 
José de León, como segundo cabo, estendio sus trabajos hasta remover 
á éste. A principios de Junio la diputación provincial acordó aquella 
separación. El Sr. de Castro se sometió á ella, y como en él estaban 
reunidos el mando civil bajo el nombre de jefe superior político, el mi- 
litar como capitán general, y la jefatura de hacienda como intenden- 
te, quedó con el primero D. Basilio María Argaiz; con el segundo D. 
Mariano Carrillo, coronel de ingenieros; y con el último, D. Pedro Eo- 
lio. En Campeche, de orden del Sr. Carrillo, reemplazó al Sr. León 
en el mando militar D. Hilario Artacho, comandante de artillería, y el 
alcalde V obtuvo el mando político.^ 

Aunque D. Juan José de León, por sus relaciones de familia y por 
el tiempo que habia mandado, contaba con algún partido en Campeche, 
tuvo que resignarse á dejar el mando; y el ayuntamiento de la ciudad, 
^'aspirando á que la unión, concordia y tranquilidad que felizmente rei- 
naban en \fik provincia se conservasen sin ninguna alteración ','' acordó 
que se cumpliese la orden del capitán general. 

En aquellos tiempos, no obstante que los sucesos se precipitaban, al« 
canzándose unos á otros, se conservó la tranquilidad de la provincia 
sin mayor turbación durante un año. Como en ella no hubo guerra 
de insurrección, el partido liberal era fuerte, y el plan de Iguala tenia 
muchos partidarios de corazón. El sentimiento de la independencia 
se fué generalizando mas y mas, y con la noticia de los tratados de 



1 Coruideradones 4rc. por el Dr. Sierra. 

2 Sesión del 11 de Janio de 1820. 



— 20 — 

Cordova y la ocupación de Tabasco por fuerzas independientes llegaron 
las cosas á tal estremidad que fué preciso tomar una determinación. 
El sentimiento público estaba muy patente^ y al fin el 13 de Setiembre 
de 1821, el ayuntamiento de Campeche acordó manifestarlo así á las 
autoridades superiores de la provincia, y en el mismo dia hizo otro tanto 
el teniente de rey después de una junta de guerra. 

A un tiempo se recibieron en Mérida un oficio del gobernador de 
Tabasco sobre el mismo asunto y los del ayuntamiento y del teniente 
de rey de Campeche, y á consecuencia de esto el 15 de Setiembre se 
proclamó la independencia en la capital de la provincia. Llegada la 
noticia á Campeche el dia 17, el ayuntamiento y todas las autoridades 
en un acto solemne^ proclamaron también la independencia. El capitán 
general D. Juan María de Echeverri, que habia tomado posesión de 
su empleo en Enero de 1821, h pesar de las instancias de los de la ca- 
pital y de Campeche, rehusó adherirse á aquel acto; pero sin embargo» 
siguió mandando. Las simpatías que se habia captado eran muchas, 
y su separaciop vino á romper, puede decirse, la unión que existia entre 
Mérida y Campeche desde el restablecimiento de la constitución de 
1812. No tardaron mucho en asomar graves disidencias. 



1 SesioD de dicho dia. 



III. 

IMsidendas eatre Mérida y Campeche desde qne se proelamó la indepeí* 
deneía basta el principio de las gnerras cÍTiles (1821 — 1823), 



• 1^ 

Mérida quiere seguir tremolando el pabellón espafiol; Campeche se opone y enarbola el pabellón 
trígarante: á consecuencia de esto^ la diputación provincial dispone la reunión de los mandos po- 
lítico y militar en Campeche^ que se lleva al cabo á pesar de la oposición del pueblo.— Juramento 
político de la independencia hecho en Campeche^ y separación de los mandos. — La diputación pro- 
vincial de Mérida reprueba estos actos; vuelve ft prevenir la reunión de ambos mandos, y Uama al 

teniente de rey á la capital: Campeche desobedece ^Mérida rehusa prestar el juramento á lainde- 

pendeneia, y Campeche desconoce al capitán general y nombra dos comisionados que pasen á Mé- 
xico á dar cuenta de lo acaecido. — Campeche queda de hecho separado de Mérida: su conducta -es 
aprobada por el gobierno de la nación. — Campeche no toma parte en las elecciones de la provin-> 
cía, y pide npmbrar un diputado por la ciudad. — Masones: forman el partido liberal y anti-iturbi- 
dista*^Lucha entre masones é iturbidistas: suceso grave en Campeche— Los iturbidistas pierden 
las elecciones municipales. >Ei gobierno de la provincia ordena otra vez que la autoridad de 
Campeche reasuma el mando político: resístense el ayuntamiento y el pueblo: motín cléríco-mili- 
tar en contrai que consigue á la fuerza la reunión de los mandos*— Plan de Casa-Mata: convócase 
una junta militar para el pueblo de Becal, que acuerda adherirse á dicho plan: los iturbidistas no 
lo secundan. — Triunfo del partido liberal en Campeche y espulsion del jefe le los iturbidistas y 
sus principales satélites.— Nuevas desavenencias entre Mérida y Campeche: opinión del Sr. Lie. 
Martínez de la Pedrera. — Campeche obtiene el derecho de nombrar un diputado que lo represente 
en la diputación provincial. — Sepárase del mando de la provincia el Sr. Alvarez: cuestión entre 
Mérida y Campeche acerca dé la persona que debia sucederle. — Mérida quiere observar una 
política de independencia respecto de la nación; Campeche quiera unirse desde luego & México: * 
la diputación provincial celebra un acuerdo y da un manifiesto conformes con las ideas de Méri- 
da , y el ayuntamiento de Campeche hace una declaración solemne de principios en sentido con- 
trario.— En Mérida es desairado el diputado de Campeche, y Campeche reclama contra tal 
conducta: & consecuencia de esto el ayuntamiento de Campeche se niega k tomar- parte en las 
elecciones.— Nombra la diputación provincial un comandante general, que es, desconocido por la 
guarnición y ayuntamiento de Campeche: el Sr. Alvarez, que estaba en Campeche, reclama el 
mando militar superior de la provincia.— Esta grave crisis se resuelve proclamando Mérida y 
Campeche la República, y procediendo á la elección de un congreso que constituyese en Esta- 
do la provincia, el cual se instala en Agosto de 1823. 

A lo que parece, sin embargo de estar y& proclamada la independen- 
cia de la provincia, todo permanecia como antes. El pabellón español 
seguia tremolando, y la independencia no habia sido jurada. El ayun- 



— 22 ^ 

tamiento de Campeche, en sesión del 5 de Octubre, & propuesta de su 
presidente, resolvió: que en razón á que no se habia designado la ban- 
dera que se debia tremolar en la casa consistorial como independientes 
de España, 7 teniendo noticia de que la tricolor era la usada por las 
tropas imperiales de México, se adoptase ésta, consultándolo con el 
jefe superior de la provincia ^ Esta autoridad, de acuerdo con la 
diputación provincial, resolvió que no se hiciese innovación ninguna 
y que se siguiese usando el pabellón español. 

Hecha publica esta resolución en la ciudad, en la noche del 13 de 
Octubre se presentó un grupo considerable de gente en casa del síndi- 
co procurador del ayuntamiento, pidiendo con la mayor armonía á 
nombre del pueblo, que desde el dia siguiente «I amanecer se enarbo- 
lase en la casa consistorial la bandera tricolor. Ocurrió el síndico en 
unión de los representantes del pueblo al jefe político, y éstt accedió 
& la solicitud ^. 

Puesto lo acaecido en conocimiento del jefe superior político de la 
provincia, la diputación provincial, residente en Mérida, resolvió que 
conforme al art. 5?, cap. 3? de la ley de 13 de Junio de 1813^ el teniente 
de rey y comandante de las armas de Campeche, reuniese los mandos 
político y militar, y ademas previno al ayuntamiento publicase por 
bando que ^'cualquiera persona, sea cual fuere su estado, que aconsejase, 
promoviese ó acaudillase reuniones tumultuosas, seria reputada y per- 
seguida como perturbadora del sosiego publico." En sesión del 21 de 
Octubre se leyeron estas resoluciones, y el ayuntamiento, & pesar de la 
protesta del regidor D. Miguel J. de León, acordó cumplirlas, Uamando 
inmediatamente á la sesión al teniente de rey interino, D. Hilario 
Artacho, quien prestó el juramento correspondiente y se hizo cargo de 
la jefatura política. Al mismo tiempo se ordenó la publicación del 
bando prevenido. 

La fermentación publica, con motivo de estos sucesos, llegó al dia 
siguiente á su colmo. Habia circulado por todas partes la noticia de 
la reunión de los dos mandos y de lo que la diputación provincial pre- 
venía. El bando mismo fué arrancado por el pueblo de manos del es- 
cribano que lo publicaba. Numerosos grupos de ciudadanos se reunieron 
en la Plaza déla Independencia, y al concluirse la sesión ordinaria del 
ayuntamiento de aquel dia, se presentó una parte del pueblo pidiendo 
el juramento político de la independencia, del plan de Iguala y trata- 



1 Acta de la sesión de dicho dia. 

2 Sesión del 15 de Octubre de 1821. 



— 23 — 

dos de Gdrdova; poes que hasta entonces no habían sido jurados en 
ninguna parte de la provincia. El ayuntamiento convocó en el acto & 
todas las autoridades y personas de representación en el pueblo, y reu- 
nidos ^'é impuesta la junta del estado del espíritu público en este par- 
ticular, así por los informes de los jefes de los cuerpos, como por las 
manifestaciones que sobre lo mismo hicieron otros señores, y convenci- 
da de la justicia de la solicitud, y délo general del pranuncianiiento,^* 
resolvió acceder & ella, prestando en seguida todos los presentes el ju- 
ramento pedido. 

Mas con este solo acto no quedaba satisfecho el intento del pueblo ni 
desaparecía el motivo de la irritación publica. Por esto sin pérdida de 
tiempo fueron llevados ante el ayuntamiento D. Miguel Duque de Es- 
trada, & quien se le acababa de quitar la jefatura política, y D. Juan J. de 
León, separado de la tenencia de rey en Junio del año anterior, y se 
pidió & la misma junta que & cada uno lo repusiese en su respectivo 
empleo inmediatamente. ^*La junta, convencida de las vivas instancias 
con que hacia este pedido el pueblo remiido en la sala capitular y en 
la plaza, accedió & él en obsequio ile la paz y tranquilidad pública ^J' 
Tá puede suponerse la impresión profunda que actos tan graves cau- 
sarían en la capital de la provincia y sus autoridades superiores. La 
diputación provincial reprobó los acuerdos de la junta popular y mandó 
reponer & D. Hilario Artacho; y el capitán general dio Orden al Sr. 
León de que inmediatamente se pusiese en camino para Mérida sin el 
carácter de teniente rey y segundo cabo de la provincia. Escusado es 
decir que ambas disposiciones fueron desobedecidas en otra junta del 
ayuntamiento, las autoridades y el pueblo \ 

Esta desobediencia constituía á Campeche en estado de rebelión. 
Creían todos, con razón Ó sin ella, que el capitán general Echeverri, 
no habiéndose adherido & la independencia ni prestado juramento al 
plan de Iguala, se estaba tomando largas en espera de auxilios que ha- 
bía pedido & la Habana para someter nuevamente á la península yuca- 
teca al dominio español. Con tal motivo, y apenas se supo en Campe- 
che su negativa á prestar el juramento, en una junta, de las que eran 
tan frecuentes entonces, tenida el 5 de Noviembre*, se acordó descono- 
cer al Sr. Echeverri como capitán general, y reconocer como interino 
al teniente de rey, segundo cabo, D. Juan J. de León, y se nombraron 



1 Sesiones citadas del 21 y 22 de Octubre de 1S21. 

2 Sesión de 28 de Octubre de 1821. 

3 Sesión de este di a. " 



— 24 — 

asimismo dos comisionados que pasasen á México á dar cuenta de lo 
acaecido. 

Desde este momento hubo el primer cisma en la península entre 
Herida y Campeche. Allí, luego que se supo la resolución tomada, se 
separó Echeverri de todo mando, y confirieron el superior político al 
intendente, y el militar al gefe de mayor graduación que entonces había 
en Mérida. Campeche no se dio por satisfecho. Lleno de sospechas y 
desconfianzas, insistió en que ambos mandos continuasen en el Sr. 
León \ de cuya manera habia yá en la provincia dos jefes superiores 
políticos y dos capitanes generales, y de hecho quedó Campeche se- 
parado de Mérida. 

A consecuencia de esta separación, Campeche no tomó parte en las 
elecciones que en Mérida se hicieron de diputados á las cortes consti- 
tuyentes del imperio mexicano, y continuó separada hasta últimos de 
Febrero de 1822, en que llegó D. Melchor Al varez, primer gobemadOT 
y comandante general que fué de México, á mandar la provincia y 
tomó posesión del mando el 10 de Marzo de 1822. La conducta del 
ayuntamiento de Campeche fue aprobada por la regencia del Imperio. 

En Mayo de este mismo año el regidor Ortiz promovió en el ayun- 
tamiento la cuestión de los diputados, y fundado en q^ue Campeche no 
habia tenido parte en la elección de ellos, en unión de otros pretendía 
que se le concediese á la ciudad nombrar uno que la representase. Es- 
to díó margen á que el gobernador dirigiese al ayuntamiento un oficio, 
con la nota de muy ejecutivo^ diciéndole que tenia noticia de que se tra- 
maban disturbios en Campeche. El ayuntamiento se sinceró, y las co- 
sas no pasaron adelante ^ 

El nombramiento de emperador hecho en D. Agustín de IturbídCi 
hubiera sido en otras circunstancias motivo de desavenencias entre 
Mérida y Campeche; pero como el Sr. Alvarez y el Sr. León eran ítur- 
bidistas, fué reconocido pacíficamente. 

Entre tanto las sociedades masónicas, que según hemos dicho antes, 
existían yá en Campeche, habían tomado mayor incremento. Las 
virtudes cívicas^ La unión de la virtud y La antoixha luminosa^ eran tres 
logias establecidas en la ciudad, perfectamente organizadas. A ellas 
pertenecía lo mas florido de la sociedad campechana. Casi todos los 
comerciantes, los militares jóvenes é instruidos, y en fin, cuantos de- 
testaban el despotismo, se habían filiado allí. Los antiguos liberales, 



1 Sesiones del 12 y 19 de Noviembre de 1821. 

2 Sesión del 2 de Junio de 1822. 



— 25 — 

los constituoionálistas, los enemigos de los rutínero6 eran masones. 
Los españoles, especialmente los Catalanes (como entonces se les llama- 
ba en Campeche), habían abrazado con tal calor y entusiasmo, no solo la 
independencia del pais sino su régimen liberal, que no podian tolerar la 
dominación despótica de D. Agustín de Iturbide. 

A fines de 1822, los masones constituian yá un partido político, ene- 
migo del iturbidista. A éste lo encabezaba el teniente de rey D. Juan 
José de León, y en su rededor estaban agrupados los antiguos rutineros 
y serviles, los clérigos fanáticos y algunas gentes sencillas á quienes 
el solo nombre de Empercuíor había fascinado. Como este partido con- 
taba con la autoridad en Campeche y en la capital de la provincia, se 
sostenía y aun luchaba con ventaja, odiaba á los españoles porque for- 
maban el núcleo de la masonería, y andaba excitando al pueblo contra 
ellos, acusándolos de anti-independi entes. En una sesión del ayunta- 
miento ^, un masón pidió que se publicase un bando para garantir á to- 
dos los ciudadanos la tranquilidad, y el presidente, que era iturbidista, 
no tuvo embarazo en decir que no habia gachupín bueno y que era in- 
necesario tal bando porque la paz pública no peligraba. Un^hecho 
ruidoso. y^ grave vino ^ desmentir esta aserción. 

El comandante de artillería de la plaza de Campeche, D. José Cade- 
nas, español de nacimiento, masón y por consiguiente anti-iturbidista, 
fué herido alevosamente en la noche del 24 de Noviembre ppr un tal 
Carlos Sierra. La población entera lanzó un grito de indignación al 
saber este hecho, y señaló como instigadores de él nada menos que al 
alcalde 1?, que era hijo del teniente de rey, á un oficial ayudante de és- 
te, y á otras personas de opinión muy marcada como iturbidistas. El 
pueblo en masa se reunió, pidió la separación del alcalde y la prisión 
de varios clérigos y militares ^ 

En los dias 25, 26 y 27 de Diciembre fueron las fiestas de la jura 
del Emperador. Como los iturbidistas mandaban, hubo eñ Campeche 
paseo cívico con reyes de armas, procesión del pendón real, función 
religiosa, toros, refrescos, y en fin, un suntuoso baile el último dia *. 
En él estaban cuando llegó al puerto un buque de Veracruz, trayendo 
la noticia de haberse pronunciado Santa- Anna proclamando la Repú- 
blica á principios del mes. En medio de aquel regocijo una noticia 
semejante fué para los iturbidistas lo que las palabras fatídicas del fes- 
tín de Baltazar. Para los liberales no pudo haber mejor fin de fiesta. 

1 Sesión del 11 de Noviembre de 18-22. 

2 Sesión del 25 de Noriembre. 

3 Sesión del 27 de Diciembre. 



— 26 — 

Con los sucesos de Noviembre, con haber perdido los iturbidistas las 
elecciones municipales ganadas por los masones, y con otro» y otros 
acontecimientos de mas 6 menos importancia que cada dia tenian lu- 
gar, el teniente de rey pidió por extraordinario en veinte y seis de 
Diciembre á las nueve y media de la noche al capitán general la auto- 
rización para reunir los dos mandos en Campeche. El capitán general 
accedió á esta solicitud, y en sesión extraordinaria del dia 31 de Diciem- 
bre se dio cuenta al ayuntamiento con un oficio del teniente de rey 
que comunicaba aquella resolución El pueblo se alarmó al saberla, y 
sin embargo de que el ayuntamiento era iturbidista en su mayoría 
(pues hasta Enero no debia tomar posesión el nuevo, que era masón), 
no se atrevió á chocar con la opinión pública, y oyendo el voto de una 
porción de ciudadanos, acordó *: "que estrañando mucho aquella dispo- 
sición y siéndole en estremo doloroso que se ultrajagp de manera tan in- 
decorosa el honor de un pueblo heroico, se le contestase al Sr. teniente 
de rey que no se hallaba el cuerpo en estado de acceder á que los dos 
mandos, político y militar, se reuniesen en un solo sujeto por ningún 
motiva ni pretesto." 

Los iturbidistas en aquellas circunstancias jugaban el todo por el to- 
do y se resolvieron á hacer un motin militar. En la tarde de ese mismo 
dia la división de tiradores, formada y con las armas en la mano, ee 
apoderó de la plaza principal; y el presbítero D. Vicente Méndez, con 
bandera desplegada y unido á otros clérigos y á alguna gente del bar- 
rio de Santa Ana, dando vivas a la religión y al Emperador, penetra- 
ba por la Puerta de Tierra al centro de la plaza. Este motin clérico- 
militar pidió la reunión del ayuntamiento para que volviese á tratar 
del asunto resuelto por la mañana, y el ayuntamiento se reunió. Aque- 
llas horas fueron de terrible conflicto para Campeche. Los liberales 
contaban con el regimiento numero 2, que era el antiguo batallón 
de Castilla, con las milicias disciplinadas y con el cuerpo de artillería: 
contaban ademas, con el voto de la mayor parte de la población. Sí á 
la fuerza se hubiera decidido la cuestión, ellos sin duda la hubieran ga- 
nado. Prefirieron obrar con prudencia y esperar á que el tiempo les 
diese el triunfo. El ayuntamiento bajo aquella presión acordó la reu- 
nión de mandos, encargándose inmediatamente de la jefatura política 
el teniente de rey D. Juan José de León. En seguida, cuatro sacerdo- 
tes, que se llamaban representantes del pueblo, pidieron la prisión de 
varios liberales, entre ellos del canónigo Castañeta, que estaba de paso 



1 S«9Íon del 31 de Diciembra de lS-22- 



— 27- 

en la ciadad) y que se hiciese nueva elección de ayuntamiento. Se 
accedió á lo primero, y en cuanto á lo segundo se acordó consultar al 
capitán general y suspender, mientras resolvia, la posesión que al 
dia siguiente debia darse al nuevo ayuntamiento \ 

De este modo los iturbidistas hablan obtenido por medio de la fuer- 
za un triunfo completo. Todo fué aprobado por el capitán general, 
menos lo del nuevo ayuntamiento que tomó posesión en Enero. 

Entre tanto los sucesos de la nación se iban precipitando. Echávar- 
ri habia proclamado el I'' de Febrero de 1823 el plan llamado de Casa- 
Mata, en que. todas sus tropas pedían la convocación de un nuevo con- 
greso que reemplazase al que habia disuelto Iturbide, y recomendaban 
la reelección de los antiguos diputados que por sus ideas liberales y ca- 
rácter firme se habían captado el aprecio de sus conciudadanos. 

A la noticia de este acontecimiento la provincia se conmovió. Los 
masones dé Campeche, de acuerdo con los de Mérida, empezaron á agi- 
tarse de una manera mas pronunciada; y el capitán general D. Mel- 
chor Alvarez, que yá adivinaba el porvenir, mandó que se reuniese 
una junta militar en Becal, pueblo situado en la medianía entre Mérida 
y Campeche. A esta junta concurrieron el capitán general y los prin- 
cipales militares de Mérida, y el teniente de rey y los principales mi- 
litares de Campeche. 

Convocada esta junta en los últimos dias de Febrero, se reunió en el 
lugar Qesignado^ y en los primeros dias de Marzo se declaró por el 
plan de Casa-Mata. Los únicos que no se, adhirieron al plan fueron 
el teniente de rey León, el coronel Villajuana, el antiguo rutinero 
Arfíao, el teniente coronel D. Ignacio de la Eoca y cuatro ó seis su- 
balternos mas. Apenas se supo esto en Campeche extraofícialmente, 
se apresuró el ayuntamiento á proclamar el plan de Casa-Mata el dia 
4^e Marzo. En seguida mandó poner en libertad á los presos políti- 
cos del 31 de Diciembre, declaró que el Sr. León no podia volver á 
mandar en la plaza, según el artículo 6.^ de dicho plan, y encargó el 
mando al jefe mas antiguo, que casualmente lo era el coronel González, 
cuñado de León ^ 

£1 partido liberal, que lo componian los masones, estaba en vía de 
triunfo, pero los iturbidistas y serviles se defendian aún. González, 
apenas tomó el mando de las armas, separó de los cuerpos á los jefes 
liberales. Con este motivo el ayuntamiento entró en desconfianzai se 



1 Segunda sesión del 31 de Diciembre. 

2 Sesión del 4 de Mano de 1828. 



— 28 — 

volvió á reunir el dia 5 y acordó que González pasase el mando de la 
plaza al jefe de mayor graduación, de los venidos de la junta de Becal. 
Entre tanto el Sr. León se habia metido en la plaza ese mismo dia, y al 
siguiente yá González le habia devuelto el mando. Entonces estalló 
el movimiento político. El cuerpo de artillería y el regimiento nume- 
ro 1 se reunieron en junta de guerra y acordaron desconocer al Sr* 
León conforme al plan de Casa-Mata: el ayuntamiento hizo otro tanto; 
y en una junta general se acordó pedir la espulsion del Sr. León y sus 
satélites por ser dañosa á la tranquilidad pública su permanencia en 
la ciudad ^ 

En todo esto habia procedido Campeche por sí y ante sí, y el capitán 
general, triunfante yá el partido liberal, tuvo que pasar por todo y or- 
denar la espulsion del Sr. León, que se llevó al cabo. 

Así acabó el partido iturbidista en Campeche, después de haber cau- 
sado con su intolerancia y sus persecuciones, graves males al pais. 
Fué causa de que lo abandonasen muchos españoles que de corazón 
habían abrazado la independencia, llevándose sus familias y sus rique- 
zas: fué causa de que renaciese la distinción entre europeos y america- 
nos; y lo fué por ultimo, de que mas adelante recobrasen su nacionali- 
dad española, los que por sentimientos y de buena voluntad eran cam- 
pechanos y por consiguiente mexicanos. 

En todos estos acontecimientos parecia que el antagonismo entre 
Mérida y Campeche habia cesado; y sin embargo, continuaba y "se iba 
haciendo mas profundo. Yá hemos visto que en toda esta segunda 
época de mando del Sr. León, éste se sostuvo á la fuerza y con el apo- 
yo del capitán general, lo cual enconaba mas los odios de Campeche: 
yá hemos visto que por dos veces, contra el voto del ayuntamiento, 
fueron reunidos los mandos político y militar en el Sr. León; y yá hemos 
visto que la junta para tratar la cuestión del plan de Casa-Mata, no se ce- 
lebró en la capital de la provincia ni en Campeche, sino en un pueblo 
neutral, por decir así, y limítrofe á los territorios de ambas ciudades. 

La esperiencia habia enseñado á Campeche que necesitaba de un di- 
putado, nombrado esclusivamente por la ciudad, que representase sus 
derechos en la diputación provincial. El ayuntamiento habia promo- 
vido diferentes veces este nombramiento, y en la sesión del 13 de 
Marzo el síndico procurador volvió á hacer formal moción, diciendo: 
^*que podria ser de mucha utilidad la agregación de este nuevo diputa- 
do para afianzar, consolidar y procurar la mejor armonía, unión y felici- 



1 Sesiones del 5 y 6 ut Marzo. 



— 29 — 

dad general." Pareció importante el asunto al ayuntamiento, y acordó 
pasarlo á consulta del auditor honorario Lie. D. José Martínez de la 
Pedrera. 

El Sr. Pedrera en estilo levantado dio su parecer casi profetice. Hom- 
bre de grandes conocimientos, de talento extraordinario, que observaba 
y meditaba mucho, ya preveía la guerra civil entre Mérida y Campeche. 
Y nótese que hablaba en momentos en que triunfante el partido liberal 
en ambas ciudades, parecían unidos sus prohombres. "Apenas es ba- 
tido éi primer agente del servilismo por el pueblo mas liberal del Im- 
perio, cuando asoma su monstruosa cabeza otro enemigo mas feroz/' 
Así empieza su consulta el Lie. Pedrera. Después habla de la mane- 
ra de constituir al Estado, de la elección de su poder legislativo, del 
ejecutivo y judicial, y de que la diputación provincial débia desapare- 
cer para ser sustituida por un consejo de Estado. T después de desar- 
rollar su plan, como perdiendo la esperanza de que ni asf se lograse 
la sólida y pacífica organización de Yucatán en un sólo Estado, con- 
tinúa: 

"Dudo sin embargo que se trabaje útilmente en tan importante obra. 
El gobierno español presidido constantemente por el genio del desacier- 
to, llamó á Mérida capital de Yucatán, cuando la ilustrada política 
concede la primacía á Campeche. Esta importante ciudad es la pri- 
mera del Imperio en el rango de las marítimas: es la única plaza fuer- 
te de Yucatán, el baluarte de su libertad: es el pueblo mas comerciante, 
mas laborioso, mas rico de la provincia; su población, en fin, de veinti- 
dos mil almas, aunque no iguala numéricamente á la de Mérida, es 
«líperior á ella en hombres útiles á la sociedad. Está por tanto en el 
orden de justicia y en el de una sana política que á este pueblo fuerte, 
rico y liberal, arbitro de la suerte de Yucatán, se tributen las primeras 
consideraciones al constituirse el nuevo gobierno." Hablando en seguida 
de que se hiciesen elecciones generales, agrega: "Ellas son por el 
momento peligrosas y pueden llevarnos & los bordes de una guerra d- 
vilJ^ Aconseja después la prudencia, dice qnepor entonces Campeche 
debia limitarse áhacer valersu derecho á tener un diputado propio y per- 
manente en la diputación provincial, y hablando de esta medida con- 
cluye así: "El gobierno mismo (el de Mérida) tiene un interés cono- 
cido en la deferencia, pues.de ella resultará un lazo que una las opinio- 
nes é intereses de los dos primeros pueblos de Yucatán, constantemente 
rivales ^ ". 



1 Bocumentos justificativos nam. 2. 



— so — 

El ayuntamiento adopto el consejo, pidió la autorización para el 
nombramiento de su diputado, y concedida que le fué por la diputoeiim 
permanente, nombró á D. Pedro Manuel de Regil. Este señor, que 
con su claro talento, su instrucción nada común, y el conocimiento que 
tenia del país, sin duda comprendía bien el estado de las cosas y lo poco 
que adelantaria en aquel cuerpo el diputado por Campeche, pidió ser 
exhonerado, como lo fué, nombrándose en su lugar á D. Miguel Duque 
de Estrada y Crespi. 

A pesar de esta concesión, el ayuntamiento estaba en ascuas al ver 
á la diputación provincial, bajo la organización que tenia, ejerciendo 
el gobierno de la Península. Los síndicos \ en junta general de las 
autoridades, del ayuntamiento y del pueblo, asentando la mftxima de 
que "los pueblos se hallaban en el incuestionable derecho de gobernar- 
se fe sí mismos por estar roto el pacto social con la disolución del sobe- 
rano congreso,'^ pedían se hiciesen elecciones y que la diputación pro- 
vincial declarase qué especie de facultades ejercía. La diputación pro- 
vincial contestó que solo ejercía sus facultades ordinarias, y que ejerce- 
ria atribuciones extraordinarias en los casos que no admitiesen demora. 

El capitán general y jefe superior político de la provincia, D. Mel- 
chor Alvarez, se habia colocado en una posición violenta después del 
pronunciamiento por el plan de Casa-Mata. Así fué, que protestando 
el mal estado de su salud, se separó del mando. La diputación provin- 
cial avisó de esto por extraordinario al ayuntamiento de Campeche, 
diciéndole que oyendo el parecer de todos los jefes militares, le con- 
sultara quién debía encargarse del mando militar de la provincia,^ y 
quién del de la misma plaza de Campeche. 

Apenas recibió el ayuntamiento este oficio el día 26 de Abril, se reu- 
nió en sesión extraordinaria, á que concurrieron todos los jefes. Hubo 
diversidad de opiniones, y la mas general fué que el coronel Fierros 
tomase el mando militar de la provincia, y el coronel Cadenas el de la 
plaza. Ya entonces los enemigos de los liberales habían empezado á 
sembrar la discordia, excitando celos entre europeos y americanos. Por» 
esto el coronel Cadenas, que era español de origen, decía en la junta: 
"Que respecto k haber difundido en la plaza los enemigos de la unión, 
la especie de que los jefes europeos existentes en ella, habían solicita- 
do la comandancia militar, que parece les corresponde, con objeto de 
enarbolar la bandera española uniendo la provincia a la isla de Cuba, 



1 Sesión del 3 de Abril de 1823. 



— 31 — 

estaba en el caso de renunciar por ahora á la opción que pudiese tener 
al dicho mando de las armas ^" . 

No pudo ponerse de acuerdo la diputación provincial con el ayunta- 
miento; esto es, Mérida con {¡ampeche, y la disidencia siempre exis- 
tente fué acrecentándose. Los que dirigian la política en Mérida, con- 
sideraban á Yucatán, después de su adhesión al plan de Casa-Mata, en 
oierta independencia, y creian que debia establecerse una especie de 
gobierno supremo que dirigiera la provincia hasta que llegara el dia 
de reconocer al gobierno nacional. Los intereses mercantiles de Mé* 
rida estaban de tal manera ligados con Cuba, que los habitantes de esa 
ciudad huian de toda situación que los forzase á una declaración de 
guerra y i un rompimiento de hostilidades con España y sus colonias 
fieles. Comprendian muy bien que el dia que tal sucediese, acababa 
el comercio de Sisal con la Habana. Por esta razón no querían declarar 
unida la provincia á México, sino que querían guardar cierta neutrali- 
dad que no entorpeciese aquel trááco, y cuando llegase la ocasión opor- 
tuna de unirse, no hacerlo lisa y llanamente, sino bajo ciertas condi- 
ciones que pusieran á salvo la situación especial' de Yucatán. La di- 
putación provincial, eco de estas ideas, celebro un acuerdo en 25 de 
Abril y di5 un manifiesto el 27 en este sentido. 

En Campeche no sucedía lo que en Mérida. Su principal comercio, 
el de la sal, lo hacia con los puertos del Seno mexicano. Esto unido 
á su ardiente patriotismo, que miraba como peligroso á la independen- 
cia hasta las relaciones mercantiles con España y sus colonias, al deseo 
de formar desde luego parte de la nación mexicana, y maa que todo, al 
espíritu funesto de contradicción que dominaba á los dos pueblos, le 
hizo proceder de diferente manera. 

Arrastrada la diputación provincial por el espíritu dominante en 
Mérida, no habia tratado al diputado D. Miguel Duque de Estrada y 
Crespi, nombrado por el ayuntamiento de Campeche de acuerdo con 
aquella diputación, con la misma consideración que á los demás indi- 
viduos de su seno; y este era otro motivo de resentimiento de Campe- 
che contra Mérida. 

Bajo tales impresiones contestó el ayuntamiento de Campeche al 
acuerdo y al manifiesto de la diputación provincial con una declaración 
solemne de principios^, deduciendo de ella las siguientes conclusiones: 
que miraría como ilegal é insubsistente cualquier acto de soberanía de 



1 Sesión del 26 de Abril de 1823. 

2 Sesión de 5 de Majo. 



— 32— I 

la diputación provincial, que no fuese de necesidad absoluta é inevita- 
ble: que desde luego tenia como nulo el art. 3? del acta de 25 de Abril ' 

que declaraba iuviolables y exentos de toda responsabilidad á los miem- 
bros de la diputación provincial: que estapdo yá reinstalado el congreso 
nacional, constituido provisionalmente un gobierno general, reconocí- í 

dos y obedecidos ambos, y en ejercicio los tribunales superiores, miraba 
también como ilegal é inconducente al bien común, la creación de una I 

junta suprema administrativa y de tribunales superiores: que en conse- ' 

cuencia, los electores yk nombrados no debian proceder á la elección ¡ 

de electores de partido que á su vez eligiesen dicha junta; y en conclu- I 

sion, que la diputación provincial debía cesar en el ejercicio del poder 
ejecutivo extraordinario que se habia arrogado. I 

En otra sesión del mismo dia, el ayuntamiento, manifestando el sen- ' 

timiento publico causado por el desaire y poca consideración con que I 

en Mérida habia sido tratado el diputado por Campeche en medio de 1 

las estraordinarias y no vistas atribuciones que se habia apropiado la I 

diputación provincial, acordó decirle: "que si Duque de Estrada no ha- I 

bia de tener la misma representación y voto que cualquiera de los in- i 

dividuos de aquella corporación, tenia orden de retirarse de la capi- 
tal bajo la debida protesta." La diputación provincial eludió el grave 
conflicto en que se encontraba, no teniendo sesiones bajo el pretesto de I 

que unos de sus miembros estaban enfermos y otros ausentes. I 

Todavía á fines de Mayo de 1823, el cuerpo electoral de la provin- 
cial reunido yá en Mérida, invitó al ayuntamiento de Campeche á que 
enviase sus dos electores, y el ayuntamiento se negó, fundado en los 
principios y conclusiones de su acta del dia 5^ 

Entre tanto, la cuestión del mando superior militar de la provincia 
seguia sin resolverse. De repente la diputación provincial nombró 
comandante general al coronel de ingenieros D. José Segundo Carva- 
jal, que estaba en Mérida, La guarnición de Campeche rehusó reco- 
nocerle, porque no era el llamado por la ley; y como en esta plaza se 
hallaba D. Melchor Alvarez bajo el pretesto de recuperar su salud, se 
influyó en él para que oficiase, como lo hizo, á la diputación provincial 
diciéndole: que estando yá restablecido de sus males, habia resuelto 
volver á tomar el mando militar de la provincia. El ayuntamiento 
se adhirió á la resolución acordada por la guarnición en la junta de 
gue^ra^ 



1 Sesión del 23 de Mayo de 1823. 

2 Sesión del 30, 



— 33 — 

La crisis había llegado á su último estremo. El oficio del Sr. Alva- 
rez reclamando el mando militar, y el acta de la guarnición de la plaza 
desconociendo al nuevo comandante general, habian marchado a Méri«^ 
da el 26 de Mayo, y se habian recibido allí el 28. Solo un suceso es* 
traordinario podia conjurar el inminente peligro de una nuevB excisión 
entre Herida y Campeche, y ese suceso no se hizo esperar. El dia 81 
se recibió por estraordinarío en Campeche la noticia de que en Mérida 
se habia proclamado el dia 29 la República. El ayuntamiento de Cam* 
peche, sus autoridades y el pueblo, reunidos en junta, viendo con esto 
cortadas las principales cuestiones, sabiendo que desaparecía la antigua 
diputación provincial para dar lugar á una junta provisional, compues* 
ta de cinco individuos^ de los cuales dos eran de Campeche, y arrastra* 
dos por el sentimiento de libertad, acordaron proclamar desde luego 
el sistema republicano, pidiendo á la nueva junta que sus primeras ta- 
reas las consagrase á espedir la convocatoria para que todos los pueblos 
de la provincia concurriesen á la formación de un congreso en que se 
tratase de un asunto de tanta trascendencia y se alejase de este modo 
el vicio de nulidad que podia alegarse en caso de no hacerse la elec- 
ción por el método popular representativo. 

En efecto, adoptada la idea de Campeche, todos los pueblos concur« 
rieron á la elección del Congreso constituyente del Estado, que se ins- 
talo el 20 de Agosto de 1823. Algunos meses de paz y armonía hubo 
entre Mérida y Campeche. El sistema republicano habia sido gene- 
ralmente aceptado, y en Campeche todos habian jurado la federación 
con escepcion de un solo clérigo. Este, unido á otro clérigo, ambos 
antiguos iturbidistas, quisieron turbar la tran^quilidad de la ciudad, me. 
tiéndese en conspiraciones; pero con haber sido espulsado el primero 
para Mérida, todo se calmo. 



IV. 

Pronunciamientos y guerras civiles de Campeche contra Mérida 
y de Mérida contra Campeche (1824 — 1839). 



Anuncio de las guerras civiles. — Diversidad de intereses mercantiles de Mérida y Campeche, di- 
versidad de miras políticas nacidas de aquí. — El general Victoria pide auxilios para hostilizar k 
San Juan de Ulúa: Campeche quiere enviarlos, Mérida se niega. — Campeche rechaza á un ba- 
que que conducía de San Juan de Ulúa emigrados españoles, Mérida reprueba esta conducta. — 
Campeche manda bonar el escudo español de los lugares públicos. — El Congreso del Estado, es- 
tablecido en Mérida, no mandó publicar toda el acta constitutiva de la federación mexicana, sino 
solo el art. 5 ? : el ayuntamiento de Campeche manda publicarla integra, declara la guerra á 
España y depone á los españoles. — El congreso y el gobierno del Estado reprueban estas medidas 
y mandan castigar como conspiradores contra la sociedad á los que tuvieron participio en ellas. — 
Nuevos decretos del congreso autorizan al gobierno para usar de la fuerza contra Campeche. — 
Rebelión en todo el distrito de Campeche. — Llega á Campeche un comisionado del general Vic- 
toria para activar el envío de auxilios, y maniñesta á su ayuntamiento que aquel general aproba- 
ba su conducta y lo excitaba á que sostuviese las medidas dictadas. — La Columna: marchan 
fuerzas de Mérida sobre Campeche y llegan h los barrios de esta ciudad. — La guarnición y el 
pueblo se preparan á defender la plaza.— Las tropas de Mérida no se atreven á atacarla seriamen- 
te: pásanse dos meses en escaramuzas.— El congreso manda al fin publicar y jurar íntegra el acta 
constitutiva; pero no declara la guena á España.— Las tropas de Mérida se retiran de Campeche 
sin haber conseguido nada. — Nuevos partidos políticos. La Liga y La Camarilla: el primero pre- 
valece en Campeche y el segundo en Mérida. — Llega el general' San ta-Anna: en Campeche se 
hace UgadOy en Mérida camarillero: el congreso se lo atrae nombrándolo gobernador: da cuenta 
de las disidencias entre Mérida y Campeche: engaña á Campeche.— El coronel Landero, coman- 
dante militar de Campeche, se hace partidario de la Liga: Santa- Anna lo depone y embarca, y 
manda prender á muchas personas de Campeche.— Se publica la Constitución del Estado, y 
Santa- Anna se separa del gobierno: se hacen elecciones de los supremos poderes, y las ganan los 
ligados, que era el partido de Campeche. — El congreso y el gobierno del Estado se trasladan á 
Campeche por creerse allí mas seguros contra La Camariüa, — Diversas medidas contra los espa- 
ñoles de nacimiento. — Nuevas elecciones: las vuelve á ganar La Liga: sale reelecto D. José TI- 
bnrcio López. — Proyecto descabellado de Santa- Anna para atacar las fortalezas de la Habana: 
es relevado de la comandancia general. — Mora, Rincón, Codallos. — Desavenencia entre el go* 
bemador López y el comandante general Codallos: López residente en Mérida, Codallos en Cam- 
peche: renuévanse las disensiones entre ambas ciudades. — Codallos marcha á México: pronuncia- 
miento de la guarnición de Campeche por el centralismo, secundado por las guarniciones de Mé- 
rida, Sisal, Izamal, Champoton, Ckrmen y Bacalar. — Partido militar: junta instituy ente de Becal: 



— 35 — 

acta institatiya roconociendo el sistema central. — Convención que restablece el sistema federal, 
quedando sin embargo el partido militar duefio de la situación. — A ñnes de 1832, por un nuevo 
pronunciamiento, son al fin restablecidas las autoridades depuestas en 1829. — Nuevas elec- 
ciones: las ganan por tercera vez los antiguos ligados, hoy federalistas; sale electo gobernador D. 
Juan de Dios Cosgaya. — Desacuerdo y desavenencia entre el gobernador Cosgaya, residente en 
Mérida, y el comandante general D. Francisco de Paula Toro, residente en Campeche. — £1 
congreso del Estado desconoce al comandante general. — Toro bloquea á Sisal y avanza sas fuer- 
zas hasta Hecelchakan: el congreso manda usar de la fuerza para hacerle obedecer.— Las fuerzas 
de Mérida y Campeche se encuentran el 29 de Junio de 1834 en la villa de Hecelchakan y hay 
entre ellas una acción sangrienta que dura ocho horas: retíranse las de Mérida y también las de 
Campeche.— Pronunciamiento de Campeche desconociendo al congreso y al gobierno del Estado. 
—Vuelven á salir las fuerzas de Campeche contra las de Mérida, las encuentran en la villa de- 
Calkiní, acción sangrienta el dia 26 de Julio de 1834, triunfan los de Campeche, marchan sobre 
Mérida y la ocupan sin resistencia.— Restablécese el congreso de 1832, y nombra gobernador al 
general Toro.-.Se hacen elecciones y sale Toro electo gobernador: niégale el Supremo Gobierno 
la licencia para poder serlo, y entra á fungir en su lugar el vice-gobernador D. Pedro Sainz le 
Baranda.— La legislatura, excediéndose de sus facultades, declara cesante á Baranda y nombra k 
Toro gobernador interino. — Toro gobierna hasta 1837 en que es llamado k México: en el mando 
militar le sucede el general Rivas Zayas; y en el gobierno le suceden D. Pedro Escudero, D. Be- 
nito Aznar, D. Joaquín Gutienez, y por último, D. Pedro M. Guerra, que gobierna hasta princi- 
pios de 1840. — Causas de la revolución de Yucatán de 1840: carta del general Hivas Zayas que 
las esplica. 

A la época de las continuas disidencias entre Mérida y Campeche^ 
de las incesantes luchas, iba & suceder la de las guerras civiles. El 
antagonismo de estos dos pueblos, lejos de haberse disminuido se habia 
acrecentado. Los intereses^y las pasiones cada vez los separaban mas, 
y encontrándose cada vez mas de cerca, era forzoso que llegara el dia 
de un choque tremendo. Ambos pueblos se sentian fuertes. Mérida, 
acostumbrada k gobernar, no olvidaba sus tradiciones de mando, y se 
encolerizaba si no era obedecida. Campeche, como el joven vigoroso 
que sale de la tutela y entra en el goce de su libertad, ya no era la 
ciudad del tiempo colonial que representaba, se quejaba, protestaba y 
no pasaba de allí, se le hiciese ó no justicia; ahora, roto el antiguo vín- 
culo que encadenaba la provincia a un centro al cual era forzoso obe« 
decer, tras las representaciones y quejas desoidas venia la excicion, tras 
la excicion la lucha á mano armada. 

Yá hemos hecho notar que los intereses mercantiles tenían á Mérida 
estrechamente ligada á la Habana, y & Campeche & los puertos de la 
República. Hemos advertido también que como una consecuencia de 
esto, la política de Mérida desde sus primeros pasos no quiso identifi- 
car de un modo absoluto la suerte de Yucatán & la de la República, en 
lo cual sin duda obraba con cierta previsión, mientras que Campeche 
queria desde el principio entrar en la confederación mexicana en los 
mismos términos que los demás Estados. 



— 86 — 

De esta divergencia de miras políticas se aprovecharon los antiguoe 
iturbidistas, y bajo la capa de liberales fueron seduciendo á algunos 
ilusos y formando gradualmente una opinión que al fin arrastr6 á la 
multitud y la hizo estallar de una manera violenta. Esos hombres no 
podian olvidar los sucesos de Marzo, debidos en gran parte á muchos 
españoles liberales de corazón, que de muy buena fé habían abrazado la 
independencia. De estos españoles los había en el congreso, en el ayun- 
tamiento, en los mandos de cuerpos y en las oficinas de hacienda, y sus 
enemigos querían alejarlos á todos de la excena del pais. 

A fines de 1823, el general Victoria, que mandaba en Veracruz, pi- 
dió auxilios á C5ampeche para hostilizar á San Juan de Ulüa, que aun 
estaba en poder de los españoles, y el ayuntamiento acordó enviárselos 
consultándolo al gobierno de Mérida. A lo que parece, éste se limitó 
á mandar abrir suscriciones patrióticas en todo Yucatán para socorrer 
á Veracruz, y á tomar medidas para resguardar á la península de un 
ataque imprevisto, mandando levantar varios batallones en Mérida y 
organizar la defensa de la plaza de Campeche. 

En el mes de Diciembre llegó al puerto un buque que llevaba varios 
comerciantes españoles emigrados, entre ellos un tal Canaleta, recogi- 
dos en San Juan de Ulua. El ayuntamiento, apenas tuvo noticia del 
caso, acordó no dejarles desembarcar, y en efecto fueron rechazados, 
volviendo el buque á hacerse á la mar para continuar su viaje á la Ha- 
bana. El congreso del Estado reprobó esta conducta, diciéndole al 
ayuntamiento que había oido tal hecho con desagrado. 

En otra sesión acordó el mismo ayuntamiento que se borrase el es- 
cudo español de los lugares públicos donde existia, por ser una señal 
de vasallaje, y que una calle de la ciudad que se llamaba de Fernan- 
do VII, se denominase en adelante de la Libertad. 

Entre tanto, el Congreso constituyente de la Nación había espedido 
el último día de Enero de 1824 el acta constitutiva de la federación 
mexicana. El congreso del Estado no mandó publicar toda el acta 
constitutiva, sino solo el art. 5.** que dice: ^*La Nación Mexicana adop- 
ta para su gobierno la forma de República representativa, popular, fe- 
deral;" ordenando que el ejecutivo dispusiese esta publicación con toda 
la solemnidad posible ^ 

El 15 de Febrero de 1824, el ayuntamiento de Campeche fué con vo- 
cado á sesión extraordinaria por su presidente, y fueron citados & una 
junta general las autoridades y jefes de la plaza. Verificada la reunión á 



1 Orden de 1. ® de Febrero de 1824. 



-37- 

solicitud 7 en presencia de un numeroso pueblo, cinco representantes 
de éste presentaron una petición concebida en estos términos: * 

"El pueblo campechano, reunido extraordinariamente con el mejor 
orden y armonía por medio de sus representantes, reclama de hecho y 
de derecho las tres bases fundanientales del sistema independiente que 
adopto y juro, las cuales siendo libertad, seguridad y propiedad, exigen 
las tres cualidades consiguientes: 1.* La unión general de bases con 
México. 2.* Guerra á España que nos hostiliza. 3.* Los empleos y 
destinos en americanos idóneos, moderados y decididos por nuestra 
emancipación, conservando los actuales jefes patricios 6 de cácala sin 
perjuicio del arreglo interior del Estado," 

Aunque no estuvieron de acuerdo todas las opinione s de los indivi- 
duos que componían la junta, la mayoría aprobó los tres puntos de la 
petición. Querían algunos que antes de resolver se diese cuenta á Mé. 
rida; pero uno de lo3 apoderados del pueblo dijo: que no debia aguar- 
darse la resolución de la capital, pues que sus intereses se hallaban en 
contradicción con los de Campeche. Atendiendo á esto y á que el Su- 
premo Gobierno tenia ya declarada la guerra á España, se resolvió como 
hemos dicho, declararla también, y á las cinco de la tarde de este dia, 
antes de que terminase la junta, se publicó, la guerra por bando solem- 
ne. La consecuencia inmediata era la deposición de todos los españo- 
les empleados, puesto que el estado de guerra hacia desconfiar de ellos; 
y fueron en efecto separados. 

Luego que se supieron estos sucesos en Mérida, el congreso espidió 
un decreto en 18 de Febrero mandando castigar á los que atentasen 
contra las personas, propiedades ó derechos de los españoles avecinda- 
dos en el Estado, y que fuese castigado como conspirador contra la so- 
■ciedad cualquiera que directamente y de hecho atentase contra las 
autoridades y funcionarios públicos para destituirlos ó insultarlos. Este 
decreto iba dirigido contra los sucesos de Campeche, y cuando se tuvo 
noticia de él fué necesario suspender su publicación, porque el pueblo 
se opuso á ello. 

Reprobada por el congreso y el gobierno la conducta de Campeche, 
é insistiendo éste en las medidas que habla tomado, el congreso dio un 
nuevo decreto en 28 de Febrero, previniendo al gobierno usara de cuan- 
tos recursos tuviera á su alcance para restablecer el orden en Campeche 
y hacer obedecer las disposiciones anteriormente dictadas. 

El estado de rebelión era manifiesto: en Calkiní habia sido preso un 



1 Acta de dicha sesión. 



— 38- 

oñcial comisionado del gobierno después de desarmarlo á él y & una 
partida de tropa que conducía; y el ayuntamiento de la villa le oficiaba 
al gobierno en 1.** de Mayo, diciéndole: que unida á Campeche por unos 
mismos sentimientos^ estaba pronta á repeler la fuerza con la Jiierza. 
Esto y otros actos indicaban un principio de hostilidades. Cuando en 
1822 se separo Campeche de Mérida, las cosas no tomaron un carácter 
serio, pero esta vez la capital resolvió hacerse obedecer de grado 6 por 
fuerza. 

En 8 de Marzo ' dicto el congreso una orden dirigida al gobierno, 
previniéndole que supuesto que sus disposiciones no habian sido obe- 
decidas en Campeche, destinase una fuerza armada que se aproximase 
á la plaza para poner en libertad de obrar á las autoridades de ella, ha* 
ciéndole ver á su vecindario que no iba á hostilizarlo sino solo á prote- 
ger sus derechos: que esta fuerza debia retirarse luego que las cosas 
volviesen al estado que tenian el 14 de Febrero: que respecto á los 
puntos de la cuestión el congreso habia acordado yé, como artículos de 
su constitución particular, uno en que reconocia la confederación mexi- 
cana, y otro en que declaraba pertenecer al Estado esclusivamente el 
derecho de formar su constitución y el de acordar y establecer con ar- 
reglo á ella las leyes que particularmente requiriese su conservación, 
régimen, seguridad y prosperidad interior; y que en virtud de estos 
dos artículos la guerra con la nación española ha continuado de derecho] 
tolerándose no obstante de hecho y por solo el tiempo necesario para 
hacerla con ventaja, la comunicación mercantil con sus puertos, que 
cesará á la mayor posible brevedad. 

Todas estas medidas parecian conciliatorias; pero habia una última 
en que se ordenaba al gobierno que dispusiera al mismo tiempo que los 
promotores, acaudilladores y fautores de la turbación, así como los que 
ilegalmente se llamaban representantes del pueblo, fueran aprehendi- 
dos, juzgados y castigados con arreglo á las leyes. 

Mientras que en Mérida se resolvia esto, en el mismo dia se presen- 
taba al ayuntamiento de Campeche el teniente coronel D. Ciprian 
Blanco, comisionado por el general Victoria para activar el envío de 
los auxilios que habia pedido, diciendo que la marcha de toda la na- 
ción era uniforme y que aquel general estaba plenamente convencido 
de los deferentes sentimientos de adhesión del pueblo campechano á 
las autoridades supremas y de que sostendría inflexible la justa determi- 



1 Véanse estas órdenes y decietos tn la Colección de leyes, decretos y árdenei del congreso de 
Yucatán. 



— so- 
ñación que tomó de declarar la guerra á España y la unión de bases 
& México, como centro de la Federación ^ 

Por un lado esta aprobación y por otro la ultima disposición del con- 
greso contra las personas que mas directamente babian tomado parte 
en la rebelión, fueron causa de que nada conaiguiese el gobierno del 
Estado. Este hizo marchar la fuerea armada en una columna volante^ 
que Be tué aproximando a Campeche. El ayuntamiento, autoridades 
y jefes acordaron en vista de esto (el 12 de Marzo): ^'que se cortasen 
las' comunicaciones oficiales con la capital mientras la columna volante 
no se retirase á su ordinaria residencia y el gobierno no reconociese el 
acta constitutiva de la Nación." 

En los ultimes días de Marzo las fuerzas de Mérída entraron en los 
barrios de Campeche sin obstáculo alguno y se situaron en el de Santa 
Ana. Los habitantes en unión de las tropas se encerraron en la plaza, 
dispuestos á defenderse. Muchos dias permaneció la columna en su 
campamento sin atacar ni ser atacada. Habia una que otra escara- 
muza, muchos tiros al aire, y ningún herido ni menos ningún muerto. 
El tiempo se pasaba en parlamentos, en juntas, en proposiciones que 
iban de Campeche y venian de Mérida, y nada se arreglaba. Los ba- 
luartes de Campeche eran de noche lugares de alegria y bulliciosa di- 
versión: se iluminaban para ver al enemigo en caso de que se acercase, 
y para espantar el sueño habia músicas y bailes populares. En el 
campamento de Santa Ana sucedía poco mas 5 menos lo mismo. El 
monstruo de la guerra civil, que mas tarde habia de cebarse de una 
manera sangrienta en los hijos de ambas ciudades, quería como ador- 
mecerlos, como endulzarlos en este primer paso, haciéndoles creer que 
aquella vía funesta era una senda de flores. jY no vieron oculto entre 
ellas al monstruo! ¡Y no veian que los hermanos^ hijos de unas mis- 
mas madres, se hallaban en opuestos bandos, frente á frente y con el 
arma preparadal 

Dos meses se pasaron en esta actitud. En 25 de Marzo el congreso 
mandó publicar y jurar íntegra el acta constitutiva, que era uno de los 
puntos de la disidencia; pero no declaró la guerra & España. Al fin 
las tropas de Mérída se retiraron de Campeche sin haberse resuelto 
nada; y por primera vez quedó demostrado que & la fuerza nada podía 
Mérida contra Campeche. 

Antes de pasar adelante debemos advertir que la denominación de 
los antiguos partidos, llamados Rutinero y Liberal^ habia desaparecido, 



1 Sesión extraordinaria del 8 de Marzo de 1824 



— 40 — 

[iara dar lugar áZ/a ^^« y í^ Camarilla. Cualquiera que fuese el .orí- 
gen de es toa nombres es lo cierto que á la I^iga pertenecian gran parte 
de los antiguos rutineros, muchos liberales y toáoslos antiguos partida- 
rios de D. Juan José de León, y á la Camarilla los antiguos liberales, 
los españoles y también muchos rutineros. El partido de la lÁga era 
mas fuerte en Campeche que en Mérida y estaba encabezado por D. 
José María León; y el de la Camarilla, al contrario, era mas fuerte en 
Mérida que en Campeche, y allí tenia su jefe, D. Pedro J. Guzman. 
El movimiento de Campeche lo habian hecho los de la I^iga, y la Ca* 
m^arilla era la que lo combatía. 

Nombrado el general Santa- Anna comandante general de Yucatán, 
llego á Campeche en Mayo. Fué recibido con muchos festejos por los 
de la Liga, se impuso de lo acaecido, declaro que los campechanos 
tenían razón, y se hizo ligado. Pasó en seguida á Mérida, le pintaron 
las cosas de otro modo, y con aquella veleidad de que ha dado tantas 
pruebas, abandonó á la Liga y se hizo camarillero. Santa- Anna sin 
embargo, siguió engañando á los de Campeche. A pretesto de impo- 
ner á los meridanos mandó que las principales fuerzas de la plaza salie- 
sen de ella para acantonarse en Calkiní: esto pasaba en Junio. El dia 
6 de Julio el congreso, para acabarse de ganar á Santa- Anna, lo nom- 
bró gobernador interino de Yucatán; y el día 9, Santa- Anna desde el 
cantón de Calkiní daba cuenta al Supremo Gobierno de los sucesos de 
Yucatán. Hombre nuevo en el pais, comprendió sin embargo las di- 
sidencias entre Mérida y Campeche, y necesitando contemporizar con 
ambas ciudades no deja duda que pinta las cosas en ese oficio con cier- 
ta imparcialidad y con un fondo tal de verdad, que las guerras civi- 
les acaecidas posteriormente en la península, han hecho justicia á sus 
previsiones. Después de decir qup la guerra á España habia sido el 
motivo de la contienda, continua así: * 

"Lo cierto es que Campeche en contraposición con las autoridades 
de la capital, adoptó la guerra, y para publicarla depuso primero tumul- 
tuariamente de sus empleos á los españoles que los obtenían, por sos- 
pechados de connivencia con aquellas, creyendo con esta conducta dar 
un testimonio auténtico de su adhesión y total obediencia al gobierno 
federal. — Resentida la capital de Mérida de un accidente tan extraor- 
dinario, quizo forzar aquella plaza, destacando sobre ella una numero- 
sa división al mando de su comandante general, para obligarla a su 
obediencia y castigar á los culpables, por haberse sustraído de las prin- 



1 Documentos joBtifloativos núm 3. 



— 41 — 

oipales autoridades del Estado, operando sin su aouerdo; pero nada pii« 
do lograr, y las tropas hicieron su contramarcha después de un sitio 
regular, que solo produjo gastos, consternación y desaires.-— De todo se 
di6 cuenta á S. A. S., y resolvió, en 6rden de 17 de Abril último, que 
reponiéndose las cosas y^ personas que se hablan removido, al estado 
en que se hallaban el diiEi del acontecimiento de Campeche, se llevase 
á efecto la declaratoria de la guerra y se restableciese la tranquilidad 
de toda la provincia. Esta superior orden, que fué comunicada a las 
autoridades de uno y otro partido, estaba sin cumplimiento cuando 
llegué á este Estado, porque ninguno quiso ceder a las supremas insi* 
nuaciones. Traté entonces de ejecutarla, y al tentar los medios, no he 
hallado sino abismos^ de cuya profundidad tiembla el ojo á su rista.— - 
Campeche y Mérida, aunque émulas antiguas sin olvidar de una vea 
las rutinas, vicios y errores del anterior gobierno, no puedo negar que 
cada una tiene sus razones y sus virtudes, aunque bajo diverso aspecto» 
Que la primera haya obrado por sus resentimientos con la segunda, 6 
por el convencimiento de que la guerra no perjudica tanto & su comer* 
ció como á Mérida; lo cierto es que debe atenderse 6 su entusiasmo por 
la independencia y su adhesión al Supremo Gobierno federal de México, 
pues estos han sido los públicos sentimientos con que se ha manifestado 
en el caso. — Que Mérida funde 6 no su conducta en su indiferencia por 
la libertad, 6 en sus ideas de negarse á la confederación por razones 
que ella tenga, lo cierto es que la legislatura y el gobierno del Estado 
demuestran con espresiones fundadets, los graves inconvenientes que 
median para publicarse la guerra, porque privado de su antiguo co- 
mercio con la inmediata isla de Cuba, se le escasean enteramente sus 
fondos para mantener sus necesarias obligaciones, sin arbitrio de subro- 
garlos, por ser un pais pobre, como es notorio, y al mismo tiempo 
sus naturales caerían en la estreifta miseria, por ^o tener precisamente 
otra salida sus producciones y manufacturas, sino para aquellos puertos. 
De suerte que precaviendo de un lado la disolución de los medios para 
resistir de algún modo cualquiera invasión, evita de otro los clamores 
públicos por la miseria de que suelen originarse las convulsiones mas 
factibles en la crisis actual. — Este es por mayor, según he podido com- 
prender, el verdadero cuadro de las contradicciones entre Méñda y 
Campeche, sin dudar por eso que á ellas pueden dar mucho pábulo su au" 
tipaíía y la malignidad de algunos para mantener una división tan 
escandalosa con que los partidos se encamisan, bcgo la hipocresía de 
defenderse las respectivas opiniones y patriotismo: presiento^ pu£Sy la 
fatal suerte del pais^ y me es sensible que no consista en mí solo el reme- 

6 



— 42 — 

dio por ser la materia muy complicada^ versándose en ella punios civiles 
ypolUicoSy y por estar divididos entre sí las autoridades, los pueblos y la$ 
tropas.^^ 

Y mas adelante dice: "Con esas razones respectivas estoy entendi- 
do que no debo ni puedo apremiar con la fuerza armada el efectivo 
cumplimiento de la suprema orden de 17 de Abril, relativa á las desa- 
venencias. Lo primero, porque en ella no se me faculta á que así lo eje- 
cute, agotados los medios suaves, ni tampoco me atreverla en justicia, 
aun dependiendo de mi arbitrio, á practicar medidas violentas, cono- 
ciendo las respectivas razones y virtudes de los campechanos y meri- 
danos, y porque coisidero que obrarla contra la experiencia y contra las 
modernas máximas sobre convulsiones domésticas originadas de una 
revolución; y lo segundo, porque aun queriendo hacerlo 6 estando legí- 
timamente autorizado, no contarla con fuerza armada capaz de impo- 
ner, así por el participio que tienen las tropas en ambos partidos que re- 
gentean autoridades y personas poderosas^ como porque me hallarla 
destituido enteramente de auxilios y recursos para la ejecución de una 
empresa tan arriesgada y ruinosa." 

Ganado Santa-Anna por el partido de la Camarilla, que era el pre- 
ponderante en Mérida, y después de haber privado á Campeche de 
todo medio de resistencia con sus ardides acostumbrados, gradualmen- 
te fué ejecutando cuanto Mérida queria. Repuso á todos los emplea, 
dos depuestos: quitó al comandante militar D. Ignacio de la Roca, que 
mandó la plaza mientras tuvo al frente las fuerzas de Mérida, nombran- 
do en su lugar á D. Sebastian López de Llergo, que habia venido con 
esas fuerzas; y aplazó la declaración de guerra á España. 

Así t^minó la primera guerra civil entre Mérida y Campeche,, muy 
conocida en el pais con el notnbre de La Columna. Pero si la guerra 
civil terminó, no acabaron los gérmenes de ésta y de las antiguas di- 
senciones. El mismo modo de concluirse no hizo mas que acrecer la 
antipatía, aumentar el antagonismo, y recrudecer los antiguos odios 
entre meridanos y campechanos. Las mismas causas continuaron 
obrando en ambos pueblos, y nuevos materiales empezaron á acumu- 
larse para una nueva esplosion. 

Después de mediados del año de 1824, vino á Campeche jel coronel 
D. Pedro de Landero de comandante militar de la plaza y segundo ca^ 
bo de la comandancia general. Hombre distinguido, se hizo estimar de 
todos. El partido de la Liga se lo atrajo, y con esto ya tuvo un jefe 
que oponer á Santa-Anna que seguía perteneciendo á la Camarilla. 
La prensa de Campeche se desató contra este general, y el espíritu 



— 43 — 

pfiblico estaba ya fuertemente exoitado. Sin embargo de tener Santa* 
Anna en Mérida el único batallón permanente que habia en la penín- 
sula y que babia sacado de Campeche, no se creyó seguro; y & princi- 
pios de 1825 se trasladó en horas & Campeche^ puso detenido al coro- 
nel Landero en su propia casa, lo embarcó en seguida para Veracruz y 
mandó aprehender ^ mas de cuarenta personas de los principales de la 
LAga^ k quienes se achacaba estar conspirando contra el gobierno. 

En Abril de 1825 el general Santa-Anna hizo dimisión del gobier- 
no del Estado, y en su lugar fué nombrado Br José Tiburcio Lopez« 
Acababa de publicarse la constitución política de Yucatán y según ella 
Santa-Anna no tenia los requisitos necesarios para obtener aquel 
puesto. 

Se hicieron elecciones y resultó electo gobernador el mismo D. José 
Tiburcio López, vecino de Mérida y que pertenecía al partido de la 
lA^a. En Agosto tomó posesión del gobierno como gobernador cons- 
titucional, y el nuevo congreso abrió sus sesiones. Los ligados hablan 
ganado las elecciones, y los camarilleros estaban derrotados. Así fué 
que en 12 de Setiembre el congreso concedió al gobierno amplias fa- 
cultades para trasladar de un lugar & otro & los mexicanos y espulsar a 
los estranjeros que fuesen sospechosos, y en Octubre dio un decreto de 
general amnistía. El primer decreto iba encaminado contra los espa- 
ñoles, y el segundo era favorable á los encausados en Campeche por 
asuntos políticos. 

Como el congreso tenia sus sesiones en Mérida, capital del Estado, y 
ese era el foco de la Gamarillay no se creia seguro y acordó trasladarse 
& Campeche. El dia 1? de Junio abrió sus sesiones en esta ciudad y 
en ella permaneció hasta Octubre en que regresó á Mérida. 

En Julio de 1827 dio el congreso un . decreto prohibiendo que todo 
español de nacimiento pudiese obtener algún empleo, y en Octubre del 
mismo año por otro decreto se prohibió á los párrocos españoles resi- 
dir un solo dia en sus curatos, ni aun a diez leguas en contomo. Por 
último, en 1828, con motivo de la invasión de fuerzas españolas que se 
anunciaba, fueron internados los españoles. 

D. José Tiburcio López vio concluir los cuatro años de su gobierno. 
Procedióse á nuevas elecciones y ñié reelecto gobernador. La Liga 
habia triunfado por segunda vez de la Camarilla. Un decreto del con- 
greso del Estado de 21 de Agosto de 1829 declaró & López gobernador 
y vice a D. Juan de Dios Cosgaya. 

En los primeros meses de 1825, estando Santa- Anna en Campeche, 
formó el temerario proyecto de ir á atacar el puerto de la Habana con 



— 44 — 

una espedicion. Acaso nó tuvo en. esto otra mira que halagar al pue- 
blo campechano, partidario decidido de la guerra á España. Y como 
si se tratase de una cosa seria y fácil, se alistó la tropa, se prepararon 
los buques, se construyeron las escalas para el asaUo de la Cabana y el 
Morro, y llego el momento de estar embarcadas las fuerzas. Toda la 
espedicion se componia de 500 á 700 hombres y de cuatro buques tri- 
pulados por campechanos. Por fortuna llegó la noticia de que la Ha- 
bana habia recibido refuerzos, y esto salvó á tan descabellada empresa 
de un descalabro cierto. Al saberse en México el proyecto de Santa- 
Anna, fué inmediatamente separado de la comandancia general de Yu- 
catán, relevándolo el general D. Ignacio Mora. 

Al general Mora le succedió el general D. Felipe Codallos á fines de 
1826, después de haber estado mandando el batallón 6? permanente y 
la plaza de Campeche durante un año. Algún tiempo ocupó su lugar 
el general D. Manuel Rincón; pero él continuó hasta Setiembre de 
1829. Aunque Codallos guardó al principio la mayor armonía con el 
gobernador, gradualmente se fueron entiviando sus relaciones, entraron 
en fuertes choques y se dirigieron muy agrias comunicaciones oficiales* 
El gobernador estaba en Mérida, el comandandante general en Cam- 
peche: ejercian poderoso inñujo en aquel los de la Liga] y ejercíanlo 
en éste los de la Camarilla. Sin embargo, como jefe honrado, jamas 
faltó á sus deberes, y mientras él mandó, guardó é hizo guardar en el 
Estado el orden constitucional y el respeto á las autoridades civiles. 
El origen del desacuerdo entre ambas autoridades fué la juestion an- 
tigua entre Mérida y Campeche, de querer ésta una unión estrecha á 
México y guerra abierta á España, y aquella una unión condicional y 
una guerra de derecho, pero no de hecho. En aquellos años fueron los 
amagos de invasión española en la Repüblica, que se realizó al fin á 
mediados de 1829 en Tampico. En este tiempo también fueron las re- 
vueltas de México entre yorquinos, que equivalían á los de la lAga en 
Yucatán, y escoceses, que eran copao la Camarilla. Codallos, para re- 
sistir esa invasión, quería poner sobre las armas á todos los batallo- 
nes activos; el gobernador le negaba los recursos del Estado, que real- 
mente estaban agotados. Codallos le acusaba de ciertos proyectos miste- 
riosos, que aunque no declara, se infiere eran hacerse independiente de 
México; y el gobernador acusaba á Codallos de querer aumentar sus fuer- 
zas para derrocarlo, pronunciándose por el cen tralismo. El gobernador te- 
nia un fuerte apoyo en Zavala, Rejón y otros federalistas puros; y Co- 
dallos lo tenia en los del opuesto bando. Codallos * protestaba queja- 

1 Véase el Manifiesto que publicó en México en Noviembre de 1830. 



-46 — 

mas había tenido tal intención de pronunciarse. "También , dice, obran 
en mi &yor la tranquilidad y sosiego que sin interrupción alguna ha 
disfrutado Yucatán desde mi ingreso al masdo general, después de las 
oscilaciones que se esperimentaron en tal grado, que llenos de terror 
los supremos poderes del Estado & mediados de 1826 por los peligros 
en que se vieron en la capital, tuvieron que abandonarla y venirse á 
refugiar á Campeche, contando solo con el apoyo de los sentimientos y 
patriotismo de aquel pueblo que descansaba en la imparcialidad y rec- 
titud con que se comportaba el batallón 6? permanente, decidido bajo 
mi mando á conservar el orden y sostener á las autoridades legítima- 
mente constituidas/' T esto era la verdad. Codallos permaneció neu* 
tral entre los partidos políticos; esto es, no uso de la fuerza para apoyar 
el uno contra el otro. Pero desgraciadamente patrocinó el espíritu mi- 
litar, lo dejó desarrollarse á su sombra, y bajo la aprensión de que en 
Mérida se tramaba contra la independencia, de que no se queria la 
guerra á España, de que por esto el gobernador mataba á las tropas de 
hambre, hasta consintió en que los jefes y oficiales de las guarniciones 
de Mérida y Campeche levantasen actas verdaderamente sediciosas, en 
que á pretesto de pedir pan, se ultrajaba á la primera autoridad del 
Estado. 

Codallos vivia en Campeche y respiraba esa atmosfera impregnada 
de espíritu de localismo que se forma siempre en ella al tratarse de 
asuntos de Mérida, como en Mérida se forma otra diametral mente opues- 
ta al tratarse de Campeche. "Soló Campeche, esclamaba Codallos al fin 
de su loanifiesto, sí, solo el virtuosísimo Campeche abriga en su seno el 
tierno amor á la patria, el patriotismo mas acendrado y las virtudes to- 
das de un pueblo digno del general aprecio." 

Gomo hemos dicho, Codallos se separo del mando en Setiembre de 
1829, y el dia 5 de Noviembre un suceso gravísimo vino á darle la ra- 
zón al gobernador. La guarnición de Campeche,, al mando del coman- 
dante militar de la plaza D. Ignacio de la Roca, el mismo que la de- 
fendió contra la Columna, se pronunció el dia 6 de Noviembre por el 
centralismo, pidiendo la separación de las autoridades y funcionarios 
que gobernaban con arreglo á la constitución, y que se pusiera al fren» 
te del mando militar y político el comandante general D. José Segun- 
do Carvajal. Al saberse en Mecida esta noticia, el congreso dio un 
decreto el dia 8 mandando entre otras cosas, que todos jurasen no se- 
cundar el pronunciamiento de Campeche. Vana medida: la guarnición 
de Mérida se adhirió á él al dia siguiente, y su ejemplo fué imitado por 
las guarniciones de Sisal, Izamal, Champoton, Carmen y Bacalar. 



— 46 - 

El dia 21 Carvajal se hizo cargo del mando superior que hasta allí ha- 
bía rehusado. 

Si fueron los de la lAgaAoB que cayeron, no puede decirse que fue- 
ron los de la Camarilla los que levantaron. Un tercer elemento em- 
pezó á figurar entonces en las luchas entre Mérida y Campeche y en 
los partidos políticos, el elemento militar. Este prevaleció en el mo- 
vimiento de 1829; y aunque en él no tuvieron participio los pueblos, 
pronto empezaron á agruparse en su derredor antiguos camarilleros, an- 
tiguos partidarios de la rutina algo moderada yá, y nuevos adeptos de 
la idea centralista. El Estado se empezó á llamar provincia y el go- 
bernador jefe superior político como antes de la independencia. 

Para darle una forma mas legal á aquel pronunciamiento fué convo- 
cada una junta llamada instituyente, que se reunió en el pueblo de Be. 
cal en Abril de 1830. Compüsose de representantes de los partidos y 
de la clase militar: unos 40 eran los primeros y 30 los segundos. La 
comisión encargada de presentar el proyecto de acta instituyente cons- 
taba de 15 militares y 14 que no lo eran; así fué que el primer artículo 
del acta declaró conforme con la voluntad general de la provincia el 
pronunciamiento de 1829 y el sistema político de República central 
que proclamaba. 

Como este pronunciamiento quedó aislado en Yucatán por haber 
fracasado los movimientos parecidos S él que tuvieron lugar en la Re- 
pública, fué convocada una convención, que se reunió en Setiembre de 
1831. Compúsose ésta casi de los mismos (}e la junta instituyente) 
pero esta vez no formaron parte de ella los militares que tenian mando, 
sino los representantes legítimamente electos. ' Esta convención, des- 
pués de dar varios decretos, dio al fin uno en Octubre de 1831, resta^ 
bleciendo el sistema federal. Se hicieron después elecciones, y resul. 
tó electo gobernador D. José Segundo Carvajal, y vice D. Pablo Lanz y 
Marentes, según decreto de 21 de Diciembre de 1831. 

Todos estos pasos de los centralistas eran para ellos un retroceso i 
que los arrastraba & su pesar la opinión pública. Gradualmente iban 
volviendo al año de 1829. A principios de 1832 se pronunció en Ve- 
racruz el coronel Landero, que fué comandante militar de la plaza de 
Campeche, pidiendo solo la remoción del Ministerio y que al frente de 
la revolución se pusiera el general Santa- A.nna. Después de varios 
sucesos desgraciados, á mediados del año la revolución tomó otro ca- 
rácter y se extendió á desconocer al Supremo Gobierno y & que fuese 
llamado el general Gómez Pedraza, presidente legítimo, á reemplazar 
al vice-presidente Bustamante. Santa-Anna y Gómez Pedraza tríun- 



-47 — 

faron al fin completamente por los convenios de Zavaleta celebrados el 
22 de Diciembre. 

Mientras esa revolución se efectuaba, no era posible que Yucatán 
permaoteciese indiferente. Los de la lAga trabajalian sin descanso, y al 
fin el dia 6 de Noviembre de 1832 óe verifico en Mérida una revolución 
encabezada por el teniente coronel D. Gerónimo López de Llergo^ pi- 
diendo el restablecimiento de las autoridades legítimas del £stado, de« 
puestas en 1829. £1 geaeral D. Francisco Toro, cuñado de Santa- An* 
na y comandante del 13 de línea, y el coronel D. Sebastian López de 
Llergo^ hermano de D. Gerónimo, que se hallaban acantonados con tropas 
en Hecelchakan de orden de Carvajal y en observación de Mérida, se 
adhirieron á este pronunciamiento y al que acaudillaba el general San- 
ta-Anna. La guarnición de Campeche, en una junta militar celebra- 
da el dia 11, se adhirió también al pronunciamiento,, pero pidiendo que 
no se variasen las autoridadas existentes. Esta era la guerra civil: 
Campeche contra Mérida, Mérida contra Campeche. El ayuntamien- 
to de esta ciudad tuvo el buen juicio de adherirse sencillamente el dia 12 
al pronunciamiento de Mérida, con lo cual el acta de la guarnición que- 
dó sin efecto. 

Triunfante esta revolución, volvió á fungir el congreso del Estado 
disuelto en 1829, se \úáo cargo del gobierno D. José Tiburcio López, 
entonces depuesto, y quedó de comandante general D. Francisco de 
Paula Toro. Fueron en seguida anulados los actos de la administración 
anterior, se mandó sobreseer en ciertas causas políticas y el congreso 
declaró ciudadano y benemérito del Estado al general D. Antonio Ló- 
pez de Santa- Anna. 

Terminó López el periodo de su gobierno, se hicieron nuevas elec- 
ciones, y en Setiembre de 1823 fueron declarados electos goberxiador 
D. Juan de Dios Cosgaya y vice D. Santiago Méndez- Por tercera vez 
triunfitban los ligados contra los camarilleros, ó mejor dicho, los federa- 
listas contra los centralistas, pues yá aquellos antiguos nombres de 
partido iban casi desapareciendo. Lo' que sucedió el año de 1829 se 
repitió ahora. El partido derrotado en el campo electoral, empezó á 
trabajar por una revuelta. Por desgracia la situación de la República 
&voreció sus miraa. • 

£1 partido federalista puro, el mismo de las ideas de Zavala, Rejón 
y otros, representado por Gómez Farías que como vice-presidente es- 
taba ejerciendo el poder ejecutivo en ausencia de Santa- Anna, prend* 
dente de la República, creyó llegada la época de iniciar las reformas que 
en estos últimos años hemos visto cumplirse; y se dictaron algunas le- 



— 48 — 

yes sobre bienes eclesiásticofi, conventos &c. Los descontentos se agru* 
paron en torno del presidente, y hubo un plan de Cuernavaca de 25 
de Mayo, proclamando religión^ fueivs y Santa-Arma. 

Pero antes de que ni aun pudiese saberse en Yucatán esta noticia, la 
pugna entre el gobierno y la comandancia general ya existia, y de una 
manera violenta. Dícese que Toro habia recibido instrucciones de 
su cuñado Santa- Anna en cartas escritas desde Manga de Clavo, acer- 
ca de la nueva revolución que debia estallar en la República. Unido 
este y otros antecedentes á un fuerte disgusto que el vice-gobernador 
tuvo en Campeche con el mismo Toro y que le hizo dirigirse á Mérida, 
dio por resultado el acta de 30 de Mayo, en que las autoridades y em- 
pleados de la capital desconocieron al comandante general. El congre- 
so, convocado a sesiones extraordinarias, se reunió al dia siguiente^ y 
el dia 1.** de Junio de 1834 dio un decreto, en que después de varios 
considerandos y entre otros el de que las instituciones federales y la 
tranquilidad publica se hallaban amagadas por el comandante general 
D. Francisco de Paula Toro, desconocia su autoridad. Toro se hallaba 
en Campeche y se preparó & la lucha. Esta vez los dos partidos se 
hallaban fuertes y la guerra civil no tardó en estallar. El congreso si- 
guió dictando medidas de defensa y precautorias contra los revolucio- 
narios, y por último, el 18 de Junio dio un decreto en que conside- 
rando que Toro bloqueaba yá á Sisal y habia avanzado sus fuerzas 
hasta Hecelchakan, autorizaba al gobierno para que agotados los re- 
cursos de la persuacion, usara de la fuerza con el objeto de reducir al 
orden á los sediciosos acaudillados por aquel general de brigada. 

En consecuencia de esto las fuerzas de Mérida al mando del coronel 
p. Felipe Montero se situaron en Qitbalché, mientras que las de Cam- 
peche estaban en Hecelchakan al mando de Toro. Avanzaron éstas 
hasta la hacienda Xmac á provocar á las de Mérida, mas no habiendo 
sido atacadas se replegaron á Hecelchakan, donde se dio una orden falsa 
de retirada y se fingieron preparativos de viaje para Campeche. En- 
tonces sus contrarios se animaron á perseguirlos, y yendo sobre ellos 
se empeñó la lucha el dia 29 de Junio de 1834 en las mismas calles y 
plaza de la villa de Hecelchakan. La acción fué reñida, duró mas de 
ocho horas, y terminó retirándose las fuerzas de Mérida sin ser perse- 
guidas por las de Campeche. ¡Por primera vez corrió á torrentes la 
sangre yucateca en las contiendas civiles! ¡Cuántas veces mas debería 
correr en adelante! 

Después del combate se retiraron a Campeche las fuerzas de Toro. 
Hasta allí estas fuerzas no defendían mas que la subsistencia del co* 



— 49 — 

mandante general, y aquella resistencia parecia enteramente militar. 
Pero el dia 5 de Julio se le dio otro carácter. Excitando el espíritu 
de localismo, tomó parte en la resistencia una parte del pueblo, y ese 
dia se hizo un pronunciamiento desconociendo al congreso, al gobema* 
dor y á todas las autoridades, corporaciones y empleados que hubiesen 
suscrito el acta de 30 de Mayo celebrada en Mérida: se invistió con el 
carácter de gobernador provisional al jefe político de Campeche, y se 
llamo á la legislatura que funcionaba en 1832: se desconoció al gober- 
nador del obispado por haber dado cumplimiento á las leyes y disposi- 
ciones cismáticas (así llamaban á los decretos del congreso de la Nación 
que sirvieron de pretesto para quitar á Gómez Farías); y- por ultimo, 
se puso el pronunciamiento bajo la protección del Exento. Sr. Liberta- 
dor presidente Santa-Anna, como único que en aquella época podia dis- 
pensarla. El ayuntamiento de Campeche no tomó parte en este pro- 
nunciamiento, y. desde el 5 de Junio no volvió á tener sesión hasta el 
16 de Julio. 

Con este pronunciamiento clérico-militar, las cosas, según él mismo 
lo expresaba, volvían al año de 1832, El congreso del Estado contes- 
tó al acta con un decreto de 8 de Julio, declarando tumultuaria la reu- 
nión y nula el acta de 5 de Julio. De nada servia esto, la cuestión debia 
decidirla la suerte de las armas. 

Organizadas nuevamente las fuerzas de Campeche, salió la sección de 
vanguardia al mando de D. Nicolás de la Portilla, y la del centro al 
mando de D: Sebastian López de Llergo, comandante en gefe de toda 
la fuerza; Toro se quedó en la plaza con la sección de reserva. Las 
tropas de Mérida se hablan hecho fuertes en Calkiní al mando de D. 
Felipe Montero y D. Eduardo Vadillo, y las de Campeche avanzaron 
hasta Qitbalché á una legua de distancia. El dia 24 de Julio hubo una 
pequeña acción motivada por el reconocimiento que los de Campeche 
hicieron de las posiciones de los de Mérida, y el dia 26 fué el ataque 
en forma. Sangrienta fué la acción y quedó la villa por Campeche. 
Vadillo fué herido y con otros oficiales cayó prisionero. 

Siendo las fuerzas de Mérida en su mayor parte bisoñas, con la der- 
rota de Calkiní quedó franco el paso á la capital. Aprovecharon la 
coyuntura los de Campeche, marcharon sobre Mérida, la ocuparon sin 
resistencia, y el dia 18 de Agosto el congreso de 1832 se declaraba 
reinstalado y en el pleno y libre ejercicio de sus funciones, y en el mis- 
mo dia nombraba gobernador interino del Estado al comandante gene- 
ral D. Francisco de Paula Toro. En pos de él entraron á figurar todos 
los hombres de 1832; siendo presos, perseguidos 6 desterrados el go- 

7 



— 50 — 

bernador, el vice-gobernador, varios gefes militares y otras personas 
notables pertenecientes al partido caído. 

Hechas nuevas elecciones en el Estado, fué nombrado gobernador 
D. Francisco de Paula Toro y vice D. Pedro Sainz de Baranda, según 
declaración del congreso de 6 de Noviembre de 1834; pero habiendo 
negado á Toro el Supremo Gobierno el permiso que como militar ne* 
cesitaba para ser gobernador, y siendo por otra parte anti-cónstitucio- 
nal este nombramiento, en 18 de Febrero lo declaró cesante el congre- 
so, mandando que el vice-gobernador desempeñase el gobierno del 
Estado durante el periodo constitucional. Baranda pidió licencia al 
dia siguiente para ausentarse, y el congreso nombró gobernador inte- 
rino á D. Sebastian López de Llergo. 

Las ideas del vice-gobernador sin duda no cuadraban bien con las 
ultramilitares y centralistas que predominaban en la legislatura; y así 
fué que este cuerpo, contra la constitución del Estado, contra la orden 
suprema y excediéndose de sus facultades, el dia 27 de Agosto de 1835 
nombró gobernador interino del Estado al mismo Toro y declaró ce- 
sante á Baranda. Este trastorno era consecuencia inmediata del cam- 
bio que en la República se iba efectuando, pues ya el congreso general 
estaba facultado para variar la forma de gobierno, como la varió, con- 
virtiendo en central el sistema federal por la funesta constitución san- 
cionada y publicada el dia 1^. del año de 1837. 

Toro siguió mandando hasta Febrero de 1837, en que dejando de 
tener influjo por la derrota y prisión de Santa- Anna en San Jacinto» 
fué llamado á México. En su lugar fué nombrado comandante gene- 
ral del Departamento D. Joaquín Rivas Zayas, antiguo coronel del 2? 
activo de Izamal y que habia tomado parte y figurado como centralista 
en los sucesos del pais desde 1832. En el gobierno le reemplazó D* 
Pedro Escudero de la Rocha, como vocal mas antiguo de la junta de- 
partamental nombrada por la legislatura, en 3 de Noviembre de 1835, 
al extinguirse por virtud de las disposiciones que dictaba el congreso 
general preparando el advenimiento del centralismo. 

Como hemos dicho, desde el dia 1? del año de 1837 regia la consti. 
tucion central: en 26 de Marzo quedó instalada la primera junta de- 
partamental constitucional, y siendo el primer vocal de ella D. Benito 
Aznar, reemplazó á Escudero el dia 27. Nombrado gobernador por Mé- 
xico D. Joaquín Gutiérrez Estrada, vecino de Campeche, tomó posesión 
el dia 7 de Junio y gobernó hasta 18 de Agosto en que se separó por 
enfermo, volviendo Aznar á desempeñar sus veces. En 27 de Diciem- 
bre del mismo año de 1837 tomó posesión del gobierno D. Pedro Mar- 



— 51 — 

cial Guerra, nombrado por México á consecuencia de habérsele admi- 
tido la renuncia a Gutiérrez. Guerra gobernó hasta el 18 de Febrero 
de 1840 en que hubo en Mérida un pronunciamiento restableciendo el 
sistema federal. 

Desde los sucesos sangrientos de 1835 hasta 1839 hubo alguna tran* 
quilidad en el Estado. Alternati¥amente dominó en el gobierno el in- 
flujo de Campeche ó Mérida, y el espíritu de localismo quedó como 
adormecido. Pero el régimen militar y centralizador que dominaba 
entonces en la República, las leyes prohibitivas, las elevadas tarifas 
aduanales que aprisionaban el comercio y oprimian al pueblo, y los 
principios r&trógrados de gobierno, fueron formando un descontento 
general en todo el Departamento. Agregóse á esto un mal mas grave 
todavía. Siendo como han sido siempre, cortas las rentas de Yucatán, 
se quiso sacar una parte de los productos de la aduana marítima para 
llevarla á México. A pretesto de la guerra de Tejas, constantemente se 
sacaban también tropas de los cuerpos activos para llevarlas & esa cam- 
paña y nunca volvian; y bajo ese mismo pretesto se mandó veterani£ar 
un batallón activo. ^ 

Todos estos motivos fueron creando una oposición formidable, cuyo 
centro estaba en la misma junta departamental, como que sus miem- 
bros en su mayor parte eran liberales federalistas. Pero la junta tenia 
un fuerte contrapeso en el gobernador Guerra que estaba en Mérida y 
el comandante general Bivas Zayas que estaba en Campeche. Una 
carta confidencial de este, ^ dirigida en 25 de Agosto de 1839 al presi- 
dente de la República D. Anastasio Bustamante, pinta bien lo terrible 
de aquella situación. Después áe un largo preámbulo y de recordarle 
al 6r. Bustamante que le ha encargado le hable con toda franqueza, si- 
gue así: 

"Voy h hacerlo ahora con relación á las causas que originan la mi- 
seria, que facilitan la seducción, que fomentan el descontento y que 
dan motivo á las quejas y murmuraciones. 

^*Entre ellas ocupa el primer lugar el envío del 12, 15 y 17 por cien- 
to del producto de estas aduanas, porque con esta medida no solo se 
llevan hasta el estremo los pedimentos de esta guarnición, en razón de 
que el total de ellos es en proporción al estado lánguido y miserable 
del comercio, sino que se aumenta la ruina de éste sacando de circula- 
ción en el departamento doscientos mil pesos anuales en que se calcu- 
la el referido 12, 15 y 17 por ciento. Ocupa el segundo, el envío pe- 



1 .Doemnentosjafltifloativoiiiúmi. 



— 52 — 

riódico de tropas, que en estas recientes épocas se ha ordenado con 
frecuencia y que, vista la crisis prolongada en que se agita la Repúbli- 
ca, temen á par de muerte que llegue á hacerse permanente 

Como dos mil y quinientos hombres han salido después de la espedi- 
cion de Tejas á esta fecha, y dos mil y quinientas familias desoladas 
lloran el desamparo en que las ha dejado la marcha de sus padres, de 
sus hijos ó sus esposos. Dos mil y quinientos brazos ha perdido la 
agricultura y los ejercicios mecánicos, y pueden calcularse en quinien- 
tos los prófugos en los montes y perdidos para la sociedad. ¡No exa- 
jero! Un profundo gemido se levanta en esta ciudad al dar á sus hi- 
jos el último adiós, y la opinión en este punto es profunda* y general. 

"No lo es menos en los incalculables perjuicios que han ocasionado al- 
gunas leyes económicas. Ceñida esta Península por una larga esten- 
sion de costas mansas y accesibles, las industrias marítimas han debido 
ser, y han sido en efecto, las que ocupan á una gran parte de su pobla- 
ción. La construcción naval entre otras llevada á un grado regular de 
perfección, empleaba multitud de brazos en los cortes y en los trabajos 
relativos á la ribera y astillero, y njerced al decreto de 24 de Octubre 
de 1833, el genio de la industria derramó á manos llenas sus benefi- 
cios sobre esta« playas. El golpe de hacha resonó en medio de las sel- 
vas: el propietario sacó de esta renta inagotable de la tierra nuevos ca- 
pitales con que fecundar nuevas empresas agrícolas: el comercio de- la 
república multiplicó las demandas de buques, y sus capitales, asalarian- 
do la industria, hicieron crecer en prosperidad á este departamento. 
Ahora, ¡qué diferencia! Derogada esa ley bienhechora, se ven multi- 
tud de brazos sin ocupación y sin productos de su trabajo que ofrecer 
en cambio de sus necesidades, arruinado el comercio por la estancación 
general de que adolece en consecuencia de la emigración y la pobreza, 
y disperso el creciente plantel de marina que se formaba á la sombra 
del privilegio. 

"Por todas estas causas, millares de hombres elevan sentidas quejas 
y manifiestan su alto descontento, de que se aprovechan los sediciosos 
para formar la opinión en contra de las instituciones y á favor de la se- 
paración, que llegará á realizarse, si el gobierno al mismo tiempo que 
remedia tantos males, no sostiene contra las maquinaciones é intrigas 
á los que todo lo arrostran por corresponder á su confianza. He creí- 
do necesario hablar á V. con esta estension, porque el mal exije un 
remedio pronto y eficaz, y porque se trabaja activamente para derri- 
bar los obstáculos que encuentra el trastorno que se medita. Se evi- 
tará á pesar del afán de todos los anarquistas, si se derogaren los de- 



— 53 — 

cretos que ordenan la remisión del 12, 16 y 17 por ciento de los pro- 
ductos de las aduanas, porque las guarniciones estarían mejor atendi- 
das y seria mas difícil la seducción, el comercio mas animado, mas con- 
tento y menos dispuesto á favorecer un movimienao, y los sediciosos 
con este motivo menos de murmuración; si se dispusiese el regreso 
de la tropa que ha salido del departamento, ó por lo menos la parte de 
ella que existe en Veracruz, si se derogase el decreto que dispone la 
veteranizacion del primero activo, y si en cambio del privilegio que con- 
cedió á los buques de construcción nacional el decreto de 24 de Octu- 
bre de 1833, derogado por la fé de los tratados, se libertase á la^ mer- 
cancías introducidas en buques nacionales de todo gravamen en su cir- 
culación del punto de la introducción á cualquier otro del departamen- 
to, lo que en nada ofende á los citados tratados. 

"Bien conozco que habría que vencer muchas dificultades para po- 
ner en práctica estas medidas; pero ruego á V, que piense en las conse- 
cuencias de la continuación de tantos males y en lo fatal que seria el 
ejemplo de un departamento rompiendo los lazos de la unión, apoyado 
en motivos, que si bien es verdad que han sido inevitables, también lo 
es que han arruinado todas sus fuentes de prosperidad y de riqueza/ 



V. 

fieTolneion de Yneatan en 1840, iiiTasion meiicana, formación de los 
partidos de Méndez y Barbachano (1840 — 1845). 



Sublevación del capitán Imán y de una fuerza que iba á. Tejas. — Es atacado por fuerzas penna- 
nentes en Tizimin y San Fernando, y es derrotado: refugiase en los bosques. — Los síntomas de 
revolución se hacen generales en el pais. — Imán reorganiza sus fuerzas y ataca y toma la ciudad 
de Valladolid, pronunciándose por el restablecimiento del sistema federal. — El coronel Llergo 
levanta las fuerzas activas del distrito de Campeche, marcha sobre Mérlda, lo intima y le hace 
secundar el pronunciamiento de Valladolid. — El general Rivaa Zayas no se cree bastante fuer- 
te para salir de la plaza de Campeche á atacar á los pronunciados, y pide ausilios d Veracruz — 
Le llegan, sale á campaña, ataca á Llergo en Tenabo, no lo vence y tiene que retirarse é, la pla- 
za. — Sitio de Campeche.— Capitulación de la guarnición de Campeche. — Triunfo de la revolu- 
ción y restablecimiento del sistema federal. — Elecciones: D. Santiago Méndez gobernador pro- 
pietario, y D. Miguel Barbachano gobernador suplente. — Constitución política de Yucatán de 
1841: contiene muchos principios de reforma. — Sucesos de la República: bases de Tacubaya, 
calda de Bustamante, dictadura de Santa-Anna.— Santa-Anna envia á Quintana Roo á Yucatán 
para entrar en negociaciones: celébranse unos convenios de paz que Santa-Anna reprueba. — Re- 
suélvese la guerra contra Yucatán: opinión del Sr. Lerdo de Tejada acerca de ella. — Los centra- 
listas y los intrigantes de oficio influyen poderoftmente en esta resolución. — Empiezan las hos- 
tilidades. — Los mexicanos toman el Carmen y se apoderan de la escuadra yucateca por capitula- 
ción. — ^Desacuerdo entre el partido de Méndez y el de Barbachano. — Se separa Méndez del go- 
bierno y se traslada t Campeche.— Las fuerzas mexLv^nas se apoderan sucesivamente de Cham- 
poton, Seibaplaya y Lerma. — Preséntase la escuadra frente á Campeche y desembarca el resto 
de las fuerzas en Lerma. — Fuerzas que defendían á Campeche. — El ejército mexicano se apo- 
dera de las alturas y del barrio de San Román. — Ataque de la Eminencia. — Traición del general 
Lémus y otros jefes. —Bombardeo de la plaza. — Acción de China. — Él ejército mexicano no ade- 
lanta nada, k pesar de los refuerzos continuos que recibe; la escuadra es inútil. — ^Relevo de D. 
José Vicente Mifíon, general en jefe mexicano. — Espedicion de Peña y Barragan con fuerzas 
invasoras al norte de Yucatán. — Encuentra el pais desierto. --Acción de Tixkokob. — ^Marchas y 
eimtramarchas inútiles ie Peña, y su capitulación en Tixpeual. — ^D. Pedro Ampudia, general en 
jefe de las fuerzas mexicanas. — Ataca la plaza, es rechazado y vuelve á sus atrincheramien- 
tos.— Capitulación que da fin á la guerra. — Convenios de paz entre México y Yucatán, de 14 de 
Diciembre de 1843. — Campeche fué el que mas sufrió con esta guerra: el 13 de Febrero.— Cesa 
en el gobierno D. Santiago Méndez, y es nombrado por Santa-Anna D. José Tiburcio López. — 
Asamblea legislativa. — Partidos de Méndez y Barbachano. — Gobierno débil de López — Yiola- 
cion de los convenios poi la orden de 21 de Febrero de 1844. — Consecuencias de esta medida. 

La carta del comandante general de Yucatán, D. Joaquin Rivas Za- 
yaB, dirigida al presidente de la República^ D. Anastasio Bustam^te^ 



— 55 — 

en 25 de Agosto de 1839, al mismo tiempo que era una relación exac* 
ta de la situación doloroea y desesperada de la península yucateca, 
contenia los remedios eficaces que podian aplicarse al mal La con- 
firmación de la verdad de cuanto decia esta carta, no se hizo esperar 
mucho: los hechos, mas elocuentes en estos casos que las teorias y los 
razonamientos, vinieron pronto á servirla de apoyo. 

Una política torpe, un sentimiento nacional absurdo y nxuy mal en« 
tendido, olvidando lo que cien veces han hecho las naciones de Euro- 
pa en Europa misma, olvidando lo que España hizo con las Floridas, 
lo que Francia hizo con la Luisianaj se empeñd en hacer de la cuestión 
de Tegas una cuestión de vida 6 muerte para la República. El tiem- 
po, después de haber gcistado la nación millones de pesos y sacrificado 
á multitud de sus hijos en la guerra con Tejas, en la guerra que con 
este motivo le hizo á Yucatán, y en la guerra con los americanos, y 
después de haber perdido no solo ¿ Texas, sino á Nuevo^México y la 
Alta California, vino á demostrar que con la venta» cesión d pérdida 
de esos territorios, la República no quedaba con fronteras menos segu- 
ras, y que si se despojaba de una purte rica de su suelo, era una parte 
enteramente inútil para ella. 

Pues esa guerra con Tejas fué la causa mas poderosa que hizo esta- 
llar en Yucatán su revolución de 1840. Cansados estaban yá los yuca- 
tecos de ver partir á sus padres, á sus hermanos, á sus hijos, á tierras 
tan lejanas, sin volver á saber de ellos: los que iban, al abandonar el 
suelo natal, sentían las angut^tias del proscripto y las penas del destier- 
ro, como dice el general Rivas. 

Las milicias activas de la península eran las que daban frecuentes 
contingentes para esta guerra. Tocóle & fines de 1839 embarcarse 
para Tejas al capitán D. Santiago Imán con una fuerza de su cuerpo» 
que era el 3f Activo, batallón formado con los hijos del Distrito de 
Yalladolid. Imán sublevo a la tropa, desembarcó en la costa de Rio 
Lagartos é insurreccionó el partido de Tizimin. Salieron fuerzas de 
Campeche al mando del coronel D. Tomas Requena para ir & comba- 
tir la insurrección. Los pronunciados se hicieron fuertes en Tizimin; 
pero como eran en su mayor parte gente colecticia, mientras que sus 
contrarios eran tropas permanentes, en una acción, que sin embargo 
fué sangrienta, perdieron sus atrincheramientos y también la villa de 
Tizimin. Entonces se retiró Imán por el rumbo de San Fernando^ y 
comenzó la guerra de montaña. Alguna fuerza de caballería al mando 
del alférez D. Tomas 0-Horan, llegó hasta San Fernando y entró en el 
pueblo; los sublevados se retiraron á los bosques. 



- 56 — 

Parecía con esto extinguida la chispa revolucionaria; pero era todo 
lo contrario. Como no una escusa accidental, sino una antigua y per- 
manente motivó la sublevación de Imán, como esta causa era general 
en toda la península, pues que se trataba de defender el interés co- 
mún y de curar los males graves que todos padecian, aquel movimien- 
to habia encontrado eco en la opinión publica, que gradualmente se 
fué generalizando mas en su favor. Bien fuese porque empezaron á 
asomar síntomas de rebelión en el resto del pais, ó porque se creyese 
concluida la insurrección de Imán, el coronel Requena regresó á Cam- 
peche con todas ó casi todas sus fuerzas. 

Para entonces no queda duda que se tramaba yá una revolución y 
una revolución formidable. Los que tenían los hilos de ella, no tuvieron 
mas trabajo que organizaría, porque les sobraban elementos, A prin- 
cipios de 1840, Imán, que no habia dejado las armas, se sentía ya fuer- 
te para una guerra ofensiva, y el dia 10 de Febrero, al frente de tro- 
pas que habia organizado y de indios que habia armado, atacó la ciu- 
dad de Valladolid y la tomó por capitulación, después de haber sucum- 
bido en la refriega el capitán D. Carlos María Arauz, gefe de la plaza. 

El dia 12 se levantó el acta de pronunciamiento, proclamando el sis- 
tema federal, reponiendo el congreso y gobierno del Estado, depuestos 
por el general Toro en 1834, y nombrando entre tanto una junta gu- 
bernativa compuesta del Lie. D. Pablo Castellanos, D. Agustín Ace- 
reto, D. Miguel Cámara, y los curas D. Buenaventura Pérez y D. José 
Antonio García. 

Desde este suceso, la revolución marchó rápidamente. El coronel 
D. Sebastian López de Llergo, á quien el general Rivas tenia arrinco- 
nado, salió furtivamente de Campeche, sublevó las compañías activas 
de Tenabo, Hecelchakan y Calkiní, y al frente de ellas y de otras fuer- 
zas que reunió en su tránsito, marchó sobre Mérida. Se situó en 
üman, á cuatro leguas de ésta ciudad, y desde allí intimó á la guarni- 
ción el día 17 de Febrero del mismo año de 1840. 

Al dia siguiente 18, la guarnición y el pueblo de Mérida se reunie- 
ron en la cindadela de San Benito, y formaron una acta de pronun- 
ciamiento \ cuya sustancia es ésta: 1? Yucatán se erije en Estado y 
restablece la Constitución federal de 1834. — 2"* Restablece las autori- 
dades constitucionales del Estado que fungían en 1834.— 3f Restable- 
ce toda la legislación vigente en Mayo de dicho año.— 4;* Declara abo- 
lidctó todas las contril)uciones y gabelas impuestas por el gobierno cen- 



1 Cdeccifm de leyesy decretes y órdenes de Yucaiany tomo 1 ® ^ pag. 295. 



- 57 ~ 

tral.— 5? Garantisa su retiro 6 licencia absoluta á cuantos militares 
quieran separarse del servicio. ^6? Por último, Yucatán se declara in- 
dependiente del Gobierno de México, mientras éste no vuelva al régi- 
men federal. 

El pronunciamiento de Mérida cundid rápidamente por toda la pe- 
nínsula, y hasta la misma ciudad de Campeche se habría anticipado á 
pronunciarse conforme al voto del pueblo, si la fuerza militar, encabe- 
zada por el general Rivas Zayas no lo hubiera impedida Sin embar- 
go^ estas fuerzas no eran bastantes para guarnecer la plaza y salir á ba- 
tir á los disidentes, y Kivas pidió ausili(^ á Yeracruz. 

Entre tanto, el dia 28 de Febrero se reinstaló en Mérida el congreso 
disuelto en 1834; habiendo entrado yá en sus funciones el gobernador 
D. Juan de Dios Cosgaya y el vice D. Santiago Méndez, que habian 
tomado una parte activa en aquella revolución. Muchos decretos y 
disposiciones se dictaron para volver las cosas al orden federal y po- 
nerlas en armonía con las nuevas instituciones. 

En la terde del 16 de Marzo, una barca inglesa entraba en el puerto 
de Campeche, procedente de Yeracruz: traia una fuerza de 6 á 700 
hombres, al mando de los gefes López y Aguayo, en ausilio de Riva^s. 
Los pronunciados, tenian ya una pequeña escuadrilla, compuesta de la 
goleta Coireo, armada por el mismo Rivas y que habia desertado, y de 
otros dos buques. El viento no les favoreció, y la barca, protegida por 
las fortalezas esteriores de la plaza, pudo fondear y echar en tierra la 
gente que traia. 

Considerándose fuerte el general Rivas con este refuerzo, salió de 
Campeche al frente de sus tropas para ir á atacar las de los pronun- 
ciados, que al mando del coronel Llergo se habian fortificado en Te- 
nabo. Llegó ÍL la hacienda Santa Rosa, distante una legua de dicho 
pueblo, y siete de Campeche, y allí asentó su campo. El día 25 de 
Marzo atacó los atrincheramientos enemigos: la accicn fué reñida, y 
Rivas rechazado. Hulbo después tres dias de cañoneo entre ambas 
fuerzas, y al fi)i Rivas contramarchó a Campeche^ entrando el dia 30 
en la plaza. 

En los primeros dias de Abril, las fuerzas de Llergo y de Imán ha- 
bian ocupado los barrios de Campeche, y todos los habitantes de éstos 
se habian unido á los invasores. Muchas familias abandonaron la pla- 
za, quedando en ella easi solo las fuerzas militares. Durante todo el 
mes se empeñaron diversos combates entre las tropas de la plaza que 
salian á los barrios, y el pueblo ^ue las rechazaba. Rivas en desquite 
empezó á bombardear la parte de exti-amuros; mas como se le repre- 

8 



— 58- 

sentase que de este mddo solo destruía las casas ún dañar al enemiga^ 
ceso el bombardeo. Los sitiadores, colocadas ya sus baterías en la Emi- 
nencia, cerro que domina la plaza, y en los barrios de Guadalupe y San 
Román, á corta distancia de las murallas, rompieron el dia 23 de Mayo 
sus fuegos: la escuadrilla, al mando de D* José María Machin, com- 
puesta de los bergantines Fama y Privilegio, de la goleta- Correo y 
del pailebot Titán, rompió también los suyos; y por ultimo, la plaza 
contesto con toda clase de proyectiles. 

Duro el fuego varios dias, sin que la plaza sufriese mayormente, por- 
que los sitiadores estaban desprovistos de morteros, y no arrojaban 
mas que balas de cañón. A fines de Mayo llegaron al campamento de 
los de fuera el gobernador D. Juan de Dios Cosgaya y el vice D. San- 
tiago Méndez, y en seguida por medio de D. Pedro Sainz de Baranda 
y D. Joaquin Gutiérrez de Estrada, se entablaron negociaciones con el 
general Rivas. Convencido éste de que todo el pais estaba levantado, 
y de que hasta entre los muros de la misma ciudad apenas contaba con 
la fuerza armada, con algunos empleados, víctimas de su deber, y con 
un cortísimo numero de partidarios, se decidió á capitular. Fueron 
nombrados por parte de la plaza el teniente coronel D. Francisco Ló- 
pez y el capitán de ingenieros D. Santiago Blanco, y por parte de las 
fuerzas sitiadoras los tenientes coroneles D. Eulogio Rosado y D. Ge- 
rónimo López de Llergo, y el dia 6 de Junio quedó firmada y ratifica- 
da la capitulación. El dia 16 por la mañana se embarcaron las fuerzas 
capituladas, y al medio dia entraron triunfantes las sitiadoras, con el 
gobernador Cosgaya al frente. 

Este triunfo fué celebrado en todos los ámbitos de la península. A 
los antiguos elementos de partido se habia unido otro enteramente nue- 
vo. "Una nueva generación de jóvenes sin pasiones de partido, sin co- 
nocimiento anterior de las personas, ni las consiguientes preocupacio- 
nes que eso podría engendrar, se presentaron en la liza de 40, guiados 
por un sentimiento generoso y patriótico; pero cuyo fin no era deter- 
minado a un objeto que se hubiese previsto y calculado anticipadamen- 
te. Hablando con franqueza, obraron por impresión y entusiasmados 
con el deseo ardiente de que su pais entrase en aquellas vías de pro- 
greso, que habían estado soñando en las nuevas escuelas. Por de con- 
tado que carecían de tacto, práctica de negocios administrativos^ espe- 
riencia del mundo, y mucho mas del llamado don de gobierno. Sin 
embargo, semejante elemento era bastante eficaz y vigoroso para mo- 
dificar ó cambiar totalmente la marcha de la administración, sin dar 
lugar á que los restos de la antigua escuela liberal continuase la ruti- 



— 59 — 

na en que habia metido al país. Unos mismod hombres subían, y ba- 
jaban alternativamente del poder, y ya esa marcha comenzaba á pro- 
ducir hastío en los ánimos." Así pinta la revolución de 1840 el Dr. 
D. Justo Sierra, * uno de esos jóvenes que entonces entro en la po- 
lítica. 

Tranquilo el pais, se procedió á las elecciones; en Agosto se instaló 
el nuevo congreso constituyente del Estado, y en Setiembre tomaron 
posesión de sus cargos el nuevo gobernador propietario D. Santiago 
Méndez y su suplente D. Miguel Barbachano. 

En Marzo de 1841, fué publicada la constitución política del país, cu- 
yo proyecto formó D. Manuel Cresceíicio Rejón. Era tal el empuje que 
habian recibido las ideas, que en esta constitución se consagraron la 
libertad de imprenta, la abolición de fueros, la libertad de cultos, el po- 
der los extranjeros adquirir libremente bienes raices, y otra porción 
de garantías: se prometió también el juicio por jurados para los delitos 
comunes. Esta constitución que contenia principios tan nuevos, que 
la nación misma no ha podido consignar sino en su constitución d^ 
1867, fué firmada por dos jóvenes presbíteros de Campeche, D. ^-i^dres 
Ibarrade León y D. José María Celarain, y por el cura de Chemax D. 
José Antonio Garcia. Y así hasta en una parte del clero, aunque muy 
pequeña, habian penetrado las ideas de progreso y de reforma. 

Mientras tanto en la República se iban sucediendo graves aconteci- 
mientos. Por todas partes asomaban sediciones y pronunciamientos 
contra el sistema central. Mejía habia sucumbido y sido fusilado en 
Acajete, defendijendo la federación, desde 1838, y á mediados de 1840, 
él general Urrea, su compañero, se pronunciaba en el mismo palacio 
nacional, aunque con mal éxito. Al fin en 1841, lá revolución tomó 
mayor incremento, hasta que vino á dar por resultado las Bases de Ta^ 
cobaya^ que al mismo tiempo que hecharon por tierra la funesta cons- 
titución de 1836 y depusieron al presidente Bustaman te, elevaron á la 
dictadura al general Santa- Anna. 

A principios de Octubre de 1841 subió Santa- Anna al poder, y uno 
de sus primeros actos fué enviar á Yucatán á D. Andrés Quintana Roo 
y D. José Miguel Arroyo de secretario, para entablar negociaciones de 
paz. Llegó el comisionado á Campeche el 25 de Noviembre, siguió & 
Mérida, y el gobierno de Yucatán, aceptando su misión, nombró de co- 
misionados á J), Juan de Dios Cosgoya y D. Miguel Barbachano, y de 
secretario á D. Justo Sierra, para que se entendiesen con él. 



1 jEI FémXf periódico qité publicó ea Campechci núm. 42. 



— 60 — 

Los comisionados concluyeron sus convenios el dia 28 de Diciembre, 
y todo cuanto se estipulaba en ellos no era mas que resultado de las 
excepcionales circunstancias en que la naturaleza ha colocado á la pe- 
nínsula respecto de la República. Esos convenios eran la consagración 
de la legislación especial á Yucatán, cfue lo rigió durante el gobierno 
colonial, y de la legislación también especial, reconocida en el arancel 
de aduanas de 1827 y en otras leyes federales; era el recobro que Yu- 
catán hacia de sus fueros naturales, destruidos por el sistema central 
de 1836. 

Claro es que los convenios desagradaron altamente á Santa-Anna. En 
26 de Marzo el ministro Bocanegra se dirigía al gobernador de Yuca- 
tan, manifestándole que el Presidente no podia aprobar tales convenios, 
y al mismo tiempo que le garantizaba á Yucatán, que no haria nove- 
dad en los funcionarios del orden civil, de hacienda y militar, que no 
mandarla tropa alguna á la península, que de ella jio se sacarla un sol- 
dado, y por ultimo, que se le abrirían los puertos de la República, le 
exigía el reconocimiento del plan de Tacubaya y otras cosas como con- 
secuencia de este paso. El congreso de Yucatán dio un decreto en 31 
de Mayo, rechazando estas proposiciones de Santa-Anna, por ser per- 
judiciales á los intereses y libertad de los yucatecos, destructoras de 
su constitución y leyes, y contrarias á los convenios celebrados con su 
comisionado el 28 de Diciembre de 1841. * 

Santa-Anna no esperó esto, y desde el 7 de Mayo dio un decreto ful- 
minante, diciendo: que no serian admitidos al congreso de la Nación 
los representantes de Yucatán mientras éste no reconociera y jurara 
las bases de Tacubaya: que Yucatán seria considerado como enemigo 
mientras no rompiese sus relaciones con Tejas; y (esto era lo mas ab- 
surdo) que los habitantes de Yucatán que reconocieran á las autorida- 
des de su pais, serian tratados y juzgados como enemigos, siempre que 
fuesen aprehendidos en algún punto de la República. 

"Entre las dificultades, dice D. Miguel Lerdo de Tejada, ' con que 
se encontró (Santa-Anna) al encargarse del gobierno, habia dos de un 
carácter grave, cuales eran la independencia de Tejas y la de la sepa- 
ración de Yucatán, cuyo Departamento, para sostener sus pretensiones, 
se habia puesto en relaciones de amistad con el gobierno de aquella 
parte ya segregada de la República; y en vez de tratarse estas dos cues- 
tiones con toda la calma y meditación que demandaba el delicado asjyec- 



/ 



1 Véanse estos documentos y otros que citamos^ en el tomo 2. ® de la CoUccion de leyesy etc y 
de Yucatán. 

2 Apuntes histáricos de la heroica cmLad de Veracrtutp tomo 2. ^ página 496. 



• -61- 

to que en sí tenían^ para llevarlas á un término pacífico y decoroso, fucn 
ron manejadas con suma ligereza^ ostentando Santa-^Anna en ellas un 
poder y una fuerza que en realidad no existia. 

Lo que muchas veces había sucedido en las cuestiones de Yucatán 
coü México, sucedió esta vez. Ignorante Santa- Anna de la verdade- 
ra situación de la península y del espíritu de sus hijos, di6 oidos solo 
á los militares arrojados del pais por las estorsiones y abusos de todo 
género que allí habian cometido, á una media docena de centralistas 
que habiíin caido por la nueva revolución, y á dos 5 tres intrigantes de 
oficio, traficantes en política, que desgraciadamente son de ordinario 
los que tienen mas fácil acceso á los hombres del poder y los que son 
mas escuchados. Estos hombres pintábanle á Santa- Anna la revolu- 
ción de Yucatán, como obra de unos cuantos locos y demagogos, aspi- 
rantes á empleos, ladrones de la hacienda publica, y que querían con- 
vertir al pais en patrimonio suyo: pintábanle la guerra como muy fácil 
y de un triunfo seguro y glorioso; y sobre todo le hacian creer que en 
Yucatán habia un partido muy fuerte en su favor, que no esperaba mas 
que un apoyo para levantarse y acabar con los que se habian apodera- 
do de la situación, y que un vez conseguido el triunfo, de allí seria 
muy fácil sacar elementos de guerra, especialmente buques y marine- 
ría, para ir á conquistar á Tejas. Santa- Anna creyó en esta nueva 
odisea, de la cual iba á ser el héroe. ¡Mas le valiera no haber creido! 

Resuelta la guerra, empezaron los preparativos por una y otra parte. 
Como principio de hostilidades, D. Tomas Marin, de la marina me* 
xicana, se acerco una noche á las aguas de Campeche, y ayudado de 
la traición se robo del puerto el hermoso bergantín de guerra Yucateco 
el 5 de Julio de 1842. El 22 de Agosto apareció el mismo Marin'con 
la escuadra mexicana frente á la isla del Carmen y con tropas de des- 
embarco que echo en tierra al mando del general D. Juan Morales. 
Siendo mayores estas fuerzas que la corta guarnision del Carmen y la 
marina yucateca que allí estaba, capitularon la guarnición y la marina^ 
entregando los buques y retirándose la tropa y las tripulaciones para 
Campeche, Bajo tan buenos auspicios empezó la guerra para Santa- 
Anna. 

Para resistir á tan desigual pelea, Yucatán tenia que hacer grandes 
esfuerzos. El miraba á Tejas como Estado de la República en circuns- 
tancias idénticas á las suyas, respecto del gobierno de Santa- Anna, y 
acudid á él para fletarle dos buques de guerra, que fué todo el auxilio 
que los téjanos dieron á la Península. Con estos dos buques, que eran 
una corbeta y un bergantín, cuatro lanchas cañoneras construidas en 



-62- • 

Campeche a fines de 1842, y dos canoas grandes, formo Yucatán su 
nueva escuadra sutil, para reponer la que habia perdido. En todo el 
pais no habia mas que unos 500 infantes y 150 artilleros permanentes; 
las demás fuerzas se componian de tropas cívicas^era el pueblo armado. 

A pesar del desacuerdo que desde entonces empezó á existir entre 
Méndez y Barbachano y sus respectivos partidarios, y de que hablare- 
mos mas adelante, Yucatán entero se preparaba de una manera formi- 
dable á resistir la invasión mexicana. En el congreso del Estado pre- 
valecian las ideas del partido de Barbachano, y Méndez creyó deber 
dar su dimisión. La dio en efecto; pero el congreso resolvió no admi- 
tírsela en 4 de Junio de 1842. El 19 de Agosto se ausentó Méndez 
de Merida, dejándole el gobierno á Barbachano, y se trasladó á Cam- 
peche. 

Aunque al principio no se sabia á punto fijo el lugar que elegirían 
para su desembarco las fuerzas mexicanas, después ya no dejó duda de 
que la plaza de Campeche era el punto objetivo de sus operaciones. 
Una vez apoderados del Carmen, en Octubre desembarcaron una fuer- 
za en Champoton, después entraron en Seibaplaya y emprendieron su 
marcha á Lerma. Era general en gefe de las fuerzas yucatecas D. Pe* 
dro Lémus, á quien se habia dispensado todo género de consideracio- 
nes y honores. Este hombre ingrato pagó con la traición tantos bene- 
ficios. De acuerdo con los enemigos del Estado, se habia propuesto no 
hostilizar á los invasores y entregarles la plaza de Campeche. Así fué 
que ningún obstáculo encontraron al principio en su marcha; pero unas 
fuerzas indígenas al mando de D. Pastor Gamboa, sin órdenes para es- 
to, se emboscaron en el camino entre Seibaplaya y Lerma, y les causa- 
ron algunas desgracias á los mexicanos. Esto los desconcertó y em- 
pezaron á dudar de las promesas de Lémus. 

A fines de Octubre se presentaron frente á Campeche dos buques de 
vapor y cinco de vela, que componian la escuadra mexicana, y ocho 
transportes. Anclaron en Lerma, pueblo distante cuatro millas de 
Campeche, y allí desembarcaron sus fuerzas. El ejército espediciona- 
rio, al mando del general D. Vicente Miñón, se componia de 4.000 
hombres, con 12 cañones y 2 obuses, y venia abundantemente provisto 
de víveres y dinero. 

La plaza de Campeche estaba defendida por el batallón Ligero y la 
artillería permanente, que contarian unas 650 plazas; por la artillería 
cívica y el batallón de guardia nacional nüm. 16, formados de los hijos 
de Campeche, y que ambos contarian 1,500 plazas, y por el batallón 
1.^ local de Mérida y algunas fuerzas indígenas irregulares, que com- 



-63- 

pondrían 1,300 hombres. Todas estas fuerzas eran de nueva organi- 
zación y completamente bisoñas. Mandaba en la plaza el coronel D. 
José Cadenas, y en ella estaba D. Santiago Méndez, plenamente auto- 
rizado por el gobierno para atender á las necesidades de su defensa. El 
mismo Lémus habia llegado también, fingiendo ir en su socorro. La 
plaza estaba bien fortificada y con defensas exteriores: los castillos de 
San Miguel y San José, situados en las alturas, hablan sido destruidos 
de orden de Méndez. 

Como Lémus seguía de general en jefe, las fuerzas invasoras no en- 
contraron casi resistencia en su marcha de Lerma á Campeche; y su- 
cesivamente se apoderaron de la Atalaya, San Miguel y la Eminen- 
cia, puntos situados sobre las alturas: el ultimo era de mucha importan- 
cia, porque domina la plaza. El 24 de Noviembre amanecieron en él 
los mexicanos, y los yucatecos intentaron desalojarlos: todo el dia duro 
el combate; pero como las fuerzas de Yucatán maliciosamente fueron 
situadas de manera que unas dañasen á otras, fué infructuoso. Sin em- 
bargo, hubo por una y otra parte muchas desgracias, y las tropas inva- 
soras quedaron dueñas de aquel punto; pero comprendieron que tenían 
que habérselas con un enemigo que sabia pelear. Desde este dia ya 
nadie dudó de la traición de Lémus y otros jefes, que fueron separados 
de los mandos que tenían y echados del Estado. 

Los mexicanos, dueños de la Eminencia, pudieron apoderarse del 
barrio de San Roncan que está al pié de ella. Purgados de traidores 
los defensores de la plaza, se organizó mejor la defensa. En sus ba- 
luartes quedaron los artilleros, y formóse una línea exterior que corta» 
ba el barrio de Santa Ana del de San Ramón, y allí se estableció una 
brigada al mando de Llergo. 

Los mexicanos fortificaron y artillaron la Eminencia, establecieron 
abajo una batería de morteros y rompieron el fuego sobre la plaza, 
echando toda clase de proyectiles. Pero con esto nada adelantaron. 
No eran dueños mas que del terreno que pisaban. Era un desierto en 
el que se encontraban, porque todos los habitantes huían al aproximar- 
se ellos. Tenían que hacer una guerra de conquista. 

Diariamente las descubiertas que salían de la plaza, tenían escara- 
muzas con las fuerzas enemigas. Estas eran de este modo molestadas 
incesantemente, así como con las balas de cañón y las bombas que de 
dia y de noche se les arrojaba. No acertaban á alejarse de Lerma, 
porque las partidas que andaban por el campo, las hostilizaban. A 
principios de Febrero una fuerte columna al mando del general An- 
drade se apoderó de China, pueblo distante dos leguas al E. de Cam- 



— 64 — 

peche: el batallón 16 con cuatro piezas de artillería, salió del campo 
atrincherado de Santa Ana para irla á atacar. Estraviada esta faeraa 
por el guía, se encontró inesperadamente al amanecer del 6 de Febre- 
ro sobre las tricheras enemigas, y se empeñó una de las acciones mas 
sangrientas de esta campaña: mas de 400 hombres quedaron fuera de 
combate por ambos lados, muriendo el general Andrade. Las fuerzas 
de Campeche volvieron á sus atrincheramientos, y las mexicanas re- 
gresaron á los suyos: China quedó abandonado. 

A pesar de los continuos refuerzos que recibían de Veracruz las tro- 
pas invasora^, no adelantaban nada. Las balas, las enfermedades, la 
escasez de víveres y la deserción, diezmaban sus filas. Llevaban ya 
cuatro meses de ocupar la Eminencia, Buenavista (donde estaba el 
cuartel general), Kanisté y el barrio de San Román, sin hacer ningún 
progreso. La escuadra para nada les servia: los pequeños buques yu- 
catecos armados en guerra y tripulados por campechanos, se burlaban 
de ella y hacian espediciones á toda la costa impunemente: buques car- 
gados de maiz, harina y otros víveres, entraban también en el puerto 
casi sin obstáculo. 

Al ver Santa- Anna el mal camino que llevaba la campaña, llamo á 
Miñón, quedando Peña y Barragan al frente de las tropas. Este for* 
mó el nuevo plan, instigado por los centralistas de Mérida, de trasla- 
dar el teatro de la guerra á otra parte de la península. Al efecto or- 
ganizó una espedicion de 2,000 hombres con las compañaís de preferen- . 
cia de los cuerpos de su ejército, y el 15 de Marzo en la noche se em- 
barcó en Lerma con rumbo á Telchac, vigía situada al norte de la 
península. Apenas se supo este embarque en la plaza, el coronel Ller- 
go con una fuerza también escogida, compuesta principalmente del ba- 
tallón 16, se dirigió por tierra á marchas forzadas sobre Mérida. La 
escuadra fué contrariada por los nortes, y hasta el dia 26 no pudo des- 
embarcar las tropas en Telchac, Allí también encorltró la población 
incendiada y abandonada de sus moradores. 

Las fuerzas mexicanas se internaron y llegaron al pueblo de Tixko- 
kob, donde se fortificaron. Las tropas de Llergo hablan salido en su 
busca y las atacaron allí mismo. La acción fué sangrienta, duró casi 
todo el dia, y Llergo tuvo que retirarse á Conkal á interponerse entre 
los invasores y la capital. Peña con sus fuerzas siguió internándose 
con dirección á -Mérida; pero por todas partes no encontraba mas que 
poblaciones desiertas y guerrillas enemigas que lo hostilizaban. Llegó 
cerca de aquella ciudad: los hombrea que lo hablan llamado, lo dejaron 
burlado, y contramarchó a Tixpeual. Aunque casi bercado de tropas 



— 65- 

contrariad, la fuerza moral pudo mas que la física, y capituló sin com- 
batir el 23 de Abril de 1843. Con esto la invasión mexicana sufrió un 
golpe tremendo. 

El general D. Pedro Ampudia vino á encargarse del mando de las 
tropas mexicanas que estaban frente á Campeche: hizo un esfuerzo su« 
premo, subiendo sus soldados á las alturas de la iglesia y casas de San 
Román, y estableciendo trincheras á corta distancia de las murallas de 
' la plaza. Al amanecer rompió sus fuegos, pero antes de 24 horas que* 
daron completamente apagados, y volvió á sus antiguos atricheramien- 
tos. Desde entonces ya no se pensó mas que en capitular. El gene- 
ral Ampudia entió en pláticas de paz con D. Santiago Méndez y D. 
José Cadenas, y se acordó que la plaza le proporcionase traní«portes y 
víveres para sus tropas, y que Yucatán enviase comisionados á México 
para tratar con Santa-Anna. A principios de Junio estaba yá eva- 
cuado el suelo yucateco por las fuerzas invasoras y terminada comple- 
tamente la guerra. 

Los comisionados por Yucatán D. Crescencio José Pinelo, D. Joa- 
quin García Rejón y D. Gerónimo Castillo, pasaron á México y cele- 
braron con el gobierno de Santa-Anna los tratados de 14 de Diciembre 
de 1843, ratificados el 15 en México, y el 11 de Enero de 1844 en Yu- 
catán. Así terminó esta guerra impolítica. Después de haber sacri- 
ficado Santa-Anna un ejército de mas de 10,000 hombres de las mejo- 
res tropas de la República, de haber formado á gran costa la maryor 
escuadra que la nación ha tenido, y de haber invertido varios millones 
de pesos, vino á conceder á Yucatán lo mismo ó algo mas de lo que le 
pedia en los convenios de Quintana Roo. 'Esta es y será siempre la 
consecuencia de las medidas de gobierno que dictan los hombres de es- 
tado teóricos, olvidando los hechos y queriendo contrarestar con la 
naturaleza misma de las cosas, que tarde ó tremprano acaba por triun- 
far. 

Aunque Yucatán habia sacrificado su constitución política de 1841, 
sujetándose á las Bases Orgánicas, habia salvado su administración in- 
terior. Habia conquistado su libertad, sus fueros locales, sus natura- 
les excepciones; pero ¡á cuánta costal Campeche habia sufrido todo 
el peso de la guerra: sus hijos hablan prodigado su sangre; sus edificios 
hablan padecido mucho, y su comercio con la República, su navega- 
ción y la población misma hablan tenido grandes quebrantos. Duran- 
te la lucha, fueron, descubiertas varias conspiraciones, cuyo foco princi- 
pal estaba en Mérida: varias personas presas allí por estas conspiracio- 
nes, fueron conducidas á Campeche: el pueblo, que hacia tantos sacri- 

9 



— 66 — 

ficios, ese pueblo ardiente y patriota que veia la traición a£omando la 
cabeza, pedia el ejemplar castigo de los delincuenteí^; los mas fogosos 
partidarios tenian la fiebre que se apodera de los que se lanzan á \m re- 
voluciones. La historia nos dice hasta donde suele llegar laexaltacion 
de las pasiones en estos casos. El 13 de Febrero de 1843, por la noche, 
fueron asaltadas las prisiones de varios reos políticos, y éstos matados 
miserablemente. ¿Fué el pueblo el que cometió estos asesinatos! No, 
el pueblo campechano, aunque de pasiones vivas, es bravo y generoso. 
Aquella noche pudieron haberse evitado estos crímenes. Las gene- 
raciones venideras, no nosotros, juzgarán imparcialraente de este y 
otros hechos. 

La posición que habia conquistado la península yucateca, á fuerza 
de tantos sacrificios, hubiera bastado para abrirle la senda de la pros- 
peridad, si la eterna cuestión entre Marida y Campeche no hubiera re- 
nacido, apenas pasado el peligro común. 

D. Santiago Méndez habia quedado de gobernador y comandante 
general de Yucatán, después de los tratados de Diciembre. Concluido 
su periodo de gobierno, la asamblea departamental, conforme á dichos 
tratados, propuso cinco individuos al gobierno supremo, y este eligid k 
D. Joeé Tiburcio López, que entró á fungir de gobernador y coman- 
dante general el dia 2 de Junio de 1844. Esta elección hasta cierto 
punto habia sido una especie de transacción entre los partidos de Mén- 
dez y Barbachano. 

Todo el año de 1845 lo pasó Yucatán en cierta pQZ, gobernado por 
el Sr. López y por la asamblea legislativa, compuesta de D. Miguel 
Barbachano, D. Crescencio J. Pinelo, D. José Encarnación Cámara, D, 
Juan de Dios Cosgaya, D. Justo Sierra, D. José Eulogio Rosado y D. 
Francisco Martinez Arredondo. Pero esta paz no era sólida. Los dos 
partidos seguían trabajando, cada uno en su terreno. El de Méndez 
tenia su foco y centro de acción en Campeche, y el de Barbachano en 
Mérida. 

Colocado D. José Tiburcio López entre estos dos partidos, no siendo 
hombre independiente y de política propia, su gobierno fué débil. No 
pudo reprimir á los partidarios de uno y otro bando, y á su sombra pue- 
de decirse que se fueron fomentando el desacuerdo, los odios, el espí- 
ritu de localismo y las malas pasiones que pronto debieron hundir á 
Yucatán en un abismo de sangre y de ruinas. 

México, que desgraciadamente en muchas épocas ha manejado y re- 
suelto los negocios de Yucatán con tan poco tino, arrojó la manzana de 
la discordia. Por los convenios de 14 de Diciembre, vuelto Yucatán á 



— 67- 

la unión nacional, quedaba restablecido el comercio entre él y la Re- 
pública, y todas sus producciones podian introducirse libremente en los 
demás departamentos, como los de éstos podian también introducirse 
libremente en Yucatán. Pues bien, pretestando el contrabando de 
frutos estrai\jeros que podian hacerse ó se habían hecho pasar como 
del pais, Trigueros, ministro de hacienda de Santa- Anna, dio en 21 
de Febrero de 1844, una orden declarando cuáles eran los productos 
que podian admitirse como yucatecos en los puertos de la República. 
Esta orden, arrancada por los monopolistas, los partidarios de 'los pri- 
vilegios y los enemigos de Yucatán, causaba un daño inmenso & su 
agricultura é industria. En la lista de las producciones yucatecaa que 
contiene, se omitid el azúcar, el aguardiente y otras de no menos im- 
portancia en que Yucatán cifraba gran parte de su porvenir. 

Yá debe suponerse con cuanto disgusto é indignación se recibiría es- 
ta 6rden en todo Yucatán. Sus habitantes vieron en ella un acto de 
perfidia del gobierAO de Santa- Anna, que así faltaba, á los dos meses 
de celebrados, á los tratados de 14 de Diciembre. Pronto veremos el 
influjo que esta orden ejerció en los acontecimientos interiores de la 
península. 



VI. 



Partidos de Méndez y Barbaehano: guerrra civil, guerra social, gobierno 
conservador del general Vega, triunfo del plan de Ayutla (1846—1855), 



Partidos políticos de D. Santiago Méndez y D. Miguel Barbaehano. — Estos partidos representan el 
antagonismo entre Campeche y Mcrida: Méndez domina escliisivamcnte en Campeche, Barba- 
ehano en Mérida: sus ideas é intereses diametralmente opiiesto3. — Pugna entre Campeche y Mé- 
rida, elenícnto> de guerra civil. — Yucatán se vuelve á separar de México el 1.° de Enero de 
1846, y el partido de Barbaehano se hace dueño de la situíicion. — Compreso constituyente, Bar- 
baehano gobernador provisional, — Constitución de 1846: no la firman los diputados de Campeche^ 
ni la juran algunos concejales de su ayuntamiento, que son depuestos — Partidarios de Méndez, 
partidarios de Barbaehano. — Pronunciamiento de Campeche en '2o de Octubre de 1846 contra el 
partido de Barbacliano; vuelve Campeche al órJen el 28 de Noviembre, mediante ciertas conce- 
siones. — Nuevo pronunciamiento el 8 de Diciembre del mismo año. — D. Santiago Méndez se 
pone al frente de a^ie movimiento. — Guerra civil: acción de Ticul, de Tekax, toma de Peto, hor- 
rores cometidos en Valladolid. — Sucumben Barbaehano y su partido, Méndez y el suyo entran 
triunfante» en Mórida. — El goljierno provisional se traslada ú. Campeche. — Pronunciamiento de 
D. José Dolores Zetina en Mérida en 28 de Febrero de 1847 contra dicho gobierno. — Asamblea 
de Ticul. — Nuevo pronunciamiento de D. José Dolores Zetina en Tizimin en Julio de 1847: es 
derrotado en Sucilá por fuerzas de Campeche. — Elecciones: las gana el partido de Méndez, D. 
Santiap;o Méndez gobernador propietario, suplente D. M?nuel Sales Baraona. — Tercer pronun- 
ciamiento de Zetina en Mérida el 6 de Octubre de 1847, junta gubernativa. — Las fuerzas de 
Campeche ])ers¡guen á Zetina, ataca éste á Valladolid y es derrotado. — Guerra de castas, con- 
viértese en instrumento de partido, toma un incremento espantoso, piérdese el distrito de Vallado- 
lid y gran parte del de Tekax. — Méndez, no pudiendo contener la guena social, le cede el pues- 
to á Barbaehano. — Los indios bárbaros llegan hasta las cercanías de Mérida y Campeche: sala- 
dable reacción, reconquista del pais. — Keincoiporacion de Yucatán á México. — Continúa la lu- 
cha entre los partidos de Méndez y Barbaehano por medio de la prensa: El Fénix, La Censura^ 
El Boletín Oficial; ataques violentos. — Elecciones del Estado: las gana el partido de Barbaehano, 
D. Miguel Barbaehano gobernador, D. José María Donde vice-gobernador. — Elecciones al con- 
greso nacional, son electos 48 diputados en vez de 24. — Orden constitucional en Yucatán. — 
Caida del sistema federal, triunfo de Santa-Anna y del partido conservador. — Partido del gene- 
ral D. Kómulo Diaz de la Vega; unido al de Méndez echa abajo á Barbaehano y su partido. — 
Destierro de D. Miguel Baríjachano y sus principales partidarios. — Pronunciamiento de D. Ma- 
nuel Cepeda Peraza y D. Sebastian Molas en Valladolid en Septiembre de 1853, por el sistema 
federal. — Los pronunciados van sobre Mórida y lo sitian; el partido de Móndez auxilia á Vega y 
es derrotado Cepeda. — Fusilamiento de Ontiveros, de dos oñciales y de Molas. — Honras fúne- 
bres á Molas en 1858. — El general D, Pedro Ampudia releva á Vega; se pronuncia por el plan 
de Ayutla. — En Mérida cae el partido conservador ó de Vega; en Campeche sigue dominando el 
de Méndez, cuyos partidarios intentan pronunciarse por la división territorial. — D. Juan Alvarez 
nombra á D, Miguel Barbaehano gobernador de Yucatán; es revocado este nombramiento y sus- 
tituido con el de D. Santiago Méndez, para gobernador y comandante general. 



Desde los primeros pasos de la revolución de Yucatán en 1840, na- 
cieron los partidos de Méndez y Barbaehano, y nació la oposición entre 



— 69 — 

ellos. La eterna causa de las discordias yucatecas, el antagonismo en- 
tre Mérida y Campeche, existia en pié, y era fuerza que bajo de esta 
o la otra forma se reprodujese. 

D. Santiago Méndez, naturalde Campeche, vivia en Campeche. Allí 
teni^ sus amigos y sus parientes; allí ejercia su industria de comer- 
ciante. Él y su hermano el Pbro. D. Vicente, habian tomado una parte 
activa en la política. Ya hemos visto que éste figuró en los disturbios 
de la ciudad como Iturbidista, y después tomó parte en los movimien- 
tos clérico-militares; mientras que aquel figuró en el partido liberal. 
En 1834 fué electo vice-gobernador, y en 1840 nombrado gobernador 
del Estado^ 

D. Migyel Barbachano era también natural de Campeche, pero des- 
de niño fué á educarse á España, de donde regresó á Mérida por los 
años de 1837 á 38: también se dedicó al comercio. Joven aun, instruido, 
muy bien educado, de maneras atractivas, de voz dulce é insinuante, y 
de bastante facilidad para hablar, pronto adquirió un ascendiente muy 
grande sobre la juventud meridana; y cuando ésta abrazó con calor la 
causa de la libertad, le reconoció como su natural caudillo. Así fué que 
en las primeras elecciones que tuvieron lugar cuando se puede decir 
que todavía era hombre nuevo en política, salió electo gobernador su- 
plente. 

En breve tiempo se ensanchó el círculo de cada uno de estos jefes 
de partido, tomando cada uno de ellos sus afiliados en su respectiva ve- 
cindad, Méndez en Campeche, Barbachano en Mérida. No por esto de- 
jaban de buscarse prosélitos en las demás poblaciones del Estado; y en 
cada una de ellas los hombres dados á la política, se filiaban en una ü 
otra bandera. Méndez era, por consiguiente, el representante de los 
intereses campechanos, como Barbachano lo era de los intereses me- 
ridanos. 

Desde la venida de Quintana Roo en 1841, ya estaban bien diseña- 
dos los dos partidos: el de Barbachano queria Ja independencia de Yu- 
catán del resto de la República; el de Méndez su reincorporación bajo 
ciertas bases. A los de Mérida no perjudicaba la independencia, por- 
que su comercio con la Habana y Nueva-York nada sufría; pero á los 
de Campeche les causaba un daño inmenso, porque su comercio se 
alimenta principalmente del tráfico de la sal con los puertos naciona- 
les del Seno. En Mérida publicaba D. Manuel Barbachano, hermano 
de D. Miguel, un periódico titulado El Independiente; couñeLgreido á 
defender estas ideas; en Campeche JSl Espíritu del Siglo j redactado por 
D. Justo Sierra, las impugnaba. Esto acontecia en 1841. 



~70- 

Hemos visto ya que á mediados de 1842, Méndez hizo dimisión del 
cargo de gobernador ante el congreso, en el cual prevalecían las ideas 
del partido de Barbachano, como que la cámara de diputados llego & 
aprobar el proyecto de independencia de Yucatán; pero el congreso no 
se la admitió. Entonces estaba procsima la invasión mexicana, los par- 
tidos no se habian encarnizado, y el peligro común los obligaba á man- 
tenerse unidos. Con todo, en Agosto se separó Méndez del gobierno, 
trasladándose á Campeche, y entrando en su lugar Barbachano. Du- 
rante la guerra de invasión de las fuerzas mexicanas, puede decirse que 
Méndez gobernó en Campeche, como Barbachano en Mérida. Méndez 
no volvió al gobierno hasta Diciembre de 1843, á los diez y seis mesea 
de haberse separado de él, cuando el segundo congreso constitucional 
habia cerrado sus sesiones y autorizado al ejecutivo con facultades es- 
traordinarias, A los seis meses de esto, entró á gobernar D. José Ti- 
burcio López, nombrado por México. 

Aunque durante el resto del año de 1844, y en todo el de 45, hubo 
paz en el Estado, esto es, no hubo guerra civil, no por esto los combus* 
tibies para ella dejaron de irse acumulando de una manera prodigiosa. 
Como en tiempo del gobierno colonial el antagonismo entre Mérida y 
Campeche se manifestaba á cada paso en la resolución de los negocios 
que los habitantes de Campeche tenian que someter á las autoridades 
de Mérida, así ahora sucedia lo mismo. Ya era el gobierno, ya el tri- 
bunal superior de justicia, ya la asamblea departamental contra quien 
lanzaba la prensa de Campeche unos papeles que titulaba Grito delpue* 
blo indignado contra los abusos del pode7\ Estos gritos que de tiempo 
en tiempo aparecian, eran los desahogos de ios partidarios de Mendes 
contra los de Barbachano; eran los truenos sordos y lejanos de una tem- 
pestad que se iba aproximando. Ademas de estos impresos se publica- 
ba en Campeche El Amigo del Pueblo, periódico redactado principal- 
mente por el Lie. D, Policarpo María Sales, partidario de Méndez, que 
le hacia una guerra sin cuartel al partido de Barbachano. 

A mediados de 1845, el ayuntamiento de Campeche dirigió al go- 
bierno del Estado una enérgica y destemplada esposicion, "pidiéndole 
el remedio de los males que agobiaban al pueblo, entre los cuales no po- 
día enumerarse otro mayor que la inobservancia de las leyes, y las ar6i* 
trariedades de losfuncionarios públicos,^^ En conclusión, pedia que se pu- 
siese en observancia una ley sobre crédito publico y otra sobre em- 
pleados; que se liquidasen y pagasen los haberes de los que habian ser- 
vido en la campaña, y que se declarasen cesantes los empleados mi- 
pérfluos. 



— ti- 
bí dia 1. ^ de Enero de 1846, el partido de Barbachano, que no ha- 
bía cesado de trabajar, consignid de la asamblea departamental un de- 
creto en estos términos: "Cesa la obligación de Yucatán de reconocer al 
supremo gobierno nacional: en virtud de esto, Yucatán reasume toda la 
plenitud de sos derechos; la asamblea, que continuará en sus funciones, 
dictará las medidas conducentes á la nueva organización del Estado y 
á atender á su defensa y seguridad.'' El gobernador D. José Tiburcio 
López se negó á sancionar este decreto, é hizo dimisión: la asamblea 
se la admitid el mismo dia 1. ^ de Enero, y en su lugar entró á fungir 
D. Miguel Barbachano como presidente de ella. La asamblea se com« 
ponia entonces de D. José Encarnación Cámara, D. Francisco Barba- 
chano (hermano de D. Miguel) y D. Francisco Martínez de Arredon- 
do, partidarios de D. Miguel Barbachano, de D. Justo Sierra, yerno y 
partidario de D. Santigo Méndez, y de !>• Crescencio José Pinelo y D. 
Gerónimo Castillo que en rigor no podian llamarse partidarios esclu- 
ávos del uno ni del otro. Era, pues, el partido de Barbachano el que 
habia triunfado. « 

El 3 de Febrero espidió la asamblea un decreto convocando un con* 
greso extraordinario que decidiese de la suerte de Yucatán. El parti- 
do de Barbachano ganó las elecciones: el congreso se reunió el 22 de 
Abril; al dia siguiente nombró gobernador provisional á D. Miguel 
Barbachano, y á fines de Setiembre del mismo año de 1846 expidió la 
nueva constitución del Estado. Esta constitución que se llamaba Ley 
orgánica, no fué firmada por los diputados de Campeche. 

El congreso mandó jurarla; pero muchos capitulares del ayuntamien- 
to de Campeche se negaron á hacerlo, y de orden del Gobierno fueron 
depuestoft. Este hecho unido á tantos otros en que el partido de Bar. 
bachano y el de Méndez se hablan puesto en abierta pugna, condujo las 
cosas al estremo de que el último se decidiese á una revolución. 

Ahora que vamos á entrar en esta serie de trastornos que ocasionó 
la guerra civil y que arrastró á Yucatán á la de castas, bueno será que 
veamos cuál era la organización de ambos partidos y su fuerza res- 
pectiva. 

D. Santiago Méndez dominaba sin contradicción alguna en todo el 
distrito de Campeche. Sus principales partidarios en la ciudad de Cam« 
peche, eran el general D. José Cadenas, comandante militar de la pla- 
ía, el Dr. D. Justo Sierra, los Pbros. D. Andrés Ibarra de León y D. 
José María Celarain, D. Pantaleon Barreta, escritor que habia redacta* 
do el BoieHn durante la invasión mexicana, D. Felipe Ibarra, D. Pedro 
Ramos, D. Manuel y D. Policarpo María Sales, redactor éste del Amú 



— 72 - 

go del Pueblo, periódico que empezó á publicar á principios de 1845 y ' 

que contribuyó poderosamente é la revolución de 1846; D. José Bello, | 

comandante de artillería, el Lie. D. J. Raimundo Nicolin, D. Clemente 
Otaiza y D. José María Castillo. La opinión en favor de este partido 
era tan general en la ciudad y todo el distrito, que á la voz de su jefe 
casi toda la población se hubiera levantado en masa. Este partido te» 
nia grandes ramificaciones en casi todos los pueblos del Estado; pero 
principalmente en Tekax, Yaxcabá, Tihosuco, Tizimin y otros. 

D. Miguel Barbachano dominaba sin contradicción en Mérida y su 
distrito. Sus principales partidarios eran D. José Encarnación Cáma- 
ra, D. José Jesús Castro, el coronel D. Martin Francisco Peraza, D. 
Darío Galera, D. José Cosgaya, sus hermanos D. Francisco y D. Ma- 
nuel Barbachano, redactor éste del periódico oficial, D. Francisco Mar- 
tinez de Arredondo, D. Pablo Castellanos, D. Francisco -Ramirez, D. 
José Dolores Zetina, D. José Eulogio Rosado, y en fin, otros muchos 
cuyos nombres no recordamos. Sin embargo de que en la capital ha- 
bia algunas personas notables que se mostraban igualmente afectas á 
ambos partidos, como D. Joaquin García Rejón, D. Crescendo José Pi- 
nelo, D. Joaquin Castellanos &c., el predominio del partido de Barba- 
chano en Mérida y su distrito era general, y era tan grande la opinión 
de que gozaba allí como la de Méndez en Campeche. En el resto del 
Estado, fuera del distrito de Campeche, contaba también el partido de 
Barbachano con casi todas las autoridades, que eran hechuras suyas, y 
con un sinnnümero de partidarios. 

En Mérida existian los restos del antiguo partido centralista, que 
aunque dispersos, no dejaban de ser numerosos. Los hombres de este 
partido odiaban de corazón al de Barbachano, tanto por el recuerdo de 
las persecuciones que les hizo sufrir cuando la invasión mexicana por 
las conspiraciones que tramaron, cuanto porque decian que su gobier- 
no era un continuo desorden, un despilfarro incesante y que en él solo 
tenian cabida los hombres mas desacreditados de la sociedad. Exaje- 
raciones de partido, de que se supo aprovechar el de Méndez, uniéndo- 
se á estos descontentos para derrocar á Barbachano. 

El dia 25 de Octubre de 1846 estalló en Campeche un pronuncia- 
miento. A petición del pueblo, el ayuntamiento adoptó los siguientes 
.artículos: "I.° Reposición de los capitulares depuestos. — 2? Restableci- 
miento de la constitución de 1841.— 3? Establecimiento de una junta 
gubernativa compuesta de siete individuos.— 4? Reducción de la con- 
tribución personal á un real mensual.'* En el acto fué nombrada la jun- 
ta por el ayuntamiento, recayendo la elección en el Pbro. Lie. D. An- 



-73- 

dres Ibarra de León, Lio. D. Policarpio María Sales, Lio. D. José Rai- 
mundo Nicolin, D. José del Carmen Bello, D. Joaquín Ruiz de León, 
D. José Nazario Donde, y Pbro. D. José María Celarain. Todos acep- 
taron menos el ultimo, siendo nombrado en su lugar el Pbro. preben- 
dado D. Vicente Méndez. Al día siguiente las autoridades de Cam- 
peche se adhirieron al pronunciamiento. 

El distrito entero secundó esta acta; pero como, según parece, solo 
estaba por ella la parte exaltada del partido de Méndez, y como su jefe 
no tom5 una parte ostensible en su favor; al mes, esto es, el 26 de No- 
viembre del mismo año, sin que hubiese mediado acción alguna de guer- 
ra, la junta gubernativa, obtenidas algunas concesiones, desistid del pro- 
nunciamiento y reconoció nuevamente al gobierno de Barbachano. Pa- 
ra dar este paso, fué preciso que antes derogase la Ley orgánica el mis- 
mo congreso que la dio, y que inmediatamente fuese decretada una 
amnistía en 28 de Noviembre K 

Con esto en realidad no se habia resuelto la cuestión. D. Justo Sier- 
ra, que estaba en Mérida, se puso en camino para Campeche; de Tekax 
vino D. José Domingq Sosa, partidario acérrimo de Méndez, y de otras 
partes vinieron otros comisionados. Sierra y Sosa, que hablan palpa- 
do el efecto del pronunciamiento de Campeche en la capital del Estado 
y en la ciudad mas importante de la Sierra, dieron sin duda tales in- 
formes, que el 8 de Diciembre estalló de nuevo el pronunciamiento ba- 
jo otra forma, aunque siempre con la tendencia mas ó menos oculta de 
derrocar á D. Miguel Barbachano y su partido. 

Los principales artículos de este segundo plan, eran: 1.° ^ Aplaza- 
miento de la reincorporación, de Yucatán á la República mexicana. — 
..2.* Restablecimiento de la constitución de 1841, --3.° Nombramien- 
to de un consejo de cinco individuos que en unión del gobernador 
rigiese al pais.— 4** Designación, para consejeros propietarios, de D. 
Sebastian López de Llergo, D. Crescendo J. Pinelo, D. Benito Aznar, 
D. Manuel Arcadio Quijano y D. Juan Evangelista Echánove (todos 
residentes en Mérida), y con excepción del primero, todos indiferentes 
á los partidos ó contrarios al de Barbachano; y para suplentes D. Jus- 
to Sierra, D. Gerónimo López de Llergo, D. Pedro Ramos, D. Panta- 
león Barrera y D. José Raimundo Nicolin (todos residentes en Cam- 
peche y partidarios decididos de Méndez). 5.** Desconocimiento del 
gobernador D. Miguel Barbachano si en el término de quince dias no 
reconocia este plan. - 6.^ Nombramiento de gobernador provisional 



1 Boonmeatos jnstiflcativos nüm. 5. 

10 



-74- 

en D. Domingo Barret, jefe político de Campeche. Y en fin, otros ar- 
tículos que contenían la reduccion>á un real de la contribución perso- 
nal y la exención del pago de ella á las tropas permanentes y cívicas. 
En este plan desde el primero de sus considerandos iba imbíbita la 
neutralidad de Yucatán en la guerra de México con los Estados-Uni- 
dos del Norte. 

El mismo dia del pronunciamiento se movieron las fuerzas de Cam- 
peche, y á marchas forzadas se situaron en el pueblo de Maxcanü, lla- 
ve á un tiempo de Campeche, Mérida y Tekax. Ocho ó diez dias des- 
pués salió de Campeche el gobernador provisional D. Domingo Barret, 
con su consejo compuesto de los consejeros suplentes, con sus oficinas y 
con D. Santiago Méndez, que aunque no tenia empleo alguno, era sin 
embargo el alma de aquel gobierno y el director de la guerra. D. José 
Cadenas también habia salido para ponerse al frente de las tropas. 

Este gobierno con todo el personal referido se situó en Maxcanú, y 
allí, entre otras medidas, dio un decreto en 24 de Diciembre del mismo 
año, desconociendo al gobernador D. Miguel Barbachano. Este desde 
el dia 10 habia contestado al pronunciamiento de Campeche con una 
proclama enérgica, y no habia aceptado el cebo que se le ponia, dejándo- 
le de gobernador á trueque de romper con su partido. ^ 

Pronto empezó la guerra civil. Fuerzas de Campeche al mando de 
D. Laureano Baqueiro, ocuparon á Ticul, fueron atacadas el 19 por fuer- 
zas de Mérida al mando de Revilla, y salió éste derrotado, dejajido 
prisioneros mas de 1 15 hombres y perdiendo mucho armamento. El 
29 de Diciembre las mismas fuerzas de Baqueiro tomaron la ciudad de 
Tekax, después de una acción reñida. Las fuerzas de Tihosuco pron 
nunciadas por Campeche y al mando de D. Antonio Trujeque, tomaron 
á Peto el dia 30 del mismo Diciembre después de otros combates; y por 
ultimo, el dia 15 de Enero de 1847, las fuerzas de Vázquez, compues- 
tas do los indios que habia levantado en la comarca de Yalladolid, uni- 
das á las de Trujeque, entraron en esta ciudad y cometieron tales actos 
de venganza y de barbarie y tales crímenes, que los hombres impar- 
ciales no pudieron menos de horrorizarse y ver en ellos el preludio de 
la guerra de castas, que soplada luego por el aliento envenenado de 
los partidos, asoló á Yucatán.^ 

Después de este terrible acontecimiento, del cual los partidarios de 
Barbachano quisieron sacar gran provecho, y que los partidarios de Mea- 



1 Doonmentos JiutifioatiYOi, núm. 6. 
8 ídem idom, núm. 7. 



-75- 

dez calificaron de consecuencias naturales de la gueira; las tropas de 
Mérida acantonadas en el paeblo de üman al mando de D. Martin 
Francisco Peraza, se retiraron á la capital donde se atrincheraron, 
mientras que las de Campeche se aproximaron, sitiéndola. El gobier- 
no provisional con todo su séquito se trasladó á Tixcacal, hacienda dis- 
tante una legua de Mérida; y el 22 de Enero se celebró una capitulación 
entre las fuerzas de Mérida y Campeche, ocupando éstas al dia siguien- 
te la capital del Estado/ Así terminó & los 45 dias el primer episodio 
de esta nueva serie de luchas entre Mérida y Campeche. 

Tomada la capital, el gobierno provisional no se consideró seguro 
en ella, y el 26 de Enero acordó trasladarse á Campeche, como en efec* 
to se trasladó. El 20 de Febrero estalló en Mérida un pronunciamien- 
to, proclamando el restablecimiento del gobierno de D. Miguel Barba- 
chano. Como éste habia salido del Estado para la Habana, fué nom- 
brado mientras venia, gobernador y jefe militar el general D. Sebastian 
López de Llergo, que se hizo cargo del gobierno, y marchó inmediata- 
mente á ocupar & Maxcanü con fuerzas de Mérida. No teniendo mu- 
cho eco este pronunciamiento y habiendo las fuerzas de Campeche ocu- 
pado á Sisal, el mismo Llergo regresó á Mérida é hizo desistir á los 
pronunciados, que se acogieron el 13 de Marzo á la amnistía que pu- 
blicó el gobierno de Campeche. 

Convocó éste una asamblea numerosa compuesta de representantes 
de todos los distritos y partidos del Estado, que se reunió en Ticul el 
24 de Mayo para ocuparse de la reorganización de Yucatán. Esta 
asamblea expidió una convocatoria á elecciones, dictó varias medidas 
y terminó sus sesiones el 16 de Junio. 

En el mes de Julio D. José Dolores Zetina se pronunció en Tizimin 
contra el gobierno, reviviendo el plan de 28 de Febrero, y agregando 
la neutralidad en la guerra de México con los Estados-Unidos. Des- 
pués de varios movimientos, fué atacado y derrotado en Sucilá por fuer- 
zas de Campeche al mando de D. Manuel Oliver. 

Como era natural, ganó las elecciones el partido triunfante. D. San- 
tiago Méndez salió electo gobernador propietario, y suplente D. Manuel 
Sales Baraona, según declaración del congreso reunido el dia 1.^ de 
Setiembre de 1847 en Mérida. El mismo dia, este congreso como por 
vía de transacción, nombró de consejeros propietarios á D. Miguel Bar- 
bachano y D. Crescencio J. Pinelo, y suplentes á D. Juan Evangelista 
Echánove, Pbro. D. Andrés Ibarra de León y Dr. D. Justo Sierra. 



1 Dooomentos jnstifloatíyos, núm. 8. 



— 76 — 

Méndez y Barbachano renunciaron; el congreso no les admitid la renun- 
cia, pero tampoco tomaron ellos posesión de sus cargos. 

Entre tanto, D. José Dolores Zetina, escapado de la derrota de Su- 
cilá, se metió furtivamente en Mérida, y el 6 de Octubre se pronunció 
nuevamente, desconociendo al congreso, al gobernador suplente Salea 
Baraona que el dia 3 habia entrado á fungir por hallarse ausente en 
Campeche D. Santiago Méndez, y volviendo al pronunciamiento de Fe- 
brero y Julio. Al dia siguiente 7 se vario este plan y se redujo á pe- 
dir la convocación de un congreso extraordinario y la formación de un 
poder ejecutivo compuesto de D. Santiago Méndez, D. Manuel Sales 
Baraona y D. Miguel Barbachano, y por suplentes D. José María Me- 
neses, D. Manuel Arcadio Quijano y D. Nazario Donde. 

Al saberse este pronunciamiento en Campeche, el ayuntamiento y 
las autoridades acordaron llamar á D. Santiago Méndez á que se hicie- 
se cargo del gobierno, y el dia 11 de Octubre juró y empezó á ejercer 
f?U3 funciones, nombrando secretario de gobierno al Lie. D. José Rai- 
mundo Nicolin, y de guerra al primer ayudante D. Miguel Duque de 
Efc»trada. Uno de los primeros actos de este gobierno fué llamar á las 
cámaras legislativas y al consejo á que se reuniesen en Campeche; pe- 
ro esto no pudo realizarse. 

De las tropas de Campeche una sección marchó á Maxcanü, otra se 
embarcó para Sisal y otra para Tizimin. En Mérida se organizó al fin 
un poder ejecutivo compuesto de D. Miguel Barbacíhano, D. Manuel 
•Arcadio Quijano y D. Isidro Rejón, que se instaló el dia 11 y dicto 
varias medidas: el pronunciamiento fué secundado por varios lugares 
del interior; pero al fin se celebró un convenio de amnistía para los 
pronunciados entre el gobierno de Campeche y el ejecutivo de Mérida, 
cesando éste en sus funciones el 27 de Octubre después de ratificarlo. 

D. José Dolores Zetina no se sometió á este convenio, y con las fuer- 
zas pronunciadas se dirigió á Izamal, donde estableció una nueva junta 
gubernativa. Como las fuerzas de Campeche al mando de D. José Be- 
llo lo perseguían de cerca, tuvo que salir de allí é ir á atacar á Valla- 
dolid, guarnecida taml)ien por alguna fuerza de Campeche. El 27 de 
Noviembre se presentó ante la plaza, la embestió y después de un san- 
griento combate, quedó completamente derrotado, retirándose en dis- 
persión. 

Mientras sucedía todo esto, la guerra de castas tomaba un incremen- 
to cada vez mas amenazante. Ya desde principios de Agosto en varios 
pueblos de los partidos de Peto, Vallado lid y Yaxcabá, las poblaciones 
indígenas seliabian sublevado, asesinando á todos los de la rasa blanca 



8Ín excepción alguna. Ciegos hasta el exceso los partidarios políticos de 
Méndez y Barbachano, los de éste hacian creer que aquellas subleva- 
ciones eran un movimiento político, y los de aquel continuaban apo* 
derados del mando sin quererlo dejar. De este modo el incendio, ati- 
lado bárbaramente por algunos malvados, se fué extendiendo, y entre- 
gados á la guerra civil y las cuestiones políticas, ambos partidos fueron 
culpables en el cataclismo social que sobrevino. 

No es esto decir que este mal no tuviese un origen antiguo, y que 
tarde 6 temprano, sin una política sabia y enérgica, dejase de estallar. 
Desde que en 1834 fueron levantados los indígenas de la comarca de 
Valladolid para ganar unas elecciones; desde que en 1840 Imán los su- 
blevo nuevamente, los armó, les dio participio en la guerra civil y en- 
traron triunfantes en la ciudad de Campeche; desde que cometieron en 
Valladolid impunemente los bárbaros asesinatos de 15 de Enero de 
1847; desde que reiteradas veces se les fué rebajándolas contribucio- 
nes que pagaban, no por aliviarles la carga^ sino como premio á sus 
servicios en las contiendas civiles; desde entonces era fácil de preveer 
y así lo previeron muchos yucatecos pensadores, que la sublevación 
indígena, siguiendo con semejante política, era solo cuestión de tiem- 
po. Los partidos de Barbachano y de Méndez no hicieron mas que 
precipitarla. 

Una tras otra fueron cayendo en poder de los indios sublevados 
las poblaciones mas importantes de Yucatán. Todo el distrito de Valla- 
dolid y gran parte del de Tekax eran ya suyos, y estaban á las puertas 
de la ciudad misma de este nombre. En medio de este voraz incendio 
todavía ios partidos de Méndez y Barbachano seguían divididos y ha- 
ciéndose la guerra, hasta que por último el 27 de Marzo resignó D. 
Santiago Méndez el gobierno en D. Miguel Barbachano, nombrado 
por él gobernador el dia 25: el dia 36 ya Barbachano estaba en el ejer- 
cicio de sus funciones. 

Las esperanzas que habia de un arreglo con Pat, uno de los caadi* 
líos indígenas, salieron fallidas, Tekax cayo en su poder y sucesiva- 
mente fueron cayendo todas las demás poblaciones, hasta que á prin- 
cipios de Mayo aquel torrente devastador que habia llegado á siete le- 
guas de Mérida y S dos de Campeche, se detuvo en su curso. Enton- 
ces despertó la raza blanca, sacudió el terror pánico que de ella se ha- 
bia apoderado, y volviendo sobre sus pasos reconquistó palmo á palmp 
entre arroyos de sangre el territorio perdido. Los partidarios de Bar- 
bachano tomaron con calor la campaña; las fuerzas de Campeche que 
casi solas hablan resistido el primer empuje de la sublevación; que en 



— 78- 
Ichmul, Valladolid, Peto, Tekax, Izamal y otros muchos lugares les 
disputaron á los indios la victoria, hasta que la necesidad las hizo su- 
cumbir, ayudaron también á la restauración. En el distrito de Cam- 
peche donde los indios se hablan apoderado del importante partido de 
los Chenes, las fuerzas solas del distrito reconquistaron lo perdido. 

No nos detendremos en referir aquí la historia, aunque suscinta, de 
esta memorable lucha. Necesita un libro especial para ser contada. 
Baste decir que á mediados de 1848, merced á los extraordinarios es- 
fuerzos que hizo el pais entero, Yucatán se habia salvado. 

En 17 de Agosto de 1848, D. Miguel Barbachano di6 un decreto 
reincorporando la península al resto de la Repüblica. Este decreto 
por los términos generales en que estaba ó por otros motivos, no agra- 
do á los partidarios de Méndez; quisieron hacer alguna manifestación 
en contra, por medio del ayuntamiento de Campeche, pero fué inútil, 
porque la opinión pública estaba muy pronunciada. 

Aunque D. Miguel Barbachano pudo seguir gobernando con faculta- 
des omnímodas hasta que terminase enteramente la guerra de castas, 
no quiso hacerlo. Convocó al pueblo yucateco en Setiembre de 18.48 
8 elecciones de los altos funcionariod del Estados: hubo necesidad de 
suspender esta convocatoria, porque el estado del pais aun no permi- 
tía la realización de las elecciones; pero se repitió en Mayo de 1849, y 
el 20 de Agosto se instaló el congrero constituyente. Al dia siguien- 
te declaró electo gobernador á D. Miguel Barbachano y vice-gobema- 
dor á D. José Maria Donde, vecino de Campeche. 

Los partidarios de Méndez reprobaron esta elección. Este partido, 
aunque derrotado por haber tenido que poner el gobierno en manos de 
su rival, no se daba por vencido. Seguia dominando sin contradicción 
en Campeche. D. Justo Sierra, de vuelta de su misión á los Estados- 
Unidos del Norte, á donde, según se dijo, habia ido, después que triun- 
fó el movimiento de 8 de Diciembre, á solicitar la intervención de los 
Estados-Unidos en nuestras cosas ó la incorporación de Yucatán á 
aquella República, fundó en Campeche el dia 1.^ de Noviembre de 
1848 un periódico titulado El Fénix. Este periódico, sin duda algu- 
na muy bien escrito, defendia el partido de Méndez, al cual pertenecía 
Sierra. Ademas del Fénix^ en Julio de 1849 fundó otro periódico ba- 
jo el nombre de La Censura^ D. José Raimundo Nicolin, también del 
mismo partido. Estos dos periódicos le hacian una guerra incesante al 
partido Barbachano, el primero con cierta templanza, y el segundo de 
una manera encarnizada y violenta. 

Cuando llegó la época de hacerse aquellas elecciones, decia D. Justo 



~ 79 - 

Sierra ^: ''Así puea, al hablar 6 nuestros compatriotas en el asunto de 
elecciones^ nos guardaríamos muchísimo de aconsejarles hiciesen recaer 
su voto para gobernador en ios Sres. D. Miguel Barbachano, D. San* 
tiago Méndez, D. Crescencio J Pinelo, D. Manuel Sales, D. Pedro Es- 
cudero de la Rocha,^ ó en cualquiera de los otros ciudadanos que por su 
posicioui circunstancias y antiguos precedentes podian ser designados pa- 
ra semejante candidatura* No; muy recomendables, dignos de consi* 
deracion y respeto son ciertamente todos ellos; pero es bien seguro, y 
no hay que olvidar esto, que en el estado actual de personalismo, cual* 
quiera de esos nombres, aunque sea & pesar del que lo lleva, ha de ve- 
nir necesaria é inevitablemente á ser la enseña de una fiíccion, enemi« 
ga encarnizada, inquebrantable, acérrima é intolerante de todas las de- 
mas. Cualquiera de ellas que llegase á triunfar y pusiese en el gobier- 
no a cualquiera de sus respectivos candidatos, solo seria parra la com- 
pleta ruina y destrucción del pais que harto trabajado se encuentra, 
por consecuencia de los embates impolíticos y sangrientos de las diver- 
sas facciones que lo han agitado. Meditemos muy bien sobre esto. El 
triunfo, V. g., de D. Miguel Barbachano, que lo citamos nominalmente 
por ser sin duda quien ha de obtenerlo en la próxima elección, va muy 
luego, luego, á ser una fuente funestísima de discordias*" 

Y en otro número del mismo periódico, hablando del mismo asunto, 
dice Sierra: "Desde el principio hemos estado en la firme persuacion 
de que no h^brá mas medio de salud para nuestro desventurado pais, 
que la unión, la unión sincera de todos los yucatecos. A ella hemos 
aspirado, ha sido el tema de varios artículos nuestros, y no hemos cesa- . 
do de inculcarla; pero jamas hemos créido que esa unión consistiese, 
ni pudiese consistir, en que una fracción de la comunidad \el partido 
Mendez'\ soporte con resignación los ultrajes é injusticias de otra [el 
partido JSarbachano']. Esto acaso seria lo mejor y mas expedito para 
evitar la entera ruina de la patria; pero ni eso es la unión, ni es po- 
sible que hombres que tienen algunos sentimientos de honor y de ver- 
güenza puedan aceptar, sin quejarse, un tal estado de cosas." 

La Censura por su lado no perdia ocasión de atacar al partido de Bar- 
bachano y á su jefe. En continua reyerta, lo mismo que El Fénix^ con 
el Boletín Oficial^ periódico del gobierno, que se publicaba en Mérida y 
redactaba D. Manuel Barbachano (hermano del gobernador), no cesaba 
de hacer la guerra. He aquí, como una muestra, los términos en que 

se espresaba su redactor D. José Raimundo Nicolin en el núm. 59 de 

-i 

1 Sa, Fkúx^ núm. 43 de L<=> de Junio de 1849, 



;^ 80 - 

15 de Febrero de 1850, aludiendo á haber dicho éb Boletín Ofiácd que 
en Yucatán no habia mas partido que el de Barbachano: 

"Bas tárale saber que el E. Sr. D. M. B. (D. Miguel Barchano) es el 
corifeo de un partido; del partido que en 841 proclamó con calor y en- 
tusiasmo la independencia absoluta de Yucatán de la República meji* 
cana; de ese partido que en Enero de 1846 depuso por medio de una 
asonada al Sr. D. Tiburcio López, gobernador del Estado con aproba- 
ción del Supremo Gobierno; de ese mismo partido que hizo liga con el 
general Santa-Anna, cuando éste se hallaba proscripto en la Habana, 
esponiendo entonces al Estado á mil desastres sin necesidad alguna^ 
Bastárale saber que cuando ese partido quiso gobernar al pais á su an- 
tojo y capricho, la inmensa mayoría de los yucatecos lo derribó del po- 
der: que después volvió á apoderarse del mando, porque él partido do- 
minante lo resignó en él, con el objeto de que se contuviese la subleva- 
ción de los indios y evitar así la total ruina del pais. . . . Pero la prue- 
ba toral de que existe mas de un partido en Yucatán, la tenemos en 
las elecciones que se verificaron el año próximo pasado para constituir 
los poderes del Estado y nombrar representantes para el congreso ge- 
neral. Preguntamos ¿fué unánime entonces la elección del Sr. Barba- 
chano para gobernador? Obtuvo la mayoría ciertamente para ese en- 
cargo; pero todos saben cómo se logra ésta cuando el candidato está en 

el poder En cuanto á lo que dice de la división de territorio \ 

nos remitimos en un todo á lo que le contestamos cuando por la primera 
vez desbarró sobre este particular. Si hay ó no partidarios por la indi- 
cada división, el tiempo lo dirá; aunque, sea dicho da paso, no preten- 
demos formar un partido, sino convencer á todos de la necesidad y con- 
veniencia deesa medida.'' 

Se vé, pues, por esto que ni la guerra de castas habia extinguido los 
odios de partido. Todavía los hombres de uno y otro bando estaban 
dispuestos á luchar, y aquello no era mas que una tregua. El partido 
de Méndez encontró pronto un aliado poderoso. Habia sido nombrado 
comisario general D. Joaquin Castellanos, quien distribuía las rentas 
federales, consagradas todas áJas atenciones de la campaña contra los 
indios bárbaros. Teniéndooste medio tan poderoso en sus manos, 
adquirió pronto mucho ascendiente sobre los jefes y oficiales de los 
cantones militares y tuvo algunas desavenencias con el gobernador. 
Desde el momento en que los partidarios de Méndez notaron esto, se 
unieron á él para hacerle juntos la guerra á Barbachano. 

1 Se refiere el Sr. Nícolin & los artículos sobre este asunto que estaba publicaudo en el mimo 
periódico La Censura y que hemos reimpreso en esta capital en un cuaderno suelto. 



— 81 — 

Las elecciones para diputados al congreso nacional, verificadas en Yu- 
catán en 1849, fueron declaradas nulas: en Marzo de 1850 se convoco á 
nuevas elecciones. En aquellas el partido de Barbachano casi no tuvo 
rival; en éstas sucedió lo contrario. Los electores que vinieron de loa 
lugares en que habia cantones militares, que entonces eran muchos, 
fueron todos oficiales, y unidos éstos á los del partido de Méndez y di- 
rigidos por Castellanos, formaron una fuerte oposición. 

Llegó el dia de hacerse la elección, se reunió el colegio electoral, y 
apenas hecha la votación para formar la mesa, se separaron del colegio 
los del partido de Castellanos diciendo que los de Barbachano habian 
introducido cuatro falsos electores. Yucatán debia dar 12 diputados 
propietarios y 12 suplentes; pues dividido así el colegio por mitad^ los 
de Barbachano hicieron su elección y los de Castellanos y Méndez la 
suya, y resultaron electos 48 diputados en vez de 24. El congreso na- 
cional reprobó ambas elecciones, y por segunda vez se quedó Yucatán 
sin representantes. Así esponian estos hombres la suerte del Estado 
por su tenacidad en los odios de partido. 

Relevado el general Micheltorena, que fué -el primer comandante 
general que vino después de la reincorporaíTion de Yucatán á México, 
por el general D. Rómulo Diaz de la Vega, adquirió mas fuerza aquel 
partido. Micheltorena habia pasado por Yucatán sin que nadie lo sin- 
tiese: no hizo derramar una lágrima; pero tampoco dejó ningún recuer- 
do grato al pais. A Vega le tocó otra suerte: trajo un estado ma- 
yor numeroso, con jefes y oficíales de pretensiones. Sin contar con 
las fuerzas de guardia nacional del Estado que por estar en campaña 
eran mandadas por él, tenia el batallón permanente nüm. 7, perfecta- 
mente organizado. Con estos elementos y unido al partido de Caste- 
llanos y Méndez, el contrapeso para el partido de Barbachano fué mas 
poderoso. 

Sin embargo, aunque Vega y Barbachano tuvieron sus desavenencias 
hasta el grado de que el primero fuese' á situar á Peto su cuartel gene- 
ral, huyendo de las intrigas de Mérida y para poder atender mas de 
cerca la campaña, las cosas no tomaron un carácter serio. Llegaron las 
elecciones de 1851 para el congreso nacional, y procedió en ellas de 
acuerdo el partido de Barbachano con Vega y los de Méndez: cada uno 
tuvo sus diputados. Los de Barbachano sacaron electos a D. Joaquín 
García Rejón, D. Manuel Pina y Cuevas, D. Crescencio Boves, D. Vi- 
cente Calero y D. Pedro Celestino Pérez; Vega sacó a D. Santiago 
Blanco y D. José María Castañares, los de Méndez á D. Justo Sierra 
y D. Andrés Ibarra de León; y D. Martin Francisco Peraza y D. 

11 



~ 82- 

Alonso Aznar Pérez fueron nombrados por dos minorías. Estos eran 
los diputados propietarios; en los suplentes se observó lo mismo. 

En 1852 se hicieron elecciones para los poderes del Estado y resulto 
reelecto gobernador D. Miguel Barbachano, siendo nombrado vice-go- 
bernador D. Crescencio José Pinelo: el nuevo congreso era también en 
su mayor parte del partido de Barbachano. 

Parecia que Yucatán iba entrando poco á poco en un orden regular. 
En 1850 se habia dado su constitución y leyes orgánicas, y la máquina 
gubernamental funcionaba con cierto desembarazo. Sin embargo, pron- 
to los sucesos de la República virderon á trastornar este orden y á re- 
novar la lucha de los partidos, encendiendo nuevamente la guerra civil. 

Todos saben como en diversos Estados empezaron diversos movi- 
mientos políticos contra las autoridades locales: todos saben como la de- 
bilidad del gobierno del general Arista dejó tomar incremento á estas 
chispas revolucionarias: todos saben cómo los pueblos seducidos por la 
promesa de mejorar el sistema federal, que entonces regia, y la situa- 
ción precaria en que se encontraban, fueron tomando parte en la revo- 
lución: todos saben cómo la mas infame de las intrigas convirtió en 
santanista el movimiento federalista; y cómo por ultimo, cayó la re- 
volución en manos del partido conservador. 

En Yucatán, el congreso y el gobierno, viendo que los sucesos se ge- 
neralizaban en la nación, también reconocieron el plan de Guadalajara 
en los primeros meses de 1853; pero el partido de Vega unido al de 
Méndez no se podia dar por satisfecho con esto: aquella oportunidad 
era excelente para poner fuera de combate al partido de Barbachano* 
En Mérida hubo un motin pidiendo la destitución del gobernador, y 
que Vega se hiciese cargo del mando político: Vega rehusó, porque con-r 
venia que no apareciente que la fuerza armada decidia la cuestión; y pa* 
ra mejor salvar las apariencias, hubo después una junta de notables 
que resolvió la separación de Barbachano y que el vice-gobernador en- 
trase en su lugar. La guarnición se adhirió á este pronunciamiento^ 
Vega lo aceptó, Barbachano resignó el mando, el congreso protestó y 
se disolvió, y los de Vega y de Méndez quedaron dueños de la situación. 

Nombrado después el general Vega por el gobierno de Santa- Anna 
gobernador y comandante general de Yucatán, el nuevo partido se 
afianzó mas. Los restos de los antiguos centralistas y los nuevos con- 
servadores se unieron á Vega para fortalecerlo. Los partidarios de 
Méndez que aspiraban á no perder su dominación en Campeche y á 
acabar con el partido de Barbachano, estrecharon también su unión á 
Vega. De Campeche fueron espulgados D. Mateo Dorantes y otros ba- 



— ga- 
jo el protesto de ser perjudiciales á la tranquilidad publica, aunque 
realmente era por partidarios de Barbachano y por otros motivos pri- 
vados; y de Mérida, & pretesto también de una conspiración descubier- 
ta ó porque realmente la habia, fueron remitidos á Veracruz D. Miguel 
Barbachano, D. José Dolores y D. Pedro Zetina, D. José María Del- 
gado, y otros partidarios notables del primero. 

A pesar de esto, el partido de Barbachano era fuerte; y en Setiem- 
bre del mismo año de 1853, D. Manuel Cepeda Peraza y D. Sebastian 
Molas se pronunciaron en Valladolid por el restablecimiento del siste- 
ma federal. D. Manuel Cepeda al frente de las fuerzas del cantón de 
Valladolid, unidas á otras que recogió en el tránsito, se dirigid á mar- 
chas forzadas sobre Mérida, £1 dia 2T de dicho mes, cuando Vega 
creia que estaban lejos aquellas fuerzas, supo que se aproximaban á la 
ciudad. Se hizo fuerte en la, plaza donde resistió el primer ataque, cor- 
riendo el riesgo de caer prisionero. D. Sebastian López de Llergo se en- 
cargo de dirigir las operaciones, y como las fuerzas de Vega contaban 
con un batallón de línea y con artillería, de que estaban privados los 
de Cepeda, fueron estos rechazados de la plaza; mas no de la ciudad. 
Las fuerzas de Vega conservaron la plaza de armas, las alturas que la 
rodean, la ciudadela y las tres calles que la ligan con la plaza: las de 
Cepeda quedaron dueñas de toda la ciudad, sitiando á sus contrarios. 
Diariamente habia combates sangrientos en las calles, de casa á casa, 
de azotea á azotea; y sin duda hubiera triunfado Cepeda y se hubiera 
restablecido en Yucatán el sistema federal si el partido de Méndez no 
hubiese ejiviado á Mérida fuerzas de Campeche en auxilio de los si- 
tiados. 

Cepeda invitó á los partidarios de Méndez á ayudarle en su empresa: 
ellos se reunieron secretamente en Campeche para tratar del asunto; 
mas como calculasen que al triunfo de Cepeda se seguirla la vuelta al 
poder del partido de Barbachano, resolvieron no aceptar la Invitación. 
D. José Cadenas, comandante militar de la plaza, se arrogó facultades 
omnímodas, restableció el periódico oficial (que desde principios de año 
habia suprimido Vega) encarg&ndose de su redacción el Lie. D. José 
Raimundo Nícolin. Este periódico con el título de El Orden empren- 
dió la acalorada defensa de Vega y su gobierno. 

Las faerzas de Campeche se dirígieroq sobre Mérida y unidas á las 
del Sur que mandaba el ooronel D. José Eulogio Rosado, cogieron de 
sorpresa ¿ las tropas de Cepeda, que desmoralizadas ya por varios 
excesos que hablan cometido, saqueando las casas de los partidarios de 
^^a^ y abatidas por la epidemia del cólera qne diezmaba sus filas, se 



— 84 — 

dispersaron y huyeron hacia Valladolid. Cepeda se escapó gracias á 
la ligereza de su caballo; pero cayeron prisioneros el mayor general 
Ontiveros y dos oficiales que fueron fusilados. 

Ocho dias duró el sitio: las familias habian quedado incomunicadas 
en sus casas, y merced á esto, el cólera no penetró en ellas. Apenas 
concluida la guerra, todos con la alegria natural de verse libres, circula- 
ron por la ciudad, y á los tres dias el cólera se habia desarrollado de 
una manera espantosa por todas partes. En un mes hizo muy gran- 
des estragos y cesó. 

El partido que habia triunfcido, puso á precio las cabezas de Cepeda 
y de Molas. El primero pudo alcanzar la costa y embarcarse para los 
Estados-Unidos; el segundo, que ni en Mérida habia estado, fué cogi- 
do, llevado á la capital, y allí, sin consideración á sus distinguidos ser- 
vicios en la guerra de castas, á su valor y honradez, ni á su juventud, 
fué sacrificado á los odios de partido. ¡Era la primera vez que en Yu- 
catán se levantaban cadalsos para los reos políticos! Mas tarde, á fines 
de 1858, D. Liborio Irigoyen, siendo gobernador de Yucatán, mandó 
desenterrar sus cenizas, se les hicieron suntuosas honras fúnebres y con 
gran pompa fueron depositadas en la casa de ayuntamiento de la mis- 
ma capital. 

El gobierno de Santa-Anna premió el triunfo de Vega con ascensos 
á los principales jefes. Hizo generales á D. José Cadenas, D. Sebas- 
tian López de Llergo y D. Martin Francisco Peraza; y poco después 
nombró al primero segundo cabo de la comandancia general, por lo cual 
pasó á Mérida, viniendo de comandante militar á Campeche el gene- 
ral D. Eugenio UUoa. 

Cuando el partido conservador empezaba á declinar á principios de 
1855, fué llamado el general Vega á México, reemplazándole como go- 
bernador y comandante general del Departamento el general D. Pedro 
Ampudia. Las mismas personas que rodeaban á Vega, siguieron ro- 
deando á Ampudia, y el partido de Méndez continuó ligado á este co- 
mo lo habia estado á aquel. 

Como las ideas de Ampudia sin duda no eran las mismas que las de 
Vega, no bien se supo en Mérida la fuga de Santa-Anna, empezaron á 
moverse en la capital los del partido caido y Ampudia empezó á admi- 
tirlos en sus consejos. El dia 6 de Septiembre dio un decreto resta- 
bleciendo el tribunal superior y los juzgados de primera instancia, co- 
mo estaban en 1852, ocupando estos puestos los que habian caido con 
Barbachano. 

La noticia de todo esto alarmó á los partidarios de Méndez, y te- 



— 86 — 

miendo con may justa razón que Barbachano y su partido, por una con- 
secuencia lógica volviesen á mandar en Yucatán, pensaron muy seria- 
mente en la división territorial^ como único medio de salvación. Secre- 
tamente trabajaron en esle sentido, é invitaron al general Ulloa para 
que al pronunciarse por el plan de Ayutla, proclamase la división ter- 
ritorial y la separación de Campeche y su distrito, del resto de Yuca- 
tan, ülloa no consintió en esto. 

El dia 6 de Setiembre se pronunció Ampudia en Marida por el plan 
de Ayutla, y el mismo dia lo hizo la guarnición de Campeche. En 
Mérida los partidarios de Vega tuvieron que huir de la ciudad y re- 
fugiarle en Campeche, temiendo las represalias del partido triunfante: 
en esta ciudad nada cambió^ pues el partido de Méndez siguió dueño 
de la situación como lo habia sido antes de Vega, en tiempo de Vega y 
desde el año de 1840. 

Los partidarios de I^. Miguel Barbachano trabajaron^ cerca del gene- 
ral Alvarez y lograron que fuese nombrado gobernador de Yucatán; pe- 
ro después sus contrarios se empeñaron con Comonfort, quien deshizo 
aquel nombramiento, sustituyéndolo en D. Santiago Méndez. Este no 
quiso encargarse del gobierno si al mismo tiempo no se le nombraba 
comandante general; sus partidarios en Campeche le dirigieron una 
representación para que desde luego se hiciera cargo de él. Esta re- 
presentación no solo fué firmada por ellos, sino también por muchos 
indiferentes, creyendo que la triste esperiencia de los acontecimientos 
de 1846 á 1848 y los sucesos posteriores, sirvirian de dura lección a 
este partido y á su jefe para seguir una marcha distinta de la que en- 
tonces hablan seguido. 

Habiendo obtenido D. Santiago Méndez el nombramiento de coman- 
dante general unido al de gobernador, se dirigió á Mérida, donde en 
Diciembre de 1855 recibió de manos de D. Pedro Ampudia ambos 
cargos. 



VIL 

Gobierno de D. Santiago Méndez, elecciones, rompimiento entre Mérida 
y Campeclie (1856-1857). 



Situación de Yucatán al encargarse ü. Santiago Méndez del gobierno. — Parte de la juventud 
de Mérida había abrazado el partido de Vega. — La juventud de Campeche no abandonó sus prin- 
cipios liberales: escuela de filosofía, escuela de derecho, que contribuyeron á esto.— Varios jóve- 
nes pubhcan de 1848 ú. 1853 en Campeche periódicos que combaten á los partidos de Méndez y 
Barbachano. — Excesivos gastos militares. — Cantones militares: fomentan la guerra de castas en 
lugar de acabarla, graves males nacidos de aquí. — Estado del país en sus diversos ramos de pro- 
ducción. — Mérida progresó con la guerra de castas, Campeche decayó. — Se aumentan las con- 
tribuciones, reclutamiento para la guardia nacional, otros motivos de disgusto, ceguedad del go- 
bierno en no hacer caso de ellos. — Decadencia del partido de Méndez, se corrompe, se gasta. — 
Primer acto de oposición pública que hacen muchos ciudadanos á ese paitido. — Nace ^in nuevo 
partido en Campeche formado de la juventud, establece una imprenta nueva, funda un periódico 
titulado El Espíritu Público. — Elecciones: el nuevo partido de Campeche acepta á D. Liborio 
Irigoyen para candidato al gobierno, á propuesta de la juventud de Mérida. — Los jóvenes de 
Mérida abandonan á su candidato, los de Campeche lo sostienen. — Organización definitiva de los 
partidos en la lucha electoral, diversos candidatos. — Únese el gobierno al antiguo partido de Ve- 
ga para la elección y escogen de candidato á D. Pantaleon Barrera. — Intervienen les cantones mili- 
tares y la fuerza armada en favor de la elección de Barrera — Abusos de todo género cometidos en 
los actos electorales y en el escrutinio, retírase de la legislatura el diputado de Campeche. — Ea 
Campeche y Mérida, á pesar de la oposición del gobierno, triunfan los que sostenían á Irigoyen, 
— El partido triunfante por la fuerza, intenta subyugar á Campeche y humillarlo; desoye sus que- 
jas, y no contento con hacer gobernador á Barrera, partidario antiguo de Méndez, nombra á éste 
vice-gobemador. — D. Santiago Méndez va á Campeche. — En la noche del 6 de Agosto est^a 
un movimiento revolucionario en la ciudad. — Al principio tiene un carácter local, después se ha- 
ce generaL — Capitula el general UUoa, triunfo de la revolución en Campeche. 



Al entrar D. Santiago Méndez en el poder, no encontraba por cier- 
to al pais en una situación lisongera. Acababa de salir de la época 
funesta de la dominación de Santa-Anna, durante la cual en Yucatán 
como en el resto de la República las ideas del partido conservador y 
el militarismo se propagaron de una manera prodigiosa. Ya hemos 



I 



-.87- 

visto que en Mérida se habia formado un partido que tenia por jefe al 
general Vega. Desgraciadamente no pocos jóvenes de la nueva gene- 
ración, esperanza de la patria, dejándose seducir é imbuir de aquellas 
funestas ideas, se habían adherido & este partido. Confundiendo los 
principios con los hechos, las cosas con las personas, no acertaban a 
comprender que se pudiese ser liberal y hombre de orden, progresista 
y honrado, amigo de las reformas y no de demagogo. Los vicios del 
individuo los atribuían á los principios y á las ideas que proclamaba; y 
en lugar de apoderarse ellos de esos principios justos y santos, que 
constituyen el símbolo del partido liberal y cuya defensa & su juicio 
estaba en tan malas manos, lo que hicieron fué condenar los vicios rea- 
les o fingidos que suponían, condenar á las personas á quienes se los 
atribuían, y condenar por una consecuencia ilógica los principios que 
profesaban esas mismas personas. 

Así en tono de desprecio y sátira llamaban ayutlas á los que se ha- 
bían pronunciado por el plan de Ayutla, y no creían que hubiese go- 
bierno mejor que el del general Vega; esto es, el santanista y conser- 
vador, con su tiranía militar, sus privilegios, sus fueros especiales, sus 
monopolios, su centralización, sus estancos y su falange de agiotistas y 
palaciegos. Monopolizaron el comercio de las harinas, celebraron de una 
manera ruidosa el restablecimiento de los jesuítas y la toma de posesión 
de los caballeros de la Orden de Guadalupe, y si Campeche no se opone 
iban k monopolizar la destilación del aguardiente: sus actos eran con- 
secuentes con sus ideas. 

Si en una parte de la juventud ilustrada de Mérida aconteció esto, 
la juventud de Campeche se mantuvo afortunadamente libre del con- 
tagio. Como durante la dominación del partido conservador^ el parti- 
do de Méndez siguió dominando en lo absoluto en esa ciudad y su dis- 
trito, y loa jóvenes de la nueva generación ocupaban puestos muy se- 
cundarios y en nada influían en la política, ni adoptaron aquellas ideas^ 
ni era posible que las adoptasen. En Campeche desde muy antiguo, 
desde antes de 1812, las ideas de libertad y de progreso habían echa* 
do muy profundas raices. Si en el pueblo y en todas las clases de la 
sociedad estas ideas habían prevalecido siempre prácticamente, en la 
juventud estudiosa adquirieron la fuerza de la convicción y del senti- 
miento profundo. Dos escuelas, una de filosofía y otra de derecho, es* 
tabléenlas en el Seminario de San José, sin embargo de ser clerical, 
predijeron tan buenos resultados. 

El presbítero D. Andrés Ibarra de León, fué el fundador de la pri- 
mera. Este digno sacerdote, virtuoso sin hipocr^ía, de un talento 



— 88 — 

claro, de un patriotismo ardiente, profesaba los principios de la escuela 
liberal mas avanzada, y como un testimonio de esto puede servir la 
constitución de Yucatán de 1841, en que trabajó mucho y suscribió co- 
mo presidente del congreso, y la proclama que le precede, dirigida á 
los yucatecos, obra enteramente suya. El padre Ibarra desde muy jo- 
ven y mucho antes de ordenarse, se consagró á la enseñanza de la filo* 
Sofía. En 1833 abrió su primer curso en el Seminario y sin interrup- 
ción enseñó hasta 1S42 en que se separó del colegio; todavía pri- 
vadamente dio otro curso á varios jóvenes por los años de 1846 á 48: 
Desde qud el padre Ibarra salió del Seminario, la cátedra de filosofía 
se secularizó por decir así, pues sucesivamente la desempeñaron sus 
discípulos y los discípulos de éstos, que no eran clérigos, que nunca 
olvidaron los principios, las ideas y los ejemplos del maestro, y que le- 
jos de esto mejoraron mucho el estudio de la ciencia, introduciendo en 
él fundamentales reformas á pesar de la oposición que solian encontrar 
en los padres directores del Seminario. 

El Dr. D. José María Regil fué el fundador de la segunda escuela. 
El mismo año de 1833, en que el padre Ibarra abrió su enseñanza de 
filosofía, iniciaba Regil su primer curso de derecho. Tan joven éste 
como aquel, de un talento é instrucción nada comunes, de una elocuen- 
cia tal, que se le considera el primer orador de la península yucateca, 
de costumbres severas, de una puntualidad sin ejemplo; desde aquel 
año hasta hoy; esto es, por el espacio de veintiocho años, ha tenido 
constantemente abierta su cátedra, enseñando tan difícil ciencia. To- 
dos los abogados de Campeche son discípulos suyos, y aun en otros Es- 
tados y en la capital misma de la República hay jóvenes que apren- 
dieron en su escuela. En sus lecciones de derecho natural, público, 
civil y canónico, enseñó siempre los mejores principios: la libertad de 
conciencia, la soberanía del pueblo, la supremacía de los concilios so- 
bre el papa, las regalías de la autoridad civil en lo eclesiástico, &c., &c. 

Pues bien, estas semillas produjeron sus frutos. Los jóvenes forma- 
dos en estas escuelas y que no se habian viciado con las mezquinas lu- 
chas de una política bastarda, repelian como por instinto todo género 
de tiranía y retroceso. El Hijo de la patria^ La ley y La nueva épo- 
ca^ habian sido los nombres de los tres periódicos políticos que de 
1848 á 1853 publicaron estos jóvenes: el último murió al rodo amago 
de la ley de imprenta publicada al entronizarse el ministerio Alaman. 
En estos periódicos de carácter independiente, juzgaban con severidad 
á los partidos de Méndez y Barbachano, que habian envuelto á Yuca- 
tan en la calamidad mas espantosa y lo habian orillado á su total rui- 



— 89 — 

na; pero nunca intentaron fundar un partido político nuevo: no les ha* 
bia llegado su dia. 

La guerra de castas en esta época se reducia á una que otra sorpre- 
sa que los indios sublevados daban de tarde en tarde á las poblaciones 
fronterizas. Con este motivo, en estas debian mantenerse guarnicio- 
nes, que explorasen á los campos en que solian los indios formar sus 
reuniones para envestir al lugar que esoogian; pero esto sirvió de pro- 
testo para formar en tiempo de Vega dos batallones 4)ermanen tes, dos 
activos, un escuadrón permanente 7 una brigada de artillería activa, sin 
contar con las fuerzas de Guardia Nacional que estaban en campaña. 
Solo el presupuesto militar de la guarnición de la plaza de Campeche 
importaba «de 9 á 10,000 pesos al mes, y el del cantón de Hopelchen, 
establecido en el mismo distrito de Campeche, no bajaba de 3 a 4,000 
pesos también mensuales. De modo que los gastos militares del dis« 
trito de Campeche subian á unos 150,000 pesos al año; los del resto 
del Estado no bajaban de 350,000 pesos, pues en 40,000 pesos se cal- 
culaba la cantidad necesaria al mes para cubrir el presupuesto econó- 
mico de la lista militar. 

Una plaga peor que la guerra de castas habia nacido de ella: hs can- 
tones. El pais enteróse armo para rechazar á los indios en 1848, y 
según se fué disminuyendo la guerra, se fué reduciendo el número de 
tropas. Pero á muchos les gustó la vida militar, siguieron en ella du- 
rante diez años, y como naturalmente iban ascendiendo, al cabo vino 
á suceder que el numero de jefes y oficiales, fuese casi igual al de los 
soldados. En cada cantón se estableció cierto número de aquellos y 
empezaron á negociar con la guerra. Así se crearon intereses podero- 
sos, y así por una consecuencia natural habia muchos hombres viva- 
mente interesados en que la guerra de castas no se diese por concluidaí 
sobre todo desde que se convirtió en negocio pingüe la estraccion de 
indios para la Isla de Cuba. 

Aniquilada una parte del pais, empobrecido el resto con las exhorbi- 
tantes contribuciones que habia pagado para sostener la guerra, tenia 
encima á los cantones, estos nuevos vampiros que le estaban chupando 
el resto de sangre que le quedaba. Durante la administración del ge- 
neral Vega, la guerra fué atendida con los productos de las rentas re- 
caudadas en Yucatán y algunos situados enviados de México; pero no 
impuso nuevas contribuciones. Restablecido el Orden federal por el 
triunfo del plan de Ayutla, las rentas particulares del Estado podian 
estimarse en 200,000 pesos anuales, y las federales en 300,000; pero 
las mas pingües de estas, que consistían en los derechos de importa- 

12 



— 90 — 

cion de las aduanas marítimas, estaban empeñadas á la responsabilidad 
de préstamos hechos al comercio par^ atender á las apremiantes nece- 
sidades del dia. El general Ampudia creyó remediar en algo el mal 
de la falta de recursos, duplicando por cuatro meses la contribución so- 
bre capitales que siendo de 15 pg anual sobre la renta calculada de 5 
pg , la elevó al 30 p§ . 

Eran bien difíciles las circunstancias en que D. Santiago Méndez sa- 
bia al poder. En lo político tenia en Campeche su viejo partido, cor- 
rompido y gastado yá como veremos mas adelante, y una nueva gene- 
ración que si no le era hostil, tampoco lo apoyaba; y en Mérida tenia 
el antiguo partido de Barbachano, corrompido también y gastado yá 
como el suyo, el partido de Vega que realmente era allí»el partido 
conservador, y algunos elementos fluctúan tes que alternativamente se 
agrupaban según las circunstancias en torno de los unos ó de los otros. 
En el resto del pais sucedia esto mismo. 

En la parte hacendarla hemos visto yá la situación de las rentas pu- 
blicas y las cargas pue pesaban sobre ellas. 

Ahora, la situación del pais considerada respecto de su agricultura, 
su comercio y su industria, no podia ser mas lamentable. Los gober- 
nantes que habia tenido desde el año de 1840, no hablan acertado á 
darles un impulso verdaderamente eficaz á estos diversos ramos; y des- 
de que empezó la guerra do castas, mucho menos. Antes los desaten- 
dían sin pretesto alguno y por estar consagrados mas á sus anchas á las 
cuestiones políticas; ahora con tan buen pretesto, los echaron en com- 
pleto olvido. Hicieron de la guardia nacional la plaga mas desoladora, 
y de las contribuciones y esacciones, el cáncer mas devorador. De es- 
ta manera á pretesto de salvar al pais de la guerra de castas, lo iban 
hundiendo en su aniquilamiento absoluto. 

En medio de esta desolación general, Mérida no sufria nada, Cam- 
peche lo sufria todo. Mérida creció en población, sus fincas urbanas y 
rústicas subieron en estimación y precio, y su comercio casi se duplicó. 
Campeche por el contrario, vio mermar su población, decaer el valor 
de sus fincas y paralizarse y disminuirse su comercio. Las causas de 
estos dos efectos contrarios eran muy naturales. A Mérida, capital del 
Estado, afluían todos los productos de las rentas, para de allí repartir- 
se en los cantones; de Mérida se proveía á éstos de víveres muchas 
veces; á Mérida venian los productos del botin cogido al enemigo, de 
los ranchos de azúcar y labranzas de los comandantes de cantón, y en 
fin era el centro comercial de las tres cuartas] partes de la península. 



~ 91 — 

Mucha de la gente que emigrd de los pueblos invadidos por los birba^ 
roif, se radicd en Mérida y también muchos Jiombres de capital* 

Nada de esto sucedió en Campeche: al principio de la guerra de cas- 
tas se lleno la ciudad de emigrados; pero sea porque estas gentes del 
interior de la península ^on tan diferentes de los habitantes de la cos- 
ta en sus usos, costumbres y alimentos, sea porque la esperanza de vol- 
ver á sus hogares los llevó á Mérida como punto mas cercano á ellos, 
lo cierto es que Campeche perdió mucha de la emigración que habia 
ganado. Su población habia sufrido con lás guerras civiles, y con la 
guerra de castas siguió sufriendo: por cada hombre cogido para la 
guardia nacional, emigraban dos ó mas al partido de Champoton ó al 
del Carmen; de manera que Campeche perdia sus hombres y su dinero, 
y así pronto hubo un malestar indefinible. Los capitales empezaron 
á desaparecer, y solo crecian los que dueños de todo, de todo sacaban 
partido en provecho de sus intereses. 

Al principio D. Santiago Méndez pareció contemporizar. Empleó á 
uno ü otro de los liberales que habian sufrido mucho en tiempo de Ve- 
ga, pero los elementos preponderantes de su gobierno fueron los de su 
propio partido personal y los del partido veguista. Con la tenacidad 
de carácter que le distingue y que tantos males le ha acarreado á él, 
á su partido y al pais entero, y haciéndose tal vez la ilusión de que la 
guerra de castas podia terminarse en una campaña, se propuso levan- 
tar nuevas fuerzas de guardia nacional y aumentar las contribuciones. 
Para que esto no chocase tanto á una población tan cansada y tan em- 
pobrecida ya, mandó formar un catastro, en que 'bajo de juramento se 
obligó á todos los ciudadanos á declarar sus bienes y el valor en que 
los estimaban. Por muy triste que fuese el estado de la propiedad, 
los dueños se hacian la ilusión de que valia algo, y olvidando que en 
la misma ciudad de Campeche entre otros muchos casos^ una casa her- 
mosísima de dos pisos, nueva casi, que habia costado edificarla de 20 á 
23.000 pesos, se habia vendido en 3.0001 dieron á sus fincas un valor 
imaginario. 

Una vez hecho este catastro, impuso el gobierno f p § sobre el ca- 
pital á las fincas urbanas, 1 p § á las fincas rusticas y 1^ p § á los 
charcos de cuajar sal. Aparentemente esta ley no solo no aumentaba 
la contribución sino que la disminuia. Hemos dicho que antes la con- 
tribución sobre fincas era de 15 p § sobre la renta, calculando ésta en 
^ P o Ai^ual, y hemos dicho también que este 15 p § lo elevó al 30 el 
general Ampudia. Y así por cada 100 pesos de valor pagaba una finca 
6 rs. anuales por el 15 p § y 12 rs. por el 80. Ahora bien, los | p § 



— 92 — 

sobre el capital Bon exactamente lo mismo que el 15 p § sobre la ren- 
ta, el 1 p § es el 20 p § y el 14 es el 25 p §. Se ve pues, que ni esta 
ultima llegaba al 30 p §. 

Hemos dicho que esto era aparente; la realidad era otra. Como los 
propietarios en sus manifestaciones les habian dado á sus fincas un va- 
lor nominal, resultó que la masa imponible en las fincas urbanas se du- 
plicó cuando menos, y en las rústicas se cuadruplicó. Así fué que pa- 
ra las fincas urbanas la contribución, atendida la antigua base, vino a 
ser del 30 p § sobre la renta anual del 5 p §, y para las rübticas paso 
del 60 p §. Ademas, impuesta la contribución sobre el capital y no 
sobre la renta, resultaba que fincas urbanas improductivas iban á pa- 
garla, y que las fincas rusticas la iban á pagar también por sus edificios, 
«US tierras incultas y por otras cosas que en el estado de nuestra agri- 
cultura son valores muertos, y lejos de producir una renta, disminuyen 
la que el propietario saca de los productos de la pequeña parte de tier- 
ra que cultiva. 

Pero junto con esta contribución vino otra todavía mas formidable, 
la de guardia nacional. Esta fué elevada á 4 y 6 rs. mensualea para 
la generalidad de los ciudadanos, á 1 peso mensual para los sirvientes 
del campo que lo hubiesen sido desde cierta época, y á 4: pesos mensiia" 
les para los que lo fuesen desde tal otra. 

Tras esto vino el establecimiento de la contribución sobre venta de 
licores; y en unión de todo esto la actividad y la energía para levan- 
tar cuerpos de guardia nacional, obligando á inscribirse y á entrar en 
ellos á todos los ciudadanos capaces de llevar las armas, comprendien^ 
do por supuesto á los artesanos y hasta á los aprendices de taller. To* 
do esto pasaba a principios de 1857. 

Coincidió con el plantamiento de estas contribuciones, que tanto da- 
ñaban a la agricultura, a la propiedad y á las artes, la noticia de que se 
habia pedido al gobierno, y que este se hallaba dispuesto á conceder, 
un permiso ó privilegio para la introducción en Yucatán de dulces ex- 
tranjeros. La agencia del Ministerio de Fomento en Campeche creyó de 
8U deber levantar su voz en defensa de los intereses agrícolas del pais 
amagados, y con este motivo mediaron entre ella y el gobierno de Yu« 
catan varias comunicaciones que probaban el extraordinario aumento 
de las contribuciones K 

Cualquier hombre imparcial podrá juzgar de la dolorosa, de la ter- 
rible impresión, que estas medidas causaron en un pais agotado, empo- 



1 DocumMtos justificativos nám. 9. 



— 93 — 

brecido, aniquilado. La emigración de la ciudad y partido de Campe, 
che de los hombres mas útiles, empezó de nuevo para los partidos de 
Champoton 7 el Carmen, donde la acción de la autoridad era casi nula 
para obligarlos al servicio militar. El general ülloajefe político y co-. 
mandante militar de Campeche, le hizo presente al gobierno el disgus* 
to general de los propietarios, de los hacendados, de los maestros de 
taller, de la población entera; otros amigos del mismo gobierno le ma* 
nifestaron también que la gente se escondia 6 emigraba, huyendo de la 
guardia nacional, y que esta era funesta para las artes y oficios tal cual 
se quería establecer; pero el gobernador aplicando la voluntad de fierro 
y el carácter dominante del individuo á las cuestiones de gobierno, y 
olvidando la triste experiencia de los años pasados, así como en Enero 
de 1847, en presencia de los desastres de Valladolid, dijo que aquellas 
eran naturales consecuencias de la guerra^ decia ahora que los que emi« 
graban lo hacian sin duda porque en otra parte estarían mejor. 

Los males de Campeche se iban haciendo insoportables. Hemos di- 
cho antes que desde el año de 1840 el partido de Méndez había domi- 
nado en la ciudad sin contradicción, y si alguna vez la tuvo, fué tan li- 
gera que pronto habia cesado. A este partido le sucedió lo que á to- 
dos. Al principio sin duda tuvo hombres muy ilustrados, muy patrio* 
tas, muy amantes del verdadero progreso. Estos hombres, llenos de 
ilusiones y de aquella fé que alienta á las empresas nuevas, trabajaron 
unidos en hacer el bien del pais, tal cual lo entendían. Pero gradual- 
mente se fué entiviando el entusiasmo, vino el desacuerdo entre los 
partidarios, nacieron las divisiones intestinas; los que de buena fé lo 
habian abrazado, desengañados ó desesperados se retrajeron de la polí- 
tica, otros fallecieron, y aquel partido se corrompió. 

Como en la ciudad de Campeche tenia su centro, allí, en la munici- 
palidad, echó mas profundas raices. Si D. Santiago Méndez era el je- 
fe de él en todo el Estado, D. Felipe Ibarra, comerciante de Campeche, 
lo era en la ciudad. En muchas cosas sin duda no marcharon de acuer- 
do ambos; pero el resultado es que desde 1840 hasta 1856 el ayunta- 
miento no salió de determinadas manos en su generalidad y siempre 
estuvo bajo el influjo de ese partido. Los intejreses mercantiles eran 
los que dominaban, y mercantilmente era manejado y resuelto todo. 
Las rentas del municipio eran anualmente rematadas por una sociedad 
que lucraba mucho en esto con perjuicio grave del ayuntamiento. Has- 
ta el surtir de víveres al hospital de S. Juan de Dios, cuyos gastos pa- 
ga el ayuntamiento, se volvió cuestión de intereses entre estos partida- 
rios, porque era un buen negocio. , 



— 94 — 

En la aduatia marítima se habían cometido también gravea abusos: 
se le dispenso de rendir sus cuentas de varios años; y cuando D. Ma- 
nuel Arcadio Quijano, hombre de honradez notoria y administrador 
nombrado por el Supremo Gobierno en 1849, después de reincorporado 
Yucatán á la nación, quiso en 1853 ó 54, purificar la conducta de algu- 
nos empleados *, se atrajo la odiosidad de aquellos hombres que aprove- 
chando el pronunciamiento por el plan de Ayutla, lo forzaron á ir 6 la 
aduana de Sisal, poniendo de administrador en la de Campeche a D. 
Manuel María Vázquez que lo era de aquella. Del corto tiempo que 
Vázquez fué Administrador de la aduana de Campeche también deben 
haber constancias en el Ministerio de Hacienda. 

Con el mayor escándalo, mientras que nada prosperaba en Campe- 
che, viéronse levantar fortunas improvisadas á empleados cuyos suel- 
dos bastarían apenas para vivir decentemente, y enriquecerse comer- 
ciantes por medio del fraude hecho en connivencia con estos. Vióse á 
las herencias de las viudas y de los huérfanos caer en manos avaras, 
que para mejorar sus pingües fortunas no tenían embarazo en sacrifi- 
carlas, faltando á las obligaciones mas santas del deber y de la hurnaA 
nidad. La administración de justicia se convirtió en instrumento de 
partido y estaba á merced de aquellos hombres. Y en fin, era tal la 
dominación que ejercian, que hasta ^n los placeres inocentes que la ju- 
ventud se proporcionaba, querían intervenir para oponerse á ellos se- 
gún su antojo. ¡Y nadie osaba levantar la voz contra tantas iniquida- 
des! ¡Y de aquel cementerio (que en tal habían convertido á la infeliz 
Campeche) donde no se oía mas que el acento de sus señores, ni se 
veiaotra cosa que ruina, tristeza y decaimiento j^no brotaban espíritus 
nuevos que les dijesen á aquellos hombres: basta yá, dejadnos aunque 
sea estas miserables ruinas, que con ellas reconstruiremos el edificio 
social? 

Sin agricultura, sin comercio, sin industria, sin caminos, sin propie- 
dad, pues todo se arruinaba, todo estaba entorpecido, nada se patroci- 
naba, nada se promovía. Campeche, presa del agio, del monopolio en 
todo, del compadrazgo, veia que sus hijos en la edad mas florida lo 
abandonaban para ir á ganar el pan á otras tierras. Gracias á que en 
sí guarda muy poderosos elementos naturales de vida, de prosperi- 
dad y de riqueza, que si no, al término de esos dieziocho años se hu- 



1 En e] Ministerio de Hacienda deben existir los espedientes formados con este motivo por el juzgado 
de distrito de Campeche. También debe existir allí el espediente de la visita practicada por el lio. D 
Pedro Escudero 7 Eohánove de orden del Supremo Gobierno. 



— 96 — 

biera realizado el deseo de sus enemigos de verlo convertido en mise» 
rabie rancho de pescadores. 

Por primera vear levanto su voz la juventud de una manera enérgica 
el 26 de Octubre de 1857. El Supremo Gobierno había nombrado ad- 
ministrador de la aduana marítima de Campeche & D. Pedro de Ba- 
randa, que pertenecía á esa juventud. El ayuntamiento, compuesto de 
ese viejo partido, ingiriéndose en cosas que no le incumbían, hizo una 
representación injuriosa á Baranda, contra su nombramiento de admi- 
nistrador. A esta contestaron una multitud de ciudadanos con otra 
representación ^ en que le hacían ver al ayuntamiento que semejante 
acto no estaba en sus atribuciones y que procediendo dehesa manera 
hacia pasar como voto de. Campeche lo que solo era un desahogo del 
odio personal y efecto de miras interesadas. Los que tal representa- 
ción hicieron no veían en esto una cuestión de empleos ni de per- 
sonas, sino á un partido dominador, acostumbrado á manejarlo todo 
á su placer y al cual era preciso empezar á combatir de una manera 
enérgica. 

Gradualmente se fueron agrupando los elementos de un nuevo par- 
tido. Los jóvenes ilustrados que anhelaban sacar á su patria de aque- 
lla postración^ los que estaban ya cansados de tantos abusos y los que 
sufrían las es torsiones y las injurias del viejo partido, querían, en fío, 
sacudir tan vergonzoso yugo. Querían que la libertad, las mejoras y 
el progreso, fuesen una verdad práctica y no una mentira con que 
por tantos años se había estado engañando al pueblo. 

Hombres de orden ante todo los que acometían esta empresa, qui- 
sieron usar de medios legales. Necesitaban de un periódico para di- 
fundir sus ideas; pero en Campeche no había mas que una imprenta, la 
de D. Santiago Méndez, y un periódico, el oficial que redactaba el 
Dr. D. Justo Sierra. Cinco jóvenes, poniendo un corto capital cada 
uno, formaron una soóíedad y pidieron una nueva imprenta a los Esta- 
dos-Unidos. Tardó algo en llegar, mas al fin se abrió en Campeche 
¿ fines de junio de ] 857, bajo el nombre de ImprerUa de la Sociedad <i- 
pográfica. El día 4 de Julio salió á luz el primer numero de El Espíritu 
publico^ periódico redactado por el Líe. D. Santiago Martínez, en que el 
nuevo partido enarboló su bandera. Pero cuando esto sucedía, casi 
estaba terminada la campaña electoral. 

El gobierno había expedido la convocatoria para elecciones del go- 
bernador y de la legislatura del Estado. Por primera vez los jóvenes 



1 Doomnentos Jnstífioativofl, i^^* lo* 



— 96 — 

del nuevo partido de Campeche iban á tomar una parte activa en la 
política; los jóvenes de Mérida, aunque ya habian figurado antes, se 
decidieron también á tomarla. Los de Campeche, que tenian solo la 
aspiración de ver salir al pais del marasmo en que se consumia y de 
libertarlo de que se repitiese la incesante lucha de partidos, que como 
los de Méndez y Barbachano lo habia orillado á un abismo, creyeron 
que el mejor camino era marchar de acuerdo en las elecciones las dos 
ciudades mas importantes del Estado, las del eterno antagonismo, Mé- 
rida y Campeche. Hombres hiuevos, política mieva, administración nuc- 
va, era todo lo que querian. 

Por esto no se anticiparon é proclamar candidatura ninguna, como 
pudieron haberlo hecho de entre los suyos, sino que esperaron á poner- 
se de acuerdo con los de Mérida. En efecto, á fines de Abril de 1857, 
enviaron éstos un comisionado especial y secreto á Campeche*: éste ma- 
nifestó á la persona con quien se entendió, que el nuevo partido de 
Mérida se habia fijado en D. Liborio Irigoyen; discutieron esta candi- 
datura, la encontraron aceptable, y quedaron formalmente comprome- 
tidas ambas personas, á nombre de los partidos que representaban, en 
trabajar de común acuerdo por aquel candidato. 

El comisionado regresó á Mérida. Los del partido de Campeche ee 
reunieron en una junta publica, en ella proclamaron de la manera mas 
solemne á D. Liborio Irigoyen para su candidato al gobierno del Es- 
tado, y desde luego se pusieron á trabajar en este sentido: esto petsaba 
en los primeros dias de Mayo. El dia 12 del mismo mes escribían los 
de Mérida á los de Campeche, que habian desistido de la candidatura 
de Irigoyen, porque éste les habia faltado. Los de Campeche respon- 
dieron que no comprendian esto, que ya publicamente habian adopta- 
do aquella candidatura y no podian retroceder. ¿Pero qué habia su- 
cedido en Mérida? Veamos si podemos esplicarlo. 

Figuraban en Mérida como candidatos al gobierno D. Pablo Caste- 
llanos, D« Liborio Irigoyen, D. José María Vargas y D. José Dolores 
Zetina. Vargas desistió de su candidatura y se unió á Irigoyen, así 
como Zetina se unió á Castellanos. De los perseguidos como liberales 
en tiempo de Vega, muchos eran partidarios de Irigoyen, y otros lo 
eran de Castellanos. Fuera de estas dos fracciones estaba la que com- 
ponían los jóvenes que se habian puesto de acuerdo con los de Cam- 



1 No oreemos faltar á la amiitad revelando ettos hechos y los nombres de lae penonas, para qvé no 
se orea que inventamos. El comisionado que vino á Campeche, fué el Lio. D. Juan Antonio Esquivel; 
trató sobre el negocio oon D. Tomas Asnar Barbachano» á quien habian escrito cartas, anunciando la Te- 
nida de Esquivel y el asunto que traía, D. Pedro Regil y Peón y el Dr. D. Jote García ISanHm, 



-97- 

peche, y los partídaríos de Méndez. Estos por sí nada podían hacer, 
y mientras vieron que los jóvenes de Mérida y Campeche marchaban 
unidos apoyando la candidatura de Irigoyen, halagaban á Castellanos 
a quien hasta le hicieron publicar un programa de su administración 
futura; pero no podían quererlo de gobernador, porque á su lado es- 
taba Zetína, con quien era imposible que transigiesen por haberse 
pronunciado muchas veces & favor de Barbachano y contra el partido 
de Méndez en 1847. 

LfOjs partidarios del gobierno pusieron en juego mil recursos, hasta 
que lograron introducir la división entre los que proclamaban la can- 
didatura de Irígoyen en Mérida. Los del nuevo partido empezaron á 
exigir á éste que se separase de sus antiguos amigos, y éstos le pedian 
que se separase de loe nuevos. Estos decían que aquellos eran los mis- 
mos qoe Vega había espulsado como partidarios de Barbachano y da« 
ñoéos 9X país; y aquellos le decían á Irigoyen, que sus nuevos amigos 
eran los partidarios de Vega, los conservadores, los que habían perse- 
guido á los liberales. Desde el momento en que las cosas se llevaron 
á este terreno, ya no fué posible una fusión, y D. Liborio Irigoyen, que 
de buena fé quería formar un partido nuevo, se ví6 abandonado de unos 
y otroe. 

£sta fué la coyuntura que aprovecharon los del gobierno, y al mo« 
mentó separándose de Castellanos, les hicieron aceptar a los del anti- 
guo partido de Vega, la candidatura de D. Pantaleon Barrera que has« 
ta alM no había sonado. Loe otros por algunos días se unieron á Cas- 
tellanos; pero así que vieron que Campeche no abandonaba la candida- 
tura de Irigoyen, volvieron á ella, y entonces quedaron definitivamente 
fijados los partidos contendientes de esta manera: 

Candidato del gobierno y del antiguo partido de Vega, D. Pantaleon 
Barrera. 

Candidato de la mayor parte del partido liberal de Mérida y del 
partido nuevo de Campeche, D. Liborio Irigoyen. 

Candidato de mna fracción liberal, D. Pablo Castellanos. 

El gobierno no pudo ocultar que Barrera era su candidato, y en un 
&>oumento auténtico lo confesó con toda lisura. ^ 
' Si estos hambres se hubieran propuesto luchar con legalidad dejan- 
do á los pueblos en libertad absoluta en las elecciones, y en este ter- 
reno hubiesen triunfado, nada habría que reprocharles^, y todos su- 
misamente se hubieran sometido á la voluntad de la mayoría. Pero 



1 ])ooíiuii«itotjiistifloatiyof,núiD. 11. 



— 98 — 

conocieron que en aquel terreno jamas triunfarían y apelaron al ama^ 
y al uso de la fuerza. Es que llegaron á figurarse que á la vista impo- 
nente del voto de los cantones militares y de la voluntad declarada de 
las principales autoridades del Estado, retrocederían los de la oposición. 
¡Se engañaron! Cuando un pueblo lucha por reconquistar su libertad^ 
por devolver á su pais las prosperidad y bienestar que ha perdido, na- 
da le arredra. 

Una vez adoptada la candidatura de Barrera, se dio orden á los can- 
tones para que levantasen actas en su favor. En Yalladolid estaba el 
cantón mas fuerte, formado del batallón de línea Fijo^ que bajo el nom- 
bre de 6."* y 7.** permanente habia sido el sosten de Vega durante la 
dominación de Santa- Anna^ y de otras fuerzas de otros batallones re* 
vistados. Mandaba el partido como jefe político, y el distrito como 
comandante militar, el general D. Martin F. Peraza, antiguo partida- 
rio de Vega, y como tal unido ahora al gobierno en la cuestión electo- 
ral. Estas fuerzas levantaron su acta el 17 de Mayo de 1857; y para 
que nada le faltase de un pronunciamiento, ni aun la forma, cada fir- 
mante añadid á su nombre su empleo, y al fin de ella puso Peraza: Sus^ 
cribo este acuerdo en todas sus partes^ y firmo. ^ 

Al acta de Valladolid siguieron la de Tizimin el dia 21 y la de Es- 
pita el 22, en los mismos términos. ^ En Mérida se levanto el mismo 
dia 22 una acta igual, firmada por el segundo cabo de la comandancia 
general, D. José Cadenas, y por los jefes y oficiales de la guarnición 
y otras personas. ' Estas actas fueron impresas y repartidas oficial^- 
mente, para que no quedara duda alguna de su origen. Campeche 
no podia ver con indiferencia esto, y el 28 de Mayo, que fué cuan- 
do semejantes actas llegaron á su conocimiento, levantó otra ratificán- 
dose en la candidatura de D. Liborio Irigoyen que habia adoptado, y 
protestando contra las actas de Mérida, Valladolid, Tizimin y Espita 
y sus resultados."^ 

No pararon aquí las arbitrariedades del poder: quito de leamal ai 
juez de primera instancia Lie. D. Saturnino Suanez, y de Tekax al Lia 
D. Higinio Castellanos, sin otro motivo que el no ser de la opinión del 
gobierno y olvidando éste que por las leyes del Estado aquellos jue- 
ces eran inamovibles y no podian ser separados, sino previa formación 
de causa. Por supuesto que en lugar de ellos puso otro6 de su devo- 



1 Doomnentot jnstifloativof, nüm. is. 

8 Uem ídem, núm. 19« 

3 Idmi Íd6Ill| nám. 14. 

4 Umn itop, n^m i6* 



I 



— 99 — 

don. T por ultimo, sin contar los mil abasos que cometieron las au- 
toridades en los pueblos» haciendo uso de la fuerza armada al tiempo 
de las elecciones como en Izamal \ suplantando rotos en las boletas y 
fingiendo electores, pues en esos mismos lagares han confesado des- 
pués, que hasta to9 muertos votaron á D. Pantaleon Barrera; todavía 
en el escrutinio de la elección, presidido por el mismo interesado Bar* 
rera, se cometieron faltas de gran tamaño, que ellas solas bastarían pa* 
ra nulificarla, aun cuando hubiese sido hecha legalmente. £1 diputado 
por Campeche, Lie. D. Pablo Qarcía, dio & luz un manifiesto, en que 
denunciaba las mil nulidades* de aquellas elecciones, por los reprobados 
manejos empleados en ellas desde el principio hasta el fin. ' 

Las elecciones del Estado se hicieron el dia ultimo de Majo, y en 
los primeros dias de Julio del mismo año fueron las de Presidente de 
la República, Suprema Corte de justicia y diputados al Congreso de la 
Union. Así estas como las anteriores las ganó por una inmensa má* 
yoría en todo el distrito de Campeche el nuevo partido de la juventud. 
Sn Mérida triunfa también el partido de Irígoyen en todas ellas; sin 
embargo de que allí estaba el núcleo de la oposición; pero como los de 
esta no se atrevieron á usar de la fuerza armada como en Yalladolidj 
Tisimin, Espita, Izamal, &c., &c., salieron vencidos. Esto mismo su- 
cedió donde quiera que las elecciones ñieron libres. 

Temiendo el gobierno los malos resultados que podia tener el modo 
con que se habian hecho las elecciones, hizo venir de Valladolid á Mé«- 
rida el batallón F^o antes de que se reuniese la legislatura que habia 
de declarar la elección de gobernador. 

Cuando el diputado por Campeche D. Pablo García, y el de Mérida 
D. Juan J. Herrera, vieron la manera indigna con que eran tratados, 
se separaron de la legislatura. A mediados de Julio regresó García & 
Campeche, dando cuenta al pueblo, en el manifiesto de que hemos ha- 
blado ya, de la manera con que se habian hecho las elecciones en el 
resto del Estado, y del modo con que habian sido tratados los diputa- 
dos de la oposición. 

El pueblo campechano que jamas ha consentido en ser humillado, 
sintió en lo mas profundo de su corazón aquel desprecio. T tanto mas 
h> sintió, cuanto que le venia de hombres que le debian todo su anti- 
guo valimiento y prestigio, y que en aquellos momentos mismos ha« 
cian creer ó tal vez creian de buena £§, que todavía su voz seria dócil- 
mente escuchada en Campeche mismo. 

1 Doeiunentosjiistífloativos, núm. i6. 
^ IdsBi Ídem, uto. 17. 



— 100 — 

Uaa vez triunfante por la fuerza el partido del gobierno, que no era 
otro que el de Méndez unido al antiguo de Vega, ya no se detuvo en 
atropellado todo sin ningún género de consideraciones. Engañados 
miserablemente los que en Mérida se habian unido al partido de Mén- 
dez, y juzgando á pesar de lo que veian, que este partido todavía era 
el dueño de Campeche y su distrito, como lo habia sido durante diezio- 
cho años, llegaron á figurarse que el nuevo partido que habia triunfieido 
con tan buenas armas en el campo electoral, no era mas que una por- 
ción de jóvenes inespertos, tímidos, sin principios, sin convicciones, in- 
capaces de todo. Asentarle una mano fuerte á este nuevo partido que 
con tanto vigor se levantaba, y ahogarlo de una vez en su cuna, era el 
pensamiento del partido de Méndez; y subyugar y humillar nuevamen- 
te á Campeche, era el del viejo partido de Vega. 

Para conseguir este doble objeto no creyeron que habia medio mas 
a proposito que nom])rar vice-gobernador á D. Santiago Méndez; y la 
legislatura, sin facultades para ello, lo nombró. Campeche, que quería 
hacer cesar la dominación de este partido, por cuya culpa ó torpeza 
en dieziocho años se habia aniquilado; que deseaba ardientemente ex- 
tinguir el foco de la guerra civil alimentada por la lucha entre los par- 
tidos de Barbachano y Méndez; que para conseguir esto aceptó el can- 
didato que Mérida mismo le propuso como vínculo de unión entre las 
dos ciudades; que deseaba levantar un partido enteramente nuevo for- 
mado de la juventud de Mérida y Campeche, que obrase independien- 
temente y sin conexión ninguna con los antiguos partidos que habian 
despedazado á la península; Campeche que quería todo esto, y que pa- 
ra lograrlo hizo cuanto pudo, recibió en premio el mayor castigo que 
podia imponérsele: un gobernador y un vice-gobernador sacados del 
mismo partido que, con razón cobrada creia la ciudad que le había 
ocasionado los males que sufria. ¡Así era como el partido triunfante 
en Mérida intentaba restablecer la unión y la reconciliación entre her- 
manos! ¡Así era como queria estinguir el antagonismo entre las dos 
ciudades y el espíritu de localismo fomentado por los viejos partidos! 

Nombrado vice-gobernador D. Santiago Méndez, fué enviado á Cam- 
peche con una comisión secreta, sin duda para que por sus propios 
ojos viese el estado de las cosas y les pusiese remedio. Llego allí en 
los primeros días de Agosto de 1857, y entonces se aoupo su nom- 
bramiento de vice-gobemador. Los ánimos^ lejos de calmarse, se ex- 
citaron mas y mas, la indignación pública llegó á su colmo, y la e£er* 
vescencia popular fué en aumento. Habia esa aparente calma, esa va- 
ga aprensión, ese presentimiento indefinible de que algo iba á suceder. 



— 101 — 

Empezó 6 correr el mmor de un pronunei&miento; pero no se reia oon 
qué elementos físicos podia hacerse, pnes toda la fuerza armada, com- 
puesta de mas de 200 hombres, se mantenía fiel al gobierno. 

En la noche del 6 de Agosto estalló la tempestad. El pueblo, mal 
armado, ataco la maestranza de artillería y la tom6; apoderándose en 
seguida de los baluartes de Santiago y Soledad. Diversos grupos cir- 
culaban por la ciudad; y las tropas del gobierno, aisladas completa* 
mente y desorientadas, se hicieron fuego unas á otras. Una fuerza del 
batallón activo que recibió el fuego de la de artillería que estaba en su 
cuartel, regresó al suyo: después de algún tiroteo, todos conservaron 
sus posiciones. A la mañana siguiente los . pronunciados, íbertes yá, 
tenían artillería abocada á las calles y seguian ocupando la maestran- 
za y los dos baluartes; y el general Ulloa, con sus fuerzas, ocupaba el 
cimrtel de artillería, el del batallón activo, un baluarte y las alturas de 
la parroquia. Ambas fuerzas estaban dispuestas & emprender la lucha 
¡Infeliz Campeche si esta se hubiese empeñado! 

La población entera estaba en la mayor consternación; y al amane* 
cer, el Dr. D. José María Eegil, D. José García y Poblaciones y D. To- 
mas Aznar Barbachano, de motu propio^ se acercaron al general üiloa, 
que oon D. Santiago y D. Eleuterio Méndez, D. José Raimundo Nico* 
lin^ D. José Bello y algunos otros, estaba en el cuartel de artillería, á 
mamífeetarle el estado de inquietud de la ciudad, y lo conveniente que 
seria dar oidos, siquiera en algo, á la opinión publica tan explícita- 
mente manifestada. En seguida fueron á ver á los pronunciados de la 
maestranza y procuraron calmarlos, entendiéndose con D. Pablo García, 
D. Pedro de Baranda y D. Irineo Lavalle, que los encabezaban. Por 
ültÍBia, después de haber conferenciado diversas veces con unos y otroe 
para hacer cesar aquella situación violenta y peligrosa, siendo mas de 
medio dia, se convino entre unas y otras fuerzas, que una comisión 
compuesta de los mismos mediadores Begil, García y Poblaciones, y 
Asnar Barbachano, saliese inmediatamente para Mérida á hacer pre- 
senté al gobierno el estado de Oampeche, y k pedirle la renovación 
del ayuntamiento de que era presidente D. Felipe Ibarra, la exen« 
cien de los matriculados de servir en la guardia nacional, pues que 
estaban sujetofv al sorteo para la marina de guerra, la destitución del 
juez de lo eriminai Miró, y otros puntos que no recordamos ahora. 

Loe comiñonados, en unión de D. Syitiago Méndez que se brindó & 
ir también á manifestarie % Barrera el estado de las cosas, salieron en 
la noche para Sisal; llegaron k Mérida, y en una junta pÜbHca del go« 
beniador y «u consejo, 6 que concurrió todo el que quiso, hicieron pre* 



— 102 — 

senté las quejas de Campeche. D. José María Regil, á quien en ma- 
nera alguna podian tachar de parcial, dijo en resumen que los males 
de Campeche venian de que estaba dominado por un partido yá gasta^ 
(¿o: esta fué su expresión. Los otros dos manifestaron asimismo - los 
abusos que el juez de lo criminal Lie. D. Juan Miro habia cometido, 
sin que ni el Tribunal Superior ni el gobierno hubiesen dictado medida 
alguna para remediarlos á pesar de las quejas de muchos ciudadanos: 
manifestaron que el ayuntamiento de Campeche, presidido por D. 
Felipe Ibarra, existia desde el año de 1853; y en fin, refirieron otros 
mil motivos de disgusto que habia en la población entera. Esta fran« 
queza y dignidad de los comisionados no agrado mucho á todos, y no 
falt6 quienes sin miramiento al lugar y á las personas, é infiriendo uñ 
nuevo insulto á Campeche en sus comisionados, hicieran ese ruido sor- 
do que suele oirse en las galerías públicas de los congresos en señal 
de desaprobación. Estos hombres, que eran los partidarios de Barrera, 
no estaban por ceder y querían que á fuego y sangre se impusiese la 
ley á Campeche. 

Pero como en estos mismos dias habia estallado en Tekax un pro- 
nunciamiento mas serio, desconociendo á Barrera, hubo que contempo- 
rizar. El gobierno destituyo al ayuntamiento y al juez de lo criminal 
y nombro otros nuevos, eximid de la guardia nacional á los matricula- 
dos, é hizo alguna otra concesión. Los comisionados regresaron inme- 
diatamente á Campeche; pero cuando llegaron, las cosas habian tomado 
un aspecto diferente. 

Después de su salida de la ciudad, súpose allí que los del gobierno 
habian pedido auxilio al cantón de Hopelchen, que se habia enviado al 
general Ulloa desde Mérida una larga lista de proscripción, y que D. 
Felipe Ibarra estaba yá nombrado, o iba á serlo, jefe político del parti- 
do de Campeche. Con estas noticias los ánimos algo apaciguados, vol- 
vieron á exaltarse. 

Como la opinión pública era tan general y tan manifiesta, ülloa em- 
pezó á quedarse sin tropas, se le desertaban. No por esto los de la 
maestranza faltaron al armisticio convenido. Al fin llegaron las cosas 
á tal extremo el dia 9, que los ciudadanos mas caracterizados levanta- 
ron una acta desconociendo al gobierno y á la legislatura, fundándose 
en que su elección se habia hecho por la fuerza. El dia 10 entraron 
con este motivo en arreglos las /uerzas de la maestranza y las de Ulloa, 
y celebraron un convenio por el cual estas quedaron en libertad de po- 
der salir de la plaza y dirigirse á Sisal. Con escepcion del general 
Ulloa, el coronel García, el teniente coronel Heredia y Peón, y tres ó 



— 108 — 

oaatro oficiales, todoe los demás se quedaron con la tropa en Cam- 
peche*. 

Desde este momento,, habiendo cesado los motivos de alarma, la ciu- 
dad entera se entreg6 al mayor regocijo. Al cabo de dieziocho años 
aaüa del yugo de un partido en cuyas manos casi se habia aniquilado. 



1 Dooomeatof JustifloatiTot» núm. le. 



VIIL 

Revolncíon de Campeche, guerra eivil vandáliea, naeiiuiento del £stado 
de Campeche, sa eondaeta en la guerra nacional de tres años. 

(1857-1860) 



DobU tendencia de la revolución de Campeche, local y general. — Sublevación de Tekax, Ticnl, 
Maxcanú y otros pueblos, anterior ¿ la de Campeche. — Se disuelve la legislatura de Yucatán. 
— Son derrotados los pronunciados de Tekax por las tropas del gobernador Barrera. — Imperio de 
la fuerza en Yucatán, decreto furibundo de Barrera contra los pronunciados de Campeche. — Con- 
ducta generosa de los caudillos de la revolución, mal comportamiento de sus contrarios. — La co- 
mandancia general y el gobierno sacan de los cantones la mayor parte de la fuerza armada para 
llevarle la guerra á Campeche. — Invaden el distrito de Campeche como 2,000 hombres, la pla- 
za no tenia fuerzas organizadas. — Avanzan hasta Tenabo, y entre tanto los indios asaltan y asesi- 
nan la población de Tckax. — Acción de Yaxcab. — Comisión infructuosa del clero de Campeche 
que va á pedir la paz á Mérida. — Las tropas de Cepeda entran en los barrios de Campeche. — 
Presos políticos. — Las fuerzas de Mérida durante muchos dias saquean los barrios de Santa Lu- 
cía, S. Francisco y parte de Guadalupe abandonados por sus habitantes. — Saquean las haciendas 
de campo y otras poblaciones, y aprisionan & los ciudadanos pacíñcos del distrito de Campeche. 
— Sentimiento general de indignación que esto produce en todos los habitantes del distrito. — 
Combates diarios entre las fuerzas de Mérida y las de la plaza, incursiones al campo. — ^Ataque 
general de las fuerzas de Campeche á las de Mérida el 7 de Noviembre. — Los de Campeche to- 
man á Sisal, avanzan hasta Ucú y allí son dispersados. — Conducta prudente del supremo gobier- 
no en la cuestión de Mérida con Campeche, trata de enviar comisionados que medien en ella. — 
Prisiones, destierros y persecuciones en Mérida y el resto del Estado, sistema de terror. — Sepára- 
se el general Cadenas de la comandancia general y le reemplaza el general Peraza^ — ^Barrera 
deja por unos dias el gobierno, se encarga Peraza de él y envia comisionados de paz á Campeche. 
— Los comisionados son bien recibidos en Campeche, pero no se logra un avenimiento. — Pintura 
de la guerra hecha al distrito de Campeche, continúa en el campo i pesar de un armisticio y de 
hallarse los comisionados en la ciudad. — Barrera se separa deñnitivamente del gobierno y se 
encarga de él el comandante general Peraza. ^ — Noticia del golpe de Estado y del pronunciamien« 
to de Veracruz por el plan de Tacubaya, cartas de Comonfort, Campeche sigue el ejemplo de 
Veracraz. — Junta gubernativa proclamada en Campeche, acéptala Mérida, menos su guarnición* 
Peraza con el resto de sus fuerzas secunda el pronunciamiento de la guarnición. — Las fuerzas de 
Peraza levantan el campo de San Fancisco y se retiran en dirección á Mérida.—Campeche vuel- 
ve al orden constitucional sin haber reconocido nunca al gobierno de Zuloaga. — Comunicaciones 
cambiadas acerca áe esto entre García y Gutiérrez Zamora. — Pronunciamiento de Peraza por el 
gobierno de Zuloaga. — Los pueblos del distrito de Campeche declaran su voluntad de formar un 
Estado independiente del de Yucatán.— Convenios de división territorial entre el gobierno de 



\ 



^ 105 — 

Camoche y el de Mérida, erección del Estado de Campeche.— Campeche pone en conocimien. 
to del supremo gobierno constitucional estos tratados; éste ofrece presentarlos al Congreno de la 
Union para que los apruebe, apoyando su conveniencia. — Zuloaga intenta atraerse á Campeche 
erigiéndolo en territorio, Campeche lo desprecia y ni contesta á sus oficios: Zuloaga indignado 
reyoca la orden de erección de territorio. — Campeche defiende la Constitución de 1857 en los 
tres años de lucha. — Auxilia á los liberales de los Estados de Yucatán y Tabasco para hacer 
triunfar la constitución. — Presta varios auxilios k Veracruz* — Leyes de reforma, cumplimiento 
dé ellas en Campeche: redención de bienes eclesiásticos, extíncioú del Seminario clerical y esta- 
blecimiento del Instituto campechano, registro civil, libertad de cultos. — En el Estado de Yuca- 
tan no se cumplen las leyes de reforma; dificultades que nacen de esto para el Estado de Campe- 
che, conducta del obispo y de algunos clérigos. — Idea errada que generalmente se tiene de la 
ilustración y pobreza del clero de Yucatan.—Contraste entre Mérída y Campeche con motivo de 
lat píTocesiones de semana santa del presente afio¿ 

Él movimiento revolucionario de Oampecte era tan conforme coti- 
la opinión pública de la ciudad y del distrito, que las autoridades y em- 
pleados se apresuraron á secundarlo, lo mismo que todas las ppblaciones 
donde no imperaba la fuerza armada. ^ 

Este movimiento envolvia dos tendencias: una peculiar á lá ciudad 
de Campeche y su distrito, y otra general á la península. La primera 
tenia por objeto sacudir el funesto yugo de dieziocho años, que todo lo 
habia enervado, agotado, consumido; la segunda se dirigía & devolver 
la libertad al pueblo en la elección de sus gobernantes. Dos géneros 
de causas hablan influido en este acontecimiento, y era preciso que 
diesen un doble efecto^ 

Aun antes de que en Campeche estallase aquel movimiento, en la 
ciudad de Tekax hubo una revolución contra el gobernador Barrera 
el dia 4 de Agosto; imitaron á Tekax, Ticul, Maní, Maxcanu el dia 5, 
&c., y hasta Izamal y Mérida iban & seguir sü ejemplo, si la fuerza ar- 
mada no refrena sus conatos. Aquellos hombres que decían que ha- 
bían procedido en las elecciones con la mayor rectitud, aquel gobierno 
y aquella legi^atura que se jactaban de ser la espresion de lá voluntad 
espontánea del pueblo y de la opinión pública de la mayoría de los yu- 
catecos, no tuvieron un dia de sosiego; y se vieron en la necesidad de 
adoptar medidas extremas desde el principio. El dia 6 de Agosto la 
legislatura dio facultades extraordinarias á Barrera, y el 7 se disolvió 
para no volverse á reunir mas. Barrera en este mismo dia lanzó una 
proclama, de esas escritas con la hiél, el veneno y la ceguedad que do- 
minan á los partidos que obran por la violencia K Todo esto pasaba 
intes de los sucesos de Campeche. Los pronunciados de Tekax, con- 



1 I>oeiini6nto0jiifltifloativof,núm. 19. 
8 ídem Ídem, núm. 20. 

U 



— 106 — 

fiados en la justicia de su causa, no esperaron el ataque de las fuerzas 
del gobernador Barrera, sino que salieron á su encuentro, y en Ox- 
kutzcab hubo una sangrienta acción el 8 6 9 de Agosto. £1 ser las 
primeras del batallón Fijo permanente, y las segundas de guardia na- 
cional, dio el triunfo á aquellas. 

Este descalabro, las persecuciones y prisiones de los liberales, y la 
presión ejercida por la fuerza armada, obligaron á la opinión publica 
á mantenerse sin obrar. 

Establecido así el reinado del absolutismo por medio de la fuerza, el 
partido conservador, unido á D. Pataleon Barrera, fijó sus ojos en Cam- 
peche y su distrito. Desde luego el nuevo gobernador anunció la guer- 
ra, que pensaba hacerle, con un decreto de 26 de Agosto de 1857, des- 
conociendo á todas las autoridades judiciales y políticas y á todos los 
empleados civiles, militares y de hacienda^ del Estado y la federación, 
por el solo hecho de haberse quedado en la plaza; haciendo responsa- 
bles á los jefes de las oficinas de rentas, de las cantidades que pagasen, 
y declarando piratas a las embarcaciones armadas en Campeche *. Es- 
te decreto comprendia á una multitud de ciudadanos, como que, según 
acabamos de ver, todas las autoridades y empleados se hablan adherí-» 
do á la revolución. 

Los jóvenes que estaban al frente del movimiento del Campeche, 

demostrando con sus hechos sus principios, y confiados plenamente en 
la fuerza de la opinión pública, no encarcelaron ni persiguieron & na- 
die. Con excepción de D. Santiago Méndez (que salió de la ciudad 
el dia 7 de Agosto, no sin que se necesitase la intervención de D. Pa- 
blo García, para que el pueblo irritado lo dejase ir y no lo ultrajase), 
y de D. Felipe Ibarra, presidente del ayuntamiento, del Lie. D. Juan 
Miró, juez de lo criminal, y de D. Anastasio Carcaño, que en la noche 
del 6 al 7 se escondieron y salieron luego ocultamente de la ciudad, 
nadie la abandonó. Esta generosidad fué muy mal ft)rrespondida. 
Aquellos hombres que le debian a Campeche cuanto eran, que se lle- 
naban de orgullo al llamarse campechanos, no vacilaron en atraer la 
guerra sobre su ciudad natal ó adoptiva. Todos los medios que estu- 
vieron á su alcance, los emplearon para hostilizarla; y con la mis- 
ma tenacidad y la misma ceguedad con que en 1846, 47 y 48, lla- 
mando consecuencias naturales de la guerra a los horrores de Valla- 
dolid y los que les siguieron, encendieron la guerra civil y contribu- 
yeron eficazmente á la de castas, así ahora intentaron consumar la rui- 
na de Campeche. 

1 Dooumentofjuftifioativos, núm. 21. 



— 107 — 

D. AnaBtMio Carca ño quiso seducir al honrado D. Antonio Heman- 
4eZy comandante de un buque armado en Campeche) que estaba frente 
á Sisal ^ Al Lie. D. José Raimundo Nicolin le fué sorprendida una 
correspondencia dirigida á los jefes de las fuerzas que venian sobre 
Campeche '. Cuatro 6 seis personas mas de esos partidarios ciegos, 
creyendo debilidad y necedad lo que solo era lenidad y generosidadi 
estuvieron en correspondencia con los de Mérida, instándoles vivamen* 
te á que ataoasen la plaza; y por último, D. Hilario Méndez sirvió de 
gaia h las fuerzas invasoras para meterlas en los barrios de la ciudad. 

Besuelta la guerra, el gobierno y su partido no tuvieron embarazo 
algnno en abandonar, casi los cantones. De todas partee sacaron fuer- 
zas. Formóse una brigada compuesta del batallón Fijo permanente al 
mando de su comandante el coronel D. Manuel Cepeda Peraza, que lo 
era también de todas las fuerzas, y que por una de esas anomalías in^ 
cominrensfbles, estaba ahora al servicio de tos mismos que en 1868 pu- 
sieron á precio su cabeza, é indudablemente lo hubieran fusilado si hu« 
bieee caido en sus manos; de una sección del batallón revistado de 
Yalladolid al oíando de D. Pedro Acerato, de una compañía del 1.* lo- 
cal de Mérida, de otra sección del interior mandada por D. Feliciano 
Buiz, de otra al mando de D. Juan Sixto Ortoll, de las fuerzas del can- 
ten de Hopelohen al mando de D. Cirilo Baqueiro; y en fin, de un nú- 
mero considuable de indios con que contribuyeron D. Simón Peen y 
otros hacendados, partidarios de los que. mandaban. Por todo habria 
un total de 2.000 hombres, siendo el jFV/o, las fuerzas de Yalladolid y 
ke de Hopelohen, tropas aguerridas y de las mejores de Yucatán. 

A estas fiíerzafa no podía oponerles Campeche mas que soldados nue- 
vos, indisciplinados, enteramente bisónos. No tenia una compañía 
permanente, ni un batallón cívico siquiera medianamente organizado* 
Pero al saber sus hijos que era invadido su distrito, corrieron todos & 
las armas. Vinieron refuerzos del Carmen, Champoton, Seibaplaya, 
de todas las poblaciones que no habian sido invadidas^ y pronto tuvo 
la plaza mas de 1,000 hombres. 

Las fuerzas invasoras ocuparon sucesivamente á Calkiní, Hecelcha- 
kan y Tenabo. Desde este pueblo D. Manuel Cepeda Peraza, que traía 
de se<»retarío al Lie. D. Juan Antonio Esquivel, que ya habia estado 
en Campeche cuando vino a proponer la candidatura de Irigoyen^ es- 
cribió á D. Pablo García una carta verdaderamente injuriosa, por sus 



1 Soomiientof jQstifloativos» Búm. 22. 

2 Uem Ídem» n^ ^» posdata de la oarta de Gtroía; 



— 108 — 

falsedades y por el tono de orgullo y protección con que estaba escrita: 
Garcia contestó de una manera enérgica. Ademas otro jefe de Cepe* 
da escribió otra carta á otro jefe de Campeche, cuya contestación en 
unión de aquellas se publicó en el nüm. 18 del Boletín de Noticias} 

Catorce dias estuvieron las fuerzas de Mérida en Tenabo sin resol- 
verse á avanzar. En este intermedio los indios, aprovechando el aban- 
dono en que el gobierno y la comandancia general habian dejado á 
Tekax, por venir á atacar á Campeche, asaltaron la ciudad el dia 14 de 
Setiembre de 1857, y cometieron los mas horribles asesinatos y depre- 
daciones. Todavía en presencia de estos acontecimientos, aquellos hom- 
bres creyeron que primero estaba la guerra civil que la de castas, y el 
dia 22 de Setiembre se movieron de Tenabo. 

El dia 23, una pequeña fuerza de Campeche, al mando del teniente 
coronel D. Julián Ortiz, que estaba en observación en la hacienda Yax- 
cab, fué sorprendida en camino para Nachejá, por una fuerte columna 
de las tropas de Cepeda que venian en marcha. A pesar de la sorpre- 
sa, hizo resistencia, se replegó á Yaxcab, hubo bastantes muertos y he- 
ridos de una y otra parte, y Ortiz con otros cayó prisionero. Esta fué 
la primera acción de aquella guerra. 

El clero de Campeche, movido de un sentimiento humanitario y pa- 
triótico, quiso servir de mediador en la contienda. Se reunió y nom- 
bró de comisionados á los presbíteros D. Gregorio Jiménez, cura de la 
parroquia del centro, y D. Vicente Méndez, para que pasasen á Mérida 
á tratar con Barrera sobre la paz. El gefe político y militar del distri- 
to, D, Pablo Garcia, los dejó en libertad de obrar y emprendieron su 
camino el dia I."* de Octubre, con conocimiento de D. Manuel Cepeda 
Peraza que se hallaba en Hampolol '. ^ 

Mientras la comisión estaba en Mérida, el dia 7 de Octubre las fíier- 
zas de Cepeda, de una manera imprevista, sorprendieron al amanecer 
una trinchera distante una legua de la plaza, en el térnyno de la ciu- 
dad, y no encontrando otra resistencia, penetraron hasta el barrio de 
San Francisco, El pueblo, volviendo de su estupor, les resistió y de 
allí no pudieron pasar. 

La indignación publica habia llegado á su colmo desde el suceso de 
Yaycab. Las cartas escritas por D. J. Raimundo Nicolin y otros he- 
chos probaban la connivencia de algunos partidarios de D. Santiago 
Méndez con los enemigos de Campeche. La autoridad se vió en la ne« 



1 Dooomentos JnstificatÍTOS, niím. 29. 
? ídem ídem, nto. 24. 



— 109 — 

cesidad d^ reducir á priBÍCHti á D. Justo Sierra, D. Pedro Ramos, D. Cíe* 
mente Otayea, D. José María Caatillo y D. José Bello; D. José Rai- 
mundo Nicolin se ocultó y no pudo ser preso por mapS diligencias que 
se hicieron* 

La organisacion de las fuerzas d^ la plaza iba adelantando. Para 
mejor atender a su defensa, D. Pablo Garcia jefe político y militar del 
distrito, confió el mando de ella á D. Pedro 4e Baranda, quien dirigió 
4 los campechanos una proclama enérgica en 11 de Octubre ^ 

Desde que las fuerzas, del gobierno de Mérida ocuparon los barrios 
de la ciudad, empezó una guerra que jamas se habia visto en Yucatán, 
sino entre los indios barbaros. Barrera y el funesto partido que le 
rodeaba, que en todas partes tiene los mismos instintos, mandaron hos- 
tilizar de todos modos al distrito de Campeche hasta arrasarlo, hasta 
consumirlo. Aquellas tropas^ acostumbradas al botin de la guerra de 
eaatas, cumplieron bien su consigna/ saqueando las casas de los barrios 
de Sta. Lucía, San Francisco y parte del de Guadalupe que fué todo lo 
que pudieron ocupar, é incendiando varias embarcaciones. Para eter- 
no remordimiento del gobernador D. Pantaleon Barrera y del coman- 
dante general D. José Cadenas, que tantos anos vivieron en Cam- 
peche; para vergüenza y oprobio de esas gentes que se llamaban 
hombres de orden y garantías, vióse frecuentemente con el mayor es- 
cándalo entrar en Mérida y circidar por el resto del Estado, carros car* 
gados de granos, frutos, muebles, vestidos, imágenes y otros muchos 
objetos del saqueo de Campeche. El dinero y las alhajas preciosas no 
eran transportadas con tanto estrépito. A tal punto llegó este esceso, 
que el mismo general Cadenas mandó un ayudante suyo, D. Enrique 
Duque de Estrada, á cerciorarse de la magnitud de aquellos hechos, y 
este oficial por sus propios ojos se convenció en los mismos barrios de 
Campeche de que no habia exageración en lo que se decia. 

Esta guerra de tan mala ley y tan infame, se esteqdió a todo el par- 
tido de Campeche y al de Champoton. Del campo de San Francisco 
salian partidas, que haciendo marchas rápidas, caian repentinamente 
sobre poblaciones indefensas y las saqueaban, insultando á sus mora- 
dores. Hacian lo que hoy hacen Márquez y sus correligionarios. 

Así se robaron cuanto pudieron de las haciendas Roben, Yaxcab, 
Rio-Verde, Santiago, Yaxcabaoal, Xcampeu, Chapin, Uayamon, Chi- 
vic, &c« &c.; así asaltaron á China, Pocyaxum, Seibaplaya, &c. Deja- 
ron casi sin ganado vacuno á muchas haciendas de cria, se robaron to« 

l ])goiiiiieiitotjiiftifloativo8>iiúm.25. 



— no- 
clas las bestias mulares de carga y de tiro, el maiz, el arroz, el azúcar, 
la panela, todos los frutos agrícolas. Y no se crea que estos fueron co- 
gidos para el mantenimiento de los invasores, sino llevados á Mérida, 
á Valladolid y otros punto?, para ser vendidos publicamente por cuen- 
ta de los que habian convertido en negocio aquella desnaturalizada* 
lucha. Jefes de estos nuevos vándalos, aun después de concluida la 
guerra, lucian desvergoMados en las mismas calles de la capital de 
Yucatán los caballos de paseo y en sus casas los muebles robados á 
los vecinos del distrito de Campeche. 

Si estos atentados cometían en la propiedad, con las personas no 
eran mas escrupulosos. En las poblaciones pacíficas é inermes que sor- 
prendían, recogían & cuantos hombres encontraban y en cuerda los 
remitían á Mérida; allí eran encerrados en la cindadela o remitidos á 
los cantones, filiándolos de soldados rasos. 

Muchísimos documentos pudiéramos citar en comprobación de eatoa 
hechos; pero por no alargar demasiado este escrito, nos limitamos & 
algunos ^ 

Ya debe suponerse la ira que tales atentados causarían en todo el 
distrito de Campeche. Los habitantes de los barrios ocupados por las 
fuerzas de Mérida, que abandonaron sus casas antes que sufrir el yugo 
del invasor, eran los primeros en pedir con una abnegación y un patrio* 
tismo, dignos de los antiguos tiempos, que la plaza con sus ba^ y sus 
bombas redujese á ruinas los edificios todos con tal de ver desaparecer 
entre sus escombros á tan miserables enemigos. 

En las diversas guerras civiles que desde la independencia habian 
tenido las dos ciudades, repetidas veces los soldados del distrito de 
Campeche habian entrado en la capital y en las demás poblaciones del 
Estado, y nunca, jamas, habian hecho este género de guerra ni cometi- 
dos estos atentados contra las personas y la propiedad. Aun los pocos 
que hasta entonces velan con cierta indiferencia aquella lacha^ perdie- 
ron la calma, y todos sin excepción, hombres y mujeres, y hasta los 
niños, experimentaron el deseo vehemente de la división territorial. 
Desde entonces quedo abierta de una manera profunda, indestructible 
/ para siempre, la sima que separa á Campeche de Mérida. 

Por muy aguerridas que fuesen las tropas que habian invadido al 
iistrito y por muy bisoñas que fuesen las que guarnecían la plaza, dia* 
riamente habla combates en las calles de los barrios, provocados por 
guerrillas que sallan de la plaza á hacer la descubierta. Ademas la 



1 Dooiiiii0Qtot jufttíflcatiyoi. n^- 26. 



— 111 - 

plaza enviaba algunas secciones en persecución de las del enemigo que 
asaltaban las haciendas y demás lugares indefensos; pero como éste en 
sus marchas era tan rápido y no se detenia, nunca fué posible darla al- 
cance. El dia 7 de Noviembre, al mes justo de haber ocupado las fuer- 
zas de Mérida los tres barrios de Campeche, adiestradas algo las de la 
plaza, dieron un ataque general á sus contrarios. La aocion duró casi 
todo el dia; las fuerzas de Mérida estuvieron á punto de abandonar B\x\f 
atrincheramientos y lesfantar el campo; pero faltó & los de Campeche 
esa unidad de acción que solo es dable á las tropas regladas y bien dis- 
ciplinadas. 

Alentados con este suceso los dé la plaza, enviaron una expedición con- 
tra el puerto de Sisal, que fué tomado el 16 de Noviembre. Faltando 
& las instrucciones que se le habian dado, el comandantejde esta fuerza, 
D. Andrés Cepeda Peraza, avanzó hacia Mérida, y con tal confianza, 
que llevaba su artillería en carros y su tropa desprevenida en los mo- 
mentos de entrar en^^Ucü, á tres leguas de la capital, en cuyo pueblo 
tuvo un encuentro con fuerzas de Mérida. Sin orden ni dirección los 
de Campeche, pues su jefe tuvo que huir al monte» se dispersaron, re- 
gresaron & Sisal y se reembarcaron. 

Al fin fueron conociendo, aunque tarde, D. Pantaleon Barrera, D. 
José Cadenas y los que los habian instigando á esta guerra, que no era 
fócil, ni aun posible, dominar á Campeche, porque en cada habitante 
tenian un enemigo. Los esfuerzos mas extraordinarios fueron hechos. 
Barrera/^á pretesto de la guerra de castas, este antifaz que de tanto ha 
servido á varios tiranuelos de Yucatán para encubrir los mayores abu- 
sos, impuso una contribución estraordinaria de 100,000 pesos. Bajo 
el mismo pretesto oficiaba al supremo gobierno en 15 de Septiembre' 
diciéndole: que no creyese en los informes de los diputados al congreso 
de la Unnion, por los dos distritos elctoráles de Campeche, D. Tomas 
Aznar Barbachano y D. Nicolás Dorantes y Avila, sino á D. Santia- 
go Méndez, comisionado especial de Barrera cerca del supremo gobier- 
no, y á los Sres. diputados Renden, Cisneros, Carvajal, Castillo Peraza 
y Aldana, todos de Mérida; que le enviase gente, armas y algún di- 
nero, y que si de pronto no podia ir esto, le enviase uno ó dos bu- 
ques de guerra, mandase cerrar los puertos de Campeche y el Cérmen, 
y confirmase el decreto que destituia á todos los empleados de Campe- 
che y el Carmen. ¡Cosa estraña! el gobierno nacido del voto de la ma- 
yoría de los yucatecos^ no acertaba á sostenerse con tantos elementos de 
fuerza de que disponia, é imploraba auxilios del supremo gobierno! 

1 Docmnentoi JQitifloatiTOi, n^m. 27. 



-112- 

Por fortuna el suf)remo gobierno se impuso bien de los mil abusos 
cometidos en las elecciones, y no creyó justo prestarle su apoyojñsico. 
ni a^m el moral, á un gobierno nacido de la violencia. Tampoco creyó 
conveniente mezclarse en las cuestiones locales de un Estado, ponién- 
dose del lado de uno de los partidos contendientes. Y con mas cordu- 
ra resolvió mandar dos comisionados que en su nombre sirviesen de 
mediadores en la cuestión. Llegaron á estar nombrados para tan im- 
portante comisión el general D. Benito Quijanij y el Lie. D. José Ma- 
ría Cortes Esparza. 

El gobierno de D. Pantaleon Barrera estaba herido de muerte des- 
de su nacimiento, y nada hubiera bastado para hacerlo aceptable á los 
pueblos. No solo hacia la guerra á Campeche, sino que empleaba los 
medios mas violentos en el resto del Estado. El numero de presos, ex- 
pulsos y perseguidos fué tan extraordinario, que la cindadela de Mérida 
y las cárceles estaban henchidas; y para poner el sello á tales violencias, 
dio un decreto furibundo en 18 de Noviembre, prodigando la pena de 
muerte á los que llamaba traidores, y estableciendo de este modo el sis- 
tema del terror ^ Pero llegó un momento en que ni aun así pudo 
Barrera seguir gobernando. 

El general D. José Cadenas, autíque esclavizado al partido de Mén- 
dez, era hombre caballeroso y sensible, y no pudo ver sin afectarse la 
manera atroz con que habia sido tratado Campeche. Así fué, que se 
separó de la comandancia general, encargándose de ella el general D. 
Martin Francisco Peraza. Los mismos que mas hablan contribuido á 
elevar á Barrera, los que mas lo hablan empujado á la desnaturalizada 
guerra contra Campeche, por una de esas intrigas palaciegas semejan- 
te á la que produjo la separación de Zuloaga y su sustitución con Mi- 
ramon, pusieron á Barrera en la necesidad de separarse del mando. 

El 10 de Diciembre entregó Barrera temporalmente al general Pe- 
raza el gobierno; y este envió de comisionados de paz á Campeche al 
cura D. AntQnino Quijano, y D. J. Tiburcio López. Fueron muy bien 
recibidos en la ciudad el 16 de Diciembre, y en una junta celebrada el 
dia. 18, y compuesta de las autoridades, empleados civiles y militares y 
los principales vecinos, en presencia de los comisionados de Mérida^se 
declaró por unanimidad, que la base para un arreglo fuese no recono- 
cer como gobernador á D. Pantaleon Barrera. 

En contestación al oficio del general Peraza, con que enviaba sus 
comisionados, le decian Garcia y Baranda: "Así fué, y V. E. lo ha vis- 
to, que á nombre del gobierno, cuyas riendas tiene hoy en sus dignas 

1 Doonmentos justificativos, núm. QS. 



— lis — 

manos, y & la sombra de una legitimidad cuestionada, las fuerzas de su 
mando . han invadido hasta los barrios de esta ciudad, haciendo una 
guerra de la peor ley, saqueando, destruyendo é incendiando cuanto ha 
caido bajo sus manos: han recorrido las haciendas y poblaciones iner- 
mes del distrito, llevándose de las primeras las bestias mulares y roci» 
nes, el ganado vacuno y los cereales, destruyendo los trastos y aprisio» 
nando a los sirvientes^ sin mas objeto que dar de una sola vez un golpe 
de muerte á nuestra agricultura; y en las segundas han laqueado, mal- 
tratado y conducido prisioneros á los indefensos vecinos. No nos que- 
jaremos de los actos de barbarie cometidos con nuestros prisioneros de 
guerra, con nuestro» heridos y hasta con nuestros muertos, tal vez con 
el fin de amedrentar & nuestra tropa. V. E. con la ciencia de los he* 
chos y dotado de esquisita sensibilidad, podrá apreciar la enormidad 
de los ultrajes que hemos recibido, la intensidad de nuestras afeccio- 
nes y la disposición en que estamos para consumar el sacrificio 6 la 
venganza." 

T todavía en los momentos mismos en que los comisionados se ha* 
liaban en Campeche, y celebrado yá un armisticio, la hacienda Chivio 
fué invadida por una fuerza de Mérida, que macheteo á un sirvientCi 
se apoderó del ganado "vacuno y caballar que pudo encontrar é hizo 
los destrozos acostumbrados. 

No fué posible un arreglo, y los comisionados regresaron á Mérida el 
20 de Diciembre *. D. Pantaleon Barrera se resolvió entonces á sepa- 
rarse definitivamente del gobierno, y así lo hizo el dia 28 del mismo 
me s*, encargándose nuevamente del mando político el'general Peraza. 

Pero cuando esto tenia lugar, un acontecimiento extraordinario vino 
á dar otro sesgo á la cuestión. El pailebot nacional Constante, salido de 
Veracruz para Tabasco, por malos vientos arrivá á Campeche, trayen- 
do las actas del pronunciamiento de Veracruz por el plan de Tacuba* 
ya y unas cartas de Comonfort, escritas después del golpe de Estado, y 
dirigidas á las autoridades de Campeche y á las de Mérida, encargán- 
doles que hicieran cesar las hostilidades. En la, situación del pais, en 
presencia de estas cartas, y sobre todo, viendo que tan distinguidos li* 
berales como D. Manual Gutiérrez, Zamora, el general D. Ramón Igle- 
sias y otros, hablan abrazado aquel pronunciamiento, el ayuntamiento 
y la guarnición tle Campeche lo secundaron el dia 25 de* Diciembre. 
Creian todos que el movimiento político iniciado en Tacubaya era en 
sentido liberal y reformista. 

1 Doonmentofl Justifloativoi, núm. 29. 

^ Idtni ídem idom. 

Ifi 



— 114- 

En la misma acta en que se pronunciaron en Campeche por el plan 
de Tacubaya, por via de transacción en la cuestión del Estado fué nom- 
brada una junta gubernativa compuesta de cinco individuos, cuyo pri- 
mer vocal y presidente era el general D. Martin Francisco Peraza. El 
partido liberal de Mérida secundó el pronunciamiento de Campeche en 
todas sus partes el dia 1.** de Enero de I858j pero la guarnición de la 
cindadela levanto otra acta reconociendo k Peraza de gobernador y ge- 
neral en jefe, yno aceptando por consiguiente el establecimiento* de la 
junta gubernativa ^ Peraza se dirigió el dia 30 de Diciembre para 
Campeche con el secretario general de gobierno; tuvo dos entrevistas 
en los dos primeros dias de Enero con D. Pablo García, y no avinién- 
dose con el pronunciamiento de Campeche, hizo que las fuerzas acan- 
tonadas en el campo de San Francisco, secundaran el dia 3 el acta de 
la guarnición de Mérida. Así se desperdició nuevamente la ocasión 
de terminar la guerra civil. 

Afortunadamente las hostilidades habian cesado, y siendo ya imposi- 
ble la permanencia de las fuerzas de Mérida en los barrios de Campe- 
che, el dia 13 de Enero á media noche levantaron el campo, retirándo- 
se á la capital. 

Aunque la junta gubernativa se habia instalado en Campeche des- 
de el 26 de Diciembre, y era acatada y obedecida por el distrito, toda- 
vía en Hopelchen habia tropas al mando de D. Cirilo Baqueiro que 
obedecían á Peraza. 

Uno de los actos mas importantes de la junta fué volver al orden 
constitucional. Como las comunicaciones entre Veracruz y Campeche 
son solo por mar y muy irregulares, y suelen pasarse 30 y 40 dias sin 
que llegue buque, hasta principios de Febrero no se tuvo noticia en 
Campeche de la suerte que habia corrido el primitivo plan de Tacuba- 
ya. Süpose entonces que reformado por Zuloaga, se habia éste apode- 
rado del mando supremo de la nación, entregando la situación en po- 
der de los conservadores; y süpose que los pueblos que engañados, en 
un momento de sorpresa habian seguido á Comonfort en el golpe de 
estado, volvían al orden constitucional. Tal habia acontecido con la 
H, Veracruz. En consecuencia, el dia 5 de Febrero Campeche se des- 
pronunció, reconociendo nuevamente la constitución de 1857; y si- 
guiendo el ^'emplo de Veracruz que dijo: "El Estado de Veracruz r-ea- 
sume su soberanía sin perjuicio de reanudar los lazos qué lo unian á los 
Estados sus ¡lermanos^ cuando el centro legal de la república quede cons- 



1 ])001UlientOtj1UtÍfloatÍV08>núm. 30. 



— 115 ~ 

títmdOy^^ Campeche declaró: "El distrito de Campeche, comei^a la so- 
beíanía de que goza realmente^ hasta que restablecido el orden consti- 
tucional en la nación, vuelva á formar parte de ella/' La mira prin- 
cipal de la junta, al hacer esta declaración, era patentizar la indepen- 
dencia del distrito de Campeche del resto de Yucatán que obedecía á 
Peraza/ * • 

Una vez vuelto Campeche al Orden constitucional, la junta cambió 
con el Sr. Gutiérrez Zamora comunicaciones muy interesantes *, que 
prueban los principios liberales que defendia la revolución de Cam- 
peche. Los artículos del Boletín del Espirita Público *, dan un testi- 
monio irrefragable de lo mismo. Desde este momento quedó ya bien 
marcada la línea divisoria que separaba al gobierno de Mérida y al p%r* 
tido que lo sostenía, del gobierno de Campeche y el nuevo partido na- 
cido en su distrito. Peraza no solo no volvió al orden constitucional, sí- 
no que el 12 de Abril de 1858 hizo que la guarnición de Mérida reco- 
nociese plenamente el plan reformado por Zuloaga y todos los actos y 
autoridades nacidas de él ^. El resto de Yucatán, dominado todavía 
por la fuerza militar de los cantones y por el partido que hizo la elec- 
ción de D. Pantaleon Barrera y que ahora sostenía á Peraza, secundó 
este nuevo movimiento, 

Hahiendo cesado el imperio de la fuerza armada en las poblaciones 
del distrito de Campeche que estuvieron subyugadas por las tropas in- 
vasoras de Mérida, en los primeros dias de Abril levantaron actas li- 
bremente Hecelchakan, Calkiní, QÍtbalché, Tenabo, Becal, Tinun, 
Nunkiní, Hopelchen, Iturbide, gibalchen y Bolonchenticul *, declaran- 
do que era su voluntad que se formase del distrito de Campeche una 
entidad política enteramente independiente del resto de Yucatán. 
Hasta los pueblos de Maxcanü y Halachó quisieron pertenecer al nue- 
vo Estado. • 

Como 86 tuviese noticia que de Mérida venían fuerzas á sofocar aque- 
llos movimientos espontáneos, salieron de Campeche otras á mediados de 
Abril, al mando de D. Pedro de Baranda, para proteger aquellos pueblos, 
y unidas á sus antiguos camaradas del camino real y los Chenes, se formó 
una lucida división en Calkiní. Los de Mérida temiendo que ésta 



1 DocTmiento6Jn8tifloatLYOf,n&m.di. 
8 ídem Ídem Ídem- 
8 ídem Ídem ídem. 

4 ídem ídem, ^^* ^s* 

5 ídem ídesi, ^^ ^^* 

6 UiBni ífl fiPi B^« ^* 



— 116 — 

penetrara hasta los distritoa de Yucatán á vengar los inauditos agrá* 
vios y crímenes cometidos en el de Campeche, se hicieron fuertes en 
Maxcanü. Por fortuna las fuerzas de Campeche no tenian otra mira 
que proteger al distrito, y no se encendió de nuevo la guerra cíaíI; y 
después de mediar varias comunicaciones oficiales, se celebraron «o- 
lemnemente exi Mérida los tratados de división territorial el dia 3 de 
Mayo de 1858. La junta gubernativa de Campeche, en consecuencia 
de estos convenios y del voto esplícitamente manifestado por todo el 
distrito, dio un decreto á 18 de Mayo, declarando erigido en Estado 
el distrito de Campeche, y reconociendo como gobernador de él al Lie. 
D. Pablo Garcia, y general en jefe de las armas á D. Pedro de Baranda.^ 
Así, por mutuo consentimiento, y convencidos de que Mérida y Cam* 
peche no podian vivir bajo un solo gobierno, quedp sancionada la di- 
visión de la península yucateca en los dos Estados que hoy existen en 
ella, el de Yucatán y el de Campeche. Si esto se hubiera hecho desde 
el año de 1824, se hubieran evitado las guerras civiles, la guerra de 
castas, y tantos y tantos males que ha atraido sobre la península el an» 
tagonismo de aquellas dos ciudades. 

Tan pronto como se supo en Campeche que el gobierno supremo 
constitucional se haiña establecido en Veracruz, el gobernador del Es- 
tado se apresuro á poner en su conocimiento el 31 de Mayo de 1857, 
el fin que habia tenido la guerra civil entre Marida y Campeche, su* 
jetando á su aprobación los convenios de división territorial; y el supre- 
mo gobierno le contestó en 25 de Junio con palabras las mas explícitas, 
diciendo: <<que habia visto con satisfacción que se hubiese terminado 
de esa manera la desastrosa guerra fratricida que asolaba la penínsu* 
la de Yucatán; y que se remitiria el convenio citado al cuerpo legisla- 
tivo, tan luego como se instalase, apoyando las razones de convenien- 
cia pública que hay para que quede erigido constitucionalmente el 
nuevo Estado de Campeche.^' ^ 

Se vé, por consiguiente, que la división territorial ha nacido del voto 
libre y espontáneo de Yucatán y Campeche, que de ella tuvo conocimien- 
to el gobierno constitucional desde Junio de 1853, y que no fué efecto de 
la orden de ninguna autoridad, ni mucho menos del faccioso Zuloaga. 
Cuando éste, traicinando á Comonfort, asaltó la presidencia en Eaero 
de 1858, creyó que halagando los deseos de Campeche, conseguirla que 
lo reconociese y le prestase el auxilio de su marina para hostilizar á 
Veracrnz. Con esta mira, en un simple oficio de 29 de Enero, dispu- 

1 Documentos justifloativos, n\m 85. 

2 ídem ídem ídem- 



— 117 — 

go que la ciudad y distrito de Campeche con la isla del Carmen, forma- 
sen un territorio sujeto al supremo gobierno directamente, nombrando 
jefe político y militar de él al general D. Tomas Marín. Todo esto 
no se supo en Campeche hasta el 17 de Febrero de 1858, en cuyo dia 
llego el general Marín con las comunicaciones relativas, k bordo del 
pailebot nacional Joaquín. Luego que desembarcó, participo el objeto 
de su venida á la primera autoridad de Campeche; y sin entrar en co« 
municaciones oficiales con él, se le dijo que el distrito de Campeche no 
reeonocia al gobierno de Zuloaga, ni por consiguiente sus actos, pues 
desde doce dios árUes^ esto es, desde el dia 5 de Febrero, habia vuelto 
al orden constitucional. Y como se creyese que la permanencia de 
Harin en el distrito era peligrosa, se le did orden de salir de él al 
tercer dia. No habia buque para ninguna parte, y se le permitid ir al 
Carmen bajo la vigilancia 9k\ coronel D« José Dolores Zetina^ á esperar 
el vapor ünioriy en el cual se embarco para la Habana á fines de Fe- 
brero. Gomo el vapor tocaba siempre en Sisal, aprovecho esta opor« 
tunidad Marin para comunicarse mas de cerca con Peraza. 

£1 general Peraza y su partido se dirigieron á Zuloaga en unión de 
Marín, manifestando la conducta de Campeche; y entonces el gobierno 
de Zuloaga en una nueva 6rden de 5 de Mayo derogo la de 29 de Ene- 
ro, mandando que quedase sin efecto la erección del terrítoio de Cam- 
peche \ Escusado es decir, que ni aun para rechazar la división terri- 
torial, venida de manos de Zuloaga, le dirigió á éfeite el gobierno de 
Campeche un solo oficio. 

La conducta del Estado de. Campeche durante los tres años de lucha 
fué invariable. Jamas cejó un solo momento en la defensa de los prin- 
cipios constitucionales; y su gobierno no se limitó á mantener en el 
Estado la tranquilidad hasta el punto de que en los tres años no hu« 
biese en su estenso territorio un solo pronunciamiento por la reacciony 
sino que trabajo por el triunfo dé la conrttitucion cuanto le fué dable, 
atendido el estado de miseria y postradton en que lo hablan dejado 
cuatro meses de la mas vandálica guerra. 

El Estado de Campeche no podia ver con indiferencia que en el de 
Tucatan y el de Tabisco imperase la reacción. En el primero el ge- 
neral Peraza, y en el segundo D. Simón Sorlat, la sostienen. Campe* 
che auxilió á los liberales de ambos Estados, y en Octubre de 1858 vio 
triunfante en Yucatán y Tabasco el partido constitucional. T no solo 
contribuyó á este triunfo, sino que al primero lo ayudó & sostenerse, y 

1 Docnmentoi justificativos» n^m- 36. 



— 118 — 

con el segundo celebró un convenio de mutuo auxilio *. A Veracruj 
lo auxilió con 60 quintales de pólvora en Octubre de 1858, y 15 marine- 
ros para los buques de guerra; con 30 artilleros y un oficial en Marzo de 
1859, y con varios útiles de guerra construidos en la maestranza de la 
plaza de orden del ministerio de la guerra en 1860 ^ Cuando ama- 
gaba Miramon á Veracruz á principios de este año, vino á Campeche 
la orden de armar en guerra un buque que fuese en su auxilio. Des- 
graciadamente el barco conductor de la orden, tardó mucho en la na- 
vegación; de manera, que cuando estuvo listo el bergantín Hércules^ 
que fué el armado en Campeche, ya no era prudente enviarlo, porque 
acababa de pasar el general Marin por las aguas de Campeche con los 
vapores Miramon y Marqués de la Habana. Sin embargo, las tripula- 
ciones de los buques campechanos, que se hallaban en Veracruz á la 
sazón del bombardeo, desembarcaron y siA^ieron en las trincheras; y 
el mismo Sr. presidente Juárez se dignó darle las gracias por este ser- 
vicio al capitán Galindo de la goleta de tres palos Añila. 

Las leyes de reforma vinieron á probar también los principios é ideas 
dominantes en el gobierno de Campeche. Convencido de su utilidad y 
necesidad, las fué poniendo en observancia según fueron llegando. Los 
bienes eclesiásticos se empezaron á redimir desde Agosto de 1859 con 
arreglo á las leyes de nacionalización de 12 y 13 de Julio. En Octu- 
bre del mismo año fué extinguido, con arreglo á las mismas leyes, el 
Seminario conciliar de Campeche y establecido en su lugar el Imtitvío 
Campechano ^ El dia 1.** de Enero de 1860 quedó establecido en to* 
do el Estado el registro civil con sus jueces competentes y todo lo que 
les era anexo *. Y desde los primeros dias de ese mes entraron los 
cementerios en poder de dichos jueces. 

Todos estos actos, ejecutados sin vacilación y con energia por el Es- 
tado de Campeche, vinieron á poner de manifiesto el diferente espíritu 
y los diferentes principios é ideas que dominaban en el gobierno de 
Yucatán respecto de las leyeS de reforma. Desde fines de 1859 habia 
caido el gobierno liberal de D. Liborio Yrigoyen, y en su lugar habia 
entrado el de D. Agustín Acereto. Rodeaban á este casi todos los mis- 
mos que hablan rodeado á Barrera y Peraza, algunos partidarios adió* 
tos á su persona, y los tres ó cuatro hombres arrojados de Campeche, 
que eran sus consejeros privados. 



Documentos jnstáfioativos, b^- S7. 
ídem ídem, núm. ss. 
ídem ídem, n^« 39. 
ídem Ídem, n^* ^- 



— 119 — 

En las ideas de este conjunto de hombres no podía entrar la reforma; 
así es que salvas algunas redenciones de bienes eclesiásticos que se em- 
pegaron á hacer después de mediados de 1860, si no recordamos mal, 
nada se hizo allí en cumplimiento de aquellas leyes. Este contraste 
entre Mérida y Campeche, le produjo al ultimo algunas dificultades. 
Dependiendo en lo eclesiástico el Estado de Campeche, lo mismo que 
el de Tabasco, del Obispo de Yucatán, que reside en Mérida, las leyes 
de reforma recibieron ataques fuertes del clero. El Obispo circulo di- 
versas órdenes al vicario de Campeche y á los curas, concitándolos á 
no someterse á ellas, y aun dirijió oficios de protesta al mismo gober- 
nador del Estado ^ Algunos clérigos turbulentos, aprovechando las 
circunstancias, empezaron á publicar en el mismo Campeche, un pe- 
riódico religioso, titulado Las Verdades CaMlicas, en que se copiaban 
los artículos mas exagerados de La Cruz y se publicaban otros contra- 
rios á la autoridad civil. Sin embargo de que al respetable cura D. 
Gregorio Jiménez lo hacian aparecer como responsable de este perió- 
dico, el principal promovedor de él era el presbítero D. Vicente Mén- 
dez, y sus colaboradores mas ardientes dos padrecitos inespertos. Cela- 
rain y Lope, fuera de algunos beatos y santurrones que ayudaban á la 
empresa. 

El gobierno, dando una prueba de que las garantías de la constitu- 
ción eran para todos, dejó publicar varios nü meros de Las Verdades 
Católicas] pero atribuyendo á debilidad aquellos santos varones su leni- 
dad y tolerancia, pasaron del periódico al pulpito, y allí el presbí- 
tero D. Vicente Méndez y el padrecito D. Rafael Celarain predicaron 
sermones sediciosos; el gobierno los mandó salir del Estado *, y ee 
fueron á Mérida. 

Los que estaban interesados en alimentar estas hostilidades contra 
el gobierno y el Estado de Campeche, al cual no han cesado de mover- 
le una guerra hipócrita y de mala ley, ya que no se la pueden hacer 
franca y leal, se han empeñado en persuadir que el clero de Yucatán 
no tiene las mismas ideas retrógradas que el del resto de la República 
y que es sumamente pobre. A lo primero, diremos que efectivamente 
hay unos pocos clérigos ilustrados, que no pasarán de media docena, 
que comprenden la necesidad dé las leyes de reforma; siendo los demás 
completamente ignorantes, por la mala educación literaria que han re- 
cibido, y teniendo las ideas mas rancias en la materia. Pero unos y 
otros, por aquello de la santa obediencia^ se someten ciegamente á los 

1 DoonmentoB jmtifioativoi, núm. 4 1 . 

2 Uem Ídem, n¿m« 43. , 



— 120 — 

mandatos de su prelado, conformes con los del papa, y le hacen una 
guerra encarnizada á las leyes de reforma allí lo mismo que en todas 
partes. Sirva de prueba la protesta contra todas estas leyes del cabil* 
do de la catedral de Mérida, publicada en el Diario de ta Marina de 
la Habana, y que al verla el Progreso de Veracruz, le hizo dar la noti- 
cia bajo este título: Siempre eidero es el mismo en todas partes. 

A lo segundo; esto es, la pobreza del clero, diremos que también es 
falsa. Ciertamente, si se comparan los bienes del clero de Yucatán 
con los del clero del Distrito federal, del Estado de Puebla, México, &c. 
sin duda resultarían pobres, pobrísimos; como si se compara la rique- 
za de aquel Estado con la de éstos, resultará también pobre, pobrísimo. 
La pobreza y la riqueza no son cosas absolutas sino relativas, y de aquí 
es que atendida la pobreza del pais en que aquellos viven, no pueden 
llamarse pobres. En un pais, como la península yucateca, donde toda 
la propiedad raiz no vale 8,000,000 de pesos ¿seria pobre el clero al 
cual, después de haber perdido muchísimos capitales por su incuria, por 
las guerras civiles y de castas, le quedaban todavía como medio millón 
de pesos al tiempo de la nacionalización de los bienes eclesiásticos? 
En un pais donde no hay tres fortunas (y estas son las más pingües) 
que pasen de 300,000 pesos cada una; donde no hay veinte propieta- 
rios o comerciantes que tengan cada uno mas de 100,000 pesos; donde 
se llama rico al que tiene bienes por valor de 25, 30 ó 40 000 pesos; 
donde la casa mas grande y de alquiler mas subido, no gana 30 pesos men- 
suales, ¿no seria rico el clero que antes del año de 1840 tenia curatos 
que le producian una renta de ]2, 10, 8 y 6.000 pesos al año cada uno? 
¿No seria rico el clero que podia acumular tan pingües fortunas como 
hemos visto que han dejado á su muerte muchos curas, que han fa- 
llecido no en años remotos, sino recientemente, después del año de 
1850? ¿No será rico, por ultimo, el clero, que aun en el estado de po- 
breza actual del pais, gana no solo para vivir sino para comprar fincas 
rusticas y urbanas? ¿Será pobre el clero, en el sentido de una pobre- 
za tal que llegue á la miseria, cuyos individuos todos los vemos vestir 
decentemente, mantenerse no solo a ellos sino muchos á sus padres, 
hermanos y parientes? Allí, aunque en la generalidad no hay ese fa- 
natismo exagerado que en otras partes de la República, hay bastante 
piedad en todos, y nunca le falta á un sacerdote la limosna diaria de 
una misa, que vale un peso, y con la cual tiene lo bastante para sus ne- 
cesidades cuotidianas. Por lo demás, el clero en general es bastante 
virtuoso y morigerado, como lo es la sociedad en que vive. 

La oposición del Obispo de Yucatán al gobierno de Campeche ha si- 



— 121 — 

do llevada al extremo. Aunque en Mérida subsiste todavía el Semi- 
nario clerical, y las leyes de Reforma han quedado dormidas en mu- 
chos puntos, se publicd sin embargo la ley de libertad de cultos de Di- 
ciembre de 1860, y en Febrero del presente año se dieron ordenes 
para plantear el registro civil. Pues bien, publicada por ambos gobier- 
nos, el de Yucatán y el de Campeche, la ley de libertad de cultos, por 
8tt art. 11 no podian hacerse procesiones publicas sin la licencia de la 
autoridad civil. Llego la semana santa del presente año, y el gober* 
nador de Campeche, dando pruebas de su condescendencia y contempo- 
rización, dijo al cura que saldrian las procesiones de costumbre, previa 
la licencia que por la ley se le debia pedir. Consultado acerca de esto el 
obispo, mandó que de ningún modo se pidiesen tales licencias, y el re- 
aaltadofué que ninguna procesión hubo en Campeche en la semana 
santa. En Mérida, bajo el imperio de la misma ley, no solo hubo las 
procesiones de los años anteriores, sino algunas nuevas. ¿Por qué esta 
diferencia? ¿El Obispo pidió al gobernador de Yucatán la licencia 
qne no quiso pedir al de Campeche, ó las leyes de reforma en el Es- 
tado de Yucatán se publican solo y no se cumplen, dejando al cle- 
ro que las infriiya á su antojo con eso&mio de la potestad civil? 



16 



IX. 

Elementos del £stado de Campeche para formar uh Estado libre 
y soberano de la Confederaeion Hexieana. 



Tcrritoi-io: su situación, estension, plano topográfico, división, número total de poblaciones que ea- 
cierra. — Población: censo minucioso, mayor número de mujeres, oansas de este desequilibrio, 
comparación délos censos de 1850, del calculado pof el Sr. Regily del actual. — Agricultura^ tn- 
dustriay comercio^ navegación: dÍ7erso3 cultivos, corte del palo de tinte y maderas de construccioD, 
sal común; fábricas de jabón, diversas manufacturas, industrias de mar, pérdida de buques, ma* 
tríenlas de Campeche y el Carmen, fundición, máquina de aserrar, máquina de blanquear ants; 
comercio de cabotaje, comercio extranjero de importación, de exportación^ producto de fletes de 
la marina. — Administración federal en el Estado^ rentas federales: división de rentas, oficinas y 
empleados federales, producto de las rentas fe derales,'presupuesto de gastos federales, deuda sobre 
las aduanas marítimas por anticipaciones de derechos, arreglo conveniente para pagar esta deu- 
da y cubrir el presupuesto. — Administración interior y rentas del Estado: orden administrativo, 
presupuesto de gastos, reducción de contribuciones, diversidad de rentas, sus productos anuales, 
pago del presupuesto.— jPtierza armada^ cantón müitar de Hopelchen: fuerza en activo servicio, 
guarnición de Campeche, guarnición del Carmen, supresión del cantón de Hcpelchen, modo de 
cuidar la frontera del Estado contra los indios bárbaros orientales. — Justicia: separación de las 
funciones judiciales de las municipales, juicio por jurados. — Instrucción publica: escuelas de niños, 
escuelas primarias, liceos, Instituto campechano, ramos de enseñanza, número de alumnos. — Mc' 
joras meteiialesi carreteras, edificios públicos. — Importancia de algunas poblaciones: Campeche, 
Carmen, otras. — Constitución política del Estado: congreso constituyente, constitución, legres or- 
gánicas, existencia del Estado durante cuatro años. 

Ya que conocemos la triste, la desastrosa historia de la península 
yucateca; ya que todos sus males tienen por origen y causa el antago- 
nismo entre Mérida y Campeche, existente desde muy antiguo; yá que 
estos males no han tenido ni podido tener otro remedio que la división 
territorial; veamos si Campeche cuenta con los elementos precisos para 
ser Estado libre y soberano de la federación mexicana. 

Territorio. 

El territorio que comprende este nuevo Estado se halla en la parte 
occidental de la península yucateca, entre los 17° 49' y los 20<^ 56' de 
latitud norte, y entre los 83° y los 86° 40' de longitud occidental de 
Cádiz, 6 6° 7' y 9° 47' de longitud oriental de México. 



— 123 — 

Sus límites son: al N. y £. el Estado de Yucatán, al S. la Repúbli- 
ca de Guatemala y el Estado de Tabasco, y al O. el golfo de México. 

La superficie de este territorio, incluyendo el mar interior llamado 
Laguna de Términos^ puede calcularse en 3341^ leguas cuadradas. De 
este modo el Estado de Campeche vendrá á ser mayor en territorio 
que Aguascalientes, Chiapas, Guanajuato, México, Oaxaca, Puebla, Que- 
ra taro, Tabasco y Colima, y será casi tan grande como MichoacSn^ S* 
Luis Potosí, Veracruz y Zacatecas. 

El plano que se acompaña á esta memoria y la esplícacion que de él 
Be hace * dan una idea casi exacta de esta división territorial, y decimos 
casi exacta, porque mientras no se levante una carta geográfica, no se 
conseguirá la verdadera y deseada exactitud. Por mucho esfuerzo y 
cuidado que se haya puesto en las medidas itinerarias, no habiéndose 
podido conservar una línea perfecta de nivelación en ellas, y estando 
compuesta una gran parte del Estado de Campeche desuna serie suce- 
siva de lomas, que formando mesetas, van ascendiendo gradualmente 
según caminan de ocaso á oriente, es casi seguro que la situación to- 
pográfica de los lugares, determinada por esas medida?*, no es la geográ- 
fica que les corresponde. Debe haber resultado de allí una prolonga- 
ción irregular del plano hacia el este. Todo esto se enmendará con fa- 
cilidad cuando al plano topográfico, que hoy presentamos, se hagan las 
correcciones geográficas que necesita. 

Este vasto territorio está distribuido en grandes divisiones, que se 
llaman partidos: cada partido está subdividido en municipalidades] y 
cada municipalidad se compone de cierto numero de poblaciones. 
Estas poblaciones son de dos clases: unas cuyo territorio es del dominio 
publico^ y otras cuyo territorio es del dominio privado. Las primeras, 
por el orden de su categoría, se llaman ciudades 6 villas 6 pueblos 6 
rancherías] y las ssgundas, en el mismo orden, haciendas 6 ranchos ó 
9Íiios. 

Considerado así el Estado bajo su aspecto territorial, comprende en 
resumen: 

i^artldot. ManidpaUdadai. OladadM. 

Campeche.. 7 1 

Carmen .... 4 1 

Champoton. ÍO *' 

Hecelchakan 7 " 

Hopelchen . . 6 " 

TOTALES 5 34 2 



Tulas. 


Pueblo.. 


BanslMriu. 


HadaiidM. 


Buiehot. 


sitio.. 


u 


7 


« 


37 


23 


(( 


1 


2 


11 


11 


46 


18 


2 


8 ' 


3 


12 


48 


2 


2 


9 


8 


66 


16 


14 


1 


5 


23 


1 


23 


(( 


6 


31 


46 


127 


156 


34 



1 Doéiimeiitosjiutifloatívofl» núiii43. 



— 124 — 

Hay pues, en todo el Estado de Campeche, 6 partidos y 34 monioi- 
palidades, formadas por 84 poblaciones con territorio propio y 317 fin- 
cas rústicas. 

Población. 

Puede asegurarse que hasta ahora* no se habia hecho un censo de 
población tan completo como el verificado en el nuevo Estado de Cam- 
peche. Comprendiendo muy bien el gobierno la importancia de este 
documento, mandó ejecutarlo con toda minuciosidad y exactitud cuan- 
do creyó llegada la ocasión *. Lo publicamos íntegro * por ser de tan 
vital importancia en la cuestión de la erección del Estado de Campe- 
che, para que las personas que han de resolverla puedan juzgar tenien- 
do á la vista tan preciosos datos. 

El resumen del numero total de habitantes del Estado, según puede 
verse en el censo que obra entre los documentos justificativos, con dis^ 
tinción de sexos, es como sigue: 

Parttdof. Hombres. Mojent. ToMei. 



Campeche .... 9,245 

Hecelchjikan . . 10,454 

Hopelchen 10,018 

Champoton \ . . 5,938 

Carmen 6,001 



TOTALES ...» 41656 



11,59T 


20,842 


12,193 


22,617 


9,517 


19,535 


5,689 


11,627 


5,833 


11,884 


44799 


86455 



La diferencia que se nota entre el numero de hombres y el de mu* 
jere« se esplica fácilmente por la manera con que está organizada aque- 
lla sociedad y especialmente el servicio doméstico. Examínese el cen- 
so de las grandes poblaciones, con particularidad el de la ciudad de 
Campeche, y se advirtiré al momento. Es que allí las familias tienen 
un enjambre de criadas domésticas. No solo entre los que se llaman 
ricos, sino aun entre los medianamente acomodados, una familia, gom- 
puesta de un matrimonio y tres o cuatro hijos, tiene para su servicio 
un criado y cuatro ó cinco criadas. Aun sacándose estas domésticas 
de la masa misma de la población del Estado, siempre á la larga habia 
de producirse el desequilibrio; porque como generalmente viven y mue- 
ren célibes, no porque se les obliga á ello sino porque las costumbres se 



1 DoonmentoB Jiutífloativos, núm. 44. 
* Idom idom idom» 



— 126 — 

oponen al trato con los hombres oon quienes podrían casarse, esta frac- 
ción de la población no se propaga en el mismo orden natural que las 
otras. Pero es el caso que todas o la mayor parte de las criadas vie» 
nen de fuera del Estado; esto es, del resto de Yucatán; y así es muy co- 
mún encontrar en una familia una doméstica de Maxcanü, otra de Ma- 
ní, otra de Tihosuco, otra del rumbo del Valladolid, otra de las cercanías 
de Mérida, &c. Verdad es que de diez años á esta parte se ha disminui- 
do mucho la facilidad de conseguir estas- criadas; pero si se atiende á 
que eran traid€U9 á las casas de 8 á 10 años de edad y que en ellas per- 
manecen hasta 20 y mas años o tal vez hasta que mueren, porque se 
las considera como hijas de la casa,y si se atiende también á que sus bue? 
ñas costumbres, el buen trato y el corto trabajo las hace vivir bastan, 
te, no se estrañará que todavía no se note la diferencia que debe pro- 
ducir la dificultad de conseguir esas criadas. Si á todo esto se agrega 
la pérdida de hombres que ha habido en las guerras civiles y la de cas- 
tas, la extraordinaria que sufren las poblaciones marítimas, y la ausen- 
cia de los que andan viajando de tripulantes de los embarcaciones o en 
negocios fuera del Estado y que no figuran en el censo, se acabará de 
comprender ese exceso de mujeres sobre los hombres. 

Pero todavía hay otra razón de desequilibrio no en el conjunto, sino 
comparadas unas localidades con otras. Y así se advierte que en los 
partidos de Campeche y Hecelchakan el número de mujeres excede 
al de hombres, mientras que en el de los Chenes, Champoton y Carmen 
sucede lo contrario. Esto se esplica fácilmente. En el primero de es- 
tos tres partidos las poblaciones estuvieron sujetas al régimen militar 
y hubo en la cabecera un cantón, primero con motivo y después con el 
pretesío de la guerra de castas, que duro desde 1848 hasta 1858, en que 
fué extinguido, apenas se estableció el Estado de Campeche. En los 
diez años de acantonamiento militar afluyó allí mayor número de hom* 
bres como sucede siempre en estos casos. En los otros dos partidos, la 
diferencia proviene de que, siendo la parte del Estado mas reciente- 
mente colonizada (y esto también ha sucedido en parte en el de Ho- 
pelchen), los establecimientos agrícolas solo han ido á buscar á los otros 
partidos hombres trabajadores (porque las mujeres allí no trabajan en 
el campo), de donde ha resultado exceso de mujeres en los partidos de 
donde eran sacados solo los hombres, y exceso de hombres en los parti- 
dos é donde iban solo estos á buscar trabajo. Examínese el censo de 
población de los ranchos^ y se verá comprobado este aserto. 

En el curso de este escrito hemos lamentado muchas veces la despo- 
blación que sufrían antes de 1857 la ciudad de Campeche y otros luga- 



— 126 — 

res de su distrito; pero en rigor el Estado mismo jqo sufria ^te-qoe* 
branto. Lo que sooedia era que los habitantes huian de los grandes 
centros de población para diseminarse en su vasto territorio^ estable- 
ciéndose en el campo en nuevas poblaciones 6 en las antiguas situadas 
en los extremos del sur y sueste del Estado. Así se ha formado la 
nueva municipalidad de Pustunich, así fc ha acrescentado la población 
del Carmen y sus ranchos. £1 partido de los Chenes su&id una espe- 
cie de dislocación con motivo.de la guerra de castas: su población indí- 
gena se sublevó, abandonó los antiguos lugares que habitaba, y fué á 
establecer la nueva municipalidad de Mesapich, que reconoce al gobier* 
no del Estado de Campeche. La población del partido de Hopelchen 
era de mucho mas de 26,000 almas en 1847; hoy apéaas pasa de 19,OO0l 
Y todavía creemos que el total de 86^455 almas que arroja el censo 
es diminuto. Si consultamos los documentos estadísticos, nos conven- 
ceremos de esto. Tenemos la memoria del secretario general del gobier- 
no de Yucatán de 1850 y la estadística de Yucatán formada en 1852 
por el Sr. Dr. D. José María Regil. Hé aquí estos datos ^ (compara* 
dos con el censo actual del Estado de Campeche: 



Partidot. Cenia de 18S0. 


Censo calculado por el Sr. Regil. 


Oenio áe 199 


Campeche . . 21,446 


24.452 


20,842 


Hecelchakan 22,656 


25,831 


22,617 


Chenes 25,869 


29,494 


19,535 


Ohampoton . 6,296 


7,178 


11,627 


Carmen.... 5,965 


6,801 


11,834 


TOTALES. 82232 


93756 


86455 



La comparación de estos datos comprueba lo que acabamos de decir 
á saber, que la población ha emigrado de unos á otros partidos sin sa- 
lir del Estado; comprueba también lo que ella ha sufrido, pues en 11 
años debió aumentarse cuando menos . en un tercio, y si en 1850 era 
de 82,000 almas, en 1861 debía ser de 109,333. Así, mas de 22,000 
habitantes ha debido perder el Estado de Campeche en esos diez años! 

Felizmente desde 1858, á la sombra de la libertad, del progreso y 
las reformas, y á pesar de la guerra de tres años, la población ha em- 
prendido en su desarrollo su curso natural. Muchos emigrados vuel- 
ven & sus casas, se nota mas animación, mas movimiento^ y aquellos 

1 Véase ^ha Estadkíka de Yucaimf pnblicaila por la Sociedad de geografía y estadMea 
ea ld(^ péigina 9§1 y eitado C. 



- 127 - 

habitantes, qoe parecían dormidos en el etieño de la inercia y la'con^ 
suncion, despiertan alentados k la lu2 de su nwevo ser político y em- 
prenden con doble vigor la senda de restauración que se les abre. Así 
se v^ acrecentarse la población dia á dia, y de un año 6 otro el aumen- 
to ha sido mas notable. 

Agrtenltiira*— Indii8trta«-^€oiiiereio«— NaTegraeion. 

Todos los ramos de la riqueza, moribundos en 1857 y casi aoabadon 
de matar con la guerra barbara de fines de ese año, van renaciendo de 
su abatimiento. Aunque está bastante adelantada la estadística gece^ 
ral del Estado, todavía no está concluida, así es que no podemos fijar 
de un modo esacto el valor de estos ramos en la actualidad. Sin em- 
bargo, podemos dar alguna idea de ellos. 

Respecto de la agricultura hemos visto que hay en el Estado actual- 
mente 317 fincas rusticas. Deducido de este numero 34 sitios, dedi- 
cados esclusivamente á la cria de ganado vacuno, quedan 283 fincas: 
127 haciendas y 156 ranchos. En todas las primeras hay cria de ga- 
nado vacuno y se cultiva el maiz, el frijol y otras semillas^ y en mu- 
chas de ellas se cultiva ademas el arroz y la caña de azúcar. Los ran- 
chos están dedicados á estos mismos cultivos y ademas al corte del pa- 
lo de tinte y maderas de construcción. Fuera de estas fincas, que to- 
das tienen su población radicada en ellas, hay pueblos enteros agrícolas 
que cultivan en terrenos comunes o de propiedad particular grandes 
sementeras de maiz. Difícilmente pudiera calcularse la producción 
del maiz y del arroz, sin los datos estadísticos precisos, pero no queda 
duda que la producción excede á lo que el Estado necesita para su con- 
sumo, puesto que de esos granos se llevan cantidades á los otros puertos 
de la República y aun se exportan para la Habana algunas veces* 

De la caña de azúcar y del palo de tinte tenemos datos mas ciertos. 
Puede calcularse en 30,000 rnecofes, 6 sean 17.280,000 varas cuadradae 
el terreno sembrado de caña. El producto puede estimarse en 150^000 
arrobas de azúcar purgado y 300,000 arrobas de miel, que se emplea 
en las destilaciones de aguardiente. Hasta aquí no se habia hecho 
ningún ensayo de esportar azúcar bruta; pero el año próximo pasado 
se remitió de Campeche á New- York un cargamento de 2,000 arrobas, 
vendiéndose en ese mercado con la misma estimación que los me¡jores 
azúcares de la isla de Cuba. 

La industria del corte del palo de tinte llamado campeche y algo 
del moral, también es muy importante, pues anmilmente 9e espertan 



— 128 — 

por 80I0 el puerto del Carmen como medio millón de qmntal60» Ahord 
empieza también la exportación de maderas de construcción, especial- 
mente caobas. 

Hay otras industrias de importancia, como la estraccion de sal co- 
mún, la fabricación del jabón, la del aguardiente de caña, la de som- 
breros de paja, la de muebles de lujo, objetos de carey, tabaco labrado, 
velas de sebo, mistelas, y en fin otras, que no solo bastan para el con- 
sumo del pais, sino que dejan sobrantes que se estraen para los otros 
puertos de la República o para paises estranjeros. De la estadística mer> 
cantil del puerto de Campeche de 1856, publicada en 2/cw Mejoras mor 
terialesj hemos sacado el estracto que ponemos entre los documentos 
justificativos*. 

Pero la mas importante de todas las industrias del Estado de Cam- 
peche es la de mar. Empléanse en ella muchas embarcaciones, destinadas 
& la pesca, á la conducción de frutos de un punto á otro de la costa del 
Estado, al barqueo del palo de tinte en la Laguna de Términos, al co- 
mercio con el resto de la península, al de cabotaje con los puertos de la 
República y al comercio estranjero. Campeche tiene el justo orgullo de 
haber sido el primer puerto mexicano y acaso el único, que repetidas 
veces ha llevado á Inglaterra, Francia, España é Italia el pabellón na- 
cional enarbolado en cascos de construcción campechana; y es también 
el único puerto del Seno que mantiene un comercio bastante activo con 
los puertos de los Estados-Unidos, especialmente Nueva- Orleans, en 
buques nacionales. En 1859 y 1860 esta marina ha sufrido pérdidas 
lamentables: el bergantín DeseOy navegando de Campeche y Sisal para 
Nueva- York, se pasó por ojo; la barca Carmelita, navegando de Tam- 
pico para Nueva-Orleans, sufrid igual accidente; el pailebot Joaqmn 
pereció en los bajos de Veracruz, saliendo del puerto, y el pailebot Jr* 
rogante naufi^agó en los Alacranes, viniendo de Nueva-Orleans. Sin 
contar con la pérdida de las preciosas vidas de tantos jóvenes campe- 
chanos aht)gados en aquellos buques (con escepcion de la tripulación del 
Arrogante que se salvó) perdió la matrícula de Campeche mas de 600 
toneladas. 

Las matrículas de Campeche y el Carmen, prescindiendo de una por- 
ción de canoas y cayucos de poco porte, empleados en la pescd y el 
trabajo interior de los puertos y ranchos de la costa, se componen de 



1 So<m]n«ntoijaftifioatíYOf,núin.45. 



— 120 — 

90 emfa*reacíttnefl grandes que aúdcn on total d« 8,08$ icmeladM, en 
esta fonn*: 

1 bergantín con 108.60 toneladas. 

8 bergantines goletas. . . . 484.T8 " 

2 goletas 264.14 '< 

4 pailebotes 309.75 « 

2 canoas de tres palos . . . 136.67 " 

134 ídem de 30 6 mas toneladas. 895.87 " 
24 Ídem de 20 á 30 ídem. . . 541.99 » 
20 Ídem de 10 á 20 ídem. . . 29($.32 " 

80 embarcaciones grandes con 3036.92 toneladas ^ 

Casi todas estas embarcaciones son construidas en el pais. 

No concluiremos esta breve noticia acerca de la industria sin hacer 
referencia de una fundición establecida en la ciudad de Campeche por 
D. Eduardo Mac-Gregor. Este establecimiento va tomando cada dia 
mayor ensanche, merced á la protección que recibe del actual gobierno 
del Estado y de muchos particulares que le encargan diversos trabnjos, 
y principalmente por la constancia y dedicación de su dueño. Es ya un 
poderoso auxiliar para la industria azucarera, a la cual ha proporcionado 
y sigue proporcionando gran número de trapiches ó molinos de fierro 
colado de todos tamaños; para, la construcción naval, pues hoy dia casi 
toda la clavazón y pernería de cobre, que se emplea en el astillero, y 
muchas obras de fierro que necesitan las embarcaciones, salen 4e esa 
fundición; para la carpintería, pues á la fundición se ha agregado «aa 
sierra; para el cultivo del arroz, pues acriba de añadirse, movida por Ifi 
misma máquina de vapor que alimenta la fundición y la sierra, una Ri&* 
quina de descascarar 6 blanquear arroz, operación que hasta hoy ee hs« 
cía en pilones movidos por el brazo del hombre, de<}onde resultad que 
el cultivo de ese grano no podia estenderse por falta de apiladores, y 
que el producto no era bueno para los mercados estranjeros por salir 
muy despedazado; y por ultimo, esta fundición es mi poderoso auxiliar 
para todas las demás industrias que necesitan de maquinaria. A^taal- 
mente se construye en ella un alambique de Berosnne y deben haber-^ 
se empezado á fundir ya pailas de grandes dimensiones parólos trenes 
de fabricar azúcar. 

De la industria pasemos al comercio. A pesar de la gran decadencia 
en que se halla, todavía el puerto de Campeche tiene un comercio de 

1 DoenmMitos jottifioatiyoi^ oúm. 46. 

h7 



— 130 — 

cabotaje mayor que todos los demás puertos del Seno. En cuanto al co* 
mercio estranjero, el de importación parece mezquino, pero no lo es 
tanto si se considera que las importaciones hechas por Campeche y el 
Carmen son esclusivamente para el consumo del Estado; el de expor- 
tación es muy importante en un artículo, el palo de tinte. 

En 1856, que es el año de que tenemos datos exactos y auténticos 
respecto del puerto de Campeche, el comercio total de cabotaje ascen- 
dió á 300 buques con 16,535 toneladas y con un valor en sus cargamen- 
tos de 367,420 pesos, y el estranjero á 70 buques con 9,104 toneladas y 
825,309 pesos de valor en sus cargamentos. El comercio estranjero del 
Carmen puede estimarse, el de importación en 110,000 pesos anuales, 
y el de esportacion en 375,000 pesos. EJ comercio de cabotaje que se 
hace por el Carmen es corto, pues casi se reduce al envió á Sisal de al- 
gunas cantidades de azúcar, aguardiente, panela y maderas de cons- 
trucción; puede sin embargo estimarse en 25,000 pesos anuales. En re- 
sumen, el comercio marítimo del Estado con el resto de la República y 
con paises estranjeros puede calcularse de este modo:* 

Comercio de cabotaje . .$ 392,420 
Comercio estranjero . . „ 1.310,309 



$1.702,729 



, En est^ total hay valores que representan artículos que no se han 
consumido en el Estado, y otros que no son productos de él. Por ejem* 
pío, en el comercio de cabotaje de salida hay varias producciones del 
Estado de Yucatán, como pólvora, manufacturas de jenequen, gran par- 
te del almidón^ objetos de algodón, de cuero, etc.; hay otras produccio* 
nes de los otros Estados de la República como rebozos, alpiste^ anis, 
cacao» cominos, ajos, etc. En el comercio estranjero de esportacion hay 
una cantidad regular de plata acuñada, que no es producción del pais. 
Todo esto es verdad que no disminuye en nada la cifra total del mo- 
vimiento del comercio, pero sí disminuye los valores que representan 
productos del Estado 6 artículos que se consumen en él. Sin embargo 
aim «n eaoB objetos, respecto de los cuales Campeche desempeña solo 
el oficio de naviero, llevando de un lugar sus productos sobrantes 
ft^ro.^ue loa'necesita para su consumo, deriva una utilidad considera- 
ble, Ips. 4otea de su marina» Estos fletes, unidos al beneficio que saca el 



1 Dooaineutof jmtifloattvos, núm 47. 



— 181 — 

naviero del cargamento cuando lo lleva por su cuenta, como sucede ge- 
neralmente, no deben estimarse en menos de 50,000 pesos anuales. 

AdmlnUtraeion federal en el WintmAo^ renta» fedenOee» 

Tanto cuanto nos lo permite la estrechez de este escrito iremos dan- 
'do idea de los elementos con que Campeche cuenta para sostener bu 
rango de Estado. Después del aniquilamiento en que lo dejaron los ma- 
los gobiernos y las guerras, sobre todo la de 1857; y después de estos 
tres últimos años en que naturalmente se ha resentido del mal estado 
de toda la República, con cuyos puertos del Seno tiene su principal co- 
mercio, los datos que podemos presentar ahora solo pueden dar una idea 
aproximada de lo que el Estado será en pocos años, una vez establecida 
la paz y que el comercio tome su curso libre. 

Guando en 1858 quedó establecido el Estado de Campeche, por el 
mutuo convenio entre Yucatán y el antiguo distrito, no fué posible ar* 
reglar inmediatamente la administración pública tal cual se halla esta* 
blecida en tiempos de paz en los Estados antiguos de la federación me- 
xicana. Aquella nueva situación, por las circunstancias locales respecto 
de los Estados limítrofes en que imperaba la reacción, y por el infli\jo 
del resto de la República, convertida en un caos administrativo, nece- 
sitó de una administración algo centralizada para que fuese vigorosa. 

En Mayo de 1859, establecido ya el régimen constitucional en Yu« 
catan y Tabasco, el gobierno supremo autoriz6 el establecimiento de 
ana jefatura de hacienda en el Estado, con lo cual quedaron divididas 
las rentas. La federación tenia sus aduanas marítimas, su administra- 
don de la renta de papel sellado, su jefatura de hacienda, sus capi tañías 
de puerto, y poco después fué autorizado el juez de lo civil de Campe- 
che para conocer de los negocios pertenecientes al juzgado de distrito ^ 

Desde que se establecid la jefatura de hacienda, esta oficina ha sido 
Is única que ha recogido los productos de las rentas federales y la que 
los ha distribuido en las cargas federales. Los productos de las rentas 
particulares del Estado son recogidos por la tesorería general del mís^ 
mo y distribuidos en los gastos de la administración del Estado con en* 
tera independencia de la administración federah 

Las rentas fijas de la federación exfel Estado de Campeche consisten 
en los productos de las aduanas marítimas de Campeche y el Cármeñi 
de la renta del papel sellado y de la mitad del derecho de traslación de 
dominio que antes se pagaba. No contamos entre las rentas los pro- 



1 Doomnentoi JTistífioativos* n^m. 48. 



— 132 — 

ductos de la nacionalización de bienes eclesiásticos, tanto porque no tá 
una renta fija, cuanto porque estos bienes allí han sido muy cortos, co» 
mo que la masa total de ellos no ha escedido de 200,000 pesos. Tampoco 
contamos la renta de correos, porque no produce ni para sus gastos. 

Según los documentos oficiales que publicamos con este cuaderno S 
pueden estimarse dichas rentas por término-medio en 145,188 pesos at 
año, y deducidos los gastos de administración y la prima por toneladas 
á los buques nacionales, queda un producto líquido de 102,700 pesos. 
Estas rentas sin duda deben acrecentarse, y desde el año prócsimo pa* 
sado de 1860 han empezado á subir y seguirán subiendo en proporción 
del desarrollo que vayan adquiriendo la agricultura, la industria y con- 
siguientemente el comercio. 

Los gastos federales en el Estado de Campeche se reducen al pago 
de las guarniciones de Campeche y el Carmen, de las capitanías de 
puerto, de los sueldos de la jefatura de hacienda y del juzgado de di> 
trito. Siendo Campeche una plaza fuerte, la mas fuerte de teda laRe* 
publica, con escepcion de San Juan de ülfia, y como plaza fuerte de- 
pendiendo de la federación, debe tener una guarnición pagada por la 
nación, como la ha tenido siempre desde la independencia. Tiene tamr 
bien un parque de artillería y una maestranza, cuyos cortos gastoscorres- 
ponden asin'ismo á la federación como establecimientos nacionales* El 
Supremo Gobierno tiene puesto un comandante militar en el C&rmen, 
donde hay una pequeña guarnición. 

El presupuesto militar de Campeche, reducido á los dos tercios de tari- 
fa, por motivo de las escaseces de las rentas, asciende á solos 4,653 peso0 
mensuales, el del Carmen á 891 pesos y el ramo civil á 386 pesos, lo cual 
da un total de gastos al mes de 5,930 pesos, y al año de 71,160 pesos** 
Se vé, pues, que bajo el orden económico que se ha 'establecido en el 
Estado, las rentas federales bastan para los gastos de la federación y 
Hun dejarían un sobrante si no fuese la deuda que pesa sobre las adua* 
ñas marítimas, según vamos á demostrarlo. 

Con motivo de los gastos estraordinarios de la guerra, de los auxilios 
que Campeche prestó á Yucatán, Tabasco y Veracruz, de la coittpra de 
armamento y municiones para el servicio de la plaza, y & causa de un 
¿rédito de 80,888 pesos, parte de los 52,096 que se debian & la empre- 
sa de harinas, de que se hiao cargo la aduana de Campeche por 
tonvénio eon Tuaatan, la deuda contra las aduanas llegó á ser coasí* 



1 ])0(mmfiitosjiutifldattVDt»ttte.49, 

9 Uem iciAm, nám. 60. 



cbmUe^ T^omo loa documentos q^ue se libraban por estoa créditos 
á los interesados era por iodos los derechos que causasen, pronto resul- 
taron empeñados todos los productos. Fué necesario para cubrir los 
gastos de la guarnición hacer nuevos préstamos al comercio que aun- 
que nunca se contrajeron k un premio mayor que el del 15 p§ , siem- 
J)re daban estoa dos resultados: L ^ que no se estinguia la deuda; 2. ® 
que el erario se gravaba con los premios. 

Para salvar este doble inconveniente, en Julio de 1860 se celebró 
un arreglo con el comercio, por virtud del cual los productos de laff 
aduanas empezaron á dividirse de esta manera: 25^ para gastos de ad* 
ministracion, 37i^ pg para amortizar la deuda por anticipos y 37^ Po 
para atender á los gastos de la guarnición, que fué reducida y se la su- 
jetó a un. presupuesto económico de dos tercios de paga. 

Con estearregloj aprobado por el Supremo Gobierno y cumplido reli- 
gioeamente, ha quedado á salvo el crédito, la guarnición es pagada con 
puntualidad, no se grava al erario como antes y la deuda va disminu* 
yendo, de manera que en un año quedará estinguida. 

Estafl explicaciones, auténticamente comprobadas, demuestran que 
Ifts rentas federales son administradas con el mayor orden y economía 
en el Estado de Campeche y que éste no toma un solo centavo de cUas 
para los gastos de su administración particular. T bien pudiera tomar 
migo en cuenta de la cuantiosa suma que la nación le debe, provenien^ 
te del antiguo crédito de Yucatán contra el erario federal, acrecentado 
Cámsiderablemente en estos últimos años, del cual crédito correspon- 
de una parte á Campechci verificada la división territorial. 

Administración Interior 7 rentas del JBstado. 

La administración interior del Estado se ha arreglado también con- 
forme á sus necesidades y con la mayor economía. Para lo gubernati- 
vo hay jefes políticos en las cabeceras de partido, y en la capital el go- 
bierno del Estado con su secretaría. Para lo judicial hay jueces de paz 
en todos lee lugares, jueces de primera instancia en las cabeceras de de- 
partamentos judiciales y un tribunal superior. En lo de hacienda las 
contribuciones se recaudan por un subdelegado que hay en cada parti- 
do, y por una administración de rentas en la ciudad del Carmen que 
remiten los productos a la Tesorería general del Estado, la cual los dis- 
tribuye conforme á las leyes. Y en lo mnnicipal hay ayuntamientos 
juntas municipales y comisarios municipio Mgun la categoría de las 



— 134 - 

poblaciones, teniendo cada mnnicipio sus rentas que distribuyen en 8i» 
cargas peculiares. 

Este orden, calcado sobre el antiguo de Yucatán, con excepción de 
los municipios que están organizados de una manera nueva, debe sin 
duda sufrir modificaciones para la mejor administración del Estado, 
luego qne éste se constituya y se dé sus leyes orgánicas. 

El presupuesto de todos los gastos del Estado, con excepción de los 
municipales, tal cual está hoy montada la administración pública y 
conforme á las leyes que han arreglado cada uno de sus ramos, ascien- 
de á 5,588 pesos mensuales ó sean 67,056 pesos al año ^ 

Para cubrir este presupuesto no solo no se han aumentado las anti- 
guas contribuciones que el distrito pagaba siendo parte de Yucatán, si- 
no que algunas se han disminuido. El gobierno del Estado, atendiendo 
á la decadente situación de la propiedad, de la agricultura, del comer- 
cio, &c, desde Agosto de 1857 en que el distrito desconoció al gobierno 
de Yucatán, redujo varias contribuciones, aun á trueque de que solo bas- 
tasen sus productos para cubrir á medias las atenciones publicas como ha 
sucedido. La contribución sobre fincas que, según hemos visto antes, 
habia sido masque duplicada, volvió á serlo que era en 1855,1o mismo 
la de guardia nacional, y la de capitación, y la de patentes de venta de 
licores quedó reducida a la mitad. 

Las rentas del Estado consisten en las siguientes contribuciones: ini' 
puesto sobre fincas, sobre ventas de licores, sobre capitales en giro, ca- 
pitación, matanza de ganado vacuno y de cerda, guardia nacional, de- 
recho de exportación de productos del pais, derecho de introducción de 
efectos nacionales, y varios derechos menores como multas, venias de 
edad, loterías, juego de gallos, &c. Ninguna de estas contribuciones 
ha sido establecida nuevamente, sino que todas existían desde 1850, 
en que Yucatán arregló su hacienda pública; y como acabamos de 
advertir, no solo no se han creado nuevas contribuciones, sino que fue- 
ron disminuidas las antiguas desde 1857. 

Los productos de estas contribuciones en su Estado actual, y según 
lo que rindieron en 1860, pueden estimarse en 65,678 pesos anuales^. 
En los años de 1858, 59 y 60, por varios motivos y principalmente por 
los gastos extraordinarios, el presupuesto del Estado solo ha sido cu- 
bierto eH algo mas de la mitad; pero como las distribuciones se han 
practicado en justa proporción entre todos los empleados, desde el mas 



1 Documentos Jnstifioatiyos, núm. 5 1 . 

2 ídem idem, núm. 52- 



— 135 — 

eBCumbrftdo hasta el mas bajo, no ha habido la mas leve queja, ni se 
intento aumentar las contribuciones, creyendo el gobierno mas conve- 
niente darle un respiro al pais para que todos los ramos de riqueza pú- 
blica se repongan de los quebrantos sufridos, y sigan en la via de pros- 
peridad en que han entrado, aumentando naturalmente con sus pro 
ductos el de las contribuciones que deben pagar. 

Fuerza armada^ cantón de Hopelelien* 

En el Estado de Campeche no hay mas fuerza en activo servicio que 
la empleada en las guarniciones de la plasa de Campeche y el puerto 
del Carmena Esta fuerza es considerada como cfvica> sin embargo de 
que casi todos los jefes y oficiales que la mandan y los que desempeñan 
los otros servicios de plaza, son antiguos militares, permanentes 6 ac- 
tivos, que fieles á la causa constitucional^ la han sostenido durante los 
tres años de lucha. 

La guardia nacional está organizada en todo el Estado y ella es la 
que ha acudido a su defensa cuando ha sido preciso^ 

Cuando el distrito de Campeche se emancipó de Yucatán habia en 
Hopelchen un cantón militar, establecido desde 1848^ con motivo de 
la guerra de castas. Este cantón, muy necesario y ütilal principio, 
produjo después al partido de los Chenes los mismos males que los de- 
mas cantones del resto de Yucatán. El gobierno del Estado lo supri- 
mió en consecuencia, dejando sin embargo organizada la guardki, de 
manera que á la primera novedad de invasión de indios bárbaros pue- 
da acudir á la defensa de las poblaciones atacadas. 

Este sistema ha probado bien, y á fines del año próximo pasado se 
dio el caso de que los ibdios orientales ó de las poblaciones indepen« 
pendientes de Chichanhá, atacasen á las rancherías de indios paoífieoa 
del Estado de Campeche: avisaron éstos pidiendo ausiüo, la alarma lie* 
gó hasta los pueblos de Qibalchen é Iturbide; y el gobierno mandó al 
punto las fuerzas de los Chenes al mando de D. Romualdo Baqneiro, 
que llegaron hasta los límites del Estado en persecución de los indios 
sublevados y restablecieron la tranquilidad en las rancherías de los in- 
dios pacíficos \ 

Justicia* 

Ya hemos dicho que la administración de justicia está confiada á 
jueces de paz, jueces de primera instancia y un tribunal superior. An- 

1 Docnmentos justifioativos, núm 53 

2 Idemidenif núm. 54. 



I 



— 136 - 

tes en lugar de jueces de paz habia alcaldes que formaban parte de Iqb 
cuerpos municipales; por la nueva organización que se les ha dado á 
éstos en el Estado, se han suprimido los alcaldes y se han establecido 
los jueces de paz, que no forman parte de los ayuntamientos; de esta 
manera las funciones judiciales han quedado enteramente separadas dje 
las municipalidades. Los jueces de paz son renovados anualmente por 
elección popular directa, de la misma manera que los ayuntamientos, 
juntas y comisarías municipales. 

£n la constitución política del Estado, que está ya aprobada, se esta- 
blece entre otras innovaciones el juicio perjurados para los delitos co- 
munes. 

Instmeeion pábliea. 

Aunque todavía la instrucción publica no ha recibido en todo el Es» 
tado el desarrollo que debe tener, sin emburgo está bastante adelanta- 
da. Los establecimientos de enseñanza podemos considerarlos dividi- 
dos en cuatro clases: escuelas de la niñez, escuelas primarias, liceos, 
instituto de ciencias. 

Las primeras son muchísimas, desempeñadas generalmente por 
mujeres, y á ellas concurren multitud de niños de ambos sexos de 4 1 
8 años de edad. Generalmente se les enseña los primeros rudimentos 
de lectura, escritura, aritmética, religión y moral. 

Las escuelas primarias son ó publicas y gratuitas, 6 particulares y 
pagadas. Las públicas no son todavia tantas cuantas debieran ser pa- 
ra difundir la enseñanza en todo el pueblo, hasta lo mas remoto del Es* 
tado. Sin embargo, el gobierno y los municipios las protegen hasta 
donde alcanzan sus rentas, y de dia en dia se abren nuevos establecimien- 
tos de esta clase. Hoy se cuentan en el Estado 16 escuelas gratuitas de 
primeras letras con cerca de 1,000 alumnos. Puede estimarse en otros 
tantos los que reciben instrucción pagada en escuelas particulares. Los 
ramos de enseñanza consisten en lectura, escritura, principios do reli- 
gión, elementos de historia sagrada, principios de gramática castellana 
y principios de aritmética. 

Los liceos perfeccionan la enseñanza primaria y dan ademas princi- 
pios de la secundaria. Hay en Campeche dos de hombres con 126 alum- 
nos y dos de mujeres con 88 alumnas; y en la ciudad del Carmen hay 
uno de hombres con 50 alumnos y uno de mujeres con 30. En los pri- 
meros se enseña religión cristiana, gramática castellana con estensioDi 
aritmética razonada, escritura correcta, geografía, idiomaa^ teiM^uría 



— 187 — 

cto Hbros, dibujo, prineipios de materna ticas y aun nociones de filosoña. 
-£n \o& segundos i3e enseña religión cristiana, lectura, costura, bordado, 
dores artificiales, escritura inglesa, grain&tica castellana, aritmética 
práctica, geografía, idioma francés y nociones generales sobre algunas 
láencias. Especialmente entre el bello sexo la instrucción ha adelantado 
iMcfao. 

A los liceos de hombres concurren no solo los jóvenes del Estado de 
Campeche sino aun muchos que vienen de Tabasco, Tuxpam, Tlaco- 
talpa y otros lugares de la costa. 

M instituto de ciencias es el InstííiUo Ckimpechmio. Este estableci- 
miento, tal cual está montado hoy, le debe su origen á las leyes de reforma. 
Desde 1823 se fundó en Campeche un Seminario cfericaZ. bajo el nombre 
de Colegio de S. Miguel de Estrada. Este colegio habia logrado soste- 
nerse, aunque iba ya en muy notable decadencia, y no era difícil pre- 
ver sa próxima ruina, no solo como eitablecimiento de enseñanza sino 
en lo material del edificio en que se hallaba establecido. 

A fines de 1859 quedó suprimido, fundándose en su lugar el Insti« 
tuto. Este fué abierto el dia 3 de Febrero de 1860, y en Noviembre su- 
fiíeron sus alumnos el primer examen anual. La simple comparación 
de la8 clases y alumnos del Seminario con los del Instituto, dará una 
idea de la inmensa mejora que la instrucción superior ha obtenido. AI 
estinguirse el Seminario en 1869 habia en 



> Mínimos 
\ Menores 



Idioma latino 

Filosofía, , , 
Matemáticas , 
Náutica , , ^ 
Jurisprudencia 
Medicina , , 



En los exámenes de Noviembre del año próximo pasado presentó el 
Instituto en 





13 alumnos. 




13 


» 




37 


9f 




6 


)7 




6 


)í 




4 


}) 




8 


11 






Idioma castellano (curso de perfección) 
Idioma francés, > 9 > > > » » } 
Idioma latino (segundo curso) , 9 , , 
Aritmética razonada (curso de perfección) 
Algebra y geometría ,,,,,,, 
Filosofía (segundo curso) 1 9 , , , ^ 
lustoria, j > > 7 ) ) ; I 1 > , 



, 20 alumnos. 

,26 

,10 

. 19 
,23 

,27 

, 3 

18 



„ 

»» 
„ 
» 
„ 



-138 


— 






Qíiímí^ ,,,,,!,, 




. . 3 


11 


Farmacia (segundo corso) , , , 


1 1 > ] 


. , 1 


»1 


Náutica (primer curso), , , , 


f > 1 ] 


. , 1 


M 


Medicina (-egundo curso) , , , 


1 f 1 


. . 2 


» 


Juriaprudencia, ,,,,,, 


9 9 t 


, , 4 


f> 



Ademan ríe eííta« clames, el Instituto tiene las de dibujo lineal, idioma 
iug\(:n, teneduría de libros, física, derecho constitucional, publico y mer- 
cantil, que U-)davía no se han abierto por falta de alumnos convenien- 
temí;nte preparados para cursarlas. 

En reHÚnien, reciben instrucción gratuita en escuelas de primeras 
letras cerca de 1,000 alumno^; hay en los liceos 176 hombres y 88 mu- 
jeres, y en el Instituto Campechano como 90 jóvenes ^ 

Mejoras materiales. 

Al mismo tiempo que el gobierno del Estado ha atendido á la cues- 
tión política y de reforma, no ha abandonando las mejoras materiales. 

Los caminos han sido objeto principal de su cuidado. A fines de 1868 
se dio una ley clasificando las carreteras del Kstado, estableciendo el 
Arden en que deben ser construidas é imponiendo una contribución es- 
pecial para este objeto. Los efectos de la ley se están ya palpando. La 
carretera de Campeche á Mérida, llamada vulgarmente camino realy se 
hallaba en el estado mas deplorable; hacia como veinticuatro años que 
casi nada se trabajaba en ella, y el tramo de Campeche á Hecelchakan 
era un simple desmonte que en la estación de lluvias se convertía en 
un pantano donde los carruajes se atascaban muchas horas y hasta dias 
enteros. Hoy están ya concluidas cerca de tres leguas de una verdadera 
calzada, construida sólidamente bajo el sistema macadam. 

Al mismo tiempo ee ha emprendido la construcción de los caminos 
carreteros de Bolonchenticul y Hopelchen, las dos poblaciones mas im- 
portantes del partido de los Chenes, para unirlas al centro del Estado, 
poblaciones que hasta hoy no han podido comunicarse con Hecelchakan 
y Campeche por medio de carros. Se ha emprendido también la cons- 
trucción del camino de Chiná^ y en fin, en los partidos de Champoton 
y el Cérmen se van & echar varios puentes y á canalieaf los depósitos 
de aguas cenagosas que hacen insalubres las poblaciones: yia están en 
estudio estos proyectos. 



1 DooomentosJnttifloatiYoa, núm. 95. 



En cuanto 4 edificios públicos se han construido 6 reedificado en di* 
ferentes poblaciones del Estado, cuarteles para la guardia nacional, ca- 
sas para escuelas y algunos templos. En la capital se concluyó la 
construcción del hermoso edificio que sirve hoy de casa de gobierno, 
se está reedificando el antiguo en que estaba el Seminario y que ocu- 
pa hoy el Instituto, está bastante adelantada la obra del paseo de la 
plaza de Mermas, y el ayuntamiento ha comprado un buen relox que 
pronto será colocado. En el Carmen se está concluyendo el gran edi- 
ficio que sirve de casa municipal y para las'oficinas publicas, 

Importanela de nlganas poblaelones. 

Para acabar de dar una idea del territorio que aspira á ser admitido 
como Estado de la federación, diremos algo de algunas de sus princi - 
pales poblaciones. 

La ciudad de Campeche, capital del Estado, es una población de 
mas de 15,000 almas. Situada en un fértil valle, formado por una 
serie de. lomas que la rodean en semicírculo por el este, sur y oeste, es- 
tá ceñida por el mar en la otra mitad. Sus huertas, quintas y solares 
sembrados de cocoteros y multitud de árboles frutales, que se mantie- 
nen verdes ca^si todo el año, y la regularidad y belleza de sus edificios, 
pintados siempre en su parte exterior, le dan á la ciudad el aspecto 
mas risueño y encaaitador, comtemplada desde el mar. una cuarta 
parte de la población vive intramuros; las otras tres cuartas partes ha- 
bitan 8eis barrios, con muy buenos edificios, y capaces de contener cuan- 
do menos doble población de la que hoy tienen. 

Los muros de la plaza, sólidamente construidos de cantería, tienen 
un espesor de cerca de tres varas, y siete bastiones espaciosos que la 
defienden, con mas de 80 piezas de artillería, la mayor parte de á 24. 

Tiene la ciudad 8 plazas, 1 mercado, 5 puentes, 1 muelle de cante- 
ría, Z alamedas, 1 bellísimo teatro, 10 templos, 2 capillas, 1 rastro, 
mucliM escuelas, 4 liceos, 1 instituto de ciencias, 1 hospital civil, 1 ca- 
sa de beneficencia, 1 cárcel, ittarazana, parque generarde artillería y 
maestranza; y en edificios públicos, la casa de ayuntamiento, la casa 
de gobierno, la aduana marítima, la casa-mata, varios cuarteles, &c.(ftc. 
Las rentas de la eiudad importan de 18 á 20,000 pesos anuales^ que se 
invierten en sostener el hospital, la casa de beneficencia, el alumbrado 
publico [que es de gas portátil], los carros de aseo, las escuelas, la 
cárcel, &c. Tiene ademas 1 astillero, 1 fundición, 1 máquina de aser- 
rar madera y 1 de limpiar arroz movidas por vapor, varias destila- 



— 140 — 

ciones de aguardiente, fábricas de jabón, y talleres de artes y ofioio», 
entre los cuales los mas numerosos son los de carpintería, que trabajan 
muchos muebles de lujo. Tiene 2 buenas imprentas, un periódico po* 
lítico, 1 literario, y 1 consagrado á las mejoran materiales. 

La ciudad del Carmen es la segunda población del Estado. Ciudad 
marítima como Campeche, tiene una población de 11,834 almas. Su 
puerto es muy frecuentado por buques estrangeros. El aspecto de la . 
población, formada en gran parte de edificios de madera, ladrillo y te- 
ja, es muy risueño. Tiene varias iglesias, un pequeño teatro, 2 plazas, 
1 mercado, 1 cárcel, 1 hospital, 1 edificio espacioso y moderno en que 
está la casa municipal, la aduana marítima y otras oficinas; varias es^ 
cuelas, 2 liceos, alumbrado público de gas portátil, &c. &c* Sus ren- 
ta<j municipales pasan de 10,000 pesos anuales. Tiene 1 imprenta en 
que se publica un periódico. 

Siguen después en importancia las villas de Hecelchakan, Calkinf, 
Palizada, Champoton y Seibaplaya, Bolonchenticul y Hopelchen. En 
todas estas poblaciones hay muy buenos edificios de cal y canto, toctos 
tienen sus calles amplias y tiradas á cordel; hay plazas, mercados, eB- 
cuelas, iglesias, cárceles, cuarteles, algunas tienen alumbrado püblicc^ 
y todas tienen sus rentas municipales, mas 6 menos productivas, que 
invierten en las cargas que les están anexas. 

Constitución politiea del Estado* 

La reseña que hemos hecho en este capítulo del territorio, la poWa* 
cion, la agricultura, la industria, el comercio, la navegación, la admi- 
nistración publica^ las rentas federales, las del Estado, la fuerza armada, 
la administración de justicia, la instrucción publica, las mejoras mate- 
riales y la importancia de las principales poblaciones del Estado de 
Campeche, será bastante para convencer de que cuenta con los ele- 
mentos necesarios para formar un nuevo Estado de la confederación 
mexicana. Y debemos advertir lo que yá otra vez hemos repetido, es- 
to es, que apenas puede juzgarse de lo que será este Estado dentro de 
pocos años á la sombra de la paz y bajo de un buen gobierno. 

Pero si todas las cuestiones de este género no solo deben considerar- 
se en teoría y conforme á la razón y los buenos principios, sino tam- 
bién prácticamente, la cuestión del Estado de Campeche está ya re- 
suelta. Es y ha sido Estado^ luego puede serlo. Este raciocinio no 
tiene contestación. 

Desde Agosto de 1857 Campeche ha formado una entidad política 



í 

j 



—141 — 

independiente del resto de Yucatán; quedando desde Mayo de 1858 
organizado como Estado libre y soberano. En estos cuatro años^ que 
lleva ya de ecsistencia, no solo ha podido y sabido sostenerse en e^ 
rango que ocupa, sino que se ha hecho respetar de Yucatán cuando e 
gobierno de éste, instigado por pérfidos consejeros, quiso hostilizarlo. 

Confiado el Estado de Campeche en que el Soberano Congreso de la 
ünion lo admitirá como Estado de la federación mexicana por tener 
los requisitos que ecsige la constitución de 1857 en la fracción 3. * del 
artículo Y2^ ha seguido la marcha de los demás Estados sus hermanos, 
tan pronto como concluyó la guerra de tres años. El gobierno convo- 
có nn congreso constituyente del Estado, electo directamente por el 
sufragio universal del pueblo. Este congreso se reunid en Marzo y ha 
espedido y& la constitución política del Estado, ocupándose ahora de 
las leyes orgánicas. Y así con paso mesurado, como un hecho que se 
ha estado elaborando en los arcanos del tiempo^ el distrito de Campe- 
ele ha pasado por todas las luchas, por todas las pruebas, por todas 
las peripecias, por todos los grados por donde pasa todo pueblo que 
debe ser libre y soberano por la naturaleza misma de las cosas y que 
con sn fuerza y su abnegación llega á conquistar tan preciosos bienes. 

La cuestión del Estado de Campeche, considerada como posibilidad, 
está ya resuelta por cuatro años de ecsistencia; considerada como cues- 
tión de derecho, esta misma posibilidad, realizada, prueba que tiene los 
elementos necesarios para poder ser Estado, puesto que lo es y lo ha 
Ááo por su propia ñierza; réstanos para concluir demostrar la conve- 
niencia, la utilidad, de esta división territorial no solo para Campeche 
sino para el resto de Yucatán y la nación entera. Este sera el objeto 
de nuestro último capítulo. 



X. 



Resnmen historíeos eoneiasiones qne de él se deiÍTaos eMueneiesfiíis 

importantes para la peninsnla yncateea 7 la naeios, qne deben lacer 

de la ereeeion del Estado de Campeche. — Conclnsion, 



Resumen de los hechos históricos. — Consecuencias naturales quede ellos se derivan. — Se demues* 
tra que la causa de las guerras civiles entre Mérída y Campeche no ht nacido ni del sistema de 
gobierno, ni de haber estado Yacataa onido 6 separado de México, m de haber astado gabemado 
por sus hijos ó por personas da fuera del país, ni en fin, de los principios políticos. — Varias opinio- 
nes acerca del antagonismo anaigado entre Mérida y Campeche y la necesidad y conveniencia 
de la división tenitorial: de Martínez de la Pedrera, Santa- Anna, Ortiz (D. Tadeo), Serra y Ni- 
colin.— Artículos estensos de este (xlúmOf escritos en 1860, qne prueban la naoeaidad y conreiüea 
cia de la división territorial. — La división de la península yucateca en dos Estados es convenien* 
te á ella y & la Nación. — Ambos Estados, aun en la situación en que los dejó la guerra civil y de 
castas, cuentan con los elementos necesarios para subsistir sep^ados uno de otro, seguí lo de- 
muestra la esperiencia de cuatro afios. — Causa por la cual se oponen algunos de Tacatas á esta 
dinsion. — ^El partido liberal del Estado de Yacatan apoya la división territorial. — Nuevas razonet 
de conveniencia: el afianzamiento del orden, de la libertad y de la reforma en el Estado de Yu- 
catán por solo el ejemplo del Estado de Campeche; la extinción completa en él de la manta de in- 
dios, por la persecusion que Campeche ha hecho y hace á este infame tráfico; seguridad que ob- 
tendrá el Supremo Gobierno de mantener en paz la península por medio del eqnilibiío de.ambo^ 
Estados. — Objeciones qi^e pudieran hacerse respecto á establecer Estados pequeños en la confe- 
deradon mexicana: se resuelven. — Conclusión. 



Descansemos de esta larga peregrinación por el vasto campo de la 
historia política de la península yucateca y echemos una mirada re- 
trospectiva á ver de qué manera podemos esplicamos los graves acón* 
tecimientos que allí han tenido lugar. Reasumamos los prínci pales 
hechos. 

Al tiempo de la conquista del pais por los españoles, lo que hoy es 
Campeche formaba un Estado independiente de lo que hoy es Mérida- 

Durante la dominación colonial, fbé incesante la contrariedad entre 



— 143 — 

el municipio de la villa de Campeche y las autoridades superiores de 
la provincia. De 1542 á 1642 los alcaldes de la villa ejercieron toda 
autoridad en ella, y el de primer voto era el teniente nato del capitán 
general. Los capitanes generales, residentes en Mérida, quisieron des- 
truir este deifecho de los alcaldes, haciendo el nombramiento del te- 
niente, y de allí resultó un ruidoso pleito en 1654 entre el cabildo de 
Campeche y el capitán general dé Mérida. Al fin se estableció en 
Campeche un teniente de rey, segundo cabo del capitán general, nom- 
brado directamente por España^ con lo cual se calmó un tanto la disi- 
dencia; £a el siglo XVIII la lucha entre el cabildo y los capitanes 
generales estuvo empeñada nuevamente, y a fines de él era yá notable, 
según manifiesta el Lie. Martinaz de la Pedrera. A principios del si- 
glo presente siguió la lucha, y de ella, entre otras cosas, nació la apertu- 
ra del puerto de SisaL Llegó el año de 1812 y Campeche pidió con ins- 
tancia no solo la publicación de la constitución sino las elecciones po- 
pulares, que el capitán general queria eludir. En 1814 Mérida obe- 
dece inmediatamente el decreto de 4 de Mayo; Campeche se resiste. 
£b 1820 Campeche proclama el restablecimiento de la constitución de 
1812 contra las órdenes del capítrai general y del teniente de rey; y 
por último, en 1821 Campeche insta en 13 de Setiembre á las autori- 
dades superiores de Mérida á que proclamen la independencia, como en 
efeoto la proclamaron & oonsecoeneia de esto el dia 15. 

Apenas hecha la independencia, se empeña una lucha vehemente 
entre la diputación provincial de Mérida y el ayuntamiento de Cam- 
peche. Este manda quitar el pabellón español é izar el trigarante; la 
diputación reprueba el hecho, y ordena que en Campeche la autoridad 
militar reasuma el mando político, lo cual equivalia á poner la ciudad 
en estado de sitio: Campeche jura la independencia y separa los man- 
dos; Mérida rehusa prestar este juramento y ordena de nuevo la reu- 
nión de los mandos: Campeche desconoce entonces al capitán general 
por muy sospechoso á la independencia, y desde el 5 de Noviembre de 
1821 hasta fines de Febrero de 1822 queda separado de Mérida; esta 
fué la primera escicion. En pos de esto se formó el partido iturbidis- 
ia, ^Bostenido & la fberza en Campeche por el capitán general y el te- 
niente de rey: se hicieron elecciones municipales en Campeche é fines 
de 1622 y las ganó el partido liberal y anti-iturbidista. De aquí nueva 
Orden para la reunión de mandos, resistencia del ayuntamiento, motín 
déríco-^miHtar que la hace llevar ^ cabo. A poco tríuuia el partido 
liberal en Campeche, son echados \ob itarbidistas y los clérigos sedi- 
dosoBy y nuevas desavenencias se suscitan entre Mérida y esa ciudad. 



— 144 — 

Desavenencia sobre si Campeche tenia 6 no el derecho de nombrar 
un diputado para la diputación permanente; desavenencia sobre la per- 
sona que debia sustituir al comandante general; desavenencia con mo- 
tivo de que Campeche quería unirse desde luego a México y Mérida 
no: la diputación provincial da un manifiesto asentando las bases de sa 
política; el ayuntamiento de Campeche hace una declaración de prin- 
cipios en sentido opuesto: Mérida desaira al diputado de Campeche; 
Campeche indignado reclama contra esto y se niega a tomar parte en 
las elecciones generales de la provincia: nómbrase en Mérida un co- 
mandante general, que es desconocido por Campeche; nace de aquí un 
peligro inminente de una nueva escicion, que cesa con la proclamación 
de la República. 

Este ligero paréntesis entre las desavenencias de Mérída y Campe- 
che, acabó bien pronto. En Mérida prevalecía una política neutral en 
la guerra de España con México; en Campeche se quería una política 
decisiva por la cual se declarase inmediatamente la guerra á España: 
de aquí vino que Campeche quisiese enviarle al general Victoria los 
auxilios que pedia desde Veracruz, y que Mérida se opusiese: de aquí 
vino que Campeche rechazase á los emigrados españoles que venian de 
S. Juan de Ulua, y que Mérida lo reprobase; y de aquí en fin, que 
Campeche mandase borrar el escudo español de todos los lugares pú- 
blicos y quitar á algunas calles los nombres que recordaban la domina- 
ción colonial. Llega el acta constitutiva de la nación: Mérída man- 
da publicar solo el art. 5?; Campeche la publica íntegra^ declara la guer- 
ra a España y depone ó todos los empleados españoles: el congreso y 
el gobierno, residentes en Mérída, declaran sediciosos estos actos, que 
Campeche defiende como legítimos; de aquí la guerra civil en 1824. 
Las fuerzas de Mérida llegan hasta los barrios de Campeche; y después 
de inútiles tentativas, tienen que comtramarchar, tríunfando al fin las 
ideas de Campeche. 

Nombrado Santa- Anna comandante general de Yucatán, ll$góá 
Campeche en Mayo de 1824. Calmáronse algo las desavenencias en- 
tre Mérida y Campeche mientras cada una de estas dos ciudades tuvo 
por cierto que Santa- Aima se pondría de su parte como se lo hizo 
creer á ambas; mas halagado con el cargo de gobernador que le confi- 
rió el congreso, se decidió en favor de Mérida. Desde este momento 
se hizo impopular en Campeche, y se formó un partido contra él 6 cu- 
yo frente se puso el coronel Landero, comandante de la plaza: nuevaa 
disidencias^ Landero fué depuesto y embarcado por Santa-Anna,y mu« 
chos liberales fueron presos en Campeche. 



— 145 — 

Las desavenencias entre las dos ciudades continuaron. £a 1826 el 
congreso de Yucatán huye de Marida y se refugia en Campeche, don* 
de se creia mas seguro. Gradualmente se fueron otra ves predisponien* 
do los ánimos, y á mediados de 1829 era y6 una guerra abierta la que 
babia entre el gobernador Lopes, residente en Mérida, y el comandan* 
danta general GodalloR, residente en Campeche. Cadallos se separo del 
mando en Setiembre; pero IO0 elementos aglomerados en su tiempo^ ea- 
tallaron el dia 5 de Noviembre, pronunciándose la plaaa contra \w au«* 
toridades de Mértda. Triunfó esta revolución militar y centralista^ 
daró dos años; pero al cabo de este tiempo sus autores volvieran al sis- 
tema federal y eligieron un gobernador y un viee. A fines de 18S2 se 
verifícd en Mérida una nueva revolución, que apoyada por el general 
Toro y el coronel Llergo, que mapdaban las fuerzas de Campeche» 
triunfó. Volvió Lopes al gobierno, y Toro quedó de comandante ge- 
neral. 

Estando Lopes en Mérida y Toro en Campeche, este acuerdo no po- 
día durar mucho. Bn Setiembre de 1833 reemplasd á Lopeat el gober- 
nador Cosgaya, y á principios de 183é era ya casi un rompimiento el 
que habla entre Coi^ya y Toro. En Junio del mismo ano, el congre- 
^ y el gobernador, residentes en Mérida, desconocieron á Toro^ resi- 
dente en Campeche: Toro se prepara a la lucha; las fuerzas de Méri* 
da y Campeche tienen un combate sangriento el 29 de Junio de 1834 
en Hecelchakan, y el 26 de Julio otro en CeJkinf , que fué decisivo. 
Triunfante Tc»^, marcha a Mérida, disuélvese el congreso y huye el go- 
bernador. Toro y su partido dominaron hasta principio de 1837. 

A Topo lo reemplazo Rivaa Zayad como comandante general, y co- 
mo gobernador quedó al fin Guerra. £ñ 1839 ya empezaba nueva lu« 
cha, y en 1840 todo Yucatán estaba suUevado contra la plaza de Cam- 
peche, defendida por Rivae Zayas . Sucumbió éste porque la revolu- 
ción contaba con el voto del pueblo de Campeche; mas no por esto 
doró mucho la concordia entre las dos ciudades. 

Pronto Mérida se decidió por la independencia del Estado, mientras 
Campeche quería volver & la unión nacional bajo condiciones equitati- 
vas. Desde entonces se formaron dos partidos, uno enteramente me- 
ridano [el de Barbachano], otro enteramente campechano [el de Mén- 
dez]. Apenas pasado el peligro común de la terrible guerra con Mé- 
xico en 1848 y 43, esos dos partidos se entregaron á sus disidencias. 
Fueron estas creciendo de punto: Mérida, en cuestiones graves inte- 
riores y en sus relaciones con la República, procedió contra el vo- 
to de Campeche, hasta que á fines de 1846 estalló un pronunciamien- 
to 



— 146 — 

to en Campeche contra Mérida. Los dos partidos apelaron á las ar- 
mas: después de varias acciones sangrientas sucumbió el de Barbacha- 
no; pero el de Méndez no pudo cimentar su gobierno. Uno en pos de 
otro vinieron varios disturbios acaudillados por los partidarios del pri- 
mero contra los del segundo: se echo mano de los indios como ausiliares 
en la contienda; y en 1848 Yucatán era una pira y un cementerio: en- 
tre Mérida y Campeche se habían interpuesto los bárbaros! El parti- 
do de Méndez ni aun así se daba por vencido; pero su jefe llamd i 
Barbachano al poder. El pais siguió en la lucha contra los indios, y al 
fin se salvó. 

Las disensiones entre Mérida y Campeche no por esto acabaron. 
Siguieron en los periódicos y en las campañas electorales de una ma- 
nera destemplada, frenética, ilegal. Vino de allí que fuesen reproba- 
das las elecciones hechas en 1849 para el congreso nacional; vino de 
allí que en 1850, en el mismo Mérida, los dos partidos se dividieron el 
colegio electoral, cada uno hizo su elección separadamente, resultando 
48 diputados en vez de 24; y como era natural, ambas elecciones fue- 
ron declaradas nulas. 

Después de reincorporado nuevamente Yucatán á México, llego el 
general Vega investido con el mando general de las armas. No se 
quedó en Campeche sino pasó i. Mérida, para mejor atender fr la cam- 
paña contra los indios sublevados. Gradualmente lo fueron indispo* 
niendo contra Barbachano y su partido, y en 1853, ligado á los partida- 
rios de Méndez, lo derrocó del gobierno y disolvió el congrego; dester- 
ró después á Barbachano y sus principales partidarios, y unido siem- 
pre á los de Campeche, pudo triunfar en Octubre del mismo año contra 
el pronunciamiento por la federación de Molas y Cepeda, que eran 
barbaohanistas. 

En 1855 y 56 pareció, si no estinguida, por lo menos apaciguada la 
discordia entre Mérida y Campeche; y en 1857 se creyó posible cimen- 
tar sólidamente la unión entre las dos ciudades. Vana esperanzal 

De los jóvenes que tal pensaron, unos fueron combatidos y otros 
seducidos por los viejos partidarios, y el antagonismo entre Mérida y 
Campeche resucitó con mas violencia que nunca. La guerra civil que 
Mérida llevó en Octubre de 1857 á Campeche, quedará eternamente 
grabada con los rasgos mas profundos y ecsecrables. 

Si el antagonismo entre Mérida y Campeche es una quimera; si en 
sus elementos constitutivos, en sus intereses permanentes, en todo el 
conjunto que forma la vida de ambos pueblos, no est|i el germen de 
sus disensiones {^dónde encontraremos el origen de ellas? j^Será la 



-147 — 

caaaa el sistema de gobierno? Pero hemos visto que desde antes de 
la conquista, los pueblos que habitaban las das regiones ocupadas hoy 
por Mérida y Campeche, eran independientes entre sí; hemos visto 
que bajo el régimen colonial absoluto, bajo el colonial constitucio- 
nal,, en los primeros dias de la independencia, durante el imperio, 
durante la República federal, durante la central, durante las dictadu- 
ras, y en fin^ bajo todos los sistemas políticos, han ecsistido las mismas 
disensiones, que gradualmente han ido creciendo hasta producir las 
escisiones temporales, las guerras civiles, la guerra de castas y la final 
separación de las dos ciudades. 

¿Será la causa el haber estado Yucatán separado de México ó el ha- 
ber estado unido á él? De 1821 á 29, de 1833 & 40 y de 1849 á la fe- 
cha, que son veintiséis años, Yucatán ha estado unido á México; y de 
1830 á 32, de 1840 á 49, que son doce años, estuvo separado. Pues 
bien, la escisión de Campeche de 1822 y las guerras civiles de 1824, 
34, 39 y 40, 63 y 57, ¿no tuvieron lugar durante el primer periodo? 
jNo en este mismo fué el pronunciamiento de 1829 y tantos otros 
hechos en que se manifestó la aversión, la repulsión de ambos pueblos 
y la resistencia de dejarse el uno dominar y gobernar por el otro7 
jNo en el segundo periodo, de la separación de Yucatán de la Re- 
pública, fueron las guerras civiles de 1846 y 47 y la de castas de 
1848? Resulta pues, que independientemente de la unión ó separación 
de la península del resto de la nación, y de las causas que en ello han 
influido, las guerras civiles ent^e Mérida y Campeche han seguido su 
corso natural, producidas sin duda por otro género de causas que nada 
tienen de común con aquellas» Estas dos especies de hechos sociales, 
6 políticos si se quiere, han seguido dos líneas enteramente diferentes. 
Las luchas entre Mérida y Campeche como una enfermedad crónica, 
tuvieron sus síntomas^ sus preludios, sus accesos leves, sus ataques 
graves, sus fuertes recaidas en periodos cada vez mas cortos. Los 
síntomas y los preludios del mal ecsistieron bien marcados de 1812 á 
1823, hasta que en 1824 estalló la primera guerra civil; i, los diez 
años (1 834)- otra guerra civil; á los 6 años [1839 y 40] otra; á los 6 
años [1846, 47 y 48] otra; á los 5 años (1853) otra; á los 4 años [1857] 
otra. Y es casi seguro que si Campeche no se hubiera separado defi- 
nitivamente de Mérida, á los 3 años [1860] hubiera habido otra guer- 
ra civil mas sangrienta y terrible que la de 1857. 

¿Será la causa el.haber estado Yucatán entregado al gobierno de sus 
propios hijos? Pero ni Alvarez, ni Santa-Anna, ni Landero, ni Coda- 
llos, ni Toro, ni Rivas Zayas, ni Vega, eran yucatecos; y hemos visto la 



—148 — 

parte decisiva que tomaron en las disensiones intestinas entre Méri- 
da y Campeche. Y cosa singular! casi todos ellos estuvieron del lado 
de Campeche en esas disensiones. 

¿Será la causa los principios políticos? Pero lo mismo bajo la cwis- 
titucion central de 1837, conjunto de principios retrógrados, que bajo 
la particular del Estado de 1841 en que están consignados los princi- 
pios de progreso y reforma que hoy imperan en la nación, hubo disen- 
siones entre las dos ciudades. Las hubo también bajo el acta consti- 
tutiva, bajo la constitución federal de 1824, bajo las Bases orgánicas y 
bajo la misma constitución de 24 reformada. Las hubo bajo las cons- 
tituciones particulares de Yucatán de 1825, 1846 y 1860. 

Fuerza es creer, en vista de todos estos hechos, que ni los principios 
políticos, ni el que los gobernantes fuesen o no del pais, ni el qne Yu* 
catan haya estado unido á México ó separado de él, ni por último, los 
sistemas de gobierno, han sido el origen y la causa del antagonismo y 
las disensiones entre Mérida y Campeche. Otro origen mas profundo^ 
otra causa mas constante é invariable, debemos atribuir á esa serie de 
hechos que se ha ido desarrollando hasta terminar en la escisión do 
las dos ciudades. Y si esta causa no la buscamos en la diversa cons- 
titución social de ambos pueblos, en sus diversos intereses permanen- 
tes, en sus diferentes usos, costumbres y ejercicios, no la encontraré* 
mos en ninguna parte. 

Tan cierto es esto, que muchos señalaron desde bien antiguo lo grave 
é irremediable del mal, y otros posteriormente no han encontrado otro 
remedio que la división de la península en dos Estados. Yá hemos vis- 
to lo que opinaba en 1823 el Lie. D. José Martínez de la Pedrera. Yá 
hemos visto que en 1824 el general Santa-Anna, al hablar del modo de 
poner de acuerdo á Mérida y Campeche, decia que al tentar los me- 
dios no habia hallado sino abismos de cuya profundidad temblaba el ojo 
á su vista, y que presentía la suerte fatal del pais. Ya en 1832 D. Ta* 
deo Ortiz, no solo indica el mal, sino que propone la solución de la cues- 
tión en términos claros y precisos. ^*La península de Yucatán, dice, 
jamas hubiera imaginado romper el pacto y dar la ley á toda la confe- 
deración, fueran las que fuesen las circunstancias de la República, que 
sin duda contribuirían algo, si Campeche, mas relacionado y simpático 
con los Estados litorales vecinos, le hubiera podido oponer un contra- 
peso independiente y legal por la igualdad de rango. Yucatán, situa- 
do en el estremo oriental del territorio de la RepübUca, contiguo á una 
poderosa posesión enemiga, separado, aislado y sin comunicaciones fi- 
jas y aprocsimadas por el trato de las poblaciones de los Estados inme- 



— 149 — 

díatos, mienlras no se stibdimdu, estará mas eapueaio á las insidias y 
manejos siniestros de los díscolos y de los adversarios de México. Jus- 
tamente los intereses y divergencias de los habitantes de Campeche, 
facilitan y favorecen esta providencia de política. La superficie de 
5,977 leguas cuadradas, y la población compartida entre los dos Estados, 
alejarían o imposibilitarían su escisión para siempre, proporcionando 
un EUado naevo^ importante y vigoroso^ que Campeche por su plaza 
fuerte, única de este orden que posee México en el Atlántico, aplaudi- 
rla; y con la colonización y fomento del distrito inmediato de Usuma- 
cinta^ el Estado naciente florecería y aprocsimaria por tierra y por mar 
frecuentes y activas comunicaciones con los Estados de Chiapas, Ta- 
basco, Oajaca y Veracruz, porque el genio de sus habitantes, natural- 
mente inclinado á la marina, no dejarla de impulsarse y cobrar brío 
con esta medida y los esfuerzos de la administración de un gobierno 
local, activo y celoso de sus adelantos." 

El Dr. D. Justo Sierra décia en 1. ^ de Noviembre de 1849, \ ha- 
blando del asunto, estas palabras: ' '^Hubo un tiempo feliz y glorioso en 

que juzgamos que pudo hacerse esa división; pero hoy? ah! hoy 

ha pasado esa oportunidad, que acaso no volverá á presentarse en mu- 
chos añost • • • Tel.vez la necesidad podrá llevarnos á ese término, 
pero esa necesidad seria muy dura." La oportunidad do que el Dr. 
Sierra hablaba, probablemente fué la de 1846, y si creia qué en 1849 
no era oportuna la división, era porque el pais aun estaba envuelto en 
la guerra de castas. Y sin embargo, preveia entonces que la necesú 
dad, esa necesidad que se hizo sentir tan poderosamente en 1867 de 
ana manera por cierto bien dura y terrible, habia de conducir á la pe- 
nínsula yucateca á la divbion territorial. 

Pero nadie ha tratado esta cuestión mas estensamente que el Lie. D. 
José Raimundo Nicolin. Precisamente en ese mismo año de 1849, 
cuando el Dr. Sierra en su periódico el Féiiix^ no solo admitía la idea 
«no que confesaba que desde mucho antes la habia tenido y solo cues- 
tionaba acerca de la oportunidad, el Lie. Nicolin en su periódico La 
Censura, publicaba varios artículos sobr.e la necesidad y conveniencia 
de la división indicada. ' Después de hacer ver en ellos las disensio- 
nes incesantes entre Mérida y Campeche, trata del remedio en estos 
términos: 

'^Hemos dicho que la división indicada es el único medio que nos 



1 Véase el núm. 73 del periódico titaUdo El Fénix. 

2 Estos artículos se han reimpreso en esta capital en un cuaderno con el título de La dimion 
de territorio en Tucaian^ 



— 150 — 

asegura la paz, el sosiego que tanto se necesita; y si no, preguntamos: 
¿cuál otro puede proporcionárnoslo? Hay efectivamente dos medios 
mas; á saber, el de una verdadera reconciliación entre todos los parti* 
dos y la unión sincera y perfecta de todos los yucatecos, y el imperio de 
la fuerza armada; pero ¿son acaso adaptables estos medios? Vamos á 
verlo. 

"El primero, el de una reconciliación de los partidos políticos en que 
está dividido el pais, la unión franca y fraternal de todos los yucatecos, 
es un sueño, como lo es todavía la paz universal .... No hablamos 
sin fundamento, tenemos esperiencia propia sobre este particular. ¿Qué 
sucedió con aquella reconciliación que se figuro el año de 1847? ¡Ah, 
qué doloroso es recordar un acto celebrado solamente para engañar al 
público!.... 

"Tampoco la fuerza armada es propia para establecer la paz y tran- 
quilidad en los pueblos. Cuando los gobernantes se apoyan en ella, 
son regularmente déspotas y tiranos: entonces el sosiego que se disfru- 
ta es aparente, es como la quietud del esclavo, quien acecha de conti- 
nuo la ocasión de sublevarse contra su amo .... Por consiguiente, aho- 
ra mas que nunca es imposible contener á un pueblo por la fuerza y 
mantenerlo tranquilo. Luego ¿cómo podrá ser ella un medio eficaz pa- 
ra evitar las discordias civiles entre nosotros, para poner un freno á las 

pasiones, cuando éstas se exaltan mas siendo contrariadas? ¿De- 

jaria por esto de haber disturbios y asonadas? Entonces los pronun- 
ciamientos serian militares. . . . ¿Quién pondré en duda esto? La es- 
periencia no nos lo tiene acreditado? No ha sucedido así anteriormen- 
* te en Yucatán? Díganlo, si no, los pronunciamientos efectuados en los 
años de 1829, 832 y 834. ¿Qué se ha hecho, qué se hace en la Repú- 
blica sino esto mismo? 

"Por otra parte, el jefe militar en Yucatán seria el arbitrio de todos 
los destinos^ quitarla y pondría á su antojo á los gobernantes y demás 
empleados. Los descontentos, pues, no tendrían mas que halagar ár 
dicho jefe, ponerse bien con él, para derribar al gobierno del Estado si 
no les era grato. ¿Y habría así paz, habría tranquilidad, habría re- 
poso! 

"Probada yá hasta la evidencia que la causa de los grandes males que 
nos afligen son las discordias civiles; que en estas tiene la principal par- 
te el espíritu de localismo, ó bien sea la rivalidad de Mérida y Campe- 
che; que la unión de estas dos ciudades ó de todos los yucatecos, que 
seria el medio mejor de que prosperase Yucatán, no es posible, porque 
esta es obra de la civilización de la cual estamos todavía muy distantes; 



-151 — 

que la fuerza no es tampoco medio eficaz para hacer la felicidad de los 
pueUos, y mucho menos de los que se rijen como nosotros, por el siste- 
ma representativo popular; probado todo esto, decimos, queda demos- 
trado por lo mismo la necesidad de dividir á Yucatán del modo indica- 
do, como el único medio que cabe á nuestros males/' 

Después entra el Sr. Nicolin en una serie de consideraciones, que 
omitimos por no alargar mas este escrito, pero que nuestros lectores 
pueden consultar en el cuaderno citado, para demostrar lo conveniente 
que es á la nación misma la división terrritorial de Yucatán, y cita los 
argumentos de D. Tadeo Ortiz de que hemos hablado ya, y sobre todo 
demuestra que esta división es el único medio de evitar que Yucatán se 
haga independiente. 

En seguida el Sr, Nicolin se propone resolver las dos principales ob- 
jeciones quo entonces se hacian (1850) á la división territorial: 1.*, el 
peligro de dividir á Yucatán estando aflijido por la guerra de castas; 
2/, lo nulificado que quedaria con semejante división. Hé aquí cómo 
las resuelve: 

"Se ha dicho que dividir á Yucatán en dos fracciones absolutas, cuan, 
do los indios nos hacen una guerra destructora, seria peligroso y funes- 
tísimo al pais; porque conviene, en el estado actual de cosas, la unión 
de todos los yucatecos para ser fuertes, porque sin la fuerza no pode- 
mos poner á raya 4 los sublevados. Este argumento que á primera vis- 
ta parece un gigante, no es nada, es un pigmeo como vamos á probarlo. 

"Es cierto que necesitamos de la fuerza, y de una fuerza superior pa- 
ra contener á los indios y ponerlos a raya; pero esta fuerza no se des- 
truye con la división propuesta, sino al contrario se hace mayor. Ob- 
sérvese que en toda la campaña con los sublevados, las tropas del go- 
bierno han hecho y hacen la guerra en el territorio de sus respectivos 
partidos. Así, en los partidos de Hecelchakan, Hopelchcn, Tekax, &c. 
sus vecinos son los que se hallan al frente del enemigo con excepción de 
una que otra fracción de tropa estraña que se encuentra entre ellos, no 
tanto por necesidad, como por falta del conveniente arreglo. Pero no 
ha sucedido hasta ahora que tropas del Oriente ó Valladolid, por ejem- 
plo, vengan á pelear en el departamento de Campeche; de donde se in 
fiere que hecha la división de Yucatán, como proponemos, la fuerza fí- 
sica en él no recibirá alteración alguna, pues quedará en su mismo ser y 
podrá operar del modo que se verifica ahora que estamos unidos «••••. 

"Por otra parte, aun dividido Yucatán, no impedirá que en un peligro 
común inminente, obren unidas y de acuerdo las fuerzas de los dos ter« 
ritorios". . .. ., 



^ 152 — 

La 2.* objeción la propone y resuelve el Sr. Nicolin de este modo: 

También se ha dicho que dividir á Yucatán seria lo mismo que ám- 
dir un cero] pero ebto mas bien es un chiste que una razón. ¿Es por 
ventura Yucatán tan insignificante, para que se diga que vale tanto co- 
mo un cero? Al contrario, nosotros creemos que es de mucha impor- 
tancia, y nos bastaría para probarlo, recordar el proyecto que hubo pa- 
ra que se declarase su independencia absoluta, lo que suponia en él 
elementos para constituirse por sí solo. Recordamos que en el dicta- 
men de la comisión especial que se nombró en lá cámara de diputados 
del año de 841 para dicho asunto, entre las razones que se dieron, se 
hallan las siguientes: 'K^ue la situación política del pais, su posición 
geográfica, su industria y producciones, el estado de su erario, la civili- 
zación de sus habitantes y todos los demás elementos indispensables 
con que cuenta para poderse conservar y sostener por sí solo y sepa- 
rarse de México, lo llaman á figurar en la lista da las naciones.'' Pre- 
guntamos ahora: ¿Yucatán, que el año de 1841 podia constituirse en 
nación, según el voto de personas ilustradas, podrá decirse que es en el 
dia cero para dividirse en dos territorios? No negaremos que es muy 
distinta la situación de entonces á la de ahora, y pDr esto mismo pre. 
tendemos que se divida del modo indicado, para lo cual no se necesitan 
muchos elementos. No obstante estas razones que son mas que sufi- 
cientes para probar que Yucatán vale mas que cero, vamos & demos- 
trarlo hasta la evidencia. 

'*Yucatan tiene una superficie de 6977 leguas cuadradas, capaz de con- 
tener veinticinco millones de habitantes; su población, que en el año de 
1841 era de seicientas mil personas, en el dia puede calcularse en cua" 
trocietas cincuenta mil por los que habian muerto en la guerra y emi- 
grado con este motivo. Los diferentes ramos de industria que constituían 
su riqueza, ciertamente están bastante abatidos; pero es indudable que 
habiendo paz y protección de parte del gobierno, pronto se restablece- 
rán y volverán á ser la fuente de la riqueza pública. No debe por su- 
puesto suponerse, como algunos quieren, que si se necesitaron tres siglos 
para crear todo lo existente, sea preciso uno, por lo menos, para reponer 
lo que se ha destruido, porque hay gran diferencia en las épocas, y por 
consiguiente no se pulsan ahora los inconvenientes que entonces cau- 
saban la lentitud con que progresaban todas las cosas." 

Por ultimo, los diputados campechanos que vinieron al congreso gene- 
ral de 1862, intentaron proponer la cuestión de división territorial y aun 
dieron algunos pasos para lograrla, según los informes que hemos reci- 
bido de una persona digna de todo crédito, residente en esta capital. 



— 153 - 

Queda pues, probado que los hombres que han discurrido en diversas 
épocas acerca de esta cuestión, no le han encontrado otra solución 
posible que la división territorial; y los hechos, que tienen mas fuerza 
que los mas lógicos raciocinios, han venido á darles la razón. 

Pero, ¿conviene esta división territorial? ¿es posible que subsistan los 
dos Estados? 

Conviene á la península yucateca, porque así se acabarán las eter- 
nas guerras civiles entre Marida y Campeche que la han aniquilado. 
Conviene á la nación, porque así cesará el peligro de perder á Yucatán, 
bien haciéndose independiente, ó bien anexándose á Cuba ó los Es- 
tados-Unidos. Conviene también á ambas, porque así cesará la inva- 
cion de los ingleses en el territorio que á Yucatán le queda, y la de 
Guatemala en el de Campeche, pues cada Estado, no teniendo yá fija 
su atención en las cuestiones interiores entre Mérida y Campeche, po- 
drá cuidar mejor su respectiva frontera del sur. Y conviene en fin, 
porque así cesará el abuso de vender á los indios, pues Campeche es el 
único que con hechos positivos ha impedido este tráfico criminal. 

En cuanto á la posibilidad de la subsistencia de las dos partes como 
Estados libres y soberanos, es cuestión resuelta yá por el tiempo. ¿No 
han podido existir Campeche y Yucatán en los cuatro años que llevan 
de dividido?? ¿Pue8 y por qué no han de poder seguir existiendo de 
la misma manera? Y téngase en cuenta las difíciles circunstancias de 
la época, y el desorden político y administrativo de la parte que forma 
el Estado de Yucatán. Poniendo ante los ojos de nuestros lectores los 
elementos con cada uno de estos Estados cuenta para mantener su ran- 
go, aun en la situación decadente en que se hallan, se convencerán de 
la verdad de nuestros acertos. S^He aquí en resumen estos elementos. 

Esmdo de Campeche. Estado de Yucatán. 

Territorio, leguas cuadradas* .... 8,386 4,902 

Población, habitantes 86,463 263,547 

Valor de la propiedad raiz, .... $ 2.500,000 5.500,000 

Valor del comercio^ 1.702729 2.000,000 

Rentas federales, 145, 381 169,000 

Rentas particulares, 67,444 135,800 

1 El Sr. D. Antonio García y Cubas ha tenido la bondad de revisar nuestra operación, y según 
el plano déla península que aconapañamos á este cuaderno^ ha obtenido el ndmero de legu'^s cua- 
dradas que atribuimos ¿ cada Estado. 

2 Estos datos acerca del comercio son calculados, y es problable que estén elevados, tanto res- 
pecto de Campeche, como de Yucatán: respecto de Campeche, porque á los efectos extranjeros se 
les d¿ en la estadística el piecio que tienen yá importados y no el de factura; y respecto de Sisal, 
porque aunque allí el cálculo se ha hecho por el precio de factura, siempre creemos algo elevada la 
cantidad de dos millones. 

20 



— 154 — 

Para que se comprenda bien la importancia del comercio del Estado 
de Yucatán, hecho por el puerto de Sisal, citaremos un documento del 
agente del Ministerio de Fomento en Mérida, de 10 de Octubre de 1857: 
debe advertirse que el territorio de esta agencia se estiende solo á lo 
que hoy forma el Estado de Yucatán separado del de Campeche *. En 
cuanto á sus rentas federales y del Estado, véanse los documentos jus- 
tificativos *. 

¿Pero como es, se nos objetará, que habiendo tantas razones de ne- 
cesidad y conveniencia, no faltan en Yucatán quienes se opongan a es- 
ta división territorial? La respuesta es muy sencilla. Esos hombres 
se oponen á la emancipación de Campeche, como la Inglaterra se apo- 
nía á la de los Estados-Unidos, como España a la de México, como 
Zacatecas á la de Aguascalientes. ¿Y qué ha demostrado la esperien* 
cia después de la emancipación de estos Estados? Que no por ella han 
dejado de prosperar Inglaterra, España y Zacatecas, y que los Estados- 
Unidos, México y Aguascalientes han sabido mantener su respectivo 
rango. 

Ademas, si se consulta bien la historia política de la península yuca- 
teca, se verá que los que en el Estado de Yucatán hacen la oposición 
á la división territorial, son los restos de los antiguos partidos y los que 
incautamente han adoptado sus ideas, cuya política era y es esta: Va- 
terse de Campeche para dominar á Mérída^ 6 valerse de Mértdapara do- 
minar á Camj)eche. La nueva política, de los que quieren la división 
territorial, se encierra en estas otras palabras: JVi Campeche dominará 
á Mérida^ ni Mérida á Campeche; serán dos hermanas que no pudien- 
do vivir por mil circunstancias bajo un mismo techo j vivirán separadas ^ 
pero cultivando siempre las buenas relacMnes (pie median entre miembros 
tan allegados de una misma familia •. 

Para demostrar que esta nueva política es la única que puede poner 
en camino de regeneración y progreso al actual Estado de Yucatán, 



1 D0CTlinent08J118tÍficatÍV08,núin. 56. 

2 ídem ídem Ídem. 

3 Acaba de darse una prueba concluyente de que aun en el Estado mismo de Yucatán el parti- 
do liberal está por la división de territorio. De los diputados de que se compone aquella legislatu- 
ra, los Sres. Vargas y Kemirez tuvieron que ausentarse al tratarse la cuestión de si Campeche tie- 
ne los elementos necesarios para ser Estado, huyendo del gobernador D. Agustín Acérete que tre« 
dias antes hábia llegado á Mérida con fuerza armada para impedir que la legislatura diese un acuer- 
do favorable á la división territorial. Todavía de los diputados que quedaron^ los Sres. Oviedo y 
Gronzalez (D. J. Dionisio) tuvieron el valor necesario para oponerse á que el asunto se tratara con 
dispensa de todo trámite, como se trató por solo el voto de los Sres. Cámara, Paz (gobernador acu* 
sado por indiero), Rosado v Espinosa que tienen varias causas pendientes. De modo que puede de- 
cirse que estuvieron por la división territorial los Sres. Vargas (D. José María), Remirez, Ovie— 
do y González^ 



— 155 — 

como lo esta yá el de Campeche, bastará examinar el influjo qne ella 
ha ejercido en la península. Aun los mas encarnizados y gratuitos ene- 
migos de Campeche no podrán negar que en este nuevo Estado reinan 
el orden, la libertad y los principios de reforma, como que muchos de 
elbs han ido á buscar allí el amparo de estos dulces bienes, huyendo 
de los disturbios de Mérida y el resto de Yucatán. Con la mayor tran- 
quilidad se verificó en el Estado de Campeche á mediados de 1860, la 
renovación de todos los jueces de paz, ayuntamientos, juntas y comisa- 
rios municipales, por medio de elección popular directa. Con la mis- 
ma tranquilidad se eligieron en la misma forma á principios de este 
año, los diputados para el congreso constituyente del Estado. Este 
congreso se reunió desde Marzo, ha celebrado sus sesiones libremente 
sin tener la menor dificultad con el ejecutivo, ha concluido y espedido 
yá la constitución del Estado y la ley electoral, y trabaja ahora en la for- 
mación de las leyes orgánicas: en Setiembre deben hacerse las eleccio- 
nes de los poderes constitucionales del Estado; y en Noviembre deberán 
entrar en sus funcionen, rigiendo desde entonces la constitución parti- 
cular en todas sus partes. También el Estado hizo sus elecciones de 
diputados al congreso de la Union y de presidente de la República; y 
ni en éstas, ni en las de la legislatura, ni en las municipales hubo des- 
orden, ni reclamación alguna, ni protesta: todos los ciudadanos usaron 
de su derecho con toda libertad, y los que no vieron triunfar á sus can- 
didatos, quedaron satisfechos de la legalidad con que se habia pro- 
cedido. 

Pues estos ejemplos^ han servido de mucho al Estado de Yucatán. 
Después de haber mudado sus gobernantes á cada momento, de haber 
intentado varias veces renovarlos por medio de elecciones, al fin se vé 
que los que allí gobiernan ahora, se dicen electos popularmente, y que 
la legislatura lo ha sido también de la misma manera. Aunque toda- 
vía en esa parte de la península domina el imperio de la fuerza, y 
aunque la legislatura no goza de plena libertad, ¿quién negará que so- 
lo el hecho de estar reunida es ya un gran paso hacia la restauración 
de la libertad y del orden? 

Débese al mismo ejemplo de Campeche, que poco á poco se vayan 
planteando en Mérida las leyes de reforma, y que se trate ya de secu- 
larizar el Seminario eclesiástico, ünioo establecimiento de alta ense- 
ñanza que hay en esa capital. Así Mérida, siguiendo los pasos de su 
rival, al fin acabará de salir de ese triste estado en que hombres podri- 
dos en política la han sumido, y la juventud, esa juventud que en todas 
partes es la esperanza lisonjera de la patria, dejará de seguir el perni- 



— 156 — 

cioso ejemplo y los consejos interesados y maquiavélicos de hombres 
fatales que han hecho de Yucatán un caos de miseria, corrupción y 
ruina. Saliendo esa juventud de la tutela en que gime sin conocerlo, 
desnudándose de las ideas viejas y funestas que le han imbuido, vis- 
tiéndose con las nuevas, uniéndose toda ella bajo la bandera de la li- 
bertad, el progreso y la reforma, y guiándose por sus propias inspira- 
cioneá, llegará en fin á alcanzar la regeneración de bu patria. 

El Estado de Campeche desde el principio de su existencia destruyo 
los monopolios, combatió los privilegios y abusos, y ataco el mal terri- 
ble de la venta de indios. Este infame tráfico que en la península yu- 
cateca data de 1849, habia de tal modo progresado en Marida y el reg- 
io del actual Estado de Yucatán, que tomaban parte en él hasta 
algunas autoridades y empleados y muchas personas de la buena so- 
ciedad. La corrupción habia empezado por las ideas. Con el misnu) 
argumento con que en lo antiguo se defendia el pretendido derecho de 
esclavizar á los hombres, se empezó á defender el de vender á los in- 
dios. Al principio de este negocio los hombres mas ilustrados lo cre- 
yeron lícito. Kl gobernador D. Miguel Barbachano lo justificaba *, lo 
mismo hacia el Dr. D. Justo Sierra en El Fénix ^^ y en fin, puede 
asegurarse que todos los gobernantes que ha tenido Yucatán hasta hoy, 
tal vez con excepción de uno solo, creyeron de buena fé que era legí- 
timo é inocente. Cierto es que en su origen la deportación se efectua- 
ba mediante una corta suma, y solo de los verdaderos indios rebeldes, 
cogidos en el campo de batalla con las armas en la mano; pero después 
la codicia de los negociantes elevó gradualmente el precio desde 25 
hasta 200 pesos por cabeza, é hizo estensivo el negocio á los indios pa- 
cíficos, á los huérfanos, á los domésticos de la misma capital, que er«n 
arrancados de sus hogares, cometiéndose con ellos el atroz delito de 
plagio. Durante el gobierno de D. Agustín Acereto en 1860, este trá- 
fico llegó á ser escandaloso. Se hacia á vista y paciencia de los jueces 
y tribunales y del pueblo mismo, que sufria impasible el ver arrebatar 
ó sus hermanos para conducirlos á Cuba como vil mercancía. Campe- 
che fué el que patentizó el tamaño del mal, presentando el cuerpo del 
delito. El origen de esto fué el siguiente. 

Aunque al principio de su gobierno D. Agustin Acereto habia guar- 
dado cierta armonía con el Estado de Campeche, gradualmente se de- 
jó rodear de los mismos que elevaron y sostuvieron en el poder á D. 



1 Documentos jastificativos, núm 57 

2 ídem ídem, ndm. 58. 



— 157 — 

Pantaleon Barrera, y que tienen jurada á Campeche una guerra hiex- 
tinguible. Por odio al partido liberal y al mismo Campeche, tuvo 
Acérete en horrible prisión, por mas de un año, á D. Liborio Irigoyen, 
D. José María Vargas, D. José Jesús Castro, D. Juan J. Herrera y D. 
Juan de la Cruz Salazar; deopreciando las reiteradas ordenes del Su- 
premo Gobierno, para que los pusiera en libertad o los sometiera á un 
juicio. 

•Creyendo débil á Campeche y siempre bajo la ilusión de que los 
hombres arrojados de allí en 1857, contaban con algún partido, siguió 
el consejo de dos hombres bien conocidos en la historia política de la 
península, y lanzó un decreto prohibiendo que los efectos extranjeros 
nacionalizados en Campeche pudiesen ser llevados á Sisal. Tras este 
cometió otros atentados é insultos contra el Estado de Campeche, que 
Mo eran mas que verdaderas provocaciones á la lucha, á una nueva 
guerra civil, en la cual juzgaban esos grandes políticos que Campeche 
sucumbiría. 
I Campeche sufrió con prudencia hasta donde lo permitía su decoro; 

y así que se convenció de las verdaderas y dañadas intenciones de sus 
enemigos, se resolvió á ocupar militarmente á Maxcanü y Sisal, y su 
gobierno le dirigió á D. Agustín Acereto un oficio *, haciendo relación 
de los agravios inferidos al Estado y de las satisfacciones que éste le 
pedia: Al mismo tiempo D. Lorenzo Vargas inició una revolución lo- 
cal contra Acereto, y al mes, sin que las fuerzas de Campeche tuvie- 
sen encuentro alguno con las de Mérida, estaba todo concluido. La 
fuerza de Campeche, compuesta de mas de mil hombres, recibió como 
un honor la guarda de la cindadela de Mérida, en una de cuyas prisio- 
nes estaba yá el mismo D. Agustin Acereto. Este hombre, que tsuitos 
! insultos habia hecho & Campeche, fué tratado con la mayor considera- 

I cion y caballerosidad, no solo por el jefe de aquella división D. José 

García, y Poblaciones, sino hasta por sus subalternos. El comporta- 
\ miento de las tropas de Campeche, fué digno: sus mismos enemigos, 

i que en tono de gracia y como por desprecio aseguraban que no sabian 

si tales fuerzas estaban en Mérida, los mismos que en el periódico ofi- 
! cial de Yucatán no decian una palabra de su entrada^ tuvieron al fin 

que confesar que el orden, la moralidad y la disciplina de aquellos 
guardias nacionales honraban altamente al Estado que representaban. 
I Así pagó Campeche a Mérida la vandálica guerra de 18571 
D. Lorenzo Vargas, que reiteradas veces habia protestado que traba- 



1 BoonmentosJQstifioatiyos, núm.59. 



— 158 — 

jaba por el partido liberal, se entrego en manos del conservador. Es- 
te que debía tanto á las fuerzas de Campeche, que crearon la situación 
de que se apoderó y ayudaron á pacificar á Yucatán, pronto volvió á 
su antiguo sistema: no olvidar nada, no aprender nada. Para hacer 
creer al Supremo Gobierno y á la nación que eran liberales los que 
habian asaltado la situación, pusieron de vice-gobernádor á D. Ansel- 
mo Cano, de ideas bien conocidas en la República; pero como estas 
ideas no eran las suyas, al tratarse de las elecciones lo eliminaron, es- 
cogiendo de candidato al mismo D. Lorenzo Vargas, hombre nulo, pero 
muy adecuado para instrumento de aquel partido. Aunque Cano ejer- 
cía el gobierno. Vargas siguió con el mando militar, y sirvió perfecta- 
mente á los que lo habian escogido, empleando la fuerza en varios 
lugares al hacerse las elecciones de diputados al congreso de la Union 
y de los poderes del Estado. Tal vez con escepcion de uno solo, los 
demás diputados al congreso nacional eran bien marcados por sus opi- 
niones conservadoras, por su odio al Estado de Campeche, y aun algu- 
no por su cinismo en política. ¡El partido liberal de Yucatán, repre- 
sentado por una diputación á cuyo frente estaba el general Peraza! 
¡Aquel Yucatán que tuvo de representantes en otros congresos naciona- 
les á un Zavala, un Quintana Roo, un Rejón y otros mil ilustres yucate- 
cos, representado ahora por un Suarez Navarro! ¡Cuan pobre debe 
ser de hombres un partido que escoge á un estraño, á un advenedizo, 
á uno que un mes no mas habia permanecido en el Estado de Yucatán, 
y que habia salido de allí para ir á guarecerse á Campeche, pidiendo 
hospitalidad 6 su gobernador, que se la dio generosamente! Asf es el 
lodo y la infamia que ha arrojado sobre el pais entero, que dice que 
representa, en un libelo lleno de falsedades y calumnias, y que no es 
mas que el miserable desahogo de ruines pasiones! ¡Digno diputado 
que soñando todavía en los tiempos, tan queridos para él, en que do- 
minaba solo la ley del sable, propone como remedio de males, que ni 
ha estudiado ni puede conocer, una dictadura militar impuesta por el 
gobierno de la federación á un Estado libre y soberano! 

Pero ese gran partido liberal^ que se creia lleno de fuerza y apoyado 
por la opinión publica, no duró dos meses en el poder; sus prohombres 
fueron á refugiarse al Estado de Campeche, que los recibió con la mis- 
ma franca hospitalidad de siempre: Allí estuvieron entre otros muchos 
los Sres. Cano, Suarez Navarro y Arredondo; y el Sr. Nioolin estuvo 
en la frontera del Estado y después en un buque en el mismo puerto 
de Campeche. ¿A dónde hubieran ido estos señores sin el Estado de 
Campeche? ¿A dónde volverán á ir si llegaran á encontrarse en idén- 



— 159- 

ticas oircunstancias7 No tienen que pensarlo: á Campeche; porque sus 
habitantes saben pagar hasta la misma ingratitud con las acciones mas 
nobles y generosas. 

Pero abandonemos esta digresión mortificante para volver al nego- 
cio de la venta de indios. Deeiamos que Campeche, apoderándose del 
cuerpo del delito, en los momentos mismos en que éste se consumaba, 
ha demostrado lo horrible de semejante tráfico. En efectO| en la ma- 
ñana del dia 30 de Octubre de 1860, dos canoas de Campeche armadas 
^en guerra como guardacostas y cruzando frente 6 Sisal, sorprendieron 
M y apresaron un cargamento de 30 infelices indios, parte de los cuales 
' estaba embarcada ya, y el resto iba á serlo, para la Habana en el va- 
por "CJnion," en presencia de todo el mundo y con sol y buen dia. La 
fortaleza del puerto no se atrevió á hacer fuego sobre las embarcado* 
nes campechanas, y estas llevaron á Campeche á aquellos 3© yucate- 
cos, salvados de lai!^ garras de la mas infame codicia. El juez de dis- 
trito practicó una información sumaria, y de ella resultó que no habia 
urw soio que fuese de los indios rebeldes, sino que todos eran pacíficos, 
agricultores con familia, ó huérfanos, ó domésticos, cogidos por la fuer- 
za en sus milpas ó en sus casas, ó engañados miserablemente con fgl' 
sas y seductoras promesas \ Era de ver la alegría de aquellos infeli- 
ces cuando recobraron su antigua libertad. Este hecho ruidoso dio 
por resultado que en Yucatán acabase la venta de indios en grande es- 
cala y autorizada ó tolerada por las autoriades y empleados del Estado 
y la federación, y que aquel Estado le debiese al de Campeche este 
nuevo servicio. 

Se vé, pues, que merced á la existencia y ejemplos del Estado de 
Campeche, se han ido planteando en el de Yucatán las leyes de refor- 
ma, se va entrando allí en el orden constitucional^ y se ha dado un gol- 
pe de muerte al abominable tráfico de indígenas. ¿Se hubiera conse- 
guido todo esto ó algo siquiera si Campeche no hubiera podido obrar 
con independencia de Mérida7 

Estos hechos están demostando cuál es el camino que debe seguirse 
para curar de raiz todos los abusos que en el actual Estado de Yucatán 
ha dejado la guerra de castas, y cegar para siempre la fuente fecunda 
de las guerras civiles eíitre Mérida y Campeche. Este camino es la 
sanción de la división territorial de la península. Autorizado el esta- 
blecimiento del Eistado de Campeche por la nación en la forma que 

1 Véase el cuaderno titulado: Espediente instruido en el juzgado de distrito de Campeche, ccn mo^ 
tivo dd apresamiento hecho en la rada de Sisal, por las canoas gtwrdacosías ^* Cristina y Gloria/* 
de treinta in^^enas que iban á ser embarcados para la Habana en el vapor español " Union,** 



— 160- 

determina h constitución de 1857, le será muy fácil al Supremo Go- 
bierno mantener el equilibrio entre el nuevo Estado y el de Yucatán 
que es el secreto de la paz y la regeneración de toda la península: ana 
buena política aconseja esto. 

No faltará quien objete la erección del Estado de Campeche, dicien- 
do que ella debilita los elementos de la confederación mexicana, por 
cuanto de un Estado grande hace uno mediano y otro chico. Esta ob- 
jeción tendria fuerza si se tratara de dividir up Estado compacto y uni- 
do; pero tratándose del fraccionamiento de un Estado dividido yá por 
la naturaleza misma de las cosas, aniquilado por la tenacidad de querer 
mantener unidas las dos partes que se han hecho incesante guerra, la 
objeción es débil. Si el tus unita fortior lo aplicamos á elementos que 
tienen afinidad entre 'sí, conseguiremos aumentar la fuerza con la uni- 
dad; pero si queremos aplicarlo á elementos disímbolos y que se repe- 
len, ó á elementos que no solo se repelen, sino que Se atacan^ entonces 
no lograremos la amalgama, la unión, la fuerza, sino la separación, el 
fraccionamiento, la debilidad. 

Y si volvemos los ojos al cuadro de la división territorial de la Re- 
pifblica y al papel que han desempeñado los Estados, nos convencere- 
mos de esto. Cuando empezó la confederación mexicana, Sonora y Si- 
naloa formaban un solo Estado, Coahuila y Texas otro, Tlaxcala y Co- 
lima eran territorios, y no existian los Estados de Aguascalienteg y 
Guerrero. j.Qué sucede hoy? Sonora y Sinaloa son dos Estados inde- 
pendientes, Coahuila y Texas se dividieron, Tlaxcala y Colima ocupan 
hoy el rango de Estados, de un distrito de Zacatecas nació Aguasca- 
lientes, y Guerrero se formó de varios distritos de sus Estados limítro- 
fes; por ultimo, Coahuila está incorporado á Nuevo-Leon. 

Hecha la división territorial que proponemos, solo los Estados de 
México, Jalisco, Puebla, Guanajuato, Oajaca y Michoacán, serian mas 
populosos que el Estado de Yucatán sin Campeche, y el nuevo Estado 
de Campeche lo seria mas que Aguascalientes, Tabasco, Colima, Tlax- 
cala y Coahuila si no estuviera unido á Nuevo-Leon. 

La guerra de tres años que acaba de pasar, demuestra que no son 
los grandes Estados los baluartes mas firnres de la libertad. Al con- 
trario, en ellos es donde la reacción ha podido mantenerse. ¿No acon- 
teció así en Jalisco, Puebla y México! ¿No hemos estado viendo hoy 
mismo en estos dos últimos Estados, levantarse, engrosarse y sostener- 
se las partidas reaccionarias, sin que ellos por sí solos puedan acabar- 
las? ¿No los Estados de Veracruz, Zacatecas, Nuevo-Leon y Coahui- 
la, Tamaulipas y Aguascalientes, Estados medianos ó chicos, son los 



^ 161 — 

que con mas fruto han cambatido á la reacción? ¿No la desterraron 
de su suelo cuantas veces lo invadió, los pequeños Estados de Tlaxcala 
y Colima? ¿No Ohiapas, Estado de tercer orden, la espulsó para siem- 
pre de Tabascol ¿No, por último, en el Estado de Campeche jamas 
imperó la reacción en un solo palmo de su territorio? Los Estados 
grandes en nuestra República, donde las vias de comunicación son tan 
pocas y tan malas, donde los medios administrativos son casi nulos ó 
muy mal organizados, y donde la población está tan diseminada en un 
vasto territorio, difícilmente pueden ser bien gobernados, difícilmente 
pueden ser atendidos desde sus capitales, mucho mas si estas capitales 
no estén convenientemente situadas en los centros. No es, pues, la 
gran población ni la gran estension de territorio, la que hace fuertes á 
los Estados, sino su buena 'organización y la homogeneidad en ideas, 
costumbres é intereses de los habitantes que loa forman. 

CONCLUSIÓN. 

Afortunadamente para el Estado de Campeche, la Constitución de 
1857, esa bandera bajo la cual han permanecido constantes todos sus 
hijos defendiéndola, le abre las puertas para entrar en la confederación 
mexicana. 

Los legisladores de 1857 dijeron: '^Queriendo que en una democracia 
no haya pueblos sometidos á pupilaje, reconoció (el congreso constitu- 
yente) el legítimo derecho de varias localidades á gozar de vida pro- 
pia como Estados de la confederación.— El congreso proclamó alta* 
mente el dogma de la soberanía del pueblo, y quiso que todo el siste- 
ma constitucional fuese consecuencia lógica de esta verdad luminosa 
é incontrovertible." 

Fundados en estos principios reconocieron el derecho de las locali- 
dades para poderse elevar al rango de Estados, siempre que tuvieran 
ciertas condiciones; y entre las facultades ordinarias que atribuyen al 
Congreso de la Union le dan la de (art.72, fracción III) '^Formar nue- 
vos Estados dentro de los límites de los existentes, siempre que lo pi- 
da una población de ochenta mil habitantes, justificando tener los ele- 
mentos necesarios para proveer & su existencia política." 

Pues bien: no ya ochenta mil habitantes, sino ochenta y seis mil 
cuatrocientos cincuenta y cinco, sin contar con las municipalidades de 
Halachó y Maxcanú que solicitaron lo mismo, piden al Soberano Con- 
greso que los erija en un nuevo Estado de la. Confederación. Este Es- 

21 



tado ha hecho ya sus pruebcus: por sí solo se ha levantado, por sí solo 
se ha formado^ por sí solo se ha constituido, por sí solo se ha sabido 
mantener en el rango de Estado libre y soberano durante cuatro años, 
haciéndose respetar de sus enemigos y auxiliando eficazmente á sus 
hermanos. Si alguien se atreviera á poner en duda que los elementos 
que posee, muchos de ellos apenas desarrollados en la actualidad, no 
son los necesarios para proveer á su existencia política, esa prueba de 
cuatro años seria la mas concluyente demostración, la justificación mas 
cumplida de que posee tales elementos. 

Y cuando el Estado de Campeche no solo dice al Soberano Congre- 
so de la Union y las Legislaturas de los Estados: "Tengo los requisitos 
que nuestra constitución exige para formar una nueva entidad política 
en la confederación mexicana,'' sino que 'presentándose con una his- 
toria escrita con lágrintas, sangre, cenizas, ruinas y escombros, añade: 
"He aquí el fruto amargo de las rivalidades eternas de dos hermanas, 
Mérida y Campeche; he aquí repetido el triste cuadro de muchas ciu- 
dades antiguas," ¿no escucharéis sus votos? ¿Condenaréis á ambas ciu- 
dades á su segura destrucción, mandando que vuelvan á unirse? La 
democracia se opone á esto, y los legisladores mexicanos de la presen- 
te época tienen á mucho orgullo profesar y cumplir sus santos princi- 
pios. 

México, Agosto de 1861. 



c/ontctó ^Jbznai oOco^acRoito. 'L4ia»v ^at&c- 



DOCUMENTOS JUSTIFICATIVOS. 



NUMERO 1. 



/ 



(Citado en la p&gina 12). 
CONCESIÓN Á CAMPECHfi DEL TÍTULO DE CIUDAD EN 20 DE OCTUBRE DE 1724. 



To EL Rbt.— -ConsejOi justicia y regimiento de la villa y puerto de Campeche^ 
en la provincia de Yucatán: en nombre vuestro se me ha representado ser esa villa 
una de las mas populosas que hay en ella, por cuya razón, y la de ser el iónico 
puerto de mar, cada día se halla invadida de enemigos, precisándole á estar en 
continua defensa, como lo habia ejecutado á costa de muchas vidas y caudales, 
lo4que alentó los ánimos de sus habitadores á hacer un baluarte fuerte y costoso 
i BUS espensas, fabricando asimismo un navio guarda*costa para seguridad de ese 
puerto y comerciantes, habiendo gastado cantidades considerables en hacer comu- 
nicable esa provincia con la de GoatemaI%, manteniendo cincuenta soldados para 
la apertura de unas montañas y conversión de indios infieles de que estaban po- 
seídas, lo que con efecto logró; y que asimismo ha fabricado una puente de gran 
costa, para facilitar mayor comercio con las demás villas y ciudades, siendo el que 
únicamente mantiene esa provincia, y que en los donativos que voluntariamente 
se han pedido, ha contribuido esa villa con las cantidades que constarían de los 
testimonios que presentaba; y que anhelando continuar en su mayor población y 
a6anzar su defensa, y no habiendo en treinta y seis ó cuarenta leguas, ciudad al- 
guna, me suplicaba fuese servido hacer merced á esa villa con el titulo, honores y 
preeminencias de ciudad, que pueda tener maceros, paño en el cabildo, poner en- 
tre las armas que yo señalase los dos brazos de San Francisco, orlados de su cor- 
don por la devoción que le tenia como á su patrón titular, y que pueda esa villa 
usar de ellas, así en los pendones, estandartes, sellos, obras públicas, como en las 
demás que conviniere, concediéndole asimismo los fueros y privilegios que están 
concedidos á la ciudad de Veracruz. Y habiéndose visto esta instancia en mi con- 
sejo de cámara de Indias, con los instrumentos que en justificación de ella se han 
presentado, y consultádoseme en veinte y uno de Julio del año de mil setecien- 
tos y veinte y dos lo que en la materia se le ofreció: He venido en conceder á esa 
villa el título de ciudad con los honores y preeminencias que la pertenecen; y por 
lo que mira á que se estienda esta gracia á los fueros y privilegios concedidos k 
la ciudad de Veracruz, respecto de no estar cuales son: Os mando, presentéis jns« 
tificacion de ellos para que con pleno conocimiento pueda yo tomar determina- 



— 4 — 

cion sobre esta aplicación; esperando que en continuación de vuestro celo y por 
el honor de hacer á esa villa ciudad^ dispondréis k su costa la fábrica de dos fra- 
gatas de porte de treinta cañones^ para que yo las destine á que sirvan de resguar* 
do á esas costas y embarazar los ilícitos comercios. De cuya deliberación he que- 
rido preveniros á ñn de que enterada esa villa de ella, me informéis y deis coen' 
ta de lo que se ofreciere en este asumpto, pues hasta tanto que lo ejecutéis ae sus- 
pende el daros el titulo de ciudad que solicitáis. — Fecha en San Ildefonso á vein- 
te de Octubre de mil setecientos veinte y cuatro. — Yo bl Rey. — Por mandato del 
rey nuestro señor, — Andrés de Elcorobarcubia. — Dos rúbricas. — A la villa de San 
Francisco de Campeche participándole lo resuelto por S, M. haberla concedido el 
titulo de ciudad que solicita, con la cualidad que se espresa, para que en su vista 
informe lo que se le ofreciere. 



'X*X"X* U X.j^ ^Xl OXX7^. 



D. Carlos por la gracia de Dios &c. ^ 

Por cuanto por parte del consejo, justicia y regimiento de la villa y puerto de 
S. Francisco de Campeche, en la provincia de Yucatán se me ha presentado do 
haber ciudad alguna en treinta y seis ó cuarenta leguas de circunferencia; hallarse 
continuamente invadida de enemigos y precisada á una incesante defensa con pér- 
dida de muchas vidas y caudales, lo cual alentó los ánimos de sus individuos í 
construir un baluarte fuerte y costoso á sus espensas; fabricar un navio guarda- 
costas para seguridad del puerto y comerciantes; hacer comunicable aquella pro- 
vincia con la de Guatemala, manteniendo cincuenta soldados para la apertura de 
unas montañas, logrando la conversión de muchos indios infieles de que estaban 
poseídos, y fabricado un puente para facilitar el comercio de las villas y ciudad 
con quienes le tiene, que es el único que mantiene toda la provincia, en cuyas obras 
y en los donativos voluntarios que hizo, habia erogado veintiún mil ochocientos 
veintitrés pesos y medio; á que se agregaba haber construido y conservado á 
espensas de sus comerciantes sin costo de mi real hacienda, un gran muelle, am* 
pilándole mar adentro; fabricado un almacén de pólvora, con correspondiente 
alojamiento y cuartel para el oficial y tropa de su custodia: franqueado una casa 
propia para sala de armas y cuarteles de las milicias, añadiendo para su mayor co- 
modidad otras particulares y pagando por su alquiler ciento catorce pesos al añoi 
ain embargo de lo limitado de sus propios; costeado la fábrica del baluarte deS. 
José que es uno de los ocho que fortalecen la muralla; armado para contener á los 
piratas é ingleses en varias ocasiones de urgencia de mi real erario dos berganti- 
nes con víveres y tripulación, y todo lo necesario; suplido en otras lo preciso para 
abilitar los guarda-Ksostas, auxiliándolos con otras enbarcaciones á su costa» y sur- 
tiéndolos de víveres igualmente que á la armada de barlovento en las empresas 



que ocurrieron; prestado á mi real hacienda mil ciento setenta pesos para pagar la 
g«nte de ella, en cuya ocasión, como en otras y particularmente cuando apodera- 
dos los ingleses del presidio del Carmen en la Laguna de Términos, infestaban y 
fatigaban aquellos paises, consiguió desalojarlos, surtir la armada, y contener con 
dos embarcaciones que armó, las invasiones de los mismos ingleses, frustrándoles 
el proyecto que tenian de quemar la villa y la capitana cuando se construyó, para 
coya espedicion suplió por mis reales cajas cuatro mil setecientos sesenta y ocho 
pesos y cinco reales, ademas de haber armado y surtido otro bergantín con cien 
kombres de tripulación; donado a mi real hacienda mil y quinientos, y éuplidola 
«3 dos veces cuarenta y cuatro mil ochocientos setenta y cuatro para oponerse á 
Ift nación Británica, sin detenerla para franquear esta cantidad, la aflicción en que 
estaba su vecindario con la plaga de Langosta, queriendo mas anteponer mi real 
servicio á sus propios intereses que abandonó gustosamente por manifestar su 
lealtad y amor á él; á que se agrega haber suministrado también quince mil ocho* 
cientos pesos para satisfacer lo que se debia á los soldados, evitando por este me- 
dióos funestas consecuencias que proyectaban contra la provincia y mis reales 
haberes; y finalmente, concluido el afío próximo pasado el fuerte nombrado S. 
Antonio en el surgidero de Sisal que por disposición del gobernador de aquella 
provincia y acuerdo de mi Virey de Nueva-España se la mandó á hacer para res- 
guardo de las embarcaciones del tráfico y comercio interior de la ciudad de Méri- 
da, en que gasto seis mil ochocientos cincuenta y ocho pesos y seis reales y otros 
cuat^'ocientos y doce mas en reedificar el puente de S. Francisco arruinado de re- 
sultás i^e una crecida lluvia, en cuya atención y en la de que la enunciada villa es 
plaza de armas donde reside el cuerpo de milicias de la tropa que guarnece la pro- 
vincia, sin tener mas ciudad que la capital de Mérida, distante tierra adentro cua- 
renta leguas, ni otro puerto; florecer en ella un comercio cuantioso, y componerse 
8Q vecindario de diez y seis mil cuatrocientas setenta y dos personas, isin incluir el 
batallón de Castilla que la guarnece, las cuales componen dos mil ochocientos no- 
renta y nueve familias establecidas, y no pocas del primer lucimiento y distinción 
que aspiran á continuar su lealtad, imitar y adelantar los impulsos heredados de 
sus mayores en mi real servicio, concluyó suplicándome me dignase concederle 
título de ciudad, sin servicio alguno, en consideración á los que quedan relaciona- 
dos, con el número de doce regidores como se verificaba en las de la Habana, Ve- 
racruz. Puebla de los Angeles y otras, sin embargo de ser sufragáneas, y que pue- 
da tener maceres, paño en cabildo, poner entre las armas que la señalase los dos 
brazos de S. Francisco orlados de su cordón, por la devoción que le tenia á este 
Santo, BU patrono y tutelar, y usar de ellas en los pendones, estandartes, sellos, 
obras públicas y demás que la conviniese; y habiéndose visto esta instancia en mi 
consejo de las Indias, con lo que espusomi fiscal, y reconocidose por los antece- 
dentes documentos nuevamente presentados ser cierto lo referido, lo cual se com- 
probó á mayor abundamiento por los varios informes que tuveá bien tomar sobre 
el asunto, he resuelto, á cansulta de diez y siete de Julio, honrar y ennoblecer, 
condecorar y sublimar á la mencionada villa de S. Francisco Campeche con el tí- 
tulo de ciudad, dispensándola de que por esta gracia me baga servicio alguno pe« 



— 6 — 

cuniarioy en atención á los particulares que quedan relacionados; pero con la cali- 
dad de sufragánea de la de Mérida, y sin mas jurisdicción que la que ahora tiene 
como villa, con el númuero de diez regidores, sacándose á pública subastacioa 
los cuatro que se le aumentan para que ceda su remate en beneficio de mi real ha- 
cienda, concediéndole asimismo que pueda tener meceros y usar del escudo de 
armas que me ha piesentado, he aprobado y le señalo, de que es copia el que cer* 
tincado se la entrega con este título, en las insignias y parajes que pretende y la 
conviniere, con la condición de haber de formar sus ordenanzas y estatutos para 
el gobierno político y económico de la espresada ciudad y remitirle al enunciado 
mi consejo para su examen y aprobación. Por tanto, por el presente mi real tí* 
tulo quiero y es mi voluntad que desde ahora en adelente y para siempre, perpe- 
tuamente, la referida villa se titule y llame la ciudad de S. Francisco de Campeche, 
que goce de los fueros, privilegios y preeminencias que la corresponden por leyes 
según y como los gozan y están permitidos á las demás sufragáneas de aquelloi 
reinos y por tal debe gozar, y sus vecinos logren asimismo, todos los privilegios, 
franquezas, gracias, inmunidades y prerogativas de que logran y deben logiraf los 
de semejantes ciudades, y que esta se pueda poner y ponga el nominado titulo en 
todas las escrituras, autos, instrumentos y lugares públicos, y que asi la llamen los 
señores reyes que me sucedieren, á quienes encargo amparen y favorezcan áesta 
nueva ciudad, y la guarden y hagan guardar las gracias y privilegios que como á 
tal la pertenecen; y también encargo al serenísimo principe D. Carlos, mi moy 
caro y amado hijo, y mando á los infantes, duques &c. dcc. &c« ^ quienes este mi 
real titulo ó su traslado firmado de escribano público fuere mostrado, que llamen 
é intitulen y hagan llamar é intitular á la referida villa, ciudad de S. Francisco de 
Campeche, y que la hayan y tengan por tal ciudad, guardándola y haciendo que 
se la guarden todas las honras, gracias, mercedes y franquezas, libertades, exep- 
ciones, preeminencias, inmunicmdes, prerogativas, &c. &c. &c. T mando al men- 
cionado ayuntamiento de esta nueva ciudad que forme sus ordenanzas y estatutos 
para el gobierno político y económico de ella y que los remita al mencionado mi 
consejo para su examen y aprobación como queda referido; pues por lo que mira 
al punto de que se saquen á la almoneda y se rematen á favor de mi real hacienda 
los cuatro oficios de regidores que según esta merced se hayan de aumentaren 
la misma ciudad, ordeno lo conveniente & mi gobernador de la espresada provin* 
cia de Yucatán por despacho separado de la fecha de este, para que dé las dispo- 
siciones convenientes á este fin. Y declaro haber satisfecho ciento cincuenta y 
tres mil seiscientos maravedises deJ:)ellon, valor de trescientos pesos de oro común, 
que corresponden á pesos de ocho reales de plata que se han considerado deber 
al derecho de la media annata por esta gracia; y de este mi real titulo se tomará 
razón en las contadurias generales de valores, distribución de mi real hacienda, la 
del enunciado mi consejo de las Indias y en las demás partes donde convenga ha- 
cer constar su contenido. — Dado en S. Ildefonso, á primero de Octubre de mil se- 
tecientos setenta y siete. — Yo el Rey. — Rubricado. — Yo D. Antonio Ventura de 
TarancOf secretario del Rey nuestro señor, le hice escribir por su mandado.— Rú- 
brica." 



NUMERO 2. 



i 



(Citado en la página 29). 

CONSULTA DEL LIC. D. JOSÉ MARTÍNEZ DE LA PEDRERA EN 20 DE MARZO DE 1823.' 



1 



En la acia celebrada el día de hoy por este ayuotaiuientp conatítacional^ se ha- 
lla un acuerdo cuyo tenor ¿ la letra es el siguiente: 

''El Sr. procurador Echave hizo también la indicación de que en las críticas 
circunstancias en que se halla esta provincia á pesar de la anión y deferencia que 
ha demostrado toda ella al plan del Sr* general Eehávarri, uniformando sus votos 
y adhesión k los del heroico ejército libertador del mando de aquel gran jefe, creía 
muy oportuno y conveniente el que en la Escma. Diputación provincial tuviese 
esta población (la mayor y mas ilustrada de Yucatán después de la capital) un re- 
presentante que lo hiciese atli por ella ¿ beneficio general, pues que podría ser de 
mucha utilidad la agregación de este nuevo diputado para afianzar, consolidar y 
procurar la mejor armonía, unión y felicidad general con el discernimiento y luces 
de los recomendables individuos de aquella Escma. Corporación tan univocados 
todos al mejor acierto de la península yucateca, adherida desde loego á los senti- * 
mientos de aquellos beneméritos jefes que tan justamente reclaman la instalación 
del soberano congreso nacional y representación popular que ha de cimentar la 
suerte da la nación. De cuya esposicion impuesto el ayuntamiento, y teniendo 
por justa y oportuna la solicitud del síndico de este cuerpo, acordó consultar la 
pretensión anterior con el Sr. auditor honorario de Departamento D. José Martí- 
nez de la Pedrera, suplicándole se sirva con su conocida ilustración, prudencia, 
madurez y política, hacer presentes & este cuerpo las resohieionf s que deberá to- 
mar en este delicado negocio, para el mejor acierto en todo, que es lo que desean 
los individuos de su seno que se hallan bien penetrados de las distinguidas luces, 
apreciables circunstancias y decidido afecto del Sr. Pedrera por esta generosa po* 
Uacion, tan digna de atención y buena suerte.'* 

Y lo trascribe k Y* S. este ayuntamiento suplicándole como lo hace, el que con 
su natural franqueza, característica indulgencia y generosa disposición h favor de 
este desgraciado pueblo, se sirya dispensarle su acreditada opinión en la delicada 
materia que se versa, persuadido Y. S., como podrá estarlo siempre, de que esta 
eorpoitidon, llena de buenos deseos, solo apetece el acierto, la felicidad de la pro- 
vincia en general, y complacer á Y. S. en cuanto guste mandarle. 



— 8 — 

Dios guarde á V. S. muchos años. Sala capitular de Campeche y Marzo 13 de 
1823, tercero de la independencia. — Simón Ortega.-^ Hilario de la Presay ügarU, 
secretario. — Sr. D, José Martínez de la Pedrera. 

M. I. A. — Apenas es batido el primer agente del servilismo por el pueblo maB 
liberal del imperio, cuando asoma su monstruosa cabeza otro enemigo aun mai 
feroz, que viene á destruir nuestros grandes trabajos en el templo santo de la liber- 
tad. Le veo muy de cerca, le veo en los esfuerzos mismos de Y. S.: unión y fit^ 
meza: hé aquí la fuerza irresistible. 

La indicación del celoso procurador general D. Juan Nepomuceno Echave, no 
es precisamente del dia. Otro problema se presenta de la primera gravedad, cu- 
ya resolución no se reserva probablemente á la pluma. Deseoso, no obstante, de 
corresponder á la confianza con que V. S. me honra, espondré mi opinión con la 
libertad de un ciudadano que tiene el mas vivo interés en hacer la felicidad del 
suelo que vio nacer á sus hijos. 

Desde el momento fatal de la disolución del soberano congreso, se rompieron 
todos los lazos que unian á la nación con el emperador. Asf los pueblos recupe> 
raron la libertad de elegir la forma de gobierno que mas les placiere; forma que la 
marcha de la independencia señala ya á cada partido ó provincia de las que com* 
ponen el imperio; forma que la naturaleza misma tiene señalada á Yucatán desde 
el principio de su emancipación. Pero ¡ah! este paso es muy difícil y puede en- 
volvernos en los horrores de la anarquía. Sírvase V. S. consultar la historia de 
las revoluciones, maestra de los pueblos, y se convencerá de esta verdad. El in- 
terés general recomienda el sistema del ejército libertador, y la milicia liberal de 
Yucatán al proclamarle, se ha hecho digna de nuestra confianza. Lejos de nos* 
otros la preocupación. Ecsecracion al servilismo. El congreso es el muro de la 
libertad, y en su restablecimiento consiste la salvación de la patria; mas entre tan- 
to los pueblos que por un grande paso retrógrado volvieron á su primitivo estado 
de libertad, tienen un derecho incontestable para gobernarse á si mismos con su- 
jeción á las leyes que regian antes de la disolución de las cortes. Tales son los 
principios de donde se ha de partir para resolver el problema, si no queda ya re- 
suelto con los principios mismos. 

El grito de las provincias rompió la comunicación y dependencia del Gobierno 
Supremo y de las primeras autoridades de México. Así, que, no teniendo las de 
Yucatán otras atribuciones ó facultades que las señaladas con el dedo de la ley, 
debe Mérida comenzar sus trabajos por la convocatoria para las elecciones de di- 
f)utados que formen una corporación suprema con funciones de legislativa en todo 
lo que fuere ineacusable para constituir el nuevo gobierno. No nos engañemos: es 
necesario confiar el poder ejecutivo al primer jefe de la provincia; abolir la dipn- 
tacionprovincial, sustituyendo un consejo de Estado; crear tribunales supremos, 
y entrar en el ejercicio de otras atribuciones privativas del poder legislativo. Du- 
do, sin embargo, que se trabaje utilmente en tan importante obra. El gobierno 
español, presidido constantemente por el genio del desacierto, llamó á Mérida ca- 
pital de Yucatán, cuando la ilustrada política concede lagrimacía á Campeche. 
Esta importante ciudad es la primera del imperio en el rango de las marítimas* 



— 9 — 

Ea la úniea plaza fuerte de Yucatán, el baluarte de bu libertad. Es el pueblo mas 
comerciante, mas laborioso, mas rico de la provincia. Su población, en fin (de 
veintidós mil almas), aunque no iguala numéricamente á la de Mérida, es superior 
á ella en hombres útiles á la sociedad. Está, por tanto, en el orden de justicia y 
en el de una ^na política, que á este pueblo fuerte, rico y liberal, arbitro de la 
suerte de Yucatán, se tributen las primeras consideraciones al constituirse el nue- 
vo gobierno. 

No es, sin embargo, mi consejo que V. S. promueva latsonvocatoria para las 
elecciones que deben conducir & la instalación de aquel gobierno representativa. 
Ellas son por el momento peligrosas y pueden llevarnos á íos bordes de una guer- 
ra civil. En el estado político de las cosas se ha de buscar el consejo en las re* 
glas de la prudencia, y la resolución en la voz imperiosa del interés general. Aca- 
so, acaso, por esta consideración unirá Mérida por ahora el poder legislativo al 
ejecutivo, que ya se dice estar ejerciendo. Y entonces es cuando la siempre re* 
comendable ciudad de Campeche debe hacer valer su derecho de tener allí un di- 
putado permanente, porque las mismas circunstancias estraordinarias en que se 
pretendiera fundar el gran sistema de poderes supremos, sacándolos de la órbita 
señalada por la constitución, remueven por mayoría de razón cualquiera ley ó re- 
solución que se quisiera oponer á la solicitud de V. S. El gobierno mismo tiene 
un interés conocido en la deferencia, pues de ella resultará un lazo que una las 
opiniones é intereses de los dos primeros pueblos de Yucatán, constantemente ri« 
vales. V. S., no obstante, podrá elegir de los dos derechos el que mas fuere de 
su agrado. 

Dios guarde & V. S. muchos años. Campeche, catorce de Marzo de mil ocho- 
cientos veintitrés, tercero de la independencia y primero de la libertad.*— José 
Martínez de la Pedrera. — M. I. A. de Campeche. 



NUMERO 3. 



(Citado en la página 40.) 
OFICIO DEL GENERAL SANTA-ANNA DE 9 DE JULIO DE 1824. 



Comandancia general del Estado libre de yi¿üato7i.— Excmo, Sr.^-Hace como 
dos meses que estoy en posesión de la comandancia general de este Estado, y do 
he podido pisar hasta ahojra sino sobre terreno movedizo: creo que el suelo firme 
en que debo tentar el pié se halla muy distante, y estoy persuadido que no llega- 

2 



— 10 — 

ré á tocarlo, si el S. P. E. no me conduce con bu antorcha y con sus ausilioa, co- 
mo puede hacerlo, teniendo tan cerca la fuente inagotable de las luces y de los re* 
cursos en el seno soberano de la representación nacional. — La crisis peligrosa que 
amenaza k Yucatán, nadie mejor que S. A. S. debe conocerla, por estar cerciora- 
do de los violentos síntomas con que su mal se anunció. Tal es el estado en que 
se hallaba cuando tuvo á bien enviarme con el mando general de las armas, á fin de 
salvarlo, creído tal vez que podrían derivarse de mi mismo los oportunos reme- 
dios; pero ¡cuan lejos me encuentro de ser el médico que cure una enfermedad tan 
grave y complicada! pues suponiéndoseme por un momento con todos los carac^ 
teres de un general consumado, y con las nociones mas profundas de un sabio po- 
lítico, ¿qué podría yo ejecutar faltándome loa principales fundamentos y faculta- 
des? — No hay duda, el conflicto es grande, Yucatán en mi imaginación se pre- 
senta como la bomba arrojada del mortero próxima á reventar, sin mas remedio 
que apagar el fuego de su espoleta. Gradúo, pues, muy preciso, de toda necesi- 
dad, se acuda eficazmente á su ausilio, porque de lo contrario su esplosion será 
inevitable, y causará daños irremediablea, que sin duda trascenderán k los demás 
Estados por la analogía de circunstancias y motivos que son muy patentes, pues 
la independencia que hemos emprendido, y la forma de gobierno que hemos adop- 
tado, á ejemplo de toda la América, ha producido la primera, y multiplicado la 
segunda, innumerables enemigos, ya porque la España y demás soberanos de Eu- 
ropa están bamboleando en sus tronos por causa de ellas, como porque algunas 
clases privilegiadas y poderosas temen la reforma de abusos que oprimen los de- 
rechos y las justas libertades de los pueblos, y no puede negarse que de los pri- 
meros hay muchos encubiertos entre nosotros, llenos de astucia para fomentar loa 
partidos, con el fin de entablar la guerra doméstica, de que nuestra independen- 
cia y liberales instituciones no lleguen á consolidarse. — Estas creo que son las 
verdaderas causas de las anteriores convulsiones de Yucatán, y que están á pique 
de repetirse con encarnizamiento, si el Supremo Gobierno, en quien solo puede 
hallarse el lenitivo y el antídoto, no acude prontamente con el remedio. — La de- 
claratoria de la guerra á España ha sido aquí el problema ó la caja de Pandora, 
que lanza males abriéndose. Ella se ha tomado por pretesto para dividir y poner 
en movimientos tumultuosos á este pacifico país, como se ha logrado. ¡Qué des- 
gracia! Ningún otro de los confederados los han sufrido con este respecto, ó con- 
vencidos de la intima justicia con que ie decretó, ó porque su industria ó comer- 
cio nada sufrían, ó porque quisieron anteponer el decoro nacional á sus perjuicios 
públicos y privados.— Lo cierto es que Campeche en contraposición con las au- 
toridades supremas de la capital, adoptó la guerra, y para publicarla depuso prí* 
mero tumultuariamente de sus empleos á los españoles que los obtenían, por sos 
pechados de connivencia con aquellas, creyendo con esta conducta dar un testi- 
monio auténtico de su adhesión y total obediencia al gobierno federaL^Resentida 
la capital de Mérida de un accidente tan estraordinario, quiso forzar aquella plaza, 
destacando sobre ella una numerosa división al mando de su comandante generalf 
para obligarla á su obediencia y castigar á los culpables, por haberse sustraido de 
las principales autoridades del Estado, operando sin su acuerdo; pero nada pudo 



— 11 — 

lograr, y las tropas hicieron su contramarcha después de un sitio regular, que solo 
prodojo gastos, consternación y desaires. — De todo se di¿ cuenta á S. A. S., y 
resolvió en orden de 17 de Abril último, que reponiéndose las cosas y personas 
que se habían removido, al estado en que se hallaban el dia del acontecimiento de 
Campeche, se llevase á efecto la declaratoria de la guerra, y se restableciese la 
tranquilidad en toda la provincia. Esta superior orden, que fué comunicada k las 
autoridades de uno y otro partido, estaba sin cumplimiento cuando llegué á este 
Estado, porque ninguno quiso ceder k las supremas insinuaciones. Traté entonces 
de ejecutarla, y al tentar los medios, no be hallado sino abismos, de cuya profun- 
didad tiembla el ojo á su vista* Campeche y Mérida, aunque émulas antiguas sin 
olvidar de una vez las rutinas, vicios y errores del anterior gobierno, no puedo negar 
que cada una tiene sus razones y sus virtudes, aunque bajo diverso aspecto. Que 
la primera haya obrado por sus resentimientos con la segunda, ó por el convenci- 
miento que tenga de que la guerra no perjudica tanto ¿ su comercio como i Mé- 
rida, lo cierto es que debe atenderse á su entusiasmo por la independencia y á su 
adhesión ai Supremo Gobierno federal de México, pues estos han sido los públi* 
eos sentimientos con que se ha manifestado en el caso. — Que Mérida funde ó no 
BU conducta en su indiferencia por su libertad, ó en sus ideas de negarse á la con- 
federación por razones que ella tenga, lo cierto es que la legislatura y el gobierno 
del Estado demuestran con espresiones fundadas los graves inconveAientes que 
median para publicarse la guerra, porque privado de su antiguo comercio con la 
inmediata isla de Cuba, se le escasean enteramente sus fondos para mantener sus 
necesarias obligaciones, sin arbitrio de subrogarlos por ser un pais pobre como es 
notorio, y al mismo tiempo sus naturales caerian en la estrema miseria, por no 
tener precisamente otra salida sus producciones y manufacturas, sino para aquellos 
puerto% De suerte que, precaviendo de un lado la disolución de los medios para 
resistir de algún modo cualquiera inva&ion, evita de otro los clamores públicos por 
la miseria de que suelen originarse las convulsiones, mas factibles en la crisis ac« 
tual.— 'Este es por mayor, según he podido comprender, el verdadero cuadro de 
las contradicciones entre Mérida y Campeche, sin dudar por eso que á ellas pue- 
den dar mucho pábulo su antipatía y la malignidad de algqnos para mantener una 
división tan escandalosa con que los partidos se encarnizan, bajo la hipocresía de 
defenderse las respectivas opiniones y patriotismo: presiento, pues, la fatal suerte 
del pais, y me es sensible que no consista en mí solo el remedio, por ser la mate- 
ria^muy complicada, vers&ndose en ella puntos civiles y políticos, y por estar di* 
vididas entre sf las autoridades, los pueblos y las tropas. Abí es que desde mi 
llegada no ha sido otro mi conato que imprimir las mejores ideas para la reconci- 
liación, para restablecer la unidad en el gobierno, y para que se efectuara la de» 
claretoria de la guerra ¿ España. He dado también diversos pasos, sin compro- 
meter mi autoridad, ni omitir providencias enérgicas y adecuadas, á fin de satis- 
&cer esos mismos justos deseos de S. A. S. y de poner k cubierto de algún modo 
la seguridad del Estado. Mis proclamas y partes que he dirigido al ministerio de 
la guerra, de que adjunto copias, son los datos incpntestablek de mis primeras ope* 
raciones y de mi conducta. — A pesar de todo, no he podido conseguir que ente* 



— 12 — 

raqnente se llenen mis deseos en cuanto & efectuarse, por los medios regularen, la 
publicación de la guerra, en que principalnr)ente consiste la reconciliación de los 
partidos populares y la buena armonía de los magistrados. — El documento núm, 
1.° demuestra mi disposición para que en Campeche se repusieran en sus em- 
pleos á las personas europeas despojadas, y el núm. 2. ® el decreto respecto de 
las cosas, para que la guerra no surtiese por ahora sus efectos relativos al comer- 
cio hasta que su publicación Be verificase por el orden debido, que es como se 
conserva la uniformidad y la graduación de los individuos propuestos á ejercer el 
gobierno. Al mismo tiempo escité al augusto congreso del Estado para que se 
firviese acordar la publicación de la guerra, con arreglo á los supremos decretos 
de 8 de Octubre y 17 de Abril último, y me contestó negativo por conducto de 
sus secretario?, apoyado en su acuerdo del 25 del prócsimo mes pasado, como 
consta de la copia num. 3. ° — Los campechanos obstruyen ó no les agrada la eje- 
cución de lo que les toca por no ver publicada la giierra, y no desconozco su razón 
viéndose burlados de su patriotismo y de la adhesión que han manifestado á Mé- 
xico. — Los meridanos, aunque quisieran dar esacto cumplimiento á las órdenes del 
Gobierno Supremo de la federación, se abstienen de publicarla, porque privado su 
comercio con la isla de Cuba, resultaría casi una total carencia de sus fondos para 
ayudar á sostener el Estado, sin tener arbitrio alguno para subrogarlos, pues aun- 
que se les anunció hace tres meses el socorro de cien mil pesos, no han visto lle- 
gar ni un real. Por otra parte, no hnbria cómo consolarse la miseria pública de 
BUS pueblos, prohibiéndoles la esportacion de sus productos y manufacturas que, 
según se ha dicho, no tienen otra salida sino para aquella isla. — Con esas razones 
respectivas estoy entendido que no debo ni puedo apremiar con la fuerza armada el 
efectivo cumplimiento de la suprema orden de 17 de Abril, relativa k las desave- 
nencias. Lo primero, porque en ella no se me faculta á que asi lo ejécut%agota- 
dos los medios suaves, ni tampoco me atrevería en justicia, aun dependiendo de 
mi arbitrio, 4 practicar medidas violentas, conociendo las respectivas razones y 
virtudes de los campechanos y meridanos, y porque considero que obraria contra 
la esperiencia y contra las modernas máximas, sobre convulsiones domésticas 
originadas de una revolución: y lo segundo, porque aun queriendo hacerlo ó es- 
tando legítimamente autorizado, no contaría con fuerza armada capaz de impo- 
ner, así por el participio que tienen las tropas en ambos partidos que regentean 
autoridades y personas poderosas, como porque me hallaría destituido enteramen- 
te de ausilios y recursos para la ejecución de una empresa tan arriesgada y ruino- 
sa, — ¿Y qué debía yo practicar en semejante conflicto de ideas, opiniones y dere- 
chos? La prudencia en tales coyunturas después de mucha meditación, no me ha 
dictado otra cosa sino suspender el juicio, y dar cuenta á V. E. de este asunto tan 
interesante y extraordinario por las relaciones que envuelve de política y de eco- 
nomía general, para que se sirva ponerlo en la alta comprensión de S. A. S., y se 
acuerde con la mayor prontitud lo mas conveniente, haciendo observar á V. E. 
que si los campechanos me han merecido justas consideraciones por sus nobles 
sentimientos, también los meridanos han esperimentado de mí las que son confor- 
mes á sus virtudes civiles y gubernativas y á la atención de no chocar con su con- 



— 13 — 

gresoy que debo mirar con todo aquel respeto que es propio de su representación, 
y mas cuando sus acuerdos en este asunto se han apoyado en la conveniencia de 
los pueblos y en la mayoría de los votos públicos, que siempre han sido para mí 
de la mayor consideración. Obrando yo en contrario sentido, hubiera arriesga- 
do la tranquilidad general, se habria quizá entablado la guerra civil, que es lo que 
apetecen nuestros enemigos; y por último, seria el anular yo mismo los escasos 
fondos con que me estfr proveyendo para entretener la guarnición y algunos pun- 
tos marítimos, necesarísimos para la defensa y para resguardar ufi tanto las eos- 
tas de loe piratas que las infestan. Lejos entonces de ser acreedor á las conside^ 
raciones que producen las acciones benéficas y justas de los empleados públicos, 
hubiera merecido la execración del gobierno, de los pueblos y de todos los hom« 
bres. — A todo lo espueeto corroboran las observaciones políticas que haré ahora, 
como las mas importantes á la nación y muy dignas de ser atendidas por su sobe- 
rana representación. — Se sabe que Yucatán por su situación geográ/ica y por su 
topografía, es la vanguardia de nuestra nación mexicana, siendo una península 
que cierra su Golfo, que tiene contacto inmediato con las islas estranjeras, y tan 
próximo con la de Cuba, que casi la tiene á la vista, y por consecuencia abando- 
nadas sus costas, queda el Seno ¿ discreción de los enemigos, principalmente 
careciendo nosotros de la posesión de la isla de Cuba que está enmedio de la em- 
bocadura del Seno, considerándose por lo mismo como su llave, y cuando dentro de 
cae mismo Rstado existe el establecimiento de Walix que corresponde á una na* 
cion poderosa que insensiblemente se está estendiendo y usurpando nuestras tier- 
ras; ademas de una porción considerable del Golfo que poseen los Estados-Unidos 
anglo-americanos, quienes aunque no ahora, pero en la serie del tiempo, causarán 
mucho daño. — Yucatán es también un territorio muy estenso; sus costas se dila- 
tan demasiado; tiene muchos puertos que guardar; su población no es competente 
su pobreza es general, y por lo mismo merece en todos conceptos y circunstancias 
la mas seria atención del Gobierno federal, porque su conservación interesa á to- 
dos los Estados de nuestra union.^-Yucatan, no hallándose al nivel de los otros 
Estados por su localidad y por su pobreza, siendo el punto político mas importan- 
te á nuestra seguridad presente y futura, debe ser en el dia mas meritorio de las 
mayores exenciones y privilegios. Antes por el gobierno español tenia señalado 
un situado muy competente, y cuando noae le pudo enviar, es notorio qué se le 
concedió el comercio libre para la subrogación de aquellos fondos que le faltaron, 
á pesar de ser tan prohibido, reputándose por lo tanto su concesión como un pri- 
vilegio y graciosa exención. De suerte que si ahora con la publicación de la guer- 
ra se le estanca el comercio y de otro lado no se le socorre, es destruirlo: por con* 
secuencia, no será estraño en la situación que observo las cosas y ya indico; que 
Yucatán miserable y viéndose desatendido, trate de segregarse de la federación» 
constituyéndose en Estado separado por sí mismo^ ó arrojarse en el seno de otra 
nación que lo proteja y considere* — A esto se agrega, que las cajas de México» 
según se me ha instruido, son deudoras á estas de ciento ochenta mil pesos como 
capital de los bienes de comunidades de indios, cuya cantidad con sos réditos de 
mas de veinticinco años, viene á ser la deuda como de cuatrocientos mil pesos. 



— 14 — 

Bajo esta inteligencia, nada haria el soberano congreso general con decretar algu- 
na exención en favor de Yucatán, ó los socorros que se indican, porque estos sal- 
drian de sus propios fondos retenidos en el erario nacional, á que es acreedor, 
particular de este Estado. — Yucatán, por último, se halla en el dia á riesgo de una 
sorpresa por el deterioro de sus fortalezas, por la carencia de otras necesarísiman 
por la derrota en que se encuentra casi todo el cureñaje y todo el utensilio de 
guerra, y porque privada la tropa de la integridad de su asignación, se halla des* 
nuda, hambrienta, sin el armamento acondicionado y en el mayor descontento, 
como lo hago presente al ministerio de la guerra para salvar mi responsabilidad, 
según consta de la copia núm. 4. — Por todas estas razones y conceptos, capero 
de la probidad y luces de V. E. que contribuirá con S. A. S. á que pasen estos 
puntos á la consideración y examen del soberano congreso general, donde este 
Estado tiene sus represantantes, para que se discutan y deliberen con preferencia, 
como un negocio grave y urgentísimo que interesa á la nación bajo todos aspec- 
tos, á fin de que se provea inmediatamente con una pronta remisión de doscientos 
mil pesos por lo menos, para reparar todas sus faltas y fortificar sus puestos mili- 
tares mas imprescindible^; y que anualmente se le libren, por lo menos, cien mil 
pesos para socorrer á estos fondos, que quedarían escasísimos publicándose la 
guerra, y mantener sus precisas obligaciones, mientras que se aumenten aquellos 
con los progresos de la agricultura, industria, comercio y población, de que es muj 
susceptible este pais dentro de poco tiempo, habiendo buena economía y un go* 
bierno celoso. — Este es el único remedio que mis escasas luces encuentran para que 
se logre la pacificación y reconciliación de estos habitantes; para que se h^a efec- 
tiva la guerra á la España sin mucho gravamen de estos pueblos, que en el diaoo 
dejan de sufrir contribuciones que los agobian; para que se reparen las averías que 
se resienten en la parte civil y militar, por haberles faltado el situado, abandonán- 
doseles á sus miserables recursos; para que termine esta división monstruosa del 
gobierno; y por último, para que se asegure nuestra libertad eternamente con Ia 
conservación de esta porción tap preciosa é interesante de la nación mexicana fe- 
deral, aunque sea con algún sacrificio pecuniario de los Estados, sobre que llamo 
la atención del soberano congreso general que todo lo puede. — V. E., meditando 
previamente los antecedentes, las concomitancias y consecuencias de nuestra sitúa** 
cion común, no dudo que se dignará hacerme la justicia de calificar mis informes 
y apoyar mis ecsigencias y justas peticiones. — Espero también de V. E. que se 
servirá escucl^ar detenidamente sobre tan grave y complicada materia, por losdis' 
tintos ramos de derecho público y de política qiie encierra, al asesor de esta coman* 
dancia general G. Carlos Hernández y Barrutia, de cuyas virtudes y conocimieotos 
estoy muy satisfecho, al cual he conferido mi representación para cuanto importe 
esforzar é ilustrar en los puntos espresados, activando al mismo tiempo la pronta 
y mas acertada resolución, y para que lo acompañe y pueda conducir con relocí* 
dad la resolución de todo, pasa también á esa capital mi ayudante de campo <■ 
Sr. coronel C. Ricardo Dromundo. — Dios y libertad. Calkinl, 9 de Julio de 1824. 
— Excmo. Sr. — Antonio López de Santa-Anna. — Excmo. Sr. primer secretario d« 
Estado kc. 



NUMERO 4. 

(Citado en la página 51). 

CARTA DEL GENERAL RIVAS ZATAS AL PRESIDENTE BUSTAMANTÉ 
DE 25 DE AGOSTO DE 1839. 



Sr. General presidente D.Anastasio Bustamante.-^Campeche, 25 de Ago/sto de 
1839. — Mi apreciado amigo y señor. Con particular satisfacción me impuse de 
h grata de vd. de 27 del próximo pasado Julio, en que tiene la bondad de partici^ 
parme la variación del ministerio. La elección del que le ha sucedido ha merecido 
la aprobación general^ y se esperan mejoras importantes en los diferentes ramos 
de la administración. 

Me encarga vd. que le manifieste el estado que guarda la tranquilidad en este 
departamento, y que le diga con franqueza si hay temores de que se altere. Pa* 
ra satisfacer ambas preguntas, llenando el objeto con que supongo que vd. me las 
dirige, es necesario que al indicarle el mal, le indique también el remedio y que 
me estienda mas de lo que debiera en esta carta. 

La parte importante y pensadora de la oposición no obra de frente y se contenta 
por ahora con aumentar el disgusto^ derramando especies que hagan odiosa la 
QRÍon de este departamento al resto de la República, y con poner los medios para 
apoderarse de los tribunales, ayuntamientos y cuantos puestos puedan influir en 
lotnegiocioa públicos, con la mira de entorpecerlos y combatir las disposiciones 
que emanan del gobierno general. As! han logrado aumentar el espíritu de in* 
dependencia que desde tiempos muy atrás se alimenta en estos pueblos, y dispo* 
ner de la mayor parte de las autoridades y corporaciones, entre las que se cuenta 
como la mas decidida ala junta departamental; y á no ser por la oposición que en. 
cneotran en la comandancia general y en el gobernador del departamento, ya ha* 
hieran llerado al cabo el proyecto de separación, que abraza toda la facción, aun-» 
qoe una parte de ella con la esperanza de consolidar un gobierno independiente, y 
la otra mientras se logra el c&mbio de las instituciones. Por esto, el gobernador 
y yo tomos el blanco de todos los tiros, y se trabaja activamente para deshacerse 
de ambos. Contra el segundo se ha intentado una acuracion en la cámara de di- 
potedosy que se dióe que ha pasado á informe de estos tribunales, asegurándose 
que cualquiera cosa que se haga bastará para suspenderlo, porque se cuenta con 



— 16 — 

el apoyo de vd. á instancias de D. Juan Cano, á quien suponen con un influjo in- 
contrastable. Cansados son estos pormenores; pero de no pequeña importancia, 
•y entro en ellas porque me ha prevenido vd. que le hable con toda franqueza. Voy 
á hacerlo ahora con relación á las causas que originan la miseria, que facilitan la 
seducción, que fomentan el descontento y que dan motivo á las quejas y murmu- 
raciones. 

Entre ellas ocupa el primer lugar el envió del 12, 15 y 17 por ciento del pro- 
ducto de estas aduanas, porque con esta medida no solo se llevan hasta el extre* 
mo los padecimientos de esta guarnición en razón de que el total de ellos es en pro- 
porción al estado lánguido y miserable del comercio, sino que se aumenta la ruina 
de este sacando de circulación en el departamento doscientos mil pesos anuales en 
que se calcula el referido 12, 15 y 17 por ciento. 

Ocupa el segundo, el envió periódico de tropas, que en estas recientes épocas 
se ha ordenado con frecuencia, y que, vista la crisis prolongada en que se agitaba 
la República, temen á par de muerte que llegue á hacerse permanente. La orga- 
nización militar de estos paises, por la exigencia de sus costumbres y por la pecu- 
liar situación de la gente de que se componen los cuerpos, es de todo punto dife- 
rente de la generalmente observada en lo restante de la nación. Como digo áfd. 
oficialmente, representándole contra la veteranizacion del primero activo, los ba- 
tallones de e^ta clase están formados de artesanos y labradores, casados general- 
mente y establecidos en sus respectivos pueblos, de donde solo se les saca para el 
servicio en un caso extraordinario, volviendo bien pronto á sus hábitos, á sns cos- 
tumbres y al cuidado de sus sementeras, de sus talleres» y propiedades. Esto es- 
plica el horror que sienten al salir del departametto. Es porque su traslación al 
otro lado del mar rompe enteramente sus vínculos de familia, pues que no pue- 
den seguirlos: les hacen cambiar enteramente de vida, de costumbres, de sociedad 
y uun de idioma: les hace abandonar los recursos de su subsistencia; y en fin, 
siendo tan difícil la vuelta, porque se advierte que son pocos los que regresan, al 
abandonar el suelo natal sienten las angustias del proscripto y las penas del des- 
tierro. Como dos mil y quinientos hombres han salido desde la expedición de 
Tejas á esta fecha, y dos mil y quinientas familias desoladas lloran el desamparo 
en que las ha dejado la marcha de sus padres, de sus hijos ó sus esposos. Dos 
mil y quinientos brazos han perdido la agricultura j los ejercicios mecánicos, y 
pueden calcularse en quinientos los prófugos en los montes y perdidos para la so- 
ciedad. ¡No exajero! Un profundo gemido se levanta en esta ciudad al dará 
BUS hijos el último adiós, y la opinión en este punto es profunda y general. 

No lo es menos, en los incalculables perjuicios que han ocasionado algunas le- 
yes económicas. Ceñida esta península por una larga estension de costas mansas 
y accesibles, las industrias marítimas han debido ser, y han sido en efecto, las que 
ocupan á una gran parte de su población. La construcción naval entre otras, lle- 
vada á un grado regular de perfección, empleaba multitud de brazos en los cortes 
y en los trabajos relativos á la ribera y astillero; y merced al decreto de 24 de Oc- 
tubre de 1833, el genio de la industria derramó á manos llenas sus beneficios so* 
bre estas playas. El golpe del hacha resonó en medio de las selvas: el propietario 



— 17 — 

sacó de esta renta inagotable de la tierra nuevos capitales con que fecundar nue- 
vas empresas agrícolai^: el comercio de la república multiplicó las demandas de 
buques, y sus capitales, asalariando la industria, hicieron crecer en prosperidad á 
este departamento. Ahora, qué diferencial Derogada esa ley bienhechora, se 
▼en multitud de brazos sin ocupación y sin productos de su trabajo que ofrecer en 
cambio de sus necesfidades, arruinado el comercio por la estancación general de 
que adolece en consecuencia de la emigración y la pobreza, y disperso el creciente 
plantel de marina que se formaba á la sombra del privilegio. 

Por todas estas causas, millares de hombres elevan sentidas quejas y manifies* 
tan su alto descontento, de que se aprovechan los sediciosos, para formar la opi« 
nion en contra de las instituciones y á favor de la separación, que llegará á reali- 
zarse, si el gobierno, al mismo tiempo que remedia tantos malea, no sostiene contra 
las maquinaciones é intrigas á los que todo lo arrostran por corresponder á su 
confianza. He creido necesario hablar á vd. con está extensión, porque el mal 
exije un remedio pronto y eficaz, y porque se trabaja activamente para derribar 
los obstáculos que encuentra el trastorno que se medita. Se «vitará á pesar del 
afán de todos los anarquistas, si se derogaren los decretos que ordenan la remisión 
del 12, 15 y 17 por ciento de los productos de las aduanas, porque las guarnicio- 
nes-estarían mejor atendida^ y seria mas difícil la seducción: el comercio mas ani- 
madOf mas contento y menos dispuesto á favorecer un movimiento, y los sedicio-* 
sos^ con este motivo menos de murmuración; si se dispusiese el'regreso de la tropa 
que ba salido del departamento, 6 cuando menos la parte de ella que existe en 
Veracruz; si se derogase el decreto que dispone la veteranizacion del primero ac- 
tivoy y si en cambio del privilegio que concedió á los buques de construcción na- 
cional el decreto de 24 de Octubre de 1833, derogado por la fé de los tratados, se 
libertase á las mercancías introducidas en buques nacionales de todo gravamen en 
su circulación del punto de la introducción ¿cualquiera otro del departamento, lo 
que en nada ofende á los citados tratados. 

Bien conozco que habrá que vencer muchas dificultades para poner en práctica 
estas medidas; pero ruego á yd. que piense en las consecuencias de la continuación 
de tantos males, y en lo fatal que seria el ejemplo de un departamento rompiendo 
los lazos de la unión, apoyado en motivos que si bien es verdad que han sido ine- 
vitables, también lo es que han arruinado todas sus fuentes de prosperidad y de 
riqueza. 

Tengo el honor de repetirme de vd. obediente servidor y afectísimo amigo que 
atento B. S. M.-^Joüquin Rivas. 



NUMERO 5. 

(Citado en la página 73). 
PRONUNCIAMIENTO DE 25 DE OCTUBRE DE 1846. 



Juan A, Paullada, secretario interino del E. ayuntamiento de esta M, H. y L. 
ciudad, — Certifico: que en el libro de acuerdos de la espresada corporación, apa- 
rece una acta de fs. 184 vuelta á 187 vuelta, cuyo literal tenor á la letra dice: — 
'*Sesion estraordinaria del 25 de Octubre de 1846, á las nueve de la mañana.— 
Presidencia del Sr. alcalde 1. ° Barret con funciones de jefe superior político de 
este distrito. — Reunidos en la sala capitular de Campeche los señores capitulares 
que al margen se espresan, previa citación hecha por el señor presidente, con asis- 
tencia de varias autoridades civiles y militares, se abrió la sesión manifestando el 
señor presidente que el objeto de su convocación era el haberle sido presentado 
en la mañana de este dia, por algunos ciudadanos, un plan por el cual el pueblo 
de esta ciudad, que se hallaba en aquel momento armado en la plaza principal, 
pedia, entre otras cosas, el restablecimiento de la constitución de 1841; que él lo 
habia recibido para imponer á la corporación, á fin de que ésta resolviese lo con- 
veniente. Enterado el cuerpo acordó se le diese lectura, á que procedió la secre- 
taría, siendo su tenor.el siguiente. — "Una serie de hechos lamentables ha sido 
hasta hoy el fruto que se ha dado al pueblo en rostro por los encargados de ha- 
cer su felicidad. Mas de tres años de paz no han sido suficientes para aliviarlo 
de las cargas que se le impusieran con el objeto de cubrir los adeudos de la últi- 
ma campaña: no han sido suficientes para darles un régimen adecuado á su creen- 
cia política: se le ha mantenido sin garantías, y como por burla se ha pretendido 
admita como tales las combinaciones demagógicas que comprende la Ley orgAnica 
provisional: se han retardado a los mas fieles y constantes servidores de la patria 
sus haberes ganados en la campaña; y á pesar de ser el crédito mas sa^^rado y 
privilegiado, se les ha deducido el impuesto que la ley creó para ellos y no contra 
ellos: se han visto obsequiadas pretensiones de hombres que en los momentos de 
angustia trabajaron en contraposición á la causa justa del pueblo, sin pensar ja- 
mas en economizar tantos gastos su|>érñuos que gravitan sobre el erario: se ha 
mantenido por fin al pueblo en la mayor violencia, despreciando sus roas justos 
clamores hasta el caso de envilecerlo; queriendo jure una ley formada á beneplá- 



— 19 — 

cito de 8U8 mismos autores, que lo que mas cuidaron en ella fué perpetuarse con 
el poder. — El pueblo de Campeche veria Consumado su TÜipendio, si al observar 
depuestos á los dignos capitulares que se negaron á jurar tan ominosa ley, como 
contraria á la voluntad de sua^coroitentes, no alzase la voz contra semejante pro- 
cedimiento; y resignado á todas las consecuencias que traiga consigo el acto & 
que ha sido provocado, protesta llevar al cabo el siguiente plan de revindicacion 
de sus derechos despreciados. — Art. 1. ® Se reponen en sus empleos á los capi* 
tulares que quedaron suspensos por haberse negado & jurar la ley orgánica. — Art. 
2. ® Se restablece la constitución de 1841, quedando depuestos de sus empleos 
los que se opongan á esta resolución. — Art. 3. ^ Se establece en esta ciudad una 
junta gubernativa que desdé lu^go se ocupe de sistemar el régimen administrativo 
que debe observarse entre tanto es secundado este plan por todos los pueblos del 
Estado, y entran á fungir las autoridades creadas por dicha constitución. — Art. 
4. ^ Esta junta se compondrá de siete individuos nombrados por el ayuntamiento 
que servirán sus destinos gratis, arreglándose en todo lo posible á la constitución 
, proclamada.^-Art. 5.® Será obligación de todos los ciudadanos acatar y res- 
petar todos los actos de la junta gubernativa, siempre que no pugnen abiertamen- 
te con elvoto público esplicitamente manifestarlo. — Art. 6. ® Se convocarán á 
todas las autoridades y empleados á jurar, sostener, guardar y hacer guardar el 
presente plan.— Art. 7. ^ Se comunicará á todas las municipalidades de los pue« 
blos del Estado por estraordinaiío ejecutivo esta resolución del pueblo de Caro- 
peche, escitándolas á que lo secunden por ser conforme con la voluntad general. 
—Art. 8. ^ Queda reducida la contribución personal que hoy satisfacen los yu- 
catecos á un real mensual, sujetando su recaudación á las leyes que la reglamen- 
taban el año de 1840. — Art 9. ® El pueblo de Campeche protesta solemnemen- 
te hacer cumplir á todo trance el presente plan de verdadera libertad y garantías 
para los yucatecos. Campeche, Octubre 25 de 1846. — Sigue una multitud dejir* 
mas. — Impuesta, pues» la corporación de cuanto abraza el referido plan, varios 
señores, llevando la voz del pueblo, hicieron proposición para que el cuerpo deci- 
diese si lo admitía ó no. Considerando la corporación lo delicado del asunto, pues 
nada menos se trataba que del desconocimiento del gobierno, el señor presidente 
escitó repetidas vec^s á los señores capitulares para que emitiesen francamente su 
opinión: con este motivo se suscitó una discusión, en la que á pesar de manifes- 
tarse por algunos miembros la justicia que al pueblo asistia para pedir lo que es- 
taba consignado en el plan, opinaban que ínterin el pueblo armado estuviese en 
lá plaza, no podian deliberar; á lo (^ue se reprodujo por otros señores del pueblo, 
que éste estaba resuelto á no retirarse hasta que esta municipalidad hubiese adop- 
tado su pedimento; y que desde luego, si el cuefpo capitular conocia la justicia 
que ai pueblo asistia, no encontraba motivi para no acceder d lo que pedia. En 
este estado, considerado por esta corporación estar suficientemente discutido, la 
interrogó su presidente en la forma siguiente: "¿Secunda ó no el R. ayuntamien* 
to el plan proclamado en esta ciudad por el pueblo el dia de hoy?" Puesta á vo- 
tación nominal, y tomada ésta, dio por resultado adherirse todos los señores capi« 
tuUr^s al plan referido, y en consecuencia secundados con este acto los deseos del 



_ 20 - 

pueblo. Eq efite estado^ y en consecuencia del anterior acuerdo, debiéndose por 
el art. 1. ^ del citado plan ser llamados á ocupar sus destinos los señores regido- 
res y sindico 1. ® que fueron suspensos por orden superior de 13 del corriente, ea 
cumplimiento del espresado artículo se acordó convocar en el momento á los es- 
presados señores, para que obrasen con arreglo á lo que en el referido plan sede- 
termina, y en consecuencia los señores regidores suplentes que suscriben esta acta, 
quedaron desde este momento separados de sus destinos. — Terminado este acto, 
se levantó la sesión, á la que no asistieron los Sres. Lanz y Gutiérrez, el primero 
por enfermo y el segundo con aviso, firmando esta acta todos los señores concur* 
rentes para constancia, conmigo el secretario interino que la autorizo. — Domingo 
Barret. — Jo^é Trinidad Medina. — Manuel López Martinez. — José María Her- 
nández. — Salvador Rodríguez. — Tomas Casasus. — Julián Gual. — Pablo Llovera. 
—Gaspar Oliver. — Alejandro Marcin y Escalera. — Francisco Estrada Ojeda.— 
Juan Antonio Paullada^ secretario interino. 



Certifico: que en el libro de acuerdop de la espresada corporación, aparece una 
acta de fs. 187 vuelta á 189 vuelta, cuyo literal tenor á la letra dice. — "Sesión ex- 
traoidinaria del 25 de Octubre de 1846 á las doce del dia. — Presidencia del Sr. 
alcaide 1, ^ Barreteen funciones de gefe S. político de este departamento. — Keu- 
nidos en la sala capitular de Campeche los Sres. que al margen se espresan, mani- 
festó el presidente que el objeto de la reunión era cumplir con el tenor del art 1.^ 
del plan proclamado en la mañana de este dia por el pueblo y secundado ya por 
el cuerpo capitular, en cuya virtud han sido llamados á ocupar sus asientos ios 
Sres. capitulares que fueron depuestos de orden superior por haberse negado á 
jurar la ley orgánica: conformes los referidos capitulares en obsequiar la voluntad 
del pueblo, tomaron posesión de sus encargos. En seguida se Je dio lectura al 
plan proclamado , y á indicación del Sr. Méndez se acordó la publicación solemne 
del código fundamental de 1841. — En cumplimiento del art. 4. ^ del mismo plan, 
procedió el cuerpo al nombramiento de los siete individuos que debían componer 
la junta gubernativa que establece el art. 3. ® del propio plan. Fueron nombra- 
dos por unanimidad los Sres. Pbro. Lie. D. Andrés Ibarra de León, Lie. D. Po" 
licarpio María Sales, Lie. D. José R. Nicolin, comandante principal de la briga- 
da de artillería permanente D. José del Carmen Bello, D. Joaquín Ruiz de León, 
D. José Nazario Donde y Pbro. D. José María Celarain, á quienes se pasaron 
respectivos oficios para que les sirviesen de credenciales y se presentasen en el 
momento á prestar el juramento prevenido y cumplir el objeto de su misión. Se 
declaró el cuerpo en sesión permanente con el fin de esperar á los Sres. vocales 
de la junta y ejercer los demás actos de su competencia conforme al plan procla' 
mado. — Preíentes los Sres. vocales se procedió á recibirlea el juramento, habién- 



— 21 — 

dolo preitado previamente los Sres. capitalares^ en cuyo instante suplicó el Sr. 
Celarain se le exhooerase, á lo que accedió el cuerpo, nombrando inmediatamente 
en 8Q logar al Sr. prebendado D. Vicente Méndez. Prestaron dicho juramento 
ios vocales presentes á escepcion de los Sres. Celarain por la causa espresada, y 
Bello qoe aun no babia comparecido. Se acordó convocar para las diez del dia 
siguiente á todas las autoridades y empleados á fin de que presten el juramentó 
iadicado.— A moción del Sr. Méndez, se acordó pasar a! Sr. comandante militar 
de esta plaza una comunicación acompañando la copia del plan proclamado para 
que en vista de la justicia en que se funda, se sirviese excitar a 1| guarnición á se- 
cundarlo en todas sus partes. Siendo las nueve de la noche contestó el espresa- 
do Sr. comandante militar acompañando el acta levantada por los jefes y oficia- 
les de la guarnición, secundando el consabido plan, y en vista de tan plausible 
acontecimiento se dispuso pasará la Santa iglesia parroquial á celebrar un Te-deum 
en acción de gracias al Todopoderoso, y estando ya instalada la junta gubernati- 
va, se le hizo partícipe de este suceso. Con lo que se levantó la sesión á la que 
no asistieron los Sres. Sevilla y Lagraba por enfermos, firmando esta acta todos 
los Sres. concurrentes para constancia, conmigo el secretario interino que la auto- 
rizo, — Domingo JBarret.-^ José Trinidad Medina. — Manuel López y Martínez. — 
José M. Hernández. — Antonio léOpez RábelL — Manuel Méndez y Hernández, — 
José de los Santos Almeyda. — Ramón Aguilar. — José Ignacio Medina Prieto.'^ 
Juan de Dios Rodríguez. --J'osé Julián Sales. — Francisco Estrada Ojeda. — Jtmn 
Antonio PaiUlada, secretario interino." 

Es €j6pia fiel del original á que me remito y libro por orden del Sr. alcalde 1. ® , 
en Campeche á los veintinueve dias del mes de Octubre 'de mil ochocientos 
cuarenta y seis.— Jtum A. Paullada. 



La junta gubernativa establecida en virtud del pronunciamiento efectuado en 
esta M. H. y L. ciudad de Campeche el dia 26 del pasado, á los habitantes de to- 
dos los pueblos pronunciados sabed que: 

Considerando, que de llevar al cabo el plan proclamado en dicho dia, cuales- 
quiera que sean ios recursos con que cuente para hacerlo triunfar, no podria mé^ 
nos de envolver á Yucatán en la mas desastrosa guerra civil y sus terribles conse- 
cuencias, que barian funestísimo el porvenir de la amada patria: 

Considerando, que tía dejado de regir la Ley orgánica decretada en 24 de Se- 
tiembre, y se ha restablecido la constitución general de la Repáblica y la particu- 
lar del Estado, decretadas en los años de 1824 y 26, en cuanto no se opongan á 
los convenios celebrados en 14 de Diciembre 1843: 

Considerando, que es de esperar que la nueva legislatura al reformar dicha cons- 
iiUieioo particular adopte las mejoras que contenia la de 1841: 



— 22 — 

Considerando, que el Excmo. Sr. Goberna'lor del Estado ha iniciado ya ante el 
poder legislativo la reducción de la contribución personal á uno y medio real men- 
sual para toda clase de personas: 

Considerando, que es de esperar que el mismo gobierno ha de ir iniciando y es- 
tableciendo todas las economías que demandan la cortedad de los recursos del 
erario, la pobreza de los habitantes del Estado, la necesidad de atender al fomento 
de la enseñanza primaría, al de su desfallecida industria, y á la urgente provisión 
de armamento y demás medios de defensa: 

Considerando en fin, que el mayor bien y la mas imperiosa necesidad de Yuca- 
tan es la de conservarse unido y compacto, y que ninguno de sus pueblos tiene 
mayor obligación de procurarlo así que el de Campeche, por lo mismo que es el 
que ha hecho mas saciificios de todo género en defensa de su libertad. 

Por tanto, y sin que la junta sea impulsada por ninguna otra consideración me- 
nos noble que las que deja espuestas, ha venido en decretar y decreta: 

1. ^ Ha quedado sin objeto el pronunciamiento que el pueblo de Campeche 
y su guarnición hicieron en 25 del pasado, y secundaron los demás pueblos con 
posterioridad. 

2. ® En consecuencia, reconocen al gobierno de Yucatán y aceptan la cons- 
titución general de la República y la particular del Estado, cuyo restablecimiento 
86 decretó por el congreso extraordinario del mismo en 4 del corriente Noviembre. 

Por tanto, imprimase, publíquese y circúlese para su debido cumplimiento. Da- 
do en Campeche, á 26 de Noviembre de 1846. — Joaquín Ruiz de León, presidente^ 
Vicente Méndez, — Jasé Bello, — Andrés Ibarra de León. — Policarpio María Sa- 
les, — José Nazario Donde, — José R, Nicolin, secretario. 

Y lo inserto á V. para su conocimiento y fines consiguientes. — Dios y Liber- 
tad. Campeche, Noviembre 26 de 1846. — Joaquín Ruiz de Leon^ presidente.— 
José R. Nicolinj secretario. 



NUMERO 6. 

(Citado en la página 74). 
PRONUNCIAMIENTO DE 8 DE DICIEMBRE DE 1846, 



EL PUEBLO DE CAMPECHE. 
Coi^siDBBANDO: que la unión de Yucatán á la República Mexicana en las pre- 
sentes circunstancias, sin ser de ninguna utilidad para la referida Repúblícaí ni al 



— 23 — 

mismo Yucatán, somete & éste á todos los males de la guerra con una nación po- 
derosa que hasta ahora ha dispensado las mayores consideraciones á este pais, y 
que tiene los medios de reducirlo á la mas espantosa miseria, con solo impedir la 
exportación de sus pobres producciones, único recurso que tienen para subsistir sus 
habitantes. — Considerando: que el reconocimiento de la validez de los convenios 
de 14 de Diciembre de 1843, que ha hecho el actual gobierno de México, no da 
ninguna garantía de estabilidad á aquel tratado, porque una dolorosa experiencia 
nos enseña, que nada, ni las personas, ni las instituciones, ni las mas solemnes es- 
tipulaciones la han tenido ni la tienen en aquella infortunada República, que hoy 
mismo, y cuando mas necesaria é indispensable le es la unión, se ve agitada por 
diferentes partidos políticos que alternativamente se unen los unos con los otros 
para derribar al que llega á prevalecer, y en seguida 66 dividen y continúan des* 
pedazando á la patria con la* exageración é intolerancia de sus respectivas preten- 
siones. — Considerando: que en tales circunstancias, Yucatán^ que en caso de una 
guerra exterior, no puede recibir auxilio alguno de aquella República, debe con« 
servarse completamente neutral, tanto respecto de la presente guerra exterior, co- 
mo de las disensiones políticas y civiles que continuamente la dividen y destrozan^ 
hasta que consolidándose bajo cualquier orden de cosas, que dé garantías de es- 
tabilidad, se reconozca constitucionalmenie la validez é inviolabilidad de los con- 
venios de 14 de Diciembre de 1843; y entre tanto, gobernarse por sf mismo, con 
absoluta, aunque temporal independencia del gobierno de México. — Cdhsiderando: 
que para este último efecto, nada es mas propio, natural y conveniente que el res* 
tablecimiento de la constitución de 1841, que regia con tanto gusto y beneplácito 
del pueblo yucateco, y á cuya observancia renunció únicamente por exigirlo asf 
la reincorporación 6 la República por medio de los convenios ya citados. — Consi- 
derando: que al mismo tiempo que se restablezca dicha constitución es también 
justo y conveniente aliviar al pueblo, rebajando una parte de la excesiva contri^ 
bucion personal, á lo menos mientras que por un conveniente arreglo y reforma 
en el sistema de rentas, no se le alivie de las cargas que hoy pesan sobre él. — Y 
considerando, en fin, que es absolutamente indispensable para que los yucatecos 
gocen plenamentede su libertad y derechos constitucionales, destruir el poder de 
la facción que oprime á la mayor parte de sus pueblos y aun al mismo gobierno, 
obligándolo á aparecer autor ó cómplice de sus arbitrariedades y aberraciones; ha 
resuelto proclamar y proclama el siguiente plan, que no duda será secundado por 
el mismo gobierno y por los demás pueblos de la península, y para cuyo sosteni- 
miento no omitirá sacrificio de ninguna especie. 

Art. 1. ® Se aplaza la resolución sobre la reincorporación de Yucatán á la 
República Mexicana, para cuando constituida ésta bajo cualquiera forma de go- 
bierno que no sea monárquica, y consolidada de modo que dé garantías de esta- 
bilidad, reconozca la validez é inviolabilidad de los convenios de 14 de Diciembre 
de 1843, y sancione constitucionalmente la excepcionalidad estipulada en ellos á 
favor de esta península. 

2. ^ Se establece entre tanto para el gobierno interior de Yucatán^ la consti- 
tución particular decretada en 31 de Marzo de 1841, y todas las leyes y decretos 



— 24 — 

dados por la legislatura que la dictó y demás que le han succedido^ en todo lo que 
no se opongan h dicha constitución y al presente plan. 

3. ^ El actual gobernador^ con un consejo de Estado compuesto de cinco in* 
dividuosy regirá provisionalmente & la península, legislando sobre todos los ramoi 
de la admiixistracion pública que lo requieran hasta la instalación de las cámaras 
en el periodo constitucional, quedando entonces reducido el número de los del 
consejo al que previene la constitución. 

4. ® Serán consejeros provisionales, para desempeñar las funciones que deter- 
mina el articulo anterior, los Sres. D. Sebastian López de Llergo, D. Grescencio 
José Pinelo, D. Benito Aznar, D. Manuel Arcadio Quijano y D. Juan Evange- 
lista Echánove; y suplentes los Sres. D. Justo Sierra, D. Gerónimo López de 
Llergo, D. Pedro Ramos, D. Pantaleon Barrera y D. José Raymundo Nicolin. 

6. ® Si el actual Excmo. señor gobernador no a'doptase este plan en el tér- 
mino de quince dias contados desde esta fecha, continuará como tal el nombrado 
para desempeñar dicho encargo en el referido lapso. 

6. ^ Para desempeñar el gobierno durante los quince dias que se conceden al 
actual Excmo. señor gobernador para aceptar ó desechar el presente plan, se nom- 
bra al señor jefe superior politice D. Domingo Barret, encargándole dicte las me- 
didas mas enérgicas y eficaces, para hacer triunfar el mismo plan. 

7. ® Cuando el congreso, ó el gobierno con acuerdo del consejo, si aquel no 
8e hubiese reunido en el primer periodo constitucional, crean llegado el caso déla 
reincorporación, someterán esta resolución i un congreso extraordinario compues- 
to de cinco diputados electos directamente por cada uno de los cinco Depara* 
mentos en que actualmente está dividido Yucatán, debiendo ser por todos vein- 
ticinco propietarios y otros tantos suplentes; pero sí pasasen dos años contados 
desde el 1.^ del entrante Enero de 1847, sin que haya tenido efecto la preven- 
ción anterior, será convocado el referido congreso extraordinario para el 1.® de 
Abf il de 1849, con el exclusivo objeto de tratar sobre la conveniencia ó inconve- 
niencia de la reincorporación de esta península á la Repiiblica Mexicana. 

8. ® Se reduce la contribución personal que hoy pagan los yucatecos, & un 
real y medio mensual para toda clase de personas, mientras por un conveniente 
arreglo en el ^sistema de rentas, pueda proporcionárseles un alivio mas justo de las 
cargas con que hoy se encuentran gravados. 

9. ^ El artículo anterior no tendrá efecto sino cuando el presente plan haya 
sido adoptado por todos los pueblos del Estado. 

10. Quedan esceptuados del pago de la contribución personal los indÍTÍdiios 
de la milicia permanente y cívica armada, comprendiéndose en esta las dos brtga* 
das de artillería local. 

1 1. Todas las autoridades, empleados y funcionarios existentes en esta ciudad, 
jurarán sostener el presente plan, ó quedaran destituidos de sus empleos. Las 
autoridades, empleados y funcionarios que existen fuera de esta población, debe- 
rán dar su adhesión en el término de dos meses contados desde esta fecha; pero 
si no lo hiciesen, ó antes contrariasen directa ó indirectamente su triunfo y acepta* 
cion en cualquier pueblo del estado, serán despojados de sus destinos ó empleos. 



- 25 — 

12. Adoptado que sea este plan por el R. ayuntamiento de esta ciudad^ llaina- 
rá al gobernador provisional para darle posesión, recibiéndole previamente el de- 
bido juramento, quien en seguida lo recibirá á las demás autoridades y empleados. 

El pueblo campechano, al proclamar este plan, protesta que solo procede impul- 
sado por el derecho de su propia conservación y de los demás yucatecos sus her- 
manos, y sin dejar de hallarse animado de las mejores simpatías en favor del pue- 
blo mexicano, por cuya prosperidad, felicidad y consolidación dirige los mas fer* 
Tientes votos al cielo; y protebta igualmente, que quiere y desea que el Gobierno 
de Yucatán, mientras dure su temporal independencia del de México, se arregle 
estrictamente en bus relaciones con las potencias extranjeras y sus subditos á los 
mas sanos y reconocidos principios del derecho de gentes. Campeche, Diciembre 
8 de 1646.-^ Siguen mukitud de firmas. 



SI gobernador provisional de Yucatán á sus concítteíaitxno^.— Yucatecos: vengo 
á ofrecer el sacrificio de mi tranquilidad privada en. las aras del bien público. Yo 
BO he debido negarme á la poderosa voz de un pueblo liberal y heroico: me ha lia* 
mado á dirigir momentáneamente la gloriosa revolución que hoy comienza, y sin 
detenerme en la insuficiencia de mis medios, acepto este dilicado encargo, que ju- 
ro desempeñar con lealtad é intenciones puras. 

Honor vuestro ea, conciudadanos, cooperar conmigo á la obra generosa de 
afianzar la libertad y la unión entre todos los individuos de la gran familia yuca- 
teca. Nuestros mas caros intereses, aquellos intereses que han costado al pueblo 
su sangre y su fortuna se ven á punto de ser sacrificados inútilmente por la caba- 
la y la intriga. Yucatán estk en su derecho levantándose á borrar la mancha que 
se ba querido hechar sobre su nombre. Preciso es que deje, en fin, de ser la bur- 
la y escarnio de las facetes que despadazan á la República mexicana, casi sin es- 
peranza de remedio. Asi lo exige la propia conservación, que es el primero de to- 
dos los derechos. 

Pueblos de Yucatán: Comprended bien el programa que hoy os presenta vues- 
tro hermano el pueblo de Campeche: es de libertad y unión. La oscura facción 
que ha cansado tantos males al pais pon su aviesa conducta, debe cesar en su in- 
fluencia. La escepcionalidad consignada en los convenios de 14 de Diciembre, 
faa de ser inviolable. Las gabelas que pesan sobre el empobrecido pueblo, deben 
ser disminuidas, llevando adelante las saludables reformas tantas veces proyecta- 
das, y que han encontrado una ? igorosa resistencia en los enemigos irreconcilia- 
bles de su patria. 

[Permita la Divina Providencia, que uniéndose en sentimientos todos los buenos 
y leales yucatecos, logremos afianzar la paz pública! Si el gobierno de Yucatán 

4 



— 26 — 

llegase á romper el circulo de hierro en que ha querido encerrársele, y escuchar la 
voz de los pueblos, ese dia se habrán cumplido los votos de vuestro conciudadano 
y amigo. 

Campeche, 8 de Diciembre de 1846. — Domingo BarreU 



Comunicaciones que han mediado entre el C. Santiago Méndez y S. E, el Gober- 
nador provisional de Yucatán y relativas al pronunciamiento verificado en esta du- 
dad el 8 del presente mes. — Eíicnio. Sr. — Me uno y adhiero al pronunciamiento del 
pueblo campechano, pero al verificarlo, suplico que se me permita hacer una bre- 
ve reseña de mi conducta política desde que con tanto gusto mió dejé el gobierno 
de Yucatán, y de los motivos que me impulsaron fx observarla. Lo exige nú el 
deseo de conservar mi reputación de patriota ardiente, puro y desinteresado, úni- 
co premio á que aspiraba por los servicios que he prestado á mi país, y que de- 
seaba legar á mi numerosa familia, ya que mi dedicación á estos mismos servicios, 
DO solo me ha impedido acumular para ella bienes de fortuna, sino que ha dismi- 
nuido considerablemente los que por fruto de un honrado é ímprobo trabajo co- 
mercial poseia, especialmente al iniciarse la gloriosa y útil revolución de 1840. 

Regresé á esta ciudad, querida de mi corazón, en Junio de 1844, dejando el 
gobierno de Yucatán en manos del Sr. Barbachano, como primer vocal de la asam- 
blea departamental, que conforme á los convenios de 14 de Diciembre de 1843 S6 
habia establecido. Desde luego advertí que manifestaban sus habitantes un dis- 
gusto muy marcado, porque no se me habia dado lugar, y lugar preferente, en la 
propuesta que la asamblea dirigió al gobierno supremo para gobernador del De* 
partamento. Nacía el disgusto en unos, del conocimiento que tenian de los sacri- 
ficios que yo habia hecho siempre en defensa de la causa popular, pero especial- 
mente en 834, en 840, 42 y 43, y juzgaban una grave i|g|fratitud el que no se me 
hubiese dado lugar en aquella propuesta: con manifiesta equivocación creían otros 
que solo yo era capaz de sostener el orden, la tranquilidad, el respeto á las leyes^ 
una marcha progresiva, y limitadas y contenidas las ambiciones particulares, des- 
pués del desborde de las pasiones populares que la guerra habia producido: domi- 
naba en algunos una sincera adhesión á mi persona, que creían mortificada con lo 
que ellos llamaban un gran desaire: eran muchos movidos por ese espíritu de lo- 
calismo, que cuando es exagerado y se estravía de la única senda en que es útii^ 
que es la de la emulación y conatos para superar en civilización, en industria, en 
conocimientos y moralidad al pueblo ó nación rival, germina males sin cuento, 
como que propende sumir á la humanidad en la ignorancia, en la barbarie, en la 
miseria y en todas las pasiones que nacen de la envidia; y había algunos, en fin, 
aunque pocos, enemigos de la causa de Yucatán, que diestramente esplotaban es- 



— 27 — 

tos elementos de discordia y divisiotii porque solo de ésta podian aguardar la iui« 
na del glorioso baluarte que á tanta costa habianGios edificado para salvar la liber- 
tad y felicidad de nuestra penf nsula, á saber^ la unión á la República mexicana 
bajo losconvenios de 14 de Diciembre de 1843. 

Previ desde entonces que si nuestros legisladores y gobernantes no se maneja- 
han en el desempeño de sus funciones con la mayor prudencia y tino, si no mar- 
chaban aunque con circunspección por la senda del progreso, si no procuraban 
disminuir en todo lo posible las cargas del erario, para poder reducir en propor- 
ción la« del pueblo; y si^ en fin, no dictaban algunas medídasP y omitian otras, 
aunque aquellas fuesen innecesarias y éstas convenientes, con tal que no fuesen 
de grande importancia, para no descontentar á este pueblo, si deseaba las prime^ 
ras 6 repugnaba las segundas, se irian fomentando aquellos elementos de descon^ 
tentó y discordia hasta llegar á un rompimiento que nos condujese á la guerra ci- 
vil con todos sus horrores; y que destruyendo la unión que hace la fuerza de Yu- 
catán, y á la que debe la feliz posición en que se colocó por los convenios de 14 
de Diciembre, lo espusiese á perderla y á quedar en peor estado que antes, des- 
pués de tantos y tan cruento^ sacrificios. 

Con esta prevrsion, mi corazón se llenó de amargura; pero nunca me abandonó 
la esperanza de poder evitar, ayudado por la Divina Providencia, que llegásemos á 
aquel funesto estremo; y para conseguirlo, me propuse primeramente convencer á 
todo este pueblo, de que el no haber yo ocupado lugar en la propuesta para go- 
bernador no se debia achacar á nadie mas que á mí mismo que habia hecho los 
mayores esfuerzos para que asi fuese: procuré inspirar la confianza debida, y que 
realmente me merecian las personas propuestas: procuré convencer igualmente á 
todo el mundo de que no habia motivo alguno para temer los males que se pre- 
sagiaban, y que aun cuando alguno ó algunos llegasen á acontecer, siempre serian 
infinitamente menores que los quedeberia producirnos la desunión y la guerra ci* 
vil si por desgracia llegábamos á caer en ella; y guiado de este principio, combatí 
constantemente desde entonces hasta hoy todas las censuras ecsageradae,- todas 
las oposiciones ecsaltadas al gobierno, todos los conatos á la inobediencia y á la 
insurrección que asomaron ó se manifejstaron abiertamente repetidas ocasiones, y 
al mismo tiempo no cesé de advertir á nuestros gobernantes, ni de dirigirles las 
mas enérgicas observaciones acerca de la necesidad de corregir los defectos de al- 
gunas providencias, de la de dictar otras, y de la de omitir algunas, para conten* 
tar ó no disgustar k este pueblo que, lleno de valor, lleno de energía, orgulloso con 
los mismos sacrificios que habia hecho en defensa de la libertad de Yucatán, se 
creia con derecho á influir eficazmente en la suerte del pais, y que era sumamen* 
te susceptible de irritarse, romper el saludable freno de la obediencia á las leyes 
y á las autoridades constituidas, y envolvernos en la anarquía. 

Levántese un solo campechano 6 cualquiera otro yucateco, y diga en qué oca« 
sion, en qué tiempo pública 6 privadamente no me oyó hablar con arreglo á aque- 
llos principios; y muestren los ^es. López y Barbachano y el secretario general 
de gobierno, mi correapondencia particular para desmentirme si me separo de la 
▼erdad en lo que queda espuesto. 



— 28 — 

Pero la Dirina Providencia castigó mi presunción^ haciéndome yer mi debili* 
dad para luchar por mí solo contra el torrente de las pasiones populares que se 
desbordaba; y contra la desconfianza de nuestros gobernantes y de los que los han 
rodeado, que han atribuido constantemente mis advertencias á las miras mas in- 
nobles, pérfidas y rastreras, y han creído ó fingido creer que yo, esclusivamente 
yo, era el promovedor de todas las oposiciones, de todas las censuras y todos los 
conatos k la inobediencia é insurrección que sus disposiciones legislativas ó sus 
actos gubernativos contrarios á mis advertencias producían en ésta; y esto suce- 
dia aun en el tiempo mismo en que yo no solo aventuraba mi influencia y presti- 
gio, sino que esponia mi propia ecsistencia, y aun cuando en medio del mas ecsal- 
tado resentimiento por mi franca y decidida oposición al progreso de la guerra 
civil, cuyo estallido no me habia sido posible evitar, y por mis públicos y eficaces 
conatos para el restablecimiento de la adorable paz, se pedia á gritos mi muerte 
en esta plaza pública, por cam|iechanosque me habían amado y respetado como i 
un padre; por muchos que hablan escuchado siempre y seguido sin vacilar mi voz, 
esta voz que lo juro ante Dios y los hombres, y con la cabeza erguida, jamas les 
inspiró sino el mas puro patiiotismo, el amor al órderf, el respeto á todas las garan- 
tías sociales, á las leyes y á las autoridades legítimamente constituidas, la tole* 
rancia y la benevolencia; y nunca la crueldad, la violencia ni los sentimientos 
sanguinarios. Y aquellos que asi me deturpuban y calumniaban tan atroz y des- 
apiadadamente, y procuraban minar y destruir mi prestigio tan legítimamente 
adquirido y tan necesario y útil á la conservación de la paz y tranquilidad de Yu- 
catán, motivo principal porque dcfeCaba conservarlo, daban mas importancia ala 
mas leve indicación de cualquier émulo ó enemigo mÍD, aunque también lo fuese 
conocidamente de la patria, que á mis mas sinceras, fundadas y enérgicas obser- 
vaciones. 

En tal estado de cosas, cuando ya es incontenible la ecsaltacion de este puebloi 
cuando yo me veo rodeado de circunstancias que por públicas y conocidas no es 
necesario referir, pero que no me permiten obrar sino de determinado modo, doy 
mi adhesión pública al plan proclamado hoy en esta ciudad, cuyos objetos me 
parecen justos, patrióticos y laudables, y á cuyo buen écsito contribuiré con la 
lealtad que me caracteriza; pidiendo al mismo tiempo á la Divina Providencia, que 
ya que no ha sido posible evitar este rompimiento, disminuya por un efecto de 
bondad infinita con que siempre y tan visiblemente ha favorecido á Yucataní sus 
funestas consecuencias; haciendo que el plan sea secundado en todos bus pueblos 
& la mayor brevedad posible, y acogido benévolamente por el Escmo. Sr. D. Mi- 
guel Barbachano. 

Sírvase V. E., señor gobernador provisional, mandar publicar esta comunica- 
ción, si lo tiene por conveniente, y admitir las protestas de mi respeto y obedien- 
cia. — Campeche, Diciembre 8 de 1846, — Santiago Méndez. — Escmo. Sr. gober 
nador provisional, C. Domingo Barret, 



— 29 — 

Secretaria genercil del gobierno provisional de YucataTi. — Eq tnedio de una nu- 
merosa reunión de ciudadano», dispuso S. E. el gobernador provisional se diese 
pública lectura & la muy ipteresante comunicación de vd. del dia de ayer, en la 
que maniñesta su decidida y franca adhesión al pronunciamiento del pueblo cam- 
pechano, por considerar sus objetos justos, patrióticos y laudables. Las emocio« 
nes mas justas de reconocimiento y las mas sensibles y espresivas demostraciones 
que acjuella reunión de ciudadanos manifestó en esos momentos, deben persuadir 
á vd. con la mas merecida satisfacción el grado sublime en que este pueblo heroi- 
co y liberal estima y califica los importantísimos servicios que ha prestado vd. en 
todas épocaa & nuestra idolatrada patria. ¡Qué otra mayor y mas apreeiable re- 
compensa puede apetecer un honrado y deainteresado ciudadano! 

Eae interesante documento que con tanto júbilo y regocijo oyó leer el pueblo, 
eaen efecto la historia mas esacta y circunstanciada que pudiera narrarse de la 
conducta política que constantemente ha observado vd. desde el glorioso pronun- 
ciamiento de 1840, que de veras nos dio patria y libertad. Esa conducta política, 
siempre manifestada con franqueza y sinceridad, ha contribuido muy mucho para 
que alcanzase Yucatán los interesantes bienes que ha gozado desde aquella época 
de feliz recordación, por maa que hayan querido interpretarla de otro modo loa 
verdaderos enemigos de la patria. El distinguido nombre de vd. jamas podrá se- 
pararse de la lealtad y buena fé con que siempre ha ofrecido gustoso los mas 
grandes sacrificios á Yucatán; y el pueblo de Campeche, que tantos y tan justos 
deberes de recompensa tiene que cumplir, manifestándole su gratitud por aquellos 
servicios, lo hizo ya al espresar el dia de ayer el nuevo voto y prueba de decidido 
aprecio con que justamente ha distinguido y apreciado las heroicas virtudes que 
caracterizan la noble conducta política de vd. 

A esos anteriores títulos que le han alcanzado i vd. el merecido nombre de des- 
interesado patriota, se agrega hoy el nuevo servicio que ofrece á su siempre pre- 
dilecto Caen peche, contribuyendo eficazmente al buen écsito del patriótico plan 
proclamado ayer en esta ciudad. ¡Quiera la Divina Providencia coronar los bue- 
nos servicios que vd. ofrece, restableciendo la unión y fraternidad de nuestros her* 
manos! ¡Su diestra protectora jamas abandone á nuestro amado Yucatanl 

Así, pues, el Escmo. Sr. gobernador provisional me ha ordenado diga á vd. en 
contestación & su citada comunicación, que acepta formalmente los servicios ofre- 
cidos por vd., para hacer que los demás pueblos de la península secunden & la 
mayor bie vedad posible el indicado plan, procurado conseguir este impórtame ob- 
jeto sin la efusión de una sola gota de la preciosa sangre yucateca, que derramada 
por desgracia, de ella responderán ante Dios y loa hombres los que sin atender á 
los justos clamores del pueblo agobiado, le obligaron á hacer respetar por si mis- 
mo el sagrado y preferente derecho de la conservación; disponiendo igualmente 
S. £• el gobernador se imprima dicha comunicación y esta respuesta, para satis- 
bccion de vd. y conocimiento de todo el pueblo yucateco. 

Y al decirlo á vd., tengo el gusto de protestarle la consideración de mi particu- 
lar aprecio. — Dios y libertad. Campeche, 9 de Diciembre de 1846.*-«7ua;4F« de 
Cicero, secretario general provisional. 



— 30- 

íll gobernador y comandante general de Yucatán, á sus Aa&iton¿«.— Yucatecos: 
Con un suceso de importantísimas consecuencias^ llamo vuestra atención en este 
dia. La traición mas inicua, la mas horrible traición se ha consumado entre no- 
sotros. Aquellos mismos hombre^ á quienes el gobierno perdonó generosamente 
ayer, por evitar que se derramase la preciosa sangre yucateca, esos traidores, te- 
naces y alevosos, vuelven á enarbolar hoy en la plaza de Campeche el negro es* 
tandarte de la rebelión. ¿Y cu&les son sus intentos? Estremeceos, compatriotas: 
para subir al poder que ambicionan con descaro atroz, para saciar la sed de vengan- 
za que llena sus criminales pechos, para sobreponerse á la opinión y á las leyes, 
estremeceos, quieren presentaros á la faz del mundo como un pueblo imbécil, ab- 
yecto, sin patriotismo y sin honor. Quieren que rompáis el pacto sagrado que 
nos ha unido & México, quieren destruir aquellos convenios por los cuales habéis 
hecho tantos sacrificios, y que paséis á los ojos de los mexicanos, y & los ojos de 
todas las naciones cuitas, como unos seres pérfidos, malvados y sin honor. Aun 
quieren mas, compatriotas: quieren con vergonzosa impudencia que cuando las 
huestes de los Estados-Unidos devastan las ricas campiñas de la República, y 
amenazan orgullosas con la completa conquista de la nación, nosotros no sola- 
mente no tomamos parte en la justa, sagrada y patriótica defensa de los derechos 
nacionales, sino que permaneciendo neutrales en la guerra, aparezcamos unidos 
con los enemigos de la patria. ¡Vergonzosa mengual ¡Increibe estremo de de- 
gradación! 

¿Y pasaréis, yucatecos, porel deshonor y el vilipendio que os prepara ese pu- 
ñado de ambiciosos que quiere sobreponerse á todas las leyes, á todos los respetos 
y á todas las consideraciones? ¿Consentiréis que os cubra con una ignominia que 
pasaría de generación en generación, y que haria que la posteridad os maldijese 
por el legado degradante que en ese caso le dejariais? ¿Consenteréis, compatrio- 
tas, en pasar ahora por pérfidos, por cobardes y por hombres sin honor ni patrie- 
ti»mo, cuando habéis dado tantas pruebas de ¡o contrario? ¡Imposiblel ¡Imposi- 
ble! Yo conozco la noble sangre que corre por vuestras venas, yo estoy seguro 
de que los esfuerzos de la traición no os harán Sucumbir ignominiosamente, ni 
perder en un dia el nombre que habéis sabido conquistar con vuestros hechos. 

Leales yucatecos: el gobierno os promete no perdonar medio alguno para que 
se consiga el triunfo de la opinión y de las leyes: está resuelto á sacrificarlo todo 
por vuestro bienestar, está decidido k exhalar el último aliento por vuestro honor. 
Y el triunfo es seguro, porque cuento con la justicia de la causa que sostengo, 
con vuestra acrisolada lealtad y con aquel valor y heróismo con que me habéis 
llenado de orgullo en circunstancias críticas. 

La traición de los criminales ambiciosos no consuitiará sus criminales intentos. 
Triunfará el honor del pueblo yucateco, triunfará su lealtad^ ó perecerá en sa de- 
fensa, vuestre compatriota. 

Méfida, Diciembre 10 de 1846. — Miguel Barbachano. 



- ál — 

Domingo Barret, gobernador provisional del Estado Ubre de Yucatán, a sus habi 
tantes^ sabed: que habiendo tanscurrido el término de qtiince dios que se Jija en el 
urt. 5, ^ del plan proclamado en Campeche el dia 8 del corriente, sin que el go* 
biemo qiíe entonces existia iubiese aceptado el indicado plan; pero ni aun dado 
contestación ala nota oficial que le fué dirigida; desde luego, y en cumplimiento 
de dicho artículo, el gobierno provisional de acuerdo con el consejo de estado, ha 
venido en decretar y decreta. 

Art 1. ^ Se desconoce como gobernador de Yucatán á D. Miguel Barbacha- 
no, y 66 declaran abusivoB y sujetos á la mas estrecha responsabilidad sus actos 
subsecuentes. 

2. ^ Continurá en el desempeño del gobierno, conforme al art 6. ^ del plan^ 
el £scino. Sr. D, Domingo Barret. — Justo Sierra, presidente.— tTbíc H. Nicolin, 
escretario. 

Por tanto, mando se imprima, publiq^ue y circule. Dado en Maxcanú á 24 de 
Diciembre de 1846. — Domingo Barret.-^-^Juan F. de Cicero, secretario general 
provisional. 



NUMERO 7. 

(Citado en la página 74). 
aUCE60S HORRIBLES EN VALLADOLID EL 15 DE ENERO DE 1847. 



General en gefe. — El comandante en gefe de las fuerzas de Marida, en nota 
oficial de esta fecha me dice lo que á la letra cópio.*-Con esta fecha me dice el 
Escmo. Sr. gobernador y comandante general del Estado lo siguiente. — ''Las cin* 
co comunicaciones que originales acompaño d V. S», y me dirigieron las autorida- 
des de los pueblos de Tunkas y Qitas, dan un testimonio de los horribles asesi- 
natos cometídoa en la ciudad de Valladolid, que destruyen todas las garantías 
sociales y hacen estremecer á la humanidad misma. Eo los pueblos cultos se ob- 
servan las leyes de la guerra, y éstas previenen que al yencido se le dé cuartel y 
se respete su ecsistencia; y los que han invadido ¿ Valladolid, no han hecho ni lo 
uno ni lo otro con las tropas del gobierno: también previenen las mismas leyes que 
sean respetados como un acto heroico, la resistencia y el valor^ y los invasores han 
tenido estos hechps recomendables por un crimen, asesinando & sangre fria á los 



— 32 — 

que tan noblemente se portaron. — Estos atentados no han podido comerterse sino 
bajo el velo y con el apoyo de nuestras disensiones politicas que nos han conducido 
k una división la mas lamentable: sus funestas consecuencias ya se presentan, ona 
guerra de castas que es la que nos amaga, desarrollará pronto sin duda, si no nos 
unimos para evitarla sofocándola en su cuna: los vecinos de los pTieblos del Orien- 
te se hallan llenos de espanto y de terror, y todos temen también una conflagra- 
ción general por el vasto número de indít^enas, que guiados de la ferocidad pro- 
pia de su ignorancia y de la falta de principio?^ hagan una guerra de esterminio k 
todo vecino, destruyendo los pueblos y volviéndolos ó su estado primitivo de bar- 
barie. — El gobierno, que prevee este grave mal que amenaza á todo el Estado, 
que ha indicado su origen y el medio de evitarlo, persuadido que todo yucateco 
que no pertenezca á la clase indígena, jamas podrá mirarlo con indiferencia ni de 
un modo pasivo, y que cualquiera cuestión de la naturaleza que sea debe pospo- 
nerse para salvar por medio de la unión á la patria del peligro en que se halla, 
previene á V. S. ponga en conocimiento del gefe de las tropas acantonadas en la 
hacienda Tixcacal el suceso referido, remitiéndole originales los documentos indi- 
cados. — Ademas de esto, autoriza á V. S. este gobierno para que nombre á una 6 
mas personas de su confíanza, k fin de que con el carácter de comisionados y con 
las instrucciones que crea oportunas, conduzcan al campo de Tixcacal los docu- 
mentos, ya referidos en la comunicación de V. S. para que verbalmente puedan 
ampliar estas indicacionos, dando V. S. cnenta con los resultados de esta coma- 
nicacion.'' — AI cumplir con el deber que se me impone, de instruir & V. S. de un 
suceso de que probablemente ya tendrá conocimienro, debo previamente hacer á 
V. S., y al gobierno de quien depende la justicia de creer, que lejos de haber au- 
torizado á cometer tamaños crímenes, habrán procurado prevenirlos en las ins* 
trucciones dadas á los comandantes de las fuerzas que atacaron á Valladolid; y 
aunque pudiera replicarse que estas son consecuencias naturales de la guerra, yo 
me atrevo & hacer observar á Y. S. que esas consecuencias ya no se advierten ni 
aun entre las tribus mas salvajes, y que ellas solas bastan para dar á conocer la 
absoluta necesidad de regularizar la guerra en el modo y forma que la hacen loa 
pueblos civilizados, sea cual fuere el carácter de ellos, si no queremes dar al mun- 
do el triste escándalo de aparecer aun mas bárbaros y crueles que los comanches 
mismos. — Para no hacer mas estensa esta comunicación, debo referirme á las in- 
formaciones verbales que darán á V. S. los respetables Sres. Dr, D. José María 
Meneses y D. Pedro Regil de Estrada, á quienes he comisionado conforme la 
prevención del gobierno del Estado, no solo para acreditar la autenticidad de los 
adjuntos documentos, sino para proponer y discutir los medios de conjurar el pe- 
ligro, que y. S. mismo no podr& acaso evitar, de ver (establecida en Yucatán una 
guerra de castas, desgraciadamente iniciada ya, según los hechos referidos. — Al 
concluir esta comunicación me atrevo á suplicar á Y. S. encarecidamente dicte sus 
órdenes ejecutivamente para libertar, si aun fuere tiempo, las personas de los in- 
felices heridos, coronel D. Claudio Venegas, D Juan J. Méndez y D. Fermin 
Irabien, sobre quienes se intentó el conato de ser asesinadcta como otras personas, 
entre las cuales se cuentan varias que ni por su carácter sagrado, secso y edad 



— 88 — 

aerederon compaBion.— Reitero á Y. 3. Ias protestas de mi consideración y res- 
peto/'— ^Y lo traslado á Y. 8. acompañándole las cinco comunicaciones originales 
de que hace referencia la inserta nota, para que sirviéndose Y. S. dar cuenta con 
todo al Escmo. Sr. gobernador provisional, se digne S. E. resolver lo que estime 
conveniente. — Dios y libertad. Hacienda Tixcacal, Enero 19 de 1847. — José Ca- 
denas. — Señor secretario general del gobierno provisional. 



DI cuenta al Escmo. Sr. gobernador provisional del Estado con la nota de Y. S. 
de ayer, en que le inserta la que le pasó con la misma fecha el comandante de las 
tropas ecsistentes en la capital, trascribiéndole la que le dirigió en el propio día 
D. Miguel BarbachanOy ucompañáridole ciertas comunicaciones é informaciones 
que dirigieron al espresado señor los alcaldes de Qitas y Tunkas, noticiándole la 
toma de Yulladolid por las fuerzas del mando de D. Antonio Trujeque y varias 
atrocidades que declararon algunos prófugos ante dichas autoridades, haberse co- 
metido por los vencedores en los jefes y oficiales, y en algunas familias de aque- 
lla ciudad; y en cuyas notas deduciendo el Sr. Barbachano y el Sr. Peraza de es- 
tos hechos que] nos amenaza el peligro de un alzamiento general de la raza indi* 
gena contra la blanca, proponen que nos unamos todos, posponiendo toda otra 
consideración para sofocar en su cuna aquel gravísimo é inminente mal. — Desde 
antes de imponerse S. E. por la trascripción que Y. S. le ha hecho de aquellos 
documentos, se había afectado profundamente su ánimo á la indicación de aquel 
gravísimo peligro tan enérgica y elocuentemente pintado por los respetables Sres. 
Dr. D. José M. Meneses y D. Pedro Regil y Estrada; y lamentaba S. E. la ce- 
guedad y el furor con que se habia provocado este alzamiento de la raza indíge- 
na, no por el plan proclamado en Campeche, ni por las autoridades que lo sostie- 
nen, de las que no puede citarse un solo hecho, una sola palabra que haya tendido 
á escitarlo, sino por los furores del decreto de II de Diciembre que declaró trai- 
dores no solo á los que ausiliasen, sino habta á los que no hostilizasen á los pro- 
nunciados por el plan de Campeche, y por los que comisionaron á D. José M • 
Almeyda para ir á Becanchen á ausiliar á Torres á levantar mil indios contra las 
fuerzas que ocupaban la ciudad de Tekax: consideración que sin embargo no dis- 
minuirla en manera alguna el sentimiento y temor de S. E. por aquel gravísimo 
mal, cualesquiera que fuesen sus promovedores, si en efecto ecsistiese realmente 
y fuese fundado el temor que manifiestan en este particular los Sres. Barbachano, 
Peraza, Meneses y Regil. — Pero la lectura detenida de las comunicaciones de los 
alcaldes de ¡jitas y Tunkas en que se funda aquel concepto, ha producido en el 
ftnimo de S. E. el mayor consuelo, porque ademas de ser tan contradictorias las 
deposiciones de los testigos prófugos k que se refieren aquellos alcaldes, de mane- 

5 



— ai- 
ra que ni aun las atrocidades que se dicen cometidas por los vencedores, mere- 
cen fé alguna, atendiendo únicamente á dichas deposiciones por su falta de uni- 
formidad, y porque no pueden merecerlo las de soldados prófugos en el acto mis» 
mo en que se terminaba la acción ó antes de esta terminación, y que por consi- 
guiente no pueden deponer como testigos presenciales de hechos que si acaecieron, 
fué después de su fuga, no encuentra S. E. una sola palabra en dichas* deposicio- 
nes en que se diga que los indios que hacian parte de las fuerzas del Sr. Trujeque 
matasen á todos los blancos de Valladolid, y los matasen por la sola razón de ser 
blancos. — Vio S. E. únicamente en dichos documentos la indicación de que subdi- 
tos del Sr. Trujeque asesinaron familias y jefes atroz y bárbaramente, contándose 
entre estos jefes por el deponente á D. Claudio Venegas, D. Juan J. Méndez y 
el oficial Irabien, que por otra deposición se vé que han sido respetados; y vé, en 
fin, que el concepto del levantamiento de la raza indígena contra la blanca, no ha 
tenido mas origen que el quererlo suponer asi el alcalde de Tunkas. — Pueden, en 
efecto, haber acaecido desgraciadamente en la toma de Valladolid algunas ven- 
ganzas atroces, que por mas que no sean nada estrañas aun en las naciones mas 
civilizadas, cuando se toma una plaza por asalto después de haber esperiroentado 
resistencia tenaz, y que haya hecho perder considerable número de gentes á los 
sitiadores, como sucedió con las fuerzas del Sr. Trujeque; y por mas que esto sea 
todavía mas disculpable, cuando la resistencia no se hace á un enemigo estranjero 
que trata de nuestra nacionalidad y libertad, sino hermanos que sostienen princi- 
pios incontestablemente fundados en la conveniencia pública, y que tienden k am- 
pliar las libertades y garantías sociales de todos los ciudadanos, no por eso afectan 
menos dolorosamente el ánimo de S. E. que ha dictado y dicta todas las medidas 
conducentes á evitar la repetición de aquellos males, aunque con muy poca espe- 
ranza de conseguirloi siempre que la resistencia provoque y ecsaspere el furor de 
las tropas asaltadoras, pues suponiendo que los temores manifestados por los Sres. 
Barbachano, Peraza, Meneses y Regil, fuesen ciertos, no cabe la menor duda en 
que en el estado actual de las cosas, el único medio de conseguir sofocar en sa 
cuna aquel gravísimo mal, seria el de que la capital y las personas que dominan 
en ella, deponiendo la actitud hostil que guardan, adoptasen el plan proclamado 
en Campeche el 8 de Diciembre último, como se encuentra ya adoptado en la in- 
mensa mayoría de los pueblos de Yucatán; y no oponiendo ninguna resistencia 
inútil, absolutamente inútil y sin objeto á la ocupación de la capital por el gobier- 
no provisional y las fuerzas del mando de V. S., facilitase el que estas mismas 
fuerzas pudiesen emplearse en sofocar aquel mal, si en efecto ec8Ístiese.*-Y al de- 
cir á V. S. todo lo que antecede de orden del Escmo. Sr. gobernador provisional, 
debo de la misma orden repetir á V. S. lo que con fecha 15 le dije relativamente 
k la ocupación de la capital, y es que V. S. puede conceder á los que resisten di- 
cha ocupación con las armas en la mano, todo lo que el Escmo. Sr. gobernador 
provisional puede conceder en la órbita de las facultades que le dio el plan de 8 
de Diciembre. — Dios y libertad. Tixcacal, Enero 19 de 1847. — Juan F. de Cice' 
roj secretario general provisional. — Sr. general en jefe D* José Cárdenas. 



NUMBEO 8. 

(Citado en la págjna 75). 
CAPITULACIÓN DE MÉRIDA. 



Acta de la capitulación celebrada entre las fuerzas al mando del general 2?. Jo- 
sé Cadenas, y las que defendieron la capital^ por medio de sus respectivos comisio^ 
nados, — En la hacienda de campo nombrada de Tecoj^ á veintidós de Enero de 
mil ochocientos cuarenta y siete año?, se reunieron lo3 señores que abajo suscri- 
ben, comisionados por el señor general en jefe de las fuerzas que operan sobre la 
capital y el comandante en jefe de las tropas que ocupan la enunciada capital y 
8U ciudadela, cuyos señores habiendo presentado sus respectivas credenciales, y 
hallándose en debida forma, procedieron acto continuo á estipular el convenio si- 
guiente. 

Árt. !• ® Al adoptarse, como en efecto se ha adoptado, en todos Jos pueblos 
de Yucatán el plan proclamado en la H. y L. ciudad de Campeche el 8 del último 
Diciembre, se ha visto palpablemente realizado el triunfo de la opinión pública, y 
de consiguiente no hay vencedores ni vencidos, pues que siendo todos yucatecos 
no será perseguida persona alguna, sean cuales hayan sido sus opiniones políticas. 

Art. 2. ^ Las fuerzas que ocupan hoy la capital de Mérida y su cindadela, 
respetan y obedecen cuanto está prevenido en el plan proclaihado en dicha plaza 
de Campeche el 8 del pasado Diciembre, y todas la» consecuencias que de él ema- 
nen; pero atendiendo á que entre los funcionarios y empleados comprendidos en 
el referido plan, hay algunos que por sus anteriores relevantes servicios, merecen 
una especial consideración, el gobierno provisional, luego que se instale el congre- 
so, hará una recomendación eficaz en su favor á aquella soberana corporación^ 
para que si lo tiene á bien, se sirva devolverles sus empleos ó agraciarlos del mo- 
do que juzgue mas conveniente & los interesados y al servicio público. 

Art. 3. ^ Si alguna pretensión estraña, aprovechándose de la agitación pro- 
ducida por las actuales circunstancias, intentase llevar sus ecsageraciones mas all& 
de lo acordado en el referido programa de 8 de Diciembre, las fuerzas que lo de* 
fienden están obligadas á contrariarla. 

Art. 4. ^ Se prestan garantías positivas en favor de las vidas, propiedades y 
seguridad individual de los habitantes de la capital» y de cuantos hubiesen mani* 
festado de cualquier modo sus opiniones politicas. 



— 36 — 

Art 5. ^ No podrá el gobierno'creado & consecuencia del pronunciamiento 
hecho en la plaza de Campeche el 8 de Diciembre último, negar sus pasaportes 
para salir fuera del pais, prestándole garantías de seguridad basta su embarque, á 
ninguna persona que lo solicite^ á menos de tener causa 6 responsabilidad pen- 
diente. 

Art. 6. ^ La guarnición de la capital y su cindadela, al retirarse á sus pue- 
blos ó cuarteles, lo ejecutarán con todos los honores de la guerra. 

Y para constancia de cuanto se espresa en los artículos de este conyenioi lo sus- 
cribimos nosotros los comisionados, sujetándolo á la debida ratiñcacion. — Felipe 
de la Cámara, — Gerónimo López de^Lleryo, — José Eulogio Rosado. — José Bello, 
— Ratifico ehte convenio. Cuartel general en la hacienda Tixcacal, á 22 de Ene- 
ro de 1847. — José Cadenas. — Ratifico este convenio. Cindadela de San Benito 
de Mérida, á 22 de Enero de \^^1 .—Martin F. Peraza. 



El gobernador provisional del Estado libre de Yucatán, á todos sus habitantes. 
— Conciudadanos! El voto espllcito de los pueblos se ha realizado en este dia 
memorable. Las pasiones ó tal vez los errores políticos, alzarán con furor su gri- 
to siniestro para oscurecer y confundir los santos derechos del pueblo yucateco, 
con tanto honor y gloria sostenidos en una lucha inmortal. ¡Bendita sea la Di- 
vina Providencia que ha querido fuesen restablecidos por la unión y fraternidad 
de todos mis conciudadanos! 

¡Yucatecosl Vuestro es enteramente el triunfo conseguido. Vuelvan la paz y la 
concordia á reinar entre todos los hijos de una grande y poderosa familia, queja- 
mas han debido separarle del común sendero que se marcó en 18 de Febrero 
de 1840. Si pequeños intereses personales aparecieron de entonces acá, conñin- 
danse en la nada y el olvido, porque mayores y de mas cuantía son los de todo el 
pueblo yucateco. 

¡Habitantes de esta hermosa capitgll Vuestros antiguos compañeros de gloria 
están entre vosotros. Ratificad para siempre la unión que nos hará inaccesibles. 

Mérida, Enero 23 de 1847, — Domingo Barret. 



El general en jefe del ejército de operaciones sobre la C(q)italp á las tropas ds 9U, 
mando. — ¡Soldados del pueblol Ocupamos hoy la hermosa capital de Yucatán, y 
al hacerlo os saludo & nombre de la patria, cuyos derechos y cuyo bienestar be- 



— 37 — 

mos defendido. Los que se oponían al triunfo del plan proclamado en Campe- 
che el 8 de Diciembre último, no han- podido' menos que someterse al imperio ir* 
resistible de la opinión pública. Entramos en la capital, cubiertos de honor y de 
gloria, no de esa gloria efímera que ambiciona el orgulloso conquistador, sino de 
aquella que brilla en la frente del buen ciudadano que sostiene los sagrados inte- 
reses de su patria. 

¡Compañero^ y amigos! Mérida no es un pueblo enemigo, ni una ciudad estra- 
¿a: los meridanos son nuestros compatriotas, nuestros hermanos. Hijos somos 
de una misma familia, comunes son nuestros intereses, y los yinculos que nos 
unen no pueden disolverse por los incidentes desagradables que han precedido, 
debidos solo h una lamentable imprudencia, ó á errores que quizá no se pudieron 
evitar en tiempo. Si la dura nece^dad nos ha obligado á empuñar las armas, hoy 
felizmente no ecsiste esa necesidad. Tan bravos en los combates^an generosos 
y dóciles en medio de la paz, reunámonos todos, demos un abrazo de reconcilia- 
cioD á los que han reconocido sus estravíos, y entonemos to4os un himno á la 
concordia. 

¡Soldados ciudadanos! Aquí no hay vencedores ni vencidos: el triunfo es de la 
opinión pública: la victoria pertenece á la patria, en cuyas aras sacrosantas jure- 
mos sostener sus prerogativas. Si hay lágrimas que enjugar, apresurémonos á en^ 
jugarlas; si hay males que reparar, todos estemos prontos á cumplir con este 
deber. 

¡Amigos mios! Estoy sumamente satisfecho de vuestro noble comportamiento; 
habéis cumplido bien como militares, y no dudo que sabréis ser del mismo modo 
dignos ciudadanos. 

¡Soldados del pueblo! Por ahora queda desempeñada vuestra misión, y por tan** 
to se congratula con vosotros vuestro conciudadano y amigo. 

Mérida, Enero 23 de 1847.— Jb^ Cadenas. 



NUMERO 9. 

(Citado en la página 92.) 
80BBB EL AUMENTO EXTRAOBDINARIO DE CONTRIBUCIONES. 



Agencia del Ministerio de Fomento en Campeche.— -Excino. Sr. — Faltarla 
á mío de los deberes de mi empleo si peligrando los intereses agrícolas é indas- 
trialea de los importantes distritos de Campeche y Tekax, no elevase mi voz 
basta V. E. para defenderlos. Han corrido voces^ vagas al principio^ pero que 



— 38 — 

van tomando consistencia, de que se ha solicitado de Y. E. poder importar eo eís* 
ta península azúcar de la Isla de Cuba, de la clase de cucurucho, mediante un 
anticipo de treinta mil pesos. No se dice si esta cantidad será solo en cuenta del 
derecho de importación, con que se grave al cucurucho, ó si como en el caso re- 
ciente de las harinas, ser& ademas el precio de un privilegio y un'monopolio; pero 
sí se asegura que los inventores del proyecto y sus promovedores son los que se 
ejercitan en la industria de la fabricación del aguardiente, y que pretestan para 
fundarlo, la pérdida de la cosecha de caña de azúcar en el pdis, y la escasez de pa- 
nelas y mieles que le será consiguiente. 

Para comprender bien la cuestión, deben sin duda tomarse en cuenta los varios 
intereses que en ella juegan. Por un lado están los intereses agrícolas, represen* 
tados, principalmente en el distrito de Campeche, por mas de 25 haciendas ó ran- 
chos, que á grandes costos 'y con muchos sacrificios han multiplicado en estos 
últimos seis años sus plantíos de caña, y han montado trapiches de fierro y per- 
feccionado sus trenes para la elaboración de azúcar. A estos considerables de- 
sembolsos hay que agregar la contribución de guardia nacional, que pesando sobre 
los sirvientes, pesa sobre la agricultura; la de capitales, que desde el p^resente año 
ha sido por lo menos duplicada; y principalmente, Escmo. Sr., la pérdida de las 
consechas de maiz del año pasado y del presente, que á muchos hacendados ha 
puesto y seguirá poniendo en grandes conflictos. 

Por el otro lado, están los que se ejercitan en la fabricación del aguardiente. 
Esta industria, digna sin duda de respeto y consideración, como lo debe ser á los 
ojos de la sociedad y del gobierno toda industria lícita, no ha hecho esos grandes 
desembolsos para plantear nuevos alambiques (salvo uno ó dos perfeccionados 
que hay en esta ciudad y su distrito), ni hasta hoy ha sufrido aumento de contri- 
bucion por los capitales en giro que representa; lejos de esto, un decreto de V. 
E. la libertó desde Octubre último del ruinoso derecho de destilación, que por 
varios años estuvo pagando. 

Los cultivadores de caña, fabricantes al mismo tiempo de azúcar, naturalmente 
se oponen á que vengan los dulces estranjeros á hacerles concurrencia y abatirlos 
precios de los dulces del pais. Los fabricantes de aguardientes quieren por el 
contrario que abunden los dulces para poder alimentar su industria á menos costo. 
Veamos de parte de quien están los verdaderos intereses generales, los del pais, 
que son los que ante todo deben considerarse: veamos si es cierto el hecho de la 
pérdida de Ic^s cosechas y la falta de los dulces; y veamos, por último, ai aun sién- 
dolo, es ya la época oportuna de conceder el permiso que se solicita. 

En cuanto á lo primero, V. E. conocerá sin duda, que por regla general y en 
este caso con doble razón, los intereses agrícolas de un pais deben ser atendidos 
de preferencia; porque asi sefomenta también la industria, que recibe de la agri- 
cultura las materias primeras. En un barril de aguardiente, que valga siete pesos, 
como vale actualmente en esta ciudad, la industria del fabricante solo está repre- 
sentada por un peso, que es el costo de fabricación, mientras que la del agricultor 
y la del industrial azucarero están representadas por los seis restantes: un séptimo 
la una, seis séptimos las otras dos. ¿Y ante esta demostración habrá quien dude 



— 39 — 

que eetaa dos últimas son seif veces mas productivas y mas importantes qae la 
primera? 

En cuanto á lo de haberse perdido las cosechas y no haber dulces, hay un ter« 
mómetro seguro, que en estos casos es infalible, el precio corriente. Veamos si 
este indica escasez^ carestía, falta absoluta; veamos si por el precio á que hoy se 
encuentran los dulces, llegarán & paralizarse las destilaciones, y llegará á carecer 
el pais del aguardiente necesario para su consumo. 

Entre nosotros, como Y. E. sabe perfectamente, las destilaciones se hacen con 
azúcar bruto ó panela, con miel de purga, y con panela mestiza ó mista de ambas- 
La panela pura se halla actualmente en este mercado al precio corriente de seis 
reales arroba, y la melaza á diez centavos frasco: á estos precios se han hecho 
contratas de alguna importancia sobre la cosecha de este año. Para que se pue- 
da graduar si este precio se mantendrá 6 subirá^ considerablemente^ examine- 
mos el curso de los precios en años anteriores. Poco tiempo he tenido para reu- 
nir los datos necesarios, ademas de la gran diñcultad que en general hay entre 
nosotros para conseguir noticias estadísticas; sin embargo, de los que he encon« 
trado, resulta que los precios corrientes, por mayor, de la panela y del aguardiente 
de 21^ son los que siguen: 





Panela. 


18 arroba. 


De 7 


Aguardiente. 


1852 


De 6 á Bréale 


& 10 pesos barril 


1863 


„ 6}á7 „ 


M 


,.7} 


"• 9 j> II 


1854 


„ 4Já6 „ 


tt 


« 6J 


4 7 „ „ 


1855 


„ 3 á 4 „ 


>» 


„ 6 


& 6 „ „ 


1856 


„4 á6 „ 


t> 


., 6 


4 7 „ „ 



Como para sacar estos precios he tenido á la vista los de los meses de cada año^ 
en ellos advierto que desde Agosto hasta Enero suben y llegan & su máximum, y 
de Febrero á Julio bajan hasta el mínimum; esto es, que el precio va de alza des- 
de el momento en que concluida la cosecha los tenedores de dulces saben lo que 
ella ha rendido, las existencias que hay y la demanda que estos tienen; y el precio 
baja luego que la cosecha está ya en toda su plenitud. La cosecha en tiempos 
ordinarios y cuando los plantíos de caña no se han atrasado, empieza á mediados 
de Diciembre y concluye en Abril ó Mayo; pero cuando, como en el presente año, 
loa plantios se han atrasado, la cosecha empieza un mes después, es decir, & me- 
diados de Enero. 

Por consiguiente, siguiendo el curso ordinario de los años anteriores, es regular 
que si los precios actuales de los dulces no se sostienen, tampoco suban, sino has- 
ta llegado el mes de Julio 6 Agosto, cuando se sepa realmente lo que la cosecha 
ha rendido. 

V. E» se sevirá notar, según todos estos antecedentes, que del año del 1852 en 
que la panela estuvo á ocho reales arroba, el precio ha ido bajando hasta el afio 
de 856 en que llegó i tres reales: que desde este año ha empezado á subir, y hoy 



— 40 — 

estando i 6 reales, apéaas se encuentra á la mitad de su curso: le faltan todavü 
2 reales mas para que llegue al máximum, y 4 reales para que llegue al precio de 
10 reales, á que la panela se mantuvo varios años. 

£1 Qurso de los precios del aguardiente es uniforme con el de la panela. Los 
destiladores, por regla general, calculan que por cada real en el precio de la ar- 
roba de panela, debe echarse un peso al precio del barril de aguardiente coman 
de 21^; y como ademas se calcula en un peso el costo de fabricación de cada 
barrili y en otro peso se estimaba el impuesto que antes gravaba la destilación, 
resulta, que valiendo la arroba de panela 8 reales, el barril de aguardiente valia 
10 pesos; valiendo 5 reales la primera, valia 7 pesos el segundo. 

Pero hoy, Excmo. Sr., que ese impuesto ha cesado yá, el aguardiente al salir 
del alambique, solo cuesta al destilador los gastos de fabricación; y por consiguien- 
te, hoy que el precio de la p&nela es de 6 reales, el aguardiente valdrá á 7 pesos 
barril; y para que pueda llegar al precio de 10 íi 12 pesos que tuvo durante varios 
años, será necesario que la panela suba de 9 á 11 reales arroba. 

Y aun cuando llegara á ese precio, todavía no estaria plenamente justificada la 
necesidad de la importación de los dulces extranjeros, porque todavía k ese pre* 
cío podria haber lo bastante para el consumo del pais, agregando los dulces de 
los partidos del Carmen y Palizada (que, realizada la reincorporación de estos al 
Estado, sufrirán menos gravamen á su introducción), y los del vecino Estado de 
Tabasco, que anualmente vienen á alimentar nuestras destilaciones. 

Verdad es, que en Mayo de 1848, Junio de 849 y Enero de 850, se dieron de*^ 
cretos permitiendo en el Estado la importación de dulces extranjeros; verdad es 
que por entonces se concedió al Sr. Crámery el afamado privilegio para importar 
un solo cargamento de ellos; pero en esa época, destruidos é incendiados por el 
bárbaro los establecimientos azucareros de la sierra, é invadidos, y en parte arru¡« 
nados los del distrito de esta ciudad, la producción, que era ya superabundante, 
dejó de ser suficiente para el consumo. Hace 7 años que la producción se ha. equi- 
librado con éste, y aun le ha excedido. 

Y bien, en los años en que la panela se mantuvo hasta 10 reales arroba, ^cómo 
hicieron las destilaciones? Este precio comparado con el actual de 6 reales, indi- 
ca que boy tenemos en existencias de dulces, dos quintos mas de lo que temarnos 
entonces; y si entonces con tal escasez, y teniendo que pagar loa alambiques el 
antieconómico derecho de destilación, esta no paró, ni faltó el necesario aguardien- 
te para el consumo del pais, ¿ahora que no existe el impuesto, podrán parar los 
alambiques, podrá el aguardiente no bastar al consumo? 

Acaso habrá sucedido que habiendo ahora completa libertad de destilación, j 
habiéndose establecido nuevos alambiques en muchas partes, los antiguos desti- 
ladores no encuentren aquella abundancia de dulces que antes tentan caando eran 
los esclusivos consumidores, y hayan confundido el efecto de la mayor demanda 
con la escasez; pero para el pais, ¿no es mejor que en lugar de 6 destilaciones ó 
alambiques, haya veinte? ¿No esto dará por resultado la competencia entre los 
fabricantes, la concurrencia y la baratura en los productos, y la economfa y la 
perfección de loa aparatos en la elaboración del aguardiente? 



— 41 — 

De todo estOj Excmo. Sr.| bien claramente se infiere, que aun no tenemos esa 
alarmantie y estrema escasez que justificaría la importación de los dulces estran* 
jerofl. 

Todavía no es el tiempo de conocer si en efecto la tendremos este año: luego 
que concluyan las cosechas y se sepa lo que en realidad han producido, ser& 
la ocasión oportuna de tratar de este grave asunto, y de conceder ó no el permiso. 

Mas pudiera decir; pero con lo espuesto y con otros datos que Y. E. tendrá, no 
dejará de conocer que un permiso 6 privilegio semejante vendria k acabar de em* 
peorar la situación de las haciendas y ranchos de este distrito y del deTekax, que 
han sufrido un gran quebranto con las pérdidas de las cosechas de maiz en dos 
años consecutivos. A nombre, pues, de tan caros intereses, ruego á V. E. no 
conceda el privilegio, perrniso, monopolio ó lo que sea, para importar en el pais 
dulces estranjeros; y ruego también á V. E. que si es posible, su benéfica resolu- 
ción se haga pdblica oficialmente para evitar que los cosecheros sacrifiquen anti- 
cipadamente sus dulces, temerosos de que se realice de un dia á otro la concesión 
de ese privilegio con que se les ha puesto en alarma. 

Dios y libertad. Campeche, Enero 20 de 1857. — Tomas Aznar Barbachano. 
— Excmo. Sn gobernador del Estado. 



Gobierno superior político del Estado de Yucatán. — No ha podido menos de 
herir á este gobierno el oficio que me dirigió vd. con fecha 20 del que cursa» 
sobre la inconveniencia de que se permita la importación de dulces en el Esta' 
do, por el supuesto en qué se funda de que peligran los intereses agrícolas é 
industriales de los importantes distritos de Campeche y Tekax. Creo tener har- 
tos titules para que se me considere no menos interesado que esa agencia en la 
justa protección y fomento de aquellos intereses, asi ]como de todos los de los de- 
más distritos, tan importantes como los que vd. ha juzgado necesario defender, 
según se espresa. "^ 

Es del todo falso que se haya solicitado de ^ste gobierno permiso para impor- 
tar en la península az6car de la Isla de Cuba, de la clase de cucurucho, mediante 
un anticipo de treinta mil pesos,^ aun cuando se hiciese, seria una injuria supo- 
ner al Qobierno capaz de sacrificar los intereses de la industria agrícola y fabril 
de los yucatecos á ninguna otra clase de intereses particulares, así como también 
es ana injusticia al hablar de aquel temor, el hacer alusión al reciente privilegio de 
las harinas, en cuyo asunto se procedió con cuanta justificación era posible. 

Yo creo, señor agente, que no hay motivo alguno para presumirse que en caso 
de resolverse este Gobierno á hacer aquella concesión ú otra de igual naturaleza, 
lo haga sin tomar en cuenta todos los datos y todas las consideraciones y conse- 
cuencias que vd. espresa, con maestría sin duda alguna, en el oficio mencionado^ 

6 



— 42 — 

paes hasta ahora no puede tacharse^ en mi concepto, de innpremeditada ó ligera 
ninguna de mis determinaciones. 

Creo también, señor agente, que se ha equivocado vd. al asepjurar que ía contri- 
bución sobre capitales se ha duplicado en el presente año respecto de los que repre* 
sentan las fíncas rústicas, asi como al presumir que la libertad de todo impuesto 
decretada en favor de las destilaciones de aguardiente, tuvo por objeto favorecerá 
los puramente destiladores, pues d lo que tiende es k protejer y fomentar el culti- 
vo de la caña dulce. 

Por lo demás, aseguro h vd. que este gobierno hará el debido aprecio de loa in- 
teresantes datos é indicaciones que contiene el referido oñcio, al cual puede vd. darle 
publicidad juntamente con esta mi contestación. 

Dios y Libertad. Mérida 23 de Enero de 1857. — S, Méndez. — Crescendo J, 
PinelOf secretario.— Sr. Agente del Ministerio de Fomento en Campeche. 



Agencia del Ministerio de Fomento en Campeche. — Ecxmo. Sr. — Vivamen- 
te he sentido la desazón que causó á V. E. mi ofício del 20 del presente mes; 
pero mas he senti lo la manera con que se sirve manifestármelo en su respues- 
ta del 23. Muy diferentes mis intenciones de aquellas que V. E. se digna su- 
poner en mis palabras, ó ignarando yo tal vez algunas cosas que dan á mi comu- 
nicación el carácter acre y punzante que ha herido al gobierno de V. E., suplico 
á V. E. que en ella vea solo el celo constante con que esta agencia, desde su ins- 
titución, ha defendido los intereses del pais. 

Mas de una vez esta agencia se ha dirigido aun al Supremo Gobierno, con tal 
objeto; y recuerdo ahora que con la energía que es inherente k la justicia y á Itt ver- 
dad, representó al mismo gobierno despótico de S. A. S. contra la ley de Enero de 
1855, que prohibió el comercio de cabotaje de efectos extranjeros, y contra el pri- 
vilegio de importar víveres y monopolizar las harinas concedido k D. José Gener 
en Abril del mismo año. V. E. mismo y mi digno compañero el Sr. agente de Mé- 
rida acaban de representar al Supremo Gobierno contra la solicitud del Sr. de Li- 
mantour, sin embargo de que ni V. E. ni el Sr. agente creo supondrán al Supremo 
Gobierno poco interesado en defender los intereses»agricola8 é industriales de la Na- 
ción, ni menos le haián la injuria de juzgarle impremeditado y ligero en sus deter* 
minaciones. Yo mismo he representado reiteradas veces en el año pasado contra 
la ley que obliga á los buques nacionales á ir á renovar sus patentes á Veracruzy 
contra la corta duración de estas patentes* Y sin embargo, ni S. A. S., ni el Su-' 
premo Gobierno actual, se sintieron heridos por las representaciones de V. K 
del Sr. agente de Mérida, ni por las mias. 

Sobre si me he equivocado, como V. E. se sirve decirme, al asegurar que la con* 
tribucioD sobre fíncas rústicas ha sido duplicada, puede ser muy bien; pero en ho* 



— 43 — 



ras he recojido los datos que siguen, y que son bastante claros, 
de campo que menciono, han pagado de contribución al año: 



De 1850 á 1855: 



15 pS tobre la renta. 



Chilib, Tikin, 7 
Cankf, y Bulté. J 

Eayal 

Nilchí 

Chivic 

Uayamon 

Yaxcab 

Nohakal 

Chencotli 

Yaxcabakal. • ••• 
Xanabchakan. 7 
Quyukak 3 

Mucuychakan.,. 

Chapín. 

Castamay •••••• 



$ 15 O 



99 

II 
>í 
99 
99 
99 

>l 



99 
99 
99 



n 

7 
16 
II 
33 
11 
9 
6 

15 

3 
15 
11 



2 
4 
O 
2 
O 
2 
O 
O 

O 

6 
O 
2 



En 1856: 

80 p S sobre la renta. 

. $ 30 o 



Las haciendas 



En 1857: 



19 
99 
9> 
II 
99 
11 
99 
l> 



99 
99 
II 



22 
15 
30 
22 
66 
22 
18 
10 



4 
O 
O 
4 
O 
4 
O 
O 



30 O 



7 
30 
22 



4 
O 
4 



1 p S sobie ol capltaU 


» 


113 


II 


40 


II 


30 


II 


50 


99 


60 


99 


105 


99 


eo 


99 


40 


99 


32 


99 


70 


II 


50 


II 


40 


99 


40 



Totales $ 163 2 



$ 326 4 



$ 730 



Estoes, que si las fincas rústicas pagaron de 1850 á 1855 una contribución anual 
como unOi en 1856 la pagaron como dos, y en 1857 la pagaron como cuatro y cerca 
de medio. E&te resultado proviene tal vez, Excmo. Sr.^ de que en dos cantidades 
relativas la diminución de la una es aparente, si el aumento de la otra es real y 
positivo. 

Permítame Y. E. hacerle pres ente, que yo no he presumido ni dicho que la li- 
bertad de destilación tuvo por objeto favorecer puramente á los destiladores; he 
dicho lo que en otros términos han dicho los economistas: que la contribución 
para ser buena debe recaer sobre el consumo y no sobre la producción. Por es- 
to es muy digna de alabanza y altamente honrosa para el gobierno de Y. E. la 
medida que quitó el impuesto ¿pía destilación, y lo echó sobre el consumo. 

También creo deber manifestar á Y. E. que no es de mi invención lo de haberse 
solicitado el permiso, y que celebro infinito que sea del todo falso cuanto se ha di- 
cho sobre el particular. De desear seria que ya que no se ha hecho semejante 
solicitud, no se haga en adelante, y que aun cuando se haga, Y. £. no acceda á 
ella. 

Como en el Estado no hay mas que dos periódicos y estos son del gobierno de 
Y. E., le suplico encarecidamente se sirva ordenar la publicación de este y los an« 
teriores oficios en cualquiera de ellos, para tranquilidad de los cultivadores de la 
caña dulce y fabricantes de azúcar. 

Por lo demás, ruego á Y. E. no vea en mis palabras otra cosa que el sincero 



— 44 — 

# 

deseo de procurar el bien del pais^ y de ninguna manera el de suscitar obst&calos 
al gobierno de V. E.^ ó de criticar injustamente sus medidas. 

Dios y Libertad. Campeche, Enero 27 de 1856. — Tomas Aznar Barbachano. 
— Excmo. Sr. Gobernador del Estado. 



Gobierno superior político del Estado libre de Yucatán. — Acepto con gus- 
to las esplicaciones que se sirve vd. darme en su oficio de 27 del corriente con 
motivo de la desagradable impresión que me causó su solicitud de 20 del mismo, 
sobre que este gobierno no permita la importación de dulces; mas la paridad que 
en ellas establece vd. entre la indicada solicitud y la que yo elevé al Supremo Go- 
bierno contra la pretensión del Sr. Limantour, debo manifestarle que no existe en 
manera alguna, porque ni dije que peligraban los intereses agrícolas de la Nación, 
ni me movieron algunos rumores, sino la publicación de la solicitud del Sr. Liman- 
tour, hecha en el periódico oficial con el fin ciato y determinado de invitar al pú- 
blico, cuanto mas á los gobernadores, á representar, como yo lo verifiqué. 

Los datos que me transmite vd. sobre lo que han pagado y lo que pagan ahora 
algunas haciendas de campo del partido de Campeche, para comprobar su aserto 
de que se les ha duplicado por lo menos la contribución en el presente año, me 
parece que no llenan semejante objeto, ni posible es que lo llenen dichos datos, ni 
otros cualesquiera, porque el 30 p g que se pagaba sobre la renta en el año de 
1856, y que equivale al uno y medio por ciento sobre el capital, es imposible que 
sea el doble del uno por ciento sobre el capital que pagan en el año presente. 

Verdad es que atendidas solamente las cantidades que por dichas cuotas han 
debido y deben abonar los propietarios de las fincas indicadas, resulta exacto el 
concepto de vd.; pero proviniendo eso de que aquellos hallaron bajas las gradua- 
ciones que les tenían hechas las juntas respectiva;*, por lo cual presentaron aumen- 
tos considerables en sus mismas manifestaciunes, que ahora sirven de base para 
el cobro de la contribución, no podia yo admitir el referido concepto, cuando vd, 
lo traía como una de las consideraciones por qué debia evitarse á los cañaveralistaa 
el menoscabo que les resultaria de la introducción de dulces del extrangero. Es 
evidente, que si ahora pagan mas por el uno que pagaron antes por el uno y me- 
dio sobre sus capitales, estos han cobrado creces, lo cual nunca puede ser un car- 
go para el gobierno, ni un retraente tampoco. 

En cuanto á la publicación de los oficios relativos á este asunto, que vd. me su- 
plica mande hacer en cualquiera de los periódicos *oficiaIes de este gobierno^ me 
parece absolutamente innecesaria, pues ella no podria alcanzar en el ánimo de al- 
gunos, lo que en el de la generalidad de los yucatecos ha producido una serie de 
actos dirigidos á procurar con la mayor lealtad y dedicación, la prosperidad y en- 
grandecimiento del Estado; esto es, la convicción de que lejos de estar dispuesto & 
dictar medida alguua que verdaderamente dañe á los intereses de Yucatán, mi 
anhelo ha sido y es protejerlos, fomentando todos los ramos de industria en cuan- 
to lo permiten mis atribuciones y las circunstancias. 

Dios y Libertad. Mérida 30 de Enero de 1857. — S, Méndez. — Crescendo J. 
Pinelo, secretario. — Sr. Agente del Ministerio dé Fomento en Campeche. 

Son copias. México, Julio 16 de 1861. — Manuel Orozco. 



NUMERO 10. 

(Citado en la página 95.) 

PRIMER ACTO PÚBLICO DE OPOSICIÓN DEL NUEVO PARTIDO 
DE CAMPECHE CONTRA EL VIEJO. 



ESPOSTCION que con fecha 30 de Octubre último presentaron los vecinos de la 
ciudad de Campeche en el Estado de Yucatán^ al 8r. jefe político de a^uel par^ 
tido, para que se dignase elevarla al Escmo. Sr. Presidente de la Repbblica 
sobre el nombramiento de D. Pedro deBarandapara Administrador de la Adua* 
na marítima de este puerto. 

Señor jefe político.— Lob que 8U8cribimo8 de esta vecindad, á V. S. con el de- 
bido respeto decimos: que hemos sabido hoy, por boca de algunos capitulares, 
que V. S. fué á presidir la sesión de este dia, y que en ella dio cuenta con un ofi- 
cio del Supremo Gobierno que le fué dirigido por el Ministerio de Gobernación, 
ordenándole ratifícase en cabildo pleno el voto del Ayuntamiento, que consta en 
nna exposición que elevó en mala hora i S. E. pidiéndole recogiese el nombra- 
miento de D.Pedro de Baranda para administrador de esta aduana marítima. 
También hemos sabido que el resultado de la votación fué que solamente tres dig- 
nos capitulares, D. José Méndez, D. Joaquín Maury y D. Francisco Colo- 
mé, tuyieron la entereza y energía necesarias para no dejarse arrastrar por los in- 
nobles sentimientos personales de dos ó tres de sus colegas, que han sostenido y 
sostendrán siempre la famosa esposicion de que nos han hablado, pues ni la he- 
mos visto, ni lo deseamos. Queremos sí, que el digno, ilustrado y magnánimo 
Exmo. Sr. Presidente de la Nación, no vaya & caer en el error de que el contenido 
de dicha exposición es el voto de esta muy heroica y liberal ciudad, que aunque 
lamenta la desgracia de abrigar en su seno ajgunos hijos espáreos y desnaturali- 
zados, cuenta con una mayoría adornada de sentimientos nobles y verdadera- 
mente campechanos. 

Si la mayoría de los capitulares, bajo la infernal influencia de dos 6 tres indivi- 
doos de la corporación, no quiere que el Sr. D. Pedro de Baranda sea administra- 
dor de la aduana, porque no ha de consentir manejos reprobados y ruinosos al 
fiseo, es necesario hacerle entender 4 esa respetable corporación que se estravía. 



-46- 

saliendo de los límites de sus atribuciones, que sus comitentes no la han elegido 
para servir de instrumento del odio personal, y que obrando de tal modo, contra* 
ría diametralmente la intención de est^i siempre noble y virtuosa población, ácu* 
líos sentimientos no corresponde en manera alguna. 

En efecto, Sr. jefe político, V. S. que tiene motivos para conocer nuestros 
sentimientos, sabe muy bien que no estamos de acuerdo con los capitulares que 
han pretendido engañar al Exmo. Sr. Presidente. Juzgamos al Sr. D. Pedro de 
Baranda, digno y muy digno de la administración de esta aduana marítima: su 
nombramiento ha sido y será muy acertado y conveniente al mejor servicio: es 
un joven honrado y de muy bellos sentimientos, que debe inspirar toda conñanza 
en la administración, que rogamos se digne concederle S. E. Y con el objeto de 
que esta espresion de nuestros generosos sentimientos llegue á noticia del Magis* 
trado Supremo, 

A V. S. suplicamos que al darle cuenta con el resultado de la sesión de hoy, se 
digne al mismo tiempo elevar este voto sincero de toda la población. — Campeche, 
Octubre 30de 1856. — Lie. Pablo García. — Lie. Tomas Aznar Barbachano. — Ale- 
jandro Garcia. — Juan B. Verde. — Dr. Domingo Duret. — Angelino Gaudiano. 
Francisco de Estrada. — Miguel Dominguez. — Francisco Ruiz. — Benigno A. Ro- 
drigez. — José M. Ayora.— F. Jimeno. — Leandro Martínez. — Francisco Gar- 
cía. — Agustín Urdapilleta. — Carmen Alfaro. — Juan L. Bonifaz. — Pedro Zaldivar. 
— Manuel Ortega. — Domingo C. Pedraza. — Demetrio Argaez. — José Rosario 
Escobar.--Juan Maldonado.— Ángel láaac— Leandro Dominguez. — Leonardo Ga- 
icano.— Francisco Camargo. — José Dolores González. — José del Carmen Martí- 
nez. — José M. Minaya. — Andrés Medina.— Eduardo Casares. — Federico D. de 
Estrada. — José M. Machio. — Teodosío Aviles. — José D. Gómez. — Rafael Pérez. 
— Andrés Ibarra.— José de Jesús Ferrer. — Tomas D. Otero. — Enrique D. Estra- 
da. — Demetrio Sevilla. — Dr. Manuel Campos. — Lie. Juan Méndez. — Gerónimo 
L. de Llergo.— Manuel J. Lavalle. — Onofre Minaya. — Ramón Conde. — José M. 
Marcin. — Alejandro Ibarra. — José Poblaciones. — Ramón Solíe.— José de Jesús 
Reyes. — Pedro Faustino Palma. — Buenaventura Olíver. — Miguel Urbína.— José 
Ferrer. — Juan Pedro Jaureguiberry. — José Castellot y Palacios. — José Vidal.— 
Pedro P. Lastra. — Juan Ramón. — Br. Juan de Dios Bugía. — Antonio Ferrer.— 
Juan J. Donde.— F. del Rio. — José M. Vega. — Joaquín Campos y Gafa. — Andrés 
Salado. — Porfirio Troconis. — Antonio Gual. — Juan Troch. — José M, Suares.— 
Lie. Juan Pérez Rspínola. — Ramón Cantarell. — Miguel Lapierre. — Dr. José del 
Rosario Hernández.— Luis López. — José Colomé.— T. Modesto Jubert.— Br. Fran- 
cisco Canepa.— Tomas R. de Castilla.— José R. Sevilla.— Juan Bautista Ferrer. 
— Ramoii Flores. — José M. Fiaherty.— Antonio Chacón. — Ftancisco R. Gonzá- 
lez.— Felipe Cleques. — Perfecto Castro.— Silvestre Vila.— Pedro Cordero.— Pe- 
dro Córdoba.— José Teodoro Rodríguez. — Ramón Martínez. — Mariano Zumir- 
raga. — Francisco de P. Rodríguez. — Felipe^Roybal. — Francicco P. Lara.— José 
Ignacio Medina. — José de la Rosa Carrera.— Eugenio Garcia. — Leandro Molina. 
—Prudencio Trejo. — Manuel S. Molina. — José Merced Medina. — Gabriel Aubry. 
— Asunción Jiménez. — José Maria Costa. — José María Ecbavarria. — Arabro- 



— 47 — 

NO Ub« — Antolino Miranda.«*Sab&8 Camargo. — Ceiario Castro. — José E. Pala- 
cios. — Francisco Minaya. — Dionisio Ramón. — Rafael Alfaro. — Julián López.— 
Joaquin Urosa. — José M. Pibelo. — José Gonzalo Molas. — Francisco Fernandez. 
^Manuel J. Redero. — Estevan Vázquez. — José Loreto Montes de Oca.— Ju- 
lián Villanueva. — Ramón .Garcia. — Mariano Cotaya. — José Zapata. — Eusebio 
Castro. — Cesario Molina. — Dámaso Rivas. — Alejandro Solis. — Bernardo Alfaro. 
—José de la Luz Pérez. — Juan Badillo. — Pablo Reyes. — Gumesindo Donriin- 
guez. — Clemente Aguileta.— Guillermo Pérez. — Manuel Alfaro. — Francisco Car- 
▼ajal. — José Ruiz. — D. A. Acevedo.— Matío M. Rosado. — Manuel Massa y Ló* 
pez.-Florentino Andrade. — Pedro Bertoliaty. — Leandro Salazar.— Francisco Ara- 
na. — Evaristo Diez. — Julián Merodio. — Joan P. Marcin. — Perfecto Marcio. — Jo- 
sé F. Bello. — Ramón Gual. — José Maria Blengio. — Juan Ferreyro y Garcia.— « 
José A. Castilla. — Félix Avila. — Felipe Lavalle. — Vicente Troncoso. — Prudencio 
Matos. — José L Flores.— Rafael Suarez. — Manuel ligarte. — Ildefonzo Morey.-— 
Ignacio Garcia. — Dionisio Delgado. — José Maria Urosa. — José de Jesús Cente* 
11a.— Gaiyermo Reyes.- Vicente Solis.- Basilio Quiñones. — José García y Po* 
blaciones.— Personas que se han adherido á la anterior esposicion. — Amado Caa^ 
ton.— Antonio G. Poblaciones. — Domingo Martinez. — Manuel Batista* — ^Roman 
Rodriguez.- Calisto Maldonado. 
Carmen^ Noviembre 21 de 1856. — Lie. Santiago Martinez. 



NUMERO 11. 

(Citado en la página 97.) 

CA&TA DEL GOBERNADOR D. SANTIAGO MÉNDEZ SOBRE LA ELECCIÓN 
DE D. PANTALEON BARRERA. 



Sr. D. Eugenio Ulloa. — Marida, Janio 13 de 1857. — Mi estimado amigo: — Se 
aproxima la época crítica de las elecciones, que es la de la declaratoria que haga 
el congreso del resultado del escrutinio que debe practicar de los votos que para 
gobernador se hayan emitido en las secciones electorales; y & la verdad, nada de 
critica, ni temible debia tener esta época en pueblos verdaderamente republicanos, 
porque en ellos todo el mundo se somete á la voluntad de la mayoría, como es de 
razón y justicia, cualquiera que sea el partido que uno haya seguido en las elec- 
ciones; pero desgraciadamente no sucede lo mismo entre nosotros, y por eso cali* 
fique de critica esa época. 



— 48- 

Si vd. conoce bien mis principios y carácter^ no debe dudar de mi resolución ás 
cumplir con mi deber, de sostener )a Toluntad de la mayoría del Estado; pero co- 
mo el que trata de sobreponerse á esa mayoría, es percisamente el que por moti- 
vos que yo no alcanzo tuvo el voto de esa población, y no solo s^ ha valido y va- 
le de los medios mas reprobados y desorganizadores de toda sociedad para con- 
seguir sus miras, sino que se jacta de que cuenta con Campeche, objeto de mi 
mas ardiente cariño, y especialmente con su guarnición para imponer su voluntad 
á los yucatecos, deseo me diga vd. con franqueza lo que puede haber de verdad 
en el particular, para que me sirva de*gobi.erno. 

Yo no dudo, porque así es muy natural, que los que han votado por el Sr. Irigo- 
yen, deseen que su candidato obtenga el gobierno; pero de ese deseo naturalisimo» 
al de querer que esto sea por fuerza y sofocando la voluntad de la inmensa mayo- 
ría del Estado, y arrastrando á este á su cutera ruina, de la que no se libraria el 
mismo Campeche, hay una distancia enorme, la mi^ma que se cuenta de un acto 
no Eolo inocente sino laudable, á un acto el mas criminal y odioso que pudiera 
cometerse; y en verdad, no puedo persuadirme, ni por un solo instante que los 
campechanos, y esa guarnición y sus jefes que tantas muestras de cordura, sen- 
satez y patriotismo, han dado en todo tiempo, estén resueltos, como se propala 
aquí, á cometer aquel horroroso parricidio, porque no seria otra cosa el acto de íd- 
troducir la guerra civil en el pais, en las circunstancias en que se encuentra.*— Y 
le aseguro á vd. que quisiera morir antes que ver cubierto á mi idolatrado Cam- 
peche de tanto baldón. 

jY qué lo podria impulsar k esto? ¿Seria acaso porque esté ofendido y resen- 
tido de mí, porque me odie, y quiera vengarse de mí en el Sr. Barrera, que es el 
candidato por quien han trabajado mis amigos? Pero para esto no necesita de 
provocar la guerra civil y la ruina del Estado; que hable Campeche una sola pala- 
bra, y me separo del gobierno y me voy á poner á su disposición para que sacie 
en mí su furor y resentimiento. 

Suplico ¿ vd. se sirva dar publicidad y contestármela á la mayor brevedad, or- 
denando lo que guste 4 su afectísimo amigo y S. S. Q. S. M. B. — S. Méndez. 



NUMEEO 12. 

(Citado en la página 98.) 

ACTA DE LA GUARNICIÓN Y ANTORIDADES DE VALLADOLID, PROCLAMANDO 
LA CANDIDATURA DE D. PANTALEON BARRERA. 



En la ciudad de Valladolid, á los diez y siete dias del mes de Mayo de mil ocho- 
cientos cincuenta y siete años, reunidos de común acuerdo los que abajo firmamos 
en la casa del ciudadano Francisco Cantón, para deliberar pública, pacifica y lí- 



-49-^ 

bremente cooforme al derecho que la constitocion dos concede en loe articuloB 6. ^ 
y 9.^ de tomar parte como ciudadanos mexicanos en los asuntos políticos del paisf 
y habiendo tenido k bien proclamar presidente al G. José Martines Baca, y secre- 
tarios á los ciudadanos Facundo Marin y Francisco Cantón, con el objeto de re« 
gularizar nuestros acuerdos, hemos creido conveniente fijarlos en los siguientes: 

1. ^ Considerando que el alto encargo de gobernador del Estado es de tal im« 
portancia y trascendencia que de no depositarlo en manos diestras, experimenta- 
das, patrióticas y puras no resultarían al pais las ventajas que de buena fé nos pro* 
ponemos buscar para su engrandecimiento y felicidad, y conociendo que el C. Pan- 
taleoD Barrera en el ejercicio delsus encargos de diputado al congreso del Estado, 
al congreso general, jefatura pol(tica de Tekax, consejo de Gobierno y en el go* 
bierno mismo, ha dado pruebas de honradez, capacidad, amor al orden y á la ver- 
dadera libertad, protección á la industria, y decidida voluntad de concluir la guerra 
de castas que nos consume, es nuestra opinión proponerlo por tales razones como 
candidato para gobernador del Estado. 

2. ^ Considerando que el encargo de diputado al congreso del Estado es pre- 
ciso que recaiga en personas de ideas liberales, inteligencia, firmeza de principios 
y notoria honradez, teniendo ademas la cualidad de que sea vecino y propietario 
del distrito, para que con conocimiento de causa active, defienda, promueva y pro* 
teja eficazmente los intereses del mismo distrito; y convencidos de que reúne estas 
caaalidades el ciudadano Severo Viltamil, desdé luego lo postulamos para el en* 
cargo de diputado propietario por este distrito; y en cuanto al suplente que debe 
reunir las primeras condiciones, ofrecemos postularlo en otra próxima reunión des* 
pues de ponernos de acuerdo con los otros partidos de dicho distrito. 

3. ^ Considerando que los referidos ciudadanos Pantaleon Barrera y Severo 
Yillamil, merecen nuestra confianza para ocupar los puestos á que respectiva- 
ñiente los proponemos, creemos de nuestro deber favorecerlos con nuestros votos 
en la elección que tendrá lugar el próximo dia treinta y uno del corriente, ofrecien- 
do ademas usar para conseguirlo de medios lícitos y rechazando los de coacción, 
fraudes ó engaños que repugnan á la lealtad de nuestro carácter, y son indignos 
de hombres libres y honrados. 

4. ^ Protestamos que á nadie cedemos en sentimientos de amor patrio y deci- 
dida adhesión á los principios de la libertad que se fundan en la ley, en el afecto al 
orden y al trabajo, y en la obediencia á las autoridades legítimamente constituidas. 

5. ® y último. Ofrecemos leal y francamente sostener estos principios y los 
anteriores acuerdos, usando del derecho que la ley nos concede; ofreciendo asi- 
miimo reunimos en el local qae acuerde el presidente para deliberar lo que con- 
venga al programa que aquí asentamos y suscribimos para su constancia. — Co- 
mandante del batallón Fijo permanente, José Martínez Baca, presidente. — Carlos 
Escalante, alcalde primero. — Fermín Irabien^ alcalde segundo. — Regidores, Pedro 
Rosado, José Merced Sierra, Agustín Navarrete y José Esqaivel. — Procurador, 
José Dolores JVbve¿b«— Capitán del batallón Fijo, Ramón Arzamendí. — Capitán 
del F\jo,Ceferino Rodríguez. — Capitán del Fijo, Cayetano (7ai^po«. —-Capitán del 
Fijo, Juan B. Heredia. — Segundo ayudante del Fijo, Luciano JE, León. — ^Tenien- 

7 



— 50 - 

te del Fijo, Sabas Carbajah — Teniente del Fijo, Miguel Moreno. — Sobteniente 
del Fijo, Faustino Vazqtíez, — Comandante del batallón nacional revistado df /a* 
Uadolid, Feliciano Ruiz. — Capitán del batallón revistado, Simón Mendoza^ — Capi- 
tán del batallón revÍKtado Nicolao Aguilar, — Segundo ayudante del batallón revis* 
X^Ao y Manuel Escalante i José Santos Centeno, — Teniente del batallón revistado. 
Tomas Rodríguez, — Sub-ayudante del batallón revistado, Blas Pérez, — Subtenien- 
te del batallón revistado, Eulogio Godoy, — Subteniente del batallón revistado, 
Encamación Aguilar, — Subteniente del batallón rew'isthdo, Apolonio Melendez,^ 
Mayor de órdenes de la brigada Peraza, Pedro Arcadio Cantón, — Ayudante de 
Plaza, José Dionisio Mangas, — Teniente coronel comandante del batallón, G. N., 
Rafael Novelo, — Pedro Vidal. — Servado Rosado, — Anastasio Castillo,-^ Mi' 
guel Navarretc — Cornelio Godoy, — Victoriano Esperón, — Mateo Tapia. — Luis 
Sosa Arce, — Tomas Vales, — Remigio Rosado, — Teniente del batallón activo de 
Marida, Vicente Raiz. — Casimiro Novelo, — Manuel Rosado Baeza. — Vicente 
Alcocer. — Antonio Acereto, — José Coronado, - José Navarrete, — Nicolás Villa' 
nueva, — Pastor Rosado, — Luis Faustino Ruiz, — Miguel Sierra, — Manuel Rosado 
— Graciano Escalante, — José Isac Torres. — losé Joaquín Alcocer. — Ceferino Tor- 
res. — Laureano Rosado. — Cecilio Ruz, — Benito Sierra, — Blas Andrade. — 3fa- 
nuel José Loria, — Filiciano Mena, — Juxin de Dios Tr esgallo. — Juan Pablo Corde- 
ro, — Francisco Cortés, — Liborio Cervantes, — Francisco Novelo, — Juan Mena,'^ 
Capitán, Lorenzo Carrillo, — Hermenegildo Cervera, — Miguel Novelo. — Chregorio 
Vázquez. — Evencio Osorno, — Teniente activo, ayudante de Campo del Sr. general 
jefe de la línea, Miguel Muñoz, --^Y embute, de G. N., ayudante de campo del Sr, 
general jefe de la línea, Ponciano Osorio, — Juan Solis Cantón. — Jacinto Mena, 
— José Medina, — Julián Vega^ — Florentino Villanueva, — Hermenegildo Rivera. 
— Por los ciudadanos Desiderio Sánchez, Mateo Aguilar, Luciano Aguilar, Be^ 
nito Aguilar, Luciano Mena y Bautista Mena, por no saber escribir, Rafael No- 
velo. — Capitán del batallón revistado, Francisco Cantón^ secretario.— Lie. Facuñ' 
do Marin, secretario. — Suscribo este acuerdo en todas sus partes, Martin IVan' 
cisco Peraza. 



PARa gobeunadob, 

AL CIUDADANO PANTALEON BARRERA. 

PARA DIPUTADO, 

AL CIUDADANO SEVERO VILLAMIL. 



NUMERO 18. 

(Citado en la p&gina 98.) 
ACTAS DE TIZIMIN Y ESPITA, IGUALES Á LAS DE VALLADOLID. 



En la Tilla de Tizimin, á los reintioo días d«l mea de Mayo de mil ochocientos 
cincuenta y eiete años, reunidos los que suscribimos la presente acta en la casa del 
ciudadano Santiago Medina, y apoyados en el derecho qne la constitución concede 
i todo ciudadano mexicano para obrar libre, franca y lealmente tomando parte en 
la politica de su pais, nombraron por aclamación, presidente de hi junta al ctuda^ 
daño Manuel Francisco Mezo y secretarios á los ciudadanos Santiago Medina y 
Ensebio García, con el fin de deliberar y fijarse definiliTamente respecfb de la 
elección del gobernador y diputado al congreso del Estado, considerando las ac- 
tuales circunstancias de Yucatán y las cualidades que con tal motiro deben tener 
los ciudadanos que los pueblos destinen al desempeño de tales encargos. 

En la discusión tuvo lugar la lectura de una acta celebrada en Valladolid con el 
mismo objeto el día diez y siete del presente mes y año; y hallándola muy confor- 
me en todo con loa sentimientos liberales y de orden que animan á los individuos 
que componen esta junta, acordaron unánimemente secundar dicha acta en todas sus 
partes, adoptando los mismos candidatos que en ella se esprésan y proponen pvra 
gobernador del Estado y diputado al congreso del mismo, por reunir en su con- 
cepto los Sres. Barrera y Villamil las circunstancias que deben apetecerse para el 
fiel desempeño de sus respectivos encargos. 

Ilespecto del diputado suplente, consideran muy capaz y digno de su confianza 
al ciudadano Darío Galera ios individuos que libre y espontáneamente se propo- 
nen sostener con franqueza y toda legalidad el presente acuerdo que para cons- 
tancia suscriben.-^lfantieí F. Mezo, teniente coronel comandante del batallón de 
guardia nacional. — lld^omo Alcaláf subdelegado de hacienda del partido. — 71- 
hurdo QuiUermo, mayor del batallón revistado. — Atanaíio Oarcía, capitán.-— J.n- 
dréi Somero, primer ayudante.«-r-Jíant¿6¿ Sierra Arce, capitán.— i^rancúco Pera* 
flroy subteniente del Fijo.— TVínidiocí Olivo, subteniente ayudante. — «7. Tomas Ft* 
vas, escribiente de la jefatura política. — Manuel Carbcffal, subteniente ayudante. 
-^Martin Mágerer, subteniente.— JSr^éoon Rodriguez, capitán de una de las com- 
pañías revistadas.— PoíJb Salado, id« de idé-^Simon Medina, subteniente.-— «/*! 



— 52 — 

Itomiuzldo Portilla^ id. — J. déla C, Polanco, adminstrador de correoB. — J. M. 
Maldonado, oficial de correos. — Francisco Alamilla, teniente y primer regidor del 
Ayuntamiento. — Policarpo Virgilio^ capitán, — Luciano Castro, subteniente. — 
Leandro Ruiz^ cabo. — Estanislao Palmer o, id. — Ildefonso Cárdenas, teniente.— 
Casimiro Novelo, sargento. — Antonio Carbonel, id. revistado. — Antonio Castro, id. 
— Juan Ditgo Llanes, id, — Feliciano Perera, teniente. — George Qóngora, subte- 
niente. — Alejandro Valencia, sargento. — José Novelo^ cabo. — Basilio Rodríguez, 
sargento. — Laureano Carrillo, regidor. — Eusebia García, capitán. — Santiago Me- 
dina, teniente coronel comandante militar del partido. — Manuel Pérez Correa, 
jefe político. 



ACTA DE ESPITA. 

En la villa de Espita, álos veintidós dias del mes de Mayo de mil ochocientos 
cincuenta y siete años: reunidos los que suscribimos en la casa habitación del cia« 
dadano Juan Evangelista Rivas, con el objeto de deliberar libremente sobre la 
elección del ciudadano que debe ocupar el alto puesto de gobernador del Estado 
y de los ciudadanos que deben ser electos diputados al congreso del mismo: des- 
pués de haber sido proclamado presidente el ciudadano Juan Evangelista Rivas y 
secretarios los ciudadanos Luis Sosa Barrera y Manuel Francisco Rosado, se dio 
publica lectura á una acta celebrada en la ciudad de Valladolid el diez y siete del 
corriente, y hallándola enteramente conforme con nuestros mismos sentimientos 
hemos convenido unánimemente en adoptar sus siguientes artículos con la úni(» 
diferencia de expresar en el segundo el nombre del individuo que postulamos para 
diputado suplente. 

1. ^ Considerando que el alto encargo de gobernador del Estado es de tal im- 
portancia y trascendencia que de no depositarlo en manos diestras, experimenta- 
das, prácticas y puras, no resultarian al pais las ventajas que de buena fé nos pro- 
ponemos buscar para so engrandecimiento y felicidad, y conociendo que el cioda* 
daño Pantaléon Barrera en el ejercicio de sus encargos de diputado al congreso 
del Estado, al congreso general, jefatura política deTekax, consejo de gobierno y 
en el gobierno mismo, ha dado pruebas de honradez, capacidad, amor al orden y á 
la verdadera libertad, protección á la industria, y decidida voluntad de concluir la 
guerra de castas que tanto nos consume, es nuestra voluntad propoponerlo por 
tales razones como candidato para gobernador del Estado. 

2. ^ Considerando que el encargo de diputado al congreso del Estado es pre- 
ciso que recaiga en persona de ideas liberales, inteligencia, firmeza de principios 
y notoria honradez, teniendo ademas la cualidad de que sea vecino y propietario 
del distrito, para que con conocimiento de causa, active, defienda, promueva y 
proteja eficazmente los intereses del mismo distrito; y convencidos de que reúne 
estas cualidades el ciudadano Severo Villamil^ desde luego lo postulamos para ei 
encargo de dipotado propietario para este distrito, de suplente al ciudadano Darío 
Galera que reúne las mismas circunstancias. \ 

3. ^ Considerando que los ciudadanos Pantaléon Barrera y Severo Villamil 



— 53 — 

merecen nuestra confianst ptra ocupar loi puestos i que respctirameote los pos- 
tulamos; asi como al ciudadano Darío Oalera» creemos de nuestro deber favorecer- 
los con nuestros rotos en la elección que tendrá lugar el próximo día 31 del cor. 
riente» ofreciendo ademas usar para conseguirlo de medios lícitos y Rechazando los 
de coacción^ fraude ó engaño que repugnan k la lealtad de nuestro carácter, y 
son indignos de hombres libres y honrados. 

4. ^ Protestamos qne á nadie cedemos en sentimientos de amor patrio y 
decidida adhesión & los principios de la libertad que se fundan en la ley^en el afecto 
al orden y al trabajo y en la obediencia á las autoridades legalmente constituidas. 

5. ^ y último. Ofrecemos leal y francamente sostener estos principios y los 
anteriores acuerdos, usando del derecho que la ley nos concede, ofreciendo asimis- 
mo reunimos en el local que acuerde el presidente para deliberar lo que convenga 
al programa que aqu{ asentamos y suscribimos para constancia. — Juan E. Rivas, 
presidente. Roberto Rivas. Francisco Domínguez Sosa. Felipe de J. Navar- 
rete. Ramón P. Peniche. Emeterio C. Ojeda. Juan José Conde. Diego 
Martin Erosa. Diego Leal. Cipriano Rivas. Alonso Dominguez. Narciso 
Loria. Pedro José Rosado. Gornelio López. Francisco de Sales Ojeda. José 
María González. Pedro Manuel Santer. Roberto Erosa. Florentino O. Villa- 
mil. Santiago Quiñones. Bernabé Burgos. Casiano Sánchez. Anselmo Guer- 
rero. Eustaquio Peniche. R. Luis María Duran. Anastasio Peniche. Tomas 
A. Ojeda. Luis Sosa Barrera, secretario. Manuel F. Rosado, secretario. Sus- 
cribo este acuerdo en todas sus partes, José Teodoro Peniche. 



NUMERO 14. 

(Citado en la página d8.) 

ACTA DE MÉRIDA, IGUAL Á. LAS ANTERIORES. 



Reunidos en junta popular en la casa morada del C. Pedro Rifas Peón, con el 
importante objeto de acordar libre y expontáneamente las personas en cuyo (aror 
es oportuno hacer uso del derecho de elección que nos concede la carta funda- 
mental de la República, y consjderando: 

Que el programa de gobierno del C. Pantaleon Barrera, satisface todas las 
exigencias del pais, asegurando á éste un porTenir de libertad, de orden y de pro- 
greso; 



— 64 — 

Que el C. Pantaleon Barrera e6t& adornado de todas las cualidades neceiarias 
para ocupar dignamente la primera magistratura del Estado; 

Que los ciudadanos Darío Galera y Ramón Aldana, propuestos como diputados 
propietarios, y los ciudadatios Agustin 0-Horan y Pedro Rivas Peón, como su- 
plentes, para representar al distrito de Mérida en el futuro congreso constituyen- 
te, son personas capaces de cooperar al completo desarrollo de tan patriótico pro- 
grama: 

Hemos resuelto de común acuerdo, que es conveniente y necesario apoyar en 
las presentes elecciones, y por todos los medios que la ley permite, la candidatura 
del O, Pantaleon Barrera para gobernador de Yucatán; la de los OC. Darío Ga- 
lera y Ramón Aldana, para diputados propietarios, y la de los CC. Agustin O- 
Horan y Pedro Rivas Peón, para suplentes por este distrito, y que se imprima 
esta acta para conocimiento del público. — Mérida, Mayo 22 de 1857. — Cosme A. 
Yíllajuana, presidente. José Cadenas. Agustin O^Uoran. José Font Dona* 
ciano G, Rejón. Manuel José Peón. Francisco Morales. José Vicente Maury. 
Leocadio Ponce, Mariano Brito. Poiicarpo A. Echánove. Joaqnin Castella- 
nos. Mariano Quijano. Felipe de la Cámara. Roque Milán. Ildefonso (jó- 
mez. Evaristo Ruz. Joeé María Alpuche. Pedro Leal. Emilio Morales. Ma- 
nuel Zapata. José María Oviedo. Miguel de Cicero. Bonifacio Guillermo. 
José María Covian. Joaquín Suarez Cámara. Jo:¿é Dolores Avila. Juan de 
Dios Fierros. Rodulfo G. Cantón. Francisco G. Viliajuana, Pedro de Regil 
y Peón. Joaquín Pérez Zavala. Santiago Bolio Quijano. Camilo Cámara. 
Francisco Solis Bolio. Favian Vallado. Juan A. Esquivel. José Ferriol. Sil- 
vestre Fernandez. Secundino Gallareta. Gerónimo Villanueva. Juan P. RioB. 
Agustin Vales. Isidro Mendicuti. Gumesindo Troncoso. Miguel Lapierre. Jo- 
sé María Vega. Egidio Torre. Manuel Tardío Castillo. Lorenzo Cánovas. 
Alonso Aznar Peón. Marcos Suarez. Esteban Martínez. Pedro Bautista. Ja- 
cinto Escalante y Caetillo. Francisco Vega. Ramón Gual. Hilario Méndez. 
Gregorio Medina. Cár/os del Castillo. Nazario Pastrana. Pedro Gapetillo. 
Francisco Calero Cano. Carlos M. Quijano. Joaquin Atoche. Gregorio Milán. 
Tomas Poveda. Ángel María Avila. José Justo Jiménez. Matías López. D. 
Galera. Secundino Gómez. Pedro Rivas Peón. Pablo José López. Juan San- 
doval. Gregorio Zavala. R. López. Nabor Valencia. Nicolás Argaez. Agus- 
tín Pasos. Antonio Servían. José Santiago Esquivel. Francisco Santamaría. 
Juan E. Domínguez. Miguel Sumárraga. Domingo Vera. Laureano Zetina* 
José Anastasio Uc. Manuel Koyoc. Agustín Servían. Severiano Gil. Beni* 
to Imán. Joaquín Quijano. Francisco de P. Montalvo. Manuel José Rejón* 
Perfecto Avila. José de Jesua Reyes. Bernardo Calero. B« Aldana. Domin* 
go Avila Campos. Juan F. Saenz, José Esíquío Sonsa. Sostenes Sánchez* 
Eleuterio Avila. Mauricio VUlajuana. Leonido Rosas. Rafael Albor. Manue' 
Massa. Francisco Suarez. Pablo Vega. Joaquin B. Vargas. José Z. Esca» 
lante. Eduardo Bolio. Domingo A. Evia. Justo Sánchez. Julián Lujan. En* 
lalio Centella. Francisco Puerto. Serapio Sandoval. Poiicarpo Brito. Simón 
Serrano. Encarnación Castro. Juan M. Maldonado. Cornelio Pineio. José 



— 55 - 

Roberto Suarez. Balbino León. Benito Chaeon. José Dolores Osorío. Dio- 
nisio Aguayo. Francisco Rodríguez. José Dolores Borges. Pedro Osorio. 
Gabriel Frías. Juan de Mata Lope. Pablo Tejero. José María Dorantes. Lau- 
reano Encalada. Dominf^o Baez. Saturnino Pacheco. Tranquilino Tejero. Ana- 
cleto Bricefio. Anselmo Pinzón. Pablo Molina. Tomas Garrido. Jacobo Cam* 
po0. José María Suarez. José María Tenorio. Raimundo García. Diego Ge« 
peda. Arcadio Gómez. Juan Lino Zaldirar. Silvestre Ojeda. Vicente Mex. 
Juan Izquierdo. José Eligió Canché. José Eoyoc. Dario Rosado.-— t/o^é Ma' 
ría Castillo Sierra, secretario. 



NUMERO 16. 

(Citado en la p&gina 98.) 

ACTA DE CAMPECHE, PROTESTANDO CONTRA LAS DE MÉRIDA, 
VALLADOLID, TIZIMIN Y ESPITA. 



En la M. H. y L. ciudad de Campeche, á los veintiocho dias del mes de Mayo 
de mil ochocientos cincuenta y siete años, reunidos en junta los ciudadanos que 
suscriben, con el objeto de celebrar su áltimo acuerdo acerca de la elección de los 
supremos poderes del Estado^ que ha de verificarse el don^ingo próximo treinta y 
uno del corriente; después de haber nombrado por unanimidad presidente al C* 
Pablo García, para que la discusión fuese regular y ordenada; y 
• Considerando que todos los ciudadanos son libres para reunirse, discutir y to- 
mar las resoluciones que orean mas justas y convenientes en lo relativo & la elec- 
ción de los supremos poderes del Estado, con tal que lo hagan ordenada y pacf fi« 
camente; 

Considerando que siendo esta elección enteramente libre, tenemos derecho de 
designar las personas que por sus honrosos antecedentes, su independencia, su 
patriotismo, su ilustración y demás reelevantes cualidades merezcan ocupar tan 
difíciles puestos; 

Considerando que la primera y única condición de que deriva su validez y fuer- 
za la referida' elección en una República representativa, popular, federal, ea la ple- 
na y omnímoda libertad de los ciudadanos al ejercer este acto; 

Considerando que la intervención de las autoridades en él es una coacción 
moral que destruye diametralmente la libertad del ciudadano; 

Considerando que la acta formada en la capital del Estado, en que se proclama 



— se- 
para gobernador al C. Pantaleon Barrera, está suscrita por el seguodo cabo de la 
comandancia general, por los jefes y oficiales de la guarnición de Mérida y por 
el jefe político de dicha capital; que la de Valladolid lo está por los jefes y oficia- 
les todos de la guarnición y por el ayuntamento, y ademas ratificada por el jefe 
político y militar de dicha ciudad; que las de Tizimin y Espita se hallan en igual 
caso á la anterior, pues hasta están suscritas y ratificadas por sus respectiras pri- 
meras autoridades. 

Considerando que con la celebración y publicación de estas actas se ha menos- 
preciado é infringido la superior circular del gobierno de 11 del corriente en que 
prohibió bajo severas penas toda intervención de las autoridades en este asunto. 

Considerando, en fin, que semejantes medios por ilegales y violentos nunca da- 
rán por resultado el establecimiento de un gobierno verdaderamente representati- 
vo, que acatado y sostenido por todos, quite todo motivo de trastorno y rebelión. 
—Acordaron. 

1. ^ Es la voluntad espontánea y libre de todos los concurrentes proclaman 

PARA GOBERNADOR DEL ESTADO 

AL C. LIBORIO IRIGOYEN. 

PARA DIPUTADO PROPIETARIO POR EL DISTRITO ELECTORAL DE CAMPECHE, 

SEIBA Y CARMEN. 

AL C. PABLO garcía. 

PARA DIPUTADO SUPLENTE DEL MISMO DISTRITO. 

AL C.RAFAEL CARVAJAL. 

2. ^ Es asimismo su voluntad deliberada protestar, como lo hacen por la pre- 
sente acta, contra las de Mérida, Valladolid, Tizimin y Espita, y sus resultados, 
en la parte que han tomado en ella^ las autoridades políticas, civiles y militares. — 
Pablo García. José María Castillo. Tomas Aznar Barbachano. Eduardo Ca- 
sares. Manuel Campos. Francisco de Estrada. O. Salazar. José Miguel Do; 
minguez. José García Poblaciones. José R. de Sevilla. Domingo Duret. Jo- 
sé del R. Hernández. Federico D. de Estrada. Miguel Urbina. N. M. Ferrer. 
Justo Hernández. Rafael del Valle. Pedro de Montalvo y^Baranda. Norberto 
Ferraez. Manuel A. Manzanilla. Ramón Veliz. Eustaquio Meneses* José 
Bertely. León Villagrana. Rafael Suarez. Juan José Donde, Mateo Mut. 
Clemente Aguileta. Andrés I barra. Evaristo Reyes. Juan de la Cabada. Tri- 
nid Gutiérrez. Benito Antesana. José de la Cruz Rodríguez. José del Carmen 
Borges. Rosario Pereira. Perfecto Castro. Vicente Castellano. Juan B. Con- 
treras. Juan de la C. Gómez. Pedro María Cobos. Modesto Esmort. Julián 
Romero. José María Alpuche. Fernando Argaez.. Cristóbal Pacheco. Alejan- 
dro Solía. Florencio Chuc. Miguel G. Gutiérrez. H. Majarrez. Norberto 
Trejo. Simón Cervera. Carlos Peralta. José Merced Medina. Rafael Gon- 
zález. Severiano Solis. Miguel Remigio Solis. Irineo Lavalle. Marcelino 



— 57 - 

Bagundo. José María Lavalle. Antonio Hernández. Ignacio Morales. José 
de los A. Castillo. Severiano Grajalez. Irineo Lavalle y García. Nazario Car- 
irajai. José de la R. Cabrera. José Salomé Cazanova. Nicolás Sierra. Fran* 
cisco Carvajal. Francisco Hernández. Gregorio Chavez. Francisco Campos. 
Rafael Cintra. Leandro Dominguez. Anastasio Carcaño. Gregorio Minalla. 
Joaquín Lenes. Mauricio Moreno Gaerra. Luis Hernández. José Marta Echa' 
▼arría. Juan Mezquita. Calixto Maldonado. Joaquín Segovia. Vicente Ca- 
yeres. Manuel Martínez. José María Flerti. José Antonio Cuenca. Basilio 
A. León. José L. Atomía. Manuel A. Sosa. Mariano Solís. Antonio Lanz 
Pimentel. Claudio Cintra. Francisco Martinez. Joaquín UroKa. Pedro Soler. 
Manuel Aróstegui. Luciano Pinzón. Manuel Rubio. Cesario Molina. Fran- 
cisco Heredia. Mareta^ Romero. Manuel Guzman y Bolio. Sebastian Mangas. 
Santiago Ri?as. Pedro Menendez. Manuel González. Marcelino Peña. José 
María Lizama. Susano Blanquete. Agapito Minalla. José de la Cruz Vera. 
Anastasio Pamplona. José de la L. Herrera. Julián Saldos. Francisco Bendito. 
José María Ruiz. Pedro Gómez. Florencio Cervantes. Ceferino Escalante. 
Manuel Ganso. José María Rocha. Ramón Argaez. Marcos Cámara. José 
Dolores Jirón. José María Minalla. Francisco Santos. Juan A. Aragón. 
Felipe Heredia. Teodoro Godines. Marino Pérez. Gumesindo Izquierdo. Ma- 
nuel López. Joaquín Mauri. Juan Tetan. Francisco Colomé. José Ignacio 
Acevedo. Hilario Majarrés Padrón. Domingo Padrón. José María Rico. Jo- 
sé Eduvige Godoy. Marcelino Corníz. Nazario Trejo. Eulalio Pérez. Lizaro 
Can. Guillermo Uc. Gregorio Canul. Anselmo Mut. Felipe Lavalle. Hilario 
Velasco. José Felipe Cervera. Luis López. José Marhi Rubio. Lorenzo Tor« 
rez. Gerardo Flota. Dionisio López. Perfecto Brise(ío. Pedro Ramos Quín^ 
tana, secretario. 



NUMERO 16. 

(Citado en la página 99.) 

ÜSO DE LA F'UBRZA EN LAS ELECCIONES DE IZAMAL. 



En el corte de caja de la tesorería general del Estado, correspondiente al raes de 
Junio último y publicado ert el periódico oficial de Mérída, vemos en la nota ter« 
cera que explica los ramos en que se han invertido mil ochocientos ochenta y un 

8 



— 68 - 

pesos de gastos extraordinarioSi la siguiente partida: ^'33 pesos 76 centavos, coo 
que fueron socorridos dos subtenientes y sesenta y nueve individuos de tropa de 
guardia nacional, que estuvieron de servicio en Izamal en los dias 29, 30 j 31 de 
Mayo último y 1.® de Junio." He aquí un nuevo comprobante de la libertad 
con que se hicieron las elecciones en Izamal, siendo necesaria para guardar el or- 
den público la guardia nacional ^armada, en la ante víspera, víspera, día, y dia 
después de verificarse la referida elección de gobernador y diputado al congreso 
constituyente. Queda con esto explidado el estravio de los expedientes de elec- 
ción y el nombramiento de D. Quintín Pastor en el lugar del Sr. Gamboa, que 
dicen obtuvo la mayoria de sufragios. En cuanto á la de gobernador, no hay ne- 
cesidad de decir por quien se gastaron los confesados 33, en socorrer la tropa. 

[El Espíritu públicoJ] 



NUMERO 17. 

(Citado en la péigina 99.) 

MANIFIESTO DEL C. DIPUTADO PABLO GARCÍA. 



Nada espero de nadie: todo lo espero de ün buen gobierno; esto bs, 

DE un GOBIERO que EMANE DE LA GENUINA VOLUNTAD DEL PUEBLO, ÚNICA 

FUENTE DE TODA AUTORIDAD LEGITIMA. Tal era el pensamiento que bullia en 
mi mente cuando, agradecido á los electores de mi distrito, paséá la capital del 
Estado á desempeñar el delicado encargo de representarlos en la Legislatura cons- 
tituyente y constitucional. ¿Quién habia de suponer que tíii firme resolución de 
servir con lealtad, cuidando que no se falsease la voluntad del pueblo, iba á ser el 
aspecto repugnante, la enseña del enemigo, el grito de alarma para la.mayor{a de 
mis honorables compañeros? 

Yá en esta ciudad habia oido multitud de quejas contra el modo violento con 
que se habian practicado las elecciones en los cantones militares, quejas que, repe« 
tidas á mis oidos al atravesar el camino real, adquirieron cierto grado de verosi- 
militud al verlas confirmadas en la capital, en donde oí el relato histórico aun de 
los mas pequeños sucesos. Con este motivo me disponía á descubrir y patenti- 
zar la verdad en cuanto fuese posible; y chocado sobremanera por el aparato im- 
ponente y opresor de la fuerza armada con que el Excmo. Sr. gobernador ame- 
naza incesantemente á la capital de un Estado libre, preparé dos proposiciones 
preliminares que debia sujetar á la ilustrada discusión, ex&mea y aprobación de 



-59 — 

la primera jante preparatoria del congreso. Pero ¿quién lo creyera? Lo qne no 
se ha visto ni se Ter& en ningún parlamento del mando H^|8e me negó el dere- 
cho de hablar en esta primera junte, prohibiéndoseme hacerlo no solamente én 
páblicoi sino haste en secretoljgRpí Reducido asi á la mudez, no tenia misión al- 
guna que cumplir^ en Taño sancionaba la ley la inviolabilidad de mis opiniones, si 
se me negaba el derecho de tenerlas. Ademas, ¿qué diria el mundo del represen- 
tante del cuarto distrito electoral? ¿Cómo eviter el ridiculo, el baldón que caía 
sobre él y sobre sus representedos? No tenia mas recurso que aparterme del se- 
no de un cuerpo que no me otorgaba los derechos de miembro, que se negaba á 
oirme, y que ten solo exigía mi presencia para que sus actos no dejasen de estar 
autorizados por la representación con que me consideraba investido; y firme en 
mis resoluciones, prefiriendo á mi propia y miserable vida el honor de mi distrito» 
mi separación se verificó desde luego en aquellos momentos. 

Las proposiciones que se negóá oir la primera junta y cuya lectura no me fué 
permitida, son estes: 

"H. junta: Faltarla á la insigne confianza que con tan generosa ezponteneidad 
ha depositado en mis manos el cuarto distrito electoral, si antes de entrar en to- 
da discusión de cualquier género, no me permitiese presentaros algunas observa- 
ciones, propias de un corazón leal y franco. 

''£1 gobierno, señores, lo digo con pesar, no ha jugado limpio en las elecciones 
de que vamos á ocuparnos; antes bien, se ha burlado miserablemente del pais y 
de nosotros.— La burla de mi individuo, yó se la perdono; mas la que ha hecho al 

cuarto distrito electoral que represento • nunca, jamas. 

''He dicho que el gobierno se ha burlado miserablemente del pais y de nosotros, 
porque en II de Mayo prohibió, por una superior circular, bajo severas penas, 
que ninguna autoridad tomase parte en las elecciones ya citedas, cosa, aunque 
inoficiosa, muy conforme en verdad con el mas acendrado liberalismo. Para cor- 
roborar este su disposición, depuso al juez de primera instencia de Izamal Lie. D. 
Saturnino Suanes, al de Tekax Lio. D. Higinio Oastellanos, y al juez de paz de 
Chochóla D. Victoreano Alcocer, por suponer ó sospechar (me apoyo en la famti 
pública), que interpondrían sus respetos para que en las elecciones fuesen favore- 
cidoB con el sufragio popular .determinados ciudadanos. 

''Este conducte empezó & hacerse sospechosa b los ojos délos verdaderos liberales* 
pero el ^sombro subió de punto, traspasando todo límite, cuándo aparecieron con 
aspecto imponente é insultante las actes de 17^ 21 y 22 de Mayo, levantadas en 
Valladolid^ Tizimin y Espita^ por la fuerza armada, por las autoridades militares 
y civiles, y cuando en pos de ellas, y como del foco de las maquinaciones oficiales» 
surgió la celebérrima acta formulada en esta isapitel, en que figura el segundo ca- 
bo de la comandancia general y el señor jefe político, y que impresa juntemente 
con las de Tizimin y Espite, se repartió oficialmente en unión de Las garantías 
Sodalea y de La ühiofi Liberal. 

"Entonces, señores, el distrito electoral que represento, lanzó con nobleza y aL 
tívez un grito profundo de indignación, y acusó públicamente al poder en la pro** 
teste de 28 del mismo mes que consignó en un documento público. Con orgullo 



— 60 — 

vio mi distrito que su clamor penetró y formó eco en los corazones nobles de los 
verdaderos liberales de esta hermosa capital^ y desde entonces demarcó á su or- 
gulloso representante la senda por donde debia marchar^ dándole la antorcha y el 
hilo que debian guiarlo en el espantoso laberinto en que nos encontramos, 

^'Verosímil es, señores^ que el buen sentido de las dos principales poblaciones del 
Estado no se halla extraviado. De todos los rincones de la península, y de cada 
uno de sus puntos, aun del seno de las ordas pacificadas de los indios del Sur^ se 
levantan sentidas quejas, se oyen profundos alaridos. Por todas partes se grita 
voz en cuello que el gobierno ha hecho la elección á mano armada en los canto- 
nes militares, y se dice que sus agentes han mutilado, falsificado y suplantado los 
documentos electorales, hasta el punto de asegurarse que no existe documentacioa 
de las elecciones de diputado de Valladolid, Izamal y Hecelchakan. 

^'Empero, no es esto, señores, lo mas amargo de las burlas oficiales. La ley 
nos^ llama ante omnia & hacer el escrutinio de la elección de gobernador, y antes 
de esta primera junta preparatoria, ya el periódico oficial de Campeche, La Union 
Liberal, de 16 de Junio, publica que por noticias recibidas de esta capital D. Li- 
borio Irigoyen tenia 7,397 votos, D. Pablo Castellanos 7,604, y D. Pantaleon 
Barrera 21,614. Casi al mismo tiempo empieza k circular en Campeche una 
odiosa carta del Excmo. Sr. gobernador, de fecha 13 de Junio, en la que mani<» 
fiesta que el Sr. Barrera tenia una inmensa mayoria de sufragios, que habia sido 
votado por sus amigos y que estaba dispuesto á sostenerlo á todo trance.* •••••• 

Y después, para colmo de tan funestas chanzas, nos viene diciendo, el 26 del mes 
que espiró ayer, el señor redactor del periódico oficial de esta capital en su artí- 
culo de fondo, que es incuestionable que el Sr. D. Pantaleon Barrera ha obtenido 
una inmensa mHyoría de sufragios para gobernador del Estado. ¿Es posible, se- 
ñores? ¿En qué pais vivimos? ¿Bajo qué forma de gobierno? ¿Podrá liberal 
alguno soportar tan pesada burla? Yo apelo al buen sentido de vdes. señores y 
al juicio de la opinión pública. 

''Fundado en estos datos debo advertiros que tengo que hacer observaciones 
muy serias desde el primer paso en que se trate del ex&men de nuestras credea^ 
ciales. Mas, hablando con franqueza, no me hallo en plena libertad para expre- 
sar mis pensamientos. La actitud hostil y amenazadora que tiene en la actuali' 
dad el gobierno que se ha rodeado de bayonetas, so pretesto de orden público, 
me impone sobremanera, y protesto no volver á hablar mientras no desaparezca 
tal coacción. 

''He observado que os han hecho impresión mis palabras, "so pretesto de orden 
público." Sí, señores, lo repito; porque si el gobierno ha obrado bien y la vota* 
cion ha sido voluntaria y libre, yo soy el primero que me mostraré dócil k incli- 
nar la cabeza ante la voluntad universal del Estado. Y no creo que haya uno de 
nosotros que sea de sentir opuesto; ni posible es que si hay algún puñado de lo* 
eos ó exaltados que quieran hacer prevalecer su voluntad particular, no sean éstos 
confundidos y anonadados por la inmensa mayoria á que nosotros mismos perte- 
necemos. Lo cual, siendo así, ¿qué necesidad hay de tener sobre nuestras cabe*» 
zas tanto aparato de fuerza? 



~6l — 

'^Ooocluyo, puei, presentando á U ilustrada deliberación de VV. SS. las siguiea- 
ten proposiciones. 

''I. ^ La junta preparatoria del congreso acuerda pasar al gobierno atento ofi- 
cio; suplicándole retire desde luego á sus cantones y cuarteles la fuerza armada 
que ha reconcentrado en la cindadela de San Benito, á fin de que sus delibera- 
ciones se verifiquen con plena libertad. 

^2. ^ Serán excluidos desde luego de esta H. junta los representantes de los 
distritos electorales, cuyos espedientes en forma aun no hayan llegado al H. con- 
sejo, y que por consiguiente no los haya pasado á esta H. junta, porque no es po- 
sible examinar la legalidad de sus credenciales. 

Mórida, Julio 1. ^ de l857.^Pablo García.'' 



Pasaron asf las cosas, y en la última junta preparatoria, después de haberse 
aprobado sin examen las credenciales de los señores diputados de Valladolid, Iza- 
mal y Hecelchakao, se dignó el H. congreso acordar que nos llamasen al Sr. Her- 
rera y á mí,, que nos habiamos separado por la misma causa yá expresada. He 
dicho que las credenciales de los señores diputados de Valladolid, Izamal y He« 
celchakao, fueron aprobadas sin examen, porque siendo, en mi concepto, todo el 
fundamento de ellas las boletas en que están consignados los votos ó expresada 
la voluntad de los electores, claro es, que sin el examen de dichas boletas, no po* 
dia saberse si la credencial fué bien ó mal librada; pues podia suceder, como di** 
cen que pasó en Izamal, que habiendo los electores votado para diputado á un Sr, 
Gamboa, hubo no sé qué extravio de paquetes y metamorf&sis de otros, resultan- 
do que la junta de escrutadores librase credencial al Sr. D. Quintín Pastor; y tal 
vez por esta causa no aparecieron las boletas. En cuanto al H. diputado de He- 
celchakan, es también sensible que se hubiese prescindido de sus boletas, porque 
como se asegura generalmente que los mismos electores lo votaron para diputado 
y para gobernador, cosa á la verdad ridicula é ilegal;' porque siendo cargos esen* 
cialmente incompatibles en lodo gobierno liberal, la pretensión de acumularlos en 
un mismo ciudadano, supone una crasa ignorancia de nuestros primeros principios 
de derecho político, y es muy dudoso que deban admitirle tales votos provenien« 
les palpablemente de un origen viciado, y que se van á computar dos veces en fa- 
vor de un mismo individuo para atribuirle caracteres opuestos y repugnantes. Sea 
lo que fuere, instalado el H. congreso, se dignó, como he dicho, llamarnos á su 
seno, y nos presentamos dóciles y sumisos con la esperanza de que en adelante se 
nos guardarían los fueros y derechos inherentes á nuestro elevado carácter. 

Desgraciadamente no fué as!. El H. cuerpo nos aguardaba tan solo para reci- 
birnos el juramento de estilo, y sellar nuestros labios después de esta formalidad, 
imponiéndonos, por decir así, el mas degradante silencio. Prestado el juramento, 
pedí que se me leyese la acta de la primera junta que habia visto publicada en el 
periódico oficial Las Garantías Sociales, haciéndoseme una imputación injuriosa, 
cual la de haber descendido á razones agenas de mi misión; y con este motivo hice 
las rectificaciones que todo? habrán visto en la carta que el Sr. Herrera y yo di- 
rigimos al señor redactor de dicho periódico, que se sirvió insertarla en el náme* 



— 62 — 

ro 276. Síd embargo, el sefior presidente resolvió y mandó que no coostaie en 
el acta que habia hecho tales rectificaciones, y lo mismo determinó respecto de la 
opinión que suscrita por nosotros dos presentó el Sr. Herrera, acerca de las cre- 
denciales aprobadas de que antes he hablado, y cuya opinión incluimos al final de 
la carta dirigida al señor redactor de La» Garantías Sociales, para conocimiento 
del público. La carta dice asi: . 

'^Sr. redactor de Las Garantía Sociales, — Su casa, Julio 4 de 1857.— Muy se- 
ñor nuestro y apreciable amigo. — En el número 275 de su interesante periódico 
oficial, correspondiente al dia de ayer, al fin de la parte oficial, hemos visto pu- 
blicada la acta de la primera junta preparatoria del congreso constituyente del Es- 
tado; y como la redacción de este documento fué aprobada sin nuestra audiencia, 
notando que adolece de algunas ligeras inexactitudes, esperamos de su voluntad 
se sirva dar cabida en las columnas de su citado periódico á las siguientes rectífi* 
clones que hacemos en gracia de la verdad. 

''No es exacto que concluido el nombramiento de presidente, vice y secretarios 
hiciese el primero, en virtud del art 34 de la convocatoria, la aclaración de quedar 
instalada la junta. No señor. Concluido el nombramiento, el Sr. presidente man- 
dó dar lectura á los artículos de la citada ley que tratan de las juntas preparato- 
rias del H. congreso, y terminada la lectura iba á proceder desde luego al nom- 
bramiento de las comisionen para el examen de las credenciales, cuando el Sr. 
Garcia pidió la palabra y manifestó que lo primero que debía hacerse era declarar 
instalada la junta, y que hecha la declaratoria pe le permitiese el uso de la palabra. 

''Así se hizo en efecto, y aunque el Sr. García, usando de la palabra pudo emitir 
desde luego su proposición, lo que prueba que estaba en su derecho, se abstuvo 
prudentemente de hecerlo, contentándose con anunciar que la consideraba de pre- 
via resolución al nombramiento ^e comisiones y á cualquiera otro acto de la H. 
junta; pero que como sus fundamentos envolvían ciertos cargos contra el superior 
gobierno, á quien no acusaba por entonces, le parecía mejor y pedia que se le oye. 
•e en sesión secreta. Roló al principio la discusión sobre si la sesión debía ser 
secreta 6 pública para oír la proposición que anunciaba como preliminar el Sr. 
García, sosteniendo el Sr. Brito el segundó extremo; mas habiendo manifestado 
el promovente que estaba dispuesto á hablar en secreto ó en público, y que solo 
por prudencia y miramientos al superior gobierno habia pedido lo primero^ el Sr. 
presidente hizo cambiar la cuestión y poner á discusión no el cómo debia oirse al 
Sr. García, sino si este Sr. tenia derecho á ser oído; de lo que resultó que se de- 
clarase por mayoría de seis contra tres que no tenia derecho de hablar ni en secre- 
to ni en páblico, y esta resolución ocasionó nuestra protesta y separación de un 
cuerpo que se negaba á oir á uno de sus miembros, por estar dividido en dos frac- 
ciones que se hacen una ciega oposición, como se descubre desde el primer paso. 
Por lo demás, no es cierto que el Sf. García hubiese descendido á otras razones 
agenas de su misión, que desearíamos oir, ni sabemos con qué intención se hay ao 
estampado tan ambiguas yoces, ni qué significación pretenda atribuírseles. Muy 
estraño es, que no habiendo enunciado dicho señor su proposición, se baya pre- 
tendido adivinar su pensamiento, imputándosele ideas de que estaba muy ageno. 



— 63 ~ 

'^Aunque estas rectificaciones las hizo el Sr. Gkircfa en la sesión de hoy^ á que 
fífimos llamados á última hora por el H. congreso, y aunque el Sr. secretario Lie. 
D. Juan Antonio Esquivel, se anticipó á satisfacerlo, manifestando en la misma 
sesión, que por equivocación del copista se puso en la acta que se dio á la impren* 
ta ''pero el Sr. García descendiendo á otras razones agenas de su misión,** en lu- 
gar de ''pero el Sr. García descendiendo & otras razones no agenas de su moción;'' 
como el sefior presidente se ha negado á que en la acta de este dia se exprese que 
se trató de tales rectificaciones, no hemos vacilado en dirigir á vd. estas lineas, para 
que sirvan de satisfacción al público imparcial é ilustrado, k cuyo inexorable fallo 
sometemos nuestra conducta. 

'También queremos hacerle sabedor de que en la misma sesión de hoy, k cuya 
conclusión asistimos, hicimos una sencilla manifestación concebida en estos tér« 
minos: ''No habiendo tenido intervención en la sesión del dia S; esto es, en la se. 
ganda junta preparatoria, en que se trató de la validez de las credenciales, y i que 
no concurrimos por los motivos que constan en la acta del dia 1. ^, expresamos 
naestro sentir en contra de la aprobación de las credenciales de los sefioree dípu> 
tados de Valladolid, Izamal y Hecelchakan, po r no existir las boletas en que de- 
be» estar consignados los sufragios de aquellos distritos; tanto por ser estos la 
competente documentación de su elección, como porque no podia descubrirse si^ 
hubo error ó fraude en la corop utacion de los referidos sufragios, cuya circuna-* 
tañcia en concepto de la ley de convocatoria arguye nulidad.** 

"Sin mas particular, tenemos el honor de suscribirnos sus afectísimos amigoa y 
8S. SS. Q. S. M. B.— Jiían José Herrera.— Pablo García J' 

Sufrimos con paciencia esta primera repulsa, acompañada de las demostraeio** 
nes mas hostiles que usó para con nosotros el H. Sr. presidente Barrera, y luego 
que comenzó el escrutinio de votos para gobernador en la sesión del dia 7 del cor« 
riente, supliqué que se me leyesen los nombres de los votantes para poder juzgar 
- si habia supuestos, ó si un mismo elector habia emitido mas de un voto. Hízose 
así, en efecto, en el primer periodo de la sesión permanente de escrutinio, que du- 
ró de las diez ú once del dia hasta las tres de la tarde. Al empezar el segundo pe- 
riodo á las cinco de la tarde, el Sr. Pastor hizo proposición para que no se siguió- 
sen leyendo los nombres de los votantes, y el congreso lo acordó. Entonces, acer» 
candóme á la mesa, empezó k inspeccionar las boletas, y á pedir que se escluyesen 
como viciosas las que encontré sin firma del empadronador, sin la del votante, 6 
sin ambas, ó con una falsa firma; esto es, suscritas por ciudadanos ¿ cuyo favor no 
estaban libradas y sin expresar si lo hacian á nombre del duefío; y en efecto; fue* 
ron excluidas sin oposición de nadie. 

Continuó la sesión permanente el dia 8 y al procederse al escrutinio ó examen 
de los votos de la secciones segunda y tercera de Espita, hice notar que hablan bo« 
letas fechadas por el empadronador el dia 2 de Mayo, cuando era imposible que 
existiese tal empadronador con arreglo k la convocatoria; y mi indicación no sola- 
mente no fué tomada en consideración, sino que se miró con el maa alto despra* 
ció, mandando el H. Sr. presidente Barrera que continuase el eacmtinio; esto es, 
el hecho de contar materialmente y sin eximen las boletas que coateniaii loa ex- 



— 64 — 

pedientes. En el segundo periodo de la sesión de este dia, tocó la presidencia al 
H. Sr. Brito, por haber faltado el Sr. Barrera, y se continuó el escrutinio, apar- 
tando siempre las boletas viciosas de que he hfvblado, y tom&ndose en considera- 
cion la observación que hice sobre aparecer tres diferentes empadronadores en la 
sección única de Chichimilá, que se reservó para después. 

Por fin llegó el dia 9, y bajo la presidencia del Sr. Barrera se abrió el primer 
expediente del sétimo distrito electoral, cuyas boletas, las primeras que tomé in- 
distintamente, observé que no estaban firmadas por el votante sino por un cual- 
quiera y en su propio nombre, lo que las hacia pertenecer al número de las que 
hasta entonces se habian excluido. Apenas apunté la especie, cuando el Sr. Pas- 
tor la combatió diciendo que todas las boletas de los expedientes debian admitirse 
cin examen, porque las habian admitido las juntas seccionales electorales, únicas 
competentes para admitir ó desechar ios votos, y que el H. congreso no tenia que 
hacer otra cosa mas que contar simple y materialmente las boletas, pues yá no era 
tiempo de reclamaciones. En vano el Sr. Herrera y yo pedimos por repetidas ve* 
ees la palabra para discutir la admisión de las boletas falsas, hasta el punto de ha- 
ber interrumpido al señor presidente cuando mandaba á la secretaría que pregun« 
se al congreso si admitia las boletas: en vano solicité que se abriere la discusión y 
que se me dejase hablar: levantáronse cuatro señores diputados, entre ellos el H. 
presidente Sr. Barrera, inmediatamente interesado en la admisión de las boletas, 
y por la votación de cuatro, inclusive el interesado, contra tres, los señores diputa* 
dos de la capital y yo (pues faltaron los Sres. Brito y Medina) quedó acordada la 
admisión de toda boleta. Vehemente sensación de cólera experimentamos al ver 
el modo tan injusto y despreciativo con que se nos trataba, negándosenos en se- 
sión pública y ante un numeroso concurso que ocupaba las galerías, el uso de la 
palabra, el derecho de discutir y la facultad de reclamar las nulidades de la elec- 
ción. Imposible me fué dejar de decir que se consignase mi voto en contra y ma- 
nifestar la necesidad de separarme de un cuerpo que se negaba á oirme, que no 
me otorgaba los derechos de mienbio y que barrenaba la ley que me concedia la 
inviolabilidad de mis opiniones, que no se me permitía proferir. Asi fué que con- 
tinuando la sesión pública, después de unos momentos de sesión secreta, nos sepa- 
ramos el Sr. Herrera y yo. 

El dia 10 enviamos al congreso nuestra protesta de separación que nos contes- 
tó el mismo dia, cuyos documentos son estos: 

^'Diputaciones de Mérida y Campeche. — Inclusa hallarán vdes. señores nuestra 
formal protesta y separación del H. congreso, con la que esparamos se sirvan dar 
cuenta al continuarse la sesión permanente del escrutinio de votos para goberna- 
dor del Estado, dignándose acusarnos recibo. Ofrecemos á vdes. señores las se^ 
gurídades de nuestra consideración y aprecio.-— Dios y Libertad. Mérida, Julio 
10 de 1857. — Juan José Herrera. — Pablo García. — Sres. secretarios del H. con- 
greso del Estado. 

^H. CoNORBSO. Vuestra honorabilidad ha sido testigo de lo ocurrido ayer al 
continuarse la seaion permanente de escrutinio de votos para gobernador, y esto 
nos escuea de entrar en explicaciones. 



— 65 — 

Ultrajada gratuita y altamente la dignidad de nueatrat repreaentacionea con el 
hecho frecuente y repetido de menospreciarse públicamente nuestras masjustaa 
obaerTacioneSy cual la que entre otras hizo la diputación de Campeche aeerca de las 
boletas de la segunda y tercera sección de Espita, emitidas en favor del honorable 
presidente Sr* Barrera, y que aparecen firmadas por el empadronador el 2 de Ma- 
yo último, lo que está demostrando 9u falsedad; y abochornados, porque en sesión 
pública se nos niega arrogantemente el uso de la palabra, el derecho de discutir y 
la facultad, que aun á los simples ciudadanos concede el art 19 y áltimo de loa 
adicionales de la convocatoria espedida el 24 de Abril último, de reclamar la nuli- 
dad de las elecciones en la necesidad de respetar nuestra dignidad de ciudadanos 
y mas especialmente h. de nuestro elevado carácter de representantes de dos distri*» 
tos electorales, protestamos solemnemente á la faz del Estado que noa separamos 
del H. congreso, dejando á salvo los sacrosantos derechos de nuestros representa- 
dos, y sometiéndonos al juicio de nuestros conciudadanos. 

Rogamos á vuestra honorabilidad, á quien debemos el mas profundo respeto, 
se digne aceptar nuestra protesta, juntamente con la que hacemos á nombre y en 
gracia de nuestraa representaciones, por haberse continuado ayer el intereeantisi« 
mo acto del escrutinio con la sola presencia de cinco honorables miembros, los 
Srea. Barrera, Esquivel, Zetina, Villamil y Pastor, no siendo este número la mi* 
tad y uno mas de nueve que integran el H. cuerpo. 

Mérida, Julio 10 dj 1867. — Jitan José Herrera, diputado por Mérida.— Poiia 
García, diputado por Campeche. 

Congreso del Estado libre de Fticaton.— Habiéndose impuesto el H. congreso, 
en sesión secreta del dia de hoy, de la comunicación que con la misma fecha le 
dirigieron vdes., señores, por conducto de esta secretaria, que incluye una protesta 
de separación de su seno, ha acordado se dé la contestación siguiente: — ''Que des- 
pués de ver con sumo desagrado los términos en que eutá concebida, por ser alta- 
mente irrespetuosos y ofensivo^ á la dignidad de la representación del Estado; re- 
suelve, que no permitiendo á ningún ciudadano el art. 52 de la convocatoria de 24 
de Abril áltimo negarse & desempeñar el encargo de diputado, sin causa justa que 
debe calificar la legislatura, para cuya circunstancia no es suficiente una protesta, 
sino que debe preceder dimisión formal y fundada, desde luego están los Sres. Oar- 
cia y Herrera en el deber df eontinnar eoneurriendo & las sesiones, mientras no 
tengan una razón legal ajuicio del cuerpo."-«-^Lo que tenemos la honra de comuni- 
car á vdes., señores, como resultado de su citada comunicación de esta fecha, pro- 
testándoles las seguridades de nuestro particular aprecio.^— Dios y Libertad. Mé- 
rida, Julio 10 de 1857. — Juan A. Esquivel, diputado secretario.— Jiwé D. ZktinOf 
diputado secretario. — Sres. diputados D. Pablo García y D. Juan José Herrera. 

Ya veis, conciudadanos, la breve relación de lo ocurrido á vuestro representan- 
te en la legislatura. ¡Decidme ahora, si era posible que desempeñase mi misión, 
que correspondiera i vuestras eaperanzas, que redamase vuestros derechos, redu« 
cido i la miserable condicioB de diputado iii«do y ciagol ¿Me hubierais acaso 
elegido si la naturakaa me tavisra privado de tan preciosos órganos? ¿Qué di-> 

9 



— fí6 — 

riáis de mí ei en la época que atravesamos, tan expuestos á ser redacidoa á escla- 
vos si no velamos y trabajamos sin descanso para impedir que se falsee la libre 
voluntad del ciudadano, hubiese permanecido mudo y ciego en el congreso? ¿Qué 

diriais? ¿No tendriais razón para despreciarme, escarnecerme, execrarme y 

arrojarme fuera de vuestra sociedad? Hablad, pues, conciudadanos* Vuestro 
juicio es para mí infalible 6 inapreciable, y si estoy en error, toca á vosotros alum- 
brarme y corregirme. Sé que debo á vuestros ejemplos la firmeza de mi espíritu, 
la resignación á todos los males, y ese noble sentimiento de dignidad y de libertad 
que me anima y conduce por la estrecha senda del honor, y esto me hace aguar- 
dar con confianza vuestro fallo, seguro que me ordenareis preferir la muerte á la 
degradación y á la deshonra. 

El H. congreso, que ha quebrantado para con vuestro .representante la convo- 
catoria y todas las leyes del mundo, invoca en vano la misma ley para obligarlo á 
asistir á las sesiones y continuar siendo el objeto de sus ultrajes. Muy lejos de 
mí el pensamiento de hacer dimisión de mi encargo: toca á vosotros, ai quereia, 
despojarme del carácter de vuestro representante. Hacedlo en buena hora; ten- 
dré la satisfacción de devolveros ei depósto que me habiais confiado, tan ileso, tan 
puro y tan respetable como lo pusisteis en mis pobres manos; y perdonadme, 
atribuyendo mi error al celo que me inflama por la conservación de vuestra digni- 
dad y de vuestro merecido renombre. Sabed que para mí la dignidad del ciuda- 
dano es la primera virtud cívica, es una joya preciosísima, inestimable, que en- 
cierra el valor de todas las demás virtudes. Con ella, si hombre es libre, justo, 
bravo, sufrido y noble: sin ella, es ente vil y despreciable. Su pérdida causó el 
desmoronamiento y desaparición del imperio romano: su presencia en ei corazón 
de los bárbaros fué el principal elemento de la civilización moderna. 

Campeche, Julio 15 de 1857. — Pablo García. 



NUMERO 18. 

(Citado en la página 103.) 

PRONUNCIAMIENTO DE CAMPECHE. 



En la ciudad de Campeche, & loa nueve días del mes de Agosto de mil ocbo- 
cientoB cincuenta y siete año», reunidos loa infrascritos con motivo del eatado de 
alarma y de consternación en que ae halla el vecindario, y cuyo estado se hace íih 



-67- 

«oportable por su prolougacion indefinida é incierto término, y considerando que 
los sentimientos de esta población están pronunciados del modo mas esplicito, 
acordaron, establecer los articulos siguientes: 

1. ^ El pueblo de Campeche desconoce al actual soberano congreso y gober- 
nador del Estado, por no haberse celebrado la elección de estos poderes con la 
debida libertad. 

2. ^ Cesa en sus funciones el actual ayuntamiento, y se nombra en su lugar 
para alcalde 1. ^ al ciudadano Miguel Domínguez; 2. ^, ciudadano José M. Her- 
nández; 3. ^ , ciudadano Juan Méndez. Regidores, CC. Miguel Urbina, Jx>8é 
García y Poblaciones, Joaquin Maury, Perfecto de Baranda, José Méndez, Fran- 
cisco Colomé, Eduardo Berron, Benigno A. Rodriguez, Leandro Dominguez, 
Ooillermo Pérez. Procuradores, 00. José del Rosario Hernández y Francisco 
Estrada Lambert. 

3. ^ Queda reducido á la mitad el derecho de patente que deben pagar las 
tiendas de pulpería por la venta de licores al menudeo. 

4» ^ Los matriculados de mar quedarán exentos de todo servicio en la guar- 
dia nacional, sin perjuicio del que presten el que las actuales circunstancias exijan, 
todo conforme á las leyes y órdenes del Supremo Gobierno. 
' 5. ^ Para que el Estado no quede acéfalo mientras se establece el orden en 
todo él, proclamamos gobernador y comandante general al Sr. D. José María Yar- 
gaSi quien dispondrá, tan luego como la opinión se uniforme en todos los pueblos, 
que las elecciones de los supremos poderes se verifiquen nuevamente con entera 
libertad y sin la intervención de las autoridades de cualquiera orden que sean. 

6. ^ No mereciendo la confianza pública el administrador y vista de la adua- 
na marítima de este puerto por sus intimas relaciones de parentesco y amistad 
con los enemigos de la libertad y progreso del pais, quedan desde luego separados 
de sus destinos, nombrándose para reemplazar al primero al ciudadano Miguel 
Errazquin, quien con el empleo de contador de dicha aduana fungirá de adminis- 
trador mientras el Supremo Gobierno nombra á este empleado, sin perjuicio de 
que & la brevedad posible afiance su manejo como contador conforme á las leyes. 
Para el segundo fungirá interinamente el empleado á quien nombre el administra- 
dor funcionario. 

7. ^ La autoridad política y militar de este distrito quedará en manos del ciu* 
dadano Pablo García, Jefe de las fuerzas pronunciadas que ocupan la linea de 
Santiago y Soledad. 

8. ^ Se nombra en comisión á los CC. Juan Méndez y Miguel Errazquin pa* 
' ra que acercándose al jefe de los pronunciados le supliquen, en nombre de los in- 
frascritos, preste los ausilios tie sus fuerzas para sostener los anteriores acuerdos, 
quedando investido de las mas amplias facultades para conservar el orden y tran- 
quilidad pública, y atender k los diversos ramos de administración ínterin se es- 
tablece el gobierno proclamado por este plan.— Santiago Martínez. — Agustín Ur- 
dapilleta. — Carlos Argaiz. — Antonio Castillo.— Leandro Dominguez. — Perfecto 
Baranda. — José Dolores González. — Andrea Ibarra. — Miguel Urbina. — Juan J. 
Donde. — Eduardo Casares. — Pedro Zaldívar.— José Joaquin Artiñano. — Juan de 



~ C8- 

la Cabada. — Bamon de Lanz. — José M. Hernández. — Joaquin UroM.«-^Joaqu¡n 
Maury. — José R. Sevilla, — José Encarnación Donde.— Pedro Soler. — José Teo- 
doro Rodriguez. — Lúeas Sánchez Tutosaus. — José Castellot y Palacios. — Luis 
López. — Juan de Estrada. — Francisco de Estrada. — Domingo Duret. — Laureano 
Ruiz. — Miguel de Eirazquin. — Florencio Soto. — Donaingo Quintana. — Miguel 
Domínguez. — Miguel G. Gutiérrez. — Juan Ramón. — Benito Antezana. — Mauri- 
cio Moreno Guerra. — Eustaquio Meneses. — Pedro Ruiz. — Manuel A. Sosa. — 
Fraucidco Campos. — José de Jesús Hernández. — Román Rodríguez.-^ Demetrio 
Argaez. — Luis Aguilar. — Benigno A. Rodriguez. — Jacinto Ferráez. — Apolinario 
Zepeda y Peraza. — Francisco García. — Domingo Cáceres.— Felipe Cleques.— 
Pedro Delgado. — Francisco Fernandez. — Francisco Canepa,— José M. Marrufo. 
—Ángel Gómez. — Guillermo Pérez. — Gumesindo Dominguez. -^Clemente Abren. 
—Pedro Murcia. — Manuel Alfaro. — Lázaro Can. — José M. Minaya.-^Rosa Guer- 
rero. — Anselmo Mut. — José M. Peralta. — Narciso Carbajal. — Sebastian Gual. — 
Laureano Ruiz. — Agustín Donde.— Antonio Gual. — José Colomé. ^Marcelino 
Cabtiilo. — Felipe Cáceres. — José M, Prevé. — Justo Ruz. — José Dolores Gómez. 
— G. Aguilar. — José M. Hernández.— Eduardo Vadillo, — Luis Cáceres. — Leo- 
nardo Galeano. — Ramón Solis. — Manuel González Montero. — Juan^ Méndez.— 
J. del R. Herhandez. * 



Fuerzas pronunciadas.^Se ha acercado á nosotros una comisión compuesta de 
los Sres. Lie. D. Juan Méndez y D. Miguel Errazquin, nombrados por la parte 
de esta población que no compone las fuerzas de nuestro mando, presentándonos 
una acta suscrita por muchos vecinos respetables que nos ruegan les prestemos el 
apoyo de nuestras fuerzas para sostener sus acuerdos. Las noticias que circulan 
de haberse pronunciado una gran parte del Estado que está todo agitado y con* 
movido, y en cuyos destinos influye tan poderosamente el partido de Campeche^ 
y este incidente, pueden interrumpir la tregua de que gozamos, ó mejor dicho^ 
abreviarla, porque siendo las fuerzas que mandamos puramente del seno del pue- 
blo, no podríamos sin inconsecuencia y sin exponer la ciudad á gravísimos con- 
flictos, rehusar el apoyo del pueblo á ciudadanos honrados y pacíficos que cons* 
tituyen parte de él, y con el cual están identificados. 

En este concepto, y puesto que no podemos romper las hostilidades sino de 
común acuerdo, porque las cosas se deshacen del mismo modo que se hacen, es* 
peramos que V. S., conferenciando con los precitados ciudadanos por si miemos, 
ó por los comisionados que tengan & bien nombrar, se penetre de la necesidad en 
que se halla de someterse al adjunto pian, que es la mas clara y palpitante expre- 
sión de los sentimientos uniformes y legítimos de toda esta población que ha visto 
siempre á V. S. con el mas alto aprecio y respeto por los filantrópicos y nobles 
sentimientos que ha tenido ocasión de observar en V. S., gozando de sus benéfi- 
cos efectos en el periodo de cerca de tres años que hace desempeña los nrandos 
militar y político. 

Nos prometemos que Y. S., respetando k manifiesta voluntad de todo el pueblo, 
y prestándole el últinao y el mas interesante de todos los S6r?icioS| cual es evitar 



— 69 — 

(a efiwion de MDgre y la ni¡Da de las propiedadet | ademas de ios desórdenes con* 
siguieiites á toda función de armas, se prestará á entrar en un arreglo honroso 
qne salre la situación de ambas partes, sin oponerse a las justas y necesarias exi- 
gencias del pueblo, cuya voluntad deberíamos ambos apoyar atendidas las instíta- 
ciones liberales que nos rigen. 

Mas eoiBo V. S. puede creerse tal vea en el deber de reprimir desde luego á los 
nuevos pronunciados, lo que equivaldría k la ruptura de las hostilidades, espera- 
^os se sirva manifestarnos su sentir para que sujetemos i él nuestras operaciones 
militares; y si no, para que arreglemos el modo de tomar posesión de la plaza, 
medíante una capitulación honrosa de las tropas de su digno mando. 

Protestamos á V. S. nucbtras demostraciones de aprecio y consideración. Dios 
y. libertad. Cuartel de la maestranaa, 10 de Agosto de 1857.— Pa¿ío Oarcia.^^ 
Pedro de Baranda. — Irineo LavalU. 



Comandancia militar de la plaza de Campeche. — Como á la una y media del 
dia de boy se allegaron k mi los Sres. Lie. D. Juan Méndez y D. Miguel Erraz- 
quin poniendo en mi poder la comunicación oficial de vdes., en que se sirven ma* 
nifestarme que dichos dos señores nombrados por la parte de esta población que no 
compone las fuerzas de su mando, se acercaron i vdes. rogándoles les prestasen 
su apoyo para sostener los acuerdos que constan de una acta suscrita por cierto 
número de ciudadanos, y la que recibí en unión de dicha comunicación. Impues« 
to estoy del tenor literal de ésta, asi como de los expresados acuerdos de aquella 
aqta; y dando á vdes. las gracias debidas por la atención con que me indican que 
esta población siempre me ha visto con alto aprecio, la que sin duda alguna está 
correspondida, he deliberado, conciliando el estado de consternación y conflicto 
en que se halla esta ciudad, con el honor de la guarnición que está k mis órdenes, 
reunir á todos los jefes y oficiales que la componen para saber la opinión de cada 
uno; y ha resultado quedar por unanimidad nombrados en comisión los Sres., go • 
ronel de guardia nacional D. Manuel Oliver, y comandante del batallón activo de 
esta plaza, teniente coronel D. José María Heredia y Peón, quienes unidos á los 
señores nombrados por parte de vdes., estipulen y convengan un arreglo honroso 
para las armas del Supremo Gobierno, que satisfaga el honor de los individuos 
que componen esta guarnición y dejen zanjados todos los inconvenientes y difi- 
cultades que puedan presentarse, k cuyo efecto se hallan completamente facultados. 

Protesto á vdes., con tal motivo, todas las consideraciones de mi aprecio y 
amistad. Dios y libertad. Cuartel de artillería de Campeche, á 10 de Agosto de 
1857.— J^tfjrenío ülloa* — Señores jefes de las fuerzas pronunciadas. 



En la muy H. y L. ciudad de Campeche, á los diez dias del mes de Agosto de 
mil ochocientos cincuenta y siete, reunidos en la mayoría de órdenes de la plaza 
los Sres., coronel de guardia nacional D. Manuel Oliver, y teniente coronel del 
batallón activo D. José MarSa Heredia y Peón, comisionados por el Sr. coman* 
dante militar, general D. Eugenio Ulloa, 7 los ciudadanos Pedro de Baranda é 



-70- 

Irineo Lavalle^ comisionados por el jefe de las fuerzas pronunciadas, ciudadano 
Pablo García, para tratar del modo cómo esas fuerzas han de prestar el apoyo 
que les pide una parte considerable de esta población, en su acta levantada con 
fecha 9 del corriente mes, han celebrado el convenio siguiente: 

Art. 1. ^ Los jefes y oficiales que componen esta guarnición, saldrán de sus 
cuarteles y puestos que actualmente ocupan, con los honores de la guerra. La 
tropa de la misma, tanto veterana como de milicia activa y guardia nacional, que 
manifieste terminantemente su voluntad de ir á sostener el gobierno del Estado, 
lo hará llevando un fusil y dos paradas por plaza. 

Art. 2. ^ Para que los jefes, oficiales y tropa puedan emprender su marcha 
hasta la capital del Estado, la que deben hacer indispensablemente por mar, de 
este puerto al de Sisal, los jefes de las fuerzas pronunciadas les procurarán el trans- 
porte, viveres y media paga de sus empleos respectivos. 

Art. 3. ^ Todos los que no pudiesen ó quisiesen emprender la marcha y per- 
manezcan en esta plaza, se les garantizarán sus personas conforme á las leyes; y los 
heridos 6 enfermos que se hallan en el hospital, pertenecientes á las fuerzas del 
gobierno, serán atendidos y .socorridos hasta que se les dé de alta.> Igual consi* 
deracion se les guardará á los oficiales heridos que permanezcan en sus casas. 

Art 4. ^ El jefe de las fuerzas pronunciadas nombrará una persona para re- 
cibir los cuarteles, piezas de artillería y demás efectos de guerra de la nación. 

Art. 5. ^ En cuanto sean ratificados estos convenios, el jefe de las fuerzas 
pronunciadas queda en libertad de ocupar los puntos de la plaza que estime por 
conveniente. 

Art. 6. ^ De estos convenios se firmarán dos ejemplares: uno que quedará en 
poder del Sr. general D. Eugenio Uiloa, como jefe de las fuerzas del gobierno; y 
otro en el del jefe de las fuerzas pronunciadas. 

Comisionados por las fuerzas del gobierno. — Manuel Oliver. — José Mafia He- 
redia Peón, — Comisionados por las fuerzas pronunciadas. — Pedro de Baranda,'*^ 
Irineo Lavalle. — Ratifico. — Eugenio Ulloa, — Ratifico. — Pablo García^ 



A LOS CAMPECHANOS. 

¡Leales y esforzados compañeros! Acabáis de dar & la historia la mas hermosa 
página que no registra en sus anales ninguna nación del mundo. 

Ofendidos en vuestro corazón con la presencia de un poder que por sarcasmo 
se llama popular, y del que no podíais esperar mas que desolación y miseria, re- 
solvisteis sacudir tan ominoso yugo y estirpar al mismo tiempo los mas graves 
abusos que notabais. No teníais mas recurso que el de la fuerza, y ésta no se 
hallaba en vuestras manos. ¿Qué hicisteis? Resueltos á inmolarlos en las aras de 
la patria, os lanzasteis inermes, llenos de fé y abrazados en el fuego de los senti- 
mientos mas puros y legítimos á una lucha la mas desigual y desventajosa que 
pueda darse, y en la que el brazo del Señor, que peleó en vuestra ayuda, fué lo que 
únicamente pudo haceros predominar. 



— 71- 

En esta lucha habéis dado el ejemplo de la roas acrisolada moralidad, y yo re- 
cordaré siempre con sublime placer haber pertenecido á vuestras filas. • • • • • 

Duefios del terreno, solo nos resta prepararnos para castigar al osado que pre- 
tenda subyugarnos nuevamente, y prestar nuestro ausiKo k los demás yucatecos 
desgraciados. 

¡Que el cielo no nos niegue jamas sus bendiciones! 

Campeche, Agosto 12 de 1867, — Pablo Garda. 



NUMERO 19. 

(Citado en la página 105.) 



ADHESIÓN AL PRONUNCIAMIENTO DE CAMPECHE DE LAS AUTORIDADES, 
EMPLEADOS Y PUEBLOS DEL DISTRITO. 



Juzgado de primera Í7%$tancia de lo civil del Departamento de Campeche. — Me 
he impuesto de la atenta comunicación de V. S. de fecha del dia de ayer y de la 
acta de pronunciamiento verificado en esta ciudad el 9 del corriente, que se dign¿ 
acompañarme con el objeto de que manifieste mis sentimientos acerca del plan 
que expresa; y acatando debidamente la opinión de esta población, emitida de 
un modo indudable, me adhiero á el; pero deseoso de que los que no me conoi 
cen, ó que no quieran hacerme justicia, interpretéis este paso desfavorablemente 
á mi honor, atribuyéndolo al interés mezquino é innoble de conservar el destino 
que desempeño, debo decir & V. S. con la sinceridad que me caracteriza, y que es- 
toy cierto reconoce en mí, pues he tenido el honor de tratarlo hace algunos afíos, 
conservando siempre buenas relaciones de amistad, que he sido impulsado por 
otras causas, j que respecto de mi empleo puede disponer de él cuando guste, si 
así lo tuviese por conveniente. 

Es cuanto tengo la honra de decirle en contestación i su citado oficio, reiterán- 
dole con tal motivo las seguridades de mi aprecio y consideración. 

Dios y libertad. Campeche, Agosto 13 de 1857. — Manuel Ramoe. -Señor je« 
fe político y comandante militar de esta plaza. 



— 72 - 

Subdelegacion del partido de Campeche.-^En unión del atento oficio de Y. S. de 
12 del que rige, recibí un ejemplar del acta de pronunciamiento proclamado en es* 
ta ciudad el 9 del corriente, é impuesto de ella y satisfaciendo los deseof de Y. S. 
sobre que le manifieste mis sentimientos acerca de dicho plan, debo decirle que 
estoy dispuesto á cumplimentar las disposiciones que Y. S. tenga & bien dictarme. 

Renuevo á Y. S. las demostraciones de mi particular aprecio y respeto. 

Dios y libertad. Campeche, Agosto 13 de 1867. — ilf. Méndez y Hernández. 
— Sr. jefe político y militar de esta plaza. 



República mexicana. — Administración principal de correos de Campeche. — Con 
la atenta comunicación oficial de Y. S., fecha de ayer, he recibido el ejemplar del 
acta del pronunciamiento proclamado en esta ciudad el nueve del corriente^ la que 
leida en plena oficina, y visto que en nada se opone al Supremo Gobierno general 
de la nación de quien dependemos^ ni al sistema que felizmente nos rige, desde 
luego & ella gustosos suscribimos los empleados de esta administración principal, 
dando cuenta de ello h la administración general del ramo. 

Dios y libertad. Campeche, 13 de Agosto de 1857. — Norberto de Molina.-Co' 
mo interventor, Antonio Chacón.— Como escribiente, José María Suarez. — Señor 
jefe político y militar de esta plaza, Lie. D. Pablo Garcia. 



Administración subalterna de rentas en Campeche.-^Con el atento oficio de ¥• S. 
de fecha de ayer recibí el ejemplar de la acta del pronunciamiento proclamado en 
esta ciudad el 9 del corriente, y como Y. S. me indica manifieste cuáles son mis 
sentimientos acerca de dicho plan, creo esplicarlos suficientemente adhiriéndome 
áél como lo hago en unioa de los empleados de esta administración de mi cargo. 

Lo que tengo el honor de decir á Y. S., en contestación 4 su oficio referido, 
asegurándole al mismo tiempo las protestas de mi consideración y distinguido 
aprecio. 

Dios y Libertad. Campeche, Agosto 13 de 1867. — José D. Baledon.^-8eñoT 
jefe político y comandante militar de esta plaza, Lie. D. Pablo Garcia. 



República mexicana-^Estado libre de Yucatán. — Administración subalterna de 
la renta de papel sellado en Campeche. — ^Tengo el honor de correspoRder á la nota 
oficial de Y. S. fecha de ayer en que se sirve acompañarme un ejemplar del acta de 
pronunciamiento proclamado en esta ciudad; y no obstante de ser puramente en- 
cargado por D. Carlos Maria Quijano, administrador principal del espendio de pa* 
peí sellado, le digo que conforme á los públicoii acontecimientos anteriores, en mi 
juicio ha procedido en cuanto ha ejecutado, cuerda, prudente y tranquilamente. 

Me cabe con tal motivo el gusto de protestarle mi aprecio. 

Dios y Libertad. Campeche Agosto 13 de 1867. — José Jesús ¿ovaUe.— Señor 
jefe politico y militar de esta ciudad. 



-73-- 

Sq^LbUca mexicana,'^ Juzgado de distrito de Yneatan. — He tenido la honra de 
recibir su atenta comunicación de ayer/con que me acompaña un ejemplar impre- 
so del acta del pronunciamiento verificado en esta ciudad el 9 del corriente, y ec- 
sigiéodome que al acusarle el recibo le manifieste al mismo tiempo mis sentimieo- 
tos acerca de dicho plan. No solo mis sentimientos expresaré á Y. S. en con» 
testación^ como lo exige la lealtad y la franqueza, sino también mis ideas y mi sis- 
tema de conducta oficial. 

Empezando por ésta debo decirle, que constituido por el Supremo Oobierno de 
la nación para administrar la justicia federal en este Estado, no soy mas que un 
empleado dependiente de aquel, y enteramente sujeto & sus órdenes é instruccio* 
nes. Ni V. S. ni las fuerzas de su mando han desconocido aquella autoridad su- 
prema, lo cual me dá esperanza de que tendrá un término pacífico y honroso la 
presente crisis, tanto mas cuanto la nación se haya inminentemente amagada de 
^na guerra extranjera, que sin duda hará perder su nacionalidad si el enemigo ex- 
terior nos sorprende levantados hermanos contra hermanos, destrozando el seno 
de la patria común. Por lo mismo, V. S. me debe permitir que espere las deter- 
minaciones del Supremo Gobierno, á quien he dado cuenta en cumplimiento de mi 
deber, de los sucesos ocurridos en esta ciudad, pidiéndole me traze la linea de 
conducta oficial que he de seguir, y esa es la que me propongo observar con toda 
puntualidad; en lo cual entiendo que Y. S. no ha de ponerme obstáculo ninguno, 
sino que antes bien ha de favorecerme para el lleno de un deber tan sagrado. 

En cuanto á mis ideas, tengo razones para creer que Y. S. las conoce perfecta- 
mente, porque si bien ellas pertenecen al hombre privado, muchos años hace que 
laa be profesado en público, sin que la conciencia me acuse de haberme puesto 
jamas en contradicción conmigo mismo. Soy republicano de buena fé, y. no de 
inapresiones: creo que la acción reguladora de la sociedad sobre sí misma, perte- 
nece á ésta de pleno derecho, porque Dios se lo ha otorgado originariamente; y 
profeso el dogma de la soberanía del pueblo. Por consiguiente, estoy persuadido 
que el pueblo por si, 6 por medio de sus representantes, puede cambiar su sitúa* 
cion cada vez que lo tenga por necesario, aunque razones de conveniencia públi- 
ca limiten y hayan debido limitar el derecho de insurrección contra la autoridad 
existente. Así, pues, la mayoría del pueblo da y debe dar la ley, siendo obliga- 
ción de todos los ciudadanos someterse á esa* ley, pues que de lo contrario faltaría 
en su base fundamental el principio republicano, y quedaria subvertida la socie- 
dad de un modo espantoso, introduciéndose el caos en lugar del orden, este ele- 
mento vital de la propia sociedad. Da manera, que, todos los habitantes del Esta- 
do est&n en la obligación precisa y justa de aceptar laa bases del plan proclama- 
do en esta ciudad desde que la mayoría del pueblo lo acepte, porque en este res- 
pecto, el pueblo, solo el pueblo, es el único competente para juzgar de lo que 
mas le conviene. 

Respecto de mis sentimientos, que solo son el afecto del corazón del individuo, 
y. S. no puede dudar un momento que sean muy patrióticos y fraternalea, como 
que amo í mi Estado nativo, tributándole una especie de culto; deseo ardiente- 
mente que se levante de la postración á que ha caido, y que no se prolonguen por 

10 



-74 — 

mucho tiempo lae convulsiones, de su larga y penosa agonta, sino que haga un 
esfuerzo para renacer vigoroso, no complicando la guerra civil con la social, que 
hace tantos años corroe sus entrañas. Por tanto, deseo muy cordialmente que 
todos los yucatecos se den pronto, lo mas pronto posible, un abrazo de paz y fra* 
ternidad, reuniendo sus fuerzas contra el común enemigo interior y exterior, que 
tal vez puede presentarse de un momento k otro; y que si el plan que V. S. apoya 
con las fuerzas de su mando, es de la aprobación de la mayoría del pueblo, se con- 
sume cuanto antes, porque toda la dilación seria funesta para nuestro pobre pais. 

Acepte V. S. estas esplicaciones que me creo en el deber de darle, contestando 
á su comunicación de ayer, viendo en ella la franca exposición de mi lealtad y pa- 
triotismo. Con ellas acepte Y. S. también toda mi consideración, aprecio y res- 
peto. 

Dios y libertad. Campeche, Agosto 13 de 1857'^ Justo Si^fra— Señor jefe 
político y militar de esta plaza. 



ACTA DE CHINA. 

En el pueblo de Chin», á los trece días del mes de Agosto de mil ochecientos 
cincuenta y siete años, reunidos en la audiencia pública los ciudadanos jueces de 
paz propietarios primero y segundo, y los suplentes de ambos juzgados, el alcalde 
ausiliar del pueblo de San Diego, el cacique y república de indígenas, con motivo 
de la comunicación oficial recibida del señor jefe político y militar de la plaza de 
Campeche, cabecera del partido, acompañando el acta que el dia nueve del cor* 
riente se celebró en aquella ciudad k pedimento de la población, después de ha- 
berse discutido detenidamente cada uno de sus artículos, y convencidos de la jus- 
ticia y necesidad de adoptar aquellos principios para salvar el conflicto en que se 
encuentra el Estado, convinieron en secundarlo en todas sus partes, levantando 
esta acta para su constancia, y se remita original á dicho señor jefe político con 
el correspondiente oficio de atención, firmando los componentes conmigo el secre- 
tario provisional nombrado. — Joaquin Urbina. — Matías Casanova.— José E. Ale* 
man. — Miguel Gutiérrez. — Santiago Alvarez. — Desiderio Hernández. — Por el ca« 
cique y república de indígenas, Eusebio Ibarra. — Como secretario provisional 
nombrado, Eusebio Ibarra. 



ACTA DE HAMPOLOL. 

En el pueblo de Hampolol, á los trece dias del mes de Agosto de mil ocfaocieno 
tos cincuenta y siete, reunidos los que suscribimos en la casa nacional de pste 
pueblo, con motivo del acta celebrada en la M. H. y L. ciudad de Campeche, el 
dia nueve de este mes; y considerando fundados los motivos que en ella se mani« 
fiestan, acordamos: 

Adherirnos á ella en todas sus partes. Levantando esta acta para remitir al se* 
fior jefe político y militar de dicha ciudad, con lo que se concluyó este acto que 
firmamo8.*^Juan Dondé.«— Pedro Marín.— Juan Sansores. — Juan N. Cort^.— 



- 76- 

José Gil Ortiz. — Fernando Treja^ Mateo Reyes. — Bernabé Patrón. — Julián 
León. — Santiago Godoy. — A ruego y súplica de los ciudadanos Mateo Castillo, 
Gregorio Baqueiro, Antonio López, José María Rea, Manuel Novelo, Manuel 
Fernandez, Anastasio Jiménez, José Jesús Hernández, Pedro López, Leonardo 
Avila, Norberto Heredia, Dionisio Heredia, Norberto Aragón, Nicolás Castillo, 
Joaquin Sánchez, Secundino Bustillos y Francisco Novelo, porque no saben es- 
cribir, firmo por ellos, Juan N. Cortes.— Francisco Barbosa. 



ACTA DE LERMA. 

En el pueblo de Lerma, á los catorce dias del mes de Agosto de mil ocfaocien* 
¿oa cincuenta y siete años, reunidos en la audiencia pública de este pueblo el juez 
de paz propietario y su suplente, el cacique y su república, con motivo de la co* 
municacion oficial recibida del señor jefe político y militar de la plaza de Campe- 
che, cabecera del partido, acompañando la acta que el dia 9 se celebré en aquella 
ciadad, á pedimento de la población, después de haberse discutido maduramente, 
y convencidos los componentes de la justicia de adoptar aquellos principios, con- 
vinieron en secundaria en todas sus partes, levantando esta acta para constancia^ 
acompañando con el correspondiente oficio, firmando los concurrentes conmigo 
el secretario provisional nombrado. — Ignacio Zetina. — Maximiano Garcia. — Sal- 
vador Balam. — Fermin Cantarell. — Claudio Vargas. — José de la M. Garcia. — 
Ignacio C. Zetina. — Anselmo Vázquez.— Mariano Quintero.-^Hilario Zetina.^ 
Pedro Novelo.^Félix Antonio Sosa, secretario provisional. 



ACTA DE POCYAXUM. 
En el pueblo de Pocyaxum, k loa catorce diair del mea de Agosto de mil ocho- 
eientoa cincuenta y siete años, reunidos en el lugar demás público el ciudadano juez 
de paz y su suplente, el cacique y república de indígenas y demás vecinos concur- 
rentes, con motivo de la comunicación oficial recibida del señor jefe político y mi- 
litar de la plaza de Campeche, cabecera del partido, acompañando el acta que el 
dia 9 se celebré en aquella ciudad, & pedimento de la población, después de ha- 
berse discutido detenidamente cada uno de sus artículos, y convencidos sus com- 
ponentes de la justicia y necesidad de adoptar aquellos principios para salvar el 
conflicto en que se encuentra el Estado, convinieron en secundarlo en todss sus 
partes, levantando esta acta para constancia, que se remitirá original á dicho se« 
ñor jefe político con el correspondiente oficio de remisión, firmando los compo- 
nentes conmigo el secretario provisional nombrado. —Andrés Rodriguez.-^Tomas 
Rodríguez. — Por el cacique y su república. Tomas üc. — Juan Pablo Victorio.^ 
Pbro. José Inez Castro. — Irineo Hernández, secretario. 



ACTA DE TIXMUOUY. 
En el pueblo de Tixmucny, á los diez y siete diag del mes de Agosto de mil 
ochocientos cincuenta y siete años, reunidos los infi*ascritos con el fin de secundar 
el plan proclamado en la ciudad de Campeche el dia nueve del presente mea, y 



-76- 

considerando ser de importante y urgente necesidad, lo gecuodamos, proclama* 
moa y firniamos con espontánea libertad y con repetidas muestras de júbilo por 
los habitantes de esta población. — Faustino Am&bilis, — Leandro González. — Ray- 
muodo Alcocer. — José Tiburcio Alcocer. — Albino Solie. 



ACTA DE SEYBACABECERA. 

En el pueblo de Seybacabecera, á los doce dias del mes de Agosto del año de 
mil ochocientos cincuenta y siete, reunidos los infrascritos para deliberar acerca 
del partido que deben adoptar en las actuales circunstancias del Estado. 

Considerando; Scc, tcc; en consecuencia de todo, acuerdan: 

1. ^ Está en nuestro dertcho^ desconocer, como desconocemos por la presen* 
te acta, al congreso y gobierno actuales. 

2. ^ Para que el Ebtado no quede acéfalo, proclamamos gobernador al Sr. 
D. José Marta Vargas, quien ejercerá también la comandancia general y dispon- 
drá que se repitan las elecciones con entera y plena libertad en todo el Estado, 
con arreglo k las leyes vigentes, hasta el 31 de Mayo último, haciéndose á la ma- 
yor brevedad. 

3. ^ Reconocemos y protestamos nuestra mas fiel y cumplida obediencia al 
Supremo Gobierno general. 

4. ^ Rogamos al pueblo de Campeche, cuyos sentimientos nos son coDOcídos, 
nos preste su ausilio y cooperación para el cumplimiento de los artículos anterio* 
res, k cuyo efecto escitamos con toda instancia su dignidad y liberalismo. 

5. ^ Para que estos acuerdos lleguen á noticia de todos, se dirijan ejemplares 
manuscritos á las autoridades como á los vecinos notables de Camj3eche. Para 
constancia firmamos la presente que juramos sostener. — José de la Cruz Sánchez. 
— Andrés Maynero. — Román Yanez. — Casimiro Salazar. — Antonio Perdomc— 
Telésforo Perdomo. — Gerardo Romero. — Por Isidoro Arias, Hilario Brito, Zenon 
Ferrer, Isidoro Briceño, Ignacio Che, Genovevo Muí, Francisco Canché, Garlos^ 
Perdomo, Ildefonso Rios, Nazario Insauste, Cecilio Arias, José de la Croz Mena, 
Casimiro Muí, Pedro Chan, Cayetano Pech, Eugenio Cban, Cirilo Cfaan, Ignacio 
Camal, y José María Uc, Ramón Yanez. 



ACTA DE CHAMPOTON. 

En la villa de Champoton, á los trece dias del mes de Agosto de mil ochocien* 
tos cincuenta y siete años, reunidos en esta casa consistorial los CC. que suicri' 
ben, con objeto de deliberar sobre et partido que deben adoptar en las actuales 
circunstancias del Estado. 

* Considerando que la elección de los supremos poderes del Estado no se yerífi- 
c6 coa la debida libertad, como se evidencia en el manifiesto publicado por el H. 
dipotado de este distrito. 

Que á consecuencia de esto un gran numero de pueblos del Estado han levan* 
tado el grito & mano armada contra los funestos manejos del gobierno, pasados en 
las citadas elecciones. 



— 77 — 

Qae el representante del distrito electoral á que pertenecemos, fué ultrajado en 
la legislfttara, y no se le ha dado la reparación competente. 

Que dicho representante protestó solemnemente al separarse del soberano con< 
greso, dejando á salvo nuestros sacrosantos derechos, y que por virtud de esta 
protesta no han tenido ni tienen ninguna fuerza de obligarnos los actos de los ac- 
tuales poderes supremos. 

En consecuencia de todO; acuerdan: 

1.^ Está en nuestro derecho desconocer, como desconocemos por la pre- 
sente acta, al congreso y gobierno actuales. 

2. ^ Para que el Estado no quede acéfalo, proclamamos gobernador al Sr. D. 
José María Vargas, quien ejercerá también la comandancia general y dispondrá 
que se repitan las elecciones con entera y plena libertad en todo el Estado, con 
arreglo á las leyes vigentes hasta el 31 de Mayo último, haciéndose á la mayor 

brevedad. 

3. ^ Reconocemos y protestamos nuestra mas fiel y cumplida obediencia al 

Sapremo Gobierno general. 

4. ^ Rogamos al pueblo de Campeche, cuyos sentimientos nos son bien co- 
nocidos, nos preste su ausilio y cooperación para el cumplimiento de los anterio- 
res artículos, á cuyo efecto escitamos con toda instancia su dignidad y liberalismo. 

5. ^ Para que estos acuerdos lleguen á noticia de todos, se dirijan ejempla- 
res manuscritos, asi á las autoridades como á los vecinos notables de Campeche. 

6. ^ Que por merecer toda nuestra confianza el Sr. D. Manuel Cootreras, je- 
fe político del partido, queremos permanezca en el mando. 

7. ^ Que lo mismo las domas autoridades, por el mismo motivo, hasta nuevas 
elecciones con arreglo á las leyes. 

8. ^ Que nos sometemos y solemnemente protestamos nuestro espontáneo 
adberimiento á secundar todas las disposiciones y acuerdos que celebre la H. ciu- 
dad de Campeche sobre todo lo que tenga tendencia con los puntos que abraza U 
presente. 

Y para constancia firmamos, jurando sostener su contenido conforme y en los 

términos expresados. — José Trinidad Carpizo. — Joaquin Oarcía. — Juan Rosado. 
-—Hipólito Medina. — José de la Cruz Avila. — Anacleto Maldonado.— Por el ciu- 
dadano José Dolores Castro, Manuel Peraza.^ — ^Toribio Castro. — Jacinto Portilla. 
«-Gregorio González. — José María Briceño. — José de los Angeles Micet — José 
M. Castillo.— En representación de los ciudadanos Aniceto Ontiveros, Nicolás 
Hernández, Cornelio Rosado, Ildefonso Vázquez, José M. Yerbes, Manuel May, 
Juan Ontiveros, Cirilo Chan, Romualdo Salazar y Diego Pérez, por no saber fir- 
mar, Jacinto Portilla.— Asunción Campos. — Francisco Nuñez. — Telésfero Casti- 
llo. — Antonio José Canepa. — Andrés Avelino Góngora. — José María Aguilar. — 
Blas Osorio. — Gregorio Montes de Oca. — Marcelino Rosado^ — Casimiro Char- 
les.^-Felipe Frayre. — Felipe Lara. — ^Vicente Flores. — En representación de los 
ciudadanos Federico Frayre, Hermenegildo Herraida y Atanasio León, por no 
saber escribir, firmo por ellos, Felipe Lara. — ^Tornas Florez. — Manuel Gijarro. — 
José ApoKnario Lara.— José Julián Osorno. — Matías Castillo. — Filomeno Blan* 
co. — Santiago Castillo.-^Gerónimo Barbosa.— Miguel Meliton Castillo. 



-78 — 

Es copia conforme que certificamoA, quedando su original en el archivo de esta 
municipalidad. Champoton, Agosto 13 de 1857. — José Trinidad Carpizo. — Joo- 
quin Garda. 

ACTA DE SIHOCHAa 
En el pueblo de Sibochác, á las seis de la mañana del dia veintiuno deKmes de 
Agosto de mil ochocientos cincuenta y siete años, reunidos los infrascritos para 
deliberar y conferenciar acerca del partido que deberia adoptarse en las actuales 
circunstancias, pues es evidente que la elección de los poderes del Estado no han 
sido verificadas con la debida y amplia libertad, como se evidencia en el mani- 
fiesto publicado por el H. diputado de este Distrito, y que á consecuencia de esto 
han levantado ya el grito de alarma un gran número de pueblos del Estado, así 
como la H. ciudad de Campeche y villa de Seibaplaya, á que tenemos el honor de 
pertenecer; en tal concepto, y penetrados de los justos y nobles sentimientos de la 
patria, después de varias reflexiones, se acordó uníinimemente los artículos si- 
guientes: 

1. ^ Secundan el pronunciamiento de Campeche y villa de Seibaplaya, en to- 
das sus partes. 

2. ^ Protestan al Supremo Gobierno general la mas cumplida y fiel obe^ 
diencia. 

3. ^ Que mereciendo el Sr. D. Manuel Contrera?, jefe político de este partí* 
do, toda nuestra confianza, permanezca en el mismo mando, á quien asimismo 
rogamos se digne aceptar y aprobar esta medida, y la eleve á quien corresponda, 
con lo que se dio por concluida esta acta que firmamos para constancia.— i>0JiRn* 
go Sarmiento^ presidente. — Carlos A. Canepa, — J. Dolores Arjona, — Francisco 
Sarmiento, — Pedro José Collí.-^José del Carmen Ortega. — Julián Perera.'^ José 
2?. Ojeda. — Jacobo BiHorin.^Migtiel Billorin. — Estévan Sarmiento. — Manuel 
Ortega, — José Isaac Pee. — A representación de los que no saben firmar. Guada* 
lupe Sandova), Manuel Canepa, Juan de Dios Canepa, Norberto Santos, J. Inés 
Lugo, Tomas Mijango, Ramón Ortega, José Ursulo Hernández, Alejandro Per- 
domo, José Jesús Rivas, Carlos A. Canepa. — A representación de los indígenas, 
Pedro J. Colli. — José M. Rivas, secretario. 



ACTA DE XKEULIL. 

En el pueblo de Xkeulil, á los diez y seis dias del mes de Agosto de mil ocho- 
cientos cincuenta y siete años, reunidos los individuos que suscriben bajo la pre- 
sidencia del ciudadano Andrés Pereira, juez propietario, acordaron los artículos 
siguientes: 

Art L ^ Considerando que ios actuales supremos poderes del Estado, asi 
como el gobernador, no han sido legal mente electos, es de nuestro deber, como 
ciudadanos libres, desconocer como los desconocemos por la presente. 

2. ^ Proclamamos para gobernador al Sr. D. José María Vargas, quien fun- 
cionará y hará se repitan las elecciones con entera libertad, ejerciendo asimismo 
la comandancia general. 



— 79 — 

3. o Suplicamos al seiior jefe político del partido elere eata acia al señor jefe 
poHtico y militar de la plaza de Campeche para su conocimiento. Con Jo que 
dimos |>or concluida la presente, que firmamos sostener. — Andrés Pereira, presi- 
dente. — Por la república de indígenas y como cacique^ José Luis Chf y Aranda» 
Dámaso Cruz.— Vicente Pérez, secretario. 



ACTA DEL CARMEN. 

En la ciudad del Carmen, á los diez y siete días del mes de Agosto del año de 
mil ochocientos cincuenta y siete, reunidos en el salón de la jefatura política del 
partido^ todos los individuos del R. ayuntamiento y demás personas notables de 
eata población, por llamamiento expreso de los jefes oficiales y tropa que compo- 
nen la guarnición que á las diez de este dia ha secundado el plan de Campeche 
proclamado el 9 del corriente, ¿ fin de que se hiciese la mas franca y explícita 
manifestación de sus ideas y principios respecto de este movimiento, acordaron: 

L ^ El pueblo lugunero, reasumiendo sus derechos, adopta en todas sus par- 
tes el plan proclamado en la ciudad de Campeche el dia 9 del corriente. 

2. ^ Se nombra para jefe político del partido al Sr. D. Francisco Pérez de 
Acal, quien desde luego queda investido de las facultades necesarias para organi* 
zar interinamente todos los ramos de la administración pAblica, pudiendo remo- 
ver á los empleados que hubiesen desmerecido la confianza general. 

3. ^ Es comandante militar de esta plaza el Sr. coronel graduado D. Oer6« 
nimo López de Llergo, desempeñando sus veces durante su ausencia á Campeche, 
el capitán de seguridad pública D. Valentín Moscoso. 

4. ^ Se dirigirá copia autorizada de la presente acta al jefe de las fuerzas de 
Campeche para su superior conocimiento, asi como & los demás pueblos de esta 
partido, para que oyendo la opinión publica, secunden el plan que proclama. 

Con lo cual se dio por terminado el presente acto, que firman para constancia. 
Nicanor Montero. — Joaquín Jiménez. — Toríbio Sanchez.^-Manuel Angli. — Juan 
Solana. — Víctor Pérez. — Nicolás Dorantes y Avila. — Francisco Pérez de AcaL-^ 
Valentín Moscoso. — Juan de Dios Rodríguez. — Ouillermo de la Vega.-^Vtcto^ 
riano Nievez. — Jíian de Mata JRoura. — Ángel Palomo.-~José de la C. Domín- 
guez. — Pablo Solazar. — Faustino Pérez y Cabrera. — Juan Manuel Qarcia Her^ 
rera. — J. Ensebio Rodríguez. — Juan Portilla. — Fulgencio Escalante. — Juan M. 
Garcia Principe. — Manuel Aguíleta. — Lisandro Dorantes. — Marcelino Romero. 
'■Joaquín AvUeZk — Simón Castillo. — José R. P. Azcaraso. — José N. de Laoalle. 
'^Basilio Gil. — Francisco de Lavalle. — Quirico Escalantc^-Juan F. OKver.^^ 
— Rafael Caraveo. — Federico López. — José Maria Domíngwz. — Buenaventura 
Pacheco. — José Maria Dorantes.^ Prudencio P. Rosado. — Como comandante 
de artillería permanente, Joaquín Mandaluniz. — Porcia clase de sargentos, Fto^ 
rentino Valle. — Por la de cabos, Tomás Sanguino. — Por la de tropa, Ildefonso 
Rodriguez.-^Gomo comandante de la guardia nacional, Joaquín Solis. — ^Por la 
clase de sargentos, Manuel Aguilar. — Por la de cabo», Cayetano iVttS^^r.— Perla 
de tropa, Hermenegildo Argaez. — Francisco Castro^ secretario. 



— 80 — 

ACTA DE PALIZADA. 

En la villa de Palizada, á los veintidós dias del mes de Agosto de mil ocho* 
cientos cincuenta y siete años, reunidos en la sala consistorial los señores alcalde 
primero propietario y segundo accidental, y demás personas visibles de esta po« 
blacion, el señor alcalde primero manifestó: que habiendo secundado la ciudad 
del Carmen el dia diez y siete del corriente el plan proclamado en Campeche el 
nueve del mismo, lo ponia en conocimiento del vecindario, presentándole los do- 
cumentos de ambos pueblos que en copia habia recibido con oficio de fecha diez 
y ocho del señor jefe político accidental, para que emitiendo su opinión con toda 
franqueza, dijesen si era su voluntad seguir en un todo el plan proclamado en di- 
cha ciudad, y ademas manifestándole que como pudiera suceder que las actuales 
autoridades no merecieran la confianza pública, lo hicieran presente á fin de que 
personalmente lo manifestaran para consignarlo en la presente acta y conocimien- 
to del señor jefe político accidental. Y habiéndose suscitado una ligera discusión, 
fueron acordados los dos artículos siguientes. 

1. ^ La villa de Palizada adopta en un todo el plan proclamado en la ciudad 
del Carmen, sometiéndose á correr la misma suerte de aquella población. 

2. ^ No desmereciendo la confianza pública las autoridades de esta villa, con* 
tinuarán en sus funciones como hasta ahora, si así lo estimase el señor jefe poli- 
tico. Con lo cual se dio por concluido este acto que firman para constancia las 
autoridades presentes y demás vecinos, no haciéndolo el señor alcalde segundo ni 
el primer suplente por hallarse enfermos. — Antonio Ascuaga. — Severo Cotaya.— 
José María López. — J, Sánchez, — Julián Quintero. — Juan de D. Abren. — E. A. 
Heredia. — Francisco Cárdenas Peón. — José María Alcocer. — José Jesús Cotaya. 
— Salvador Canto. — Tirso Inurreta. — Miguel A. Bustamante.— Nicolás Ortega. 
— Pedro Inurreta. — Francisco Pachón. — A ruego de León Rebolledo, por no sa- 
ber firmar, Miguel A. Bustamante.— 'Luis Alpuche. — Ildefonso Baldiosera. — Pe- 
dro Totosaus. — José Dolores Fuentes. — José María Argaez. — Gregorio Vidal.— 
Nemecio Vidal. — Juan de Dios Alamina. — José María López Espada. — José Do- 
mingo Herrera. — Es copia fiel del original. Palizada, fecha ut supra.— «/a^tf Do- 
mingo Herrera^ secretario. 



ACTA DE SABANCUY. 

En el pueblo de Sabancuy, á los treinta dias del mes de Agosto de mil ochocien- 
tos cincuenta y siete años, reunidos todos los vecinos de esta población á invitación 
d^l señor juez de paz del mismo, C. Roberto Acosta, para que se lea hiciese sa- 
ber el acta que tuvo lugar en la ciudad del Carmen el diez y siete del presente 
mes, en que secundaron el pronunciamiento hecho en la ciudad de Campeche el 
dia nueve de este mismo mes, y después de una larga y detenida discusión, resol- 
vieron todos i una voz opinando, que ya que la ciudad del Carmen habia abrazado 
la opinión ó partido de Campeche, se halla este pueblo en la precisión de adoptar, 
como en la presente adopta la opinión de aquella ciudad, bajo loa miaqtos puntos 



— 81 — 

y artículos en que lo hizo el pueblo lagunero^ remitíéudose i la vez copia de la 
presente al señor jefe politico del Cármeo, para su coDOcimiento.— Con lo que 
terminó el presente acto, que firman para constancia. — Roberto Acosta.^^José Do* 
loru EspinosíL — José Marta Espinosa.-^Moiiés Urqúiola. — Ceferino Moreno.-^ 
Lorenzo Lizárraga. — Gerónimo Avila. — Ekuterio CervercLr^Bruno Avila. — Fe^ 
Upe BuBtiUoi. 



NUMERO 20. 

(Citado en la pág^ina l05.) 

DISOLUCIÓN DE LA LEGISLATURA DE YUCATÁN Y PROCLAMA DE D. PANTALEON 
BARRERA) ANTERIORES AL PRONUNCIAMIENTO DE CAMPECHE. 



EL C. PANTALEON BARRERA, gobernador constitucional del Estado 
libre de Yucatán, á sus habitantes, sabed: 

Que el soberano congreso del mismo, ha decretado lo que sigue: 

Art. 1. ^ Para el restablecimiento de la pa¿ y consolidación del orden públi- 
co, se conceden al gobierno facultades estraordinarias. 

Art. 2. ^ Terminadas las circunstancias anormales, el gobierno dará cuenta al 
soberano congreso del Estado.— itforíano Brito, diputado presidente. — Juan An^ 
ionio Esquivel, diputado secretario. — José Dolores 2¡etina, diputado secretario.— 
Al gobernador del Estado. 

Por tanto, mando se imprima, publique y circule para su debido cumplimiento. 
En Mérida, i 6 de Agosto de 1867. ^Pantaleon Barrera. — Crescendo J. Pinelo 
secretario. 



EL a PANTALEON BARRERA, gobernador constitueianal del Estado 
de Yucatán, ásus habitantes, sabed: * 

Que el soberano congreso del mismo, ha decretado lo siguiente: 

La legislatura de Yucatán, considerando: 

Que en las actuales criticas circunstancias que atravesamos es nclcesario dejar 
espedita, libre y franca la acción del poder ejecutivo para restablecer el orden per« 
turbado por la guerra civil: 

Que para este fin en la sesión del dia de ayer se concedieron al gobierno facul* 
'tades estraordinarias sin limitación: 

11 



— 82 — 

Considerando que el cuerpo legislativo^ & causa de la revolución y del desorden, 
no puede deliberar cual cumple á su misión constituyente, ha venido en decretar 
y decreta: 

Art. 1. ^ £1 congreso constituyente del Estado de Yucatán suspende sus se- 
siones durante la actual emergencia pública. 

Art 2. ® Restablecido el orden, se reunirá de nuevo para continuar sus se- 
siones. 

Dado en Mérida en el Palacio legislativo, á 6 de Agosto de 1857. — Mariano 
Brito, diputado presidente. — Juan Antonio Esquivel, diputado secretario. — Juan 
F. Molina, diputado secretario. — Al gobernador del Estado. 

Por tanto, mando se imprima, publique y circule para su cumplimiento. En 
Mérida, á 7 de Agosto de \%61 .—Pantaleon Barrera. — Crescendo J. Pinelo, se- 
cretario. 



JEL a PANTALEON BARRERA, gobernador constitucional del Estado de 
Yucatán, á sus compatriotas: 

¡Compatriotas! La sociedad, atacada por una turba de hombres corrompí- 
dos y malvados, vuelve á entrar en las horribles convulsiones en que la pusieron 
alguna vez las pasiones mas innobles. Allá, en el corazón de la sierra, y en aK 
* faunos puntos del camino real, se han estado reuniendo los reos prófugos, loa fa- 
cinerosos que estaban ocultos, los desertores del ejército, que escitados por la ti- 
dícula ambición de unos pocos hijos protervos del país, salen de sus guaridas, 
invaden las pequeñas é inermes poblaciones^ las vejan, las insultan, las saquean, á 
falta de principios y de buenas ideas, invocando pretestos los mas ecsagerados. 

Ya os lo he dicho, compatriotai«: el gobierno, que vela por el orden, no sucum- 
birá sino después de una lucha constante. Yo no aspiré al gobierno; tengo la sa- 
tisfacción de haber sido electo popularmente; tengo la gloria de haber sido favo- 
recido por una gran mayoría de sufragios; cuento con la opinión pública; mis in- 
tenciones son rectas y puras; y vuelvo á decirlo, no temo las dificultades, porque 
los buenos yucatecos me ayudan, el verdadero patriotismo me apoya. * 

Misterios de iniquidad y de la mas negra perfidia, han movido & los hombres 
que antes he señalado; mi deber es entrar en la lucha; mi objeto es salvar á la pa- 
tria de la audacia y desenfreno de los conspiradores mas insolentes y criminales. 

Venid, compatriotas, yo os convoco á salvar al país de estos infames auxiliares 
de los indios sublevados. 

Si por uno de esos inescrutables arcanos de Dios, triunfase esta estraña y bár- 
bara rebelión, yo seré el último que abandone las filas de la patria, porque soy el 
mas obligado á defenderla; pero si la razón y la justicia prevalecen, severo y frió, 
como debe serlo el subdito de la ley, entregaré irremisiblemente al castigo corres- 
pondiente á los asesinos de la patria, 

Mérida, Agosto 6 de 1S57. -^Pantakon Barrera. 



NUMERO 21. 

(Citado en la página 106.) 

DECRETO DE D. PANTALEON BARRERA, DESCONOCIENDO Á TODOS LOS 
EMPLEADOS, Y DECLARANDO PIRATAS Á. LOS BUQUES ARMADOS EN CAMPECHE. 



PANTALEON BARRERA, gobernador del Estado ubre de Yucatán á sus 

habitantes f sabed: 

Para que el gobierno de mi cargo conserve la dignidad que le corresponde y la 
mageatad de las leyes, que con la mayor andacia y criminalidad han ofendido los 
sediciosos que en la plaza de Campeche se han rebelado contra ellas y contra las 
autoridades legítimamente constituidas/ he tenido á bien resolver, en uso de las 
facultades amplias de que me hallo investido, lo qde sigue: 

1.^ Se desconoce i todas las autoridades judiciales y políticas, á todos ios 
empleados civiles, militares y de hacienda, pertenecientes al Estado y de nombra- 
miento del Supremo Gobierno nacional, que hayan adoptado 6 seguido los actos 
de rebelión de los pronunciados de Campeche, y también se desconoce á los em- 
pleados y funcionarios que, sia haber tenido parte en el pronunciamiento, qo ha- 
yan salido de la plaza para ponerse & las órdenes de este gobierno, como han de* 
bi do verificarlo* 

2. ^ Los administradores de la aduana marítima y subalterna de rentas del 
Estado en Campeche, son personalmente responsables de todas las cantidades que 
extraigan de las cajas de su cargo para facilitar á los pronunciado?, asimismo de 
los sueldos que abonen bajo de cualquier concepto. 

3. ^ Se tendrán y calificarán como piratas todas las embarcaciones que ar- 
men los pronunciados^ ya para detener á los que no correspondan á sus miras^ ya 
para aplicar k cualquier objeto de sus actos de rebelión; y en su virtud los capita- 
nes y demás individuos que manejen aquellas embarcaciones, serán tratados y 
juzgados conforme á las leyes dictadas contra los piratas. 

Por tamo, mando se imprima, publique y circule para su debido cumplimiento. 
Dado en Mérida, á 26 de Agosto de 1867. — Pantaleon Barrera.-^Crescencio J. 
Pmelo, secretario. 



NUMERO 22. 

(Citado en la página 107.) 
CARTAS DE CARCAKO T HERNÁNDEZ. 



Sr. D. Antonio Hernández. — Sisal, Agosto 25 de 1857. — Estimado amigo,— 
Nos encontramos en este puerto D. Santiago Méndez y yo, advirtiéndote 
que este plan de Campeche nunca saldrá avante, pues el gobierno tiene 2.000 
hombres sobre Campeche á la hora de esta, y asi el modo que quedes bien en 
el gobierno, como lo he acreditado y te lo ofrezco, queremos tener una con- 
ferencia con D. Santiago y conmigo, que puede que sea la felicidad después de 
tus desgracias como las mias que hemos pasado juntos. Por todos los partes reci^ 
bidos, los pueblos del Estado se mantienen fieles al gobierno, y el movimiento de 
Campeche ha quedado totalmente aislado, esto te estimulará á dar el paso que te 
indico. 

Si quieres tener la conferencia propuesta, dime dónde quieres que nos veamos 
garantizándote tu seguridad en toda forma, y si quieres que yo vaya á tu bordo, 
iré si me garantizas mi seguridad como caballero, en la inteligencia que este paso 
solo se dirige á tu bien. 

Mañana 6 pasado estarán en estas aguas dos ó tres buques de guerra del Su- 
premo Gobierno, quien tiene ya el parte de estos sucesos, y seria una lástima que 
te encuentres tá en el compromiso de sucumbir á ellos; ya veo qué disculpa darás, 
y eres mi amigo y lo sentiré mucho. 

Medita todo esto y resuélvete, considerando á tu pobre y dilatada familia, y 
queda esperando tu respuesta tu buen amigo que te ama y ver desea. — Anastasio 
Carcaño. 



Sr. D. Anastasio Carcaño. — Pailebot armado á corso Arrogan te. •<— Acabo de 
recibir su grata fecha 25 del corriente que estamos, en la que veo todo cuanto tú 
me espones de encontrarte en ese puerto de Sisal en compañia de D. Santiago 
Méndez, como también el que el plan proclamado en Campeche no saldrá avante, 
y que tienen 2.000 hombres (lo que dudo), y que yo tome el diseño que tú has 
adoptado y me ofreces, lo que de ningún modo me es posible obsequiártelo. Con 
respecto á la conferencia contigo y D. Santiago, me es lo mismo; pues solo obe- 



^85- 

dezoo laa órdenes del que me manda; tocante á U felicidad que me prometes en 
mia desgracias, las quiero seguir basta ver el destino de mi suerte, y ser fiel á mis 
compromisos; por lo que respecta al movimiento de Campechci está en cuestión 
pues á mi salida se hallaba en el mejor estado y armonía todo el pueblo; y por los 
buques llegados de Veracruz, no se sabe que tales fuerzas que me dices se pongan 
en camino para ésta; perdonarás el que yo no quiera tener conferencia contigo en 
tierra, y menos que tú yangas á bordo, por no responder de ti al oficial y tripula- 
ción que mando. ^ Es cuanto te puede decir este tu verdadero amigo que desea 
tu prosperidad y ver desea* — Antonio Hernández, 

P. D. — Ya sabes que siempre he seguido la senda de mi honor, y que sin él 
vale mas no existir. 



Sisal, Agosto 30 de 1857. — Sr. D. Miguel Cortázar. — Mi apreciado amigo y 
compañero. — Me interesa mucho tener una conferencia contigo, para un asunto 
que te puede tener cuenta á tí, y también á mí, y que me parece debemos apro- 
vechar y ponemos de acuerdo acerca de él. 

Desearía me dijeses en qué punto y cuando nos podremos ver, en la inteligen- 
cia qué tendrás toda clase de garantías, de que no se intenta nada contra tu per» 
sona. 

Te repito que el asunto puede sernos muy provechoso, y que es de grande ín- 
teres, y no dudo que por lo tanto accederás á mis deseos, pues conviene mucho & 
nuestros intereses. Me parece que el mejor lugar en que podemos yernos con to- 
da seg|irídad, es á bordo de la goleta española Juanita. 

En espera de tu contestación, me repito como siempre, tu afectísimo amigo y 
compañero. — Anastasio Carcaño. 



NUMERO 23. 



(Citado en la p&gina 107.) 
CARTAS INTERlSbANTES SOBRE LA CUESTIÓN ENTRE MÍRIDA Y CAMPECHE. 

Sr. D. Pablo (Jarcia.— Cuartel de Tenabo, Setiembre 8 de 1867.— Sefior.^ 
Un aautYto de vital ínteres para el país me obliga ¿ dirigirme á vd., á fin de que 
excitado todo el patriotismo de que es capaz en presencia de las graves y críticas 
ciremistancias en que se encuentra la península, vuelva sobre sus pasos recono- 
cieiMhr vd. y tádos los que lo siguen á las autoridades legítimamente constituidas. 



— 86 — 

Los sucesos que han tenido lugar en esa ciudad el 6 y 9 del pasado^ son verdade- 
ros actos de rebeldía, que preludian la repetición en nuestro suelo, de las terribles 
y sangrientas escenas que tan caras han costado á la patria, sin traerle en recom- 
pensa el mas pequeño beneficio. 

No entraré, señor, en esplicaciones sobre las causas que hubiesen influido pa- 
ra tan imprudente movimiento, ni menos me detendré en analizar los hechos con 
que se pretende justificar la rebelión, porque su examen no me pertenece, ni es 
este el momento oportuno de dilucidar la cuestión; y aun suponiendo que una aso- 
nada tenga por su parte la justicia, de la cual carece la que vd. acaudilla, siempre 
es una subversión del orden público, punible principalmente por las circunstancias 
excepcionales en que, hace diez años, se encuentra el pais. No concibo cómo una 
minoría tenga derecho de imponer su voluntad á mano armada á los pueblos del 
Estado. 

¿Qué hemos ganado con veintitrés años de guerra civil? Sumir al pais en la 
miseria, cegar las fuentes de la riqueza pública, entorpecer el desarrollo de la in- 
dustria, la efusión inútil de la preciosa sangre yucateca, y una guerra de castas 
que está á pun(o de consumir todos nuestros elementos sociales. 

En la lucha fratricida hemos visto perecer á los hombres que hubieran prestado 
importantes servicios en la guerra extranjera. Aun asoma su negra cabeza la re- 
volución social, esa miserable herencia que nos legaron nuestras pasadas discor^* 
dias. Por eso, señor, siempre me ha llenado de congoja el fatal tañido del clarín 
que convoca k nuestros hermanos á un combate fratricida. Cualquiera que sea el 
vencido, siempre la patria es la que sufre y se perjudica. 

En mala hora apareció esta división, cuyas consecuencias no pueden calcularse 
todavía. El bárbaro, alentado por la debilidad de nuestra línea de defensa, con- 
siguiente del estado de discordia en que pone al pais el plan de 9 de Agosto, vol- 
verá á forzar nuestros atrincheramientos, saqueará é incendiará nuestras inermes 
poblaciones, llevando el fuego y exterminio hasta el centro mismo de la penínsu- 
la, y quiz& hasta los puntos litorales. Entonces, quién sabe cuál será el éxito de 
esta lucha á muerte de la civilización con la barbarie. 

Debe estar muy fresco en nuestra memoria el sangriento cataclismo social de 
1848, del cual pudo librarse el Estado por un favor de la Providencia, con me- 
noscabo de las dos terceras* partes de los intereses y vidas de sus habitantes. Si 
abrigamos en el corazón un destello de amor patrio, no debe ser perdida para nos* 
otros tan cara lección. 

Por eso los pueblos del Estado, abundando en sentimientos de patriotismo^ y 
desengañados de las falaces promesas, nunca cumplidas, con que los acostumbra- 
ban halagar los fautores de la revolución, se han negado á secundar el pronun- 
ciamiento de que vd. es jefe. Lejos de cometer tamaño error, ofrecen i porfia su 
adhesión y sus servicios al gobierno para contrariarlo y sofocarlo. 

El dominio de vd. no se estiende mas allá de los muros de Campeche; el pro- 
nunciamiento permanece aislado; y si se prolongase por años enteros este estado 
de cosas, aun suponiendo su posibilidad, estoy seguro que tampoco eooontraria 
eco en ninguna otra parte de la península. Los pueblos de Champotpn y^el Cir» 



-87- 

meD^ indefeneoB, han sido obligados con el poder de laa armaa, h secundar el plan 
revolncionario, y solo así pudieron haber retirado su obediencia al poder legaU 

En esta virtud, confiado en el buen juicio que siempre le ha distinguido, espero 
que en gracia de la paz y de la salvación de Yucatán, deponga toda actitud hostil 
en unión de la fuerza de su mando, y vuelva al orden legal. Así me lo prometo; 
y á nombre de esta patria querida, me atrevo á rogárselo, & fin de ver si tiene un 
desenlace pacífico el movimiento iniciado el 9 del pasado, volviendo al orden la 
guarnición de esa plaza y poniéndose á disposición del gobierno y cLe la coman- 
dancia general. De este modo conseguirá vd. y todos los suyos ciertas garantías 
que no podré concederles si se obstinan por mas tiempo en permanecer rebeldes 
contra el orden legal establecido por la soberana voluntad de los pueblos del Es- 
tado, principalmente después de verterse en el campo de batalla la sangre de nues^ 
tros hermanos. 

Cuento con fuerzas suficientes, y el gobierno con abundantes recursos para res- 
tablecer el imperio de las leyes conculcadas por algunos en esa ciudad; sin embar- 
go, prefiero evitar la efusión de sangre, si vd., dócil á los dictados de la razón, de 
la justicia y del patriotismo, se presta gustoso á concluir esa farsa que pone en ri- 
diculo á sus autores, pues solo está sostenida por la ambición de alguno que aspira 
4 la primera magistratura, y de otros que quieren satisfacer venganzas personales* 

No veo en la disidencia mas que una cuestión personal. En vez de principios 
encuentro pasiones, en lugar de garantías desorden, y en todo á la gente honrada 
víctima de estos trastornos. 

Vd., señor, está dotado de un criterio ilustrado, y no me persuado que quiera 
prestarse por mas tiempo á ser el instrumento ciego de innobles y rastreras miras« 

Estamos amenazados por la guerra extranjera. Los bárbaros amagan nuestras 
fronteras; ¿y asi se obstinará vd. en que continúe la rebelión? ¿Pesará mas en la 
balanza de su conciencia el satisfacer venganzas personales que la salvación de 
Yucatán? 

No quiero hacer á vd. esta injuria. 

Soy de vd. obediente servidor que atento S. M. B.^— JfanueZ Cepeda Peraza* 



Sr. D. Manuel Cepeda» Pereza. — ^Tenabo. — Campeche, Setiembre 9 de 1857.— 
Sefior. — He recibido su respetable carta de fecha de ayer, en que me aconseja 
vuelva sobre mis pasos, reconociendo yo y todos los que me siguen á las autori- 
dades legítimamente constituidas, en presencia de las graves y críticas circunstan- 
cias en que se encuentra la península. Empresa es esta, señor, de las mas ar- 
duas si considera vd. que somos hombres de honor, capaces de preferir la muerte 
á todo acto que pueda, aunque sea ligeramente, deshonrarnos, y nos parece in- 
compatible con nuestro buen nombre volver sobre nuestros pasos. Ni ¿cómo lo 
conseguirla yo respecto de milUres de hombres que se han decidido con la mas 
firme noluntad? Tal vez me decidiría, no lo sé, por el interés de todo el Estado, 
si realmente a^í lo viese, á sacrificar hasta mi honor, que aprecio en algo mas que 
mi vida; mas mi sacrificio sería inútil, porque no puedo obligar á ceder 6 mis com- 
pañeros que no tienen disposición á verificarlo. 



— 88 — 

Vd.y sefior, puede caüficar como mas le agrade los sucesos que han tenido lu- 
gar en esta ciudad el 6 y 9 del pasado; pero á ninguno de nosotros toca hacer es 
ta calificación sino á la historia^ á cuyo juicio imparcial me he sometido gusto- 
so. La prensa de esta ciudad ha dilucidado bastantemente las causas del mo?H 
mientOy y vd, me perdonará que no admita esos juicios tan precipitados como in« 
justos que formula con alguna imprudencia, y que en nada convienen al objeto 
que se propone de terminar pacificamente nuestras desavenencias. Si vd. ha crei~ 
do que estamos locos para pensar que una minoría tenga derecho de imponer su 
voluntad á mano armada^ ha padecido vd. un doble error, porque ni creemos tal 
absurdo, ni es posible que el solo distrito de Campeche llegue á imponerle la ley 
á todo el Estado, ni hemos soñado hacerlo. 

Las juiciosas reflexiones que vd. me hace acerca de los veintitrés años de guer- 
ra civil, no puedo menos que reconocerlas; y no menos que vd., me lleno de pe- 
sar, y el corazón se me parte al ver que vamos á entrar en un combate fratricida. 
Si el b&rbaro, que nos acecha, alentado por la debilidad de nuestra línea de de* 
fensa, llegase & forzar nuestros atrincheramientos, á saquear é incendiar nuestras 
inermes poblaciones, llevando el fuego y exterminio hasta el centro mismo de la 
península, y quizá hasta los puntos litorales, la culpa no será nuestra sino de los 
que han querido ultrajarnos y pisotear nuestros derechos, abusando de nuestra 
mansedumbre, de nuestra morigeración y del estado de debilidad j postración en 
que nos han puesto. 

Nosotros celebramos de todo corazón que los pueblos del Estado, abundando en 
sentimientos de patriotismo, y desengañados de las falaces promesas, nunca cum- 
plidas, con que los acofitumbraban halagarlos fautores de revolución, se hayan 
negado & secundar el pronunciamiento de que soy jefe, y ofrezcan á porfia su 
adhesión y sus servicios al gobierno para contrariarlo y sofocarlo» JEsto querría 
decir que el distrito de Campeche no puede vivir en paz y bajo un mismo gobierno 
con los demás del Estado^ y que en tal caso seria indispensable iniciar de todos 
modos una división legal para separar dos partes incompatibles que no pueden se* 
guir formando un solo todo. Empero, esto, que no puede menos que ser con- 
contrario á nuestros deseos, porque todos debemos propender á la grandeza y va* 
limiento de nuestro Estado, no es creible que suceda, y debemos procurar evitar- 
lo, consultando tranquilamente, y en el silencio de las pasiones, la verdadera 
opinión general. Para esto seria indispensable que cesase en todos los pueblos 
el imperio de las armas; que el gobierno, á quien vd. llama legitimo, retirase todas 
sus fuerzas, y desarmase á todos sus soldados; que la cindadela dejase de ser el 
amago constante de la capital, y que la brigada de su mando, como las que están 
diseminadas por los diversos puntos del Estado, dejando completamente las ar« 
mas, permitiesen á los pueblos la indispensable libertad para expresar su opinión 
en la cuestión presente. 

Mi dominio, señor, se estiende á todo el distrito de Campeche y á toda la cos« 
ta: desde Hampolol hasta los confines de Palizada, soy obedecido, y no por el im- 
perio de la fuerza, sino por convicción y espontaneidad. Le han engañado á vd. 
los que le han dicho que con las armas he hecho secundar nuestro plan, pqee solo 



- 89 — 

ti Carmen envié fuerzas por la tranquilidad pública y después de efectuado el pro- 
Duuciamientoy cuyas fuerzas fué mandando su hermano D. Andrés, que regresé 
inmediatamente después de haber dejado todo aquello en la mayor tranquilidad. 

Agradezco infinito que me atribuya el buen juicio que no poseo, y no dude V, 
que estamos prontos á deponer toda actitud hostil si V. por su parte hace lo mis- 
mo, y nos resolvemos todos á escuchar en paz la voz pública, como ya lo he indi* 
cado. No crea Y. por eso que me baria dar este paso la oferta que nos indica de 
ciertas garantías, no señor; yo el que menos no queremos ninguna, porque esta- 
mos prontos á perder la vida en sostenimiento de nuestras libertades. Así 
pues, al deponer las armas, lo harianos juntamente con las tropas del gobierno, 
pues jamas consentiremos en dejar impunemente nuestra posición defensiva y ofen- 
siva á riesgo de ser subyugados, si bien estamos prontos á someternos al juicio de 
la mayoría del Estado pronunciado con toda libertad. 

Si V. cuenta con fuerzas suficientes y el gobierno con abundantes recursos, les 
doy la enhorabuena; yo por mi parte no carezco de medios para hacer respetar 
en mi distrito la voluntad del pueblo, y aunque le agradezco sus sentimientos cris- 
tianos que le llevan á evitar la efusiqn de sangre, yo y todos los qqíos estamos dis- 
puestos & derramarla para sellar nuestras opiniones que, prescindiendo de su legi- 
timidad, puedo asegurar h V. que no pensamos en sostener la ambición de nadie 
i la primera magistratura ni en dar lugar á la satisfacción de venganzas particu* 
lares, injurias con que ha querido Y. regalarnos gratuitamente. 

Y. no vé en la disidencia mas que una cuestión personal, pero no se dignó in- 
dicármela para que pueda satisfacerle. — Dice Y. que en vez de principios encuen- 
tra pasiones; pero no sé si llama Y. tales y califica de pasiones la doctrina de la 
libertad del pueblo en las elecciones, y el sentimiento de la necesidad del progreso 
y mejora de la sociedad, de la destrucción de los abusos que la aniquilan, de la 
reducción de las contribuciones é impuestos que la abruman. Por último, me in- 
juria Y. gravemente diciendo que en vez de garantías vé desorden, y en todo la 
gente honrada victima de estos trastornos. Creo que no merezco, señor, estos in* 
sultos, pues hasta ahora no hay uno que se queje de la revolución ni que haya su< 
frido la menor persecución. Ydes. han puesto en prisión á mas de cien hombres 
y han arruinado algunas propiedades de los que llaman enemigos del gobierno; 
yo á nadie he apercibido siquiera, y é, todo el mundo he dejado en libertad de 
salir y pasar I engrosar las filas de Ydes. mismos, sin que haya sufrido basta hoy 
la propiedad de nadie el menor ataque de mis manos. Si esto no es érden y ga- 
rantías, tenga Y.*la bondad de esplicarme estas voces. 

Y., señor, reincide en sus injurias llamándome instrumento de innobles y rastre** 
ras miras. No sé qué razón tenga Y. para maltratarme; pero dejo al tiempo que 
le desengañe y le pruebe la sinrazón que comete; Y. mé conocerá algún dia y me 
hará la justicia de creer que tengo inteligencia y voluntad, resortes exclusivos de 
mis acciones. 

Eo fin, ai estamos amagados como Y. cree por una guerra estranjera y por los 
bárbaros, me persuado que no desoirá mis razones aceptando el medio pacífico de 
conclosion que dejo indicado y á que estamos prontos á someternos como bom- 

12 



^ 90 - 

brea de honor y de conciencia^ como ciudadanos dignos del sistema representatiyo 
popular que nos rige de derecho y que queremos que también nos rija de hecho. 
Soy de V. obediente servidor que atento S. M. B. — Pablo García, 

N. B. Aunque digo á V. que á nadie he puesto en prisión^ para hablar con to- 
da exactitud le advertiré que se halla preso en esta su casa el Sr. Dr. D. José R. 
Nicolin, porque el sábado al anochecer fué aprendido un ^tl Florentino ó Loren- 
zo Pacheco que salió de Hecelchakan el 29 del pasado con permiso de V., y este 
espia llevaba dos cartas, una para Y. y otra para D. Cirilo Baqueiro. La de V. 
era la primera que le dirigía y en ella le hablaba de una larga carta que habia 
puesto á D. Cirilo, y en ambas le aconsejaba que Se acercasen á la plaza. — Vale 
García, 



Contestación de una c,afta que no se publica porque su autor encargó la reserva 
sin embargo de no contener cosa alguna que deba condenarse al silencio. 

Sr. D — Campeche, Septiembre 9 de 1857.— Mi querido amigo. — En el 

^^lugarcito" que ocupo en la grande y justa revolución de esta plaza, he tenido el 
gusto de recibir la apreciable de V. fecha de ayer. Voy á contestarla punto por 
panto y con la misma franqueza que está escrita. V. también se servirá dis- 
pensarme si llega á herirle mi áspero lenguaje. 

Se engañaron los que creyeron que por estar el Estado envuelto todavia en la 
funesta guerra de castas que promovió la ambición y sostiene la mas infame co- 
dicia, y amenazado por la guerra estranjera, podian hollar sus derechos sacrosan- 
tos. Se sufrió con paciencia la ultima época del gobierno arbitrario de D. San- 
tiago Méndez y aunque no quedó familia ni individuo que no tuviera que lamen- 
tar alguna injusticia en esa época funesta, todos callaron con la esperanza de ver 
el dia en que entrando la nación en un orden legal desapareciera la tiranía de nues- 
tro suelo. Tales han sido por lo menos los sentimientos de esta población y su 
distrito. Vino la época deseada, se hicieron las elecciones y rebozó la copa del 
sufrimiento. Abusó D. Santiago Méndez hasta el estremo, del dócil pueblo ya- 
cateco, confiado en que la guerra de castas y la guerra extranjera serian fuertes 
mordazas que no le dejarían ni suspirar. No tuvo conciencia para presentarse como 
candidato y buscó un heredero que le sucediera para seguir gobernando á su 
nombre. Este papel ridiculo quiso aceptarlo nuestro amigo D. Pantaleon Bar* 
rera para su mengua y baldón. Salió electo á mano armada gobernador de Yu- 
catán; ¿pero en qué población de las ilustradas del Estado fué elegido? En los 
distritos del C&rmen, Campeche y Mérida, ¿saóó por ventura una docena de voto^P 
Es preciso decirlo amigo^ D. Pantaleon Barrera es gobernador porque Vdes. los 
jefes de cantones lo hicieron elegir por la fuerza de las armas. 

Concluida la elección, todavía hizo mas para perder hasta el último resto de la 
generosidad yucateca que hubiera podido perdonarlo. V. sabe cómo hizo él mis- 



— Ol- 
mo 8U escrutinio. {Causa yergüenza que á un hombre ¡lustrado como Barrera lo 
haya cegado hasta el extremo la ambición del mando! Insultó á todo el Estado y 
particularmente á los distritos de Mérida y Campeche en los dignos y predilec- 
tos hijos que los representaban en la legislatura y se ostentó con cínico descaro 
hechura de D. Santiago Méndez. Nombró á este hombre odiado vice-goberna- 
dor de Yucatán con residencia en Campeche y con amplias facultades. Nombró, 
según se supo después, jefe político de esta ciudad á D. Felipe Ibarra, persona 
que según hemos hablado, le es á V. bastante conocida. Acto continuo, hizo ve- 
nir aquí á D. Santiago, para que con su influencia y energía, sumiera en el silen* 
cío k esta H. ciudad á fin de ejercer en ella una venganza cruel, recargándola de 
toda clase de gabelas hasta hacerla desaparecer. Para estrenarse el vice -gober- 
nador verdugo, con un golpe de mano, inventó sacar de aquí á treinta y siete per- 
sonas de las que creia contrarias á su dominación. Ya no fué posible que siguiera 
adelante. Se levantó en masa el pueblo, el distrito entero, y no le cortó la cabeza 
al tirano como merecia, por la generosidad de los revohicionarios. Ya vé Y. que 
yo he tenido menos temor que V. de entrar en la cuestión de D. Santiagof puea 
aunque como yucateco, miro en él la causa de la ruina de mi patria que tanto 
quiero, creo que ya la hemos arrebatado de sus garras, y esto consuela las heridas 
que ha hecho en mi corazón, así como en el de todos los buenos ciudadanos. 

Aquí tiene V. las principales causas del pronunciamiento. No se las apunto 
porque me figure que Y. las desconoce, sino para contestar esa idea falsa que apa** 
renta tener de Ta revolución. No hay aquí motivos personales, á meaos que Y. 
no califique así, los que abrigué cada uno de los un mil quinientos hombres que 
tienen hoy las armas en la mano, resueltos á no dejarlas hasta quedar vengados de 
los ultrajes que en diez y ocho años de despotismo ha podido ejercerse, si no en 
ellos mismos, á lo menos en algunos de sus familias y siempre en el pueblo de 
Campeche. La venganza que buscan, es la reconquista de sus derechos usurpa- 
do», es la garantía de que no han de volver á ser ultrajados. Para adquirirla, le 
sobra valor y fuerza al pueblo campechano. Én la actitud en que hoy se encuen- 
tra, es inútil toda tentativa de resistencia; y esa gente, dinero y adhesión con 
que el falso gobierno, dice Y., que cuenta para contrariar la voluntad de este pue- 
blo, no puede resistir al primer impulso de su cólera. 

No tiene el gobierno de Barrera la opinión que' necesita para sostenerse. La 
tropa está forzada y gracias k los que tienen tanto empeño en mantener su gobier- 
no á pesar de la opinión general, no se ha pronunciado todo el Estado. 

Persuadido el general en jefe de nuestras fuerzas de que se está sofocando por 
las armas la voluntad general, tendrá que salir con una fuerte división para que 
cese esa actitud amenazante del gobierno y puedan espresar libremente su opinión 
los pueblos todos del Estado, así como lo han hecho los de este distrito y el Car- 
men. 

El supremo gobierno de la nación, & quien se ha dado cuenta de lo que ha ocurrido 
en esta plaza, no puede nunca desaprobar que un pueblo recobre su libertad, y en- 
tre aunque tarde y á costa de muchos sacrificios, á disfrutar de los beneficios que 
para toda la república ha conquistado la revolución de Ayutla. 



— 92 — 

Ahora faltaba que V. y los demás jefes de cantón^ para qoe en aingun tiempo 
los confundan con los ambiciosos Méndez y Barrera, se retirasen & su línea y de- 
jaran obrar libremente al pueblo como hemos hecho los revolucionarios. De es» 
te modo se veria muy pronto de parte de quien está la opinión; y no serian los in- 
mediatos responsables de las desgracias que han de sobrevenir infaliblemente si 
continúan en esa actitud hostil, la que nos veremos en la necesidad de hacer cesar 
muy en breve. 

Los campechanos agradecemos i V. mucho ese cariño que nos profesa de cora- 
zón; los que han tenido el honor de militar k sus órdenes, dicen que ahora quieren 
participar del de batirse con V., por la ofensa gratuita que les hace, de considerar- 
los instrumentos de cuestiones personales, cuando están cumpliendo con la sagrada 
obligación de recobrar sus franquicias y libertades. 

Siento que me haya V. exigido sea tan reservado, y le suplico que cuantas car- 
tas quiera ponerme en adelante en mi clase de pronunciado, tienen que ver la luz 
pública para satisfaccioY) de este pueblo que me ha colmado de honores que no 
merezco. 

Doy á V. las mas espresivas gracias por las protestas del sincero aprecio que 
roe profesa, y renovándole las de mi antigua amistad, quedo como siempre de V. 
afectslsimo amigo S. S. Q. S. M. B. 



Sr. Lie. D. Pablo Garcia. — Campeche.— -Cuartel en Hampolol, Setiembre 29 
de 1867. — Señor. — Días hace que envié k vd. con un sirviente de la hacienda de 
Koven algunos periódicos de Mérida, en que se refieren los horrorosos acontecí' 
mientos de la ciudad de Tekax; y hoy, por si no hubiese recibido aquellos, le acom- 
paño otros iguales que lo instruirán de tan grandes desgracias. Hechos son esos 
que llenan de indignación y amargura el corazón mas indiferente, así por el nú- 
mero de personas inocentes sacrificadas, como porque sin duda alguna se repeti- 
rán esas escenas que arruinarán para siempre este infeliz Estado, que á fuerza de 
muy grandes sacrificios, habia llegado á disfrutar alguna tranquilidad. Ahora co« 
mienzan de nuevo los bárbaros sus inicuas depredaciones, seguros de que, como 
dije & vd. en mi carta del 8, nuestra línea fronteriza está debilitada porque el go- 
bierno ha necesitado una parte de las fuerzas que la defendían para combatir la 
rebelión, que en mala hora apareció en esa ciudad, encabezada por vd. 

La patria, señor, se perderá muy pronto, y crea vd, que no hay una sola per- 
sona, exceptuando á los que lo siguen, que desde ahora no lo culpe á vd. de esa 
desgracia. No es posible que vd. quiera adquirir una celebridad funesta, la única 
que la historia le puede conceder á costa del sacrificio de millares de victimasi y 
de la pérdida del pais donde vio la primera luz. Desbeche vd. la iaka idea de 
honor que lo obliga á sostener un capricho, y unidos todos rechacemos «I coman 
enemigo que, aprovechando nuestras disensiones, acomete con mas feroeidmd k 
nuestras indefensas poblaciones. 



— 93 - 

Todavía tiento, y sentiré siempre, la sangre qne aun humea en Yaxcab, der- 
ramada ináiilmente; sangre de hermanos nuestros que debieron morir persiguien* 
do i las hordas salvajes, y no sosteniendo la ambición de un hombre que, sin cui- 
darse de los medios, quiere ocupar el gobierno del Estado que una inmensa ma* 
yorfa de sus compatriotas le negó. Y mientras bquí gastamos tan mal el tiempo 
y kw vidas, paralixado el comercio y las artes, disminuyen las rentas del Estado, 
empobreciendo mas y mas á sus habitantes, llegará un dia en que sin elementos 
para hacer frente á los enemigos de la ci? ilizacion, se apoderarán hasta de las 
poblaeionea que hoy se creen fuera de su alcance. 

Aun es tiempo, señor, de concluir eftta locha fatricida como buenos yucatecos; 
aun se pnedñ evitar el luto y la desolación á multitud de familias que van á per- 
der el único apoyo que las sostienen. Yo espero, asf lo deseo, que conociendo vd. 
la rason con que le hablo, depondrá laa armas, y por los medios que las leyes con- 
cedeo, hará valer los derechos que á su juicio le asistan. 

Después de haber leido la carta de vd. de 9 del corriente, en que pide cosas 

verdaderamente inadmisibles, n)e habia propuesto que las armas solo decidiesen 

la cuestión presente: hoy vuelvo, no obstante, á dirigirme k vd. con el ánico obje^ 

to de que concluya este desagradable asunto de un modo racional y sin mas der- 
ramamiento de sangre. 

Espero la decisión de vd. 

Soy sa atento servidor Q. S. M. B. — Manuel Cepeda Peraza, 



Sr. coronel D. Manuel Cepeda Peraza.— Hampolol. — Campeche, Setiembre 29 
de 1867.-— Señor. — No he recibido ninguno de los periódicos que dice haberme 
enviado con un sirviente de la hacienda de Koven, pero he oido referir los acon- 
tecimientos de Tekax, y apenas acierto á creer que el gobierno que nos hace la 
guerra, y debe considerarnos como hermanos, haya preferido y prefiera enviar sus 
fuerzas contra nosotros para ensangrentar una guerra fhitricida que será intermi- 
nable, ó que no tendrá mas fin que la destrucción de Campeche y su partido, dni- 
co modo de acabar la lucha con la ruina de todo el Estado, y no defendernos del 
común enemigo, sanguinario y bárbaro, como cada dia se presenta en grado mas 
horrible, en lo que estarían mejor y mas laudablemente empleadas las armas de 
su digno mando. 

No soy yo quien pretenda adquirir una celebridad funesta á costa de mi patria» 
y bien lo prueba la conducta que be observado, de no hostilizar á ningún pueblo 
del Estado, buscando el medio de un desenlace pacífico i incruento, hasta el pun- 
to de haber expuesto á la débil fuerza que tenia meramente en observación, á los 
azares de la guerra, como aconteció en Yaxcab. Demasiado conozco que gasta^ 
moa muy mal el tiempo y las vidas, que el comercio y las artes están paralizados^ 
que las rentas del Estado disminuyen, y que todos vamos empobreciéndonos ca- 
da dia mas y mas, lo que puede llegar á un término incalculable y funestf simo. 



— 94 — 

Por eso no habia pensado nunca en hacer la guerra ofensiva, ni en destrozarnos 
hermanos contra hermanos, como está sucediendo, j por lo mismo he estado siem- 
pre en espera de que algún medio conciliatorio nos pusiese de acuerdo. 

Mas vd., después de haber encendido con un fuego inextinguible la guerra ci« 
vil en los campos de Yaxcab, me propone ahora de liso en llano que deponga las 
armasy y que por los .medios que las leyes me conceden haga valer los derechos 
que á mi juicio me asistan. Desearia que se sirviese vd. indicarme esos medios, 
después de haber sido vd. mismo testigo de que á los representantes de la capi- 
tal y de este distrito, se les n^ó hasta el uso de la palabra en la legislatura del 
Estado. 

Si el único objeto de vd. es, como dice, que se concluya este desagradable asun- 
to de un modo racional y sin mas derramamiento de sangre, estamos de perfecto 
acuerdo, pues mis aspiraciones nunca han sido ni pueden ser otras; mas si para 
esto hemos de empezar por la deposición de las armas, esto ha de ser común á 
ambas partes, retirando vd. sus fuerzas del distrito, y dejando la posición en que 
quedaría si solo vd., con las armas en la mano, se conservase en estado de impo- 
nernos la ley á nombre de su gobierno. Depuestas las armas por ambos lados, 
yo me complacería en oir los medios racionales de arreglo que vd. propusiese, y 
que no me rehusaria á aceptar siendo honrosos para esta población, que se consi- 
dera vivamente ofendida. 

Precisamente acababa de salir de una junta general á que nos invitó el venera- 
ble clero de esta ciudad, y á la que asistió el apreciable presbítero D. Vicente 
Méndez, que en unión del Sr. cura y vicario, juez eclesiástico D. Gregorio Jimé- 
nez, se han ofrecido como mediadores, suplicando h los jefes del pronunciamiento 
les permitamos pasar á la capital con el objeto de ver si pueden terminar la cues- 
tión; estaba, digo, ocupado en resolver esta solicitud del clero, cuando se ha pues- 
to en mis manos su apreciable de esta fecha, que tiende al mismo objeto, y siento 
que no haya sido vd. bastante explícito acerca de los medios conciliatorios quQ 
puedan adoptarse, y que su favorecida, en el carácter de simple misiva, no pro- 
duzca legalmente ningún efecto, pudiendo continuarse las hostilidades en este 
mismo momento en que contesto. 

Soy su atento servidor Q. B. S. M.— Pablo Garda. 



NUMEEO 24. 

(Citado en la p&gína 108.) 

COMISIÓN DE PAZ DEL VENERABLE CLERO DE CAMPECHE. 



Gef atura política y militar del distrito de Campeche. — Se ha acercado á mí una 
comisión del venerable clero de esta ciudad, compuesta de los señores cara par- 



— 95 ^ 

roco^ ficario io cápite y juez eclesiástico Dr. D. Gregorio Jiménez^ y presbítero 
D» Vicente Méndez, soplicéndome les permita pasar k la capital del Estado á in» 
terponer sus ruegos cerca del gobierno del Sr. D. Pantaleon Barrera^ para ver si 
consiguen terminar la presente lucha sin mas derramamiento de sangre. — No he 
podido dejar de permitirlo; pero como el viaje deben emprenderlo por.e) camino 
real mañana temprano, ha solicitado al mismo tiempo que dirija á V. S. esta co- 
municación, para saber si por su parte pueden sin ningún inconveniente verificar- 
lo, en cuyo caso como digo á V. S., lo harán mañana temprano.— Dios y libertad. 
Campeche, Setiembre 30 de 1867. — Fablo García.— Señor comandante en jefe 
de la brigada de operaciones sobre Campeche.. 



Brigada de operaciones sobre Campeche. — Comandante en jefe. — Impuesto del 
contenido de la comunicación de vd. de fecha de hoy, tengo el gusto de contes- 
tarle que no encuentro inconveniente en que la comisión del venerable clero de esa 
ciudad, compuesta de los señoras cura párroco, vicario in cápite y juez eclesiástico, 
Dr. D. Gregorio Jiménez, y presbitero D. Vicente Méndez, pase por este pueblo 
para acercarse al superior gobierno del Estado, á ver si consigue terpiinar la pre- 
sente lucha sin mas derramamiento de sangre. 

Dios y libertad. Hampolol, Setiembre 30 de 1857. — Manuel Cepeda Peraza. 
— Sr. Lie. D. Pablo Garcia, jefe de las fuerzas pronunciadas en Campeche. 

Trasladada esta comunicación á los señores comisionados, salieron al dia si- 
guiente, primero de Octubre, y después de haber sufrido el desprecio y la burla de 
los partidarios de Barrera, que se fingió altamente ofendido por la simple enun- 
ciación de las proposiciones del venerable clero, presentaron otras proposiciones 
que les parecieron asequibles por parte del ambicioso Barrera, reservándose co- 
municarlas después á las fuerzas de Campeche para obtener su aprobación. Las 
nuevas proposiciones fueron estas: 

La comisión del clero de la ciudad de Campeche, cerca del Escmo. Sr. gober- 
nador D. Pantaleon Barrera, en obsequio de la paz y tranquilidad pública, se atre- 
ve á presentar con el mas profundo respeto, las siguientes proposiciones. 

1. ^ El gobierno, investido de facultades extraordinarias, someterá de acuer- 
do con su consejo al arbitrio del Supremo de la República, la resolución de los 
acontecimientos que desde el 6 de Agosto último han tenido lugar en el Estado. 

2. ^ Mientras el Escmo. Sr. presidente da su fallo, bien en pro, ó en contra 
de la revolución, de cuyos motivos está informado, se suspenderán las hostilidades 
por una y otra parte, conservando sus respectivas posiciones las fuerzas beligeran- 
tes bajo las estrictas reglas de la Ordenanza militar, ó situándose las del gobierno 
en otro punto mas saludable que el que actualmente ocupan. 

Mérida, 8 de Octubre de 1867. — Gregorio Jiménez. -^Vicente Méndez-. 

Rechazadas como las primeras estas últimas proposiciones, los comisionados se 
regresaron ¿ esta ciudad á dar cuenta de su comisión. 

[El Espíritu Público.} 



NUMERO 25. 

(Citado en la página 108.) 

PROCLAMA DE D. PEDRO DE BARANDA. 



PEDRO DE BARANDA^ comandante de armas de esta plaza, á los cam- 
pechanos. 

CoDciudadanoe: El usurpador del gobierno del Estado, ambicioso de conservar 
el puesto que asaltara^ se ensaña contra este pueblo libre y nos hace traer á la fia- 
ta de nuestras murallas la guerra de bárbaros con todos sus horrores, tan solo por- 
que hemos sabido levantar el grito en defensa de nuestros derechos sacrosantos. 

Compañeros de armas: Después de los sucesos del dia 6, todos deberíamos en* 
mudecer basta que los resultados aclarasen el misterio de esa singular jornada; 
pero yo tengo la obligación de deciros: que ese enemigo que ocupa el barrío efl- 
tramuros de San Francisco^ está profanando el suelo de nuestros padres; que el 
saqueo, el pillaje y los asesinatos que en él ha estado cometiendo, acaban de acre- 
ditar su ferocidad salvaje, y que nuestro honor nos manda sepultarlo bajo los es- 
combros del barrio que ha violado. 

Soldados del pueblo: No olvidéis que sois los depositarios de la honra de una 
ciudad invicta y justamente titulada heroica. Confiad en que vuestros pechos la 
*hacen inespugnable para los que la amenazan, y que si fuera posible que cayera 
en sus garras, la arrasarían deppues de asesinar 4 nuestras familias* Vivid segu- 
ros que de hoy mas no prestará la traición su poderoso ausilio al enemigo, porque 
se dará un escarmiento severo k los traidores lo demás lo espero de vues- 
tro valor, de vuestro patriotismo. Contemplad vuestra divisa. Tened presente 
vuestro solemne juramento: libre Campeche, 6 muerte. — Octubre 11 de 1867.— 
Pedro de Baranda. ' 



NUMERO 26. 

(Citado en la página 109.) 



ALGUNOS DOCUMENTOS SOBRE LOS JNNUMERA&LES ROBOS, SAQUEOS Y OTROS 

VANDÁLICOS HECHOS, COMETIDOS POR LAS TROPAS DE MÉRIDA 

aUE INVADIERON EL DISTRITO DE CAMPECHE. 



Los hacendados, comerciantes y propietarios de Campeche, han dirigido al Excmo. 
Sr. Presidente de la República la siguiente^ representación. 

Escmo. Sr. presidente. — Los hacendados, comerciantf s y propietarios que sus* 
cribimos, ante la justificación de Y. E. respetuosamente decimos: que un hecho 
escandaloso, inmoral é injustificable, de que hasta la época presente no se habia 
dado un ejemplar en nuestras luchas fratricidas, nos obliga á elevar á V. E. nues< 
tras roas profundas quejas contra la fuerza armada que en número de ochocientos 
á mil hombres ha sido separada de la linea de defensa contra los bárbaros, deján- 
dola descubierta, para invadir por orden del gobierno del Estado á este distrito. 
No son ya los sentimientos de un partido político, son los de la humanidad y ci- 
vilización, los del honor y decoro de la nación los que nos impulsan & elevar nues- 
tra voz hasta V. E., para manifestarle que esta fuerza invasora, obrando acaso con 
la autorización y conformé á las instrucciones que recibe de los poderes páblicos 
del Estado, no solo falta á los principios de la guerra sino que ha atropellado has- 
ta los mas conocidos de humanidad. 

El distrito de Campeche, Escmo. Sr., es actualmente el teatro de las escenas , 
más degradantes y vergonzosas. Para la fuerza armada que lo invade por dispo* 
sicion del gobierno del Estado, ni la debilidad del bello sexo, ni ninguna otra de 
las consideraciones que tanto pueden en el ánimo de jefes pundonorosos con el 
noble fin de mitigar las funestas consecuencias de la guerra civil, ha podido des- 
viarla del camino de ruina y desolación que temerariameate ha emprendido. 

Despechados sin duda por no poder lograr hacer sucumbir esta ciudad, las fa- 
milias pacificas é inermes han sido amenazadas, saqueadas y perseguidas; los edi- 
ficios destruidos, las haciendas de campo entregadas al saco y al pillaje; suá inde- 
fensos y desgraciados labradores amarrados como criminales y conducidos por la 
fuerza para ocuparlos sin consideración alguna en las faenas del campamento mi 

13 



— 98 — 

litar: en suma, han lle?ado la desolación hasta el grado mas culminante de babárie« 

Si tantos desmanes los viésemos cometidos por una horda de salvajes, lamentaría* 
mos nuestra detigracia, y por cuantos medios estuviesen á nuestro alcance pro- 
curaríamos su exterminio. Pero que incurra en ellos una fuerza que se dice viene 
á apoyar el orden y la ley y á defender al gobierno del Estado con la autorización 
y bajo las inmediatab órdenes de la comandancia general del mismo, nos sorprende 
por los medios que emplea, medios inmorales, corrompidos y destructores de todo 
orden social. 

Escmo. Sr., desolada nuestra agricultura, aniquildo nuestro comercio, arruinadas 
é incendiadas nuestras propiedades, teniendo el triste dolor de ver que consuman 
la destrucción del Estado las mismas fuerzas del Gobierno Supremo, nos quedan 
por únicos recursos el desarrollo de una guerra de exterminio, guerra vergonzosa 
en que se dé rienda suelta á todos los vicios, á todas las malas pasiones, ó la pa- 
cífica y poderosa intervención de V. E. Por deber, por convicción, ocurrimos á 
V. E. por medio de la presente exposición, en que van consignados los hechos con 
toda lealtad y exactitud para conseguir un remedio á tanta calamidad y desgracia. 

La sociedad yucateca se encuentra á punto de desaparecer envuelta en el torbe- 
llino de una guerra civil que se ha desarrollado por parte de las fuerzas del gobier- 
no con todos los horrores que marcan la guerra de los indios bárbaros, á menos 
que V. E. interponga su poder y restituya á este Estado la paz por los medios que 
considere mas conciliatorios y justos. 

Asi lo esperamos, y encarecidamente rogamos á V. E. atienda esta súplica for- 
mal, y queja al mismo tiempo, que elevamos á sus manos superiores, sin que nos 
anime á suscribirla ninguna innoble afección de bandería política, sino el decoro y 
y honor de la nación cuyos destinos rige con tanto acierto. 

Campeche, 7 de Noviembre de 1867.— Escmo. Sr. — Agustín Urda pilleta.— Juan 
Méndez. — José M. Marrufo.— Domingo Duret. — A. Iba rra.— Perfecto de Ba- 
randa. — Joaquín Maury. — Juan N. Donde. — Manuel Campos, — José del R. Her- 
nández. — Pablo Marentes.— Pedro Soler. — Ramón de Lanz.-Manuel Díaz Mau- 
ry.— Juan B. Verde. — José Jesús Lavalle. — Manuel Ramos. — E. Casares. — Mi- 
guel Domínguez.— Leonardo Gaicano. — J. de la Luz Ortega.— Julián Gual.-Pre- 
ciat y Gual. — Gumesindo Domínguez.— Gabriel González. — Miguel de Erraz- 
quin. — Basilio Medina. — Salvador Balan. — Agustín Donde y Florez Alatorre. — 
Francisco de Estrada. — Andrés Peón. — Felipe Cervera. — Juan Cuevas. — Hilario 
Majarréz Pérez. — H. Majarréz.— Manuel López Martínez.— Miguel G. Gutiérrez, 
— Francisco Macgregor. — José M. Roche. — Alejo Alcalá.— Pedro Delgado. — J. 
Francisco Acevedo. — Ángel Gómez. — Celso López. — Eduardo Berron. — José B. 
López. — Domingo Barret. — Francisco Carbajal. — Miguel Nos. — José Gervacio 
Rivas.— José M. López.— José M. Rico.— Florentino Valle.— Calixto Maldonado. 
— ^^Antonío Suarez. — Inez Arias. — Vicente San Miguel. — Pascual Valladares. — Su- 
sano Blanquet.— Francisco Barbosa.— Jacinto Ferraez.— Antonio Canabal.— Ba- 
silio Gdlindo. — Manuel Criollo. — Manuel de Lavalle.— Leocadio Hernández. — 
Angelioo Gaudiano.— José R. Escobar.— Juan P. Marcin é Iturralde.- Félix 
Bonostre.- Gubino Hernández.— Fermín Quevedo.-José M. Bassó.- Pablo Lanz. 



.— 99 — 

*— José J. Arlifiano. — Agustín Cagtillo.— Ramón Dorantes.— ^Pedro A. Manzani** 
l!a. — Dionisio Ramón. — Manael Martinez Zorraquin.* «Manuel J. Dorantes. — R. 
Alíaro. — Mariano Zuraérraga. — Rafael Suarez. — Santiago Martinez. — Manuel 
Contreras. — Antonio Lanz Pimentel. — J. Trinidad Oarpizo.^Juan de D. Bujía.- 
J. F. Estrada. — Juan A. Estrada. — Laureano Ruiz. — Eduardo Magreogor. — Juan 
F. Macgregor.— J. Encarnación Donde. — H. Freniont.*— Miguel Urbina. — Frap- 
dsco Campos. — J. B. Sales Baraona. — Floreneio Soto.-^ Leandro Domínguez.—- 
Antonio Oarenzo. — Narciso Rodríguez. — Rafael del Valle. — Federico D. de Es* 
trada.— Julián Romero.'-^Pedro Canaval. — Apolinar de Lavaile.— -^Francisco Fer- 
nandez. — José M.Oarpizo. — José E. Perera. — Juan González.— José U Alomia. — 
Eulogio González. — Sostenes Arias. 



Brigada cíe operaciones.--* Comandante en jefe. — Circular.-=-Lo8 mayordomos 
ó encargados de las hacienda^ de Kastamay, Ebulá^ Yaxá, Nohakal, Uayamon 
y Qullukaky remitirán cada uno de ellos, y sin pretesto ni falta alguna & este cuar- 
tel, ocho cabezas de ganado crecido para los ranchos de la brigada, cuya entrega 
deberán hacer en el perentorio término de cuarenta y ocho horas, entendidos de 
que cualesquiera falta en el cumplimiento de esta orden, será castigada cual cor- 
responde k su gravedad. 

Cuartel general en San Francisco de- Campeche, y Noviembre 18 de 1857.— 
Manuel Cepeda Feraza. 



Sr. D. Manuel J. Castilla. — San Francisco de Campeeche, y Diciembre 5 de 
1857.*-Mi amigo querido. — Me he impuesto de su apreciable de 1.^ del corriente. 
Bien conozco que la consideración de amistad que sin merecer me dispensa, le 
hace formar concito de mi buen desempeño en el encargo de pagador que se dig- 
nó confiarme, y por cuyo motivo me suplica haga un esfuerzo para continuar. Yo 
le vivo muy reconocido por este rasgo de distinción con que me honra, y puede 
Td. estar seguro que solo mi gratitud á vd. como mi adhesión al gobierno, pueden 
estimularme á continuar en el desempeño de dicho encargo. 

Yo habia tomado la resolución de separarme, porque no han dejado de presen* 
térseme disgustos, todos debidos á la repugnancia que tiene mi genial carácter pa* 
ra cohonestar con algunos actos impuros, y esta oposición choca á algunaa perso- 
nas con quienes he tenido mis altercados. Y ademas las imprudentes reclamacio- 
nes que me hacen de los haberes vencidos, como si por mi parte estuviese el no 
haberles acabado de pagar. Reclamaciones ciertamente imprudentes, porque de 
algún modo debian considerar, al gobierno; y si se quiere, la parte pequeña que se 
les debe, la considero suficientemente pagada con el ahorro de la carne y otros ar* 
tículos de que no se les hace el cargo. El amigo Cepeda que dictó esta disposi- 
ción, tuvo el fin laudable de favorecer al soldado; pero el método que hasta aquí se 
ha observado, solo ha servido para hinchar las bolsas de algunos señores, resultando 
que ningún bien hubiese tenido la infeliz tropa que gime y sufre sin poder hacer 



~ 100 — . 

la mas pequeña reclamación* Tenga yd. ia bondad de reseryar para tí e^te pár- 
rafo, porque no quiero que se evapore en razón de que mas contiene el silencio. 

En efecto, D. Panta me habia facultado 'para vender la panela de Yaxoab y de 
otros puntos; pero le he manifestado que en todo el camino real no haj quién 
compre, y que siendo la panela de calidad inferior, solo podria venderse á precios 
muy ínfimos, por haber panela buena de la presente cosecha* Por otra parte^ yo 
no quiero echarme encima este escapulario sobre todos los demos que tengo á cuestas 
y soy de opinión que ú el gobierno insiste en este proyecto, puede mandar buscar 
la panela para que alU se venda. 

Quedan cubiertos los quinoe pesos de la libranza girada contra la subdelegacion 

de Hecelchakan, y siete pesos ochenta y siete y medio centavos mas que recibió 

aquel pubdelegedo del de Hopelchen. 

Sin lugar para mas, me repito de vd. muy atento servidor y amigo Q. B. S. M 

— Juan F. Molina^ 



San Francisco de Campeche, Diciembre 4 de 1857. — Mi querido Ricardo. — Ya 
te considero de regreso del rancho, deneando que hubiese sido sin novedad, y de 
que hubieses arreglado el trabajo, venciendo cualesquiera obstáculoF. 

Supongo que los exactores, como los caciques y venteros de aguardiente, hu- 
biesen ingresado en esa subdelegacion alguna cantidad, la remitirás toda, inclu- 
yendo el producto de alcabalas y el de las ventas que haz hecho de azúcar y aguar- 
diente, y mándamelo todo sin pérdida de tiempo, porque es tal la desesperación 
en que se halla la oficialidad por la falta del pago de sus haberes, que me temo 
que este estado tenga alguna consecuencia funesta. El gobierno nos ha abando- 
nado sin remitir dinero, creyendo sin duda que la subdelegacion de all) dará para 
todo. Te encargo que actives la remesa con escolta que te facilitará Guznáao. 

Aquí me han llegado á pagar la azúcar á tres pesos, y he ofrecido dar veinti- 
cinco arrobas siempre que tengas, en cuyo caso la mandarás inmediatamente sio 
perjuicio de cumplir con tus convenios. Y si no la hubiese, me to dirás por la pos- 
ta para que conteste al interesado. 

Te adjunto esas dos libranzas, cuyo valor he dado cuenta haber recibidO| y no 
dejes de dar cuenta de loé ochocientos cincuenta pesos que me mandaste en cueih- 
ta de la contribución decretada en 2 de Octubre; manifestando las causas y mo- 
tivos que han impedido redondear el cobro del primer plazo. Debes dar cuenta 
al jefe de hacienda y no al tesorero. 

A este último, le he dicho que gire contra la subdelegacion en cantidad de cua^ 
trocientos pesos, que yo daré por recibidos, para que se apliquen á los ramos pen- 
dientes que no se han cubierto. Si algo hubiesen dicho de oficio, no dejes de aW- 
•ármelo. 

Mandarás buscar los cuatro asientos que tengo en Kankirisché del padre Sierra, 
y se los entregarás á Manuel que me los reclama^ 

Va la correspondencia para el correo de ouiñaDa. 

Quedo tu amante papá.--«7tki» F. Molina. 

Escríbele á Tiburcio que el criado Bonifacio Pech, se despareció de Yajícab y 
dicen que se halla por Xcanajaltun. 



— 101 — 

Gobiemo del IkUuio de Yucatán. —Prevengo á V. que de la ptoelt de D. JHan 
Donde que se b&JIa en una bodega de ese pueblo, entregue el número de arrobas 
que puedan cargar siete carros que con este fio pasan á ese pueblo, y de que eg 
capatax el ciudadano Nabor Pérez, quedando bajo la vigilancia de V. el resto de 
la misma panela, basta que se ocurra por ella. 

Dios y Libertad. Mérida, Octubre 9 de 1857.— P. Barrera.^ CreseenmoJ.Fi' 
neh, secretario.— Sr. juez de paz del partido de Hampoloi« 



Párrafo de una carta del oficial delfijo^ D, Gerardo Castillo, d suj^efíora nuulre. 

''Conservo en mi poder la grata de vd. de fecha 28 del pasado» la que me deja 
enterado haber recibido vd. las -cuatro rinconeras que con el C. tJr techo le remití, 
y aunque éste haya llevado otros muebles, estos son de él." 



Párrafos de otra carta del capitán D. Cayetano Campos, del batallón fy o, á su 
esposa doña Aniceta Pren. 

'*La guerra sigue lo mismo, diles á Gertrudis y & Joaquín, esperanzado áníca- 
mente según se sabe que vienen de México personas que comisionó el Gobierno 
para su fin: esto es lo que sabemos aquí." 

'^e noticio tan gustoso, que tengo una niña la mas hermosa, la mas linda del 
mundo, se llama la Purísima sin mancha; te vas á morir de gusto al verla, pues 
yo no tengo otro deleite mas que este; ahí te noticiaré dándote iin pormenor de 
su venida & mi poder; nada mas falta que hatajarla, porque los que la despojaron 
la dejaron por el suelo, y yo con mucha veneración la recogi y hasta no mas ado- 
ré; en primera oportunidad la tendrás.** 



Señor D. José D. González. — Calabozo del castillo de S. Benito de Mérida, 12 
de Diciembre de 1867. — Amado amigo: Aunque antes escribí á Y. dos cartas, en- 
tiendo que tal vez no habrán llegado k sus manos, y esta vez aprovecho la ida k 
esa de D. Tiburcio López: con dicho señor le envió la presente, suplicando á Y^, 
socorra á mi señora madre con el pico que le encargué, y á mi casa, si ésta existe, 
avisándome con este mismo señor el estado de ella y de mis animales, con dos ca^ 
balIoR que dejé á mi. salida. 

No olvide V. saludar ft D. Pedro de oh parte, k nuestro amigo antiguo y á 
Charo. Yh me hallo desde el 23 de Setiembre hasta hoy, sin ver la calle, y sin 
sanar de la herida de la mano, sujeto hasta ho^ á un triste rancho. El Sr. Ortiz 
se halla libre desde el 27 de Setiembre, tenietido la ciudad por cárcel.— -Tuve no-*^ 
ticia al llegar en esta por los prisioneros de esa, haber muerto la cuñada de su 
esposa. No deje V. de avisarme lo cierto. Yo me hallo desnudo, con sola una 
camisa y un calsoncillo que saqué de Yaxcab, y con todo, solo me entristece mi 
fiímilia; de mi parte estoy conforme, padeciendo como los hombres.---Oonsérvese 
bueno y mande en su afectísimo amigo Q. B.^« M.-«-Pedro Cárdcva. 



— 102 - 

Calabozo del castillo de San Benito de Marida, Diciembre 12 de 1857. — Mi 
mas amado tatita. — Logrando la oportunidad del digno yucateco D. Tiburcio Ló- 
pez^ le aviso á V. hallarme encalabozado con todos mis compañeros, detnodos, ea 
la suma miseria y habiéndonos visto cuatro días sin comer. Estamos sentencia- 
dos ó cinco años de servicio de armas. Con este motivo, suplico á V. atienda ft 
mi esposa y recoja lo que sepa ser mió, pues tal vez sea la ultima firma que le dé 
este su hijo que desea lo perdone de sus culpas y B. S. M. — Pedro Canche. 



RELACIÓN de lo que me robaron las tropas que invadieron esta villa el dia 4 
de Noviembre de 1867, mandadas por 2). Juan Sixto OrtolL 

V Caballo de paso, su valor, 100 pesos. — 1 Montura guarnecida de plata, y 1 
freno, 60 pesos. — 2 Bestias mulares, 100 pesos. — Dinero en efectivo, 50 pesos.^ 
Trastos, piendas y ropa, 40 pesos. — Gastos de mi prisión en Mérida, y perjuicios 
consiguientes, ICO pesos. — Total 450 pesos. — Seibaplaya, Octubre 23 de 1860. — 
Tomas Muñoz, 



un LA CION legal de lo que se me robó en mi casa, situada á dos cuadras y me^ 
dia de la plaza de San Francisco cuando las tropas de Mérida ocuparon dicha 
plaza en Octubre de 1867. 

Media docena de sillas de pajilla, usadas, pero en muy buen estado.. • . ^ 12 „ 

Id. id. de madera^ en »•••••••• 6 ,, 

Un par de butacas de cuero, con brazos, útiles 6 „ 

Un espejito de tres cuartas de longitud 3 „ 

Media docena de platoncitos de cristal 6 „ 

Un cochecito de pajilla, de mis niños • . . . 7 „ 

Dos cuadros con sus estampas, en » • • • • 3 „ 

Un forro de catre, nuevo, en • . . 3 „ 

Una piedra de moler, verde, en • • 3 ,^ 

Una guardabrisa, en...» • •••• 2 ,, 

Un par de candeleros de latón y otras frioleras, todo en • 4 „ 

Composición de cerraduras, mazo de llaves, &c., &c •• 4 „ 



Suma total , : 69 



>f 



Campeche, Noviembre 22 de 1860.— iZamon Al/aro. 



— 103 — 

LISTA de todo lo qué rolaron hs tropas de Mérida qm vinieron al mando de D.^ 
Sixto Ortoll el 4 de Noviembre de 1867^ en mi hacienda YaxkukuL 

Por 18 bestias mulares, en may buen estado, á 50 pesos cada una $900 ,, 

y, 2 caballos de paso, buenos, á 60 pesos cada uno TOO „ 

,y 2 capones de carga y tiro, á 20 pesos uno • 40 „ 

,, 1 \wlt de sillas, bridas nuevas, una de etlas guarnecida de plata, en 

60 pesos : 50 „ 

,, 3 sillas de baqueros, buenas, á 10 pesos una • 30 „ 

„ 2 cabezas de ganado salado, que estaban asoleándose para man- 
dar á Campeche, en • • • * • • • 24 „ 

„ 1 par de espuelas de plata, en 25 pesos, que es lo que me costaron. 26 „ 

„ 2 docenas machetes, nuevos, y una de hachas, á 7 reales.. • 31 4 

„ 16 sábanas para asolear azúcar, k 6 reales 12 „ 

„ 8 enjalmas útiles, aperadas, á 9 reales 9 „ 

„ 3 hamacas de bramante florete, á 4 pesos 3 reales una 13 1 

„ 6 calsones de dril átiles, & 3 ^esos 4 reales . • • •••••• 21 „ 

„ 1 par de botas de charol, nuevas, en 8 pesos 8 „ 

„ 3 levitas, dos de alpaca y una de paño, útiles; dos k 6 pesos, y la 

otra en 18 pesos «• ... 30 7, 

„ 2 docenas camisas blancas, de tela real, k 3 pesos cada una 36 



» 



Suma ^..$ 1329 6 

Seibaplaya, Octubre 16 de \%QQ.^ Eduardo Contreras. 

NOTA. — Omito poner otratt msiehaa mciuidenckR por no merecrr U pena re- 
cordarlas. — Eduardo Contreras. 



RELA CION de las bestias y cosas que me fueron robadas en esta mi casa por las 
tropas meridanas cuando ocuparon esta villa el A de Noviembre de 1867, enca- 
bezadas por D, Sixto OrtoH. 

8 Muías que sacaron de mi patio, á 60 pesos, son 400 pesos. — 2 Caballos de 
paso, buenos, que me quitaron, á 60 pesof, son 120 pesos.-^l Montura nueva, 
forrada de plata, 40 pesos.— Los aparejos de las 8 muías, 9 pesos 4 reales. — To* 
tal 669 pesos 4 reales. 

NOTA. — Aunque de dichas ocho muías he recobrado una, ésta ha venido inú- 
til de' un casco y está inservible.— Seibaplaya, Octubre 19 de 1860.— Carias Sivas 



Junta gubernativa de Yucatán. — En justa consideración á los graves daños y 
perjuicios que han recibido los infelices habitantes del barrio de S. Francisco de 
esta ciudad con motivo de la destructora invasión de las tropas del gobierno usur- 



~ 104 - 

pador dejando reducidos sL escombros los edificios de aquel lugar^ la Exma. Junta 
guvernativa,en acuerdo del dia de hoy, ha nombrado k Vdes. encomision, para que 
unidos al señor jefe político de este partido, empleen todos los esfuerzos de su 
acreditado patriotismo y nobles sentimientos en faror de los que han quedado en 
la mendicidad, y al efecto arbitren cuantos recursos les sean posibles para conse- 
guir la reedificación ds aquel barrio; contando con que esta Exma. Junta por su 
parte cuidará de proporcionarles cuantos auxilios sean indispensables, para el lo* 
gro de tan interesante y benéfico objeto. 

Dios y Libertad. Campeche, Enero 18 de 1858. — Pablo Garda, presidente. 
— Jiian José Herrera, vocal secretario. — Sres. D. José Maria Bassó, D. Juan P. 
Marcin, D. José del R. Hernández y D. Perfecto Baranda. 



NUMEEO 27. 

(Citado en la página 110.) 

OFICIO DE D. PANTALEON BARRERA AL SUPREMO GOBIERNO. 



Gobierno del Estado libre de Yucatán. — Escmo. Sr. — Diferentes comunícacio' 
nes dirigidas á V. E durante el mes de Agosto próximo pasado, y la voz viva del 
Sr. D. Santiago Méndez, comisionado especia! de este gobierno cerca del Supremo 
nacional, habrán instruido circunstanciadamente al Escmo. Sr. presidente de la 
República y á su digno ministerio, de los sucesos desagradables que han tenido 
lugar en este Estado desde el dia 4 del referido mes hasta el 29 del mismo en qoe 
se pudo embarcar dicho señor comisionado en unión de cinco señores díputadoi 
al soberano congreso de la nación, únicos imparciales, porque D. Tomas Aznar 
Barbachano y D. Nicolás Dorantes y Avila, que también se han dirigido á esa 
capital, se hallan personalmente interesados, como qoe han tenido una parte muy 
activa en el curso de la revolución que tantos males ha causado al país. 

Sofocada la rebelión en todos los puntos d^l Estado en que las tropas fieles al 
Supremo Gobierno han podido tener acceso, se haya concentrada en la plaza de 
Campeche y en el litoral de su costa hasta la isla del Carmen, amparados loa se- 
diciosos de los muros de aquella ciudad y de la falta de buques, porque aunque 
pudiera ponérsele el sitio, seria ineficaz esta medida sin un bloqueo formal capaz 
de prirar k Jos facciosos por tierra y por mar de toda comunicación y recurso. 

El corto numero de fuerzas de que la comandancia general puede disponer, en 



— 105 — 

rason de que tiene que mantener cubiertas del modo posible las Uneas del Oriente 
y Sur, y la de los Chenes contra I09 indios subleyados» para que no se echen sobre 
multitud de poblaciones inermes ó indefensas y sacri6quen á todos sus habitantes, 
ha prolongado y debido prolongar naturalmente el statu quo de la revolución. 

Lo ha prolongado también la escasez de numerario con que poder levantar nue*- 
vos cuerpos de guardia nacional, por hallarme privado de los rendimientos de las 
aduanas marítimas de Campeche y del Carmen, que son tan considerables, y tam- 
bién de las contribuciones directas é indirectas de ambos partidos, y del de Sei* 
baplaya situado en medio de ellos. 

Lo ha prolongado, finalmente, la falta de armamento, y mas que todo, la de 
dos buques armados con que hostilizar la plaza de Campeche; porque rendida és- 
ta, se rendiria necesariamente el Carmen y todo queoaría concluido con honra pa- 
ra las armas de la nación, añadiéndose este lauro á los muchos que en diferentes 
lugares de la' República tiene adquiridos desde el memorable plan de Ayutla. 

Si los facciosos salieran de su guarida, ya el problema estarla resuelto; pero no 
lo hacen por mas que se les provoca, hasta el caso de hallarse las fuerzas del go- 
bierno muy cerca de ellos. Limítanse, pues, & publicar papeles incendiarios con 
que pretenden seducir á los pueblos, siendo su único fin apoderarse del mando de 
todo el Estado, que no pudieron conquistar en el terreno legal de las elecciones por 
falta absoluta de popularidad. Este es su verdadero programa, y sus medios el 
despojo y la persecución de los empleados de toda clase que no han secundado 
sus miras, la hostilizacion del puerto de Sisal con un buque que han armado, con- 
vencidos, como lo están, de que no puede usarse áe represalias por falta de medios» 
y en fin, el uso y desperdicio de los caudales de la nación y del Estado en el sos^ 
tenimiento de una revolución á todas luces injusta é inmoral, impolítica y teme- 
raria, que no progresa por mas que lo procuran, y que lejos d^ eso va en deca- 
dencia por lo que toca á su fuerza moral, porque muchos de los seducidos que 
abrazaron el partido.de los disidentes, lo van abandonando lentamente presentán- 
dose á este gobierno. 

Es, pues, necesario, urgentísimo, que el Escmo. Sr. presidente de la República» 
accediendo á las peticiones que le tengan hechas el Sr. D. Santiago Méndez y la 
mayoría de la representación de este Estado, compuesta de los Sres. diputados 
Rendon, Cisneros, Carvajal, Castillo Peraza y Aldana, dirija su atención á este 
pueblo agobiado hace mas de nueve años con la guerra desastrosa de castas, que 
es ahora con la civil doblemente sensible, porque entorpece y paraliza las opera* 
ciones de la primera, absorviéndose los pocos recursos disponibles. 

El envío de uno 6 dos buques de guerra á disposición de esta comandancia ge- 
neral, si es que de pronto no puede venir gente, armas y algún dinero; una decla- 
ración del Supremo Gobierno de quedar cerrados los puertos de Campeche y el 
Carmen á todo comercio durante la escisión^ y un decreto confirmando el de este 
gobierno, por el que se declaran privados de sus destinos todos los empleados mi- 
litares, civiles y de hacienda que no se le han presentado, serian un poderoso auxi* 
lio para conseguir el término de la revolución. 

14 



— 106 — 

Sfrrase V. E. hacer presente todo lo expuesto al Escmo. Sr. presidente de la 
República, y admitir las protestas de mi particular estimación que le renuevo. 

Dios y libertad. Mérida, Setiembre 15 de 1857. — Pantaleon Barrercu — Cre$* 
cencío J. Pinelo, secretario. — Escmo. Sr. Ministro de Estado y del despacho de 
Gobernación. 



NUMERO 28. 

(Citado en la página 112.) 

LISTA DE PRESOS, ESPULSOS Y PERSEGUIDOS POR D. PANTALEON BARRERA 
EN MÉRIDA, EN OCTUBRE DE 1857. 



REZA CION de las personas mas distinguidas en el foro, en la magistratura y en 
las armas, como asimismo del pueblo, que padecen los actos de despotismo de JD. 
Pantaleon Barrera: 

PRK808. 

ce. Dr. Pablo Castellanos. 
„ Manuel Palomeque. 
„ Pedro Rubio. 
„ Coronel José Dolores Zetina. 
„ Federico Casares. 
„ Tomas Pasos. 
j, Leocadio Espinosa. 
„ José Buenfil. 
„" Prudencio Tenorio. 
„ Prudencio Hijuelos. 
„ José Castro. 
,5 Benjamín Cuevas. 
„ Pedro Orta. 
„ Ildefonso Cárdenas. 
ff Ciríaco Arcolea. 
„ Herculano Meneses. 
,f Jacinto Encalante. 
„ Manuel Orduy. 
„ Francisco Pinto. 



— 107 — 

ce. Lorenzo Peraza. 
,^ Juan Tamayo. 
,y Tomas Vázquez. 
' „ Pablo Vargas. 
„ Alejo Reyes. 
9, Francisco Cantillo. 
,f Felipe Paredes. 
„ N. CaRtillo. 
ff Pedro Irabieo, 
„ Nazario Ángulo. 
„ José Servían. 
„ Gregorio Mendoza. 
„ Miguel Doporto. 
,f Susano Arjona. 

„ Coronel José de los Santos Gómez. 
„ Mariano Correa. 
„ José León García. 

B8PUL80S CON FIANZA DE 1.000 PESOS. 

ce. Lie. Juan José Herrera. 
„ Manuel Donde. 
„ Manuel Silvestre Herrera. 
,f Pedro Contreras Elizalde. 
,y Juan José Hernández. 
„ Venancio Canto. 
,f Francisco Ramírez. 

BAJO DB FIAKZA. 

ce. José D. Escalante. 
f, Manuel Paz. 
y, José María Sansores. 
f, Agustín Muñoz. 

PERSEGUIDOS^ CUTA APBEHENSlOlf KO SE HA YBBIFIOADO. 

ce. José Jesús Castro. 
„ José María Vargas. 
,y Pedro Zetína. 
„ Tranquilino Puerto, 
y. Alvino Franca 
„ Lázaro Franco. 
,, Cristóbal YillamiK 
„ N, Sosa. 
f, Lorenzo Pacheco. 
f, Mariano Romero. 



— 108 — 
ce. Filiberto Romero. 



9> 



N. Arcolea. 
„ Isidro González. 
,y Regino Méndez. 
,, Ángel López. 



NUMERO 29. 

(Citado en la página 113.) 



SEPARACIÓN DE D. PANTALEON BARRERA DEL GOBIERNO. — COMISIONADOS 

ENVIADOS POR EL GENERAL PERAZA A CAMPECHE.!^ — 

SUSPENSIÓN DE HOSTILIDADES. 



GoMemo del Estado Yucatán, — Convencido de que en las actualeB circunstan- 
cias 68 no solo conveniente, sino absolutamente necesaria la reunión de los man- 
dos político y militar, para salvar al pais de los males que le agobian con motivo 
de la guerra de castas y de la escicíon de Campeche é Isla del Carmen; siguiendo 
el ejemplo de todos los pueblos en iguales casos, según testifica la historia anti- 
gua y moderna, de cuyas lecciones debemos aprovecharnos si verdaderamente es- 
tamos poseídos de sentimientos patrios; y deseando dar una prueba ioequivoca de 
que no el deseo de conservarme en el puesto á que me elevó la voluntad del pue- 
blo soberano, sino la obligación estrecha en que me hallo de mantener á toda cos- 
ta la dignidad del Gobierno, me ha obligado k permanecer en su desempefio; he 
determinado llevar al cabo lo que hace tiempo tengo meditadO| y hubiera puesto 
en ejecución si el Sr. general D. José Cadenas no se hubiera resistido reiterada- 
mente á ello, por el público mal estado de su importante salud, que al fin le ha 
hecho separarse del mando de las armas. 

Necesaria, urgentísima es, pues, la reunión de los mandos político y militar en 
el Estado, para obrar con aquella unidad de voluntad y de acción, de que depen* 
de en las grandes emergencias políticas la salvación de los pueblos; y atendo mas 
natural que el que ejerce el poder militar reasuma el mando político, como que es 
quien dispone de los elementos mas adecuados para el fin y objeto de la reunión» 
espero que hoy mismo se sirva V. S. reasumir por el tiempo necesario en toda su 
plenitud el poder ejecutivo del Estado; en el concepto de que su resistencia ó ne- 
gativa, será de muy funestos resultados para nuestro pobre y trabajado pais. 



— 109 — 

Aguardo aniioso su respuesta, para hacer saber el resultado á quienes corres* 
ponde eu los términos de costumbre, á fin do que surta todos sus efectos. 

Entre tanto, renuevo á V. S. las seguridades de mi particular aprecio. 

Dios y libertad. Mérida, Diciembre 10 de 1857. — FantaUon Berrera. — Cres 
eencio J. Pinelo, secretario.— Sr. general D. Martin Francisco Peraza, encargado 
del mando general de las armas del Estado. 



Kscmo. Sr.-— Me he impuesto de las razones que V. E. manifiesta en su apre* 
eiable comunicación de esta fecha, para transferirme el mando político del Estado 
que tan dignamente ejercCi durante las circunstancias que ecsigen la unidad de 
acción y voluntad, de que depende la salvación de los pueblos en las grandes emer- 
gencias políticas. 

La mayor prueba que puedo dar de la sinceridad con que amo á mi pais, es 
aceptar, como acepto, en tales circunstancias y falto de salud, un mando rodeado 
de todos cuantos inconvenientes y embarazos pueden hacer crítica la posición de 

an e^obierno. 

Yo haré, pues, todo cuanto humanamente depeuda de mi arbitrio, para poner 
término á los horrores de la guerra civil que nos consume, salvando empero los 
principios y la dignidad del Gobierno; pero si no tuviese la fortuna de conseguir- 
lo, contando para ello con la leal cooperación de los buenof yucatecos, entonces 
volveré á resignar los mandos que solo puedo aceptar temporalmente bajo aquella 
condición. 

Protesto á Y. E. las seguridadea de mi particular apreeio y naaa perfeeta consi- 
deración. 

Dios y libertad, Mérida, lOde Diciembre de 1^67. -^M* F. Peroj^o^-^Esamo. Sr. 
gobernador del Estado, D. Fantaleon Barrera. 



Qobtemo del Eetado libre de Yu&itan.-^VoT los motivos á que se refiere e 1 
Escfloo.'Sr. D. Pantaleen Barrera en tfn nota circular de esta feci», me he hecho 
cargo temporalmente, como encargado de las armas del Estado, del gobierno po- 
Htioo del mismo, que por libre elección de los pueblos recayó en aquel distinguido 
yueateeo. 

Al -comunicarlo á vd. para los fines consiguientes, tengo el gusto de ofirecerle 
las demostraciones de mi particular aprecio. 

DioB y libertad. Mérida, 10 de Diciembre de \%bl .—Martin F. Peraza.—Crei" 
eencÍQ Joeé Finelo, secretario. — Circular á los jefes politicos, autoridades, presi- 
dentes de corporaciones, &c. 



Secretaria general de Oobiemo. — Gobieino del Estado de FtíCAton.— Exmo. 
Sr«-*AI hacerme cargo del mando en jefe de las armas de este Estado, juzgó 



— lio — 

V. E. Decesaria y urgetitfsima la medida de que me encargase también del go« 
bierno político, por las razones que espuso en su atenta comunicación de 10 del 
corriente; y al aceptar esa doble carga en tiempo tan azaroso como el que vamos 
atravesando, ofrecí hacer todo cuanto humanamente dependiese de mi arbitrio 
para apagar el fuego de la guerra civil que nos devora, sin desatender el peligro, 
no menos gtave, de la de castas. Espuse con franqueza mi plan de adoptar una 
política conciliadora, probando los medios de un avenimiento racional y decoroso 
antes de apelar nuevamente al destructor y violento de las armas. V. E. y todos 
saben que no concebí la menor esperanza de lograrlo, porque algo conozco basta 
qué punto ciega á los hombres el insensatd furor de sus pasiones; y aunque el mal 
éxito de ese paso justifique ahora mi desconfianza, cábeme al menos la satisfac* 
cion de que el modo empleado para lograrlo haya merecido la aceptación de to- 
dos los habitantes del Estado, sin distinción de origen, estado ó condición. 

V. £• se halla instruido de todo, pero conviniendo que el público, para juzgar 
mejor, venga también en conocimiento de los menores detalles acerca de tan gra- 
ve cuestión, he mandado imprimir los documentos relativos, de que acompañaré 
á V. £• ejemplares. Cuando se discuten intereses que tan vivamente afectan á 
la comunidad, ésta indicará de una manera inequívoca el curso que deban tomar 
los sucesos, partiendo desde el punto en que nos hallamos. 

En cuanto k mí, no me toca hacer otra cosa que devolver á Y. E., como ofrecí 
en mi respuesta á su comunicación ya citada, el mando político que temporalmen- 
te depositó en mis manos, y en cuya corto periodo he procurado ceñirme á go- 
bernar conforme á la colistitucion y leyes, no obstante las facultades estraordina- 
rias que en parte las restringen, según ha convenido á las exigencias de la si- 
tuación. 

Acaso V. E. ter& mas afortunado, como deseo, en alcanzar el objeto de la paz, 
que tan ardientemente he buscado por medios dignos 7 decorosos, y á la que na- 
turalmente propenden los pueblos. 

Renuevo & V. E. las seguridades de mi atención y respeto. 

Dios y libertad. Mérida, Diciembre 24 de 1867.— ilf. F. Peraza.-^Crescen'- 
do J. Rnelo, secretario. — Escmo. Sr» gobernador D. Pantaleon Barrera. 



Gobierno del Estado de Yucatán y general en jefe de la división de operaeionm» 
— Al encargarme del mando en jefe de las armas de este Estado por enfermedad 
del Sr. general D. José Cadenas, juzgó el Exmo. Sr. D. Pantaleon Barrera que 
era conveniente asumiese yo tombien el mando político, mientras duren las cir- 
cunstancias que exigen la necesidad de esta medida. Bajo este doble earácter ofi- 
cial, creo de mi deber manifestar á vdes., como tengo el honor de hacerlo, los vi* 
vos deseos que me animan en favor de la paz, y porque hagamos cesar la lucha 
horrible y fratricida k que desgraciadamente ha dado tugarla mala inteligencia de 
un principio, que debatido primero en el terreno legal, se le hizo después descen- 
der al terreno de los hechos, de un modo contrario, i lo que entiendo, á la prácti- 
ca y usos del sistema democrático. 



— 111 — 

Mas sea de eso lo que fuere, ya que esa cuestión se ba disputado á mano arma- 
da con todo el valor y tenacidad de hombres bravos y leales, tiempo es ya^ á la 
verdad, de que acallando el alarido de las pasiones, solo bagamos escuebar la voz 
de la razón, que fría é impasible jamas desvía al bombre del fin que busca. 

Demasiado largo tiempo bace que estamos dando al mundo el escándalo de vi- 
vir empeñados en la obra de nuestra propia destrucción^ cuendo debiamos todos 
ocuparnos en prevenir las consecuencias de ia reacdoo que avanea en )a Repúbli^* 
ca á paso apresurado, y la ferocidad de loa salvajes que atentamente acechan las 
ocasiones de aniquilarnos. 

Por eso me dirijo» lleno de confianza, á yucatecos en cuyoa corazones no ha de 
haberse estinguido el amor á su pais nata), y que dcBíasíado previsores é ilustra* 
dos para conocer en toda su estenaion los terribles efectos de la guerra civil^ con- 
vendrán en la necesidad que tenemos de hacerla cesar & costa da cuantos aacrifi^ 
cios sean compatibles con nuestras respectivas posiciones. 

En cuanto á mí, señores, no tengo embarazo en asegurar, que prefiero mil ve- 
cea la salvación de la vida del último de mis conciudadanos, á los triunfos mas es- 
pléndidos que sobre ellos pudieran conseguir las tropas del gobierno. 

Concibo la esperanza de que si el ilustrado pueblo campechano, deponiendo sin 
temor su actitud hostil, é identificándose en sentimientos con el restb de sus ber-, 
manos, marcha con ellos de común acuerdo á la salvación de su infortunado país 
habrá dado con esto la mejor prueba de su sensatez y patriotismo. 

Para llegar á tan deseado término les ofrezco gustoso la oliva de la paz, y les 
ofrezco también ser el primero que hará sacrificios en el altar de la concordia. 

No espero que interpretándose gratuitamente mis sentimientos, se dé á este ac- 
to otro significado del que realmente tiene, es decir, el franco, noble y leal deseo 
de buscar la paz por medio de un fraternal avenimiento, que escuse por mi parte 
el tristísimo deber de mantener ilesa la majestad do la ley y el buen derecho y dig- 
nidad del gobierno. 

Los respetables Sres. Dr. D. Antonino Quijano y D. José Tiburcio López, que 
pondrán en manos de vdes. la presente nota, van encargados de recibir y hacer es- 
plicaciones en caso necesario, así como de ofrecerles mis respetos y personal con- 
Btderacion. 

Dios y libertad. Mérida, 12 de Diciembre de 1867, — M. F. Peraza. — Sres. 
D. Pablo Garcia y D. Pedro de Baranda, jefe de las armas el primero, y coman- 
dante militar el segundo de Campeche. 



Gef atura política y militan del distrito de Campeche. — Gonseeiftente & la comu- 
nicación que esta comandancia acaba de recibir por el parlamento que «otidujo el 
Pbro. D. José Maria Mareutes, se ha determinado oir á vdes. frente á la fortifi- 
cacion de la plaza de Guadalupe, en el momento precito qoa vdes* reciban esta 
comunicación, entendidos de que les serán guardadas las coosideracionea que ecai- 
gen las leyes de la guerra. — Dios y libertad. Campeche, y Diciembre 16 de 1857* 
— Pablo García. — Sres. cura D. José A. Quijano y D. José T. López. 



— 112 - 

Sr. D. Maitin F, Peraza. — Campeche, Diciembre J8 de 1857. — Amigo y ret* 
petable señor. — Ayer hemos seguido nuestras conferencias con el Sr. Lie. García^ 
pero no ha sido posible adelantar cosa alguna en razón de que dicho señor no se 
presta á ningún avenimiento sin la precisa condición de no reconocerse como go- 
bernador al Sr. D. Pantaleon Barrera, y que otorgándosele su pretensión te presta^ 
ria fácilmente á los demás arreglos consiguientes para restituir la paz, desgracia- 
damente interrumpida.— 'Hoy deberá celebrarse una junta de las personas notables 
de esta ciudad, según se nos ha informado, con el objeto, sin duda, de esplorar la 
opinión pública para resolver definitivamente. — En tal concepto, es regular que 
hoy se resuelva la importante cuestión del destino de nuestro pais, y es probable 
que nosotros seamos los conductores del final desenlace dé nuestra comisión. — 
Se repiten de vd. sus mas atentos seguros servidores Q. S. M. B. — José Antonino 
Quijcmo. — José Tibur cío López, 



Sr. D. Martin F. Peraza.— Campeche, Diciembre 19 de 1857. — Muy respeta- 
ble amigo y señor. — Por nuestra comunicación de ayer indicamos á vd, que debe* 
ria celebrarse una junta general convocada por estas autoridades, con objeto de 
esplorar su opinión para resolver de conformidad sobre el particular de nuestra co- 
misión. — ^También fuimos convocados para asistir como lo verificamos. — La junta 
fué compuesta de todos los jefes y oficiales de esta guarnición, del ayuntamieato 
y autoridades, de parte del estado eclesiástico, de los Sres. cura Jiménez y Fbro. 
D. Vicente Méndez, y de los propietarios de este comercio y vecindad. Princi- 
piada la discusión, presidida por el Sr. Lie. D. Pablo Garcia, este señor manifes- 
tó, como preliminar, que si se creia conveniente admitir como base el reconocí- 
miento, que se tiene como constitucional, de gobernador del Estado, en la persona 
del Sr. D. Pantaleon Barrera. — La resolución de la junta, por unanimidad abso- 
luta, fué de no reconocerlo. Como natural consecuencia, la junta concluyó el ob- 
jeto para que fué convocada, y en seguida se nos pasaron las comunicaciones re- 
lativas en contestación á las nota^ de vd. de que fuimos portadores, y que lleva- 
remos para ponerlas en mano propia. Hoy esperamos aviso del jefe de la división 
acantonada en San Francisco, estramuros, de la llegada del carro que hemos pe- 
dido para emprender nuestra retirada para esa. — Se repiten de vd. sus mas aten- 
tos servidores Q. S. M. B. — José Antonio Quijano. — José Tiburcio López. 



Gefatura política y militar del distrito de Campeche. — Exmo. Sr. — El atento 
oficio de V. E. de 12 del corriente, que pusieron hoy en nuestras manof los res- 
petables señores Dr. D. Antonio Quijano y D. José Tiburcio López, nos deja im- 
puestos de haberse encargado Y. E. del mando en jefe de las armas del Estado, 
por enfermedad del Sr. general D. José Cadenas, como asimismo del gobierno 
político, mientras doren las circunstancias que lo exigen, por haberlo juzgado así 
coDvenieote el Exmo. Sr» Gobernador D. Pantaleon Barrera; y hemos recibido el 



— 113 — 

honor de Y. E. bajo este doble carácter, ae haya dignado manifestarnos los viros 
deseos que le animan en favor de la paz, y porque hagamos cesar la locha horri* 
ble y fratricida .á que desgraciadamente ha dado lugar la violación de la libertad 
polfttca del pueblo, que reclamada desde muy temprano en el terreno legal, mien- 
tras mas enérgicas fueron las reclamaciones, mas ingratos frutos produjeron, dando 
lugar de este modo á que las cosas llegasen al estremo indispensable y lastimoso 
á que han llegado.**-Como quiera qne sea, V. E. puede estar persuadido que en 
nuestros corazones no se ha estinguido ni,podr¿estínjnirie el amor á nuestro país 
natal, que es todo Yucatán; y los beobos, que hablan de un ipodo mas Represivo 
y seguro que las palabras, ofrecen el testimonio mafi pleno y cumplido en nues- 
tro favor. En, efecto V. E. mismo ha sido testigOi como todos los habitantes del 
Estado, que iniciada la revolución, y en marcha siempre progresiva, no solamente 
hemos respetado á los muy pocos enemigos que vivian en el distrito, dejándolos 
hasta los últimos días, en libertad de ausentarse ó no^ sino que jamas pensamos 
llevar nuestras huestes fuera de los limites del mismo distrito, procurando mino- 
rar los males de la guerra, y de una guerra civil que habia estallado á nuestro pe- 
sar y en la que pensábamos guardar una posición meramente defensiva, esperan* 
do que á los otros pueblos se presentase la ocasión de espresar con libertad sus 
sentimientos, ó que el Supremo Qobierno, á quien dimos cuenta inmediatamente 
con todos los antecedentes, se dignase mediar en la cuestión. Por desgracia} oí 
los pueblos han logrado salir del estado de coacción á que con estudio se les re- 
dujo con meditada anticipación, ni el Supremo Cbbierno ha tenido á bien ioterve- 
nir en nuestra disidencia; y nuestros adversarios, lejos de corresponder á nuestras 
miras, dejando de ver en Yucatán un solo y único todo, no han tenido mas ten- 
dencia que despertar y fomentar el ciego y funesto espíritu de localismo, á fln de 
aumentar sobre nuestro distrito el odio y et furor de todos los demás pueblos. 
Asi fué, y V. E. lo ha visto, que á nombre del gobierno, cuyas riendas tiene hoy 
en sus dignas manos, y á la sombra de una legitimidad cuestionada, las fuerzas 
de su mando han invadido hasta ios barrios de esta ciudadi destruyendo é incen- 
diando cuanto ha caido bajo sos manos: han recorrido las haciendas y poblaciones 
inermes del distrito, llevándose de las primeras bestias mulares y rocines^ el gana- 
do vacuno y los cereales, destruyendo los trastos y aprisionando & los sirvientes, 
sin mas objeto que dar de ana sola Tez un golpe de muerte 4 nuestra agricultura; y 
en las segundas han saqueado, maltratado y conducido prisioneros i ios indefen- 
sos vecinos. No nos quejaremos de los actos de barbarie cometidos con nuestros 
prisioneros de guerra, con nuestros heridos y aun con nuestros muertos, tal vez 
con el fin de amedrentar á nuestra tropa. V. E. con la ciencia de los hechos y 
dotado de esquisita sensibilidad, podr& apreciar la enormidad de los ultrajes que 
hemos recibido, la intensidad de nuestras afecciones, y la disposición en que es- 
tamos para consumar el sacrificio ó la venganza. Sin embargo, dóciles k la voz 
de la razón, y sin dejarnos llevar de otro sentimiento mas que del amor á la pa- 
tria, oirérhos gustosos á los respetables comisionados de V. E., y aceptaremos la 
oliva de la paz con que tan generosamente nos brinda, si con ella se salvase la 
dignidad y el honor del distrito, Cínico tesoro que nos queda que conservar con 
preferencia á nuestras propias vidas. 

16 



— 114 — 



Con tal motivo, tenemoB la honra de ofrecer k Y. E. nuestra consideración y 
respeto. — Dios y Libertad. Campeche, Diciembre 23 de 1867. — Pablo García. 
'^Pedro de Baranda, ^lExmo, Sr. gobernador y comandante general del Estado, 
D. Martin F. Peraza. 



Gefatura política y militar del distrito de Campeche. — Habiendo oido las eg- 
plicaciones que vdes. nos han hecho, de conformidad con lo que manifiesta el 
Escmo. Sr, gobernador y comandante general D, Martin Francisco Peraza en su 
atento oficio de 12 del corriente, que pusieron antier en nuestras manos, y siendo 
segur) ellas la base esencial de todo acomodamiento el reconocimiento de la legali^ 
dad de la elección de los supremos poderes del Estado, y la legitimidad del gobier^ 
no de J^. Pantaleon Barrera, no nos atrevimos á dar á vdes. contestación alguna 
BÍn antes oír á los señores jefes y oficiales de la guarnición, á los miembros del R. 
ayuntamiento, jueces, empleados y vecinos acomodados, para cuyo efecto convo- 
camos la junta general á que nos hicieron el apreciable honor de concurrir, y eo 
la que con notable é indefinida sensación istmos una sola voz firme y uniforme, que 
declaró imposible celebrar ninguna transacion que descanse en la espresada base. 

No e.sik de mas advertir á vdes., para que conozcan la fé de los jefes de lastro 
pas del gobierno que los ha comisionado, que aunque antier tarde nos pasaron un 
oficio tranpcribiéiidonos otro del comandante en jefe de la brigada de operaciones 
sobre la plaza, en que aseguraba que en el mismo dia libraria las órdenes respecti- 
vas para nuspender las hostilidades, y que algunas tropas que tenia fuera las con- 
sideraba á largas distancias, por lo que debian transcurrir dos ó tres dias para que 
recibiesen la orden y volviesen á su cuartel; ayer á las once del dia se presentó un 
sirviente de la hacienda Chivic, situada cinco leguas de esta plaza y del cam- 
pamento enemigo, y vdes. mismos han oido que declara que en la noche de antier, 
como á las nueve ó las diez entró en dicha hacienda la fuerza que debia volver á 
su cuartel, macheteó á un sirviente y se apoderó del ganado vacuno y caballar que 
encontró, é hizo los destrozos acostumbrados en las incursiones vandálicas quede 
vez, en cuando practican, siguiendo de alli sin duda á hacer la misma operación en 
las haciendas del tránsito. Este suceso les habrá acreditado bastantemente que 
ni era cierto lo que el comandante les dijo de oficio, sobre estar las tropas á lar- 
gas distancias que ecsigiesen dos 6 tres dias para su regreso, puesto que en la no- 
che apenas estaban á cinco leguas; ni se dirigió quizá orden ninguna para la sus- 
pensión de hostilidades, pues de haberse hecho no se hubieran cometido tales 
desmanes, porque oportunamente la hubieran recibido á tan corta distancia. * 

Sírvanse vdes., al dar cuenta con esta comunicación al Escmo. Sr. gobernador 
y comandante general D. Martin Francisco Peraza, manifestarle que aunque es- 
tamos dispuestos á hacer los mayores sacrificios por el bien de la paz, no podre- 
mos jamas llegar hasta el sacrificio del honor del distrito, que arruinado ya en sus 
posesiones y bienes materiales, no le queda mas que la moralidad que conservar^ 
Dios y libertad. Campeche, 18 de Diciembre de 1867. — Pablo Oaarda.-^Pe' 



— 115 — 

dro ék Baranda. — Sres. Dr. D. José Antonino Quijano y D, José Tiburcio Lopez^ 
comísionodos por el Escmo. Sr. gobernador D. Martin Francisco Peraza. 



Oobiemo del Estado libre de Yucatán. — Teniendo datos positivos para persua- 
dirme que la guerra civil que hace cuatro meses deyora á nuestra angustiada pe- 
Tilnsula por la pertinacia de los difidentes de Campeche, no tiene otro objeto que 
el separarme de la primera magistratura del Estado, á la que me elevó el voto es- 
plícito de mis conciudadanos, he tenido por conveniente hacer dimisión del mando, 
encargándose V. S. de él provisionalmente, mientras se reúne la legislatura que 
debe aceptar la renuncia y proveer á las necesidades que presente. 

No quiero que mi nombre continúe siendo el pretesto para armar hermanos con- 
tra hermanos y para la efusión de la sangre yucateca, preciosa por mil títulos pa^ 
ra mí; no quiero que mi persona sea el único obstáculo para la paz pública, y por 
eso desciendo voluntariamente del poder, que nunca he ambicionado; y no habien- 
do tenido otro norte en el tiempo de mi gobierno, que el bien de la comunidad, 
me contemplaré dichoso con que la patria sea feliz. 

Reproduzco á V. S. las seguridades de mi particular aprecio. 

Dios y libertad. Mérida, Diciembre 28 de 1867.— P. Barrera. — Crescendo J. 
JPinelo, secretario. — Señor general en jefe de las armas del Estado. 



NUMERO 30. 

(Citado en la pétgina 114.) 

PRONUNCIAMIENTO DE CAMPECHE T MÉRIDA POR EL PLAN DE TACUBAYA 
DE 17 DE DICIEMBRE DE 1857, Y DE LA GUARNICIÓN DE MARIDA 



ACTA. 



En la M. H. ciudad de Campeche, á veinticinco dias del mes de Diciembre 
de mil ochocientos cincuenta y siete, reunidos en la casa consistorial los individuos 
que componen la corporación municipal, con el objeto de acordar lo mas conve- 
niente á los intereses generales de la nación y los particulares del Estado, en aten- 



— 116 — 

cion á las crfticas circunstancias de aquella y á las complicadas en que éste se 
halla envuelto en una guerra civil que lo está devorando hace cinco meses, im* 
puestos de las ultimas ocurrencias que han tenido lugar en la República, porlos 
documentos públicos que ha traido el pailebot nacional Constante, procedente de 
Veracruzy y con destino á San Juan Bautista de Tabasco, á cuyos documentos se 
dio lectura. Considerando: que Yucatán no puede en ningún caso dejar de se- 
guir la suerte de la nación de que es una parte integrante. Considerando: que el 
plan proclamado en Tacubaya, y secundado en la M. H. Veracruz, contiene lot 
medios necesarios para la salvación del pais y para el sostenimiento de los princi- 
pios liberales^ amenzados por la reacción mas tenaz y temeraria. Considerando, 
por último, que en las circunstancias en que está el Estado, es indispensable esta* 
blecer un gobierno particular que amalgamando los intereses y pasiones, ponga fin 
á las discordias intestinas, é inspirando confianza á todos los partidos, dé lugar á 
que los ánimos se tranquilicen y la paz restablezca su reinado, acordaron: 

Art I. ® Se adopta en todas sus partes el plan proclamado en Tacubaya eo 
la madrugada del 17 del corriente. 

Art. 2. ^ Mientras se da la constitución y la República entra en el orden nor- 
mal, se establece para el régimen interior del Estado una junta gubernativa, com- 
puesta de los ciudadanos: propietarios, general Martin F. Peraza, Lie, Pablo Ghtr- 
cia, J. Tiburcio López, Lie. Tomas Aznar Barbachano, Lie. Juan J. Herrera; 
suplentes, coronel José D. Zetina, Pedro de Baranda, Francisco Ramírez, Dr« 
Pablo Castellanos, Juan Miguel Castro. 

Art. 3. ® La junta se instalará desde luego con los propietarios y suplentes 
que se hallen presentes, hasta que estén reunidos todos los propietarios llamados 
por el presente plan. 

Art. 4. ^ La junta ejercerá todas las facultades que abraza el gobierno poli- 
tico y militar del Estado, sin otras limitaciones que las que le imponga el Supre- 
premo Gobierno, 

Art, 5. ^ Ademas de las autoridades desconocidas por este plan, por el mero 
hecho de establecerse la junta gubernativa que constituye los supremos poderes 
del Estado, cesarán en el ejercicio de sus funciones las demás autoridades que do 
lo secunden. — Miguel Domínguez. — Miguel Urbina,-^ Pablo Llovera. — José Oar- 
cia y Poblaciones. — Joaquín Maury. — Perfecto de Baranda. — Francisco Colóme. 
— Eduardo Berron.-^Leandro Dómingnez. — Benigno A. Rodrígwz. — J. Pérez 
Espinóla.-- José del B. Hernández. — Juan P. Marcin. — V. Nufíez de Castro, se- 
cretario. 



ACTA. 



En la M. H. ciudad de Campeche, á veinticinco de Diciembre del año de mil 
ochocientos cincuenta y siete,' reunidos en la comandancia general todos los seño- 
res jefes y oficiales de la división de operaciones y guarnición de esta plaza, con 
el objeto de acordar lo mas conveniente á los intereses generales de la nación y 
á los particulares del Estado, en atención á las criticas circunstancias de aqvella 



— 117 - 

y á las mai complicadas en que éste se halla, enruelto en una guerra civil que lo 
está devorando hace cinco meses; impuestos de las últimas ocurrencias que han 
tenido lugar eü la República por los documentos públicos que ha traido el paile- 
bot nacional Constante, procedente de Veracruz y con destino i San Juan Bau« 
lista de TabascOy á cuyos documentos se di¿ lectura. 

Considerando: que Yucatán no puede en ningún caso dejar de seguir la suerte 
de la nación^ de que es una parte integrante. 

Considerando: que el plan proclamado en Tacubaya, y secundado en la M. H« 
Veracruzj contiene los medios necesarios para la salvacioia del pais y para el sos* 
lenimiento de los principios liberales, amenazados por la reacción mas tenaz y te* 
meraria* 

Considerandoi por último, que en las circunstancias en que está el Estado^ es 
indispensable establecer un gobierno particular, que amalgamando los intereses y 
pasiones, ponga ñn á las discordias intestinas, é inspirando confianza á todos los 
partidos, dé lugar á que los ánimos se tranquilicen y la paz restablezca su reina < 
do, acordaron: 

Árt. 1. ^ Se adopta en todas sus partes el plan proclamado en Tacubaya en 
la madrugada del 17 del corriente. 

3. ® Mientras se da la constitución y la' República entra en el orden normal, 
se establece para el régimen interior del Estado, una junta gubernativa compuesta 
de los ciudadanos: propietarios, general Martin F. Pereza, Lie. Pablo García, J« 
Tiburcio López, Lie. Tomas Aznar Barbachano, Lie. Juan José Herrera; suplen- 
tes, coronel José Dolores Zetina, Pedro de Baranda, Francisco Ramírez, Dr. Pa^ 
blo Castellanos, Juan Miguel Castro. 

3. ® La junta se instalará desde luego con los propietarios y suplentes que se 
hallen presentes, hasta que estén reunidos todos los propietarios llamados por el 
presente plan. 

4. ® La junta ejercerá todas las facultades que abraza el gobierno político y 
militar del Estado, sin otras limitaciones que las que le imponga el Supremo Go- 
bierno. 

6. ® Ademas de las autoridades desconocidas por este plan, por ef mero he- 
cho de establecerse la junta gubernativa que constituye los supremos poderes del 
Estado, cesarán en el ejercicio de sus funciones las demás autoridades que no lo 
secunden. — P. de Baranda, comandante de armas. — José D. Zetina, mayor ge- 
neral. — Irineo Lavalle, teniente coronel, comandante de artillería de la plaza.— 
José Leandro Alomia, coronel suelto. «^José Dolores Baledon, teniente coronel.-— 
Buenaventura M. Presas, teniente coronel.— Id., comandante de la seguridad pú- 
blica, Juan P. Marcin. — ^Teniente coronel, Leandro Dominguez.—Id., José Gar- 
cia y Poblaciones.— Si^rtí^ muchas firmas. 



ACTA DEL M. L. PUEBLO DE MÉRIDA, CAPITAL 

DEL ESTADO DE YUCATÁN. 

Bn la M, L. ciudad de Mérida, capital del Estado libre de Yucatán, k primero 
da B»ero de mil ochoioientos cracueota y ocho años, reunidos los ciudadanos que 



— 118 — 

suscriben con una inmensa multitud dei pueblo, á efecto de acordar lo mas con* 
veniente á los intereses generales de la nación y particulares del Estado, teniendo 
ala vista el plan proclamado en Tacubaya, y secundado en la M. H. ciudad de 
Campeche el día 25 del mes próximo pasado. Considerando: que el citado plan 
calma las ecsigencias de toda la República, dando al Supremo Gobierno el poder 
omnímodo para acabar la reacción y afianzar los principios liberales. Conside- 
rando: que por las circunstancias excepcionales en que se baila el Estado, asi por 
la devastadora guerra de castas, como por las discordias civiles que hace cinco 
meses nos distraen de nuestras atenciones mas precisas, se hace necesario estable- 
cer un gobierno particular que inspire confianza á todos los ciudadanos; y consi« 
derando, finalmente, que algunas autoridades y empleados puestos en la adminis- 
tración de D. Pantaleon Barrera y su antecesor D. Santiago Méndez, no merecen 
la confianza pública, acordaron: 

1. ® Adoptar, como en efecto adoptan en todas sus partes, el plan secundado 
en la ciudad de Campeche el 25 de Diciembre próximo pasado, y consiguiente- 
mente el de Tacubaya de 17 del mismo mes. 

2.^ Que para sustituir al actual jefe político se nombra al ciudadano Lie. 
Prudencio Hijuelos, quien tomará inmediatamente posesión de su destino, pres- 
tando juramento ante el presidente del Escmo. Tribunal superior de justicia, por 
ser esta la única autoridad constituida legalmente que existe en la ciudad. 

3. ^ Para sustituir al actual ayuntamiento, se elige i los ciudadanos sigaieo- 
tes: Alcalde 1. ® José de los Santos Gómez; 2. ^ , Manuel Orduy; 3. ^ , Narciso 
Solis; 4. ^ , Vicente Lara. Regidores: 1. ^ , Lie. Guadalupe M. Rosado; 2.^ , 
Pedro I. Pérez; 3. ^ , Bernardo Barbosa; 4. ^ , Gregorio Mendoza; 5. ^, Isidro 
Rivas; 6. ^ , Josó D. Correa; 7. ^ , José E. Cámara y Peón; 8. ® , Bartolomé Ru- 
bio; 9. ^, José María Rendon; 10. ®, Manuel Timoteo Peniche; 11. ^, Silverío 
. Tur; 12. ^ , Ambrosio Cervera. Síndicos procuradores, Juan de Dios Burgos y 
Remigio Herrera; á todos los cuales dar& posesión inmediatamente el señor jefe 
político nombrado. 

4k ^ Todas las autoridades y empleados que ítieron depuestos en el mes de 
Mayo último por el gobernador D. Santiago Méndez, y por su sucesor D. Panta* 
león Barrera, volver&n al ejercicio de sus respectivos destinos. 

6. ^ En el momento que se proclame este plan, quedarán en absoluta libertad 
todos los presos, arrestados ó encarcelados por motivos políticos, debiendo en con- 
secuencia sobreseerse en las causas que tengan pendientes y volver al seno de sus 
familias. 

6. ^ El anterior articulo comprende á los que se hallen esputaos en el extran- 
jero ó en cualquier punto de la República, 6 que estén confinados en los pueblos 
de este Estado, así como todos los que hubiesen sido filiados en los cuerpos acti"^ 
vos ó permanentes por las mismas causas. 

7. ® Se sacará una copia de esta acta para pasar al sefior comandacnte militar 
de esta plaza, á fin de que si le pareciese conveniente la secunde con la guarni- 
ción. — José María de Vargas, presidente. — Liborio Irí|goyen.— «José Jesús Castro. 
«—Isidro Rejón.— Pedro Zetina.— José de ios Santos Gémez.— BlaoMl TíiBoteo 



— 119 — 

Peoiche.— Isidro Rivas. — TibarciodeAlmeída. — Mariano Romero. — JoséDoIorea 
Coelio.--^ Vicente Lata. — Prudencio Hijuelos. — Federico Casares. — laac M. Lara. 
— Cristóbal L. Villamil. — Agustín Muñoz y Peón. — José Cosgaya.— Francisco 
Gil.— José Evaristo Solis. — Francisco Rendon. — Regino Mendez.*-Nicolas Re- 
mirez. — Joaquín BuenfiL^Tulian Basto. — Cayo M« Sosa. — Ignacio Quijano.— - 
Francisco Fuentes. — Oumesido R. Moreno. — José M. Marin.^-José Galera. — Jo- 
sé G. de Vargas. — José A. Presuel. — Ángel Cárdenas. — M. Oeverino Castillo.— 
Tranquilino Puerto. — Juan de Dios Burgos.— Feliciano M. Aldana.-^Prudencio 
Tenorio Zavala. — Máximo Presuel. — Ramón Montero. — José Jesús Castro y Lo-> 
pez. — José Zacarías Escalante. — José E. Cámara.-— /Sí^ncen otras muchas firma». 



Comandancia müitar de Méridcu — Acta de la guarnición de la capital^ adhirién" 
dose al plan de Tacuhaya, celebrado el dia l.^ de Uñero de 1868 en la cindadela 
de San Benito, 

En la ciudadela de San Benito de la capital del Estado de Yucatán^ el dia pri- 
mero de Enero de mil ochocientos cincuenta y ocho, reunidos todos los señores 
gefes y oficiales de la guarnición^ presididos por el señor comandante militar, co- 
ronel D. Mariano Qijano, manifestó éste el motivo y objeto de la reunión, de que 
enterados se dio lectura al Boletin Estraordinarío de Campeche de 26 de Diciem- 
bre último, en que consta el plan proclamado en Tacu'baya en 17 del mismo mea 
por el S. General D. Félix Zuioaga, é igualmente que á las actas referidas de 
Campeche del dia 25 del mismo Diciembre, k las del muy ilustre ayuntamiento 
de esta captial, así como á la levantada por varios ciudadanos de la misma, que la 
suscríbeo, provocadas édtas por el referido plan, ambas de esta fecha, se hizo por 
el señor presidente una reseña ligera de las circunstancias peligrosas en que se en- 
cuentra el Estado, combatido de una parte por la esterminadora guerra de los in- 
dios salvajes, y de otra por la escisión de Campeche; sobre todo lo cual, haciendo 
uso de la palabra varios señores de los concurrentes, dilucidaron los puntos cuan- 
to convenia para ponerlos en verdadero estado de claridad, á fin de que la junta 
con el conocimiento que se requiere para deliberar en tan arduas como trascen- 
dentales materias, entrase á. votación, de la cual resultaron aprobados por unani- 
midad los artículos siguientes: 

1. ^ Se adopta en todas sus partes el plan proclamado en Tpcubaya el 17 de 
Diciembre último, por el Sr. general D. Félix Zuloaga. 

2 ® Se reconoce al Exmo. Sr. general D. Martín F. Peraza en el carácter de 
general en jefe de las armas del Estado y gobernador del mismo, de cuyos man« 
dos se halla actualmente en ejercicio. 

3 ^ Se reconoce igualmente en el espresado Exmo. Sr. general Peraza, la auto- 
ridad de transigir las diferencias poUticas que agitan al Estado, acatando todos sus 
acuerdos en este respecto. 

Con lo que concluida la presente acta, la firmaron los señores concurrentes en 
la forma siguiente. — Coroneles, Mariano Quijano. — Alejandro Garcia.*— Manuel 



— 120 — 

E. Molina. — Andrea D. Matdonado. — Graduado, Felipe de la Cámara. — Coman- 
dante de escuadrón, Felipe de la Cámara Zayala.— Primer ayudante, Ángel Cár- 
denas Peón. — Capitanes, Marcos Buendía. — Simón Palomeque. — Manuel Massa. 
— Sostenes Domínguez. — Ángel Isaac. — José Maria Corrales.— Poücarpo Ecbá- 
nove. — Mateo M. Rosado. — Clemente Cantareil.^Justintano Manrique. — Ma- 
tías López. — Dionisio Valencia. — Mauricio Villajuana. — Pedro Quemes. — Ono* 
fre Bacelis. — José Jacob Gil. — Capellán, José P. Vales. — ^Tenientes, Francisco 
T. Vallí. — Santiago Zapata. — Marcos Anguas. — José Gertrudis Salazar. — De- 
metrio Sevilla.— Enrique D. Estrada. — Francisco Guerra. — Manuel Cervera.— 
Antonio Servian. — F. Escamilla. — Faustino Zavala. — Subtenientes, J. Olayo 
Cámara. — Froilán Ruiz. — Trinidad Arredondo. — Braulio Acost a.— Rafael Sua— 
rez. — José de Jesús Ferrer.— Joaquin Maria Vales. — José E. Tejero. — Francisco 
de la Vega. — Juan E. Dominguez. — Pablo Tejero. — Paulino Lara.-Eusebio Man- 
rique. — Baltazar González. — Martin Imán. — Manuel Euan. — Prudencio Cabre- 
ra. — Anastasio Machin. — Quirino Cervantes.— Buenaventura Hernández. — Jo- 
sé Froilán Fajardo. — José M. Vega. — Valentin Barrera, secretario. 

Es copia. Marida, primero de Enero de mil ochocientos cincuenta y ocho. — 
Valentin Barreraf secretario. 



NUMERO 31. 

(Citado en la página 115.) 

CAMPECHE VRELVE AL ORDEN CONSTITUCIONAL EN 5 DE FEBRERO DE 1868, 

Á EJEMPLO DE VERACRUZ. 



SECRETARIA DE LA EXMA. JXÍNTA GUBERNATIVA DEL ESTADO DE YUCATÁN. 
La Exma. Junta gnb^nativa, en uso délas amplias facultades de que se Judia m- 

vestida por la soberanía del pueblo, 

Con 8IDEBAND0: que el plan de Tacubaya ha sido rechazado por la mayorfade 
la nación y que se pretende convertir en arma criminal para destruir loa princi- 
pios é instituciones liberales, únicas adaptables á la República. 

Considerando: que el distrito de Campeche al secundar el referido plan, lo hizo 
en el concepto equívoco, de que era el único medio que las circunstancias preaeD* 
taban al supremo magistrado de la nación para asegurar el reinado del partido 
liberal. 



— 121 — 

Considerando: qae la adopción de dicho plan fué ana exigencia de las circaos* 
tancias peculiares en que se hallaba el distrito, sosteniendo la locha mas encarni- 
aada y bárbara que le hacia el odioso partido conservador que se ha entronizado 
en Mérida, y cuyo partido, aprovechándose de la situación, habria pretendido in ' 
dudablemente aomentar sus recursos hostiles, adhiriéndose á dicho plan, como lo 
verificó; 

Considerando: que han cesado las circunstancias apremiantes que dieron lugar 
á que fuese secundado dicho pfan, y que el distrito se halla en posición de seguir 
francamente la senda de la libertad y del progreso, trazada por la gloriosa revolu- 
ción que tan heroicamente ha sostenido; declara: 

1. ^ Queda sin efecto el plan de Tmcubaya secundado el 26 de Diciembre úl- 
timo; 

2. ^ El distrito de Campeche consérvala soberanía de que goza realmente, hasta 
que restablecido el orden constitucional en la nación, vuelva á formar parte de ella. 

3. ^ Se invita á los demás pueblos dd Estado á la observancia déla constitu-- 
don y leyes constitucionales ^ uniendo sus sentimientos á los del distrito. 

Por tanto, mando se imprima, publique, circule y se le dé el debido cumpli- 
miento. Dado en la H. ciudad de Campeche, á 5 de Febrero de 1858. — Pablo 
Garda, presidente. — P. de Baranda, — José D. Zetina. — Juan José Herrera, vo- 
cal secretario. 



EL C. MANUEL O. ZAMORA, gobernador constitucional del Estado libre 
y soberano de Veracru^, a sus habitantes, sabed: 

Que el H. congreso dei mismo Estado ha tenido á bien expedir el decreta si* 
guiente: 

"Número 12. — El Estado de Veracruz reunido en congreso: 

Considerando: que por los diversos acontecimientos que han tenido lugar en la 
República á coosecnencia del p(an de Tacubaya, el Estado de Veracruz seria in- 
digno de formar parte de la federación mexicana si do tomase la actitud que le 
corresponde en las actuales circunatancias: que la defensiva inerte es generalmen* 
te causa de la destrucción de uo pueblo, así como que al contrario la defensiva 
activa es el único medio de salvación: que si bien la falta de poder es invocada 
como causa de la falta de inteligencia^ sin embargo, la unidad de acción ea nece- 
saria en casos como el presente: 

Considerando, &c« 

Art. 1. ^ El Estado de Veracruz reasume su soberanía sin perjuicio de reanu* 
dar los lazos que lo unian d los Estados sus hermanos, cuando el centro legal de la 
Hqpública quede constituida, 

Art. 3. ^ Se faculta al gobernador del Estado para que obre en el sendero le* 
gal del modo que le parezca mas conveniente para que ' el Estado de Veracruz 
tome la actitud que le eorre^iponde en la 8U{)rema erhis porque pasa la República; 

16 



-^ 122 - 

y 66 le faculta igualmente para que siga disponiendo de las rentas de la federación 
que 66 recaudan en el Estado, y aplicándolas & los gastos necesario?. 

Art. 6. ° El mismo jefe, de acuerdo también con el gobernador, podrá dispo- 
ner de lo que necesite de los almacenes de guerra de la federación, para hacer el 
UBO que eea absolutamente preciso de armas y municiones, á fin de que los guar- 
dias nacionales puedan llenar su deber en caso de guerra extranjera, ó en la lucha 
civil que amenaza al Estado. 

Art. 10. A fin de evitar en cuanto sea posible los perjuicios que resulten al 
comercio del presente estado de cosas, se hará una rebaja de 20 p.g eobre los de- 
rechos de importación, y de 10 p.3 eobre lo6 de internación. 

El gobernador del Estado dispondrá 66 publique, circule y observe. Dado en 
la H. ciudad de Veracruz, & 13 de Enero de 1858. — Juan Lotina, diputado preai- 
dente. — F. P. Moray Daza, diputado secretario." 



SECRETATIA DE LA EXMA. JUNTA GUBERNATIVA DEL ESTADO DE YUCATÁN. 

E. Sr. — El ex goberníidor de Yucatán D. Santiago Méndez, coaligándose con 
el partido retrógrado ó conservador que tan funestos daños ha causado y causa A 
la nación, reprimió á mediados del año pasado la libre espresion de la voluntad 
de los pueblos, y apoyando en la fuerza de las armas sus mas reprobados y escan- 
dalosos manejos, logró hacer aparecer como electo popularmente á D. Pantaleon 
Barrera, hombre execrable, rechazado por el buea sentido de las poblaciones 
mas ilustradas del Estado, cuyo juicio desgraciadamente hubo de ser confirmado 
por una dolorosa esperiencia. 

Inútil fué que los distritos electorales de Mérida y Campeche clamasen y pro- 
testasen enérgicamente contra las arterias que se observaban antes de la elección 
de los supremos poderes del Estado; inútiles las reclamaciones que los diputados 
de los mismos distritos hicieron contra la validez de una elección viciosa y frau- 
dulenta; inútiles las mas solemnes protestas de los mismos diputados en el seno 
del H. congreso; inútil, por último, la absoluta separación de uno de los diputados 
de la capital y de la diputación del distrito de Campeche, al ver despreciadas sus 
sentidas y fundadas quejas y ultrajado su elevado carácter. Todo fué en yano. 
£1 partido conservador que se habia apoderado de la mayoría del congreso, pro- 
sigió de consuno con D. Santiago Méndez la obra de iniquidad que éste habia co- 
menzado, y sin dejar que se les escapase ni un solo instante el apoyo de la fuerza 
armada, dieron cima á su dañado intento, revistiendo con falsos colores k D. Pan- 
taleon Barrera como gobernador legítimo y proclamado por la espontánea volun- 
tad de los pueblos. 

Este estado de cosas produjo necesariamente el glorioso movimiento revolucio- 
nario que estalló en esta H. y L. ciudad el 6 de Agosto del año anterior, que en 
BU insensato delirio pretendió sofocar á fuego y sangre D. Pantaleon Barrera^ 
ordenando se hiciese al distrito de Campeche la guerra mas cruel y bárbara, que 
se registra en nuestros anales, talando, saqueando é incendiando & nombre de la 



— 123 — 

libertad^ del orden y de la justicia. Los elementos de fuerza que D. Santiago 
Méndez habia reunido y conservado cuidadosamentei pusieron k Barrera en con- 
dición de luchar ventajosamente contra ciudadanos inermes, que por todos recur* 
808 no contaban masque con una voluntad firme é inquebrantable. 

Cinco meses de lucha, sufriendo asesinatos y robos sin medida, sostuvo heroica- 
mente el distrito de Campeche, y cuando agotadas ya las fuerzas del enemigo y 
creciendo nosotros en recursos. Barrera vio abierta la puerta á las represalias y 
contempló segura su derrota, entonces hizo dimisión de su encargo^ dejando los 
mandos militar y político en manos del general D. Martin F. Peraza, el mismo 
que sirvió á D. Santiago Méndez dé principal instrumento para llevar á cabo sus 
infernales proyectos, ahogando la voluntad del ciudadano. 

Tal era la situación, cuando llegó á nuestras manos el plan de Tacubaya que se- 
cundado en la H. Veracruz, nos hizo temer que el nuevo mandatario intruso, apro- 
vechándose del momento, se procurase recursos para prolongar la lucha si no nos 
adheriamos á dicho plan que por otra parte lo consideramos erróneamente como 
emanación del partido liberal al verlo adoptado por esa H. ciudad, baluarte inex- 
pugnable y seguro asilo de los pricipios liberales. Sin embargo, ui un solo instante 
nos atrevimos á apartarnos de nuestra genuina creencia, y en el mismo momento 
de aceptar el plan de Tacubaya no quisimos sino que el gobierno residiese en una 
Junta gubernativa, compuesta de cinco ciudadanos de la aceptación de los pueblos 
y de sentimientos liberales, para que en todo tiempo los hechos diesen testimonio 
de nuestro modo de sentir. 

Asi fui que recibimos con inesplicable placer las noticias posteriores que nos da- 
ban á conocer el verdadero sentimiento nacional de que somos y hemos sido siem- 
pre partícipes, y nos apresuramos á unir nuestra voz k la de los demás hermanos 
nuestros que tuvieron la dicha de no reconocer jamas el plan de Tacubaya, ó que 
volviendo de su error lo abjuraron bien pronto, decidiéndose á sostener las insti* 
tuciones liberales que proclama nuestra declaratoria de 6 del corriente, de que. te- 
nemos la honra de acompañarle ejemplares, esperando de la bondad de V. £. se 
sirva comunicarnos los acontecimientos que tengan lugar en la nación, para ofre* 
cer nuestros respetos y sumisión al gobierno constitucional tan luego como quede 
establecido. 

Protestamos á;V. E. nuestra consideración y respeto. 
Dios y Libertad. Campeche, febrero 11 de 1858. — Pablo García, presidente. — 
Pedro de Baranda. — José Dolores Zetina. — R^Jael Carvajal, — Juan José Serre^ 
ra, vocal, — Exmo. Sr.Gobernador del Estado ¿e Veracruz. 



Gobierno del Estado libre y soberano de Veracruz. — Con mucha complacencia 
ba recibido este gobierno la comunicación de V. E. de 11 d^^M'riente, el acta 
por la cual la Junta gubernativa que dignamente preside, ha^plarado que ese 
puerto vuelve al orden constitucional, y demás impresos que se sirvió acompa- 
ñarme. 



— 124 — 

La observancm del órdeo legal no solo es un doble deber f>orel respeto que me* 
rece la voluntad de la mayoria de la nación claramente manifestada en sq favor, 
sino que es una necesidad urgente para evitar que 6 triunfe la reacción con todas 
sus venganzas, ó acaso se desmembre la República después de pasar por las con* 
vulsiones de la anarquía. Solamente el temor de que ésta hubiera podido entro- 
nizarse y el de que hubiera podido perjudicarse la política liberal separándonos, 
los que estamos por ella, de la primera autoridad que la habia defendido, como 
era el Sr. Comonfort, pudieron haberme obligado al doloroso sacrificio que hice 
en 17 de Diciembre, y á que V. E. hace referencia en su citada comunicación; pe* 
ro á los pocos dias, viendo el giro tortuoso que tomaban las cosas, y obrando con 
arreglo á mis sentimientos y los del Estado veracruzano, restablecí el orden legal, 
y no hay esfuerzo que no haga, tanto para defenderlo dignamente, cuanto para 
coopeiar á que se restablezca prontamente en toda la República» Al efecto, de 
acuerdo con el consejo de gobierno que nombré en virtud de las iroplias faculta- 
des con que la H. legislatura tuvo á bien investirme, he aumentado considerable* 
mente los elementos de guerra del Estado, y me ocupo de que una brigada de 
operaciones que este gobierno ha puesto á las órdenes del Sr. general D. Ignacio 
de la Llave, marche hacia México ahora que el llamado gobierno de Zuloaga que, 
como sabrá esa Junta, se estableció en aquella capital á consecuencia de la derrota 
que el Sr. Comonfort sufrió, ha quedado con pocas fuerzas que lo sostengan. 

Proviene esta situación de Zuloaga de que necesitando conquistar terreno, ba 
enviado el grueso de las fuerzas de la reacción para el interior k las órdenes de 
Osollop; pero todo lo que ha podido reunir son 4.000 hombres, mientras que Par- 
rodi, como general en jefe de las fuerzas de los Estados coligados, los espera for<^ 
tificado en León con 12.000 hombres y 34 piezas de artillería. 

A mas de que se conservan sosteniendo la legalidad los Estados que no entra- 
ron ni por el primer plan de Tacubaya, se han ido decidiendo por ella ios de Du*^* 
rango y Chihuahua, el puerto de Tampico y varias secciones de tropa. 

La plausible noticia de haber adoptado ese puerto la misma debida conducta^ 
la he circulado cuofnto me ha sido posible, y la pongo en el superior conocimiento 
del Exmo. Sr. presidente provisional, D« Benito Juárez, que reside en la ciudad 
de Guanajuato, y ha organizado ya casi todo el gabinete. 

Ofrezco a Y. E. las seguridade» de mi aprecio y consideración. 

Dios y Libertad. Veracruz, Febrero 18 de 166S. -^Manuel Zamora.— Sres/pre- 
sideiite y vocales de la Excma. Junta gubernativa de Yucatán. — Campeche. 



Campeche, Febrero 23 de 1868. — El testimonio mas irrecusable de que el plan 
de Tacubaya con que se alucinó á algunos Estados de la República, ba degene- 
rado en prof{raMhde la reacción del partido conservador, que siempre ae vale de 
los medios mas innmes y rastreros para entronizar au funesta administración, son 
los decretos que hoy insertamos, y que solo tienden á destruir las grandes é in« 
dispensables reformas que el partido liberal, ¿ costa de no pocos sacrificios, liabia 



~ 125 — 

logrado hacer quitando del medio los poderosos elementos que animaban á loa 
eoemigos de todas las garantías socialesi para turbar á cada paso la tranquilidad, 
que es tan necesaria á la República para explotar las^ riquezas naturales que po- 
see. No queda duda de tan sensible verdad; y por eso tampoco podemos mirar 
con indiferencia, que Mérida y los demás puntos del resto del Estado se conser- 
ven bajo el sistema de aquel inicuo plan, guiados por la hidrópica «ed de mandar 
que abriga el célebre D. Martin F. Peraza^ quien presentándose como el pro-hom^ 
hre del pais en las críticas circunstancias en que lo colocó la perfidia del excecra- 
ble Barrera é impádieo círculo que lo cercaba, y en que hizo uno de los principa* 
les papeles D. Martin, comandante á la sazón de la línea de Valladolid, se apode* 
ró de los mandos político y militar, permaneciendo en medio de ese mismo circulo 
compuesto de hombres que, para mengua de la ilustración de un pueblo civiliza do, 
escogió el cruel asesino de Yucatán, D. Santiago Méndez; ese monstruo, autor de 
todas las escenas sangrientas y de. asolación que tristemente figurarán en la hísto« 
ría desgraciada de este infortunado auelo» digno de mejor suerte. Sí, la actual 
situación del £stado es hija de la ambición de Pereza, que malogrando la opor* 
tunidad que se le presentó para purgar mochas de las culpas públicas que deben 
estorsionarlo, y para hacer al lugar que lo vio nacer siquiera este único servicio 
desinteresado, aunque siempre hallarla su recompensa en la satisfacción de haber- 
lo salvado del abismo á que por su falta de prudencia lo está arrastrando, sin em- 
bargo, lo vemos impasible contemplar el sacrificio, filas aunque hast% hoy se haya 
hecho sordo á los remordimientos de so conciencia, tiempo llegará á.su arrepentí* 
miento, porque ese tribunal no necesita de ministros para la ejecución de sus pe- 
nas. Y entonce?, cuando implore la clemencia píkblíca, cuando triunfen en su co- 
razón los latidos Que hoy neutralizan sus pasiones, y cuando en fin, se horrorice 
á presencia del lamentable cuadro en que vea á su pobre pais, entonces^ decimos, 
solo hallará la terrible maldición y oprobio de sus conciudadanos. 

^Boletín del Espíritu Ptói/ic©.] 



NUMEEO 32. 



(Citado en la página 115.) 
PRONUNCIAMIENTO DE YUCATÁN POR EL GOBIERNO DE ZULOAOA. 



En la capital del Estado de Yucatán, el dia doce de Abril de mil ochocientos 
eiüouenta y ocho, los señores jefes y oficiales de la guarnición invitados por el Sr. 
coronel D. Alejandro García, comandante principal de artillería y de la cindadela 
de San Benito, se reunieron en ella^ y constituidos en junta preaidida por dicho 



— 126 — 

señor, se procedió & la elección de un secretario^ que recayó por unanimidad en 
el comandante de escuadrón D. Felipe de la Cimara y Zavala, Seguidamente se 
hizo por el señor presidente, un breve aunque melancólico relato de la situación 
azarosa en que se encuentra la República, lidiando entre partidos que mátuamen- 
te se destrozan, y que en su aniquilamiento arra&tran la fortuna y existencia de la 
patria, sucediendo lo mismo y aun con mayor peligro en nuestro infortunado Es- 
tado, quien sobre las desgracias que trae consigo la divergencia de opiniones, 
fuente y origen de la guerra civil, se ve amenazado de la ruina por la devastadora 
guerra de castas que tenaz y desapiadadamente le hace el indo salvaje. Que de 
los partidos que contienden, el de mayor séquito en la opinión pública es el que 
acaudilla el Escmo. Sr. general D. Félix Zuloaga, según se comprueba por los 
triunfos repetidos y decisivos que ha obtenido, y las continuas actas con que los 
Estados y los pueblos se apresuran á reunírsele auxiliándole con sus votos de 
adhesión, y engrosándole con la fuerza material 

En vista de todo, y siendo la paz de la nación el único objeto á que se encami- 
nan el deseo y esfuerzo de los militares que integran la espresada guarnición; 
creyendo que el único medio de alcanzar este benefício inapreciable sea el de ho- 
mogeneizar las opiniones cortando de este modo los vuelos k la destructora dis- 
cordia, han acordado los artículos siguientes: 

!• ^ La guarnición de la capital del Estado reproduce el acta que celebró el 
1. ^ de Enero de este año en la cindadela de San Benito: adopta las modifícacio 
nes que tuvo posteriormente en la ciudad de México el plan proclamado el 17 de 
Diciembre último por el Escmo. Sr. general D. Félix Zuloaga, y reconoce todos 
sus actos y las autoridades constituidas en su virtud. 

2. ^ Protesta solemnemente la misma guarnición su unión ¿iitihia con la Re- 
pública, á que tiene la gloria de pertenecer, acatando su voluntad soberana, cual- 
quiera que sea el sentido en que se explique como término de la actual cuestión. 

3. ® Se sacarán copias de esta acta y se remitirán al Escmo. Sr. general D. 
Martin F. Peraza, á los señores jefes de los cantones y puntos militares, y k las 
demás autoridades del Estado, suplicándoles que la secunden y cooperen á su cum* 
plimiento, como el medio único de salvar ai Estado de los horrores de la anarquía 
y ponerlo en vía de paz y de progreso. 

Con lo que se dio por concluido el acto, firmando en comprobación los señores 
componentes de la expresada junta. — Coroneles, Alejandro Garcia, Manuel E. 
de Molina, Mariano Quijano, Pedro Cámara, Francisco Morales. — Tenientes co- 
roneles, Felipe de la Cámara, José Maria Heredía Peón, Juan O rtoll.— Primeros 
ayudantes, José Maria Garcia Montero, Secundino Gómez, Ángel Cárdenas Peón. 
— Capitanes, Alonso Aznar Peón, Simón Palomeque, Cayetano Campos, Marcos 
Buendia, José Maria Valdés Sigler, Clemente Cantarell, José Maria Castillo Sier- 
ra, Manuel Massa, Valentin Barrera, Policarpo Echánove, Gregorio Medina, 
Benjamín Pasos, Joaquín Mezquita, Ángel Isaac, Mauricio Villajuana, li^nacio 
Ancona, José P. Almeida, Manuel Galera, José Gorordo. — Tenientes, Marcos 
Anguas, Santiago Zapata, Agustin Muñoz y Peón, Alejandro González Roa, Frao- 
cisco Treviño Balli, José Gertrudis Saiazar, Demetrio Sevilla, J. A. Zepeds, 



— 127 — 

Agustín Servían, Pedro Gómez. — Subtenientes, José Vega, José de J. Ferrer, Hi. 
lario Méndez, José T. Bello, Juan E. Domínguez, Braulio Acostá, José I. Segura 
Juan F. Hernández, José Prudencio Alcocer, José Maria Medina, Benjamín Can- 
tarell, Pablo Tejero, José María Tenorio, José Maria Vega. — Por la clase de sar- 
gentos primeros d^l batallón Fijo, Pablo Briseño. — Por la de segundos del mis- 
mo, Jdian Cortés.— Por la de cabos del mismo, Julián E. Salas. — Por la de sol- 
dados, Agustín Hernández. — Por la clase de sargentos de artillería, José M. Se- 
gura. — —Por la de cabos, Perfecto Domínguez. — Por la de artilleros, Manuel 
Poblaciones. — Por la clase de sargentos del activo de Campeche, Jacobo Ojeda. 
— Por la de cabos, Manuel Rosado.— Por la de soldados, Alejandro de la Cruz. 
— Por la clase de sargentos del batallón G. N. de Mérida, Encarnación Castro.— 
Por la de cabos, Mateo Pardo.— Por la de soldados, Juan Peon.-^Felipedela Cá* 
maráf secretario. 

Nota.-^Esta acta fué secundada por todas las fuerzas militares, autoridades, 
empleados, y las poblaciones de aquel Estado. 



NUMERO 33. 

(Citado en la página 115.) 



LOS PUEBLOS DEL PARTIDO DE HECELCHAKAN Y DEL DE HOPELCHEN, SIGUIENDO 
. AL RESTO DEL DISTRITO DE CAMPECHE, DECLARAN SU VOLUNTAD DE 
aUE ÉSTE SE ERIJA EN ESTADO, INDEPENDIENTE DE YUCATÁN. 



En la Tilla de Hecelchakán, á ios cuatro dias del mes de Abril de mil ochocien- 
tos cincuenta y ocho afíos; reunidos bajo la presidencia del ciudadano Pablo Ro* 
droguez, los que suscriben, con el objeto de deliberar y la necesidad de tomar una 
resolución que corte los gravísimos perjuicios que sufre esta población á consecuen^ 
cia de Ik ? iolenta situación en que se halla el Estado: considerando que esta villa 
no puede dejar de seguir la suerte de la M. H. y L. ciudad de Campeche, á cuyo 
distrito pertenece, por exigirlo asi sus intereses morales y materiales, puesto que 
8U comercio lo tiene con aquella plaza en donde se consumen los pocos produc- 
tos de su pobre agricultura y escasa industria: que la educación científica que 
pueden adquirir lo» hijos de este municipio la derivan de las escuelas y colé- 



— 128 — 

gio8 de dicha ciudad: que nuestros ubob, costumbres y afecciones nos ligan pode* 
rosamente con la capital del distrito, cuyas autoridades por razón de las distancias 
deben ejercer mas influjo y poder sobre nosotros que las que residen en Marida. 
Considerando que por falta de la necesaria libertad, los pueblos del camino real y 
de los Ghenes correspondientes al distrito de Campeche, no han podido dejar oir 
su voz unisona en un todo con la del resto del mismo distrito y que hoy que se 
hallan por fortuna libres de todo apremio, pueden expresar franca y sinceramen- 
te su voto, acuerdan: 

1.^ Es la voluntad deliberada de esta población que se forme del distrito de 
Campeche é isla de) Carmen un Territorio, Estado ó departamento independiente 
del de Mérida, regido por un gobernador y comandante general que nombrará un 
Consejo consultivo. 

2. ^ La villa de Hecelchak&n reconoce y promete fíel obediencia k las autori- 
dades de su distrito, que es el de Campeche, bajo cuyo patrocinio se constituye é 
impetra su protección de fuerza armada en caso necesario. 

3. ^ La misma villa protesta solemnemete contra la fuerza que pretende hacer- 
le el gobierno de Marida para apartarle del cumplimiento del artículo anterior, 
comprometiéndose á repeler la fuerza con la fuerza. 

4. ^ Reconoce por jefe poHtíco y subdelegado del partido de Hecelchakán en el 
distrito de Campeche, al ciudadano Manuel P. Pacheco, mientras las autoridades 
del mismo á las que se someten nombran á quien tengan por conveniente. 

5. ^ Asimismo nombran para componer al R. ayutamiento de esta cabecera k 
los señores siguientes: alcalde primero, D. Pablo Rodríguez; alcalde segundo, D. 
Néstor Antonio Méndez. Regidores D. Diego Mendoza, D. Claudio Martínez, D. 
Miguel Dorantes, D. Lorenzo Vargas y sindico procurador D. Pedro José Avila, 
sujetándolo todo absolutamente á la aprobacicn de las autoridades mencionadas. 

6. ^ Finalmente, esta acta se firmará por duplicado para dirigirla con atento 
oficio á la Excma. junta gubernativa del distrito y al Bxcmo. Sr. Gobernador de 
Mérida. 

Con lo que se dio por concluida esta acta, firmando para constancia. — Pablo 
Rodriguez. — Manuel Ortiz y Mendoza. — Mateo Ramirez. — Diego Mendoza.— 
José Gil Abad Pérez. — Pedro Florez. — Pedro J. Avila.— José Domingo Ortiz. 
— Manuel Pascual Pacheco. — Ramón Trujillo. — Pedro José Alcocer.— Lorenzo 
Pacheco. — José Maria García. — Francisco Rudecindo Trujillo. — Pablo Velapco. 
Manuel A. Prieto. — José Dolores López. — Néstor Antonio Méndez. — Francisco 
A. Ortiz. — Zenon Mendoza. — Manuel Vázquez. — José de la Cruz Alcocer. — Fi- 
lomeno Mendoza. — Claudio Martínez. — Jacinto Pinzón. — Calisto Alvarez. — Mi- 
guel Dorantes. — Felipe Santiago Alvarez. — Francisco Pérez. — M. Barbosa.— 
A ruego de Laureano Ramirez j de Manuel Sierra por no saber firmar, José Gil 
Abad Pérez. — Juan S. Ortega. — Jacinto Ortiz. — Lorenzo Vargas. — Lorenzo B. 
Pacheco.— Andrés Nicolás Trejo.— Juan Ortiz.- Pedro M. Pasos.- Basilio May. 
por José Cardoso, José Gumesindo Alcocer.- José Cardoso 2. ^ — ^Tornas Solis. 
-—José Maria Requena. — Carlos Balmaseda. — Andrés Avila. — Nicolás Mendoza. 
— Francisco Lugo. — Jacinto Montejo. — Nicolás Paredes. — Bartolomé León. 



— 129 — 

ACTA DE LA VILLA DE CALKINL 

En la villa de Calkiní, á los cinco dias del mes de Abril de mil ochocientos cin- 
cuenta y ochO| reunidos en la sala municipal los que suscribeni bajo la presidencia 
del juez de paz primero D. Pablo José Reyes, con el objeto de deliberar y en la 
necesidad de tomar una resolución que corte los gravísimos perjuicios que sufre la 
población á consecuencia de la violenta situación en que se halla el Estado: con* 
siderandoy que este pueblo no puede dejar de seguir la suerte de la M. H. y L. c¡u« 
dad de Campechei á cuyo distrito pertenece^ por ecsigirlo as{ sus intereses materia- 
les y morales^ puesto que su comercio lo tiene con aquella plaza en donde se con< 
sumen los productos de su corta agricultura y escasa industria: que nuestros usos^ 
costumbres y afecciones nos ligan poderosamente con la capital del distrito, cuyas 
autoridades por razón de la distancia, deben ejercer mas influjo y poder sobre nos* 
otros que las que residen en Mérida: considerando, que por falta de la necesaria 
libertad, los pueblos del camino real y de los Chenes, correspondientes al distrito 
de Campeche, no han podido dejar oir su voz unfsona en un todo con el resto del 
mismo distrito, y que hoy que se hallan por fortuna libres de todo apremio, pue- 
den espresar franca y sinceramente su opinión, se acordaron los artículos si- 
guientes: 

1. ® Es voluntad deliberada de esta villa que se forme del distrito de Campe* 
che é isla del Carmen un Territorio, Estado ó Departamento independiente del de 
Mérida, regido por un gobernador y comandante general que nombrará un con- 
sejo consultivo. 

2. ^ La villa de Caikiní reconoce y promete fiel obediencia á las autoridades 
de su distrito, que es el de Campeche, bajo cuyo patrocinio se constituye, é imped- 
irá su protección de la fuerza armada en caso necesario. 

3. ^ La misma, protesta solemnemente contra la^'fuerza que pretenda hacerle 
el gobierno de Mérida para apartarle del cumplimiento del artículo anterior, com- 
prometiéndose á repeler la fuerza con la fuerza. 

4. ^ Reconoce por jefe político y subdelegado del partido de Hecelchakán en 
el distrito de Campeche, al ciudadano Manuel Pascual Pacheco, mientras las au- 
toridades del mismo, & cuya superioridad se someten, nombren á quien tengan por 
conveniente. 

6.^ Asimismo nombra por mayoría de votos para juez de paz 1.^ propie- 
tario al ciudadano Juan Eustaquio Rodriguez, y para suplente al ciudadano José 
Susano González; para segundo al ciudadano Santiago Garcia, y suplente ciuda« 
daño José Maria Pérez. Con lo que se da por terminada esta acta que por du- 
plicado firman, una para dirigir á la Escma. Junta gubernativa de Campeche, y 
otra al Escmo. Sr. gobernador de Mérida, — Pablo J. Reyes, — José Nemesio Ro • 
driguez. — José Susano González,— Teodoro Bersunzaj — Bernardo Zetina. — Juan 
E. Rodriguez, — Claudio Bersunza. — Benito Montero. — Manuel Antonio Reyes. 
José Rafael Rodriguez. — José Nicolás Garcia. — Francisco Bersunza. — Mateo Re - 
yes Prieto.— José de los Angeles Reyes Prieto, — José Ignacio Reyes Prieto. — 
Venancio Javier Garcia.— Pedro Antonio Bersunza. — P. Bersunza. — Santigo Gar- 

17 



— 130 — 

cía.— Nicolás Sierra. — José María Pérez. — Juan Antonio Pifia.- -Jacinto Campos. 
— Lorenzo García. — Antonio Loeza. — Fernando Herrera. — Evaristo Bersunza.— 
Pedro Vivas. — Macedonio Bersunza. — Faustino Marin. — Juan P. Talavera.— 
Juan de Dios Reyes. — José M. Medina Gumboa. — Salvador Rodríguez. — Maria- 
no Florez. — Manuel Olivera.— Miguel Bersunza. — Antonio Bersunza.— Manuel 
María Pérez. — José Hollos. — Juan Ricardo. — Juan Nepomuceno Fiorez. — San- 
tiago Herrera. — Miguel Francisco Pérez. — Manuel ligarte. — Fabián Jiménez. — 
Anastasio Sierra. — Juan de Dios Pérez, secretario. 



ACTA DEL PUEBLO DE qITBALCHÉ. 

En el pueblo de Qitbalché, á los cuatro días del mes de Abril de mil ochocien- 
tos cincuenta y ocho, reunidos los que suscriben bajo la presidencia del jaez de 
paz suplente y comandante de las fuerzas del mismo, D. Laureano Rodríguez, cod 
el objeto de deliberar y en la necesidad de tomar una resolución que corte los gra- 
vísimos perjuicios que sufre esta población, á consecuencia de la violenta situación 
en que se halla el Estado: considerando, que este pueblo no puede dejar de se- 
guir la suerte de la muy H. y Liberal ciudad de Campeche, á cuyo distrito perte- 
nece por ecsigirlo asi sus intereses materiales y morales, puesto que su comercio lo 
tiene con aquella población en donde se consumen los pocos productos de su po- 
bre agricultura y escasa industria: que la educación cientifíca que pueden adquirir 
los hijos de este municipio, la reciben de las escuelas y colegios de dicha ciudad: 
que nuestros usos, costumbres y afecciones, nos ligan poderosamente con la capi- 
tal del distrito, cuyas autoridades por razón de las distancias, deben ejercer mas 
influjo y poder sobre nosotros que las que residen en Metida: considerando, que 
por falta de la necesaria libertad, los pueblos del camino real y de los Chenes, cor- 
respondientes al distrito de Campeche, no han padido dejar oír su voz unísona en 
un todo con la del resto del mismo distrito, y que hoy que se hallan por fortuna 
libres de todo apremio, pueden espresar franca y sinceramente su voto, acuerdan; 

1. ^ Es la voluntad deliberada de esta población, que se forme del distrito de 
Campeche é isla del Carmen un Territorio, Estado ó Departamento independiente 
del de Mérida, regido por un gobernador y comandante general que nombrará un 
consejo consultivo. 

2. ^ El pueblo de Qitbalché reconoce y promete fiel obediencia á las autori- 
dades de su distrito, que es el de Campeche, bajo cuyo patrocinio se constituyen, é 
impetran su protección de la fuerza armada en caso necesario. 

3. ^ El mismo protesta solemnemente contra la fuerza que pretenda hacerle 
el gobierno de Mérida para apartarla del cumplimiento del artículo anterior, com- 
prometiéndose á repeler la fuerza con la fuerza. 

4. ® Roconoce por jefe político y subdelegado del partido de Hecelchakán, & 
D. Manuel Pascual Pacheco del mismo distrito de Campeche mientras las autori- 
dades del propio, k cuya superioridad se someten, nombran á quien tengan por 
conveniente. 



/ 



— 131 — 

6. ^ Asimismo nombra para juez propietatio al ciadadano Laureano Rodri* 
guez, y para suplente al ciudadano Manuel Eacalantei sujetándolo todo absoluta* 
mente h la aprobación de la superioridad mencionada. 

6. ^ FinalíTíentey ebta acta se ñrmará por duplicado para dirigirla con atento 
oficio á la Escma. Junta gubernativa del diatrito y al Escmo. Sr. gobernador de 
Méiida. 

Oon lo que se dio por concluido el acto, firmando para constancia. — Laureano 
Rodríguez^ comandante. — Miguel Escalante.—Claodio Rodríguez.— Jobo Patrón. 
— Fernando Pérez. — Diego Martin Rodriguez. — Francisco Mata. — Candelario 
Cuevas. — Baltasar Cruz.-— José Dolores Escalante. — Juan de Dios Pérez. — Timo- 
teo Pecb. — Isidro Cruz. — Casiano Sánchez, ct}mo sargento de la fuerza. — Valen- 
tín Pech. — Baltasar Cruz. — Tranquilino Sosa. — Ubaldo Ontiveros.^Ramon Te- 
norio Talavera, secretario. 



ACTA DEL PUEBLO DE TENABO. 

En el pueblo de Tenabo, á los cinco días del mes de Abril de mil ochocientos 
cincuenta y ocho años, reunidos^ los que suscriben bajo la presidencia del ciuda- 
dano Manuel Baeza, con el objeto de deliberar y en la necesidad de tomar una 
resolución que corte los gravísimos perjuicios que sufre esta población, á conse- 
cuencia de la violenta situación en que se halla el Estado: considerando, que esta 
población no puede dejar de seguir á la muy H. y L. ciudad de Campeche, á cuyo 
distrito pertenece por exigirlo así sus intereses morales y materiales, puesto que 
BU comercio lo tiene con aquella plaza en donde se consumen los pocos productos 
de su agricultura y escasa industria: que la educación científica que puedan ad- 
quirir los hijos de este municipio, la derivan de las escuelas y colegio da dicha 
ciudad: que nuestras costumbres y afecciones nos ligan poderosamente con la ca- 
pital del distrito, cuyas autoridades por razón de la distancia, deben de ejercer mas 
influjo y poder sobre nosotros, que las que residen en Marida: considerando, que 
por falta de la necesaria libertad, los pueblos del camino real y de los Chenes, cor- 
respondientes al distrito de Campeche, no han podido dejar oir su voz unisona en 
un todo con la del resto del mismo distrito, y que hoy que se hallan libres por for- 
tuna de todo apremiO; pueden espresar franca y sinceramente sus votos, acuerdan: 

1. ^ Es la voluntad libre de esta población, que se forme del distrito de Cam^ 
peche é isla del Carmen un Territorio, Estado ó Departamento independiente del 
de Mérida, regido por un gobernador y comandante general, que nombrará un 
consejo consultivo. 

2. ^ Este pueblo de Tenabo reconoce y promete fiel obediencia & las autori- 
dades de su distrito, que es el de Campeche, bajo cuya protección se constituye, é 
impetra su fuerza armada en caso necesario. 

3. ^ Este mismo pueblo protesta solemnemente contra la fuetza que pretende 
hacer el gobierno de Mérida para apartarlo del cumplimiento del articulo, anterior, 
comprometiéndose á repeler la fuerza con la fuerza. 



— 182 — 

4. ^ Reconoce por juez de paz al ciudadano Marcelino Medina, y para aa— 
píente ai ciudadano Tomas Marente^i mientras las autoridades del cnismo distrito 
nombran á quien tengan por conveniente. 

6. ^ Finalmente, esta acta se firmará por duplicado para dirigirla con atento 
oficio á la Escma. Junta gubernativa de este distrito, y al Escmo. Sr. gobernador 
de Marida. 

Con lo que se dio por concluida e^ta acta, que firman para su constancia.— 
Manuel Baeza, como teniente coronel suelto. — José Ignacio Muñoz,— Juan Ti- 
moteo Muñoz. — Pedro José Pinzón. — Antonio Cortés.— Carmen Cortép.-* Albino 
Cortés. — Luciano Muñoz.— Lorenzo Coba y Jiménez.— Román Baraona. — Can- 
delario Muñoz. — Luis Herrera. — José de la Cruz Zetina. — Por el capitán de Hi' 
dalgo», D. Fermin Chi, y sus subordinado?, por no saber firmar, Juan Timoteo 
Muñoz. — Manuel Muria Quero. — Pedro A. Quero. — Trinidad Medina. — Geróni- 
mo Pérez. — Leonardo Baraona. — Tomas Marentes. — Por la clase de tropa, Car- 
men Cortés. — José Sarmiento.— José María Quero. — Joué Higinio Hurtado.— 
Andrés Rodríguez, secretario. 



ACTA DEL PUEBLO DE BÉCAL. 

En el pueblo de Bécal, k los cinco dias del mes de Abril de mil ochocientos cin- 
cuenta y ocho años, reunido el corto vecindario bajo la presidencia del Sr. D. Ro- 
mualdo Acosta, juez primero de paz suplente de este pueblo, dicho señor impuso 
á la concurrencia de una acta que en copia certificada ha circulado á este partido 
el Sr. D. Manuel Pascual Pacheco, jefe politico y subdelegado proclamado el dia 
de ayer por el art. 4. ^ de la referida acta: enterados todos de su tenor, acorda- 
ron con plena deliberación lo siguiente: 

£1 pueblo de Bécal, considerando justas las razones en que se apoya el acta le- 
vantada el dia de ayer por la cabecera de este partido, la hace soya y adopta en 
todas sus partes, sin restricción alguna, disponiendo que la presente se haga por 
duplicado, con el fin de que quedai\do un ejemplar en la cabecera de Hecelchakán, 
el otro se eleye á la Escma. Junta gubernativa del Estado de Campeche, á que 
pertenece ya este partido, para su superior conocimiento, firmándolo asi para cons- 
tancia. — Romualdo Acosta. — José Concepción Rosado.— Manuel Florez.— José 
Sabino Canto, — F. Franco.— José Guadalupe Gutiérrez. — Conrado Cáceres. — 
Pedro Cáceres. — Juan Manuel Rocha. — Victor Aviltz. — Pablo J. Barroso. — Ca- 
nuto Florez. — Juan Bautista Góngora. — Fermin Canto. 



ACTA DEL PUEBLO DE TINUM. 

En el pue1)lo de Tinum, á los seis dias del mes de Abril de mil ochocientos cin- 
cuenta y ocho, reunidos en la casa consistorial de este pueblo todos sub vecinos 
con el laudable fin de tratar sobre su mejor suerte, y para cuyo efecto se nombró 



— 133 — 

una junta entre lo8 componenteti habiendo recaído la eleccioa de presidente en el 
ciudadano Policarpo Guerrero, y de vocalea secretarios los ciudadanos Venancio 
Cortés y Narciso Manzanilla; y habiendo ocupado cada uno el lugar de su nom- 
bramientOy se les fué entregando por el señor juez de pez una comunicación diri- 
gida por el señor jefe político accidental del partido, á cuya comunicación se le dio 
pública lectura; y siendo relatÍTa á una invitación que se hace para secundar libre 
y espontáneamente el pronunciamiento que celebraron las autoridades y demás 
▼ecinos de la cabecera, declarando las causas y motivos justos que les obligan á 
separarte del territorio del gobierno de la capital, declarándose parte integrante 
del territorio de Campeche: luego que todo esto se publicó en alta voz, se procedió 
& interrogar al numeroso concurso emitiesen franca y libremente su opinión y vo- 
luntad acerca de dicho pronunciamiento, y esta junta ha resuelto lo siguiente: 

L ^ Esta junta, convencida hasta el grado de evidencia de las mejoras indu- 
dables que debe recibir de una medida bien meditada y acomodada á laa circuns- 
tancias que nos rodean llenas de calamidades, acuerda unánime y espontánea- 
mente secundar en todas sus partes el pronunciamiento referido. « 

2. ^ Asimismo es la voluntad general nombrar para juez de pez propietario 
al ciudadano Policarpo Guerrero, y para suplente al ciudadano Pedro J. Farrao, 
sujetándolo todo absolutaruente á la aprobación de la autoridad competente: con 
lo que se concluyó esta acta que firman el presidente, secretarios y concurrente^ 
que saben escribir, para su debida constancia en el mencionado pueblo, dia, mes 
y año.— -Policarpo Guerrero, presidente, — Venancio Cortés, secretario. — Narciso 
Manzanilla, secretario. — José León Guerrero.— Quirino Manzanilla. — Ramón 
Centurión. — Pablo Puerto. — José G. Cortés. — Miguel Poot. — José M. Cardoso. 
— José M. Centurión. — Pedro R. de la Gala y Ampudia. — Pedro J. Parrao. — 
Agustín R. de la Gala. — Manuel Alcocer. 

Es en un todo conforme á su original que para en el archivo de este juzgado 
de paz. — Nos los secretarios lo certificamos para su debida constancia. -«Veoan* 
ció Corté?, vocal secretario. — Narciso Manzanilla, vocal secretario. 



ACTA DEL PUEBLO DE NÜNKINÍ. 

En el pueblo de Nunkinf, á los siete dias del mes de Abril de mil ochocientos 
cincuenta y ocho años, reunidos los muy pocos vecinos de este pueblo en la casa 
morada del Sr. D. Manuel Antonio Ojeda, juez de paz suplente de este pueblo, 
fueron impuestos de una acta celebrada por la cabecera de este partido con fecha 
cinco del corriente, relativa á que estos pueblos reconozcan y pertenezcan á la di- 
visión territorial del Estado de Campeche, y después de meditar las positivas ven« 
tajas que tal acuerdo proporciona á nuestro comercio, y demás protección ^e in- 
dustria, y demás mejoras sociales, acordaron lo siguiente: 

£1 corto vecindario de Nunkini, adopta y hace suya en todas sus partes el acta 
popular celebrada en la villa de Hecelcbakán, cabecera de este partido» el día cin- 
co del corriente: quedando unido en consecuencia este pueblo al Estado territorial 



— 134 — 

de la muy H. y L. ciudad de Campeche, haciéndose de la presente tree ejempla- 
res, dos para elevar á la cabecera para que remita uno el señor jefe político k la 
Excma. Junta gubernativa, y el último para el archivo de este municipio. Con lo 
cual se da por terminado este acto que fírman todos los concurrentes para cons- 
tancia. — Manuel Antonio Ojeda. — José Estrada. — José Lino Ortega. — José Sil- 
verio Florez.— Jo&é de los Angeles Gamboa. — José Gertrudis Estrada. — Martio 
Estrada. 



ACTA DEL PUEBLO DE ATÜRBIDE. 

En el pueblo de Iturbide, k los once dias del mes de Abril de mil ochocientos 
cincuenta y ocho, reunido este vecindario bajo la presidencia del señor juez de 
paz de este pueblo D. Zerapio Negron, se dio lectura á la copia del acta de pro* 
nunciamiento verificado en la cabecera del partido el nueve del corriente; y ha- 
biüido discutido con detención las causas que esponen, asi como los seis artículos 
que comprende dicha acta, acordó esta junta secundar el pronunciamiento referido 
en todas sus partes por estar convencido de la justicia con que se ha verificado, 
remitiéndose copia de esta al señor jefe político y militar para los fines que esti^ 
me convenienle?, firmando esta para debida constancia. — Sefeiino Negron. — Geor- 
ge Burgop. — Nicanor Sosa. — Aquilino Zapata.— Anselmo Sabzar. — Diego Ro* 
sado. — Manuel Negron. 



ACTA DEL PUEBLO DE olBALCHEN. 

En el pueblo de Qibalcheo, á los once dias del mes de Abril de mil ochocientos 
cincuenta y ocho, reunido este vecindario bajo la pregidencia del señor juez de paz 
1. ^, ciudadano Antonio Gutiérrez, se dio lectura k la copia del acta de pronun- 
ciamiento verificado en la cabecera del partido el nueve del corriente; y habién- 
dose discutido con detención las causas que espone, as( como los seis artículos 
que comprende dicha acta, acordó esta junta secundar el pronunciamiento referido 
en todas sus partes por estar convencidos de la necesidad con que se ha verificado, 
remitiéndose copia de es^ta al señor jefe politicoy militar para los usos que esti^ 
me convenientes, firmando esta para debida constancia. — Antonio Gutiérrez. — 
Juan T. Briseño. — Leocadio Prevé.— Alejo Mongeote. — Manuel Barrera. — Ni- 
colás Maldonado. 



ACTA DEL PUEBLO DE BOLONCHEN-TICÜL. 

En el pueblo de Bolonchen-Ticul, á los doce dias del mes de Abril de mil ocho- 
cientos cincuenta y ocho años, reunidos todos los vecinos notables de esta pobla* 
cion bajo la presidencia del señor juez de paz 1. ^, y tomando la palabra, dijo: 
qaa aunque el dia anterior te había levantado una acta de adhesión al plan poli* 



— 135 — 

tico de la H. ciadad de Campecbei pero como en dicha acia te pedían algonas 
garantías para eeta población, porque aun no estibamos impuestos del citado plan; 
después, habiéndonos impuesto el Sr. comandante militar D. Mariano Roca, de di* 
cbo plan, y convencidos ya de que el objeto es el mejorar la situación de estos pue. 
• Uos, desde luego, sin la menor desconfianza, debia manifestar espHcitamente su 
voluntad de pertenecer al territorio de Campeche. Se suscitó entre los señorea 
presentes una ligera discusión, y en seguida todos convinieron en adherirse i dí«« 
cbo territorio de la manera siguiente: 

Art ]. ^ £1 pueblo de Bolonchen-Ticul adopta en todas sus partes el plan 
político de Campeche que ha proclamado. 

Art 2.^ Aunque el señor comandante militar y juez de paz de esta pobla- 
ción ha manifestado sus deseos de retirarse á la vida privada, garantizando bajo 
su palabra de honor no atacar en manera alguna las instituciones del territorio» 
pero habiendo interpuesto su influjo el señor comandante militar D. Mariano Ro- 
ca para con dicho Sr. Cervera, para que se hiciese cargo otra vez de aquel desti- 
no, convino en verificarlo por convenir al bien general y particular de esta po- 
blación. 

Art. 3. ^ Se nombra á D. Manuel Cervera para juez propietario y á D. San« 
tiago Fernandez para su suplente, elevándose copia de esta acta al gobierno de 
Mérida, y la presente á la Excma. Junta gubernativa para su conocimiento. Con 
lo cual se da por concluida, y firman todos los señores presentes. — José T. Cerve- 
ra.— Cura párroco, Manuel A. Sierra de O' Reilly.— José Dolores Mena.*-^Atila- 
no Carrillo. — Andrés Barbosa. — José Ignacio Machado. — José Maria Romero. — 
Antonio Garcia y Loza. — Tránsito Barbosa. — Timoteo Fernandez. — Santiago 
Fernandez. --Cecilio Ortiz. — Donato Barbosa.— Andrés Maria España. — José L. 
Mex. — Manuel Cervera y Molina.— José Dolores Romero.T-José Maria Mena. — 
Por mí y por mi república, Bernardo Mex. — Pablo Pacheco. — Estévan Berdugo. 
— Manuel Cban. 



ACTA DE LA VILLA DE HOPELCHEN. 

En la villa de Hopelchen, á los nueve dias del mes de Abril de mil ochocientos 
cincuenta y ocho años, reunidos los que suscriben bajo la presidencia del ciuda- 
dano Romualdo Baqueiro, con el objeto de deliberar y en la necesidad de tomar 
una resolución que corte los gravisimos perjuicios que sufre esta población^ k con- 
secuencia de la violenta situación en que se halla el Estado: considerando, que esta 
villa no puede dejar de seguir la suerte de la M. H. y L. ciudad de Campeche, á 
cuyo distrito pertenece por ecsigirlo asi sus intereses materiales y morales, puesto 
que su comercio lo tiene con aquella plaza en donde consumen los pocos produc- 
tos de su pobre agricultura y escasa industria: que la educación científica que pue* 
den adquirir los hijos de este munieipio, la derivan de las escuelas ó colegio de 
dicha ciudad: que ntiestros usos, costumbres y afecciones nos ligan poderosamen^ 
te con la capital del distrito, cuyas autoridades por razón de la distancia deben 



— 136 — 

ejercer ma» influjo y poder sobre nosotros^ que las que residen en Mérida: consi* 
derando, que por falta de la necesaria libertad, los pueblos del camino real y de 
los Chenes, correspondientes al distrito de Garapechei no han podido dejar oír su 
voz unísona en un todo con la del resto del mismo distrito, y que hoy que se ha* 
lian por fortuna libres de todo apremio, pueden espresar franca y sinceramente su 
▼oto, acuerdan. 

1. ^ Es la voluntad deliberade de esta población que se forme del distrito de 
Campeche é ¡ala del Carmen un Territorio, Estado ó Departamento independiente 
del de Mérida, regido por un gobernador y comandante general que nombre un' 
consejo consultivo. 

2. ^ La villa de Hopelchen reconoce y promete fiel obediencia á las autorida- 
des de 6U distrito, que es el de Campeche, bajo cuyo patrocinio se constituye é 
impetra su protección de la fuerza armada en caso necesario. 

3. ^ Esta misma villa pVotesta solemnemente contra la fuerza que pretenda 
hacérsele para apartarle del cumplimiento del artículo anterior, comprometiéndose 
á repeler la fuerza con la fuerza. 

4. ^ Reconoce como jefe político y comandante militar de la línea de los 
Chenes, al teniente coronel D. Romualdo Baqueiro, y por su segundo al de igual 
clase D. José Maria Grarcia, quien desempeña en este partido los encargos que 
ahora regentea el Sr. Baqueiro, á satisfacción no solo de los vecinos de esta cabe- 
cera, sino de todos los pueblos del partido, habiendo manifestado siempre franca- 
mente su opinión en favor de la división territorial desde su ingreso á este, suje- 
tando este artículo á la aprobación de la superioridad para que disponga lo qae 
tenga por mas conveniente. 

5. ^ Asimismo nombran para componer el R. ayuntamiento de esta cabecera, 
para alcalde 1.^ al ciudadano Luciano Sánchez, y para 2.^ al ciudadano Juan 
Manuel Santos; para regidores, L ^ al ciudadano José Julio Acosta; para 2. ^ al 
ciudadano Romualdo Pérez; para 3. ® al ciudadano Apolonio Montejo; para 4. ® 
al ciudadano Pedro Cáceres; y síndico procurador, encargado también de la sub- 
delegación, al ciudadano Luciano Baqueiro, sujetándolo todo á la aprobación de 
la superioridad mencionada. 

6. ^ Finalirente, esta acta se firmará por duplicado para dirigirla con atento ofi • 
cío á la Excma. Junta gubernativa del distrito, y al E. Sr.Goberoador de Mérida. 

Con lo que se concluyó esta acta, firmando para constancia* — Romualdo Ba« 
queíro. — José Maria Garcia.— «Luciano Sánchez. — Juan Manuel Santos. — José 
Julio Acosta. — Romualdo Pérez. — Apolonio Montejo. — Pedro Cáceres.— Lucía- 
no Baqueiro. — Faustino Pefía.— Juan Rivera.— José Luis Santini.— José de la 
Cruz Baqueiro. — José Maria Flota. — Laureano Baqueiro. — Gregorio Ricakie.-— * 
Joaquín Garrido. — Pedro Regalado Reyes. — Benigno Lara.— Juan E. Mendoza. 
— Rafael Magaña. — Antonio Ricalde. — Hipólito Pérez. — Ensebio Martínea^ — P. 
José Lara. — Cura, Francisco Maria Carrillo.** José Y. Ricalde. — Jema de la Cras 
de Ocampo. — Mariano Negron.— Gerónimo Baqueiro.— José Maria Saarez.— Jo- 
sé Dolores Garcia.— Higinio Bernal.-^Por el cacique y su república^ José Maria 
Tun.— Mariano Roca, secretario. 



NUMERO 34. 

(Citado en la página 115.) 

LOS PUEBLOS DE HALACHÓ Y MAXCANÚ DECLARAN SÜ VOLUNTAD DE PERTENfi* 
CER al nuevo estado de CAMPECHE. 



ACTA DEL PUEBLO DE HALACHÓ. 

Ed el pueblo de Halachó, á los once dias del mes de Abril de mil ochocientos 
cincoenta y ocho afíos^ reunidos los que suscriben bajo la presidencia del juez pri- 
mero de paz D. Miguel Florez, con el objeto de deliberar sobre la necesidad de 
tomar una resolución que corte los gravísimos perjuicios que sufre la población á 
consecuencia de la actual situación en que se halla el Estado; y considerando^ que 
este pueblo no puede dejar de seguir la suerte de la M. H. y Liberal ciudad de 
Canapeche, por ecsigirlo asi sus intereses materiales y morales, puesto que su co- 
mercio lo tiene con aquella plaza, en donde se consumen los productos de su cor- 
ta agricultura y escasa industria, y respecto k que nuestras costumbres y afeccio- 
nes, nos ligan poderosamente con aquella ciudad, á la que antes le- pertenecia este 
pueblo en lo militar; y siendo su voluntad estarle sujeto desde boy basta en lo ci« 
vil, han acordado*los articules siguientes: 

1. ^ Es voluntad de los vecinos del pueblo de Halachó, que se forme del dis- 
trito de Campeche é isla del Carmen un Territorio, Estado ó Departamento, cuya 
linea divisoria sen h^ta este pueblo» regido por un gobernador y comandante ge- 
neral que nombrará un consejo consultivo» 

2. ^ El pueblo de Halacb¿ reconoce y prometa fiel obediencia á las autorida"» 
des de Campeche, bajo cuyo patrocinio se constituye, é impetra su protección de 
la fuerza armada en caso necesario. 

3. ^ Las autoridades actualmente constituidas, por haberse sometido libre y 
espontáneamente á la voluntad soberana del pueblo, continúan interinamente en 
el ejercicio de su encargo, hasta tanto la Excma. Junta gubernativa de Yucatán 
en Campeche, disponga lo que tenga por conveniente* 

4. ^ Elévese k la Excma. Junta gubernativa esta acta original, y copia de ella 
al señor comandante en jefe de la benemérita división que opera sobre la linea di- 
visoria. — Miguel Florez. — Luis Florez.— Manuel L. Castellanos. — Juez 2. ® To- 
mas Sánchez. — José Basilio Castellanos.— Francisco AIonso.^-^Feliciano Ortiz. — 

18 



— 138 — 

Higinio Florez. — Juan de Dios MijangoB. — Juan P. Avila. — José Dolores Flores. 
— José M. Sánchez.— J. Antonio Mijangos y Ortiz. — José Antonio Rodríguez. — 
Esteban Ortiz. — Pedro A. Sánchez. — Luis Barredo. — Andrés Fernandez.— Cefe- 
rino Suarez. — José Ignacio Cáceres. — Justo Rufino Lara. — Norberto Pacheco.— 
Por los ciudadanos Pablo J. Puga, Merced Alonso y Julián Zeel, José Dolores 
Florez. — José M. Aiso. — Perfecto Quijano. — Guadalupe Zeel. — Luis Florez Ca- 
ro. — J. Ascención Brito. — Severino Rejoo.^-Andres Mijangos.— Buenaventura 
Cab.— Trinidad Mijangos.— E. Florez.— Juan José Kú.— Manuel Ortiz. — Por d 
cacique y su república, José Teodoro Eeb. — Escribano, Timoteo Zetina.*-LadÍ8- 
lao Ayuso. — Juan Nepomuceno Cab.— Eligió Machado. — José B. Alayola, se- 
cretario. 



ACTA DEL PUEBLO DE MAXCANÚ. 

En el pueblo de Maxcanú, cabecera del partido de su nombre, á los doce dias 
del mes de Abril de mil ochocientos cincuenta y ocho años, reunido el R. ayunta- 
miento y vecindario en la sala de sesiones del cuerpo, acordaron después de una 
detenida discusión, adherirse en todas sus partes al plan político proclamado en 
la M. H. y L. ciudad de Campeche. 

De la piesente acta se sacari copia para remitir á la Excma. Junta gobernati- 
va residente en aquella plaza, y al Sr. general D. Martin F. Pe raza, para los efec- 
tos consiguientes, firmando la presente para la debida constancia, conmigo el se- 
cretario. — José M. Roca, jefe político y comandante militar del partido.— Miguel 
Sosa, alcalde 1. ® — José Rufino Novelo, alcalde 2, ^—Manuel L. Velazquez, re- 
gidor 1. ® — José M. Brisefio, regidor 2. ® — Franciseo Amézquita, regidor S. ^ 
— Antoníno Perera, síndico procurador.— Carlos Mendea, capitán de guardia na- 
cional. — Juan de Dios Pavón, sargento 1. ^ de la misma. — Manuel Sanehes, ser* 
gento 2. ^ — Por la clase de cabos, José Uribia. — Por la de soldados, Anastaeio 
Rodríguez. — Patricio Sosa. — José Felipe Sosa.*»Santiago Ortiz.— Juan Solis. — 
Teodoro Ortiz. — Manuel Perera.— Juan de la C. Camal, presbítero. — Leandre 
Ancona. — Leonido Lara. — Juan Alonso.— Gerónimo Flota.— Justo Pefia.*»Lo« 
renzo Ventura. — Desiderio Góngora.— Guadalupe Barrera. — Feliciana Ghierra.— 
Ceferino Patrón. — Agustín González. — For el caciqw y su repÚMieOf Salustino 
Quí%*— Por la compaiUa de Hidalgas, Julián Aké.— -Francisco Amésquita, ■•« 
cretario. 



NUMERO 35. 

(Citado en la página 116.) 



CONVENIOS DE DIVISIÓN TERRITORIAL ENTRE MÉRIDA Y CAMPECHE, ERECCIÓN 

DEL ESTADO DE CAMPECHE EN MAYO DE 1858 Y COMUNICACIONES OFICIALES 

CON EL SUPREMO GOBIERNO CONSTITUCIONAL ACERCA DE ESTO. 



La JSxmcL Junta Gvhematizuí del Distrito de Campeche é Isla del Cármen.^^De' 
seando terminar la guerra civil que aniquila á Yucatán, eliminar el elemento de 
discordia que ha servido en todas épocas de arma poderosa y fratricida á los am* 
biciosos y enemigos de la pública tranquilidad^ y consultando al progreso y en- 
grandecimiento del Distrito, ha tenido á bien celebrar con el Gobierno del De- 
partamento de Mérida el siguiente. 

CONVENIO DE DIVISIÓN TERRITORIAL. 

Siendo de imperiosa necesidad el que se termine pacifieamentei para bien general 
de|etta desgraciada península, la cuestión que se ha suscitado relativa á la división 
territorial de Yucatán en dos entidades independientes la una de la otra, los Sres. 
Lie D. Nicolás Dorantes y Avila y D. Rafael Carvajal por parte de las autori- 
dades del Distrito de Campeche, y los Sres. Coronel D. Alejandro Garda, Lie. 
D. José Antonio Cisneros y Lie. D. Nicanor Rendon por la del Superior Gobierno 
y Comandancia general de Yucatán, previo el reoonoeimiatito de sus respectivas 
credenciales, han acordado los articuios signciites* 

L^ El Estado ó departamento de Campeche comprenderá todo lo que compo- 
nían los partidos del Carmen, Seibaplaya, Campeche, Hecelchakan, y Hopelchen. 
La linea divisoria que separe el Estado ó Departamento de Campeche del de Yu- 
catán, se trzará cosmográficamente, partiendo desde la medianía del camino que 
va de Halachó á Caikiní, de modo que el litoral abraza las salinas denominadas 
el Real, la Herradura|y Desconocidas, que pertenecerán al Estado ó Departamen- 
to de Campeche, y permaneciendo Celeatun en territorio de Yucatán. 

2. ^ Ademas de la obligación en que m halla el Estado ó departamento de 
Campeche, de mantener cubierta la linea fronteriza de los Chenes, reconoce el 
deber de contribuir auxiliando al Gobierno de Yucatán para sostener la guerra 
contra los indios« Este snbsidio seri una cantidad igual á la que importe la ter* 



—140 — 

cera parte del presupuesto de todos los gastos del Estado de Campeche, ya de- 
pendan de las rentas llamadas generales^ ya de las particulares, cuya cantidad será 
pagada cada mes puntual y religiosamente, empezando treinta dias después de ce- 
lebrado este convenio, en los mismos términos que lo sea el valor del presupuesto; 
esto es, entrando en el riguroso prorateo que se haga para cubrir las partidas de 
ér^te, cuando no haya suficientes ingresos para satisfacer Integramente dicha ter- 
cera parte y el total del presupuesto. 

3. ^ £1 Estado ó departamento de Campeche no tendrá derecho á ninguna re- 
tribución ó beneficio por razón de botin que se haga á los bárbaros, ó por cual- 
quiera otra utilidad que derive de ellos el Departamento de Yucatán; pero si po- 
drá vigilar é intervenir para que el subsidio que satisfaga no se distraiga de su le- 
gitima y natural aplicación y para suspender el pago tan luego como cese laguer- 
ra de castas que lo motiva; asi como el Gobierno de Yucatán podrá nombrar un 
agente que vigile é intervenga en la aplicación de las cantidades respectivas al 
pago del subsidio. 

4. ^ El arancel que rija en las aduanas marítimas de Sisa), Campeche y el 
Carmen, será el vigente en la actualidad en dichas aduanas, y no se podrá hacer 
variación en él sin que sea convenida y acordada entre ambos gobiernos; es decir, 
el de Mérida y el de Campeche. Bajo este supuesto, los efectos estranjeros intro- 
ducidos por cualquiera de dichas aduanas, podrán circular, espenderse y consu- 
mirse en toda la península nin pagar nuevos derechos, escepto los municipales. 

6. ^ Los productos naturales é industriales del Estado ó departamento de Cam- 
peche podran circular, espenderse y consumirse en el Departamento de Yucatán 
sin podérseles imponer ningún derecho, escepto los municipales, y lo mismo se 
observará en el Estado ó departamento de Campeche, respecto de los productos 
naturales é industriales del de Mérida. 

6. ® Los efectos estranjeros que lleguen á Sisal de tránsito para Campeche ó 
el Carmen, no satisfarán derecho alguno en aquel puerto, si no se desembarcan 
voluntariamente en él, y lo mismo se observará en los puertos de Campeche y el 
Carmen, respecto de los efectos nacionales ó estranjeros que lleguen á ellos con 
destino á Sisal. 

7. ^ El Departamento de Yucatán no podrá imponer derecho alguno de estrac* 
cion ó esportacion á los productos naturales é industriales del Estado ó departa- 
mento de Campeche que lleguen á Sisal, de tránsito para los puertos nacionales ó 
estranjeros, y lo mismo se observará en el Estado ó departamento de Campeche, 
re«pecto de los. productos naturales é industriales de Yucatán que lleguen á Cam- 
peche ó el Carmen de tránsito para los puertos nacionales ó estranjerog 

8. ^ Mediante que las instituciones políticas de Campeche no permiten la ecsis- 
tencia de ningún monopolio, su gobierno se obliga en toda forma k indemnizar 
debidamente á los interesados en el contrato de harinas por la parte que deba re- 
portar la aduana de Campeche, hecha liquidación de lo que se adeudaba al co- 
mercio hasta el 1. ^ de Agosto del año próximo pasado. Mientras permanezca el 
estanco en el Departamento de Yucatán, las harinas importadas por la aduana de 
Campeche no podran circular en dicho departamento. Para hacer efectiva la in- 



— 141 — 

demnizacion se afecta y se asigna para su camplimiento la parte de derechos que 
cause la libre importacioo de harinas en los mismos términos estipulados en la con* 
trata que quedó rescindida por decreto de 26 de Marzo próximo^asado. 

9. ^ El ^bierno del Estado ó departamento de Campeche, se compromete 
solemnemente á no abrigar los desertores militares ó de guardia nacional, en ser-- 
vicio de campaña ó guarnición, del Departamento de Yucatán, y no solo á entre- 
garlos cuando le sean reclamados, sino á perseguirlos cdnforme k las leyes gene* 
rales, para que vuelvan á sus filas, en el concepto de que la recíproca será abso- 
lutamente igual. 

10. ^ Los gobiernos de ambos Departamentos se obligan á respetarse mu- 
tuamente, guardando con fidelidad sus límites, y á solicitar del Supremo de la 
nación, tan luego como se establezca la paz, la aprobación de este convenio, re- 
presentándole la absoluta é imperiosa necesidad de él, como único medio de darle 
tranquilidad á la península. 

En fé de lo cual, los referidos comisionados firmaron este convenio, que será 
ratificado y canjeado dentro de ocho dias en la ciudad de Mérida, capital del De* 
partamento de Yucatán, á los tres dins del mes de Mayo de mil ochocientos cin- 
cuenta y ocho. — Nicolás Dorantes y Avila. — i2, CarvajaU-^Algadro Cfarcia.^^ 
José Antonio Cisneros. — Nicanor Rendon. * 

Gobierno superior de Yucatán.— «Mérida, Mayo once de mil ochocientos cin- 
cuenta y ocho. — Ratificase. — M. F. Peraza. — Crescendo J. Finelo, secretario. 

Por tanto, man Ja se imprima, publique solemnemente y circule para su debido 
y esacto cumplimiento. En Campeche, á quince de Mayo de mil ochocientos cin- 
cuenta y ocho. — Fablo Garda, presidente. — Juan José Herrera, secretario. 



La Excma. Junta gubernativa del distrito de Campeche é isla del Carmen, declara 
ser la voluntad de los pueblos del distrito, según consta de las actas que se han 
levantado: 

1. ^ Erigirse en un Estado según la forma de gobierno que rige á la nación, 
y de conformidad con los convenios celebrados con fecha 3 del actual entre las 
autoridades del Departamento de Mérida y las de este distrito. 

2. ® Roconocer como gobernador del Estado al Excmo. Sr. Lie. D. Pablo 
Ghircia, y como comandante general del mismo al Excmo. Sr. D. Pedro de Ba* 
randa, quienes prestarán ante esta Junta el correspondiente juramento. 

3. ^ £1 Excmo. Sr. Gobernador procederá desde luego & nombrar un Consejo 
de gobierno compuesto de cinco propietarios y cinco suplentes. 

4. ® El Excmo. Sr. Gobernador, de acuerdo con el Excmo. Consejo, arreglará 
\o!^ diversos ramos de la administración pública. 

Por tanto, manda se imprima, publique solemneinente y circule para su debido 
cumplimiento. En Campeche, á 18 de Mayo de 1868. — Pablo Garda, presidente. 
Juan José Herrera, vocal secretario. 



— 142 — 

Gobierno del Estado de Campeche. — Ezcmo. Sr. — ^Tengo el honor de acom|>a- 
ñar á V. E. dos ejemplares del conyenio de división territorial celebrada entre es- 
te gobierno y elgde Mérida, y de la última ley espedida por la Excma. Junta ga« 
bernativa, erigiendo en Estado el distrito de Campeche é isla del Carmen, y en- 
cargándome de su gobierno politice, del que tomé posesión desde el 19 del que 
ñnaliza, — Como el referido convenio no es mas que la espresion de las ecsigenciaa 
del pais que se han hecho sentir desde muchos años atrás, el resultado inevitable 
de una lucha civil prolongada, sangrienta y desastrosa, y el único medio de darle 
paz y tranquilidad á Yucatán, cuya administración en el vecino Departamento de 
Mérida se halla por desgracia en manos de hombres que profesan ideas retrógra- 
das y anticonstitucionales, como lo revela el art 8. ^ del mismo, espero que me- 
rezca la aprobación del Excmo. Sr. Presidente, á cuyas órdenes me ofrezco respe- 
tuosa y sinceramente por la secretaría del digno cargo de Y. E. 

Esta oportunidad me proporciona la honra de protestar á V. E. mi considera- 
ción 7 profundo respeto. 

Dios y libertad. Campeche, Mayo 31 de 1868. — P. Oarcia.'^Antonio Lanz 
Pimentel, secretario general. — Excmo. Sr. Secretario de Estado y del Despacho 
de Oobernacion.— «Veracruz. 



Secretaría de Estado y del Despacho de Gobernación. — Ezcmo. Sr. — Con el 
oficio de V. E. de 31 de Mayo próximo pasado, se han recibido en este Ministe- 
rio ejemplares del convenio de división territorial, celebrado entre ese gobierno y 
el de Mérida, y de la última ley de esa Excma. Junta gubernativa, erigiendo en Es- 
tado el distrito de Campeche é isitf del Carmen, y encargando á Y. E. del gobier* 
no político del mismo Estado.— El Excmo. Sr. Presidente de la República ha 
visto con satisfacion, que se haya terminado de esa manera la desastrosa guerra 
fratricida que asolaba la península de Yucatán. — Respecto de la aprobación que 
Y. E. solicita conceda el Excmo. Sr. Presidente al convenio de división territorial, 
debo manifestarle por acuerdo de S. E., que el Supremo Gobierno remitirá el con- 
venio citado al cuerpo legislativo, tan luego como se instale, apoyando las razones 
de conveniencia pública que hay para que quede erigido constitucionalmente el 
nuevo Estado de Campeche. 

Ofrezco á Y. E., con este motivo, las seguridades de mi particular consideración. 

Dios y libertad. H. Yeracruz, Junio 25 de 1858. — Por ausencia del ministro 
del ramo, Francisco de P. CenÜejas.^Excmo. Sr. D. Pablo Garcia, gobernador 
del Estado de Campeche. 



NUMERO 36. 

(Citado en la página 117.) 
OFICIOS DE ZULOAGA HACIENDO Y DESHACIENDO EL TERRITORIO DE CAMPECHE. 



Caando D. Ignacio Comonfort j D. Félix Zologa, tmcionmodo i h causa na* 
donal, dieron el golpe de Estado de 17 de Diciembre de 1867, y el segando frai* 
cionando asimismo ai primero, se apoderó de la situación entregándose completa- 
mente al ominoso partido reaccionario, ta primer pensamiento fué atraerse á los 
Estados; y considerando necesaria la marina del Norte, creyó, para tenerla, domi- 
nar el distrito de Campeche reconociendo su independencia y formando de él y 

del partido del Carmen un Territorio, según se ?erá por la comunicacioa oficial 
que sigue: 

*^Mini$terío de Qobemaoian.'^Seecian 2. ^ — Excmo. Sr.*— En atención á las 
circunstancias particulares en que se encuentra ese Estado y á las generales dg la 
nación, y entre tanto se hace definitiramente la di? ision tercitorial de la República, 
el Excmo, Br. Presidente interino ha tenido á bien disponer que la ciudad y dis- 
trito de Campeche formen un Territorio con la isla del Carmen, sujeto inmediata- 
mente al Supremo Gobierno. — Lo que me honro en comunicar á Y. B. para su 
conocimiento, así como que S. K ha nombrado jefe político y militar del espre- 
sado territorio al Sr. general D. Tomas Marin, que ha recibido su correspondiente 
comunicación.— Dios y libertad. México, Enero 29 de 1868. — JSZjftc^o.— E. Sr. 
Gobernador del Estado de Tuestan.;; 

Esta comunicación es probablemente la en que, con su natural malicia y acos- 
tumbrada superchería, funda su aserto D. Juan Suarez y de Navarro, aparen- 
tando ignorar todo lo ocurrido con ocasión de ella. Lo diremos para que se co- 
nozca la verdad. 

El tal Zuloaga no llevó la mira, al decretar el territorio y nombrar al mismo 
tiempo un jefe que lo mandase, de hacer un bien al pais, sino la de tener un apo- 
yó en la costa del Norte, y utilizar la marina campechana en provecho de su go- 
bierno. Por consiguiente, y siendo sus ideas contrarias á las de los revoluciona- 
rios de Campeche, sin embargo de que coaeedia lo que mas halagaba á este pue- 
blo, fué visto con indiferencia y recluizado el jefo que nombró para secundar sus 



— 144 — 

proyectos. El Estado de Campecbe, oidlo bien, señor Suarez y de Navarro, y 
aprovechad esta ejemplar lección; el Estado de Campeche nunca quiso merecer 
su erección al gobierno de Zuloaga, y en consecuencia este salteador de caminos, 
que se vio contrariado, revocó en su despecho su orden en la nota oficial que 
sigue: 

** Secretaría de Estado y del Despizcho de Oobernacian. — Sección 2. * — Hoy 
digo al Excmo. Sr. Gobernador del Departamento de Yucatán, lo que copio: 

"Excmo. Sr, — Impuesto el Excmo. Sr. Presidente interino de la República, del 
oficio de y. E. de 15 de Marzo último, en que al acusar recibo de la suprema dis- 
posición de 29 de Enero, que previno se erigiese en Territorio el distrito de Cam< 
peche con la isla del Carmen, manifiesta los males que de esta medida resultan al 
Departamento, y consulta que en el decreto que se espida sobre el particular, se 
figen reglas comunes, y que éstas sean religiosamente observadas por las autori- 
dades del Departamento y las del distrito. S. E. ha tenido á bien disponer que- 
de sin efecto lo prevenido en la citada comunicación de 29 de Enero último sobre 
erección del Territorio de Campeche, mientras se hace la conveniente división de) 
de la República. — Lo que tengo la honra de decir á V. E. para su conocimiento 
en respuesta.^ 

"Dios y ley. México, Mayo 6 de 1858. — Elguero.-Señor Jefe político del Ter- 
ritorio de Campeche.^ 

Ya verá vd., señor general Santanista, señor leaccionario, que al asegurar que 
la erección del Estado de Campeche no fué obra sino del gobierno de Zuloaga, ha 
demostrado su profunda ignorancia de la historia última de Yucatán, y sobre to 
do de la de Campeche, ignorancia fundada en el soberano desprecio que vd. me- 
recejó de este último, bien persuadido que sus ofrecimientos y su amistad solo po- 
drían traerle complicaciones, intrigas de mala ley, chismes y abusos, y porque á 
vd. le precedia su bien sentada fama de espía y falso. — Santiago Martínez. 

[El Espíritu Publico.] 



NUMERO 37. 

(Citado ea la péigina 118.) 

AUXILIOS PRESTADOS POR CAMPECHE Á LOS LIBERALES DE YUCATÁN Y 
TABASCO PARA RESTABLECER EL ORDEN CONSTITUCIONAL. 



No basta, en verdad, que hubiésemos demostrado hasta la evidencia con docu 
mentos irrefragables, públicos y solemnes, que el Estado de Campeche desde ^u 
instalación d& hecho ao ha recoao^do un solo acto del gobierno, ó mejor dicho, 



— 145 — 

del desgobierno de Zuloaga, originado en la infame traición de Tacubayay tas poste* 
rieres reformas de México, que dieron por resultado la ecsaltacion del retroceso y la 
sangrienta guerra civil que se siguió después: es necesario, ademas, que demos- 
tremos con iguales documentos, que el referido Estado de Campeche solo ha re* 
conocido y obedecido al poder supremo, legitimo y constitucional de la República, 
que le ha impartido su cooperación y sus auxilios en cuanto le fué poeible, para 
obtener el triunfo espléndido que aun se celebra: que también ha luchado contra 
la reacción; y por último, que el EUtado tiene muy buenos y legítimos derechos 
que alegar, para ser oído con benevolencia por sus hermanos Ibs demás Estados 
de la confederación mexicana. 

Esta es la materia de que nos vamos á ocupar en el presente artículo, para que 
todo/« los mexicanos juzguen con entero conocimiento de causa, y se impongan de 
los hechos que indudablemente presentarán tergiversados fc su placer los»que con 
el fin de contrariarnos han vendido sus pensamientos, sus sentimientoÉ'y todo lo 
que hay de mas grande y noble en el hombre honrado, en el ciudadano pundono- 
roso, á un precio vil y á los hombres que no se han atrevido por ^ mismos á re* 
presentar el papel de enemigos del Estado de Campeche, 

Daremos principio con la convicción y la fe de la justicia de la causa, apoyada 
en los hechos, en la historia verídica y en los documentos que los comprueban. 

Bien visto, la erección de hecho del Estado de Campeche se verificó el año de 
1858, cuando retiradas las tropas del gobierno de Mérida que lo invadían, en Ene- 
ro del mismo año, no fué posible un avenimiento con él. En la misma época el 
plan de Tacubaya fué secundado en esta ciudad, lo mismo que en Veracruz; pero 
también lo mismo que en esta ciudad heroica, se volvió al orden legal luego que 
se advirtió que no era obra del partido liberal, que para entrar en campaña y cuan» 
do peligran los principios, se vé en la necesidad de apelar á la dictadura. Lo prue- 
ba la administración del Sr. Juárez durante su residencia en Veracruz. 

Pues bien, acogido dicho plan en Yucatán y Tabasco, en cuyo centro se encuen- 
tra el Estado de Campeche, continuó rigiendo en ellos, y sus respectivos gobierno?, 
representados por el general D. Martin Francisco Peraza y por D. Simón 'Sarlat, 
en correspondencia con Zuloaga. Esta circunstancia dio motivo á que el Es- 
tado de Campeche se viese amagado por todas paites: por Yucatán, atentas las 
razones antedichas; y por Tabasco, usando de la prensa que nos hizo una guerra 
sin tregua, bajo la protección del dictador Sarlat 

Pero el Estado de Campeche, firme siempre en sus principios y tendencias, 
reasumió sa soberanfa, y sin embargo de la horrible guerra que acababa de pade- 
cer, sin embargo de que se movia entre un lago de sangre, de escombros y ceni- 
zas, sus campos talados, sus recursos agotados y empeñado con una deuda enor- 
me, aceptó la lucha, y entró en correspondencia con los liberales de Yucatán y con 
los de Tabasco. ¡Noble y generoso sentimiento populari ¡El pueblo campechano 
comprendió el espíritu nacional y contribuyó h desarrollarlo en cuanto pudo! 

El partido liberal de Yucatán, representado por el distinguido patriota C. Li- 
borio Irigoyen, encontró en este Estado toda suerte de simpatías. Nuestros lee* 
tores nos dispensarán que no demos cabida & los documentos que comprueban es* 

19 



—146 — 

te aserto, ya por ser de un carácter puramente confidencial, ya porque en ellos se 
encuentran alusiones personales que hoy no es oportuno publicar. Pero ¿habr& 
quién ignore en toda la península de Yucatán, que el gobierno reaccionario del 
general Peraza fué derrocado por el Sr, Irigoyen al frente del partido liberal, con 
la cooperación y auxilios del astado de Campeche? Esto es lo cierto; y no lo 
asentamos por jactancia, ni con un fin malvado; lo establecemos porque es la ver- 
dad, y porque ya todos estos sucesos pertenecen al dominio de la historia. En 
confirmación, apenas el Sr. Irigoyen entró al poder, y con él la causa de la liber- 
tad, se cambiaron entre ambos gobiernos las comunicaciones siguientes, primer 
principio de paz y armonía entre los dos Estados. 

*' Gobierno del Estado de Yucatán, — Excmo. Sr. — Eldia 3 del corriente, después 
de prestar el debido juramento ante el Excmo. Tribunal superior de justicia de es- 
te Estado, entré al desempeño del gobierno del mismo, en cuyo destino roe afa- 
naré por consolidar las instituciones liberales, manteniendo las mas estrechas y 
cordiales relaciones con los demás Estados de la República en que dominen loa 
mismos principios. 

Tengo el honor de manifestarlo á V. E., suplicándole se sirva aceptar los senti- 
mientos dtí confraternidad con que me ofrezco & las órdenes de V. E., y las mas 
sinceras protestas de mi consideración y aprecio. 

Dios y libertad. Mérida, 5 de Octubre de 1858. — Liborio Irigoyen. — jFVtafen- 
cío Hijuelos, secretario. — Excmo. Sr. Gobernador del Estado de Campeche.;» 

'' Gobierno del Estado de Campeche. — Excmo. Sr. — Con indecible placer me he 
impuesto por el atento oficio de V. E. de fecha 5, que el dia 3, después de prestar 
el debido juramento ante el Excmo. Tribunal superior de justicia de ese Estado, 
entró al desempeño del gobierno del mismo, en cuyo destino logrará sin duda con- 
solidar las instituciones liberales que han constituido siempre su ardiente fé polí- 
tica. — Cuan fausto haya sido para este Estado de mi mando tan anhelado acon- 
tecimiento, lo han hecho conocer las páblicas demostraciones de regocijo coa que 
se celebró en esta capital el lánes 4, antes de recibir la comunicación oficial de 
V. E. que contesto, ofreciéndole reciprocamente mis sentimientos de confraterni- 
dad, y poniéndome á sus órdenes con las protestas mas cordiales de mi conside- 
ración y particular aprecio. 

Dios y libertad. Campeche, Octubre 8 de 1858. — P. García. — Antonio Zanz 
Pimentel, secretario general.— Excmo. Sr. Gobernador del Estado de Yucatán.^ 

La noticia del triunfo del partido liberal en Yucatán, se recibió en efecto en 
Campeche con positivas muestras de placer. Las casas se adornaron con cortinas 
y se iluminaron en la noche; hubo músicas y fuegos artificiales, y en los semblan- 
tes de la multitud se reflejaba el contento. Habíamos contribuido al estableci- 
miento de los principios liberales que hacia muchos años estaban desterrados de 
Yucatán, pais en que en otro tiempo ellos fueron la base de la felicidad y del bien 
público. Se estableció una correspondencia leal entre los dos gobiernos, y cuan- 
do el de Yucatán decretó la celebración de honras fúnebres á la memoria de los 
Inártires de la libertad yucateca, el Estado de Campeche no se hizo sordo á la in- 
vitación del de Yucatán, mandando comisionados que lo representasen en aqiia- 



- 147 — 

líos actos cívicos que tenian por objeto eternizar la memoria de los varones ilus- 
tres, k quienes la tiranía sacrificó en aras del despotismo y de la arbitrariedad; 
tiranía cuyo peso se hizo sentir también en este Estado hasta el memorable 7 de 
Agosto de 1857. 

No^ el pueblo campechano no podia olvidar que debia ayudar á los liberales de 
Yucatán; á esos hombres que tanto sufrieron^ que tantos sacrificios hicieron en 
bien de su pais, y que también lamentaron con nosotros la horrible guerra que el 
bando conservador nos hizo^ marcando la línea divisoria entre los dos pueblos con 
un imperecedero surco de sangre^ de vandalismo, de incendios y de todo linaje de 
atrocidades. 

Pero dejemos este punto y ecsaminemos la conducta del gobierno y del Estado 
de Campeche para con el de Tabasco, donde todavía gobernaba el dictador Sarlat 
bajo los auspicios del plan de Tacubaya y del traidor Zuloago. 

En el Estado de Tabasco también imperaba la reacción, y era el jefe de su go- 
bierno D. Simón Sarlat. El partido popular proclamaba al C. Victorio Y. Due- 
ñas (cuya administración ha sido benéfica al Estado), y no pudiendo por sf solo 
derrocar el gobierno retrógrado, buscó su apoyo en el Estado de Chiapas y pidió 
auxilios al de Campeche; y éste, que en el triunfo de las ideas liberales en Tabas- 
co, veia una conquista importante para la causa nacional, no solo agradeció las 
buenas relaciones con los liberales de aquel Estado, sino que les correspondió en 
lo que pudo, como verán los mexicanos por las comunicaciones que siguen. 

"Brigada constitucional de Chiapas y Taiasco*--' Comandante en jefe, — E. Sr. 
— Yerifícada la espedicion de las fuerzas del Estado de Chiapas sobre el gobierno 
reaccionario de este de Tabasco, no solamente he alcanzado el pronunciamiento 
espontáneo de todos sus pueblos, sino la toma del vapor ''General Guerrero,'' con 
cuya artillería quedo batiendo la plaza; pero preparada ésta para una defensa pro- 
longada, entiendo que no alcanzan las municiones que tengo de guerra; por lo 
tanto, y estando asegurado el camino por agua, espero del patriotismo y lealtad de 
Y* E., se sirva auxiliarme con armas y municiones de guerra, especialmente par- 
que labrado, pólvora, balas de artillería para el calibre de á doce y diez y ocho. 

''Tengo, con esta ocasión, la honra de protestar á Y. E. los votos de mi distin • 
guido aprecio y consideración. 

"Dio9 y libertad. Cuartel general en los suburbios de San Juan Bautista, Octu- 
bre 29 de 1868. — Ángel Albino Corso* — Excmo. Sr. Gobernador del Estado de 
Campeche.^? 

"Gobierno del Estado de Campeehe.—Excíúo. Sr.— Hasta el viernes 12 del cor- 
riente no poso en mis manos D. Ildefonso Montore el apreciable oficio de Y. E. 
de 29 del mes anterior, en que al mismo tiempo de participarme los triunfos que 
ba obtenido sobre el gobierno reaccionario de Tabasco con el pronunciamiento es- 
pontáneo de todos los pueblos de dicho Estado, y la toma del vapor "General 
Ghjerrero,^ me pide le auxilie con armas y municiones de guerra, especialmente 
parque labrado, pólvora y balas de artillería del calibre de á doce y diez y ocho. 
En el mismo dia manifesté al Sr. Montore que podia disponer del auxilio pedido 
por Y. B., con escepcion de la pólvora, piie0 cuanta había en el comercio de esta 



— 148 — 

pUza la ocupé y rtmiú h VeracruZy por bmberU pedido el Excmo. 8r. Presidente 
constitucional; mas no ha habido embareacioa que condojeae lo« pertrecboa baste 
ho/ que se han embarcado en la canoa ''Inéa" diez cajas de parque, doscieote» 
balas de calibre de diez y geis y ciento de doce, todo lo que Ta al cuidado y reco-^ 
mendacion del mismo Sr. Mootore que ha racilitado U embarcación, y que pon — 
drá lo referido á di.^posicioii de V. IL, que tal vez habrá coronado á la fecha s«» 
triunfos con la ocupación de la plaza como deseo. 

Protesto á V. E. las seguridades de mi distiagaido aprecio y coasideracioo. 

Dios y libertad. Campeche, 15 de Noriembre de 1858. — P. Gardíu — AmlO' 
Ttio Lanz Pimeníel, secretario. — Excmo. Sr. Gobernador y comaadaote en jefe de 
la btigada constitucional de Cbiapas y Tabasco." 

También los Sres. D. Francisco González y D« Francisco Ortoil, que Itevaroa 
una espedicion sobre Tabaeco, recibieron del gobierno del Estado de Campeche 
los auxilios de armamento y numerario que consta de loa comprobantes que van á 
continuación: 

''Secretaría general del gobierno del EUado de Campeche. — Con esta fecha he 
dado orden al señor tesorero general para qne tenga como remitidos 6 la oficina 
de su cargo los doscientos pesos que de orden del señor jefe polfitico de ese par- 
tido facilitó para auxiliar en lo preciso la espedicion de los Sres. D. Francisco 
González y D. Francisco Ortoll sobre Tabasca 

Dios y libertad. Campeche, Noviembre 12 de 1858. — P. Garda. — Antonio 
Lanz Pimeníel, secretario.«-Sefior administrador de la aduana marítima del 
Carmen." 

''Recibí del guarda-almacén de artilieria de esta plaza^ D. Ramón Oua), cua* 
renta y tres fusiles con bayonetas^ y diez cajas, conteniendo setecientas cincuenta 
paradas cartuchos de fusil con bala de 16 adarmes. — Campeche, Octubre 21 de 
1868. — Francisco D. González. 7> 

Pudiéramos entrar en otros muchos pormenores que ecsisten comprobado?, y 
que demuestran batata qué grado la prensa tabasquefía, con el apoyo del gobierno 
retr<^gradO| se desfogó contra los campechanos; hasta qué grado las relaciones de 
gobierno á gobierno provocaron un conflicto mas serio; pero el denodado general 
en jefe de las fuerzas constitucionales de Chiapas y Tabasco, tomó á su cargo la 
honrosa empresa de volver al órdeo legal al último de estos Estados, y contando 
con su prestigio y el voto de los pueblos, coron¿ la obra llevándose bs laureles de 
la victoria, cuyo premio le es merecido. El Estado de Campeche ya nada tuvo 
que temer por este lado, y hasta tendió una mano generosa al autor de los artí- 
culos mas desenfrenados y atroces que arrojaba sobre nosotros la prensa de Ta- 
basco. 

El defensor de la libertad, C. Victorío V. Dueñas, quedó definitivamente encar- 
gado del gobierno del Estado. 

Documentos son todos los que preceden pAblieos y solemnes; los hechos nd 
pueden estar roas patentes y apenas se puede comprender cómo nuestro gobierno 
agitado, novicio, que acababa de salir de una contienda desastrosa y terrible, hubie- 
se sin embargo cooperado con su influjo y ausilios al triunfo de Ja conititiicion y 



— J49 - 

de los priacipiofl liberales en Yucatán por on ladoi y en Tabasco por otro. Lo 
cierto es que consigió establecer sus buenas, amistosas y fraternales relaciones con 
el gobierno de Yucatán, como habrán visto nuestros lectores en los documentos 
que antes insertamos, y también se logró el mismo importantísimo resultado con 
el de Tabasco, según verán por las comunicaciones oficiales que reproducimos 
en seguida. 

**Gobierno superior del Estado de Tabasco.-^Exmo, Sr. — Careciendo la guar* 
nicion de esta capital para el sostenimiento del orden legal en el Estado, de un nu- 
mero considerable de capsules de guerra, be dispuesto con esta fecha marchen tos 
Sres. D. Joaquin Berna y D. Santiago Morales, comisionados por este gobierno 
para conseguir de Y, E. el envió de cincuenta mil de las mencionadas cápsulas, 6 
el número que fuere posible reunir, á efecto de cubrir esta necesidad. 

Sírvase V. E. admitir con este motivo las seguridades de mi aprecio y conside- 
ración.— Dios y libertad. — San Jaan Bautista, Marzo 11 de 1869. — V. V. Due-* 
^as.— Excmo. Sr. Gobernador del Estado de Campeche.^ 

^'Gobierno del Estado de Cámpecie.-^^ILxcmo. 8r.^— Los Sres. D. Joaquin Ber- 
na y D. Santiago Morales, comisbnados por ese gobierno para conseguir del de 
mi mando el envío de cincuenta mil cápsulas, ó el numero que fuere posible reu^ 
nir, pusieron en mis manos la comunicación de V. E« de 11 del corriente, relati*- 
va á dicho asunto. — Sensible me ha sido no poderla obsequiar en toda su estén- 
BÍon, con motivo de que en los'almacenes de esta capital b'olo existen diez mil y pico 
de dichas c&psulas. Sin embargo del corto número de estsej be dispuesto con el 
esclusivo objeto de auxiliar al gobierno de V. E., que se entreguen gratis á dichos 
Sres. comisionados cinco mil cápsulas, mitad poco mas ó menos de las que teñe* 
inos aquí. Ai mismo tiempo he ofrwrido al Sr. Berna una recomendación partt el 
gobernador del vecino Estado de Yiieatan, donde se me ha informado que existe un 
número considerable de ellas, para ver si pueden conseguir allí el resto de las cin- 
cuenta mil que V. E. necesita. Me covplazeo en renovar á Y. B. las seguridades 
de mi consideración y distinguido aprecio»*««Dios*y libertad. Campeche, Marzo 
22 de 1859.— Pablo Garda. — AntatmLunz- Pimendél, secratario.— Excmo» Sr. 
Gobernador del Estado de Tabaaoo»" 

Y no solamente quedaron establecidas ks buenas relaciones poltticas entre los 
gobiernos de los Estados referidos, sino también se restituyó la calma y la tran- 
qoilidad, y el comercio, animado con la^confianza y las garantías que existían, co- 
menzó sus operaciones de cambio recíproco en beneficio de la sociedad.-*-*/Sei)ttía« 

ffo Martínez. 

[El Espíritu Público.] 



CONVENIOS de mutuo auxilio celebrados entre los Estados de Campeche y Ta* 
basco, para el ajianzamiento en ambos de las instituciones liberales. 

Loa gobiernos constitucionales de los Estados limítrofes de Campeche y Tabas- 
co, persuadidos de que estrechando los vínculos de confraternidad que los unen, 



- 150 - 

y ayudándose con mutua y recíproca eficacia conservarán su mayor respetabilidad 
y aiantendr6n intacto el sagrado depósito del orden público que les está confiado, 
han celebrado los Bcuerdos siguientes. 

1. ^ Se obligan ambos Estados á no admitir en su territorio á los reaccionu^ 
rios que salgan espulsos de cualquiera de los dos Estados contratantes, 6 que es- 
ten sufriendo la misma pena por disposición de algún otro Estado ó del Supremo 
Gobierno. 

2. ^ Se comprometen á perseguir activa y eficazmente á los desertores que de 
un Estado pasen á otro, así de campaña como de cuartel. 

3. ® Convienen igualmente cq el esacto y pronto cumplimiento de los exhor- 
tos ó requisitorias que se dirijan para la aprehensión y envió de los presuntos reos 
de cualquier delito, sin escluir los políticos. 

4. ^ Acuerdan asimismo la pronta comunicación de las noticias que adquieran 
de los sucesos de la República, á fin de evitar el abuso y provecho que sacan los 
enemigos de la constitución^ desfigurando los hechos ó presentándolos al pueblo 
con sugestiones perversas para trastornar el orden. 

5. ^ Finalmente, contraen formal obligación de mátuo auxilio y defensa con- 
tra los enemigos del sistema liberal, procurando al efecto ambos gobiernos comu- 
nicarse confidencialmente cuanto ocurra, ó que no ocurre novedad. 

Estos convenios serán obligatorios para ambas partes desde el momento en que 
el gobierno de Campeche los reciba suscritos de entera conformidad por el del 
Estado de Tabasco. 

Gobierno del Estado de Campeche, Junio 9 de 1869. — Pabh García.-^ Anta- 
nio Lanz Pimentel, secretario. 

Gobierno del Estado libre y soberano de Tabasco, Junio 22 de 1859. — Vtcto- 
rio V. Dueñas, — Pedro Sosa y Ortiz, oficial primero." 

Gobierno del Estado de Ytícatan, — Excmo. Sr. — ^Tengo el gusto de participar 
á V. E. que ha terminado yá feliz y definitivamente el desorden de la villa de Pe* 
to, en cuya plaza han entrado las tropas de este gobierno por virtud de un arreglo 
celebrado por los pronunciados con el Sr. coronel D. José D. Zetina, quien les 
concedió, á nombre de este gobierno, indulto de las penas á que se habian hecho 
acreedores, y les ofreció el reconocimiento del presupuesto de aquel cuartel, cor- 
respondiente al mes de Junio próximo pasado. — Al manifestarlo á V. E. para su 
satisfacción, creo oportuno avisarle que el lunes próximo saldrá de Sisal la canoa 
''Carolina^ en busca de las dos piezas de artillería que me tiene ofrecidas. 

Renuevo á V. E. las seguridades de mi particular y distinguido aprecio. 

Dios y libertad. Mérida, Julio 9 de 1859. — Z. Irigoyen, — Nicanor Rendan^ 
oficial mayor. — Excmo. Sr. Gobernador del Estado de Campeche. 

Gobierno del Estado de Campeche, — Excmo. Sr. — Con particular satisfacción 
me impuse por la comunicación de V. E. de 9 del que cursa, que habia terminado 
feliz y definitivamenta el desorden de la villa de Peto, que quedaba sometida de 
nuevo á la obediencia de ese gobierno mediante las concesiones que k nombre del 
mismo otorgó á los pronunciados el Sr. coronel D. José Dolores Zetina, quien en 
filiad del arreglo celebrado habia ocupado dicha plaza con la sección de tfopas 



— 151 — 

que mandaba. Por tan plausible acontecimiento me complazco en tributar 4 V« E. 
la mas cumplida enhorabuena. Muy grato me es participar á V. E. que esta ma- 
fíana ancló en este puerto la canoa "Carolina,'' procedente del de Sisal, y quedan 
dadas las órdenes correspondientes, & fin jde que se sitúen á su bordo las dos pie- 
cecitaa de artillería que le tengo ofrecidas con anterioridad. 

Renuevo k V. E« las cordiales demostraciones de mi distinguida consideración 
y aprecio. 

Dios y libertad. Campeche, Julio 12 de I8S9.*-^P. Oar€Ía.^-^Antonio Lanz 
JPimentel, secretario.— Excmo. Sr. Gobernador det Estado de Yucatán. 



NOTICIA de las auxilios que el Estado de Cwnpeehe prestó á las fuerzas consti- 
tucionales del Estado de Tabaseo. 

A la fuerza que organizaron en Octubre de 858 D. Francisco Ortoll y D. Eran- 
cisco González, se les suministraron de los almacenes nacionales de esta plaza, 
cuarenta y tres fusiles con bayonetas. 

Diez cojas con siete mil quinientos cartuchos de fusil, con bala de 15 adarmes. 

A su pasada por el Carmen en marcha para Tabaseo, en Noviembre de 1858, 
se les dio un socorro de doscientos pesos. 

El Sr. Montore, como comisionado del E. S. Gobernador constitucional de Ta* 
basco, D. Victorio Duefias, recibió en esta plaza para entregar ¿ disposición del 
espresado Sr. Gobernador: 

Doscientas balas rasas del calibre de á 16. 

Cien dichas del idem de á 12. 

Diez cajas parque con siete mil quinientos cartuchos de fusil, con bala de 16 
adarmes. 

Cinco mil capsules de fusil. 



NUMERO 88. 

(Citado en la página 118.) 

AUXILIOS PRESTADOS Á VERACRÜZ POR CAMPECHE DURANTE LOS TRES 

AÑOS DE LUCHA. 



Secretaría de la comandancia en jefe de las armas del Estado.'^Secretaria ^ 
Estado y del Despacho de Guerra y Marina.— El Exorno. Sr. Presidente de la 
Repóbliea se ha servido disponer que haga V. S. que te remitan de esa plaaa k 



— 152 — 

este puerto, por el primer buque que se presente, doscientos quintales de pólv ira 
para cañón, ó al menos cuanta ee pueda; si no la hubiese en los almacenes del go- 
bierno, hará V. S. que se compre en el comercio de ene puerto. 

Renuevo á V. S. las seguridades de mi consideración. 

Dioá y libertad. H. Veracruz, Setiembre 30 de 1858. — Ocampo. — Señor gene- 
ral en jefe de la brigada del Kstado de Campeche. 

Brigada de Campeche. — General en jefe. — Délos únicos setenta quintales de 
pólvora que ecsistian en esta ciudad pertenecientes al comercio, remito á V. E. 
sesenta en el bergantin goleta nacional ''Esperanza," únicos con que me ha sido 
posible obsequiar la suprema orden que V. E. se sirve comunicarme en su oficio 
de 30 del pasado, que tengo la honra de conte^^tar protestándole mi consideración 
y particular aprecio. 

Dios y libertad. Campeche, Octubre 20 de 1858.— P. de Baranda.— E. Sr 
Secretario de Estado y del Despacho de Guerra y Marina. — Veracruz. 



Brigada de Campeche. — General en jefe. — Excmo. Sr. — En cumplimiento del 
acuerdo del Excmo. Sr. Presidente de la República, que no fué comunicado á es- 
ta Comandancia en jefe por el conducto debido, he dispuesto que el subteniente 
de artillería, D. José Trinidad Bello, y treinta artilleros que constan en la adjan* 
ta relación, se pongan á las órdenes del Sr. coronel D. Prisciliano Florez para 
embarcarse esta misma noche con destino á esa plaza, á bordo del pailebot nacio- 
nal ''Empresario.'' Yo he deplorado mucho, Excmo. Sr., que las tristes circuns- 
tancias en que se encuentra este Estado, y los peligros que aun lo rodean, y que 
serán espuestos á V. E. para que los ponga en el superior conocimiento del 
Excmo. Sr. Presidente por este Excmo. Sr. Gobernador y por el Sr. coronel Flo- 
rez, á quien se lo encarf^o muy particularmente, hayan hecho imposible obsequiar 
n toda su integridad la demanda de auxilios hecha por esa superioridad* 

Pero V. E., al quedar plenamente informado de nuestra verdadera situación por 
los conductos indicados, y por el estado de fuerza que con esca misma fecha tengo 
la honra de acompañarle, acogerá, no lo ducjo, el sacrificio que hace el Batado de 
Campeche, como una prueba irrefrapiable del profundo respeto y adhesión que tri«> 
huta á ese Supremo Gobierno y á la justa causa que con tanto heroismo está de- 
fendiendo. 

Protesto á V. E. las consideraciones de mi distinguido aprecio. 

Dios y libertad. Campeche, Marzo 3 de 1869.— P. de Baranda. — Excmo. Sr* 
Secretario de Estado y del Despacho de Guerra y Marida. — Veíacrus. 



Gobierno del Estado de Campeche. — Excroo. Sr. — Con fecha 3 de Marzo de 
1869 salieron de esta plaza treinta artilleros y un subteniente pertenecientes á la 
Guardia Nacional revistada en este punto, por disposición de este gobierno y en 
cumplimiento de las órdenes supremas comunicadas por esa secretaría del digno 



_ 153 - 

cargo de Y. E. con fecha 8 y 19 de Febrero anterior, con el fin de auxiliar la pía* 
za de Veracruz ¿ la sazón amenazada por el faccioso Miramon. — Como todos esos 
¡ndividuos pertenecen, como he dicho, á la Guardia Nacional de este Estado, y 
tienen aquí á sus familias, á las que algunos de ellos con su ausencia han dejado 
enteramente privadas de todo recurso, y habiendo cesado ya felizmente para la 
República los motivos que han obligado al Supremo Gobierno á retenerlos hasta 
hoy fuera de sus hogares, ruego á Y. E. encarecidamente que, en atención á lo es- 
paesto y á los servicios importantes prestados por esos beneméritos ciudadanos, 
66 digne espedir sus órdenes á efecto de que obtengan la correspondiente licencia 
para que vuelvan al seno de sus familias. 

Reitero k Y. E. las seguridades de mi profunda consideración y respeto. 

Dios y libertad. Campeche, Febrero 16 de 1861. — Pablo García. — Juan Car' 
i6, secretario.— Excmo. Sr. Ministro de Guerra y Marina. — Yeracruz. 

Ministerio de Guerra y Marina. — Sección 3. * — Excmo. Sr.— En contestación 
al oficio de Y. E. fecha 15 del corriente, relativo á los artilleros de Guardia Na- 
cional que en 3 de Marzo de 69 salieron de ese Estado con el objeto de auxiliar á 
la plaza de Yeracruz en virtud de la invasión de Miramon, con esta fecha se libra 
la orden respectiva para que los referidos artilleros regresen k sus bogare», como 
lo solicita en su citada comunicación; reiterándole con este motivo mi ateutu con- 
sideración y aprecio. 

Dios y libertad. México, Febrero 27 de \^Q\,-^ Ortega. — Excmo. Sr, Gober- 
nador del Estado de Campeche. 



GEFATÜRA DE HACIENDA EN EL ESTADO DE CAMPECHE. 

NOTA de loe gastos erogados en el Estado de Campeche para auxiliar á Veracruz f 
por orden del Supremo Gobierno constitucional de la República. 

Por sesenta quintales de pólvora remitidos á Yeracruz ¿ bordo del 
bergantín goleta nacional "Eftperanza," en Octubre de 1868, á ^40 
quintal • $2,400 00 

Por los socorros de 16 hombrea de mar, qn« en Octubre del mismo 
año marcharon á Yeracrnz al servicio de loa buques de guerra na- 
cionales, y por los que se dieron á sus familias durante el tiempo que 
estuvieron sirviendo, hasta Abril del año siguiente de 1869 „ 993 00 

Por pasaje de los hombres de mar que regresaron de Yeractuz del ser- 
vicio nacional, en Abril del año últimamente espresado • „ 70 00 

Por valor de una orden girada á cargo de la Aduana marítima de es« 
te puerto, y favor del Sr. general D. Juan B. Traconis en Mayo de 
1869, y satisfecha á los Sres. D, Joaquin Gutiérrez y C. ^ de este 
comercio • >, 600 00 

Por soldadas satisfechas á la tripulación, y gastos erogados en el ar- 
mamento y rancho del bergantín nacional ''Hércules^ en el tiempo 

que estuvo armado en guerra de orden suprema. ,> 2^832 76^ 

20 



— 154 — 

Por ?aIor del fletamiento del mencionado buque por el tiempo espre* 
sado en la partida anterior, y satisfecho á D. José Ferrer de 
este comercio „ 1,733 32 

Por valor de útiles de guerra construidos en esta plaza y remitidos á 
Yeracruz de orden suprema „ 1,183 37¿ 

Por sueldos abonados al oficial comisionado D. Rafael Crespo, que 
vino á esta plaza como encargado da la ínsptcoion de aquellos tra- 
bajos de orden suprema • • „ 266 22 

Por valor de dos libranzas á cargo de la renta del papel sellado en el 
Estado, y cubiertas á los Sres. D. Joaquin Gutiérrez y C. ^ de 
este comercio . • • • .^ •••••• „ 2,600 00 

Total.. íí 13,178 18 



RELACIÓN de loa útiles de guerra construidos en esta plaza de orden suprema, y 
remitidos a Veraeruz en tres remesas á bordo de los buques nacionales, bergantin 
goleta ^'Miguel Nevero,"" goleta "Anita'' y goleta "ÜafaelaJ 



,» 



Espoletas de número 1 « 1,000 

„ 2 1,024 

„ I, 3 1,000 

>, 4 1,843 

II II 6 658 

,1 „ 8 1,000 

I, „ 9 1,000 

,f 10 912 

» II H 362 

,, 12 814 

I) ,1 13 1,000 

Saleros del número 19 138 

I, >i 20 215 

f, I, 24 200 



Total espoletas 10,613 

ídem saleros , . , . 653 



/ 



NUMERO 39. 

(Citado en la página 118.) 

flUPRESION DEL SEMINARIO ECLESIÁSTICO DE CAMPECHE T ESTABLECIMIENTO 

DEL INSTITUTO CAMPECHANO. 



PABLO garcía^ gobernador del Estado de Campeche á sus habitantes, 

sabed^ — Que he tenido á bien decretar lo siguiente. 

Art. 1. ^ Se establece en esta capital un colegio de segunda y alta enseñanza, 
bajo el nombre de Instituto Campechano, eu el edificio que originariamente fué 
convento de jesuítas y en que después ha estado el colegio clerical de San Miguel 
de Estrada. 

Art. 2. ^ El Instituto Campechano estará bajo la vigilancia del Gobierno del 
Estado, y bajo su inmediata protección y la del Ayuntamiento de esta capital. 

Art. 3. ^ El Instituto tendrá un rector, un ficerector, un administrador de 
808 rentas y tesorero, un secretario, un bibliotecario, un capellán, un portero y un 
mozo de servicio; cuyos respectífos oficios serán detallados en el reglamento* 
Sus dotaciones mensuales aeran éstas: 

£1 rector tendrá $40 

El vicerector.» ••••9> ^0 

El secretario •.•••••••«•••••„ 25 

El bibliotecario „ 20 

El capellán „ 25 

El portero. •.*. „ 15 

. El mozo de serficio ,, 8 



'W 



El administrador-tesorero tendrá el ocho por ciento de lo que recaude de las 
rentas de Ioa capitales que administre, y el cinco por ciento de todos ios demás 
fondos que entren en su poder. 

Art. 4. ^ Serán fondos para el sostenimiento del Instituto: 1 ? La renta da 
los capitales que se le destinen. 2 ? La cantidad mensual con que ordinariamente 
contribuya el erario del Estsdo, y la que cada año le consigne para gastos ex- 
traordinarios. 3 ? La cantidad mensual con que de sus fondos deberá contribuir 
el Ayuntamiento de esta capital y \oé demás Ayuntamientos de las cabeceras da 
partido. 4 ? El impuesto sobre herencias destinado á la instrucción pública y i 



— 156 — 

bibliotecas. 6 9 Las cuotas módicas con que deberán contribuir los alumnos del 
Instituto, cuya enseñanA no sea gratuita conforme á reglamento. 6. ° El pro- 
ducto de las colectas que cada año se harán entre los vecinos del Estado que 
quieran contribuir al fomento del colegio. 

Art. 5. ^ Los fondos del Instituto entrarán precisamente en poder de su te« 
sorero, y no podrán destinarse á ningún otro objeto, ni distribuirse sino por él y 
conforme al reglamento. 

Art. 6. ° Se establecerán por ahora las cátedras siguientea con las dotaciones 
mensuales que se señalan: 

De perfección de idioma castellano y principios de retórica y poética. $ 20 
De perfección de aritmética, de álgebra, geometría elemental y siste- 
mas de pesos y medidas, especialmente el métrico-decimal. • „ 20 

De historia, principios de cosmografía y geografía astronómica, físi- 
ca y política f, 20 

De principios de derecho público en general, y constitucional y mer- 
cantil de la República • • „ 20 

De dibujo lineal • „ 20 

De teneduría de libros por partida doble y simple, correspondencia 

mercantil y nociones de establecimientos de crédito „ 20 

De idioma francés „ 20 

De idioma inglés. . « « „ 20 

De principios de latin „ 20 

De composición y traducción del latin • • • • . • 5, 20 

De filosofía: psicología, lógica, moral, teodicea é historia de la filo- 
sofía. „ 25 

De física elemental • „ 25 

De principios de química y farmacia „ 25 

De medicina, dos cátedras k 30 pesos cada una . • • • • „ 60 

De agrimensura y náutica »••••» ••.••• „ 40 

De jurisprudencia (con la dotación que actualmente tiene de sus fon- 
dos especiales.) 

Por consiguiente, las cátedras de latin, filosofta, náutica, y jurisprudencia, que 
se han dado en el colegio de S. Miguel, continuarán dándose en el Instituto; y 
las de medicina que se han dado fuera de él hace años, serán establecidas en el 
mismo edificio^ sujetándose todas á las disposiciones del reglamento. 

Art. 7. ^ Ademas de los catedráticos propietarios necesarios para el desempe- 
ño de todas las cátedras, habrá sustitutos que suplan sus faltas, sin sueldo fijo. 
El reglamento determinará su número y lo demás que les sea relativo. 

Art. 8. ® El nombramiento del rector, vicerector, administrador tesorero, se- 
cretario, bibliotecario y capellán, corresponde al gobierno del Estado. El de ca- 
tedráticos propietarios y sustitutos lo hará por esta vez el mismo; pero pasados 
dos años, toda plaza de éstas que vaque se dará por oposición. Respecto del ca« 
tedrático de jurisprudencia ee observarán las reglas especiales de la fundación dé 



- 157 - 

esta cátedra. Los catedráticos no podrán seperarse de sus cátedras ni ser remo- 
vidos sino conforme al reglamento. El portero y mozo de servicio serán nombra- 
dos y removidos al arbitrio del rector del Instituto. 

Art. 9. ^ £1 Instituto tendrá una biblioteca^ un gabinete de física y otro de 
química. Formarán parte de la primera los libros pertenecientes al colegio de 
S. Miguel; y asi para el continuo fomento de éstSi como para la creación paula- 
lina de aquellos, se dictarán en el reglamento las medidas oportunas. 

Art. 10. El gobierno del Estado empleará los medios mas eficaces para esta- 
blecer en el Instituto una cátedra de agricultura teórico-práctica, y otra de física 
y química aplicadas á las artes y á la industria. 

Abt. 11. El mismo dictará las medidas conducentes á preparar lo mas pronto 
posible el edificio en que ha de establecerse el Instituto y expedirá el reglamento 
de esta ley. 

Art. 12. Cuando el clero quiera establecer un seminario para la enseñanza de 
las ciencias eclesiásticas, el gobierno pondrá á su disposición, con este solo obje- 
to, la casa conventual conocida por de la Orden Tercera de San Francisco, que 
existe intramuros de esta capital. Entonces pondrá asimismo á su disposición, 
para el uso del seminario, los libros sobre materias eclesiásticas que pertenecieron 
al colegio de S. Miguel. 

Art. 13. En testimonio de la alta consideración que merecen á la sociedad 
los que se consagran á la enseñanza pública, será pagada de los fondos del Ins- 
tituto una pensión, igual al sueldo que gozaban en el colegio de S. Miguel, á los 
que queden sin colocación y hayan desempeñado alguna cátedra ó cargo del cole- 
gio durante veinticinco años. Esta pensión será vitalicia si el interesado no ob- 
tiene otra cátedra, cargo ó beneficio eclesiástico que le produzca un sueldo ó ren- 
.ta equivalente á la que haya perdido. 

Por tanto, mando se imprima, publique y circule para su debido cumplimiento. 
Dado en Campeche, á los 26 dias del mes de Octubre de 1859. — P. García. 
— Antonio Lanz y Pimentel, secretario. 



Primer año de exámenes del Instituto Campechano en Noviembre de 1860. 

La ley de nacionalización de bienes eclesiásticos y supresión de conventos y se- 
minarios, comprendió en sus efectos al antiguo colegio clerical de San Miguel de 
Estrada. Iniciada ante el Supremo Gobierno nacional por el nuestro la idea d€ 
transformar este establecimiento secularizándolo y poniéndolo á la altura' del si- 
glo, y benévolamente acogida, debemos á su realización la ecsistencia del Instituto. 

Al extinguirse el Seminario, tenia las siguientes cátedras y alumnos: 

ij; , .. C Mínimos 13 

Idioma latino < «« " i» 
(Menores 13 

Filosofía 27 

Matemáticas e • • • • • • 6 

Náutica 6 

Jurisprudencia 4 

Medicina • 3 



— 158 — 

Abierto el registro del Instituto, se inscribieron 92 jófenes para los cursos áe 
1860, entre alumnos y cursantes, y establecidas desde Febrero las cátedras bajo 
el nuevo arreglo, en los ecsámenes de Noviembre se han presentado en 

Perfección de idioma castellano. • • . 20 alumnos. 

Idioma francés • • • • 25 

Segundo curso de latin 10 

Perfección de aritmética 19 

Algebra y geometría 23 

Segundo curso de filosofía 27 

Historia • .•.••..•••. 3 

Química 3 

Segundo curso de farmacia 1 

Primer curso de náutica 1 

Segundo curso de medicina • • 2 

Jurisprudencia «••••. 4 

Ademas de estos cursos se empezó uno de dibujo lineal que á causa de no estar 
suficientemente preparados los alumnos para este estudio, y por carecerse de libros 
de testo, hubo que suspenderlo; se abrió también uno de derecho mercantil y otro 
de derecho público y constitucional, que asimismo fueron interrumpidos por una 
enfermedad grave y repentina de su muy digno catedrático el Sr. Dr. D. José 
María Regil. 



NUMERO 40. 

(Citado en la página 118.) 



PLANTIFICACIÓN DEL REGISTRO CIVIL EN EL ESTADO DE CAMPECHE EL 1.' DE 

ENERO DE 1860. 



Secretaria de Estado y del Despacho de Oobemacion. — Sección 4. * — Circii- 
ínr. — Excmo. Sr. — Dispone el Excmo. Sr. Presidente interino de la República 
que y. E, se sir^a informar á este Ministerio de todos los trabajoe verificados eo 
ese Estado, á fin de plantear el registro civil en toda la República, especificando 
los lugares en que están ^ establecidas las oficinas y las tarifas que eltaa hayan 



— 159 — 

fijado para el cobro de derechos; y i la vez se servirá V. E. ordenar que ae remi< 
tan los reglamentos respectivos. 

Protesto á V. B. las seguridades de mi aprecio. 

Dios y libertad. México, Marzo 2 de 1861. — J, Jf. Gaona, oficial mayor in- 
terino. — Excmo. Sr. Gbbernador del Estado de Campeche. 



Gobierno del Estado de Campeche. — Excmo. Sr. — Cumpliendo con lo preveni- 
do en la respetable comunicación circular espedida por esa secretaria del digno 
cargo de V. E. con fecha 2 de Marzo próximo pasado, tengo el honor de acom- 
pañar un cuaderno impreso en que consta la ley general de 28 de Julio de 1869^ 
que no fué recibida en esta capital hasta principios de Octubre, y el reglamento 
espedido por este gobierno con fecha 15 de Diciembre del mismo año, de confor- 
midad con el artículo 2. ^ de la antecitada ley, para establecer el registro civil, 
asi como un número del periódico semioficial titulado "El Espíritu Público," cor- 
respondiente al dia £:0 de Diciembre ^1 repetido año de 1859, en que verá Y. E. 
la nómina de las municipalidades y de los respectivos jueces nombrados al esta- 
blecer las oficinas en el Estado que tengo el honor de gobernar. 

Creo deber informar á V. E., que el haber dejado sin dotación ó sueldo fijo á 
los funcionarios encargados del registro civil, fué en atención é que la penuria del 
erario y el sistema de economía adoptado por este gobierno, no permitian aumen- 
tar con este objeto el presupuesto de los gastos de la administración, y á que por 
otra parte no queria hacer odiosa la reforma, aumentando considerablemente los 
derechos sobre los actos del registro que, como V. E. podrá observar, son bastan» 
te módicos en el reglamento. Y aunque las ha abandonado todas á beneficio de 
los jueces respectivos, como á consecuencia de las circulares del Obispo, las exhor* 
taciones y otros manejos, no menos que la natural repugnancia que encuentra es- 
ta clase de reformas en lo común de las genten, impiden hacerla general y eficaz, 
los rendimientos de estos derechos no bastan ni con mucho para compensar ni 
aun sostener dichas oficina?. No han faltado, sin embargo, ciudadanos que con 
abnegación y patriotismo dignos del mayor elogio, se han prestado gustosos á 
desempeñar este delicado encargo con perjuicio de sus intereses. ^ esto les ha 
hecho acreedores á la consideración de este gobierno, que ha dispuesto en justa 
compensación, tenerlos presentes para ocupar las vacantes que ocurran en otros 
empleos de la administración pública que disfruten algún sueldo fijo. — Pero si 
bien este gobierno, conciliando las dificultades, ha logrado sostener de esta mane- 
ra estas oficinas por mas de un año, cree que convendrá dotarlas en adelante de 
otro modo, y que estando establecidas por leyes generales, deberán ser sostenidas 
por el erario de la federación. — Por lo demás, este gobierno tiene la satisfacción 
de comunicar á V. E. que esta reforma se halla planteada yá en este Elstado de 
una nmjiera irrevocable. 

Dios y libertad. Compeche, Abril 20 de 1861.— P. García. — Juan Carbó, se* 
cretario.^^Excmo. Sr. Ministro de Estado y del Despacho de Gobernación. 



NUMERO 41. 

(Citado en la página 119.) 



ÓRDENES CIRCULARES, PROTESTAS Y OFICIOS DEL OBISPO DE YUCATÁN 
CONTRA LA EJECUCIÓN DE LAS LEYES DE REFORMA. 



Estado de Campeche. — Suldelegacion y ¡¡ffatura política del partido de Hecd- 
cAaían.— Excmo. Sr.— Con fecha 6 del presente me dice el señor cura párroco 
de esta villa lo que copio. 

''Con fecha 16 de Agosto último me dice el Illmo. Sr, Obispo Diocesano lo si- 
guiente. — Con fecha 13 del corriente dije al Excmo. Sr. Gobernador de este Es- 
tado lo que copie— Con esta fecha digo al Excmo. Sr. Presidente D. Benito 
Juárez lo que sigue: — Excmo. Sr. — En el periódico oficial del gobierno *de este 
Estado de 27 de Julio próximo pasado, núm. 128, he leido impreso el Manifiesto 
que dirige V. E. á la Nación, anunciando como remedio de los males que la afli- 
gen la publicación de una ley que abrazará artículos enteramente contrarios á la 
disciplina católica. Yo no me tomo la libertad de entablar polémica con V. E. 
sobre los fundamentos en que se apoya para disponerse á espedir la enunciada ley, 
porque en este caso indudablemente deberia ser su escepcion Yucatán si son po- 
sitivas las imputaciones que se hacen al resto del venerable clero de la Repáblica 
mexicana. Por lo que hace al de mi Diócesis, puedo asegurar que sus mezquinas 
rentas, hoy ni nunca le han sido dilapidadas, ni invertido en objetos ágenos del 
sagrado fin á que e^tán destinados, sobre cuyo particular puede V. E. pedir cuan- 
tos informes sean necesarios, que estoy persuadido no servirán para otra cosa que 
para poner cada vez mas en claro la religiosidad con que en este punto se condu- 
ce mi venerable clero, dedicado únicamente al desempeño de su santo ministerio. 
Concluida esta cláusula se me ha presentado un periódico de la ciudad de Campe- 
che en que se imprime la ley que indiqué al principio de este oficio que leí de cor- 
rido porque el dueño del papel solo me lo facilitó por instantes; y como ni V. R, 
ni el señor gobernador de Campeche, ni el de este Estado, me lo han comunicado, 
no puedo con detenimiento formar juicio cabal de su tenor y sentido. Sin em- 
bargo, conservo idea en lo sustancial de la ley, contraria en la mayoría de sus ar- 
ticuloB á la disciplina de la Iglesia católica, de que V* E. es miembro, y con esta 
confianza roe atrevo á suplicarle con ej mayor encarecimiento su derogación que 



— 161 — 

espero confiadoi protestando, como protesto, en caso contrarío, la nulidad de cuan- 
to se practique en su cumplimiento, cuya protesta no solo veriBco por m! sino á 
nombré de nuestra madre la Santa Iglesia. — También protesto que reconozco y 
obedezco k las autoridades constituidas, y siempre be creído, y asi lo he practica- 
do invariablemente, sin que ni una sola vez baya yo dejado de reconocer y en- 
aefiar que es un deber de conciencia que tenemos todos de acatarlas y obede- 
cerlas en cuanto no se opongan á la ley de Dios y de la Santa Iglesia.— Escri- 
biendo esto se me acaba de asegurar que hay otra ley dictada igualmente por 
V. E. que admite en los términos de su gobierno los matrimonio» civiles, que 
sabe V. Et quizá mejor que yo que están reprobados por la Santa Iglesia, que 
los declara anticatólicos y verdaderos concubinatos. Asi lo ha manifestado últi-> 
mámente Nuestro Santísimo Padre el Sr. Pió IX al Rey de Cerdeña, con mo- 
tivo de una consulta que le hizo sobre este particular. En su virtud, también 
ruego á V. E. la derogación de dicha ley bajo la protesta que dejo indicada. — 
No puedo creer^ ó de otro modo) juzgo impo^ibid que este procedimiento mío 
desagrade á V. E. porque en su alto y penetrante juicio considerará mi com- 
prometida situación, pues de prestarme á las leyes enunciadas de liso y llano, se« 
fia lo mismo que incurrir en la tremenda de Obispo refractario, lo que Dios no 
permita, no siendo por otra parte esa desgracia indiferente al corazón sensible 
de V. E. — Ruego á la Magestad Divina asista con sü soberana gracia á Y. B^ 
para el acierto en sus deliberaciones, principalmente en orden á las que se enca- 
minan á su divino servicio, persuadido como estoy que solo de esta manera pros- 
perará la República mexicana, á la que justamente amo y por cuyo bien estoy dis- 
puesto k hacer el último sacrificio. — T tengo el honor de trasladarlo á V. E. para 
los fines consiguientes^ convencido que pesará en su recto juicio su contenido« 
Y. E. conocerá inmediatamente que llevada al cabo la ley, ni la Santa Iglesia ca- 
tedral, ni el convento de madres Monjas, ni el Seminario conciliar, ni los Curatos^ 
reducidos á completa nulidad por la deplorable guerra de castas, quedarkn subsis- 
tentes. La misma Mitra, que carece en el dia de su preferente congrua alimen- 
ticia, quedará igualmente privada del último recurso de que pudiera echar mano 
licitamente para subvenir á las perentorias necesidades que son obvias. Todo es- 
to, y mucho mas que pudiera yo decir, 9Í la premura del tiempo no me lo impi- 
diera, es muy suficiente para una determinación favorable en materia tan sagrada 
como importante.— Dios Nuestro Señor prospere á V. E. en el desempeño de sus 
elevadas funciones, como se lo pido con toda la pureza de que es capaz mi alma. — 
Y lo inserto á VY. y PP. para su conocimiento, y que sepan á qué deben atenerse 
y cómo deben portarse en las presentes aflictivas circunstancias, recomendándoles 
como les recomiendo con la mayor eficacia, que sí la ley de que me ocupo no es 
aceptable, esto no quita que YY. y PP. al dará entender á los fieles de la manera 
prudente que proporcione cada caso, lo hagan de modo que no aparezca ni se vis- 
lumbre la menor, sombra de falta de respeto á las autoridades civiles en el orden 
que les compete. No es presumible que quedando VV. y PP. obligados, como los 
obligo, al desempeño de sus respectivos ministerios, los fieles se desentiendan de 
la manutención que les corresponde por todo derecho^ pues de otra manera que- 

21 



— 162 — 

darían prívados del pasto espiritual, fatalidad que no es concebible quieran espe-* 
rímentar corazones cristianos, puesto que sin congrua sustentación, aunque sea 
moderadísima, no pueden ecsistir párrocos ui ministros; en este concepto, luego 
que reciban VV. y PP. la presente circular, reunirán en la casa cural, previo cono- 
cimiento de la autoridad respectiva, & las personas mas notables de cada vecin* 
dario, para que impuestas de las circunstancias á que me contraigo, se decidan los 
feligreses mediante su persuacion, & continuar el pago de ia contribución religiosa 
y derecho parroquial, como hasta aquf lo han cumplido, ó que acuerden otro me» 
dio mas espedito. Ser^ aliciente para lograr este objeto ofrecer á los que propa- 
gan mayores ofrendas, paitícular pompa en la administración de los Sacramentos 
en que pueda verificarse, lo mismo que en los funerales, dándome cuenta de la 
concordia que se celebre para lo que haya lugar. Mas en caso que adviertan 
VV. y PP. sin equivocarse, que los feligreses seguirán el método establecido ante- 
riormente como con ft^licidad sucedió en otra época, entonces no habrá tal reu- 
nión de personas notables. — Y habiendo publicado ayer en esta capital la ley de 
12 de Julio próximo pasado, de que acompaño ahora un ejemplar, que pasará cod 
la cordillera, he creido necesario, sin pérdida de momentos, dictar estas preven- 
ciones á reserva de lo demás que yo providencie en adelante, según lo que vaya 
ocurriendo 6 llegue á mi noticia. — Dios Nuestro Señor, de toda consolación, der- 
rame sobre el corazón de VV. y PP. el consuelo y la santa resignación de queso* 
mos tan menesterosos. La Justicia Divina castiga nuestros pecados, pues no 
hay otro medio para desarmarla, y que alcancemos misericordia fuera de la peni- 
tencia á que es consiguiente la vida ejemplar que ediñca al pueblo y nos hace due- 
ños de su voluntad. Esta verdad católica ha sido inculcada por mf repetidas oca- 
siones, y la actual es oportunísima al efecto. — Reciban VV. y PP. mi afectuosa 
pastoral bendición. — Mérida, 16 de Agosto de 1859. — José María, Obiapo de 
Yucatán. — Y se lo transcribo á V. S. para que se digne prestarme lojs auxilios 
necesarios, á fin de que las autoridades civiles y vecinos notables de Tenabo, se 
pongan de acuerdo cou el Presbítero coadjutor D. Francisco Rudecindo Trujillo 
en unión del Presbítero D. Mariano Ruiz, que representarán mis veces^ para ce* 
lebrar los convenios y arreglo, á fin de que no falte lo necesario para la adminis- 
tración espiritual, sostenimiento del culto publico y de sus ministros. Bajo el con- 
cepto que en esta cabecera y pueblos anexos no se ha hecho innovación ni altera- 
ción alguna respecto de la contribución religiosa y de los derechos parroquiales^ 
considerándose ambos objetos como lo mas cómodo y muy corriente en la prácti- 
ca. — Para que según el resultado le pueda yo dar cuenta á mi Illmo. Prelado que 
así lo previene. — Con tal motivo protesto á V. S. mis consideraciones de aprecio 
y respeto. — Dios, &c/* 

Y lo inserto á V. £. para que penetrado de su contenido, se digne marcarme la 
conducta que sobre este particular debo observar. 

Dios y libertad. Hecelchakan, Setiembre 7 de 1859. — Manuel Pascual Pa^ 
cAseo.— Excmo. Sr* Gobernador del Estado de Oampeche. 



— 168 — 

Oobiemo del Ettado de Campeche. — Por el art 3 P de la ley de 12 de Julio 
áltímOy se establece que habrá perfecta independencia entre loa negocios del Esta* 
do y los negocios puramente ecleniáattco^^ limitándose el gobierno á proteger coa 
su «utoridad el culto público de la religión católica, asi como el de cualquiera otra; 
y por el articulo siguiente se dispone que los ministros del culto> por la adminis- 
tración de los Sacramentos y demaa funciones de su ministerio, podrán recibir las 
ofrendas que se lea ministren y acordar libremente con las personas que los ocu-> 
pen, la indemnización que deban darles por el servicio que les pidan; prohibiéndose 
que las ofrendas 6 indemnizaciones se hagan en bienes raices. Sujetándose V. S« 
«I tenor de estas disposiciones que son bastante claras, no tiene que intervenir, 
así como ninguna otra autoridad» en el arreglo que los ministros hayan de cele- 
brar con los fieles en lo relativo á las ofrendas ó indemnización que tengan á bien 
acordar. 

Lo digo á V. S. ea contestación ¿ sa oficio de 7 d^l corriente, en que me inser- 
ta el que con fecha 6 le dirigió el señor cura de esa parroquia. 

Dios y libertad. Campeche, Setiembre 9 de 1859. — Pablo García. --Antonio 
Lanz Fímeuiel, secretario. 



[Del Espíritu Público de 5 de Diciembre de 1869.] 
OTRAS DOS CIRCULARES DEL SR. OBISPO. 

Nuestros lectores pueden recordar muy bien la comunicación circular del I limo. 
8r. Obitspo diocesano, inserta en nuestras columnas á mediados de Setiembre úl« 
timo, acerca de la cual hicimos posteriormente algunas observaciones. Pues bien, 
parece que S. Ilima., lejos de desistir de sus pretensiones, abandona la conducta 
hasta cierto punto circunspecta que habia observado al principio de la lucha ac- 
tual, y se lanza, á ejemplo de sus compafíeros, á las vfas desesperadas que tanto 
escándalo, tanta consternación y tanto derramamiento de sangre han causado ya, 
y seguirán causando en la República. 

Nos contraemos á otras dos circulares que S. S. Illma. ha dirigido á los Yíca- 
rios y Párrocos de su Diócesis, cuya sustancia es la siguiente: 

Que el gobierno civil no tiene potestad ninguna para legislar sobre lo que ten* 
ga relación con el culto, ni aun el público ó esterior, ni ocupar las cosas religiosas, 
ni intervenir en loa reglamentos de los campo-santos ú otros lucres sagrados. 

Que deben considerarse todos los decretos del gobierno civil en cualquiera de 
estos sentidos como una violación atentatoria y sacrilega de los derechos é imuni* 
dades de la Iglesia, y contra las cosas mas sagradas y mas santas de la religión* 

Que, en consecuencia, previene á los sefíores Vicarios y Párrocos que en el 
desgraciado caso de que las autoridades civiles de sus respectivas jurisdicciones, 
intenten llevar á efecto las relacionadas leyes, tales como las del registro civil y 
reglamentos de intervención de policía en los cementerios U^ee le resistan con el 
debido respeto y circuTispeccion^^JÜ y solo cederán por la fuerza y la violencia, 
(cascaras, y ¡qné circunspección!) haciendo la protesta conveniente; y que si aque- 



— 164 — 

Has ocuparen resueltameoie estos últimos, preparen otroa lugares para sepultar á 
los fíeles (vaya, eso ya no es tan malo: será siempre una restitución aunque indi- 
recta y forzosa.) 

Que los contrayentes del matrimonio civil incurren en censura, y que por tanto 
no podrá administrárseles la bendición nupcial sin la previa y formal retractación, 
que es indispensable para quitarles la excomunión y administrarles los Sacramen- 
tos de confesión y comunión, y demás requisitos previos y necesarios para efectoar 
el matrimonio. 

Que estas disposiciones se estieuden hasta los moribundos, casados con]^arreglo 
á la ley civil, pues se les considera en concubinato, y de no retractarse morirán 
impenitentes é indignos de la sepultura eclesiástica. Pero que mí diesen sefias de 
arrepentimiento en virtud de las exhortaciones que se les hagan, esto es, si se re- 
tractaren se les absolverá y serán sepultados religiosamente. 

La moral de todo esto es sublime, y su objeto bien manifiesto. 

No han hecho mas sus dignos compañeros Mungufa, Espinosa, Labastid a. Ba- 
rajas y demás comparsa. No hay duda de que nuestro Obispo diocesano no les 
▼a ya en zaga en lo mas mínimo, y de que ha hecho progresos admirables. Lás- 
tima es que sea conservador, pues en esto no se puede negar que él y sus compa- 
ñeros son muy progresistas, Si conforme la dieron por este lado, la hubieran da* 
do por corregir \oé abusos y reformar las costumbres, si esa aplicación y ese te- 
son admirables los hubiesen empleado en defender los intereses d^l pueblo y del 
débil contra el fuerte, no hay duda que nuestra sociedad estaria mas adelantada, 
les deberia mucho y no seria tan ingrata con ellos. 

Pero, y ¿cómo hará ahora S. Illma. para seguir pretendiendo escepciones de la 
ley^ Si mal no recordamos, su argumento se basaba antes en que el clero de Yu- 
catán no habia usado la misma conducta que el del resto de la República. T nos 
parece que si obtuvo tales escepciones, siendo entre ellas la mas notable y que 
mas caracteriza el espíritu de sus pretensiones, la de las capellanías llamadas de 
la Mitra, esas escepciones llevan consigo la condición tácita de acatar la ley en 
todo lo demás. 

Si al ocuparnos en dias pasados de la primera circular del Sr. Obispo, estuvo 
nuestro espíritu en tortura para dar á sus actos, como cristianos, por respeto á su 
carácter, á la sociedad y nosotros mismos, una calificación justa y lo menos ofen 
siva, considérese lo que debemos esperimentar hoy que tenemos precisamente el 
deber de ocultarnos de sus dos últimas circulares antedichas. 

Mil veces hemos tomado la pluma y vuelto á dejarla por el temor de que se nos 
fuese á escapar por ella toda la indignación de que reboza nuestra alma á la yiata 
de semejantes hechos. Pero es preciso hablar de ellos, es un deber imprescindi- 
ble cuando vemos que se trata de promover escándalos terribles so pretesto de re- 
ligión para defender cuestiones de fórmula é intereses puramente materialea^ cuya 
organización ha llegado & ser por el abuso altamente inmoral y pemieioso para la 
sociedad. 

Sí, en Yucatán se trata hoy de hacer lo que se ha h^cho eq Mtaiooy Puebla» 
Michoacán, Guadalajara y San Luis, presentar el escándalo con todpa sua borro* 



— 165- 

rec, tocar la fibra deKcada de) cuerpo social, alarmar las conciencias y cor.sternar 
las famitiasy lanzar al hiio contra el padre, al hermano contra el hermano, repro- 
ducir, en fin, el drama terrible y sangriento que se está representando en el inte- 
rior de la República, para rifiír el todo por el todo, como han dicho los cínicos 
oonservadores. 

Os quitáis la careta y arrojáis el geante, está bien: comenzad si podéis. Dentro 
de breves dias comenzará á regir en este Estado la ley del registro cif il: en cuanto 
á lo demás, ya veis cómo se ha cumplido. Con que ¡áe nada ha servido la mo- 
deraeion y consideración del gobierno? Es verdaderamente sensible; pero saca- 
remos partido de la desgracia. Mucho debe complacernos, bajo cierto aspectot 
que las co»as tomen este curso, porque llegaremos mas pronto al término, y hasta 
lea gentes candidas á quienes ae alucina, haciéndoles todavía creer que el clero no 
ae mete en nada, y que se le ataca coa injusticia, se convencerán de la verdad, y 
entonces la venda caerá de los ojos, se verá claro y la reforma tendrá que ser un 
becho consumado. 

Muchas son las reflecsiones á que da lugar este hecho, pero baste por hoy. 7a 
entraremos en la cuestión mas adelante. 



ESCÁNDALO. — El viernes último, como k las siete de la noche, ha tenido lu- 
gar en e^ta ciudad una escena bastante escandalosa. Era el caso que un joven 
presbítero, D. J. Rafael Qelarain, rehusaba en la sacristía de la parroquia obede- 
cer la orden de arresto que el señor jefe político de esta capital le mand6 notificar 
por medio de sus agentes subalieinos, lo que obligó á que esta autoridad concur- 
riese también personalmente á aquel bitio á exhortarle amigablemente k que obe- 
deciese con el fin de evitar mayor escándalo. Pero tan prudente y laudable inten- 
ción no produjo sin embargo el prometido resultado, porque el joven sacerdote, 
que se hallaba poveido sin duda de una grande escitacion, continuó con fuertes al* 
tercados en su propósito de desobediencia, y aun hubiera quizás hecho una frené- 
tica y peligrosa resistencia si no se hubiesen unido á las exhortaciones de la auto- 
ridad las de nuestro venerable párroco, de un pariente del obcecado joven y de 
algunas otras personas respetables. 

El negocio, según se nos ha infirmado, parece que es algo grave, pues la orden 
de arresto ó de prisión fué ocasionada por haber ido á insultar personalmente en 
su propia casa al funcionario de quien hemos hablado, con motivo de haber éste 
quejádose en lo confidencial al es presado señor Cura contra dicho presbítero para 
que le reprendiese por haberse espresado en un sermón, que habia predicado po« 
coa dias antea, en términos subversivos y altamente ofensivos contra el gobierno 
ecsistente. Ha pasado á conocimiento del juez competente, y no dudamos que 
éste procederá con la debida actividad y justificación, sobre todo en un caso que 
tanto ha llamadS la atención pública. 

Piráticas. — Hace dias que sabíamos de un modo positivo, como que son hechos 
notorios, que en ios barrios de Santa Ana y San Román habia habido sus pláticas 
en que algunos sacerdotes han escitado á los fieles á desobedecer las leyes de la 



— 166 — 

Reforma con las correspondientes amenazas de excomunión^ &c. ¡Pero no habia* 
mos querido ocuparnos de semejantes miserias, puesto que la opinión pública las 
habia relegado al desprecio! Creemos querías autoridades de esta capital, si ta- 
vieron noticia de estos hechos, tuvieron en consideración esta circunstancia, pues 
no sabemos que haya habido ningún procedimiento sobre el caso. Pero como 
parece que esa indiferencia se ha considerado como una debilidad, y aun podría 
llegarse á formar en el público, que vó quedar impunes tales delito», la idea de 
que no son tales delitos y que el gobierno no tiene derecho 6 facultad para casti- 
garlos, escitamoB á las autoridades á quienes corresponda que obren, al meóos 
en lo sucesivo, con la debida energía. 

Estas son las consecuencias inmodiatas de las circulares del Sr. Obiapo. Dioa 
quiera que no sean, como han sido en otras partes, preludios de escenas de san- 
gre y de duelo para esta pobie y abatida ciudad. 



Gobierno del chispado de Yucatán y Tahasco. — En él periódico titulado "El 
Eepiíitu Público,*^ número 104 del dia 6 del actual, que se publica en esa ciudad, 
he visto un decreto de V. E. de 26 de Octubre próximo pasado, en el que, esta- 
biéciendose un colegio de segunda y alta enseñanza, se supone estinguido el anti- 
guo clerical de S. Miguel de Estrada. 

Esta especie me ha sorprendido sobremanera, porque no encuentro en Y. E. ni 
en ninguna otra autoridad siquiera sombra remotítiima de facultad, para suprimir 
ante sí y por sí el colegio de S. Miguel de Estrada, cuya fundación se verificó con 
|as prolijas ó meditadas formalidades, por las que según la mente de su insigne 
fundador el Sr. Pbro, D. José Miguel de Estrada, dio el patronato y régimen del 
establecimiento á esta Sagada Mitra, transmitiendo á la iglesia, como lo podía 
hacer porque disponia de cosa suya, el dominio 6 propiedad de los bienes que 
destinaba á tan sagrado como privilegiado objeto. Sr. Gobernador, según una 
regla de derecho las cosas se deshacen como se bucen, y si el colegio necesitaba de 
reforma con arreglo á las circunstancias de la época, yo me hubiera prestado 
prontamente, pero de ninguna manera puedo consentir en la supresión menciona- 
da, ni que se disponga de las rentas del colegio de la manera pensada. Esas ren~ 
tas son bienes de la Iglesia y el Santo Concilio ae Trento en la sesión 22 capítulo 
11, decreto sobre la reforma, impone censura á cuantos atentaren contra ellas: son 
BUS palabras: 

^'Si la codicia, raiz de todos los males, llegare á dominar en tanto grado i cual- 
quiera clérigo ó lego, distinguido con cualquiera dignidad que sea, aun la impe- 
rial, 6 real, que presumiere invertir en su propio uso, y usurpar por sf ó por otros^ 
con violencia, ó infundiendo terror, ó valiéndose también de personas supuestas 
eclesiásticas 6 seculares, 6 con cualquiera otro artificio, color Ó pretesto, la jurisdic- 
ción, bienes, censos y derechos sean feudales ó enfiténticos, los frutos, emolumen- 
tos, ó cualesquiera obvenciones de alguna iglesia ó de cualquiera beneficio secular 
6 regular, de montes de piedad, ó de otros lugares piadosos, que deben invertirse 
en socorrer las necesidades de los ministros y pobres; ó presumiere estorbar que los 



y 



— 167 — 

perciban las personas á quienes de derecho pertenecen; quiede sujeto á la excomu* 
nion por todo el tiempo que no restituya enteramente ¿ la Iglesia, y ¿ su adminis- 
trador ó beneficiado las jurisdicciones, bienes, efecto», derechos, frutos y rentas 
que baya ocupado, ó que de cualquiera modo hayan entrado en su poder, aun por 
donación de persona supuesta, y ademas de esto haya obtenido la absolución del 
romano Pontifice. Y si fuese patrona la misma iglesia, quede también por el mis- 
mo hecho privado del derecho de patronato, ademas de las penas mencionadas. El 
clérigo que. fuese autor de este detestable fraude y usurpación 6 consintiere en ella, 
sujeto á las mismas penas y ademas de esto privado de cualesquiera beneficios, 
queda inhábil para obtener cualquiera otro, y suspenso ¿ voluntad de su ObispOy 
del ejercicio de sus órdenes, aun después de estar absuelto y haber satisfecho en-* 
teramente." 

Por tanto, protesto como debo hacerlo en éonciencia contra lo que se ejecute 
para llevar al cabo el decreto de que me ocupo. Protesto también que atenderé 
en justicia á los parientes del fundador si con la novedad de que se trata quisieren 
alegar derecho á los bienes que se distraen de su instituto, pretendiendo que yo 
conmute á su favor la última voluntad del Sr. D. Miguel conforme á lo que pres- 
cribe el mismo Santo Concilio de Trento en la sesión 22 citada, capitulo 6. ®, y 
yo lo verificaré de la manera que corresponda y haya lugar. 

Señor Gobernador, conozco á V. £., su educación fué católica y muy cristiana, 
y esto basta para persuadirme que pesará muy despacio y atentamente el conté* 
nido del presente oficio. Sabe V. E. que ninguna disposición, emane de la auto- 
ridad que fuese, que no se hallare revestida de justicia ó equidad, no es valedera, 
y por consiguiente incapaz de merecer el legítimo título de ley, decreto ó provi* 
dencia etc. 

Q'ieria continuar, pero advierto que Y. E. no necesita de lecciones, sino que 
antes bien tiene sobradísimas luces para que consultándolas sin prevención, desis- 
ta del asunto que me ocupo, si por desgracia se halla decidido á llevarlo á efecto 

Tengo el gusto de renovar á Y. E. con este motivo la memoria de nuestras an- 
tiguas buenas relaciones, que indudablemente contribuirán a) feliz éxito que deseo 
con todo mi corazón. 

Dios nuestro Señor prospere á Y. E. muchos años para el servicio de su santa 
Iglesia y del Estado. Mérida Noviembre 7 de 1869.— Joié -Sfaria, Obispo de 
Yucatán.— Excmo. Sr. Gobernador del Estado de Campeche, D. Pablo Garcis. 



Gobierno del Eetado de Campeche.— De%áe principios de Agosto último, hace 
mas de tres meses, se publicaron en este Estado las leyes de 12 y 13 de Julio por 
virtud de las cuales entraron al dominio de la Nación todos los bienes que esta- 
ban en la administración del clero secular ó regular, parte de estos bienes eran los 
capitales impuestos en favor del colegio de San Miguel de Estrada, que quedaron 
Bactonalizados forzosamente^ como todos los demás de su clase. Si este hecho 
atacó la jurisdicción y derechos de Y. 8. Illma. debió desde luego dirigirse al Su- 



— 168 — 

premo Magistrado de la Nación y hacerle presente los cánones que resistían ta| 
medida, limitando sua facultades y sujetándole á las censuras eelesiisticas. Yo, 
Sr. Obispo, en mi calidad de gobernador de un Estado constitucional y sujeto 
por consiguiente al Excmo. Sr. Presidente, ni he podido ni puedo hacer otra cota 
mas que obedecer á la Potestad Suprema, & la que no hubiera podido resistir ski 
resistir i la orden de Dios, 

La misma Potestad Suprema me tiene facultado para el mejor arreglo y fo- 
mento del establecimiento, á cuyo favor ha concedido la suma de veinticinco IBÍ| 
pesos, ademas de sus pequeños fondos que tenia, y cuya suma deberé sacar de loe 
capitales eclesiásticos que por las citadas leyes se han nacionalizado. En cumpli- 
miento de ef tas supremas disposiciones y en uso de la facultad que se me ha otor- 
gado por autoridad, para mi sobradamente competente, dicté el decreto de 26 de 
Octubre que tanta sorpresa ha causado á V. S. I. cuando no es mas que una con* 
ecuencia rigorosa é inmediata de las leyes generales de que ha pedido V. 8. I. al 
Supremo Gobierno la concesión de algunas excepciones en ese Estado de Yu- 
catán. 

Si por el cumplimiento de mi deber he incurrido ó llegase á incurrir (lo que Dios 
DO permita) en alguna censura, la responsabilidad será toda de mis superiores que 
me mandan cosas contrarias á la ley divina que me ordena obsequiar sus manda- 
tos; mas protesto á V. S. Illma. que las disposiciones supremas que hatsta hoy he 
cumplido no han perturbado en manera alguna mi conciencia católica, y qoe cada 
dia con mi fé mas firme y ciega en el Soberano Señor de todo lo creado, siento 
mayor aliento para proseguir por la senda del bienestar y progreso de la humani» 
dad predilecta del Criador. 

Mucho agradezco á V. S. Illma. la grata memoria de nuestras antiguas y buenas 
relaciones, y deseándole largos años de vida para que la Santa Iglesia no se prire 
de tan ilustrado pastor, reitero á V. S. Illma. mis protestas de consideración, rea- 
peto y aprecio. 

Dios y libertad. Campeche, Noviembre 12 de 1859.— PaJío QarcMu — Antonio 
Pimentel, secretario. 



NUMERO 42. 



(Citado en la págioa 119.) 
DESTIERRO DE CAMPECHE DEL PRESBÍTERO DON VICENTE MÉNDEZ. 



Gobierno del Estado de CampecAe.— «Repetidas veces se ha denunciado al go- 
bierno que los Sres. presbítero D. Vieeoto Maades y su aobrioQ D. Manuel del 



— 169 — 

mismo apellido^ no se ocupan mas que en procurar reunir elementoa que puedan 
trastornar el orden público; y aunque desgraciadamente estos dos señores son co- 
nocidamente enemigos del Estado, por razón de sus intereses personales y de ia* 
railia, el gobierno no habia creido conveniente proceder en virtud de dichas de- 
nuncias. Mas hoy qiie éstas se reiteraní y que con motivo del cumplimiento de 
las leyes generales relativas á las cosas eclesiásticas, los actos de hostilidad y re- 
belión del espresado Sr. Pbro. Méndez se hacen cada vez mas manifiestos y tras- 
cendentales, pues no contento con haber protestado al separarse de la capeUania 
del cementerio general, anda inculcando por todas partes, so color de piedad, ideas 
opuestas á las leyes civiles, á cuya resistencia provoca; y últimamente, ayer mis- 
mo, en la Iglesia de Sao José, y en el acto sotemine de la misa, ha escitado públi- 
ca é indirectamente á la rebelión contra las leyes, predicando á los fieles que tie- 
nen obligación de obedecer al Pontifica y al Obispo sin distinción, en todo y 
absolutamente, sin mas objeto que el de establecer la consecuencia inmediata de 
que reprobadas por el Sr. Obispo de Yucatán las lejes generales de que ¿ntes he 
hablado, es claro que los fieles deben resistirlas y oponerse á su cumplimiento.*- 
El gobierno, que no puede sufrir que particular alguno levante así el estandarte 
de la rebelión abusando de su ministerio y amagando el orden constitucional y la 
tranquilidad pública, ha dispuesto que notifique V. S. á los referidos Sres. Mén- 
dez para que en el perentorio término de veinticuatro horas salgan fuera del Es- 
tado, en el concepto que de no verificarlo los reducirá V. S. á segura prisión y 
dará cuenta inmediatamente para que se determine lo conveniente, haciendo Y. S. 
estensíva esta determinación i cualquiera otro sacerdote ó lego que aconseje la 
desobediencia y resistencia á las leyes, ora lo haga abusando de su ministerio, ora 
por cualquier otro motivo, dando cuenta previamente de los casos que ocurran, y 
circulándose esta disposición á los señores jefes politicos para su mas puntual 
cumplimiento en todo el Estado. 

Dios y libertad. Campeche, Enero 9 de 1860.— P. Oarcia.^Ántonio Lcmz 
Pimental, secretario. — Sr. Jefe político del partido de esta capital. 



NUMERO 48. 



(Citado en la pá^na 123.) 
ESPLICACIONES ACERCA DEL PLANO TOPOOBXfICO DEL ESTADO DE CAMPECHE. 



Ministerio de Fomento, Colonización, Industria y Comercio. — Sección 1. * — Ne • 
cesitándo ei«ta secretaria noticias sobre los límites de la separación que de hecho 
se ha verificado entre Campeche y Yucatán, asi como de la nueva división terri- 
torial que se haya establecido, se servirá vd. reunir los datos necesarios y remitir* 
los á este Ministerio.— Dios y Libertad. México Marzo 4 de 1861. — Ramirez. 
— -Sr. Agente de este Ministerio en Campeche. 



— 170 — 

República Mexicana.— Agencia del Ministerio de Fomento en Ca$npecke.--^liém. 
10. — Excmo. Sr. — Hasta fines del mes próximo pasado no recibí el oficiodeV. B. 
de 4 de dicho mes en que me ordena reana los datos necesarios y los remila á 
la secretarla de su digno cargo, acerca de los limites de la separación que de be» 
cho se ha verificado entre Campeche y Yucatán, asi como de la nueva división ter- 
ritorial que se haya establecido. — Con los datos topográficos que tenia ya reunU I 
dos esta Agencia, completándolos con los del plano de Yucatán d^ Nigra de 1848, 
se está trazando uno del nuevo Estado de Campeche, que yo mismo tendré el 1h^ 
ñor de poner en manos de Y. E., cuando vaya á esa capital á ocupar mi poeato de 
diputado, para el cual he sido electo por el primer distrito de dicho Elstado. En- 
tonces también tendré el honor de presentar á V. E* una memoria sobre todos los 
antecedentes de esta división territorial y sobre los elementos de riqueza, pobla-* 
cion, industria, ilustración ice, con que cuenta el nuevo Estado. — Rennevo á Y. E. 
mi mas atento respecto y profunda consideración. — Dios y Libertad. Campeche, 
Abril 6 de 1861.— Toma* Asnar Barbachano. — Excmo. Sr. Ministro de Estado 
y del despacho de Fomento, Colonización, Industria y Comercio. 



Hepública Mexicana.-^Agenda del Ministerio de Fomento en Campeche. ^Nitm. 
14.— Excmo. Sr. — Según tuve el honor de ofrecer á Y. B. en mi oficio 4t 6 del 
mes próximo pasado, contestando al de 4 de Marzo último en que Y. E. me or- 
denó reunir y remitir & la secretarla de su digno cargo los d^tos necesarios acerca 
de loa límites de la separación, que de hecho se ha verificado entre Campeche y 
Yucatán, así como de la nueva división territorial que se haya establecido, remito 
ahora á Y. E. el plano del nuevo Estado de Campeche, trazado por D. Enrique 
Fremont, según los datos topográficos é^ hidrográficos que ha ido reuniendo esta 
agencia, según las noticias é informes verídicos que ha adquirido, y con vista del 
plano de Yucatán publicado por Nigra en 1848. 

Toda la costa, desde el rio de Champoton hasta Celestún, los caminos de Cam« 
peche i Halacbó, de Campeche á Hopelchen, de Campeche i Seibaplaya, y todos 
IOS lugares por donde pasan estos caminos, así como los que quedan en ana cer* 
canias, están situados en el «plano con toda exactitud y conforme & las medidae 
tomadas hidrográficamente sobre las aguas de la costa y topográficamente sobre 
el terreno mismo. 

Las poblaciones que forman las municipalidades de Hool, Pustunich, Sahcab 

chen, Chicbul y Tubucil en el partido de Champoton, las destruidas en la guerra- 
de castas de 1648 que formaban la antigua municipalidad de Pich, y las que hoy 
constituyen la de Merapich en el partido de los Chenes, han sido situadas en el 
plano por noticias estadísticas reunidas por esta agencia, que merecen fé. La 
nueva municipalidad de indios pacíficos, que, como la de Mesapich, reconoce y 
obedece al Gobierno de Campeche, compuesta de Lochhá y las otras rancherías 
que le están subordinadas, no ha sido posible ponerla en el plano por carecer de 
noticias ciertas acerca de so situación. 



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-171- 

Aunque del partido del Carmen tiene también la agencia acopiados muchos da- 
tos, ni faa habido tiempo de coordinarlos, ni por otra parte están tan claros que 
quiten toda duda. Así es que ha sido preciso copiar el plano de Nigra en esta 
parle, sin embargo de sus muchos defectos y errores* Algunos han sido enmenda • 
dos, tales como la situación de Palizada y Mamante), y se han marcado nuevos 
lagares con la exactitud posible. 

Sin duda que el plano que tengo el honpr de remitir á V. E. dista mucho de ser 
exacto en su parte geográfica, pues no hay mas que dos lugares^ Campeche y Mó* 
rída, cuya situación esté fijada por observaciones astronómicas; todos los damas lo 
han sido topográficamente. 

La linea divisoria entre los Estados de Campeche y Yucatán está demarcada en 
el plano de la manera mas probable y aproximada. Los tratados celebrados en 
Mayo de 1858 entre Campeche y Mérida, por los cuales reconoció Yucatán la se- 
paraeioR de Campeche, establecen en su art. 1. ® : 

'^Ei Estado ó departamento de Campeche comprender& todo lo que componían 
loa partidos del Carmen, Seibaplaya, Campe<;he, Hecelchakan y Hopelchen. La 
Hnea divisoria que separe al Estado ó departamento de Campeche del de Yuca- 
tan, se trucará cosmográficamei^, partiendo desde la mediania del camino que vá 
de Halachó á Calkinf, de modo que el litoral abraza las salinas denominadas *^E1 
Real, La Herradura y Desconocidas," que pertenecerán al Estado ó departamen- 
to de Campeche, y permaneciendo Celestán en territorio de Yucatán." 

Estas son las bas^s de la división territorial que debe fijar los Habites entre am- 
boa Estados. Con sujeción ft ellas, "y sin embargo de no haberse hecho todavia 
la división en la forma que los tratados señalan, se ha marcado en el plano la lí- 
nea divisoria. Esta línea parte de la orilla del mar entre Celestún, que le queda 
á Yucatán, y la Herradora, que le queda á Campeche; se prolonga hasta abrazar 
toda la lenguada tierra en que se hallan establecidas las salinas, entra en el con- 
tinente, y de allf desciende, dejando á Campeche una faja angosta, que compren- 
de todos los ranchos establecidos en el litoral, que siempre le han pertenecido: lue- 
go se dirige la linea al E. á pasar entre el camino de Halachó y Calkinf, dejando 
en territorio de Campeche las haciendas Tankoché y Komchen y el pueblo de Bé* 
cal, pertenecientes al partido de Hecelchakan desde antes de la división territorial; 
de alH la Mnea corre recta del N. O. al S. E. hasta el paralelo de 83° , baja por es- 
te paralelo hasta encontrar la Hnea limítrofe con la Repáblicade Guatemala, sigue 
esta linea del E. al O. hasta el rio Usumacinta frente á las Bocas de Amatit&m 
allí cruza el rio, deja á Jonuta en territorio de Tabasco, y subiendo al N. N. O. va 
á parar á la Barra de S. Pedro, antiguo límite entre Yucatán y Tabasco por esta 
parte. 

Parecerán arbitrarias la línea recta tirada del N. O. al S. E. bástalos 83° y la 
que baja por este paraleb, si se comparan ambas con las señaladas en el plano de 
Nigra, y sin embargo, no lo son. El plano de Nigra no es oficial, es una obra en- 
teramente, privada que formó su autor por noticias y apuntes, en gran parte falsos 
é incorrectos. Ninguna ley de Yucatán había fijado los límites de aua diversos dis- 
tritof, ni mucho menos se babian practicado operaciones geodésicas para determi- 



— 172 — 

narlos, y solo se calculaba la estension de ellos por las diversas poblaciones que 
á cada uno perteoecian. 

La ley del Estado de 30 de Noviembre de 1840 es la última que hizo la divi- 
sión territorial. Dividió al Estado en cinco departamentos (hoy distritos), cada 
departamento en partidos, y á cada partido le señaló los pueblos que debían per- 
tenecerle; mandando, respecto de las haciendas' y ranchos, que correspondieseD al 
partido en que se hallasen los pueblos de que dependian. Asi al departamento de 
Campeche le señaló los pueblos de Bécal, Tepakan^ Bolonchenticul y Qibachen^al 
cual pertenecia el rancho de QÍbinocac erigido poco después en pueblo con el nom- 
bre de Iturbide; al de Mérida le señaló el pueblo de Nohcacab, y al de Tekax loa 
de Xul y Becanchen. Los dos departamentos ó distritos de Mérida y Tekax son 
los colindantes del Estado de Yucatán con el de Campeche, siendo los pueblos li- 
mitrofes por parte de éste, Bécal, Bolonchenticul é Iturbide, y por parte de aquel, 
Nohcacab, Xul y Becanchen. 

Ahora bien, en el plano de Nigra se vé á Bécal en el distrito de Mérida cuando 
por la ley y de hecho pertenecia al de Campeche; se vé la población de TekaX" 
Jabif que es enteramente imaginaria, pues no ecsiste en la nómina de todas lat 
poblaciones de Yucatán^ formada por D. Juan Piq Pérez y remitida á ese Minis- 
terio por su agente en Mérida, D. José Maria Peón, á 28 de Agosto de 1855, y 
se vé á Chimay en el partido de Tekax, siendo asi que en dicba nómina do hay 
población ninguna de este nombre perteneciente á ia comprensión de Xul ó de 
Oxkutzcab; y ú hay Chimay ^San Antonio^ y San Diego Chimay^ pertenecientes 
á la comprensión de BolonchenticuL De aquí resulta que tirando la linea de 
manera que deje á Nohcacab, Xul y Becanchen ep territorio de Yucatán^ y á Bo- 
lonchenticul y Chimay en territorio de Campeche, quedará iegalmente tirada* 
Es de advertir que ningún Chimay existe hoy por haber sido destruidos los dos 
en 1848 por los indios sublevados. 

Acaso llamará todavía la atención que Xul, Tekax y Chicbarihá queden faera 
del paralelo de los 83"" cuando en el plano de Nigra quedan dentro. A decir Tar- 
dad, esta situación ha resultado délas medidas topográficas practicadas en el partido 
de los Chenes« Puede suceder que en esto baya algún error; pero de todas mane- 
ras no hay motivo ni razón alguna |»ara afirmar que el plano de Nigra es el exsacto. 

En cuanto á la linea divisoria entre Guatemala y el Estado de Campeche, taní- 
bien se advertirá que en el pkmo de Nigm está situada á los 18° » y en el noestro 
k los I?"" 49'. Se ha tirado asf esta linea, porque es el límite qne se fijó en 1787 
al establecerse las Intendencias; es el adoptado en consecuencia por ese Ministe* 
rio en la Carta general de la República mexicana que acompaña á la Memoria de 
1857, y porque solo de este modo puede quedar en territorio de Campeche la 
ranchería de Santa Rita, que es la última que por ese rumbo le pertenece, y las 
tierras de San Geronimito en la municipalidad de Palizada, que también están 
dentro del Estado. 

Construido asi el plano del Estado de Campeche, queda éste situado, entre los 
17« 49' y los 20<» 55' de latitud Norte, y entre los 83'> y los 86'' 40' ds longitud 
occidental de Cádiz, ó 6<» 7' y D*" AT kogitud oriental de México. 



~ 173 — 

Sus límites son al N« y E. el Estado de Yucatán, al S. la República de Guate- 
mala y el Estado de Tabasco, y al O. el Golfo de México. 

La superficie de la península yuoateca perteneciente al Estado de Campeche, 
incluyendo el mar interior llamado Laguna de Términos, es de 3,341} leguas cua- 
dradas de á 26g al grado; siendo de 4,922 la superficie que queda al Estado de 

Yucatán. 

Esta superficie del nuevo Estado est^ dividida en cinco partidos: el de Hecel- 

chakán, el de los Chenes, llamado también de Hopelchen ó Bolonchenticul, el 
de Campeche, el de Champoton y el del Carmen. Como todavía no hay un plano 
exacto de todo el Estado, ni están reunidos los datos estadísticos, que es necesario 
tener presentes para una buena división territorial, no se ha hecho variación nin- 
guna en la antigua; pero con solo fijar la vista en el plano, se advierte la despro- 
porción tan grande que hay entre las pattes de territorio atribuidas á cada partido. 
Lo»partidos se divideo en municipalidades. * 

Con esto creo tener el honor de dejar satisfecha la comunicación de Y. E. de 4 
de Marzo, protestándole mi profundo respeto y distinguida consideración. 

Dios y libertad. Campeche, Mayo 18 de 1861. — Tomas Aznar Barlachano. 
— Sr. Secretario de Estado y del Despacho de Fomento, colonización, industria 
y comercio. 

3íinisterio de FomeiUOf cdonüsaeian, tT^dustria y comercio de la República me- 
xicana. — Sección 1. ^*^-Se ha recibido «n esta Secretaría el plano del Estado de 
Campeche, que trazó D. Enrique Fremont, con el informe que estendió vd.y tra- 
tados celebrados en Mayo de 1868 entre Campeche y Yucatán, por los cuales se 
estableció su separación. 

Al dará vd. las gracias por su eficacia, le renuevo las seguridades de mi aprecio. 

Dios, libertad y reforma. Méxieo, Junio 3 da 186K — Huiz.-^Sn Agente da 

este Ministerio en Campeche. 

Son copias. México, Julio 30 de 1861. — Manuel Orozco, oficial mayor. 



NUMERO 44. 

(Citada en la pftj^a 1940 
CENSO DE POBLACIÓN DEL ESTADO DE CAMPECHE, 



Oobiemo del Estado de Cany^he. — Circular. — Dentro de poco tiempo vfi á 
tratarse ante el Soberano Congreso nacional la cuestión de la existencia de este 
Estado. Solo á él toca resolverla, conforme ft la cláusula III del art, 72 de la 
Ooostítucion federal de 1857, que dice así: 

^'Art 72. El Congreso tiene facultad: 

ni. Para formar nuevos Estados dentro de los limites de los existentes. 



- 174- 

siempre gue lo pida una población de ochenta mil habitante*, justificando tener los 
elementos necesarios para proveer á su existencia política. Oirá en todo caso á las 
legislaturjas de cuyo territorio se trate, y eu acuerdo solo tendrá efecto ti lo ratifi- 
ca la mayoría de las legislaturas de los Estados.* 

La prueba de que tenemos los elementos necesarios para constituir un Estado 
independiente del de Yucatán y los ochenta mil habitantes que se ecsigen, solo 
podemos apoyarla en documentos públicos fehacientes. La de la población solo 
podrá demostrarse por medio de un Censo, ejecutado con escrupulosidad, sin ocul- 
tación ni ecsageracion, siendo comprensivo de todos los que habitan el territorio 
del Estado. 

Verdad es que en 1858 se formó un Censo; pero resultó muy inesacto. Porque fue- 
ra de las naturales ocultaciones y omisiones que en esta clase de trabajos se cometen 
en todas partes, le falta á este Ceq|io la población de las rancherías de los indios 
pacíficos que reconocen á este gobierno, viven en el territorio del Estado y forman 
parte de él, la de los ranchos de la costa, la de muchas poblaciones rurales del 
partido del Carmen y la que en el espacio- de tres años se ha aumentado. El go- 
bierno tiene el convencimiento de que haciendo un Censo minucioso, en que se 
llenen todos estos vacios, la población del Estado no debe bajar de 85 á 90,000 
almas. 

Para la ejecución de este trabajo remito á V, S. las instrucciones y esqueletos 
adjuntos, á fin de que uniformemente y en los dias prefijados se forme simultánea- 
mente el Censo en todo el Estado. Una de las dificultades que presentará este 
trabajo, será ei hacer llegar á las poblaciones mas distantes del campo aquellos 
documentos, especialmente donde las vias de comunicación son poco frecuentadas: 
á fi.n de vencerla autorizo á V. S. para que nombre uno ó mas comisionados inte- 
ligentes, competentemente espensados, que en persona vayan á distribuir con an* 
ticipacíon las instrucciones y esqueletos, á esplicar la manera de llenarlos y á re- 
cogerlos después de verificado el Censo. Estos comisionados cuidarán de a veri* 
guar todas las poblaciones que existan en la demarcación que se les señale, para 
que ninguna quede sin incluirse en el Censo. 

No cree este gobierno que tratándose de un asunto de vida ó muerte para el 
Estado, haya ciudadanos tan egoístas que, por temor á contribuciones ó por otra 
causa, oculten la verdad. Sin embargo, procure V. S. inculcar en el ánimo da 
todos los habitantes, y que á ejemplo de V. S. hagan lo mismo todas las autori** 
dades, funcionarios municipales, caciques y repúblicas, la necesidad que hay de 
que todos contribuyan á que el Censo salga lo mas esacto posible, y que el que se 
muestre omiso en esto dará una prueba de no querer la existencia del Estado de 
Campeche. 

Dios y libertad. Campeche, Febrero 19de Í861— Pa¿/<> García.— Jiio» CiirM, 
secretario. 



CENSO DE POBLACIÓN 



DEL 



ESTADO DE CAMPECHE 



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Barrio Ermita 
,, Guadalupe. 
S. Francisco 
S. Maman, 
„ Santa Ana . 
„ <S^«. Lucía . 
Todo Campeche. 
Pueblo Sambuta 
IÍ(Jh. Buena vista 
,y Escalera. , . 

„ /ív/a 

,; Kanisté. . . , 

„ Multunchac . 

„ Yahib. . . . 

Rfho. Xrt* delicias 

s I Balantauché. . 

Herradura. . . 

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ijNesyac. . . . 

As. J. Nepom\ 
San Joaquín. 
San Miguel . .1 
Saspol. . . . 



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50 









Logares. 



VARONES. 



„ Quyucac. 

Rcho. Pichulá 
„ Sncumjun 
„ loma . . . 
„ Xcatchan 
„ Yaxché . 

Toda la Municipalidad 



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2 
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23 



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102 



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26 




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Hacienda Bohold 

„ Holtabla . . 

,, Koben. . . . 



JVachehá., 
JVilchí. . . 



„ Rioverde . . 
„ Santa Rita. 
„ Yaxcab. . . 

Toda la Municipalidad 



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1 

17 

10 

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3 

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Pueblo jLerma. . 

Hacienda Boxol. 
„ Chumpich . . 
,, /San B arlólo 
„ ümul, , • . 

Toda la Municipalidad 



Pueblo Tixmucay. 
Hacienda Hontun. 

Toda la Municipalidad 



Villa Hecelchakati 
Pueblo Pocboc . 

„ Pocmuch. . 
Ran*. 5Za. Cn^^:. 

„ Xkacoch. . . 



6 



172 

37 

38 

8 

3 



30 
2 
2 
8 
4 

41 



II 



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36 

68 

17 

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5 

12 

13 

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17 



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14 

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16 
13 

1 

4 

19 

87 



12 



30 



12 



12 



31 



38 



II 



169 

26 

60 

8 

7 



35 



38 



12 



107 

20 

36 

9 

4 



51 



77 

26 

14 

4 

6 



36 
6 
6 
1 

1 
49 



9 



113 

16 

20 

6 

1 



33 



27 
4 



36 



17 



20 



111 
23 
23 

1 



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8 

26 
3 
8 



18 



18 
5 
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HEMBRAS. 








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5 


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Pueblo Tenabo. . . 


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56 


75 


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Hacienda Cotila. . 


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„ ^an Román. , 


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11 


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1 


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„ Santa Rosa. • 


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6 


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3 


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Sitio San Antonio 
Toda la Municipalidad 


223 


272 


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107 


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108 


58 


24 


4 


2 


99 


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1002 


1842 






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17 

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6 

221 



556 



1073 



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139 

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3 

14 



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26 
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11 



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2 



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10 

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1 
3 



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103 
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Rancho Macaniun 


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„S.D°Chicliinuc 


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„ Facasw . . . 


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34 


29 


35 


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Toda la Municipalidad 


834 


615 


525 


506 


599 


615 


1128 


758 


289 


116 


1 


3 


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Villa Champoton . 


68 


70 


100 


51 


42 56 


67 


31 


24 


22 


5 


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Hacienda Jbgu^/ . 


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„ Paichacché . . 


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„ Sacacal . . . '. 


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„ San Pablo, , . 


8 


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7 


11 


13 


17 


24 


33 


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